UNA PARROQUIA EN ESTADO PERMANENTE DE MISIÓN
Propuesta de conversión pastoral, renovación misionera y acción concreta para una comunidad parroquial
MIRAR · ESCUCHAR · DISCERNIR · CONVERTIR · SALIR · ENCONTRAR · ACOMPAÑAR · FORMAR · ENVIAR
PRESENTACIÓN
Esta propuesta nace de una pregunta sencilla pero decisiva:
¿Qué tendría que cambiar en nuestra manera de vivir la parroquia si realmente quisiéramos asumir el llamado de Aparecida a ser una Iglesia decididamente misionera?
No se trata de juzgar lo que existe, desconocer el trabajo realizado durante años ni crear nuevas estructuras por el simple hecho de crearlas.
Tampoco se trata de hacer más actividades.
Se trata de algo más profundo:
revisar si todo lo que hacemos, todo lo que somos y todas las estructuras con las que contamos están ayudando efectivamente a que las personas encuentren a Jesucristo, entren en una comunidad, crezcan como discípulos y se conviertan a su vez en misioneros.
Aparecida planteó una afirmación que sigue siendo un desafío concreto:
pasar de una pastoral de mera conservación a una pastoral decididamente misionera.
La propuesta, por lo tanto, no es un programa cerrado.
Es un camino de conversión pastoral que deberá ser discernido por el párroco y la comunidad, adaptado a la realidad concreta de la parroquia y articulado con la diócesis.
Su propósito es ayudar a pasar de las buenas intenciones a un proceso concreto.
I. EL PUNTO DE PARTIDA: NO ES HACER MÁS, ES MIRAR DE OTRA MANERA
Una parroquia puede tener:
- Misas.
- Catequesis.
- Sacramentos.
- Grupos.
- Movimientos.
- Cáritas.
- Pastoral social.
- Actividades con jóvenes.
- Visitas a enfermos.
- Formación.
- Celebraciones.
- Comunicación.
- Acciones solidarias.
- Personas que trabajan generosamente.
Todo eso tiene valor.
Pero una parroquia misionera necesita hacerse una pregunta que atraviese todo lo anterior:
¿Todo esto está ayudando a llevar a las personas al encuentro con Jesucristo?
Y después debe hacerse otras preguntas todavía más incómodas:
- ¿Quiénes participan habitualmente?
- ¿Quiénes dejaron de participar?
- ¿Quiénes nunca llegaron?
- ¿Qué personas viven alrededor de la parroquia y prácticamente no tienen contacto con ella?
- ¿Qué familias conocemos realmente?
- ¿Qué saben nuestros jóvenes de la Iglesia?
- ¿Qué preguntas llevan dentro?
- ¿Qué personas sufren en silencio?
- ¿Qué personas buscan a Dios sin saber cómo acercarse?
- ¿Qué personas se alejaron por heridas, decepciones o indiferencia?
- ¿Qué nuevas realidades sociales y culturales todavía no estamos viendo?
- ¿Qué hacemos simplemente porque siempre se hizo?
- ¿Qué actividades producen vida?
- ¿Cuáles se mantienen solamente por inercia?
- ¿Qué personas tienen dones que todavía no estamos aprovechando?
- ¿Dónde está Jesucristo en nuestra comunicación?
- ¿Qué ocurre después de que una persona recibe un sacramento?
- ¿Qué sucede después de una primera experiencia de fe?
- ¿Cómo acompañamos a quien quiere comenzar de nuevo?
Estas preguntas no buscan culpables.
Buscan caminos.
II. QUÉ SIGNIFICA REALMENTE CONVERSIÓN PASTORAL
La conversión pastoral no consiste en cambiar un horario, crear una comisión o organizar una misión barrial.
Es una transformación progresiva de la manera en que una comunidad:
mira → discierne → decide → organiza → actúa → acompaña → evalúa.
Por eso, la conversión debe alcanzar al menos cuatro niveles.
1. Conversión de la mirada
Dejar de mirar solamente a quienes ya están dentro y comenzar a mirar también a quienes están lejos.
2. Conversión de las relaciones
Pasar de una comunidad donde unos pocos hacen y muchos reciben, hacia una comunidad donde cada bautizado pueda descubrir su vocación, su carisma y su responsabilidad.
3. Conversión de las acciones
Pasar de una acumulación de actividades a procesos que conduzcan al encuentro con Jesucristo, al discipulado, a la comunión y a la misión.
4. Conversión de las estructuras
Preguntarnos si los horarios, reuniones, equipos, métodos, responsabilidades y recursos están realmente al servicio de la misión.
Si una estructura dificulta sistemáticamente la misión, deberá ser revisada.
No para destruir lo construido.
Para ponerlo nuevamente al servicio del Evangelio.
III. EL CENTRO NO ES LA PARROQUIA: ES JESUCRISTO
Existe un peligro cuando se habla de renovación pastoral:
terminar hablando de organización, comunicación, actividades, jóvenes, recursos o estructuras y perder de vista aquello que da sentido a todo.
El centro no es el proyecto.
El centro no es el equipo.
El centro no es la parroquia.
El centro es Jesucristo.
La finalidad de toda renovación misionera es favorecer el encuentro con Él.
Aparecida presenta el camino del discípulo misionero como un proceso que comprende encuentro con Jesucristo, conversión, discipulado, comunión y misión.
Por eso, cada iniciativa parroquial debería poder responder:
¿Cómo ayuda esto a una persona a encontrarse con Jesucristo?
¿Cómo la ayuda a crecer?
¿Cómo la incorpora a una comunidad?
¿Cómo la prepara para vivir y anunciar su fe?
Si una actividad no puede responder de ninguna manera a estas preguntas, quizás haya que revisarla.
IV. EL NUEVO EJE DE LA PARROQUIA
La vida parroquial puede comenzar a organizarse alrededor de un itinerario sencillo:
MIRAR
Conocer la realidad.
ESCUCHAR
Acercarse a las personas y escuchar sus vidas.
DISCERNIR
Preguntar delante de Dios qué nos está mostrando esa realidad.
CONVERTIR
Modificar prioridades, métodos o estructuras cuando sea necesario.
SALIR
Ir hacia quienes están lejos.
ENCONTRAR
Generar vínculos reales.
ACOMPAÑAR
No abandonar a las personas después del primer contacto.
FORMAR
Ayudar a crecer como discípulos.
ENVIAR
Despertar nuevos misioneros.
EVALUAR
Reconocer frutos, dificultades y aprendizajes.
VOLVER A SALIR
Porque la misión no termina.
V. PRIMER GRAN OBJETIVO: CONOCER EL TERRITORIO
No se puede evangelizar una realidad que no se conoce.
Durante el primer período del proceso, la parroquia debería construir un:
MAPA MISIONERO PARROQUIAL
No se trata de una estadística fría.
Se trata de conocer la comunidad humana que existe alrededor de la parroquia.
El mapa debería identificar:
PERSONAS
- Familias.
- Jóvenes.
- Niños y adolescentes.
- Adultos mayores.
- Personas solas.
- Personas enfermas.
- Personas en situación de vulnerabilidad.
- Personas alejadas de la Iglesia.
- Personas que alguna vez participaron.
- Personas que buscan respuestas espirituales.
REALIDADES
- Escuelas.
- Clubes.
- Centros comunitarios.
- Instituciones.
- Comercios.
- Empresas.
- Organizaciones sociales.
- Profesionales.
- Organismos públicos.
- Otras comunidades religiosas.
- Espacios culturales.
- Realidades digitales.
NECESIDADES
No solamente necesidades materiales.
También:
- soledad;
- duelo;
- conflictos familiares;
- falta de sentido;
- aislamiento;
- problemas de integración;
- jóvenes sin horizonte;
- personas que necesitan ser escuchadas;
- personas que buscan volver a la fe.
RECURSOS
¿Quién puede ayudar?
- docentes;
- profesionales;
- comerciantes;
- empresarios;
- trabajadores;
- artistas;
- músicos;
- comunicadores;
- psicólogos;
- abogados;
- médicos;
- técnicos;
- jóvenes;
- voluntarios;
- instituciones.
La parroquia puede convertirse así en una red de vínculos al servicio del Evangelio y de la persona.
VI. SEGUNDO GRAN OBJETIVO: RECUPERAR EL PRIMER ANUNCIO
Una persona que está lejos de la Iglesia no necesariamente necesita comenzar por una clase.
Muchas veces necesita primero:
ser escuchada, ser recibida, ser valorada y descubrir que Jesucristo tiene algo que decirle a su vida.
Por eso, la parroquia debe preguntarse:
¿Cómo puede una persona que está lejos encontrarse con Jesucristo sin sentirse previamente obligada a conocer todo lo que nosotros conocemos?
Hay que recuperar el primer anuncio.
No como una fórmula mecánica, sino como una experiencia viva.
Puede realizarse mediante:
- conversaciones personales;
- testimonios;
- encuentros abiertos;
- experiencias con jóvenes;
- encuentros familiares;
- retiros;
- espacios de escucha;
- actividades culturales;
- acciones solidarias;
- comunicación digital;
- visitas;
- celebraciones especialmente preparadas para quienes regresan.
El objetivo no es llenar una actividad.
El objetivo es abrir una puerta al encuentro con Jesucristo.
VII. TERCER OBJETIVO: QUE NADIE QUE SE ACERQUE QUEDE SIN CAMINO
Uno de los grandes problemas pastorales puede aparecer después del primer contacto.
Una persona participa.
Se emociona.
Pregunta.
Se acerca.
Recibe un sacramento.
Vuelve después de muchos años.
Participa de una actividad.
Y luego:
¿qué?
Por eso cada pastoral debería preguntarse:
¿Cuál es el siguiente paso que podemos ofrecer?
No todo debe terminar en una actividad.
Debe existir una lógica de procesos:
CONTACTO → VÍNCULO → ACOMPAÑAMIENTO → FORMACIÓN → COMUNIDAD → MISIÓN
Esto debería revisarse especialmente en:
- bautismos;
- catequesis;
- primera comunión;
- confirmación;
- matrimonios;
- funerales;
- visitas a enfermos;
- familias;
- jóvenes;
- personas que regresan;
- personas que piden ayuda;
- personas que participan ocasionalmente.
El sacramento no debe ser solamente un momento.
Puede convertirse en una puerta hacia una vida cristiana más profunda.
VIII. CUARTO OBJETIVO: UNA PARROQUIA QUE ACOMPAÑA
Evangelizar no es solamente anunciar.
También es acompañar.
Por eso la parroquia necesita identificar personas capaces de:
- escuchar;
- visitar;
- acompañar;
- orientar;
- rezar con otros;
- conectar necesidades con recursos;
- acompañar procesos de fe;
- detectar situaciones que necesitan intervención especializada.
No todo puede resolverse dentro de la parroquia.
Una comunidad madura también sabe cuándo conectar a una persona con:
- profesionales;
- instituciones;
- organismos públicos;
- organizaciones sociales;
- servicios especializados.
La parroquia no tiene que saber hacerlo todo.
Tiene que saber con quién hacerlo.
IX. QUINTO OBJETIVO: LOS JÓVENES NO SON UN “ÁREA”
Los jóvenes no deberían aparecer solamente como una pastoral más.
Son parte del presente de la Iglesia.
La pregunta no debería ser solamente:
¿Qué actividad podemos ofrecerles?
Sino:
¿Qué están viviendo?
¿Qué los preocupa?
¿Qué sueñan?
¿Qué los hace felices?
¿Qué les duele?
¿Qué piensan de Dios?
¿Qué piensan de la Iglesia?
¿Qué esperan de los adultos?
¿Qué misión quieren asumir?
La primera acción pastoral con los jóvenes debería ser:
escucharlos.
Después:
acompañarlos.
Después:
formarlos.
Y finalmente:
confiarles responsabilidades reales.
No solamente tareas.
Responsabilidades.
X. SEXTO OBJETIVO: LA FAMILIA COMO LUGAR DE MISIÓN
La familia no debe ser considerada solamente como destinataria de actividades.
Es una realidad misionera.
La parroquia debería preguntarse:
- ¿Conocemos a las familias de nuestro territorio?
- ¿Qué familias están atravesando dificultades?
- ¿Qué matrimonios necesitan acompañamiento?
- ¿Qué padres necesitan ayuda para transmitir la fe?
- ¿Qué familias están alejadas?
- ¿Qué familias participan solamente cuando hay un sacramento?
- ¿Cómo podemos acercarnos sin invadir?
Podrían crearse pequeñas experiencias de:
- escucha;
- acompañamiento;
- oración;
- encuentro;
- formación;
- servicio.
La familia puede convertirse nuevamente en un lugar donde la fe se vive, no solamente donde se recibe información religiosa.
XI. SÉPTIMO OBJETIVO: CARIDAD QUE CONSTRUYE PUENTES
La acción social parroquial no debería reducirse a entregar cosas.
Debe preguntarse:
¿Podemos ayudar a una persona a reconstruir su camino?
La caridad cristiana tiene una dimensión inmediata:
responder al sufrimiento.
Pero también puede tener una dimensión de articulación:
poner en contacto a quien necesita con quien puede ayudar.
Por eso la parroquia puede construir una red con:
- personas;
- comercios;
- empresas;
- profesionales;
- instituciones;
- organizaciones sociales;
- organismos públicos;
- otras comunidades.
La pregunta deja de ser solamente:
“¿Qué tenemos para entregar?”
Y pasa a ser:
“¿Quién puede ayudar a quién?”
Esto permite que la solidaridad deje de depender exclusivamente de los recursos internos de la parroquia.
XII. OCTAVO OBJETIVO: LA COMUNICACIÓN COMO MISIÓN
Una parroquia puede tener redes sociales activas y, sin embargo, no estar evangelizando digitalmente.
Publicar horarios no es necesariamente evangelizar.
Informar una reunión no es necesariamente evangelizar.
Publicar una foto de una celebración tampoco necesariamente evangeliza.
La pregunta debe ser:
¿Qué encuentra una persona cuando entra en nuestras redes?
La comunicación parroquial debería incorporar sistemáticamente:
JESUCRISTO
Evangelio, Palabra, oración, testimonios.
PERSONAS
Historias reales.
VIDA
Preguntas que atraviesan la existencia.
MISIÓN
Historias de servicio.
COMUNIDAD
Rostros, vínculos, alegría.
JÓVENES
Lenguaje y contenidos que puedan reconocer como propios.
INVITACIÓN
Una puerta concreta para acercarse.
La comunicación debería responder a una lógica:
VER → INTERESARSE → ACERCARSE → ENCONTRARSE → PARTICIPAR → CONTINUAR
XIII. NOVENO OBJETIVO: DESCUBRIR LOS CARISMAS
Una parroquia no debería organizarse solamente alrededor de los voluntarios de siempre.
Hay que descubrir nuevos dones.
La pregunta:
“¿Quién puede ayudarnos?”
debería complementarse con:
“¿Qué dones ha puesto Dios en nuestra comunidad?”
Puede haber:
- docentes;
- comunicadores;
- fotógrafos;
- músicos;
- artistas;
- profesionales;
- técnicos;
- jóvenes digitales;
- personas con experiencia social;
- empresarios;
- emprendedores;
- personas capaces de escuchar;
- personas con capacidad organizativa;
- personas con experiencia pastoral.
No se trata de explotar capacidades.
Se trata de despertar vocaciones de servicio.
XIV. DÉCIMO OBJETIVO: FORMAR DISCÍPULOS, NO SOLAMENTE ASISTENTES
La parroquia necesita revisar sus procesos de formación.
No alcanza con transmitir contenidos.
La formación debe conducir progresivamente a:
ENCUENTRO → CONVERSIÓN → DISCIPULADO → COMUNIÓN → MISIÓN
Por eso toda formación debería incorporar:
- Palabra de Dios;
- oración;
- vida sacramental;
- comunidad;
- acompañamiento;
- doctrina;
- discernimiento;
- servicio;
- misión.
La pregunta decisiva:
¿Qué tipo de cristiano queremos ayudar a formar?
No simplemente alguien que:
- venga a Misa;
- conozca respuestas;
- participe de reuniones.
Sino alguien que:
conozca a Jesucristo, viva con Él, pertenezca a una comunidad, sirva a los demás y sea capaz de anunciarlo.
XV. EL EQUIPO MOTOR DEL CAMINO
No hace falta crear una gran estructura.
Podría existir un pequeño:
EQUIPO DE CONVERSIÓN Y MISIÓN PARROQUIAL
Entre cinco y ocho personas.
Con diversidad de edades, experiencias y servicios.
Su función no sería gobernar la parroquia.
Tampoco reemplazar al párroco.
Tampoco reemplazar las pastorales existentes.
Su función sería:
- mirar;
- escuchar;
- discernir;
- conectar;
- proponer;
- acompañar;
- evaluar.
Sus reuniones deberían evitar convertirse en otra reunión administrativa.
Cada encuentro debería responder:
- ¿Qué vimos?
- ¿Qué escuchamos?
- ¿Qué nos está mostrando Dios?
- ¿Qué realidad requiere nuestra atención?
- ¿Qué podemos hacer?
- ¿Quién lo hará?
- ¿Cuándo?
- ¿Cómo sabremos si dio fruto?
XVI. EL MÉTODO: NO CAMBIAR TODO DE UNA VEZ
Uno de los mayores riesgos sería intentar reformar toda la parroquia simultáneamente.
No.
El camino debe comenzar pequeño.
PRIMER PRINCIPIO
Una realidad.
SEGUNDO PRINCIPIO
Una prioridad.
TERCER PRINCIPIO
Un equipo.
CUARTO PRINCIPIO
Una experiencia concreta.
QUINTO PRINCIPIO
Una evaluación.
SEXTO PRINCIPIO
Un nuevo paso.
Así se construye una cultura misionera.
No mediante una explosión de actividades.
XVII. LOS PRIMEROS 30 DÍAS: MIRAR Y ESCUCHAR
Semana 1 — Reunión inicial
Reunión del párroco con las personas que considere conveniente.
Objetivo:
- presentar el camino;
- escuchar;
- discernir;
- definir el alcance;
- evitar expectativas irreales.
Semana 2 — Radiografía de la parroquia
Preguntar:
- ¿Qué hacemos?
- ¿Para quién?
- ¿Con qué resultados?
- ¿Qué funciona?
- ¿Qué necesita renovación?
- ¿Qué se sostiene por costumbre?
- ¿Qué personas están involucradas?
- ¿Qué personas podrían incorporarse?
Semana 3 — Escucha
Escuchar:
- jóvenes;
- familias;
- catequistas;
- agentes pastorales;
- personas mayores;
- personas alejadas;
- personas que regresaron;
- personas que reciben ayuda.
No explicar.
Escuchar.
Semana 4 — Mapa misionero
Elaborar el primer mapa:
PERSONAS · REALIDADES · NECESIDADES · RECURSOS · PUENTES
XVIII. DÍAS 31 A 60: DISCERNIR Y PRIORIZAR
No elegir diez prioridades.
Elegir:
DOS O TRES.
Por ejemplo:
Prioridad A: jóvenes.
Prioridad B: personas alejadas.
Prioridad C: familias.
O las que surjan del discernimiento concreto.
Para cada prioridad definir:
- objetivo;
- destinatarios;
- responsable;
- equipo;
- fecha;
- recursos;
- primera acción;
- acompañamiento;
- evaluación.
XIX. DÍAS 61 A 90: SALIR
Realizar una primera experiencia.
Puede ser:
- misión barrial;
- encuentro juvenil;
- jornada de escucha;
- visita;
- primer anuncio;
- encuentro de familias;
- acción solidaria articulada;
- experiencia de oración;
- iniciativa digital;
- encuentro con personas alejadas.
No importa que sea pequeña.
Importa que sea real.
Después:
EVALUAR.
¿Qué ocurrió?
¿A quiénes encontramos?
¿Qué escuchamos?
¿Qué vínculos surgieron?
¿Quién quiso continuar?
¿Qué descubrimos?
¿Qué haríamos diferente?
Y entonces:
DAR EL SEGUNDO PASO.
XX. DESPUÉS DE LOS 90 DÍAS
El error sería considerar que los 90 días son el proyecto.
No.
Son el comienzo.
A partir de allí puede establecerse un ciclo permanente:
MIRAR → ESCUCHAR → DISCERNIR → ACTUAR → EVALUAR → VOLVER A MIRAR
Cada tres meses:
- revisar prioridades;
- incorporar aprendizajes;
- corregir;
- abandonar lo que no produce fruto;
- fortalecer lo que sí lo produce;
- descubrir nuevas personas;
- abrir nuevas puertas.
XXI. CÓMO SABER SI REALMENTE ESTÁ CAMBIANDO LA PARROQUIA
No medir solamente:
- cantidad de reuniones;
- cantidad de actividades;
- cantidad de asistentes;
- cantidad de publicaciones.
También medir:
MISIÓN
- ¿Llegamos a personas nuevas?
- ¿Nos acercamos a quienes estaban lejos?
VÍNCULOS
- ¿Se generaron relaciones nuevas?
- ¿Alguien pidió continuar el contacto?
DISCIPULADO
- ¿Alguien comenzó un proceso de fe?
- ¿Alguien retomó su vida sacramental?
COMUNIDAD
- ¿Aparecieron nuevos servidores?
- ¿Se integraron personas que antes estaban afuera?
JÓVENES
- ¿Participan en decisiones?
- ¿Asumen responsabilidades reales?
FAMILIAS
- ¿Conocemos mejor sus realidades?
- ¿Hay acompañamiento?
CARIDAD
- ¿Se multiplicaron los puentes entre necesidades y recursos?
COMUNICACIÓN
- ¿Nuestra comunicación abre puertas hacia Jesucristo?
ESTRUCTURAS
- ¿Hemos modificado algo porque la misión lo requería?
Este último punto es fundamental.
Porque puede haber muchas actividades nuevas y ninguna conversión pastoral.
XXII. LO QUE HABRÍA QUE DEJAR DE HACER
Una conversión pastoral también implica dejar.
Dejar:
- actividades sin propósito;
- reuniones que no producen decisiones;
- estructuras que nadie comprende;
- duplicaciones;
- competencias internas;
- personalismos;
- centralización innecesaria;
- lenguaje que aleja;
- comunicación puramente institucional;
- actividades sostenidas únicamente por costumbre;
- propuestas que consumen energía sin generar vida.
No todo lo que existe debe continuar indefinidamente.
Una parroquia misionera necesita tener la libertad evangélica de preguntarse:
“¿Esto sigue ayudando a la misión?”
Si la respuesta es no, habrá que discernir qué hacer.
XXIII. LO QUE HAY QUE CUIDAR
La renovación también puede fracasar si se convierte en:
- activismo;
- búsqueda de resultados rápidos;
- protagonismo personal;
- lucha de espacios;
- enfrentamiento entre grupos;
- crítica al pasado;
- desprecio por las formas tradicionales;
- fascinación por las novedades;
- exceso de reuniones;
- dependencia de unas pocas personas.
Por eso el camino necesita cinco actitudes:
oración · humildad · escucha · comunión · perseverancia
La renovación pastoral no puede construirse contra nadie.
Debe construirse a favor del Evangelio.
XXIV. EL PAPEL DEL PÁRROCO
El párroco tiene un papel clave en este proceso.
Su función es decisiva:
- custodiar la comunión;
- discernir;
- orientar;
- acompañar;
- integrar;
- animar;
- celebrar;
- enviar.
El equipo misionero no sustituye al párroco.
Y el párroco tampoco debería cargar solo con toda la misión.
La propuesta busca precisamente una mayor corresponsabilidad eclesial, donde cada bautizado pueda aportar desde su vocación y sus carismas.
XXV. EL PAPEL DE LOS LAICOS
Aparecida habla de la vocación misionera de todos los bautizados.
Por eso una parroquia misionera necesita pasar de:
“necesitamos colaboradores”
a:
“necesitamos despertar discípulos misioneros.”
El laico no es simplemente alguien que ayuda al sacerdote.
Es un bautizado llamado a vivir su vocación cristiana en la Iglesia y en el mundo.
Eso significa reconocer:
- capacidades;
- carismas;
- vocaciones;
- responsabilidades;
- experiencia profesional;
- experiencia familiar;
- experiencia social.
Y crear espacios donde puedan ponerse al servicio de la misión.
XXVI. UNA PARROQUIA ABIERTA A LA DIÓCESIS
Este camino no debería convertirse en una experiencia aislada.
La parroquia forma parte de una Iglesia particular.
Por eso, cuando corresponda, deberá articular:
- iniciativas diocesanas;
- orientaciones pastorales;
- formación;
- movimientos;
- comunidades;
- organismos;
- otras parroquias.
La conversión pastoral no significa autonomía pastoral absoluta.
Significa asumir responsablemente la misión dentro de la comunión eclesial.
XXVII. UNA PARROQUIA EN ESTADO PERMANENTE DE MISIÓN
El objetivo final no es realizar “la misión parroquial 2027”.
Ni organizar “el proyecto de renovación”.
Ni completar un programa.
El objetivo es que la palabra misión deje de designar una actividad extraordinaria.
Que se convierta en la manera habitual de vivir.
Que una catequista se pregunte:
¿Cómo conduzco a estos niños hacia Jesús?
Que un joven se pregunte:
¿A quién puedo acercar?
Que un agente social se pregunte:
¿A quién podemos acompañar?
Que quien comunica se pregunte:
¿Cómo puedo abrir una puerta hacia el Evangelio?
Que quien recibe a una familia se pregunte:
¿Cómo puedo hacer que se sienta en casa?
Que quien coordina una pastoral se pregunte:
¿Esto está generando discípulos?
Que el párroco pueda preguntarse:
¿Qué está diciendo el Espíritu a esta comunidad?
Y que toda la comunidad pueda volver una y otra vez a la pregunta fundamental:
¿A QUIÉNES NOS ESTÁ ENVIANDO JESUCRISTO HOY?
XXVIII. UNA DECISIÓN CONCRETA PARA COMENZAR
No es necesario aprobar un gran proyecto.
Puede bastar una primera decisión:
“Como comunidad parroquial queremos revisar nuestra vida a la luz de Aparecida y discernir qué debemos convertir para ser una Iglesia más cercana, acogedora, misionera y capaz de salir al encuentro de quienes están lejos.”
A partir de allí:
1. Reunirse.
2. Orar.
3. Mirar la realidad.
4. Escuchar.
5. Elaborar el mapa misionero.
6. Elegir dos o tres prioridades.
7. Formar pequeños equipos.
8. Realizar una primera experiencia.
9. Evaluar.
10. Corregir.
11. Volver a salir.
No esperar condiciones perfectas.
No esperar tener todas las respuestas.
No esperar disponer de grandes recursos.
Comenzar con lo que tenemos, con las personas que están dispuestas y con aquello que ya podemos hacer.
XXIX. LA PREGUNTA FINAL
Aparecida no debería quedar en nuestras bibliotecas.
Tampoco debería convertirse en una colección de frases pastorales.
Tiene que convertirse en una manera de mirar la Iglesia y la realidad.
Por eso, quizás la pregunta más importante no sea:
“¿Qué actividad nueva podemos organizar?”
Ni siquiera:
“¿Cómo hacemos para que venga más gente?”
La pregunta es más profunda:
¿QUÉ TENEMOS QUE CONVERTIR EN NUESTRA PARROQUIA PARA QUE MÁS PERSONAS PUEDAN ENCONTRARSE CON JESUCRISTO?
Y después:
¿A QUIÉNES NOS ESTÁ PIDIENDO JESUCRISTO QUE VAYAMOS A BUSCAR?
Y finalmente:
¿QUÉ PRIMER PASO CONCRETO PODEMOS DAR JUNTOS?
Porque una parroquia misionera no es la que hace muchas cosas.
Es la que ha aprendido a salir de sí misma para llevar a Jesucristo a la vida concreta de las personas.
No abandona lo que ya tiene.
Lo pone en misión.
No desprecia su historia.
La pone al servicio del presente.
No busca protagonismo.
Busca frutos del Evangelio.
No pretende tener todas las respuestas.
Aprende a escuchar.
No espera que los alejados regresen solos.
Sale a encontrarlos.
No se limita a recibir.
Acompaña.
No forma solamente asistentes.
Forma discípulos.
No guarda sus carismas.
Los pone en servicio.
No entiende la misión como una actividad.
La convierte en una forma de vivir.
CAMINO APARECIDA
MIRAR
ESCUCHAR
DISCERNIR
CONVERTIR
SALIR
ENCONTRAR
ACOMPAÑAR
FORMAR
ENVIAR
EVALUAR
VOLVER A SALIR
UNA PARROQUIA EN ESTADO PERMANENTE DE MISIÓN
Con Jesucristo en el centro.
Con los hermanos cerca.
Con el corazón abierto a quienes todavía no encuentran un lugar.
©Catolic.ar
