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¿Papa Francisco dejó una herencia de 200 mil euros para presos de Roma?

(ZENIT Noticias / Roma).- A raíz de unas declaraciones de monseñor Benoni Ambarus, obispo auxiliar de Roma y delegado para la pastoral penitenciaria los medios de comunicación han simplificado y publicado historias acerca de una supuesta herencia del Papa dejada a favor de presos.

Monseñor Ambarus declaró que el Papa donó los últimos 200 mil euros que quedaban en “su cuenta personal” para apoyar a los jóvenes reclusos del penal de Casal del Marmo, en Roma. Se trataría de una ayuda concreta destinada a sostener la fábrica de pasta del centro juvenil, un proyecto laboral y de reinserción social.

Según Ambarus, días antes de su fallecimiento, concretamente el Jueves Santo, el Papa había visitado la cárcel de Regina Coeli: “fue como un padre que no quiere dejar solos a sus hijos”. Y es precisamente así como muchos presos lo han sentido: como un padre que, incluso desde su debilidad, se mantuvo presente hasta el último suspiro. “Se arrastró por ellos”, dice don Ambarus, y eso, asegura, “les dio esperanza”. La conmoción por su partida ha sido profunda en los centros penitenciarios de Roma. “Recibo mensajes todos los días de internos que se sienten huérfanos”, cuenta el obispo. “Ayer, algunos me pidieron que pusiera una flor sobre su tumba en su nombre”.

En efecto el Papa donó 200 mil euros pero no de su cuenta personal. La expresión “mi cuenta personal” fue usada por Francisco no en sentido estricto sino figurado, como cuando alguien dice “lo que traigo en la cartera”. Es la Limosnería Apostólica, brazo de la caridad personal del Papa, la que da las ayudas a causas concretas que el Papa pide. De hecho días antes el Papa también hizo, “desde su cuenta personal”, un donativo para afectados por el terremoto en Myanmar. Y usualmente esas ayudas salen de la “cuenta del Papa”, es decir, del Óbolo de San Pedro.

Ciertamente el donativo no solo fue un símbolo, fue también una respuesta concreta a una conversación reciente entre ambos. Ambarus le había comentado al Papa que el proyecto de la fábrica de pasta tenía una gran deuda que limitaba su capacidad de crecer y emplear a más jóvenes. Francisco, ya enfermo, respondió sin vacilar: “Me quedan pocos recursos, pero algo tengo aún en mi cuenta”. Y acto seguido, transfirió los 200 mil euros. El Óbolo de San Pedro no es una cuenta personal o privada, es la cuenta para obras de caridad del Papa.

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Conmovedor: sobrino del Papa Francisco estará en funeral gracias a bienhechor anónimo que pago su viaje

(ZENIT Noticias / Roma).- Mientras dignatarios, jefes de estado y líderes eclesiásticos se reúnen en Roma para despedir al Papa Francisco, una presencia destaca no por su poder político ni su título eclesiástico, sino por su discreta carga emocional: Mauro Bergoglio, sobrino del Papa, ha llegado a la Ciudad Eterna por primera vez en su vida, gracias a un acto de generosidad.

Mauro, enfermero de Buenos Aires e hijo del fallecido Oscar Bergoglio, uno de los hermanos de Francisco, siempre había soñado con reunirse con su tío en Roma, pero nunca tuvo la oportunidad. Cuando se conoció la noticia del fallecimiento del Papa, expresó su profundo deseo de asistir al funeral, pero admitió que las limitaciones económicas lo impedían. En una entrevista con la televisión argentina a principios de semana, Mauro había dicho con franqueza: «Estoy buscando la manera de ir. Quiero ir, pero no puedo pagar el viaje».

Ese momento de vulnerabilidad fue suficiente. Conmovida por su historia, una empresaria argentina —cuyo nombre no se ha revelado públicamente— se ofreció a cubrir el costo total de su viaje. Mauro aceptó la ayuda con gratitud y cierta incredulidad. «Nunca pedí nada», declaró en una entrevista desde Roma con Radio Mitre. «Me lo ofrecieron y acepté porque era la única manera de despedirme».

La historia ha resonado profundamente en Argentina y más allá, no solo porque resalta un conmovedor vínculo familiar en medio del duelo mundial, sino porque ha generado un contraste incómodo: Mauro, miembro de la propia familia del Papa, llegó a Roma no con una delegación oficial, sino gracias a la amabilidad de un desconocido. Mientras tanto, la delegación oficial argentina, encabezada por el presidente Javier Milei y compuesta por seis funcionarios del gobierno, no incluye a ningún miembro de la familia Bergoglio.

La imagen de la delegación —sin familiares del difunto pontífice— ha suscitado un debate público sobre el respeto, la representación y la relación, a menudo tensa, entre el Papa Francisco y la clase política de su país. Para algunos observadores, el viaje solitario y discretamente financiado de Mauro se ha convertido en un símbolo de la humildad personal que caracterizó la vida de su tío, en contraste con la pompa de las ceremonias oficiales.

Al pisar Roma por primera vez, Mauro lo hace en circunstancias que jamás imaginó. No hay sesiones de fotos ni recepciones de estado, solo el deseo de un sobrino de estar junto a los restos de su tío, al que admiraba desde lejos. Representa no solo a la familia Bergoglio, sino a innumerables argentinos comunes que vieron en el papa Francisco no solo a un líder espiritual, sino a uno de los suyos.

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De las celdas al Vaticano: Reclusos podrán asistir al entierro del Papa Francisco en un inusual gesto de misericordia

(ZENIT Noticias / Roma).- Un pequeño pero profundamente simbólico avance se está desarrollando discretamente tras los muros de la prisión. Siete reclusos de instituciones penitenciarias romanas podrían recibir un permiso especial para asistir a la ceremonia de entierro del Papa, un excepcional acto de misericordia que refleja la esencia misma del papado de Francisco.

El entierro está programado para el sábado 26 de abril en la Basílica de Santa María la Mayor, una iglesia profundamente vinculada a Francisco, quien solía rezar allí antes y después de sus viajes apostólicos. Según fuentes del Departamento de Administración Penitenciaria (Dap) de Italia, también se está negociando la posibilidad de que un grupo selecto de reclusos esté presente en la misa funeral, a la espera de la aprobación de la autoridad judicial competente.

Esta iniciativa fue impulsada por Monseñor Benoni Ambarus, conocido como Don Ben, una figura muy querida en Roma por su labor con los pobres y los encarcelados. Como responsable de la labor benéfica y el ministerio penitenciario de la ciudad, Don Ben se refirió a los reclusos como los «hijos más queridos del Papa», insistiendo en que se les diera la oportunidad de despedirse de un hombre que, incluso desde el Vaticano, se inmiscuyó en sus vidas con dignidad y compasión.

La administración penitenciaria ha expresado su pleno apoyo al plan, sujeto a las evaluaciones de seguridad y la autorización del tribunal de vigilancia. De cumplirse todos los requisitos, las siete personas recibirán permisos temporales «ad horas», una disposición poco utilizada que otorga un permiso inmediato y limitado de la detención por razones humanitarias importantes.

Según informes, algunas prisiones están explorando la opción de transmitir el funeral en salones comunes, lo que permitirá a los reclusos de todo el país presentar sus respetos de una manera más íntima.

A lo largo de su pontificado, el Papa Francisco hizo de los reclusos un tema central de su ministerio. Lavó los pies a los presos durante las liturgias del Jueves Santo, visitó cárceles y con frecuencia recordó al mundo que la redención siempre está al alcance. Rechazó la idea de definir a las personas por sus peores errores y, en cambio, las vio como almas heridas que necesitaban misericordia y acompañamiento.

Al permitir que los prisioneros se unieran a su último viaje terrenal, la Iglesia no solo honra los deseos de Francisco, sino que también encarna el mismo evangelio que predicó.

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El Papa y la Salus Populi Romani, el amor de un hijo por su Madre

En un breve encuentro con los medios de comunicación, el cardenal Makrickas, arcipreste coadjutor de Santa María la Mayor, explica por qué el Papa Francisco eligió ser enterrado en la basílica liberiana: una indicación inspirada en la Madre de Dios, representada en el icono del que el Pontífice era particularmente devoto

Isabella Piro – Ciudad del Vaticano – Vatican News

La última visita. La más bella, porque supera todas las barreras del tiempo y del espacio y se convierte en expresión de fe en la Resurrección. Es la que el Papa Francisco hará mañana, sábado 26 de abril, a los pies de la Salus Populi Romani, el icono mariano que, según la tradición, fue pintado por San Lucas y se conserva en la Basílica Papal de Santa María La Mayor. Aquí será enterrado el difunto Pontífice, tras la misa exequial presidida en el parvis de la basílica vaticana por el cardenal Giovanni Battista Re, decano del Colegio Cardenalicio.

Testamento de Francisco

Tal y como indicaba en su testamento, Jorge Mario Bergoglio eligió como última morada terrenal la Basílica construida según la tradición en el siglo IV, durante el pontificado de Liberio. En un sueño, la Madre de Dios le había pedido que construyera una iglesia en un lugar marcado por un acontecimiento prodigioso. Y en la mañana del 5 de agosto de 358, en pleno verano, una nevada blanqueó la colina del Esquilino, marcando el perímetro del lugar de culto.

Ciento veintiséis visitas en doce años de Pontificado

Ciento veintiséis visitas realizadas por Francisco a la Salus Populi Romani en doce años de Pontificado: la primera el 14 de marzo de 2013, al día siguiente de su elección como 265º Sucesor de Pedro; la última el pasado 12 de abril, en vísperas de la Semana Santa; en el medio, los innumerables homenajes antes y después de cada viaje apostólico y los cuatro ingresos en el Hospital «Gemelli», que tuvieron lugar en 2021, dos veces en 2023 y finalmente la estancia más larga, los 38 días transcurridos del 14 de febrero al 23 de marzo de este año. El mismo icono mariano que el Pontífice quiso tener a su lado en el parvis de San Pedro el 27 de marzo de 2020, durante la Statio Orbis presidida con motivo de la pandemia de Covid-19.

En la encrucijada de un camino

A los pies de la Virgen, por tanto, volverá mañana el Papa, en ese templo liberiano que es el más pequeño de las cuatro basílicas papales, el único dedicado a la Virgen, el único que nunca ha sido destruido y el más antiguo dedicado a ella en el Occidente cristiano. Es también la más cercana a la estación Termini, cruce de gentes en incesante movimiento. Una metáfora, en cierto modo, del Pontificado de Bergoglio, siempre «saliendo» al encuentro del prójimo y descentralizado, cerca de las «periferias» geográficas y existenciales.

La «Rosa de Oro» de 2023

Aquí, en la iglesia donde San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús, a la que perteneció el Papa, celebró su primera misa la noche de Navidad de 1538; aquí donde se conserva la reliquia de la Santa Cuna que acogió al Niño Jesús al nacer; aquí, a partir de ahora, descansará Jorge Mario Bergoglio. Él mismo lo había dicho en diciembre de hace dos años, en una entrevista con la vaticanista mexicana Valentina Alazraki: «Quiero ser enterrado en Santa María la Mayor. El lugar ya está preparado», había dicho, subrayando su gran devoción a la Virgen María desde antes de ser elegido al trono de Pedro. «Cuando venía, siempre iba allí los domingos por la mañana que estaba en Roma, me quedaba allí un rato. Hay un vínculo muy grande», relató. Una devoción filial concretada también a través de una «Rosa de Oro» con la que Francisco quiso homenajear a la Salus Populi Romani en 2023.

El 13 de mayo de 2022

La decisión del Pontífice había madurado con el tiempo: como declaró a los medios de comunicación el cardenal Rolandas Makrickas, arcipreste coadjutor de la basílica liberiana «todo partió de un encuentro que tuvimos con el Santo Padre en mayo de 2022, cuando entre las muchas cuestiones estaba la de una intervención a la estructura de la Capilla Paulina». La fecha de ese encuentro es una fecha mariana por excelencia, el 13 de mayo, memoria de la Santísima Virgen de Fátima. «En aquella ocasión -señaló el cardenal- le dije, viendo que venía tan a menudo a la Basílica, si no pensaba en establecer también aquí su tumba». Al principio, el Pontífice «dijo que no, recordando que los Papas están enterrados en San Pedro. Una semana después, sin embargo, volvió a llamarme y me dijo: “La Virgen me ha dicho ‘prepara la tumba’. Y más tarde añadió que estaba contento porque “la Virgen no se ha olvidado de mí”». «Simplemente me dijo: “Busca un lugar para mi tumba porque quiero que me entierren en esta basílica”».

Cerca del altar de San Francisco

El Pontífice había explicado desde el principio que no quería ser enterrado dentro de la capilla paulina, que alberga el icono de la Salus, «porque los fieles que vienen aquí deben rezar al Señor, venerar a la Virgen, no mirar la tumba de un Papa», dijo el purpurado. Por esta razón, la tumba se preparó en el nicho de la nave lateral entre la Capilla Paulina y la Capilla Sforza, una de las primeras construidas en la basílica. «Este lugar también parecía más adecuado por otra razón -continuó el cardenal Makrickas-, porque el altar de San Francisco está al lado. Así, el lugar parecía realmente perfecto».

Bajo la mirada amorosa de María

El difunto Pontífice, que en aquella época era monseñor y comisario extraordinario del Capítulo de Liberia, dio también instrucciones para el lugar de la sepultura, las mismas que las dadas en su testamento: «Deseaba que su tumba fuera humilde y esencial, sencilla como fue su vida -señaló Makrickas-por eso sólo llevará la inscripción de su nombre, Franciscus, y una reproducción de la cruz pectoral que solía llevar, ampliada de tamaño. Otro detalle: la tumba es de piedra de Liguria, de la tierra de sus antepasados», por parte de madre.

Fernando Filoni: El Papa practicó la virtud de la esperanza

El cardenal Fernando Filoni que acompañó al Papa Francisco en su histórico viaje a Iraq en el 2021 y había sido su enviado personal al país de Oriente Medio en 2014 relata que cuando le habló del sufrimiento de esas comunidades cristianas, el Santo Padre se conmovió

Debora Donnini – Ciudad del Vaticano – Vatican News

Dolor, pero también gratitud por el pontificado del Papa Francisco se desprende de las palabras del cardenal Fernando Filoni, Gran Maestre de la Orden Ecuestre del Santo Sepulcro de Jerusalén, en la entrevista con los medios vaticanos. El cardenal trabajó muchos años con el Santo Padre y, entre otras cosas, desde el 2011 hasta 2019 fue prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos.

Esperanza

“Es un momento en el que, junto a la oración de acción de gracias al Señor por la vida y el pontificado del Papa Francisco, vienen a la memoria también muchos momentos que me han visto compartir con él aspectos importantes, y reflexiones”

«Entonces, surgen tantos elementos que naturalmente hacen que este momento esté en la tristeza de quienes pierden a una persona querida y estimada, pero también lleno de esperanza porque no sólo el Papa Francisco enseñó esta virtud de una manera única, sino que la practicó en su vida y especialmente en su última parte y realmente lo vimos».

Su conmoción ante los relatos sobre Iraq

Filoni formaba parte del séquito papal en uno de los viajes apostólicos centrales de su pontificado: el del 2021 a Iraq. Por primera vez, un Pontífice iba a la tierra de Abraham. En el país de Oriente Medio, el entonces arzobispo Filoni había sido nuncio apostólico desde el 2001 hasta el 2006, atravesando los años de la guerra, y más tarde, en el 2014, había sido enviado personal del Papa a Iraq para llevar consuelo a los que habían huido de la Llanura de Nínive.

“Cuando el Papa Francisco me envió en un momento en el que el Isis había invadido el norte de Iraq y todas las comunidades cristianas habían sido expulsadas, había habido sufrimiento y tanta destrucción: el propio Papa no podía ir en ese momento porque era inminente el viaje apostólico a la República de Corea, así que me pidió que renunciara a este viaje en el que iba a acompañarlo y fuera a Iraq”

«Fue una experiencia de dos semanas en las que no sólo llevé la ayuda material que el Papa me había confiado, sino sobre todo encontrarme, conocer y, utilizando una expresión muy querida por el Papa Francisco, llevar una caricia a esta población, que estaba realmente en una situación de gran desesperación porque habían huido sin nada, habían echado a veces a personas teniendo que quitarse los zapatos y dejarlos… Así que había un gran sufrimiento».

Cuando, a su regreso, el cardenal Filoni le contó a Francisco lo que había vivido, «el Papa se conmovió profundamente: había mucha emoción en aquellos momentos en los que hablábamos de esta experiencia de estas comunidades cristianas. El Papa – creo – en ese momento maduró la idea de ir él mismo. Naturalmente, se buscó el momento oportuno. Luego llegó COVID, pero mantuvo su intuición, que al fin y al cabo era casi una promesa».

El viaje apostólico a Iraq

El viaje apostólico a Iraq tuvo lugar en marzo del 2021. Hay tres aspectos en particular que el cardenal Filoni destaca. En primer lugar, la importancia de encontrarse con las personas que regresaban a sus tierras, visitarlas y estar cerca de ellas. El segundo aspecto fue cumplir el deseo de San Juan Pablo II y del propio Papa Francisco.

Y luego para encontrarse con la comunidad chií «porque – recuerda el cardenal – la tierra de Ur está en medio del territorio chií, allí están las ciudades sagradas del chiísmo: Nayaf, Karbala… Fue, por tanto, un viaje particularmente histórico».

“Recuerdo también que cuando el Papa volvía a tomar el avión y estábamos allí, me dijo: ‘¡Mire, he leído su libro antes de venir aquí!’”

«En el pasado había escrito una historia de los cristianos, de la Iglesia en la Mesopotamia, y el Papa tenía muchas ganas de leerla para tomar conciencia también de la larga historia de la presencia cristiana en esta tierra». Una etapa tan importante para el Papa Francisco que confesó que había sido su viaje «más hermoso».

Los «últimos» del Evangelio serán los últimos en acogerlo

El Papa Francisco y el magisterio sobre los pobres: palabras y gestos

Andrea Tornielli – Vatican News

Y así, los «últimos» serán los últimos en acogerlo, en el umbral de la Basílica de Santa María La Mayor que custodia el icono de la Salus Populi Romani bajo cuya maternal mirada Francisco está a por ser sepultado. En el tramo final de su camino terrenal como Obispo de Roma venido casi del fin del mundo, será coronado no por los poderosos, sino por esos pobres, esos migrantes, esos sin techo, esos marginados que han sido colocados en el centro de tantas páginas de su magisterio y que están en el centro de cada página del Evangelio.

Ya las palabras pronunciadas en la mañana del Lunes del Ángel por el cardenal camarlengo Kevin Joseph Farrell para anunciar el inesperado fallecimiento del Papa Francisco habían subrayado esta piedra angular de su magisterio: «Nos enseñó a vivir los valores del Evangelio con fidelidad, valentía y amor universal, especialmente en favor de los más pobres y marginados». «Cómo quisiera una Iglesia pobre y para los pobres», había dicho al inicio de su pontificado. «Para la Iglesia, la opción por los pobres es una categoría teológica antes que cultural, sociológica, política o filosófica. Dios les concede “su primera misericordia”. Esta preferencia divina tiene consecuencias en la vida de fe de todos los cristianos, que están llamados a tener “los mismos sentimientos que Jesús”», escribió en la exhortación apostólica «Evangelii gaudium», un documento que aún no hemos comprendido del todo y que marcó el camino de su ministerio como Sucesor de Pedro.

Palabras que siempre han ido acompañadas de gestos y opciones concretas. El primer Papa que eligió el nombre del santo de Asís siguió la estela de las enseñanzas de sus predecesores, como la de san Juan XXIII, quien, un mes antes de inaugurar el Concilio Ecuménico Vaticano II, había dicho: «La Iglesia se presenta tal como es y quiere ser, como la Iglesia de todos, y particularmente la Iglesia de los pobres». Este magisterio de palabras y obras, para el primer Papa sudamericano tenía su origen en el Evangelio y en las enseñanzas de los primeros Padres de la Iglesia. Como San Ambrosio, que había dicho: «No es de tus bienes que haces un don al pobre; no haces más que darle lo que le pertenece. Porque es aquello que es dado en común para uso de todos, lo que tú te anexas. La tierra es dada a todos, y no sólo a los ricos». Gracias a estas palabras, San Pablo VI pudo afirmar en su encíclica «Populorum progressio», que la propiedad privada no constituye un derecho incondicional y absoluto para nadie, y que nadie está autorizado a reservarse para su uso exclusivo lo que excede de su necesidad, cuando otros carecen de lo necesario. O como San Juan Crisóstomo, que en una célebre homilía suya decía: «¿Quieren honrar el cuerpo de Cristo? No permitan que sea objeto de desprecio en sus miembros, es decir, en los pobres, privados de paños para cubrirse. No honren a Cristo aquí en la iglesia con paños de seda, mientras fuera lo desprecian cuando sufre frío y desnudez. El que dijo: Esto es mi Cuerpo, y dijo también: Me vieron hambriento y no me dieron de comer».

Lejos de lecturas ideológicas, la Iglesia no tiene intereses políticos que defender cuando llama a superar lo que Francisco llama «la globalización de la indiferencia». Movido sólo por las palabras del Evangelio, sostenido por la tradición de los Padres de la Iglesia, el Papa invitó a volver la mirada a los «últimos» predilectos de Jesús. Esos «últimos» que hoy le acompañarán con su abrazo en el último tramo.

Su tumba será de mármol de Liguria: la tierra de sus abuelos

El anuncio del cardenal Makrickas, arcipreste coadjutor de la basílica liberiana, conmovió profundamente a toda la comunidad de Cogorno, un pequeño pueblo asomado al mar, donde se encuentran las raíces de la familia de Francisco. De allí viene la pizarra, una piedra «del pueblo», cálida y versátil, capaz de armonizar con cualquier material, a menudo utilizada para trazar caminos: un símbolo que parece reflejar los rasgos de su pontificado

Edoardo Giribaldi – Ciudad del Vaticano – Vatican News

La pizarra de Lavagna, negra como la tinta de los recuerdos, brota de las canteras situadas sobre el golfo de Tigullio, en la Liguria oriental, entre Sestri Levante y Val Fontanabuona. Duro, resistente, pero capaz de fundirse bajo las manos expertas de quienes lo extraen, los «spacchini». Igual que el alma ligur: angulosa por fuera, pero propensa a ceder a la emoción.

Y los corazones se derritieron de verdad ante el anuncio de la Oficina de Prensa de la Santa Sede: la tumba del Papa Francisco se ha realizado con materiales de Liguria, con la única inscripción «Franciscus» y la reproducción de su cruz pectoral. Preparada en el nicho de la nave lateral entre la Capilla Paulina (Capella della Salus Populi Romani) y la Capilla Sforza de la basílica liberiana, la tumba se encuentra cerca del Altar de San Francisco.

Un detalle ya anticipado por el cardenal Rolandas Makrickas, arcipreste coadjutor de Santa María la Mayor, en un discurso televisado: el Papa Francisco expresó su deseo de ser enterrado en una tumba de «piedra de Liguria, que es la tierra de sus abuelos».

«Sabíamos de sus orígenes», confiesa Enrica Sommariva, vice- alcaldesa de Cogorno, un pueblo que se asoma al mar de Lavagna con vistas al promontorio de Portofino. Un municipio disperso de poco más de cinco mil habitantes, desde donde se desenrolla el hilo de una historia que une al Pontífice con su último deseo. De hecho, Vincenzo Girolamo Sívori nació en Tigullio el 20 de enero de 1850.

Se marchó a Buenos Aires y murió joven, en 1882, pero a tiempo para conocer a su sobrina Regina Maria Sívori, la madre de Bergoglio. Se conserva una placa de Sivori – en pizarra, por supuesto – fijada a una típica casa amarilla de color pastel cerca de la iglesia parroquial de San Lorenzo, patrón de Cogorno.

«Un gran regalo. Una última sorpresa»

Lo que llama la atención es cómo el Papa ha ocultado a menudo su relación con Liguria. «Nos habíamos dicho: ‘Paciencia, traeremos, aunque sólo sea un grano de nuestra tierra’. Y entonces, esta noticia…».

La voz de Sommariva sigue temblando, la emoción tan fresca y vibrante como el aroma del aire salado. El descubrimiento de los orígenes ligures del Papa, es una dote matrimonial entre Vincenzo Sivori y Caterina Sturla, bisabuelos de Francisco. Una llamada telefónica desde Buenos Aires, un árbol genealógico enviado por correo electrónico y la sorpresa: Angela Sivori, que sigue viviendo en Cogorno, descubre que es prima del Pontífice. Su hija, Cristina Cogorno, cuenta la historia: «Nos hizo un gran regalo. Una última sorpresa. Dijo que quería descansar en la piedra de sus abuelos. Es algo precioso».

«¡Por fin conozco a los Sivori!»

Las motivaciones del Papa siguen siendo íntimas, silenciosas. Durante su pontificado, nunca había manifestado tan abiertamente este vínculo con Liguria. Sus visitas a sus antepasados habían tenido lugar en Piamonte. Pero dos momentos, dos leves toques de vida, pueden haber dejado su huella. El primero, en Génova, en mayo del 2017.

«Mi madre tenía 87 años», recuerda Cristina. «Hasta el último momento no supimos si lo conoceríamos. Entonces, tres días antes, nos llamaron del Vaticano. Hicimos cola los siete. Y nos saludó como un primo del ‘fin del mundo’. Estrecha las manos, sonríe, «¡por fin conozco a los Sívori!», exclama Francisco.

Las pizarras donadas a Francisco

El segundo momento se revela entre las notas de una banda: era el 2015, la Sociedad Filarmónica de Sestri Levante vino a tocar en la audiencia general del 18 de marzo del 2015, pocos días después del segundo aniversario del pontificado del Papa. Entre los presentes se encontraba el presidente Francesco Gardella. La Filarmónica ya había tocado para Juan Pablo II y Benedicto XVI, pero es una emoción a la que uno no se acostumbra.

«Una experiencia maravillosa, cuando vino nos saludó de maravilla, todavía se me pone la piel de gallina», recuerda. Desde Tigullio, una delegación que incluía a varias autoridades políticas locales no vino con las manos vacías. La asesora de Cogorno, Franca Raffo, es la portadora de un regalo compartido: un bajorrelieve de pizarra, con la iglesia de San Lorenzo, un cantero y un partidor. Franca lo recibe en silencio, pero el gesto deja huella. Ahora, ese vínculo tácito se hace eterno.

«La piedra del pueblo»

Existe una extraña y profunda correspondencia entre la pizarra y el alma del Papa Francisco. Basta con escuchar su historia, observar su material, seguir sus huellas. Y, de repente, las analogías se hacen evidentes. Quien las dibuja es Franca Garbarino, presidenta del Distrito de la Pizarra, que agrupa a dieciocho canteras y doce empresas diseminadas por las alturas de Liguria.

«No es una piedra noble», dice. «Siempre ha sido la piedra del pueblo. Humilde, resistente, esencial. Como él, el Pontífice, siempre cerca de los últimos. Un material que no se impone, sino que acompaña. Allana los caminos, los que cuentan los versos de Montale. Es una piedra cálida», añade Garbarino.

«Si tocas el mármol, sientes el hielo. La pizarra, en cambio, devuelve el calor». Como una caricia, como una presencia reconfortante. El Papa de la ternura, que no temía inclinarse. Y luego está el color. Negro, profundo. Pero nunca sombrío. Combina con cualquier otro material», señala Garbarino.

La pizarra no excluye, se adapta. Como el Pontífice, capaz de hablar a todos. De dialogar con creyentes y no creyentes, con culturas lejanas, con los que buscan y los que se han perdido. El Distrito ya ha dado su disponibilidad: crear las losas que acompañarán a Francisco en su descanso eterno, o tal vez certificar su autenticidad.

Cogorno, ya tocada por dos Papas – Inocencio IV y Adriano V, tío y sobrino de la dinastía Fieschi, una familia local – también acoge idealmente a Francisco. La ciudad de los «tres Papas», envuelta en el aroma del mar y el eco de la piedra, se dispone a conservar para siempre un fragmento de corazón, un grano de raíz mantenido oculto y luego revelado. Un giro, el último. Como aquellos con los que el Papa Francisco acompañó al mundo hasta el final de su camino terrenal.

La “mujer de las flores amarillas” da su último adiós al papa

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Carmela Mancuso vio por última vez al papa Francisco el día antes de morir, el domingo de Pascua. Y continuó con su tradición: llevarle flores amarillas.

CARMELA MANCUSO
Me acerqué allí al papamóvil, llevé estas flores y lo abracé. Luego le dije: muchos saludos y augurios de parte de todos mis amigos, de todos mis familiares y de todo el mundo. ¡Feliz recuperación! Y él… yo le besé las manos. Bueno, igual que ayer. También hoy me regaló una corona del Rosario. Ayer por la noche me había dado otra. La de hoy es de color rojo.

Cuando Francisco salió del hospital, la reconoció inmediatamente. De hecho, las 12 únicas palabras que pronunció fueron para ella.

FRANCISCO
Gracias a todos. Y veo a esta señora con las flores amarillas. Es buena.

Carmela también quiso despedirse de él y se acercó a la basílica, no sin olvidar, como siempre, su ramo de flores amarillas.

BAM

Reacciones de los fieles al dar su último adiós al Papa Francisco

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Desde que el féretro del papa Francisco fue colocado en la capilla ardiente, los fieles han formado filas a lo largo de las paredes de la basílica para darle su último adiós al Papa argentino.
Normalmente esperando durante varias horas para rendirle homenaje, algunos de los fieles compartieron lo que sintieron en la atmósfera de la Plaza de San Pedro mientras esperaban.

FRAILE THOMAS
Croacia

Esperaba mucha gente, pero no esperaba que las personas estuvieran tan calmadas, con tanta dignidad y oración. Las personas que vi estaban realmente agradecidas de estar aquí.

Una vez dentro de la basílica, el sentimiento de paz no desapareció entre la multitud. Aunque muchas personas venían de diferentes partes del mundo y con distintas creencias religiosas, el ambiente era de gratitud silenciosa por poder despedirse y honrar la vida del Papa Francisco.

MICHAEL MCKYE – ELLE LOUELLEN
Isla de Lewis, Escocia; Shopshire, Inglaterra

El ambiente dentro de la basílica era tranquilo, pacífico. Me siento honrado de estar aquí hoy, en una ocasión tan trascendental. Fue una experiencia muy bonita estar rodeado de personas de diferentes partes del mundo, todos unidos en un momento de paz.

Se percibía un sentimiento de solidaridad dentro de las largas filas y multitudes, con muchas personas recordando momentos de generosidad y caridad simples, especialmente cuando el calor y la espera prolongada se volvían físicamente exigentes.

ANNE HEALY
Irlanda

Hubo momentos hermosos. Como cuando alguien casi se desmaya y tantas personas ayudaron — el servicio fue increíble y llegaron en un instante… completos desconocidos dándose agua entre sí y personas tratando de dar sombra con paraguas unos a otros.

Parece que los fieles han llevado con ellos la humildad y la caridad del pontificado del Papa Francisco al darle su último adiós al Santo Padre.

El papa Francisco: un pontífice diferente

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El Padre Federico Lombardi ha dedicado innumerables años a las comunicaciones del Vaticano. Primero trabajó como jefe de Radio Vaticano durante 26 años, desarrollando una relación con los papas Juan Pablo II y Benedicto XVI. Este último lo nombró director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede en 2006, allí trabajó durante 10 años, y tuvo una relación cercana con el papa Francisco.

PADRE FEDERICO LOMBARDI
Exdirector de la Oficina de Prensa de la Santa Sede

Es un trabajo muy amplio e interesante que te permite—o más bien, te exige—seguir las actividades diarias del Santo Padre y explicarlas a quienes quieren entender mejor o explorar ciertos aspectos. Es una vida exigente que te mantiene constantemente ocupado, especialmente durante el pontificado del papa Francisco, con sus innovaciones, creatividad y nuevas iniciativas. Había que estar siempre preparado para responder e intervenir.

El Padre Lombardi ha reflexionado sobre su tiempo con el Papa Francisco, quien fue el pontífice que finalmente aceptó su renuncia en 2016 por razones de edad. Señaló que trabajar con Francisco fue una experiencia diferente.

PADRE FEDERICO LOMBARDI
Exdirector de la Oficina de Prensa de la Santa Sede

Con el papa Francisco, digamos que la naturaleza dinámica de su actividad y sus iniciativas más personales—como los encuentros con personas en la Casa Santa Marta o acciones menos planificadas a largo plazo y más decididas rápidamente—hicieron que el rol del director de la oficina de prensa se volviera más flexible y estrechamente vinculado al seguimiento de las actividades diarias del Papa. Mientras que anteriormente el rol estaba más integrado dentro de un sistema estructurado que involucraba distintas oficinas y funciones—si se puede decir así—con Francisco, por ejemplo, los eventos y ocasiones en que él tomaba la iniciativa y quería explicar personalmente su significado o resaltar algún aspecto se volvieron más frecuentes.”

El enfoque de Francisco en crear conexiones personales definió verdaderamente su pontificado. Su legado perdura a través de las relaciones cercanas con sus colaboradores, como el Padre Lombardi.
BAM