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¿Qué es un cónclave? El proceso que elige al nuevo Papa

La Iglesia Católica vive momentos de profunda reflexión y oración cada vez que la Sede Apostólica queda vacante, ya sea por la muerte o la renuncia del Papa. Este periodo, lejos de ser un vacío, es una oportunidad para que la Iglesia se abra a la acción del Espíritu Santo, confiando en Su guía para elegir al nuevo líder de la comunidad cristiana. La muerte de un Papa, como bien expresaba San Juan Pablo II, es un momento de transición, pero no de desesperanza: “El Papa muere, Cristo no muere”. En este artículo, exploraremos el significado profundo del cónclave, el proceso de elección del Papa, y cómo esta tradición ancestral sigue siendo un acto de fe, esperanza y unidad en la Iglesia.

La muerte de un Papa: un tiempo de oración, esperanza y discernimiento

El reciente fallecimiento del Papa Francisco, el 21 de abril de 2025, ha sumido a la Iglesia en un periodo de sede vacante. Este es un momento de dolor, pero también de profunda reflexión, en el que los católicos del mundo entero se unen en oración, pidiendo al Espíritu Santo que ilumine a los cardenales en su tarea de elegir al nuevo Pontífice. La muerte de un Papa, lejos de representar un vacío de liderazgo, es vista por la Iglesia como una invitación a discernir, rezar y esperar con esperanza el nuevo sucesor de San Pedro.

Este proceso de oración y discernimiento es central en el cónclave, donde los cardenales se encierran en la Capilla Sixtina para buscar la voluntad de Dios en la elección del próximo Papa.

¿Qué es un cónclave?

La palabra «cónclave» proviene del latín cum clave, que significa “con llave”, y hace referencia al hecho de que los cardenales, durante el proceso de elección, son confinados en un espacio cerrado y vigilado, con el fin de garantizar la confidencialidad y el secreto del proceso. Este acto simbólico refleja la seriedad con que la Iglesia se enfrenta a la responsabilidad de elegir al líder espiritual de más de mil millones de católicos en el mundo.

El proceso del cónclave

1. Inicio del período de sede vacante

El Papa Francisco falleció a los 88 años debido a complicaciones por una neumonía bilateral que derivó en un ictus. Tras su muerte, el cardenal camarlengo, Kevin Joseph Farrell, verificó el fallecimiento y destruyó el anillo del pescador y el sello papal, marcando el fin del pontificado. Durante la sede vacante, el camarlengo, junto con el penitenciario mayor, se encarga de la administración de la Santa Sede y de preparar la celebración del cónclave. La Iglesia entra en un período de oración, reflexión y preparación espiritual para la elección del nuevo Papa.

2. Congregaciones generales

Antes de que comience el cónclave, los cardenales se reúnen en las congregaciones generales. Estas reuniones no son vinculantes para la elección del Papa, pero permiten a los cardenales discutir sobre los desafíos de la Iglesia y las cualidades que debería tener el próximo Pontífice. Durante este tiempo, los cardenales oran por la dirección del Espíritu Santo y buscan la unidad en la visión que deben tener del futuro de la Iglesia.

3. Convocatoria del cónclave

El cónclave se convoca formalmente por el decano del Colegio Cardenalicio. La elección debe comenzar entre 15 y 20 días después de la muerte del Papa, para permitir la llegada de todos los cardenales electores a Roma. Este período de espera, más que un vacío, es una oportunidad para que la Iglesia se prepare espiritualmente, reforzando su confianza en que el Espíritu Santo guiará la elección de un nuevo Papa.

4. El proceso de votación

El cónclave tiene lugar en la Capilla Sixtina, un lugar cargado de historia y espiritualidad. Durante el cónclave, los cardenales se encierran y realizan hasta cuatro votaciones diarias (dos por la mañana y dos por la tarde). Para que un candidato sea elegido, debe obtener dos tercios de los votos. Si no se alcanza este umbral, se siguen realizando votaciones hasta que se logre el consenso.

Este proceso no es solo un acto político o administrativo. Cada voto, cada deliberación, está envuelta en oración y discernimiento. La elección del Papa no se basa únicamente en las cualidades humanas de los candidatos, sino también en la sensibilidad espiritual de los cardenales, que buscan la voluntad de Dios.

5. El anuncio de la elección

Una vez elegido el nuevo Papa, se le pregunta si acepta la elección y qué nombre desea adoptar. Si acepta, en ese momento se convierte oficialmente en el nuevo Obispo de Roma y Sucesor de San Pedro. La noticia de la elección se anuncia a través del famoso rito del habemus Papam, cuando el Protodiácono se presenta en el balcón de la Basílica de San Pedro y proclama al mundo: “Annuntio vobis gaudium magnum: Habemus Papam” (“Os anuncio una gran alegría: ¡tenemos Papa!”).

Lo que ocurre después de la elección: el primer acto del nuevo Papa

Una vez que el cónclave ha elegido al nuevo Papa, se inicia un profundo momento de oración y reflexión. Aunque el proceso de elección haya culminado, el momento más solemne del pontificado comienza con los primeros pasos del nuevo Papa.

La Sala de las Lágrimas

Tras la proclamación de su elección, el nuevo Papa es llevado a la Sala de las Lágrimas en el Palacio Apostólico. Este lugar es de gran significancia, pues se dice que es donde el Papa se retira brevemente para reflexionar sobre la inmensa responsabilidad que acaba de asumir. Se dice que es el espacio en el que, al asumir el poder papal, el Papa tiene un momento privado para llorar y pedir al Espíritu Santo la gracia necesaria para guiar a la Iglesia. Es un rito lleno de simbolismo, un momento de humildad ante la carga de su misión.

Visita a la Capilla Paulina

Después de este tiempo de recogimiento en la Sala de las Lágrimas, el Papa se dirige a la Capilla Paulina, que se encuentra dentro del Vaticano. En este santuario, el nuevo Papa se toma un tiempo para rezar y poner su pontificado bajo la protección de Dios. La Capilla Paulina es especialmente significativa debido a que en ella se celebran las primeras misas papales y es un lugar de intensa oración en el corazón de la Iglesia. Es en este espacio donde el Papa se encomienda a Dios, buscando la fuerza espiritual necesaria para afrontar los retos que se le presentarán durante su pontificado.

El saludo al pueblo desde el balcón de la Basílica de San Pedro

Finalmente, después de estos momentos de oración, el Papa emerge al balcón central de la Basílica de San Pedro para saludar al pueblo reunido en la Plaza de San Pedro. Es un momento histórico, no solo porque se confirma oficialmente su elección, sino porque es el primer contacto del Papa con el pueblo cristiano. Desde allí, el Papa se dirige a los fieles con un mensaje de unidad, esperanza y misión. Este acto representa la presencia del Papa como guía espiritual de la Iglesia universal, y su primer acto público marca el inicio de su pontificado.

La importancia del cónclave

El cónclave, más allá de ser un proceso técnico, es un acto de fe en el que la Iglesia se somete a la acción del Espíritu Santo. La elección del Papa no es simplemente una cuestión de administración eclesiástica, sino un momento de renovación espiritual para la Iglesia. Como afirma San Juan Pablo II, “El Papa muere, Cristo no muere”. La muerte de un Papa no es el final, sino una invitación a la renovación y a la esperanza en Cristo, quien es el fundamento inquebrantable de la Iglesia.

Durante el cónclave, los cardenales se entregan a la oración, buscando la voluntad de Dios y asegurándose de que el elegido sea verdaderamente el hombre que guiará a la Iglesia con sabiduría, fortaleza y humildad. El Espíritu Santo, presente en cada votación, es el que, al final, lleva a la Iglesia a elegir al nuevo Sucesor de Pedro, quien tomará el timón de la barca de San Pedro en tiempos de desafíos y esperanza.

Este es un tiempo de oración y confianza en que, al igual que en cada cónclave, el Espíritu Santo guiará a la Iglesia hacia un nuevo Pastor, que continuará conduciendo a los fieles hacia Cristo.

Fuentes
  • Constitución Apostólica Universi Dominici Gregis, San Juan Pablo II, 1996
  • Catecismo de la Iglesia Católica
  • Código de Derecho Canónico
  • Vatican.va

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¡Su Esperanza No Muere!

Para que la Iglesia católica sea, infalible e indefectiblemente, la comunidad de creyentes y discípulos de Jesucristo, debe estar ajustada, acorde y en sintonía con el evangelio del hijo del carpintero de Nazaret, con su Buena Nueva, es decir, con sus palabras, con su criteriología. Sólo así, los creyentes, en comunidad de fe, podemos ser “luz y sal” de la tierra.

Murió el Papa Francisco y éste, precisamente, fue su empeño principal, éste su principal legado y recuerdo para la posteridad en la Iglesia y en la historia de la humanidad: haber intentado – a tiempo y a destiempo – aproximar la vida de los católicos y de la humanidad entera a los principios y valores del Evangelio, en el afán de construir un mundo más amable, más justo, más humano, más solidario, más fraterno.

Y este empeño lo desarrolló, durante toda su vida de hombre y de cristiano, pero especialmente durante el ejercicio de su ministerio petrino, con la certeza profunda que brota de la vida de Jesús de Nazaret: la de que todos los seres humanos tenemos la dignidad de ser hijos del mismo Dios, Padre bueno y Creador y que, por ello, todos somos hermanos, con un presente solidario – en el bien y en el mal – y un destino común.

Esta convicción evangélica perfiló toda la vida del argentino porteño descendiente de inmigrantes italianos, del hombre, del químico, del cura jesuita y del Papa, de quien tuve el privilegio de ser su discípulo en Buenos Aires.

Aún impactado por la noticia y con profundo pesar, escribo estas como un tributo lleno de afecto a quien – gracias a la vida y en muchas ocasiones – tuve el honor de acercarme físicamente y de gozar de su amistad y enseñanzas. En los últimos años, por ejemplo, en dos audiencias privadas, el Santo Padre recibió a más de 1.100 médicos de la Organización SOMOS COMMUNITY CARE para la que trabajo y nos animó fervientemente a lanzar la campaña ¡Gracias, Doctor! cuya misión es humanizar la sanidad y todo lo que conlleva, especialmente para los más desfavorecidos. Estos encuentros hoy son imborrables en la historia de nuestra institución. Y, al mismo tiempo, este es un homenaje de gratitud que, junto con toda la Iglesia y la humanidad, muy merecidamente, le debemos y rendimos al muy amado Papa Francisco.

Creo hacerme eco de muchos a quienes nos acompañan, al mismo tiempo, sentimientos de tristeza y de alegría. Tristeza por la partida de tan insigne ser humano, ejemplar cristiano y buen pastor. Alegría, porque nos queda su testimonio, su ejemplo de vida y una senda de humanidad y de santidad abierta, para que transitemos por ella en búsqueda de mejores tiempos para la catolicidad y para el mundo entero.

El ministerio petrino de Francisco estuvo acompañado siempre por un afán de etiquetarlo, de rubricarlo, como de derecha o de izquierda, como conservador o como reformador, etc.  Javier Cercas, en su libro, de reciente aparición, “El Loco de Dios en el fin del mundo”, producto del acompañamiento del escritor al Papa Francisco en su viaje a Mongolia, resuelve este afán de rotular a Francisco diciendo que – como en cada uno de los seres humanos – hubo, en Francisco, muchos Bergoglios en un único Bergoglio.

Pero aquí quisiera decir que al joven y al anciano Jorge Mario, al químico y al Papa Bergoglio, al estudiante y al cura Bergoglio, al porteño y al romano Bergoglio, a todos los posibles Bergoglios, les fue común: su sentido de la humildad y la sencillez, su fe imbatible, su sentido del humor que salva y que brota de la alegría de saberse amado por Dios, su amor universal manifestado como apertura y entrega generosa a todos, pero especialmente a los “descartados” de la sociedad, su fidelidad al evangelio y, por ello, su autenticidad como discípulo de Cristo, su libertad y valentía para defender la verdad, su espíritu ecuménico y su cuidado franciscano por la “casa común”.

Todo lo cual, en un mundo urgido de autoridad, urgido de líderes y de hombres y mujeres con coherencia entre lo que dicen y lo que hacen, entre lo que predican y lo que practican, entre lo que creen y lo que viven y en una Iglesia contaminada por estas faltas de autenticidad y de verdad, el Papa Francisco, con todos sus gestos y palabras, resultó rompiendo esquemas y siendo un gran reformador, un renovador, con cuyo pastoreo y legado nos deja a todos el testimonio de su esperanza en una Iglesia y en un mundo mejores.

Pero el que pedía a los jóvenes que “hicieran lio”, produjo líos al interior de la Iglesia. Porque todos estos acentos, estos énfasis de la personalidad, de la experiencia religiosa y del ministerio de Francisco, le granjearon enemigos entre las toldas de quienes, acomodados a las tradiciones, a los privilegios y al poder, vieron en Francisco una amenaza. Porque Francisco los invitó a la construcción de una Iglesia pobre, de y para los pobres, a salir a las periferias (no sólo geográficas), a hacer de la Iglesia una gran tienda de campaña para sanar heridas, a oler a oveja, etc.

Por ello, como el mismísimo Jesús en la mesa de la última cena, Francisco conoció el sufrimiento, producto de la incomprensión de los suyos, sumado al padecimiento que le supuso tener que capotear la tormenta que ha significado para la Iglesia de los últimos lustros el escándalo por los abusos sexuales que tiene como protagonistas a clérigos. Y es que, el que fielmente sigue el Evangelio y la Verdad que es Jesucristo mismo, se encuentra – como Él – con persecuciones y cruz, signo de autenticidad en el discipulado.

Se nos fue Francisco. Perdimos la presencia física de un gran hombre cristiano, de un auténtico líder y pastor. Nos queda su invitación a la construcción de una Iglesia y un mundo donde la esperanza, por la misericordia, sea posible. Nos queda el recuerdo de su locura, la misma de Jesús de Nazaret, de quien “decían que estaba loco”, por nadar contra la corriente del mundo, por vivir e invitar a seguir la lógica de Dios que no es la del mundo.

Después de las honras fúnebres, tendrá lugar el cónclave de cardenales para la elección del sucesor de Francisco en la Sede de Pedro. Oremos porque el Espíritu Santo guíe a los electores y para que, en el resultado, se preserve el legado del buen Papa Francisco, plasmado en sus incontables viajes pastorales, encuentros, audiencias (públicas y privadas), libros, homilías, exhortaciones, documentos, encíclicas, etc.

¡Gracias Francisco!

¡Descansa en la paz que da la eterna presencia en el amor del Padre!

Mario J. Paredes es el secretario de la Fundación Dr. Ramón Tallaj. La Fundación Dr. Ramón Tallaj es una institución sin fines de lucro que otorga becas a estudiantes de bajos recursos y con alto rendimiento académico que deseen estudiar una carrera en el área de la salud.

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¿Sufrió el Papa Francisco antes de morir? Responde su médico personal

(ZENIT Noticias / Roma).- Han surgido nuevos detalles sobre las últimas horas del Papa Francisco, en concreto sobre si su muerte fue dolorosa. Según el Dr. Sergio Alfieri, quien dirigió la atención médica del pontífice durante su más reciente hospitalización, el Papa no sintió dolor al momento de su muerte. «No se dio cuenta de lo que estaba sucediendo», declaró Alfieri en una entrevista con el canal de noticias italiano TG1. «Pudo haber sido una embolia o un derrame cerebral, pero puedo decir esto con certeza: el Santo Padre no sufrió».

En la mañana del 21 de abril, aproximadamente a las 7:35 h, el Papa Francisco falleció en su apartamento de la Domus Sanctae Marthae, dentro de los muros del Vaticano. El certificado oficial de defunción, firmado esa misma noche por el Dr. Andrea Arcangeli, jefe de salud del Vaticano, identificó la causa como un derrame cerebral seguido de coma y colapso cardiocirculatorio irreversible. Estos últimos sucesos ocurrieron en un paciente ya debilitado por antecedentes de insuficiencia respiratoria aguda debida a neumonía bilateral multimicrobiana, hipertensión crónica y diabetes tipo II.

El Dr. Alfieri, quien había atendido al Papa en múltiples episodios de salud en los últimos años, fue uno de los primeros en llegar. «Aún tenía los ojos abiertos, oxígeno y una vía intravenosa, pero no respondía. Le revisé los pulmones; no era un problema respiratorio. Estaba vivo, pero en coma», explicó. El Santo Padre falleció poco después.

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¿A quién hizo el Papa la última llamada telefónica? Fue el sábado 19 y ahora sabemos a quién

(ZENIT Noticias / Roma).- En lo que ahora se conoce como uno de sus últimos actos de cuidado pastoral, el Papa Francisco realizó una discreta llamada telefónica a la única parroquia católica de Gaza la noche del 19 de abril. Era Sábado Santo, pocas horas antes de la Vigilia Pascual, y mientras la violencia se cernía afuera, una voz de paz se extendió por encima del caos. «Nos llamó como siempre», recordó el Padre Gabriel Romanelli, párroco de la Iglesia de la Sagrada Familia. «Con palabras de consuelo, una bendición y una oración por la paz». Sería la última vez que la asediada comunidad católica de Gaza supo de él.

Durante 19 meses, el Papa Francisco estuvo presente en la vida de los fieles cristianos de Gaza, a través de llamadas telefónicas nocturnas, incluso desde una cama de hospital durante su propia enfermedad. Preguntó por los niños. Preguntó si tenían suficiente comida. Concluía cada conversación no con un consejo, sino con una oración.

En una región a menudo absorbida por los titulares políticos y las cambiantes realidades militares, la relación del Papa con Gaza se perfilaba como algo completamente distinto: un vínculo forjado en la vulnerabilidad compartida y una fe serena. Tras su fallecimiento, el padre Romanelli habló con los medios del Vaticano en un profundo dolor. «Es un momento profundamente doloroso», declaró. «Incluso los vecinos ortodoxos y musulmanes vinieron a ofrecer sus condolencias. Sabían que él también era nuestro padre».

El dolor resonó en las iglesias dañadas de Gaza. En la iglesia ortodoxa griega de San Porfirio, donde católicos y ortodoxos celebraron juntos la Pascua, los fieles se reunieron para rezar por el hombre que insistió en que la paz no era un sueño, sino una exigencia. Fue apropiado, quizás, que el mensaje final «Urbi et Orbi» del Papa —leído por el arzobispo Ravelli desde el balcón del Vaticano— incluyera una súplica por Gaza: no solo una oración, sino un claro llamamiento al alto el fuego, la liberación de los rehenes y la entrega inmediata de ayuda humanitaria.

En el recinto de la Iglesia de la Sagrada Familia, estas palabras se recuerdan ahora como su bendición final. «Nos amó», dijo Romanelli, «y el mundo no debe olvidar el mensaje que dejó: detener la guerra, abrir los caminos a la paz».

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Martinelli: enorme la contribución de Francisco al diálogo interreligioso

El vicario apostólico de Arabia meridional, franciscano capuchino, subraya la importancia del «Documento sobre la fraternidad humana» firmado por el Papa en Abu Dabi en 2019, calificándolo de texto “profético” que llama a las religiones a trabajar «juntas para promover el bien de la humanidad». «Desde Fratelli tutti a Laudato si -añade- ha habido muchos elementos franciscanos en su magisterio».

Fabio Colagrande – Ciudad del Vaticano – Vatican News

«El dolor, el sufrimiento que estamos viviendo en estas horas por la conclusión de la misión terrena del Papa Francisco es ya un primer testimonio de la importancia de su pontificado, de sus gestos, de su magisterio». Habla desde Abu Dabi monseñor Paolo Martinelli, franciscano capuchino, desde mayo de 2022 vicario apostólico de Arabia meridional, jurisdicción territorial de la Iglesia católica que incluye Emiratos Árabes Unidos, Omán y Yemen. La casa donde reside, en la capital del país árabe, da al patio de la catedral de San José, visitada por Francisco el 5 de febrero de 2019, durante su viaje a Emiratos, que pasó a la historia por la firma, con el gran imán de Al-Azhar, Ahmad Al-Tayyib, del “Documento sobre la fraternidad humana”.

Un documento profético

Y es precisamente en lo que él llama la «enorme contribución» del Papa recientemente fallecido al diálogo interreligioso y su legado «franciscano» en lo que se detiene Martinelli, antiguo obispo auxiliar de Milán. «Fueron muchos los gestos que hizo para subrayar lo bueno del diálogo entre personas de distintas confesiones», explica. «El documento sobre la “Fraternidad humana” es un texto único y profético que marca un nuevo capítulo en la historia del diálogo interreligioso». “En primer lugar -añade el prelado- porque es la primera vez que un documento es firmado conjuntamente por el jefe de la Iglesia católica y la máxima autoridad del Islam sunita. Pero luego su contenido es verdaderamente profético porque empuja el diálogo interreligioso no tanto al nivel de una confrontación doctrinal, que también sigue siendo importante, sino para que las religiones trabajen juntas para promover el bien de la humanidad, para promover precisamente una sociedad más humana, más fraterna, defendiendo la dignidad de cada hombre, de cada mujer, condenando radicalmente toda violencia hecha en nombre de Dios, como una traición a la auténtica experiencia religiosa”.

La herencia franciscana

«Recordemos entonces -añade Martinelli- que este documento se firma con ocasión del octavo centenario del encuentro de San Francisco de Asís en Damietta, Egipto, con el sultán al-Malik al-Kamil». «En este sentido -explica- ya se percibe el elemento propiamente franciscano del magisterio del Papa Francisco». Un legado confirmado por la encíclica Fratelli tutti de 2020, dedicada a la fraternidad y la amistad social, profundamente enraizada en los textos del Seráfico. Subyace en ese documento, dice Martinelli, la «petición fundamental de Dios de que todos nos tratemos como hermanos y hermanas, reconociendo la infinita dignidad de cada persona».

Un desafío a la tecnocracia

En esta vena franciscana del pontificado que acaba de terminar, hay que incluir también Laudato si’, la encíclica sobre el cuidado de la casa común, publicada por Francisco en 2015. «Es un texto que interpelaba a la cultura, a la tecnocracia -comenta Martinelli- y que ponía en el centro precisamente la experiencia de san Francisco de Asís que, como hombre reconciliado con Dios, sabe ver en la creación los signos del Altísimo y que, por tanto, eleva su alabanza a Dios por todas las criaturas».

Aquel viaje a Asís

El vicario apostólico de Arabia meridional también quiere recordar el primer viaje del Papa a Asís, el día de San Francisco, en el primer año de su pontificado, 2013. «Fue realmente un momento muy intenso», recuerda Martinelli. «Recuerdo en particular una de sus homilías en la que afirmaba con fuerza la originalidad de san Francisco, su profunda espiritualidad encarnada, profundamente marcada por la figura de Cristo y el misterio de Dios, el amor trinitario.» En aquella ocasión, continúa explicando el obispo, el Papa denunció ciertas reducciones que se hacen de la figura de san Francisco: «Nos invitó a no caer en una visión almibarado de este santo que, en cambio, fue un santo fuerte que supo, en su tiempo, renovar la Iglesia y tras cuyas huellas podemos continuar también hoy el proceso de reforma y renovación siempre necesario en el seno del Pueblo de Dios».

El Rosario por el Papa en Santa María la Mayor, Reina: Transformando el dolor en esperanza

El día del traslado de sus restos a San Pedro, el vicario general de la diócesis de Roma dirige la oración mariana por Francisco. En el cementerio de la basílica liberiana, las velas al pie de la Salus Populi Romani arden como los corazones de los fieles: aunque probados, todavía iluminados por la luz de la “fe”. La vida, no la muerte, subraya el cardenal, “es la última palabra”.

Edoardo Giribaldi – Roma

Los discípulos de Emaús, figuras perdidas en el crepúsculo de la fe, se convierten en el rostro de la Iglesia en camino, cansada por el dolor y a veces incapaz de reconocer al Resucitado «en el momento de la prueba». Así describe hoy el cardenal Baldo Reina, vicario general de la diócesis de Roma, a la comunidad cristiana reunida en oración en torno al Papa Francisco, que el lunes 21 de abril regresó a la Casa del Padre. En el silencio lleno de recuerdos que acompaña estos días, el amor del pueblo no se desvanece. Se convierte en un gesto, en una voz, se convierte en Rosario. En la escalinata de la Basílica de Santa María la Mayor –donde el Papa pidió ser enterrado– los fieles se reúnen en torno a la Salus Populi Romani , el icono mariano tan querido por él, que también esta tarde vela por las oraciones junto a su imagen.

«La experiencia pascual», afirmó el cardenal Reina al introducir los Misterios Gloriosos del Rosario, «ofrece una respuesta siempre nueva a quienes se preguntan sobre el sentido del sufrimiento y de la muerte». Palabras que se convierten en caricia para un pueblo probado, un “corazón” colectivo ciertamente “probado”, tal vez “apagado”, pero que deja filtrar la luz cuando se deja “iluminar por la fe”. La Salus , ante la cual el Papa rezaba antes y después de cada Viaje Apostólico, se invoca ahora con más fuerza que nunca . Para que ese “dolor” se transforme en “esperanza”. Porque – recuerda el vicario – “la vida”, y no “la muerte”, “es la última palabra”.

Durante todo el día, una fila silenciosa y emocionada pasó por la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro, como una peregrinación del alma hacia una última e íntima despedida del Papa. Incluso para los visitantes de la Capilla Paulina, corazón renacentista de Santa María la Mayor, los pasos se vuelven más lentos y el silencio más profundo. Aquí, entre lapislázuli y recuerdo, los fieles visitan el lugar donde descansará Francisco. Y se abrazan, como para darse el coraje de volver a creer. Transformar el vacío en camino, el duelo en horizonte. Tal como enseñó el Papa Francisco, hasta el final.

¿Por qué el papa viste de rojo en el féretro? ¿Es novedad que sea enterrado fuera del Vaticano?

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La muerte de Francisco viene con cambios. Y muchos de ellos los estableció él. Quiso simplificar su #funeral. Aunque no todo se ha modificado.
La muerte de Francisco viene con cambios. Y muchos de ellos los estableció él. El pontífice quiso simplificar todo lo relacionado con su funeral. Aunque no todo se ha modificado.

P. LEONARDO CARDOZA
Doctor en Liturgia

Lo encontramos directamente en el féretro, descubierto. Esta también es una diferencia a muchas cosas que se pensaban que no iban a ser de este modo, descubierto igualmente, digamos, podemos observar, mirar al papa Francisco. Y siguen, sin embargo, no modificados los ritos que tienen que ver con la celebración de la misa exequial.

Antes, como se vio con Juan Pablo II o Benedicto XVI, los papas se exponían ante los fieles en un catafalco; una estructura elevada donde se depositaba el cuerpo del pontífice para su veneración.

Francisco fue el primer papa en eliminar este elemento. Y, de hecho, cuando lo trasladaron a la basílica se le vio así: directamente en el féretro, que iba recubierto por una tela de terciopelo roja.

El ataúd es otro de los cambios. Previamente, se usaban tres distintos: el de ciprés, el de zinc y uno de madera de olmo. El pontífice argentino prefirió tener uno solo.

Lo que sigue igual es que el papa va vestido de rojo. Es un color muy importante para la Iglesia por este motivo.

P. LEONARDO CARDOZA
Doctor en Liturgia

El rojo, desde los primeros siglos de la era cristiana, ha sido siempre el color litúrgico de la muerte o de un funeral en la ciudad de Roma. ¿Por qué? Porque Roma es la ciudad de los mártires. En efecto, los cardenales usan también este color porque están llamados a entregar completamente su vida por amor a Jesucristo. Y el papa, por supuesto, no puede estar exento de esta condición.

Y, probablemente, una de las novedades de los entierros papales de los últimos tiempos es esta. El papa no quiso que su sepulcro estuviese en el Vaticano, sino en Santa María la Mayor. Aunque no es el único que ha tomado esta decisión.

P. LEONARDO CARDOZA
Doctor en Liturgia

Tenemos también no muy reciente, pero sí en los últimos siglos, en las últimas décadas, algunos papas enterrados fuera de la Ciudad del Vaticano como, por ejemplo, Pio Nonno, que está sepultado en la basílica de San Lorenzo ‘fuori le mura’. Digamos que no es normal, pero no es una absoluta excepción. Digamos que es una novedad para nuestra generaciones, sí, después de haber visto la sepultura de Benedicto XVI o Juan Pablo II.

En la basílica donde está la Salus Populi Romani, la patrona de Roma y a la que Francisco le tenía tanta devoción, hay otros siete papas.

CA

Así se introdujo el cuerpo de Francisco en la Basílica de San Pedro

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(SOLO VIDEO) Este fue el momento en el que los restos del papa Francisco recorrieron por última vez la Plaza de San Pedro hasta entrar a la basílica vaticana.

El féretro estará hasta el sábado, día del funeral.
Durante tres días, todos los fieles que lo deseen podrán acercarse a darle el último adiós al que fue su papa durante 12 años.

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El papa Francisco entra por última vez a la basílica de San Pedro

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Dos días después de su muerte, el cuerpo del papa Francisco se despedía de la que fue su residencia durante 12 años.

Fue el cardenal camarlengo el que presidió el que se conoce como “rito de traslación”. El féretro del pontífice salió en procesión desde Casa Santa Marta, acompañado, entre otros, por el cortejo de cardenales.

Pasó por la plaza de San Pedro, donde miles de fieles lo esperaban para verlo por última vez en ese lugar que fue escenario de algunos de los mejores momentos de Francisco.

NATS (46:57-47:10 aprox)

Y así, de forma solemne, los restos del papa entraban por última vez a la basílica de San Pedro.

NATS (50:50-51:03 aprox)

Tras una pequeña ceremonia, los altos cargos de la curia, cardenales y personal del Vaticano se fueron acercando uno a uno para mostrar su respeto al papa y darle el último adiós.

CA

El Vaticano prevé el comienzo del cónclave entre el 5 y el 10 de mayo

Las novendiales, el periodo tradicional de nueve días de luto que siguen a la muerte de un Papa, terminarán el próximo 4 de mayo. Así lo ha establecido este miércoles por la tarde la segunda Congregación General del Colegio de Cardenales, que se ha reunido en el Aula del Sínodo del Vaticano.

Una vez superado este periodo de nueve días podrá convocarse el cónclave para elegir un sucesor. El plazo no puede superar los 20 días desde la muerte del Pontífice, por lo que su inicio se prevé entre el 5 y el 10 de mayo.

El primer día de luto está fijado para el sábado 26 de abril, cuando se celebrará a las 10:00 horas el funeral de Francisco en la basílica de San Pedro. A partir de ahí, la segunda congregación -a la que le seguirá una tercera que se celebrará este jueves por la mañana-, ha decidido que los días de luto se organicen de esta manera:

Día 2: Domingo 27 de abril, 10:30 horas, frente a la basílica vaticana: los empleados y fieles de la ciudad del Vaticano. La concelebración estará presidida por el cardenal Pietro Parolin, ex Secretario de Estado.

Día 3: lunes 28 de abril, 17:00 horas, en la basílica vaticana: Iglesia de Roma. La concelebración estará presidida por el cardenal Baldassare Reina, vicario general de Su Santidad para la diócesis de Roma.

Día 4: Martes 29 de abril, a las 17:00 horas, en la basílica vaticana: los capítulos de las basílicas papales. La concelebración estará presidida por el cardenal Mauro Gambetti, arcipreste de la basílica de San Pedro en el Vaticano.

Día 5: miércoles 30 de abril, 17:00 horas, en la basílica vaticana: Capilla papal. La concelebración estará presidida por el cardenal Leonardo Sandri, vicedecano del Colegio Cardenalicio.

Día 6: jueves 1 de mayo, a las 17:00 horas, en la basílica vaticana: Curia romana. La concelebración estará presidida por el cardenal Kevin Joseph Farrell, camarlengo de la Santa Iglesia Romana.

Día 7: viernes 2 de mayo, a las 17:00 horas, en la basílica vaticana: las Iglesias orientales. La concelebración estará presidida por el cardenal Claudio Gugerotti, exprefecto del Dicasterio para las Iglesias Orientales.

Día 8: Sábado 3 de mayo, a las 17:00 horas, en la basílica vaticana: miembros de los Institutos de Vida Consagrada y de las Sociedades de Vida Apostólica. La concelebración estará presidida por el cardenal Ángel Fernández Artime, exp roprefecto del Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica.

Día 9: Domingo 4 de mayo, a las 17:00 horas, en la basílica vaticana: Capilla Papal. La concelebración estará presidida por el cardenal Dominique Mamberti, protodiácono del Colegio Cardenalicio.

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