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Testamento revela última petición de Francisco

El Pontífice expresó su expreso deseo de ser enterrado en la Basílica Papal de Santa María la Mayor en Roma.

 Gaudium Press El Vaticano ha hecho público el testamento dejado por el Papa Francisco, fallecido el pasado lunes 21 de abril de 2025. En el documento, firmado el 29 de junio de 2022, el Pontífice expresó su expreso deseo de ser enterrado en la Basílica Papal de Santa María la Mayor, en Roma.

Restos mortales en Santa María la Mayor

Francisco subraya haber confiado siempre su vida, su ministerio sacerdotal y episcopal a María Santísima, Madre de Nuestro Señor Jesucristo. “Por eso, pido que mis restos mortales descansen, en espera del día de la resurrección, en la Basílica Papal de Santa María la Mayor”, pidió Francisco.

Deseo que mi último viaje terrenal concluya precisamente en este antiguo Santuario Mariano, donde me dirigía a rezar al inicio y al final de cada Viaje Apostólico, para encomendar con confianza mis intenciones a la Madre Inmaculada y agradecerle su dulce y maternal cuidado”, dice un extracto de su testamento.

Tumba con una sola inscripción: Franciscus

Respecto a su tumba, el Pontífice pidió que fuera dispuesta en el nicho del corredor lateral entre la Capilla Paulina (Capilla de la Salus Populi Romani) y la Capilla Sforza de esta misma Basílica Papal. Su deseo era que la tumba fuera en el suelo, sencilla, sin decoración especial y con una única inscripción: Franciscus.

Respecto a los gastos para la preparación de su tumba, el Papa argentino destacó que serán cubiertos con la suma del benefactor, que dispuso que sea trasladada a la Basílica Papal de Santa María la Mayor y para lo cual dio instrucciones oportunas a Mons. Rolandas Makrickas, Comisario Extraordinario del Capítulo de la Basílica.

Que el Señor conceda la recompensa merecida a quienes me han amado y seguirán rezando por mí. Ofrezco al Señor el sufrimiento que he padecido en la última etapa de mi vida por la paz en el mundo y la fraternidad entre los pueblos —concluye el Papa Francisco en su testamento. (EPC)

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El paso de Francisco y el futuro papa

“La muerte del papa Francisco ha impactado por la dimensión reformista de su papado. Su muerte, sentida profundamente por muchos, nos deja ante la elección de un nuevo papa”

“La propia figura de Bergoglio nos ayuda a establecer algunos criterios ligados al Vaticano II que pueden ser útiles para pensar en la figura del papa que podemos querer”

“La novedad, la reforma, el diálogo con el mundo y la historia profana son elementos básicos de la vida eclesial”

“El nuevo papa tiene que preguntarse siempre qué significa la Iglesia para el mundo y qué le da o le puede dar al mundo en su historia concreta y actual”

La muerte del Papa Francisco ha impactado por la dimensión reformista de su papado. Su amor a Cristo y su devoción personal, su capacidad de descubrir el rostro del Señor en los rostros sufrientes de los seres humano, impactaron a un gran número de católicos y de gentes de otras confesiones o incluso increyentes. El modo cercano de tratar con la gente, su austeridad personal incluso en los signos y ornamentos externos, su radicalidad en el acercamiento a los desposeídos y migrantes, su trabajo incesante para erradicar de la Iglesia el clericalismo y el carrerismo, la búsqueda de una nueva humanidad, el diálogo y la sinodalidad, son muestras de renovación y novedad en el ejercicio del papado.

“La muerte del papa Francisco ha impactado por la dimensión reformista de su papado. Su muerte, sentida profundamente por muchos, nos deja ante la elección de un nuevo papa”

“La propia figura de Bergoglio nos ayuda a establecer algunos criterios ligados al Vaticano II que pueden ser útiles para pensar en la figura del papa que podemos querer”

“La novedad, la reforma, el diálogo con el mundo y la historia profana son elementos básicos de la vida eclesial”

“El nuevo papa tiene que preguntarse siempre qué significa la Iglesia para el mundo y qué le da o le puede dar al mundo en su historia concreta y actual”

La muerte del Papa Francisco ha impactado por la dimensión reformista de su papado. Su amor a Cristo y su devoción personal, su capacidad de descubrir el rostro del Señor en los rostros sufrientes de los seres humano, impactaron a un gran número de católicos y de gentes de otras confesiones o incluso increyentes. El modo cercano de tratar con la gente, su austeridad personal incluso en los signos y ornamentos externos, su radicalidad en el acercamiento a los desposeídos y migrantes, su trabajo incesante para erradicar de la Iglesia el clericalismo y el carrerismo, la búsqueda de una nueva humanidad, el diálogo y la sinodalidad, son muestras de renovación y novedad en el ejercicio del papado.

Especial Papa Francisco y Cónclave

Su muerte, sentida profundamente por muchos, nos deja ante la elección de un nuevo papa. Revisar el modelo del papado y tener criterios sobre el perfil del papa que necesitamos es importante para todos los cristianos. Y en particular para los católicos es importante desarrollar los criterios desde el Concilio Vaticano II. Desde el inicio de la Constitución Dogmática sobre la Iglesia, el Concilio insiste en que el Espíritu Santo, que la guía, “con la fuerza del Evangelio rejuvenece a la Iglesia, la renueva incesantemente y la conduce a la unión consumada con su Esposo” (LG 4). La novedad, la reforma, el diálogo con el mundo y la historia profana son elementos básicos de la vida eclesial.

A Francisco con frecuencia se le ha considerado un papa reformista. Incluso ha sido criticado por estar abierto a los cambios dentro de la Iglesia y profundamente comprometido con los derechos de los pobres. Sus críticas a una “economía que mata”, su defensa de la dignidad de los migrantes, su insistencia en algo tan tradicional en la Iglesia como el destino universal de los bienes para conseguir fraternidad y amistad social en el mundo en que vivimos ha puesto tensos a algunos católicos comprometidos con una buena dosis de ceguera con el capitalismo existente.

Sus documentos, Evangelii gaudium, Laudato Si y Fratelli Tuttimarcaron líneas claras de conversión personal, reforma eclesial, preocupación social y ecológica y deseos de cambios estructurales, incluso a nivel internacional. Su muerte ha dejado a la Iglesia en un ambiente de cambio y reforma. Un ambiente que había tenido un cierto freno iniciado pocos años después de terminado el Vaticano II y que con la sencillez, apertura y capacidad de diálogo de Francisco se ha visto renovado. Pablo VI decía en su discurso final clausurando el Concilio Vaticano II que “nunca como en esta ocasión ha sentido la Iglesia la necesidad de conocer, de acercarse, de comprender, de penetrar, de servir, de evangelizar a la sociedad que la rodea y de seguirla; por decirlo así de alcanzarla casi en su rápido y continuo cambio”. Francisco ha sido fiel a ese espíritu conciliar que no debemos abandonar nunca.

A la Iglesia, institución con algo más de 1.400 millones de bautizados, cinco mil y pico obispos, 400.000 sacerdotes y 700.000 religiosas, en números aproximados, no es fácil moverla desde arriba. Y a los papas les corresponde moverla desde arriba hacia un espíritu evangélico creciente. No solos, por supuesto. Pero las costumbres, tradiciones, formulaciones heredadas de pasados lejanos y no traducidas al vocabulario y pensamiento actual, tienden a mantener a la Iglesia estática o al menos lenta en su evolución. Los cambios asustan con frecuencia y la misma tendencia institucional a convertir los carismas en rutina, muchas veces normativizada, pueden paralizar la novedad.

El propio Francisco, ante algunas críticas, recordaba que si bien la Iglesia trajo novedad a la esclavitud, considerando desde sus orígenes al esclavo como un verdadero prójimo, se acostumbró con exceso a la esclavitud y la vio incluso como normal. Bartolomé de Las Casas, defensor de los indios y considerado hoy con razón como uno de los padres de los derechos universales desde su exigencia de contemplar a los seres humanos como parte de una única humanidad, llevaba esclavos consigo cuando llegó a Chiapas a tomas posesión de su obispado. El Concilio Vaticano IIrompió la lentitud de una Iglesia que tendía a mirarse como sociedad perfecta y la relanzó como Pueblo de Dios que peregrina en diálogo e interacción con el mundo.

Fiel al Concilio, Francisco trató no solo de mover a la Iglesia desde arriba, sino sobre todo, desde la cercanía personal con los de abajo y desde la solidaridad con los “descartados” de la historia, con sus sufrimientos y marginaciones. Defensor de la vida, la defiende en todas sus dimensiones, desde considerar inadmisible para los cristianos la pena de muerte hasta defender los derechos a la vida de los no nacidos todavía. Mover a la Iglesia desde la palabra y el testimonio, aportar novedad evangélica al mundo en que vivimos desde el diálogo y la promoción de la amistad social es el reto permanente de todo Papa.

La propia figura de Francisco nos ayuda a establecer algunos criterios ligados al Vaticano II que pueden ser útiles para pensar en la figura del papa que podemos querer. En la Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el Mundo Actual, se nos dice que “el género humano se halla hoy en un período nuevo de su historia caracterizados por cambios profundos y acelerados”. Y en este mundo de descubrimientos vertiginosos, la Iglesia debe moverse manteniendo su tradición evangélica y su fidelidad al Señor, pero dialogando con las culturas, logrando síntesis de humanidad, desprendiéndose de deseos de poder y privilegios y acercándose cada vez más al que “siendo rico se hizo pobre por salvarnos”.

Hablar de sinodalidad, de caminar juntos, de diálogo social e interreligioso resulta indispensable en un mundo cuya velocidad en los cambios culturales y económicos tiende descartar a los más débiles y favorecer a “los más poderosos, lo que con frecuencia es tanto como decir los más violentos y desprovistos de conciencia” (QA 107) como decía ya Pío XI en 1931. No hay que tener miedo a defender a los pobres y a recordar a los ricos y poderosos que  servir “a los intereses del mercado divinizado, convertidos en regla absoluta” no es más que una idolatría que implica sacrificios humanos. Si a causa de un falso irenismo se eligiera un Papa que no quisiera problemas con los poderosos de este mundo, no solamente se haría daño al elegido sino a toda la Iglesia. En un mundo acelerado, con todos los problemas que encierra una cultura en rápida evolución, no se puede ver la realidad como algo que nos aleja del Evangelio, sino como oportunidad y desafío para hacer creíble la Palabra hecha carne, en diálogo, crítica y discernimiento permanente.

“Si a causa de un falso irenismo se eligiera un Papa que no quisiera problemas con los poderosos de este mundo, no solamente se haría daño al elegido sino a toda la Iglesia”

El sucesor de Francisco debe continuar viajando a los lugares donde está el sufrimiento. Poner en las páginas de los periódicos a los rohinyá de Birmania, a los olvidados de Mongolia, a los migrantes de Lampedusa o de la frontera de Estados Unidos, a Irak; al Papa le toca consolar y reconciliar creencias diferentes y si fuera posible ir también a Gaza y a las cárceles del tercer mundo, mostrando siempre las entrañas de misericordia del Dios que nos amó primero. Debe confiar en el Espíritu que habla en todos los cristianos y decirle a los laicos que lo bendigan, como hizo Francisco en sus primeras palabras como Papa desde las ventanas del Vaticano. Al igual que Francisco debe continuar con el espíritu de reforma que exigen los tiempos. La transparencia, el control de instituciones vinculadas a diferentes formas de corrupción dentro de la Iglesia, la oposición al clericalismo, son temas pendientes.

Necesitamos un papa con capacidad de advertir tanto a la Curia romana como a los Nuncios que aspirar a tener una carrera brillante no consiste en crecer en poder o dignidades sino en servir con humildad al pueblo de Dios. La participación de la mujer en el servicio de autoridad en la Iglesia debe continuar creciendo. Es absurdo que no haya mujeres cardenales, cuando se puede dar ese título con una simple reforma de la normativa que exige que los cardenales pertenezcan al estado clerical. Los cargos episcopales con temporalidad señalada, la consulta más amplia para el nombramiento de obispos y con mayor participación de las iglesias locales, el diaconado femenino son temas que quedan pendientes.

La misma forma de elegir al Papa debía repensarse. Históricamente ha habido diversas fórmulas. ¿Será para siempre la mejor una decretada el año 1059 por el Papa Nicolás II? Que ni siquiera fue seguida por el que la inspiró y uno de sus principales sucesores, Gregorio VII. Digamos que fue un buen sistema para la Europa de aquel tiempo en comparación con la intromisión sistemática de reyes y señores feudales que había dominado en los años anteriores. Es cierto que el sistema ha ido mejorando especialmente a partir del pontificado de Juan XXIII, que elevó el número de cardenales a 90 y, lo mismo que los papas que le sucedieron, se comenzó a nombrar un mayo número de cardenales no europeos.

La limitación de la capacidad de los cardenales hasta los 80 años para elegir Papa también fue positiva. Pero la pregunta de por qué las mujeres no pueden participar en la elección quedan pendientes. Sin necesidad de recordar que las mujeres fueron testigos privilegiados de la resurrección del señor, bastaría con reflexionar sobre el hecho de que son mayoría en la Iglesia tanto en número como en devoción. El hecho de que fueran las Conferencias Episcopales las que eligieron delegados tanto del estado clerical como del laical para participar en la elección del Pontífice se ha mencionado en algún momento. Discutir los pros y contras de otras alternativas diferentes de la existente pudiera ofrecer caminos creativos de participación.

No se trata de cambiarlo todo, pero sí de dar espacio al diálogo. Francisco recomendaba siempre orar antes de proponer ideas o proyectos pastorales. Y someter a la oración de otros los propios proyectos. Pensar si aferrarse a lo que uno piensa, debatir poniéndose en la posición del otro para entenderlo mejor, dialogar y rezar juntos, da siempre como fruto creatividad y esperanza.

Como jesuita, Francisco sabía que para que un proyecto apostólico salga adelante es necesario crear una especie de unión de ánimos, de esperanzas y generosidades que generen no solo impulso sino confianza en la fuerza del Espíritu. La Iglesia tiene que estar siempre en actitud de reforma porque el espíritu crea siempre novedad. Y al papa próximo le corresponde guiar a la Iglesia hacia esa novedad del Espíritu que como dice la oración, renueva la faz de la tierra. Y que también desde la vocación profética eclesial, sepa decirle al mundo que sus sueños de un futuro perfecto, prescindiendo del don y de la gracia, conducen con frecuencia a fracasos notables. Como decía Francisco que ocurrió con “un sueño prometeico sobre el mundo que provocó la impresión de que el cuidado de la naturaleza es cosa de débiles”. En el pensamiento teológico suele considerarse a la Iglesia como el sacramento primordial. Y también en teología suele decirse que un sacramento es un signo que da lo que significa.

El nuevo papa tiene que preguntarse siempre qué significa la Iglesia para el mundo y qué le da o le puede dar al mundo en su historia concreta y actual. Todos los cristianos debemos participar en ese esfuerzo de dar significación evangélica y evangelizadora a la Iglesia. Y una de las mejores maneras de hacerlo desde nuestra fe, es dando significación, esperanza y resistencia a quienes el mundo les quita el significado de su humanidad.

Fuente: Religión Digital

Una despedida final a mi amigo, el Papa Francisco

“Hemos perdido a un amigo en la tierra, pero ahora tenemos a un amigo en el cielo”

“Lo vi con vida por última vez a las 12:47 del mediodía del Domingo de Pascua, 20 de abril, mientras era conducido en su jeep por la Plaza de San Pedro y bajaba por la Vía de la Conciliación. La expresión en su rostro me dio la clara impresión de que era su despedida final al pueblo, y parecía saberlo. La siguiente vez que volvería a esa plaza sería en un ataúd, menos de 72 horas después”

(America Magazine).- Ayer, caminé junto a mi esposa, Elisabetta Piqué, hasta la capilla de Santa Marta en la Ciudad del Vaticano para darle nuestro último adiós al Papa Francisco, un hombre que había sido nuestro amigo durante más de 20 años. Fue un momento profundamente emotivo mientras permanecíamos frente a su sencillo ataúd. Luego nos sentamos a orar en esa capilla donde tantas veces habíamos rezado con él.

Tantos recuerdos pasaron por nuestras mentes: el entonces cardenal Bergoglio bautizando a nuestros hijos en la iglesia de San Ignacio en Buenos Aires; él cenando con nosotros la noche del 28 de febrero de 2013, cuando juntos vimos por televisión el momento histórico en que se cerraban las puertas de Castel Gandolfo y partían los guardias suizos, marcando el fin del pontificado de Benedicto XVI. Recuerdo cuando me llamó en 2012, mientras Elisabetta informaba desde Gaza en medio de intensos bombardeos, para preguntar por ella y decir que rezaba para que Dios la protegiera. Hemos perdido a un amigo en la tierra, pero ahora tenemos a un amigo en el cielo.

Lo vi con vida por última vez a las 12:47 del mediodía del Domingo de Pascua, 20 de abril, mientras era conducido en su jeep por la Plaza de San Pedro y bajaba por la Vía de la Conciliación. La expresión en su rostro me dio la clara impresión de que era su despedida final al pueblo, y parecía saberlo. La siguiente vez que volvería a esa plaza sería en un ataúd, menos de 72 horas después.

El Papa Francisco había pedido ser llevado en el jeep entre la multitud de unas 50,000 personas tras impartir su bendición “Urbi et Orbi” a la ciudad de Roma y al mundo desde el balcón central de la Basílica de San Pedro, el Domingo de Pascua.

Yo estuve allí cuando hizo su primera aparición en ese mismo balcón la noche del 13 de marzo de 2013, reportando para CTV Canadá. Recuerdo bien la explosión de alegría en la multitud cuando los saludó con un “¡Buona sera!” y el silencio absoluto en la plaza cuando pidió que rezaran por él y se inclinó ante ellos.

El Domingo de Pascua, su último acto como papa desde ese balcón fue bendecir al pueblo.
Inmediatamente después, recorrió entre ellos el camino de la despedida en el jeep blanco.

Según informó Vatican Media, luego de ese recorrido, “cansado pero contento”, el Papa de 88 años agradeció a su enfermero personal, Massimiliano Strappetti, quien lo había animado a salir: “Gracias por llevarme de nuevo a la plaza”. El Vaticano indicó que esas fueron sus últimas palabras.

Ahora sabemos que el Papa Francisco pasó una tranquila tarde final, cenó y durmió hasta alrededor de las 5:30 a.m., cuando se sintió mal, lo que activó la respuesta de sus cuidadores. Poco después sufrió un derrame cerebral.

Una hora más tarde, después de hacer un gesto de despedida con la mano a Strappetti, el Papa Francisco, acostado en su cama en el segundo piso de Santa Marta, cayó en coma. En ese momento, según supo America, su secretario privado argentino, el P. Juan Cruz Villalón, quien lo había cuidado con gran ternura durante los 38 días de hospitalización y las cuatro semanas de convalecencia, comprendió que su vida estaba en peligro y le administró el sacramento de la Unción de los Enfermos

Una hora más tarde, después de hacer un gesto de despedida con la mano a Strappetti, el Papa Francisco, acostado en su cama en el segundo piso de Santa Marta, cayó en coma. En ese momento, según supo America, su secretario privado argentino, el P. Juan Cruz Villalón, quien lo había cuidado con gran ternura durante los 38 días de hospitalización y las cuatro semanas de convalecencia, comprendió que su vida estaba en peligro y le administró el sacramento de la Unción de los Enfermos.

Según los presentes, el Papa no sufrió en ese momento final. La muerte llegó repentinamente, como él siempre había deseado, a causa de un colapso cardiovascular irreversible. Murió en paz a las 7:35 a.m. del Lunes de Pascua. Dios le concedió esa gracia.

El cardenal Kevin Farrell, camarlengo del Vaticano y hombre de gran confianza para Francisco, anunció su muerte al mundo.

Ese mismo día, el Vaticano publicó el testamento del papa, en el que dejó claro que los costos de su entierro no correrían a cargo del Vaticano, ya que un benefactor los había cubierto.

Concluyó su testamento con estas palabras:

“Que el Señor conceda la merecida recompensa a quienes me han querido bien y seguirán rezando por mí. El sufrimiento que marcó la parte final de mi vida, lo ofrezco al Señor, por la paz en el mundo y la fraternidad entre los pueblos.”

El sencillo ataúd que mi esposa y yo vimos ayer en Santa Marta está ahora en la Basílica de San Pedro, donde el Papa Francisco yace en estado.

El cardenal Kevin Farrell presidió la ceremonia de traslado, por la cual el cuerpo del papa se llevó desde el lugar de su muerte hasta la basílica, donde ejerció gran parte de su ministerio petrino.

“Al abandonar ahora esta casa, demos gracias al Señor por los innumerables dones que concedió al pueblo cristiano a través de su siervo, el Papa Francisco,” rezó el cardenal en latín. “Pidámosle, con su misericordia y bondad, que conceda al difunto papa un hogar eterno en el reino de los cielos y que consuele con la esperanza celestial a la familia papal, a la Iglesia de Roma y a los fieles del mundo entero.”

Una vez concluido este breve servicio de oración, la gran campana de San Pedro repicó mientras el cuerpo del papa era llevado por 14 portadores del Vaticano en el ataúd de madera, cubierto con un paño rojo, en una procesión encabezada por cerca de 100 cardenales desde la capilla hasta la basílica a las 9 de la mañana. Fue una escena impresionante y solemne, mientras sonaba la campana y el coro cantaba en latín.

Ocho Guardias Suizos pontificios y 14 sacerdotes con estolas rojas y portando antorchas acompañaron el ataúd en su lento avance.

Detrás venían los miembros de la Casa Pontificia, llorando a un padre amoroso, incluidos sus tres secretarios privados, sus dos enfermeros y su asistente laico de cámara, todos quienes lo cuidaron con dedicación durante su hospitalización y recuperación.

La procesión cruzó la Plaza de los Proto Mártires, donde San Pedro y muchos de los primeros cristianos fueron ejecutados, luego pasó por el Arco de las Campanas hacia la Plaza de San Pedro, donde decenas de miles de fieles rezaban mientras observaban en pantallas gigantes.

Cuando el ataúd ingresó por la puerta central a la Basílica de San Pedro, estalló un aplauso espontáneo, lleno de emoción, desde la multitud en la plaza. Vi a muchos llorar por este pastor tan querido; otros apretaban sus rosarios o abrazaban a quienes los acompañaban.

Los coros entonaban la Letanía de los Santos mientras la procesión avanzaba lentamente por la nave central hasta el altar de la confesión, bajo el majestuoso baldaquino de Bernini. El ataúd de Francisco fue colocado sobre una plataforma de madera sencilla, como había estado en la capilla de Santa Marta.

El cardenal Farrell roció agua bendita e incensó el cuerpo del papa difunto, vestido con una casulla roja y una mitra blanca. Concluyó el rito de traslado con una Liturgia de la Palabra y una oración en latín:
“Por el difunto Papa Francisco, para que el Príncipe de los Pastores, que vive siempre para interceder por nosotros, lo reciba con gracia en su reino de luz y paz.”

Las banderas del Vaticano ondean a media asta mientras el Papa Francisco yace en estado por tres días. Cardenales de 94 países y de todos los continentes están viajando a Roma para el funeral y el cónclave que se celebrará a inicios de mayo para elegir al nuevo papa.

También viajarán a Roma muchos líderes mundiales para el funeral, entre ellos el expresidente Donald J. Trump y su esposa Melania, el presidente Javier Milei de Argentina, patria del papa, y los presidentes de Ucrania, Brasil, Francia, Polonia, así como el príncipe William del Reino Unido.

Más de 4,000 periodistas y operadores de medios ya han sido acreditados en la Oficina de Prensa de la Santa Sede desde el lunes por la mañana, y continúan llegando, lo que refleja el interés global por el papa que promovió la paz y defendió la dignidad humana en un mundo que tanto carece de ambas.

“Hemos perdido a un amigo en la tierra, pero ahora tenemos a un amigo en el cielo”

“Lo vi con vida por última vez a las 12:47 del mediodía del Domingo de Pascua, 20 de abril, mientras era conducido en su jeep por la Plaza de San Pedro y bajaba por la Vía de la Conciliación. La expresión en su rostro me dio la clara impresión de que era su despedida final al pueblo, y parecía saberlo. La siguiente vez que volvería a esa plaza sería en un ataúd, menos de 72 horas después”

(America Magazine).- Ayer, caminé junto a mi esposa, Elisabetta Piqué, hasta la capilla de Santa Marta en la Ciudad del Vaticano para darle nuestro último adiós al Papa Francisco, un hombre que había sido nuestro amigo durante más de 20 años. Fue un momento profundamente emotivo mientras permanecíamos frente a su sencillo ataúd. Luego nos sentamos a orar en esa capilla donde tantas veces habíamos rezado con él.

Tantos recuerdos pasaron por nuestras mentes: el entonces cardenal Bergoglio bautizando a nuestros hijos en la iglesia de San Ignacio en Buenos Aires; él cenando con nosotros la noche del 28 de febrero de 2013, cuando juntos vimos por televisión el momento histórico en que se cerraban las puertas de Castel Gandolfo y partían los guardias suizos, marcando el fin del pontificado de Benedicto XVI. Recuerdo cuando me llamó en 2012, mientras Elisabetta informaba desde Gaza en medio de intensos bombardeos, para preguntar por ella y decir que rezaba para que Dios la protegiera. Hemos perdido a un amigo en la tierra, pero ahora tenemos a un amigo en el cielo.

Lo vi con vida por última vez a las 12:47 del mediodía del Domingo de Pascua, 20 de abril, mientras era conducido en su jeep por la Plaza de San Pedro y bajaba por la Vía de la Conciliación. La expresión en su rostro me dio la clara impresión de que era su despedida final al pueblo, y parecía saberlo. La siguiente vez que volvería a esa plaza sería en un ataúd, menos de 72 horas después.

El Papa Francisco había pedido ser llevado en el jeep entre la multitud de unas 50,000 personas tras impartir su bendición “Urbi et Orbi” a la ciudad de Roma y al mundo desde el balcón central de la Basílica de San Pedro, el Domingo de Pascua.

Yo estuve allí cuando hizo su primera aparición en ese mismo balcón la noche del 13 de marzo de 2013, reportando para CTV Canadá. Recuerdo bien la explosión de alegría en la multitud cuando los saludó con un “¡Buona sera!” y el silencio absoluto en la plaza cuando pidió que rezaran por él y se inclinó ante ellos.

El Domingo de Pascua, su último acto como papa desde ese balcón fue bendecir al pueblo.
Inmediatamente después, recorrió entre ellos el camino de la despedida en el jeep blanco.

Según informó Vatican Media, luego de ese recorrido, “cansado pero contento”, el Papa de 88 años agradeció a su enfermero personal, Massimiliano Strappetti, quien lo había animado a salir: “Gracias por llevarme de nuevo a la plaza”. El Vaticano indicó que esas fueron sus últimas palabras.

Ahora sabemos que el Papa Francisco pasó una tranquila tarde final, cenó y durmió hasta alrededor de las 5:30 a.m., cuando se sintió mal, lo que activó la respuesta de sus cuidadores. Poco después sufrió un derrame cerebral.

Una hora más tarde, después de hacer un gesto de despedida con la mano a Strappetti, el Papa Francisco, acostado en su cama en el segundo piso de Santa Marta, cayó en coma. En ese momento, según supo America, su secretario privado argentino, el P. Juan Cruz Villalón, quien lo había cuidado con gran ternura durante los 38 días de hospitalización y las cuatro semanas de convalecencia, comprendió que su vida estaba en peligro y le administró el sacramento de la Unción de los Enfermos

Una hora más tarde, después de hacer un gesto de despedida con la mano a Strappetti, el Papa Francisco, acostado en su cama en el segundo piso de Santa Marta, cayó en coma. En ese momento, según supo America, su secretario privado argentino, el P. Juan Cruz Villalón, quien lo había cuidado con gran ternura durante los 38 días de hospitalización y las cuatro semanas de convalecencia, comprendió que su vida estaba en peligro y le administró el sacramento de la Unción de los Enfermos.

Según los presentes, el Papa no sufrió en ese momento final. La muerte llegó repentinamente, como él siempre había deseado, a causa de un colapso cardiovascular irreversible. Murió en paz a las 7:35 a.m. del Lunes de Pascua. Dios le concedió esa gracia.

El cardenal Kevin Farrell, camarlengo del Vaticano y hombre de gran confianza para Francisco, anunció su muerte al mundo.

Ese mismo día, el Vaticano publicó el testamento del papa, en el que dejó claro que los costos de su entierro no correrían a cargo del Vaticano, ya que un benefactor los había cubierto.

Concluyó su testamento con estas palabras:

“Que el Señor conceda la merecida recompensa a quienes me han querido bien y seguirán rezando por mí. El sufrimiento que marcó la parte final de mi vida, lo ofrezco al Señor, por la paz en el mundo y la fraternidad entre los pueblos.”

El sencillo ataúd que mi esposa y yo vimos ayer en Santa Marta está ahora en la Basílica de San Pedro, donde el Papa Francisco yace en estado.

El cardenal Kevin Farrell presidió la ceremonia de traslado, por la cual el cuerpo del papa se llevó desde el lugar de su muerte hasta la basílica, donde ejerció gran parte de su ministerio petrino.

Francisco, en el féretro, en la capilla de Santa Marta

Francisco, en el féretro, en la capilla de Santa Marta Vatican Media

“Al abandonar ahora esta casa, demos gracias al Señor por los innumerables dones que concedió al pueblo cristiano a través de su siervo, el Papa Francisco,” rezó el cardenal en latín. “Pidámosle, con su misericordia y bondad, que conceda al difunto papa un hogar eterno en el reino de los cielos y que consuele con la esperanza celestial a la familia papal, a la Iglesia de Roma y a los fieles del mundo entero.”

Una vez concluido este breve servicio de oración, la gran campana de San Pedro repicó mientras el cuerpo del papa era llevado por 14 portadores del Vaticano en el ataúd de madera, cubierto con un paño rojo, en una procesión encabezada por cerca de 100 cardenales desde la capilla hasta la basílica a las 9 de la mañana. Fue una escena impresionante y solemne, mientras sonaba la campana y el coro cantaba en latín.

Ocho Guardias Suizos pontificios y 14 sacerdotes con estolas rojas y portando antorchas acompañaron el ataúd en su lento avance.

El féretro de Francisco, siendo trasladado a San Pedro, rodeado de fieles

El féretro de Francisco, siendo trasladado a San Pedro, rodeado de fieles

Detrás venían los miembros de la Casa Pontificia, llorando a un padre amoroso, incluidos sus tres secretarios privados, sus dos enfermeros y su asistente laico de cámara, todos quienes lo cuidaron con dedicación durante su hospitalización y recuperación.

La procesión cruzó la Plaza de los Proto Mártires, donde San Pedro y muchos de los primeros cristianos fueron ejecutados, luego pasó por el Arco de las Campanas hacia la Plaza de San Pedro, donde decenas de miles de fieles rezaban mientras observaban en pantallas gigantes.

Cuando el ataúd ingresó por la puerta central a la Basílica de San Pedro, estalló un aplauso espontáneo, lleno de emoción, desde la multitud en la plaza. Vi a muchos llorar por este pastor tan querido; otros apretaban sus rosarios o abrazaban a quienes los acompañaban.

Los coros entonaban la Letanía de los Santos mientras la procesión avanzaba lentamente por la nave central hasta el altar de la confesión, bajo el majestuoso baldaquino de Bernini. El ataúd de Francisco fue colocado sobre una plataforma de madera sencilla, como había estado en la capilla de Santa Marta.

El cardenal Farrell roció agua bendita e incensó el cuerpo del papa difunto, vestido con una casulla roja y una mitra blanca. Concluyó el rito de traslado con una Liturgia de la Palabra y una oración en latín:
“Por el difunto Papa Francisco, para que el Príncipe de los Pastores, que vive siempre para interceder por nosotros, lo reciba con gracia en su reino de luz y paz.”

Sor Genevieve Jeanningros, ajena al desfile ante los restos de Francisco

Sor Genevieve Jeanningros, ajena al desfile ante los restos de Francisco RD/Captura

Las banderas del Vaticano ondean a media asta mientras el Papa Francisco yace en estado por tres días. Cardenales de 94 países y de todos los continentes están viajando a Roma para el funeral y el cónclave que se celebrará a inicios de mayo para elegir al nuevo papa.

También viajarán a Roma muchos líderes mundiales para el funeral, entre ellos el expresidente Donald J. Trump y su esposa Melania, el presidente Javier Milei de Argentina, patria del papa, y los presidentes de Ucrania, Brasil, Francia, Polonia, así como el príncipe William del Reino Unido.

Más de 4,000 periodistas y operadores de medios ya han sido acreditados en la Oficina de Prensa de la Santa Sede desde el lunes por la mañana, y continúan llegando, lo que refleja el interés global por el papa que promovió la paz y defendió la dignidad humana en un mundo que tanto carece de ambas.

MIles de fieles desafían la noche para despedir a Francisco

MIles de fieles desafían la noche para despedir a Francisco EFE/EPA/Alessandro Di Meo

Mientras tanto, decenas de miles de romanos y peregrinos de todo el mundo hacen fila bajo el sol ardiente o el cielo nocturno en la Plaza de San Pedro, esperando entrar en la basílica para rendir su último homenaje al “papa del pueblo”, “el papa de los pobres”, el primer latinoamericano y el primer jesuita en liderar la Iglesia Católica y sus 1,400 millones de fieles. Podrán hacerlo, dijo el Vaticano, hasta las 8 p.m. del viernes, momento en que el cardenal Farrell presidirá el cierre ceremonial del ataúd.

El cuerpo del Papa Francisco permanecerá en la basílica hasta la mañana del sábado 26 de abril, cuando los portadores lo llevarán al atrio de la basílica y lo colocarán frente al altar para la solemne misa de réquiem en la Plaza de San Pedro. El cardenal Giovanni Battista Re, de 91 años, decano del Colegio Cardenalicio, será el celebrante principal del funeral.

Después de la misa, el ataúd será llevado en caravana por la ciudad hasta la Basílica de Santa María la Mayor, donde el Papa Francisco será enterrado, como fue su último deseo.

* con autorización del autor

Fuente : Religión Digital

Tras pasar ante el féretro de Francisco: Adiós (a Dios) Papa de la primavera

“En RD, le defendimos a capa y espada, desde el principio hasta el final. Le defendimos a él y a lo que representaba: el resurgimiento, tras la involución, del Vaticano II, pasado por el tamiz de la sinodalidad”

“Francisco, el papa de la misericordia, nos deja a todos un vacío inmenso, pero también una luz que no se apagará. Su vida fue un evangelio vivo, un testimonio de amor radical por la Iglesia y el mundo”

“Su sonrisa, su abrazo, su mirada limpia fueron un bálsamo para un mundo herido. En cada gesto, en cada palabra, nos enseñó que la misericordia no es un concepto abstracto, sino una forma de vida”

“En un tiempo de sombras, Francisco nos recordó que la fe no es un refugio, sino un motor para transformar el mundo”

 José Manuel Vidal enviado especial a Roma – Religión Digital

“Te nos has ido, padre Jorge. Te nos has ido en primavera, Papa de la primavera. Sin ti, nos sentimos un poco huérfanos. ¿Quién defenderá, ahora, a los empobrecidos y a los crucificados de la tierra? Te has ido cuando quizás más falta nos hacías. Gracias por tanto para tantos. Fuiste un orgullo y una gloria. Pero, como decías, hay que mirar para adelante. ¡Y que nos quiten lo bailado!” 

Tras pasar unos segundos ante el féretro del Papa Francisco, en medio de una riada de gente impresionante, y después de dos horas y media de cola, el corazón se encoge, el alma se eleva y las lágrimas de emoción asoman. Sin tiempo para detenerse, encontré un oasis de paz en una capilla lateral de la Basílica de San Pedro. Me senté en un banco y me puse a rezar y a hablar con mi Papa favorito. Llegué a quererle, como se quiere a un padre y a admirarle como a un profeta.  

Tanto es así que mi mujer, Elena, suele decirme: “Estás enamorado del Papa”. Y, desde la muerte de Francisco, he recibido cientos de condolencias personales. Como si se me hubiese muerto alguien de la familia. Desde personas anónimas, a amigos teólogos.

 Como la colombiana Consuelo Vélez“Hola José Manuel, te doy el pésame por el papa Francisco, porque sé lo mucho que lo valoraste. Yo también, por supuesto, pero tú fuiste más francisquista que yo. Una pena que se haya ido. A ver qué pasa ahora en nuestra Iglesia. Toca rezar”. 

O el chileno Jorge Costadoat: “Querido José Manuel: Mi pésame por el Papa. Si hay alguien que hizo más por difundir su pensamiento y sus obras, fuiste probablemente tú”.

O como el gallego Andrés Torres Queiruga, que me mandaba esta condolencia en gallego: “Fóiseche un amigo a quen tan ben soubeches defender e anunciar. Fóisenos. Espero que quede moi viva a sua mensaxe”. 

Y es verdad que, en RD, le defendimos a capa y espada, desde el principio hasta el final. Le defendimos a él y a lo que representaba: el resurgimiento, tras la involución, del Vaticano II, pasado por el tamiz de la sinodalidad. De hecho, los rigoristas nos llaman “los primaveras”, para fastidiar. ¡Si supieran la ilusión que nos hace seguro que dejarían de hacerlo! 

Pensando estas cosas, en medio del silencio de la capilla lateral vaticana, recordé los encargos que me habían hecho para pedirle a Francisco. Y se los fui soltando, uno a uno, con sus nombres: La familia al completo (especialmente Noemí), las tías monjas, el equipo de la HOAC, el equipo de RD, Ciro… 

Después, convoqué a mis ángeles favoritos (Castillo, Faus, Aradillas, María Victoria, Padre Antonio, el cura Carballo y el fraile ecuatoriano Patricio) y nos pusimos de tertulia sobre la herencia que nos deja Francisco.  

Y coincidíamos en que es el legado de un hombre que fue más que un papa: fue un padre, un pastor, un amigo de los pobres. Porque amaba en lo concreto. Con nombres y apellidos. Francisco, el papa de la misericordia, nos deja a todos un vacío inmenso, pero también una luz que no se apagará. Su vida fue un evangelio vivo, un testimonio de amor radical por la Iglesia y el mundo. 

Mis ángeles y yo coincidíamos en que Francisco, el papá más querido, caminó entre nosotros como un reflejo de la primavera. Su sonrisa, su abrazo, su mirada limpia fueron un bálsamo para un mundo herido. En cada gesto, en cada palabra, nos enseñó que la misericordia no es un concepto abstracto, sino una forma de vida.

Fue el papa que se arrodilló ante los olvidados, que tocó las llagas de los marginados, que escuchó el grito de los pobres. En la capilla lateral de la Basílica, sentimos que no solo despedimos a un líder, sino a un compañero de camino. 

Porque, la esperanza fue su bandera. En un tiempo de sombras, Francisco nos recordó que la fe no es un refugio, sino un motor para transformar el mundo. Nos habló de una Iglesia en salida, de puertas abiertas, de corazones sin fronteras. Nos desafió a ser valientes, a no tener miedo de ensuciarnos las manos por amor. Y lo hizo con humildad, con esa sencillez y esa cercanía que desarmaba a los poderosos y consolaba a los humildes. Hoy, su cuerpo descansa, pero su mensaje sigue vibrando en cada rincón de la tierra. 

Y también coincidíamos los miembros de la tertulia angelical y yo en que Francisco lo dio todo. No guardó nada para sí mismo. Su vida fue un derroche de generosidad, una entrega sin cálculos. Desde la Casa Santa Marta hasta las periferias más remotas, llevó el Evangelio con una pasión que contagiaba.  

Con el Evangelio como divisa, reformó la Iglesia con coraje, enfrentando resistencias, pero siempre con amor. Nunca tomó represalias, ni siquiera contra los cardenales que le amonestaban públicamente, cuando habían prometido dar su vida por él. Y es que nos enseñó que ser cristiano es jugársela por los demás y que la verdadera autoridad nace del servicio.  

En la capilla lateral, le agradecemos cada paso que dio por nosotros y sentimos tanto su pérdida: Te echaremos de menos, Francisco. Tu voz, que resonaba como un trueno profético y a la vez como un susurro paternal, ya no nos hablará desde la tierra. Pero sabemos que nos sigues acompañando desde el cielo.  

Tu risa, tu ternura, tu capacidad de indignarte ante la injusticia, todo eso queda grabado en nuestros corazones y en el de millones de personas de todo el mundo.  Por eso, lo nuestro no es un adiós, sino un “hasta pronto”. Porque un papá como tú nunca se va del todo: te quedas en el latir de quienes te amamos

Un orgullo de Papa  

Francisco, fuiste un regalo de Dios, un signo de que la santidad es posible en nuestro tiempo. Nos mostraste que ser santo no es vivir en las nubes, sino caminar con los pies en el barro, con el corazón en el cielo. Fuiste el papa de las periferias, pero también el papa de todos. Nos uniste, nos reconciliaste, nos hiciste soñar con una humanidad más fraterna. Hoy, en la capilla lateral, te decimos con lágrimas y gratitud: gracias por ser nuestro padre. 

Gloria eterna para ti, Francisco. Que el Dios al que serviste con tanto amor te acoja en su abrazo infinito. Que los ángeles canten por ti, que los pobres a los que amaste intercedan por ti, que la creación que tanto defendiste te dé la bienvenida.  

Tu vida fue un canto a la misericordia, y ahora ese canto se une al coro celestial. Pero aquí abajo, seguimos gruñendo, como tú decías, por tanta injusticia, por tanto dolor. Y lo hacemos con tu fuerza, con tu esperanza. 

Te queremos, Francisco. No es un amor pasajero, sino un amor que arraiga en lo más hondo del alma. Nos enseñaste a querer de verdad, a no quedarnos en palabras bonitas, sino a amar con obras. Nos diste un corazón más grande, más universal, más misericordioso. En la capilla lateral, renovamos nuestro compromiso de seguir tu camino, de no dejar que tu sueño se apague.

No te olvidaremos  

Tu nombre, Francisco, será pronunciado con veneración por generaciones. Tus palabras, tus gestos, tus luchas, todo eso es ya un tesoro de la Iglesia y de la humanidad. Nos dejas un mundo más humano, una Iglesia más cercana, una esperanza más viva. Cada vez que abracemos a un pobre, que defendamos la justicia, que cuidemos la creación, ahí estarás tú, sonriendo desde el cielo, animándonos a seguir. 

Te llevaremos siempre en el corazón. Francisco, Papa de la misericordia, de los pobres, de la esperanza, de la primavera. Eres nuestro faro, nuestra inspiración.  

En la capilla lateral, no solo lloramos de emoción; también celebramos tu vida, tu entrega, tu legado. Nos dejas un mundo mejor, porque tú fuiste mejor. Y mientras caminamos, con el dolor de tu ausencia, sabemos que nos miras con esa ternura de padre y nos dices: “Buon pranzo e arrivederci”.  

Tras las despedidas, levanté la cabeza y comprobé que la capilla lateral era de la Papa Pío X, en la que unos días antes de morir, en una de sus escapadas, había rezado también Francisco. Quizás, porque en el lateral derecho hay una bella escultura de Juan XXIII, el Papa de la primavera conciliar. Porque, “nadie puede parar la primavera en primavera”, como solemos decir los ‘primaveras’

Müller advierte del riesgo de cisma si el Cónclave no elige a “un Papa ortodoxo”

Eel catolicismo “no consiste en obedecer ciegamente al Papa” sino en “respetar las Sagradas Escrituras, la tradición y la doctrina de la Iglesia”

El purpurado no dudó en mostrar su profundo desacuerdo ante la bendición a las parejas homosexuales, que en su opinión es “obviamente contraria a la doctrina de la Iglesia”, el acuerdo entre el Vaticano y China (“No se pueden hacer pactos con el diablo”) o a la apuesta por la fraternidad entre católicos y musulmanes (“Los católicos son hermanos y hermanas, pero en Cristo”, adujo)

 Jesús Bastante

Es uno de los adalides de la Iglesia ultraconservadora, uno de los líderes de la oposición al Papa Francisco, quien curiosamente le nombró cardenal y le mantuvo, durante años, como prefecto de Doctrina de la Fe. El alemán Gerhard Müller ha sido claro en una entrevista concedida a The Times, en la que advierte que “la Iglesia corre el riesgo de dividirse en dos si no se elige a un papa ortodoxo”.

Y es que Müller, uno de los grandes enemigos de Francisco desde que fuera apartado de la antigua inquisición, considera que el catolicismo “no consiste en obedecer ciegamente al Papa” sino en “respetar las Sagradas Escrituras, la tradición y la doctrina de la Iglesia”.

El purpurado no dudó en mostrar su profundo desacuerdo ante la bendición a las parejas homosexuales, que en su opinión es “obviamente contraria a la doctrina de la Iglesia”, el acuerdo entre el Vaticano y China (“No se pueden hacer pactos con el diablo”) o a la apuesta por la fraternidad entre católicos y musulmanes (“Los católicos son hermanos y hermanas, pero en Cristo”, adujo).

Más aún: el purpurado alemán insistió en que el próximo Papa no debe “buscar el aplauso del mundo secular, que ve a la Iglesia como una organización humanitaria que hace trabajo social”, sino centrarse en “la verdad revelada”. Y es que “los electores tienen la responsabilidad de elegir a un hombre que sea capaz de unificar a la Iglesia en la verdad revelada”.

“La cuestión no es entre conservadores y liberales, sino entre ortodoxia y herejía”,  clamó el prelado alemán, quien advirtió que “Rezo para que el Espíritu Santo ilumine a los cardenales, porque un papa hereje que cambie cada día según lo que digan los medios sería catastrófico”.

Con el Papa todavía en San Pedro, comienzan las ‘intrigas’ previas al Cónclave

La presencia o no de Becciu en el Cónclave, primera piedra de toque para conocer la fuerza de los grupos que ya comienzan a gestarse entre los purpurados. El cardenal defenestrado por Francisco amenaza con impugnar la elección papal si no forma parte de ella

Tanto si Becciu continúa excluido como si se permite su entrada, el resultado es relevante y tiene consecuencias en esta especie de Juego de Tronos en el que, paso a paso, se está convirtiendo la elección del sucesor del Papa, con el cuerpo de Francisco aún presente en la basílica de San Pedro

“Todos los cardenales están invitados a participar de las congregaciones, pero de la participación en el cónclave se hablará en su debido momento”, ha señalado el portavoz

Jesús Bastante – Religión Digital

Por una acera empedrada del Vaticano, entre pinos y muros de ladrillos, dos cardenales caminaban para entrar a primera hora de este miércoles en la Casa de Santa Marta y participar de la procesión que ha llevado el cuerpo del Papa difunto a San Pedro. Sonreían a los paseantes, se paraban ante una de las pocas cámaras de televisión que no estaban ya en la plaza.

Por la tarde serían uno de los 103 cardenales presentes en una de las reuniones preparatorias del cónclave. Incluso puede que esta noche duerman en una de las habitaciones cercanas a las que Francisco ha vivido estos últimos 12 años de papado, y que fue sellada tras su muerte. La residencia de Santa Marta recupera ahora su función original: la de alojar a los participantes del cónclave para designar al próximo papa.

A esa reunión ha exigido entrar Angelo Becciu. Una amenaza política de primer orden para la reunión de cardenales porque Becciu fue defenestrado como purpurado por Francisco en 2020. Bergoglio le despojó de “los derechos asociados al cardenalato” tras conocerse su implicación en las irregularidades financieras del fondo para los pobres. Si acaba penetrando en la Capilla Sixtina, será un menoscabo al legado de Francisco y una primera victoria de los ultras, según cuentan en el Vaticano delegados que ya están en la ciudad.

El cardenal Becciu está ligado al escándalo de la compraventa del palacio londinense de Sloane Avenue, un caso por el que fue condenado e inhabilitado a perpetuidad por los tribunales vaticanos –aunque la sentencia está recurrida–. De hecho, su nombre no está en la lista de los 133 cardenales (tras la renuncia de Antonio Cañizares y el bosnio Vinko Pulji) menores de 80 años que se encerrarán en la Capilla Sixtina para elegir al sucesor de Bergoglio.

Pero el purpurado sardo no se ha rendido y amenaza con impugnar el cónclave si él no está presente. “El Papa reconoció mis prerrogativas cardenalicias como intactas, ya que no hubo voluntad explícita de excluirme del cónclave ni petición de mi renuncia explícita por escrito”, ha reiterado el cardenal condenado al diario Unione Sarda.

De momento, Becciu ya ha participado este lunes en la primera reunión de encuentros preliminares, donde se determinó la fecha del funeral de Bergoglio, según fuentes vaticanas. El portavoz oficial no ha querido responder a la pregunta de los periodistas: “Informamos de cuántos cardenales participan, no de cuáles”. Pero ha aclarado que el hecho de participar en las reuniones previas no implica una participación automática en la votación para elegir al nuevo líder de la Iglesia católica: “Todos los cardenales están invitados a participar de las congregaciones, pero de la participación en el cónclave se hablará en su debido momento”, ha señalado el portavoz.

El caído en desgracia a los ojos del Papa fallecido sostiene que su exclusión del cónclave se comunicó exclusivamente a través de una nota de la Sala Stampa vaticana, y no mediante un acto formal y rubricado por el Papa. Con esas armas, el anterior encargado del óbolo de los pobres defiende que fue suspendido en sus derechos (entre ellos, el de percibir un sueldo), pero no de sus “deberes”. Y el más grave de un cardenal es el de participar en el cónclave.

A modo de prueba, Becciu afirma que en el último consistorio de cardenales de Francisco, celebrado el 8 de diciembre, fue invitado a participar. También se le vio en los rosarios nocturnos celebrados en San Pedro durante el ingreso de Francisco en el hospital Gemelli.

Las reuniones discretas

La decisión final recaerá en la congregación de cardenales, a no ser que aparezca una aclaración a título póstumo de Francisco que zanje la cuestión. Fuentes episcopales no descartan todavía esta posibilidad, ya que aún restan bastantes días hasta que el cónclave se reúna.

Tanto si Becciu continúa excluido como si se permite su entrada, el resultado es relevante y tiene consecuencias en esta especie de Juego de Tronos en el que, paso a paso, se está convirtiendo la elección del sucesor del Papa, con el cuerpo de Francisco aún presente en la basílica de San Pedro.

El conjunto de cardenales más cercanos a Bergoglio –todavía sin reponerse del fallecimiento del Papa, como confiesan algunos– están empezando a darse cuenta de cómo el sector más ultra, capitaneado por Raymond Burke, Robert Sarah, Gerhard Müller o Joseph Zen (el cardenal emérito de Hong Kong ha sido uno de los más duros opositores a Francisco, especialmente en su relación con China) están moviéndose como políticos más que como pastores de la Iglesia

Porque la presencia de Becciu significaría un golpe a la autoridad del pontificado anterior, así como la victoria del conjunto de cardenales que consideró “excesiva” la condena al purpurado, quien siempre se ha visto a sí mismo como objeto de una persecución por parte de los sectores progresistas.

Mientras, el conjunto de cardenales más cercanos a Bergoglio –todavía sin reponerse del fallecimiento del Papa, como confiesan algunos– están empezando a darse cuenta de cómo el sector más ultra, capitaneado por Raymond Burke, Robert Sarah, Gerhard Müller o Joseph Zen (el cardenal emérito de Hong Kong ha sido uno de los más duros opositores a Francisco, especialmente en su relación con China) están moviéndose como políticos más que como pastores de la Iglesia. Ellos y el propio Becciu ya han participado en reuniones discretas celebradas en Roma en las últimas horas, según cuentan delegados ya presentes en el Vaticano.

En este sentido, uno de los cardenales conservadores estadounidenses, Timothy Dolan, de Nueva York, se ha destapado con una afirmación que suena a declaración de intenciones: “Busco en el próximo Papa el corazón cálido de Francisco, pero con más claridad y tradición”.

Los periódicos italianos, siempre muy encima de los vericuetos papales, hablan del rearme del sector conservador, pero destacan las dificultades que pueden tener para aglutinar votos suficientes en una figura de consenso. De hecho, esos encuentros pueden estar intentando unificar posturas en torno a algún nombre.

Estrategia de largo recorrido

En realidad, estas maniobras dan continuidad al trabajo que desde hace meses se viene llevando a cabo mediante grupos vinculados al bloque MAGA en Estados Unidos –y sus terminales mediáticas afines– que ya enviaron a todos los cardenales electores un libro desmenuzando a todos y cada uno de los purpurados, en función a criterios de supuesta ortodoxia o heterodoxia doctrinal, en torno a temas como la bendición de parejas homosexuales, el cambio climático, las misas en latín o las relaciones ecuménicas.

Su tarea, por el momento, ha tenido cierto éxito: en un primer momento medios de todo el mundo lanzaron como buenas unas predicciones que colocaban a Burke o Sarah como papables o calificaban al cardenal filipino Luis Antonio Tagle como “peligroso heterodoxo”, es decir, poco deseable.

Al mismo tiempo, los especialistas y miembros de la Iglesia que se ponen a tiro tienen una entrevista asegurada ante la expectación desbordante que puede palparse en cualquier calle de Roma o alrededor de la plaza de San Pedro. Nadie quiere mojarse con lo que pueda pasar dentro de la Capilla Sixtina. Las incógnitas son muchas porque no hay un favorito claro y por la diversidad del cónclave. ¿Habrá un prime Papa negro? ¿Será asiático? ¿Volverá el papado a Italia? ¿Será continuista, reaccionario o de entreguerras? De momento en público todos prefieren hablar de su relación con Francisco y exaltar sus capacidades y valores. Al final de cada análisis se escucha casi siempre la misma frase: “El que entra en la Capilla Sixtina como Papa, sale como cardenal”.

Todo ello, mientras los fieles, ajenos a la incipiente lucha de poder, hacen colas kilométricas para despedir al papa Francisco, cuyo cuerpo reposa desde esta mañana en la basílica de San Pedro.

El legado sinodal de Francisco: una Iglesia viva y en camino

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A pocos días del fallecimiento del Papa Francisco, ocurrido el lunes de Pascua a los 88 años, la Iglesia universal continúa reflexionando sobre el legado pastoral que deja su pontificado. Una de las huellas más significativas de su ministerio ha sido, sin duda, el impulso decidido hacia una Iglesia sinodal, dialogante y en camino.

Así lo destacó recientemente el cardenal Jean-Claude Hollerich, arzobispo de Luxemburgo y relator general del Sínodo sobre la Sinodalidad, al compartir sus recuerdos personales y espirituales sobre el Papa Francisco.

Para Hollerich, el pontífice fue un hombre evangélico, cercano a Jesús, con una apertura incondicional hacia los demás y una bondad que dejaba huella.

El Papa siempre apoyó los pasos que dimos en el Sínodo”, recordó el cardenal, quien junto con el cardenal Mario Grech, solía visitar regularmente al Santo Padre para coordinar el proceso sinodal.

Consolidar lo ya caminado y seguir avanzando

Incluso en los momentos de mayor fragilidad, como durante su hospitalización en el Policlínico Gemelli, Francisco continuó alentando la marcha del camino sinodal, aprobando la realización de una nueva fase que desembocará en una asamblea eclesial prevista para 2028.

Este gesto, explicó Hollerich, debe entenderse como un testamento espiritual del Papa: un llamado a consolidar lo ya caminado y a seguir avanzando. “Nos dice que continuemos, para que la Iglesia sea una Iglesia viva, una Iglesia misionera en este tiempo de cambio”, subrayó.

El modo de ser Iglesia

La imagen de Francisco en sus últimos días evoca una coherencia profunda entre su vida y su mensaje: “Su sufrimiento me hizo pensar en Jesús”, comentó el prelado, recordando una visita reciente al Papa. El mismo día de su fallecimiento, mientras celebraba la Eucaristía en una cárcel de Luxemburgo, el cardenal sintió con fuerza la presencia de la Pascua en medio del dolor, una resonancia que se intensificó al conocer la noticia de su muerte poco después.

Francisco propuso un nuevo modo de ser Iglesia, que él mismo encarnó con su estilo cercano, su discernimiento constante y su llamado a caminar juntos. Como pastor universal, deja a la Iglesia una herencia viva que ahora sus sucesores están llamados a custodiar, alimentar y seguir desarrollando con fidelidad al Evangelio y apertura al Espíritu.

Este testimonio ha sido recogido por los medios vaticanos, que han ofrecido una mirada íntima y esperanzadora sobre el legado espiritual y pastoral de un pontífice que transformó con gestos concretos el modo de ser Iglesia en el siglo XXI.

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Massimo Faggioli: “El legado más significativo de Francisco para la Iglesia es el redescubrimiento de la sinodalidad”

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En su reciente artículo publicado en el Instituto Humanitas Unisinos (IHU), el reconocido historiador y teólogo italiano Massimo Faggioli ofrece una lectura crítica del pontificado del Papa Francisco, remarcando entre sus muchas contribuciones el “redescubrimiento de la sinodalidad” como su legado más significativo para la Iglesia.

Titulado Igreja de São Francisco? Avaliando um papado e seu legado, el artículo invita a mirar más allá de los gestos y decisiones puntuales del Papa argentino, para comprender el alcance estructural y espiritual de su liderazgo. Faggioli sostiene que Francisco, más que implementar reformas aisladas, abrió una nueva etapa en la historia eclesial, centrada en el caminar conjunto del Pueblo de Dios.

Lo que Francisco ha dado a la Iglesia es una visión. No solo ideas ni un conjunto de políticas. Ha devuelto a la Iglesia la capacidad de avanzar como comunidad discerniente, con todos y todas”, señala el autor.

Desafíos a la apertura sinodal

El texto aborda también los desafíos que esta apertura sinodal ha implicado, incluyendo resistencias internas, tensiones institucionales y la complejidad de sostener procesos de transformación en una Iglesia global. No obstante, Faggioli afirma que el pontificado de Francisco ya ha dejado una marca indeleble, abriendo caminos que no tienen vuelta atrás.

Además del aspecto sinodal, el artículo analiza otros elementos fundamentales de este papado: el protagonismo de la periferia, la crítica a las lógicas de poder dentro de la Iglesia, la opción por los pobres, la atención al clamor de la tierra y el nuevo modo de ejercer el primado petrino.

Faggioli concluye reconociendo que la Iglesia que deja Francisco no es una institución sin heridas, pero sí una Iglesia más consciente de sí misma y de su misión profética en el mundo.

Es posible leer el artículo completo de Massimo Faggioli en el sitio del Instituto Humanitas Unisinos aquí: Igreja de São Francisco? Avaliando um papado e seu legado

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La Iglesia Africana recuerda al papa Francisco

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Tras la muerte del Papa Francisco, la Iglesia Africana rememora la profunda reflexión del papa sobre el papel que desempeñan en el conjunto del mundo católico.

El papa Francisco visitó Kenia en 2015, en lo que fue su primera visita de Estado y pastoral al país, así como su primera visita al continente africano. Anthony Muheria, el Arzobispo de Nyeri, Kenia, reflexionó sobre esa visita.

ANTHONY MUHERIA
Arzobispo de Nyeri, Kenia
El Santo Padre enfatizó particularmente que África necesita hacerse cargo de su futuro, tanto espiritual como en términos de asumir lo que hemos recibido de la evangelización, y dejar que se arraigue en nuestras raíces y culturas.

El arzobispo también destacó lo positiva y edificante que fue la visita del papa. En particular, recordó su preocupación por los pobres y los marginados de África.

Finalmente, el arzobispo compartió el mensaje de Francisco respecto al papel y la responsabilidad de África dentro de la Iglesia:

ANTHONY MUHERIA
Arzobispo de Nyeri, Kenia

También nos habló de nuestra responsabilidad como nación en África, que ha sido bendecida, y de la necesidad de pensar más allá de nosotros mismos, y de sentir que la Iglesia joven ahora necesita apoyar a la Iglesia más antigua, por así decirlo, la Iglesia en Europa y más allá de África.

Durante el pontificado del papa Francisco, África experimentó un gran crecimiento en el catolicismo, pasando de aproximadamente 185 millones a unos 230 millones de fieles.

Mientras el duelo continúa, muchos obispos alrededor del mundo recuerdan el llamado de Francisco a una Iglesia unificada, en la que se escuchen todas las voces del mundo.
GS
TD: BAM

¿Cómo se cierra el ataúd del papa? ¿Cambios en el funeral? ¿Procesión a la otra basílica?

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Lo que no muchos saben de la Sede Vacante es que cesan todos los altos cargos de la curia. Ni Parolin es ya el número dos de la Santa Sede, ni los antes prefectos ejercen ahora sus funciones de jefes de dicasterio.

Es por eso que el quién hace qué cosa está muy medido en el protocolo vaticano. Y casi todo cae en manos del camarlengo, Kevin Farrell, que, al tener dicho cargo, será el que presida el rito para cerrar el féretro del papa Francisco.

Pero antes, hay que seguir una serie de pasos, como están viendo que sucedió con Benedicto XVI. Se leerá un acta que recuerda la vida y obras del difunto que, tras ser firmada por algunos presentes, se introducirá en un tubo de metal que se depositará en el ataúd.

Se cubrirá el rostro del papa con un velo blanco de seda y, dentro del féretro, se pondrán en una bolsa de tela monedas acuñadas durante el pontificado, aunque no se eligen al azar.

Tienen que señalar su duración, es decir: una de oro por cada año, una de plata por cada mes extra; y otras de bronce por los días. Y será la última vez que se pueda ver a Francisco.

Y aunque el papa modificó lo relacionado con los funerales, lo que es la misa del sábado se mantiene igual que con sus predecesores.

P. LEONARDO CARDOZA
Doctor en Liturgia

Es un funeral un poco especial, podríamos decir, porque forma parte de todo el complejo de las modificaciones que hizo el papa Francisco. Sin embargo, lo que es ya la misa exequial, la misa que ya ha sido programada para el día sábado en la mañana, sigue siendo la misa exequial de un obispo, en este caso, el obispo de Roma.

La novedad estará en la procesión fúnebre tras de la misa. La última fue con el papa Pío XII, que murió en 1958. Y se hizo, ni más ni menos, que en carroza.

P. LEONARDO CARDOZA
Doctor en Liturgia

Fue una procesión en una carroza fúnebre, carroza con caballos, como en los tiempos antiguos, desde Castel Gandolfo, pasando por la Via Merulana, hasta llegar a la basílica de San Pedro, y ahora de nuevo veremos una procesión o un traslado de los restos mortales del papa, no solo para los ritos fúnebres en San Pedro, sino que va a salir de la Ciudad del Vaticano, va a atravesar la ciudad de Roma hasta llegar a la basílica de Santa María la Mayor.

Y en esta basílica, estará la tumba del papa. Él mismo dijo cómo la quería. Sencilla, sin decoración particular y con una única inscripción que ponga ‘Franciscus’.

CA