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El Papa: Cristo resucitado, abre nuestra vida a la esperanza

A las 10.30 de esta mañana, Domingo de Pascua en la Resurrección del Señor. La Plaza de San Pedro se llenó de flores y alegría para acoger el anuncio más hermoso de la historia: ¡Cristo ha verdaderamente resucitado!

Más de 35.000 fieles se congregaron este domingo 20 de abril de 2025 para celebrar la Misa de Pascua, presidida este año por el cardenal Angelo Comastri, arcipreste emérito de la Basílica de San Pedro y vicario general emérito de Su Santidad para la Ciudad del Vaticano. Por deseo del Papa Francisco, aún convaleciente en Casa Santa Marta, fue él quien ofició la celebración

A la celebración, que comienza con el rito del «Resurrexit», asisten fieles romanos y peregrinos de todo el mundo con ocasión de las festividades pascuales y del Jubileo.

Publicamos a continuación la homilía preparada por el Santo Padre Francisco

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Homilía

María Magdalena, al ver que la piedra del sepulcro había sido retirada, salió corriendo para avisárselo a Pedro y a Juan. También los dos discípulos, al recibir la desconcertante noticia, salieron y —dice el Evangelio— «corrían los dos juntos» (Jn 20,4). ¡Todos los protagonistas de los relatos pascuales corren! Y este “correr” expresa, por un lado, la preocupación de que se hubieran llevado el cuerpo del Señor; pero, por otro lado, la carrera de la Magdalena, de Pedro y de Juan manifiesta el deseo, el impulso del corazón, la actitud interior de quien se pone en búsqueda de Jesús. Él, de hecho, ha resucitado de entre los muertos y, por eso, ya no está en el sepulcro. Hay que buscarlo en otra parte.

Este es el anuncio de la Pascua: hay que buscarlo en otra parte. ¡Cristo ha resucitado, está vivo! La muerte no lo ha podido retener, ya no está envuelto en el sudario, y por tanto no se le puede encerrar en una bonita historia que contar, no se le puede reducir a un héroe del pasado ni pensar en Él como una estatua colocada en la sala de un museo. Al contrario, hay que buscarlo, y por eso no podemos quedarnos inmóviles. Debemos ponernos en movimiento, salir a buscarlo: buscarlo en la vida, buscarlo en el rostro de los hermanos, buscarlo en lo cotidiano, buscarlo en todas partes menos en aquel sepulcro.

Buscarlo siempre. Porque si ha resucitado de entre los muertos, entonces Él está presente en todas partes, habita entre nosotros, se esconde y se revela también hoy en las hermanas y los hermanos que encontramos en el camino, en las situaciones más anónimas e imprevisibles de nuestra vida. Él está vivo y permanece siempre con nosotros, llorando las lágrimas de quien sufre y multiplicando la belleza de la vida en los pequeños gestos de amor de cada uno de nosotros.

Por eso la fe pascual, que nos abre al encuentro con el Señor Resucitado y nos dispone a acogerlo en nuestra vida, está lejos de ser una solución estática o un instalarse tranquilamente en alguna seguridad religiosa. Por el contrario, la Pascua nos impulsa al movimiento, nos empuja a correr como María Magdalena y como los discípulos; nos invita a tener ojos capaces de “ver más allá”, para descubrir a Jesús, el Viviente, como el Dios que se revela y que también hoy se hace presente, nos habla, nos precede y nos sorprende. Como María Magdalena, cada día podemos sentir que hemos perdido al Señor, pero cada día podemos correr a buscarlo de nuevo, sabiendo con seguridad que Él se deja encontrar y nos ilumina con la luz de su resurrección.

Hermanos y hermanas, esta es la esperanza más grande de nuestra vida: podemos vivir esta existencia pobre, frágil y herida, aferrados a Cristo, porque Él ha vencido a la muerte, vence nuestras oscuridades y vencerá las tinieblas del mundo, para hacernos vivir con Él en la alegría, para siempre. Hacia esa meta, como dice el apóstol Pablo, también nosotros corremos, olvidando lo que se queda a nuestras espaldas y proyectándonos hacia lo que está por delante (cf. Flp 3,12-14). Apresurémonos, pues, a salir al encuentro de Cristo, con el paso ágil de la Magdalena, de Pedro y de Juan.

El Jubileo nos llama a renovar en nosotros el don de esta esperanza, a sumergir en ella nuestros sufrimientos e inquietudes, a contagiar con ella a quienes encontramos en el camino, a confiarle a esta esperanza el futuro de nuestra vida y el destino de la humanidad. Y por eso no podemos aparcar el corazón en las ilusiones de este mundo ni encerrarlo en la tristeza; debemos correr, llenos de alegría. Corramos al encuentro de Jesús, redescubramos la gracia inestimable de ser sus amigos. Dejemos que su Palabra de vida y de verdad ilumine nuestro camino. Como dijo el gran teólogo Henri de Lubac, «debe bastarnos con comprender esto: el cristianismo es Cristo. No es, en verdad, otra cosa. En Jesucristo lo tenemos todo» (Las responsabilidades doctrinales de los católicos en el mundo de hoy, Madrid 2022, 254).

Y este “todo”, que es Cristo resucitado, abre nuestra vida a la esperanza. Él está vivo, Él quiere renovar también hoy nuestra vida. A Él, vencedor del pecado y de la muerte, le queremos decir:

“Señor, en la fiesta que hoy celebramos te pedimos este don: que también nosotros seamos nuevos para vivir esta perenne novedad. Límpianos, oh Dios, del polvo triste de la costumbre, del cansancio y del desencanto; danos la alegría de despertarnos, cada mañana, con ojos asombrados al ver los colores inéditos de ese amanecer, único y distinto a todos los demás. […] Todo es nuevo, Señor, y nada se repite, nada es viejo.” (cf. A. Zarri, Quasi una preghiera).

Hermanas, hermanos, en el asombro de la fe pascual, llevando en el corazón toda esperanza de paz y de liberación, podemos decir: contigo, Señor, todo es nuevo. Contigo, todo comienza de nuevo.

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¿Cuándo celebraremos una verdadera Pascua?

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La Pascua ha sido secuestrada.

Nos la robaron los rituales sin alma, los saludos protocolares, las liturgias perfectamente ordenadas que esquivan el clamor del mundo.

Pero lo más grave es que la robamos nosotros mismos, los cristianos domesticados, tibios, funcionales al sistema.

Seguimos cantando “Aleluya” mientras niños mueren de hambre.
Seguimos encendiendo cirios en templos pulcros mientras afuera, las calles gritan violencia, soledad, exclusión.

Por Néstor Ojeda

¿Dónde está la Pascua?

¿Dónde está la resurrección cuando las guerras no cesan, cuando la sangre sigue mojando el polvo de esta tierra?

¿Dónde está cuando se aprueban leyes para matar a los más indefensos, cuando el aborto se celebra como victoria cultural, cuando los ancianos son desechados, cuando los jóvenes vagan vacíos de sentido?

¿Dónde está cuando nuestros templos callan, cuando nuestros pastores se enmudecen para no incomodar, cuando nuestros medios católicos se vuelven vitrinas piadosas pero inofensivas?

Y no es la piedra del Imperio Romano.
Es la piedra de nuestros miedos.
La piedra de nuestra cobardía eclesial.
La piedra de nuestras buenas intenciones jamás convertidas en acción.

“No podemos acostumbrarnos al mal ni dejar de llorar delante de la tragedia de la humanidad. El cristianismo no es una moral cómoda, es una revolución del amor y de la verdad.”
Papa Francisco

Cristo ha resucitado, sí.
Pero su Resurrección no es un final feliz, es una provocación.
Una sacudida.
Una bomba que estalla en nuestras estructuras.
Porque el Resucitado no salió del sepulcro para que lo contemples como una postal, sino para incendiar el mundo con su fuego.

¿Y nosotros?
¿Dónde estamos?

La piedra sigue ahí. . .
Grande.
Fría.
Infame.
Bloqueando el sepulcro del mundo.

Estamos enredados en discusiones litúrgicas mientras la humanidad se desangra.
Estamos gestionando horarios de misa, retiros cómodos, eventos bien producidos, mientras el Reino sigue esperando su revolución.
Estamos contando “me gusta” y reproducciones en redes, mientras el Evangelio exige dar la vida.

Y en medio de todo,
el incienso sube.
Bello, místico, solemne…
pero a veces esconde el silencio cobarde de quienes no se atreven a denunciar.
El humo asciende, pero nuestras acciones no.

Nuestras oraciones suben, pero no se convierten en justicia.
Como dice Isaías: “Tu incienso me repugna… buscá la justicia, defendé al huérfano, abogá por la viuda.”
Ese es el incienso que agrada a Dios.

La Pascua no se celebra: se vive.
No se canta: se encarna.
No se recuerda: se arremanga.

¿Querés Pascua?
Entonces defendé la vida con uñas y dientes.
Perdoná a tu enemigo.
Renunciá a tu comodidad.
Salí a las periferias.
Callate un rato para escuchar el dolor de los otros.
Y cuando escuches, respondé con tu vida.

Cuando abandonemos nuestras comodidades, las pasiones,vicios, adicciones y egoísmos que nos convierten en prisioneros en vida en la torre del egocentrismo, de la avaricia y de la triple concuspicencia, para abrirnos al mundo, para sembrar el amor, la justicia, y la fraternidad, sólo ahí podremos decir y gritar a los cuatro vientos:

Jesús es el Señor!!!

La Pascua no ha llegado todavía para el mundo.
Llegará cuando las espadas se conviertan en arados.  Isaías 2:4 / Miqueas 4:3
Cuando las manos que hoy fabrican máquinas de muerte siembren y cosechen trigo para alimentar a los hambrientos.

Cuando los cristianos dejemos de buscar poder y empecemos a lavar pies.
Cuando seamos escándalo de compasión, fuego de coherencia, puño en la mesa del mundo que grite: “¡La muerte no tiene la última palabra!”

La verdadera Pascua será cuando vos y yo dejemos de vivir para nosotros y empecemos a vivir como Él.
Entonces sí. Habrá Pascua.
Entonces sí. La piedra caerá.
Entonces sí. El mundo verá la luz.

©Catolic.ar

Vía Crucis en el Coliseo: condena de “la cantera del infierno”

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Aunque el papa no participó en el Vía Crucis, su pensamiento estuvo muy presente porque las meditaciones que acompañaron cada estación fueron escritas por él mismo.

Fueron reflexiones muy espirituales, aunque con algún que otra crítica a la mentalidad de hoy que el papa comparó con la de los constructores de la Torre de Babel.

Nos cuentan los constructores de Babel, que no hay sitio para las equivocaciones y que quien se cae está perdido. Esa es la cantera del infierno. La economía de Dios, en cambio, no mata, no descarta, no aplasta.

Las meditaciones reflexionaron sobre la necesidad de un mundo que sea como Cristo, paciente, humilde y lleno de bondad.

Deshumana es la economía en la que noventa y nueve valen más que uno. Sin embargo, hemos construido un mundo que funciona de ese modo; un mundo de cálculos y algoritmos, de lógicas frías e intereses implacables. La ley de tu casa, economía divina, es otra, Señor.

El papa también pidió oraciones por la unidad de la Iglesia, aunque sobre todo se centró en la necesidad de una conversión personal. Dijo que el egoísmo propio es más pesado que la Cruz de Jesús.

Y hablando de cruces; el encargado de llevar la cruz en la estación principal, la de la muerte de Cristo, fue un migrante.

Quien ocupó el lugar del papa en este evento fue su vicario para la ciudad de Roma, el cardenal italiano Baldassare Reina.

JRB

Así ha sido la celebración del Viernes Santo en el Vaticano

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El cardenal Claudio Gugerotti presidió la celebración de la Pasión de Cristo como delegado del papa. Como manda la tradición nada más entrar se postró en el suelo ante el altar.

Tras la lectura del Evangelio, el Predicador de la Casa Pontificia pronunció una homilía donde animó a contemplar lo que llamó la “Inteligencia de la Cruz”.

ROBERTO PASOLINI
En un tiempo como el nuestro, tan rico en nuevas inteligencias —artificiales, computacionales, predictivas— el misterio de la pasión y muerte de Cristo nos propone otro tipo de inteligencia: la inteligencia de la Cruz, que no calcula, sino que ama; que no optimiza, sino que se entrega.

Esta “inteligencia de la Cruz” la tradujo como no solo aceptar la realidad cuando sea dura, sino dar un paso más: amarla.

ROBERTO PASOLINI
Esta actitud no cambia, casi nunca, el curso de los eventos. De hecho, a Jesús lo arrestan inmediatamente después, pero si se viven con fe en Dios y fe en la historia que Él conduce, nos permite permanecer interiormente libres y firmes.

Uno de los momentos culmen de la celebración es la adoración de la Cruz. Entre los presentes estaba el vicepresidente de Estados Unidos, ocupando uno de los puestos de honor, cerca del delegado papal.

BAM

Mitad del clero polaco afirma haber sido víctima de agresiones solo por ser sacerdotes

(ZENIT Noticias / Varsovia).- Un estudio reciente muestra que la mitad de los sacerdotes católicos en Polonia asegura haber sufrido algún tipo de agresión en el último año. Las causas parecen estar en el deterioro de la imagen del sacerdocio promovido por los medios de comunicación social y el ambiente tenso en la sociedad y en la política.

La población de Polonia es de 41 millones de habitantes, con 92% de católicos. El Instituto de Estadística de la Iglesia Católica es un centro científico autofinanciado con sede en Polonia que realiza investigaciones en el campo de la religiosidad, el catolicismo y sus contextos sociales. Se sustenta al exclusivamente por su actividad para garantizar la independencia. En un informe reciente, encontró que uno de cada dos sacerdotes diocesanos en Polonia ha sido víctima de alguna agresión en el último año.

El informe “¿Misión peligrosa? Agresiones contra personas consagradas, lugares y objetos de culto en Polonia” fue presentado el 3 de abril en la sede de la Conferencia Episcopal Polaca en Varsovia. La mayoría de los casos son burlas, amenazas e insultos. La tercera parte del clero declaró recibir las agresiones por internet.

El estudio se realizó por una encuesta digital entre octubre y noviembre de 2024. Respondieron 966 sacerdotes. 614 completaron el cuestionario. Además de agresiones personales, se registraron ataques contra iglesias, vandalismo, profanaciones de tumbas y perturbaciones de celebraciones religiosas.

La mayoría, 80,8%, no denunció las agresiones por considerar que los hechos no fueron graves y para evitar entrar en formalidades. 14,6% de los encuestados expresaron falta de confianza en las autoridades. También notaron que la inseguridad disminuye cuando usan distintivo clerical. Un 85,9 % siente que la violencia contra los sacerdotes ha aumentado en la última década.

El director del ISKK, doctor Marcin Jewdokimow, señaló que el estudio fue motivado por la «desproporción entre las experiencias cotidianas del clero y su escasa presencia en los medios de comunicación». Destacó que «los informes periodísticos son solo la punta del iceberg de un problema social creciente, que afecta tanto a las personas consagradas como a los espacios y objetos religiosos».

Jewdokimow informó que el estudio abordó cuatro aspectos: 1) las diversas formas de violencia experimentadas, 2) las reacciones del clero, 3) la sensación de inseguridad en su labor pastoral, así como 4) las causas y la evolución de las agresiones a los sacerdotes diocesanos. El estudio continuará en próximas fases, con el objetivo de establecer un seguimiento permanente del fenómeno.

El profesor Krzysztof Koseła, presidente del Consejo Científico del ISKK, opinó que desde 2020 los sacerdotes son un grupo de riesgo como los periodistas. Ve los factores clave detrás en la mala imagen del clero, el conflicto entre el cristianismo y el liberalismo, y los errores cometidos por los propios sacerdotes.

El portavoz de la Conferencia Episcopal Polaca, padre Leszek Gęsiak, SJ, calificó los resultados como inquietantes y llamó a la solidaridad de los fieles con sus sacerdotes: «Es importante que los sacerdotes sepan que no están solos, que hay personas que se alegran con ellos en los buenos momentos y los apoyan en los malos, especialmente cuando se enfrentan a situaciones tan hostiles como las reflejadas en este informe».

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El Papa invita a hacer germinar la esperanza pascual en nuestras vidas

En su homilía durante la Vigilia Pascual en la Basílica vaticana, leída por el cardenal Giovanni Battista Re, decano del Colegio Cardenalicio, el Pontífice invitó a “no perder el valor” volviendo siempre a la noche en la que las tinieblas se transformaron en luz.

Sebastián Sansón Ferrari – Ciudad del Vaticano – Vatican News

“¡Hagamos espacio a la luz del Resucitado! Y nos convertiremos en constructores de esperanza para el mundo”. Esta exhortación fue el núcleo de la homilía escrita por el Papa Francisco para la Vigilia Pascual del Sábado Santo, 19 de abril de 2025. La celebración fue presidida por el Cardenal Giovanni Battista Re, decano del Colegio Cardenalicio, y concelebrada por 34 cardenales, 24 obispos y 260 sacerdotes, en una Basílica de San Pedro colmada de unos cinco mil fieles, incluidos los que siguieron la liturgia desde la plaza. Una noche santa —madre de todas las vigilias— en la que Cristo, Salvador del mundo, venció las tinieblas y resucitó de entre los muertos.

Luz que disipa las tinieblas

El rito del Lucernario dio comienzo en el atrio con la bendición del fuego nuevo. Desde allí partió la procesión hacia el Altar de la Confesión, portando el cirio pascual —en el que estaban grabados la cruz, las letras Alfa y Omega, las cifras del año jubilar 2025 y cinco granos de incienso—, que fue encendiendo las velas que poco a poco iluminaban toda la basílica. En medio del silencio solemne y de la penumbra inicial, cada fiel recibió la luz de su prójimo, en un gesto profundamente simbólico.

Así, la mirada pudo ampliarse en un espacio sagrado que se fue llenando de claridad, mientras se renovaba el misterio de la Resurrección. Luego, la Liturgia de la Palabra guió a los fieles por el recorrido de la historia de la salvación, culminando con el relato del Evangelio según san Lucas, que revive la escena de la piedra removida del sepulcro.

Aunque no presidió la liturgia, el Papa —que continúa su convalecencia en Casa Santa Marta— estuvo espiritualmente presente, como anunció el cardenal Re antes de leer el sermón. Más aún, Francisco se había acercado personalmente a la Basílica hacia las 17:30 para un momento de oración en privado, y aprovechó la ocasión para saludar a algunos peregrinos, como informó la Oficina de Prensa de la Santa Sede a través de su canal de Telegram.

Cardenal Sako: «Siempre hay lugar para la reconciliación»

Las palabras del cardenal Louis Raphaël Sako, patriarca de Bagdad de los Caldeos con ocasión de la Pascua: «Los cristianos de Oriente Medio viven en una situación de inestabilidad, en medio de guerras y violencias que amenazan el futuro»

Francesco Ricupero – Ciudad del Vaticano – Vatican News

“Siempre hay lugar para la reconciliación. Sólo debemos tener fe y esperanza. Es cierto que nos enfrentamos a tiempos difíciles. Los cristianos de Oriente Medio, pero también los que viven en otros países, vivimos en una situación de inestabilidad: las guerras y la violencia amenazan nuestro futuro; ni siquiera las condiciones económicas nos garantizan un clima sereno, pero esto no debe desanimarnos”

Así lo declaró a los medios de comunicación vaticanos el patriarca de Bagdad de los Caldeos, el cardenal Louis Raphaël Sako, con ocasión de la Semana Santa y de la Pascua.

Clima de inquietud y desconfianza

El cardenal recordó que no se respetan los valores humanos y a menudo se niegan los derechos fundamentales.

«Los cristianos, como minoría, vivimos en un clima de preocupación y desconfianza. Estamos convencidos de que Dios nos creó para vivir en paz como hermanos y hermanas y no para luchar o sufrir la violencia».

Para el purpurado, el recuerdo de cuando la bandera negra del Daesh ondeaba sobre la llanura de Nínive sigue vivo. Es cierto que el autodenominado Estado islámico ha sido derrotado «pero su ideología sigue siendo fuerte no sólo en Iraq, sino también en otras regiones de Oriente Próximo. Por desgracia, cientos de miles de familias han tenido que abandonar el país y muchas nunca han regresado a casa».

Durante estos días, la comunidad cristiana caldea participa activamente en los oficios litúrgicos y en las iniciativas promovidas por las parroquias, «particularmente el Domingo de Ramos, nuestras iglesias estaban llenas de fieles – cuenta el patriarca – muchas familias con niños que rezaban a Dios para pedirle paz, armonía y serenidad. Cada uno de nosotros, cada día, tiene una necesidad desesperada de Jesús, que puede conducirnos hacia el amor y la gracia».

La polarización del mundo

El cardenal también se refirió a las poblaciones atormentadas por la guerra, el hambre y la violencia. En particular, mencionó a los ucranianos y a las poblaciones de la Franja de Gaza.

“Vivimos en un mundo dividido, en el que un país quiere apoderarse del territorio de otro. Tenemos que trabajar a nivel internacional con más determinación y eficacia. Espero que la voz del Papa Francisco pueda tocar los corazones y convencer a los implicados en enfrentamientos armados de que depongan las armas y entablen un diálogo reconciliador”

«En esta Semana Santa – continuó el cardenal Sako – renovamos nuestra fe en Dios, el Dios que resucitó a Jesucristo y que puede ayudar a resolver tantos problemas críticos del mundo. Esta es nuestra esperanza en esta particular semana del año. Una Semana Santa que nos ayuda a reflexionar sobre las estaciones de la vida de Jesús y el significado profundo de esta Pascua de resurrección. Jesús es el modelo que debemos imitar. Centrémonos, pues, en Él, en nuestra elección de ser sus discípulos, para que nada nos impida seguirlo».

El ejemplo de Juan

El patriarca de Bagdad de los Caldeos, en su mensaje de Pascua, instó a los fieles a comportarse como Juan, hijo de Zebedeo, que se quedó con Jesús mientras otros discípulos huían, como las mujeres (María) que lo siguieron como discípulas en cada etapa de su vida hasta el final, o como Simón de Cirene que cargó con la cruz en su lugar, o como la Verónica que limpió la sangre y el sudor de su rostro. Para el cardenal Sako, «los discípulos deben esforzarse para que su fe no decaiga».

“La fe es un sentimiento profundo, una relación de amor y confianza en Dios, no un sentimiento de ‘fachada’. La fe es un ‘ser’ que guía nuestro comportamiento, no algo que poseemos y consumimos”

Y en referencia a los acontecimientos de la Pasión narrados en los Evangelios, el patriarca calificó de «vergonzosa» la actitud de la multitud que primero aclamó a Jesús al entrar en Jerusalén y luego gritó ante el gobernador romano Pilato: «¡Crucifícalo, crucifícalo!».

«La muerte no es el final – continuó el cardenal – y Jesús estaba seguro de que su vida no terminaría trágicamente. Hemos visto cómo la cruz se transformaba en gloria y celebración de la resurrección. Es como un segundo Éxodo. Las apariciones de Jesús a sus discípulos les dan fuerza y alegría para emprender una nueva vida y dar testimonio de Él. Su fe y confianza en Su resurrección – concluyó el patriarca – les hace crecer, fortalece su relación con Él y enriquece su camino de amor por Él y por los demás».

OCDE: La ayuda oficial al desarrollo baja un 7,1 por ciento

Once mil millones de dólares menos para proyectos de cooperación y ayuda humanitaria a los países más pobres y las previsiones para el año en curso son de un nuevo descenso de los fondos para el desarrollo. Para Francesco Petrelli, del Oxfam – Italia, «Los países ricos han traicionado sus promesas de ayuda y van camino de incumplir los compromisos internacionales adquiridos en la Agenda 2030»

Stefano Leszczynski – Ciudad del Vaticano – Vatican News

En el 2024, la ayuda oficial al desarrollo (AOD) de los países ricos se redujo en un 7,1%, lo que supone un recorte de más de 11.000 millones de dólares, privando sobre todo a los países más pobres – plagados por guerras, hambrunas y el impacto del caos climático – de recursos clave para garantizar bienes y servicios esenciales como la sanidad, la educación y la seguridad alimentaria a cientos de millones de personas.

La alarma del Oxfam
Los datos del Comité de Ayuda al Desarrollo de la OCDE (la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico) referidos a 2024 son alarmantes: «La financiación mundial de la ayuda ha pasado del 0,37% al 0,33% en relación con la renta nacional agregada de los países de la OCDE – explica Francesco Petrelli portavoz y asesor político sobre financiación del desarrollo del Oxfam Italia, el Comité de Oxford de Ayuda contra el Hambre – los países ricos han traicionado sus promesas de ayuda y van camino de no respetar los compromisos internacionales adquiridos».

Millones de vidas en peligro
Firmada el 25 de septiembre del 2015 por los gobiernos de los ciento noventa y tres Estados miembros de las Naciones Unidas y aprobada por la Asamblea General de la ONU, la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible consta de diecisiete Objetivos que deben alcanzarse antes del 2030, entre ellos el de destinar el 0,70% del PIB a la cooperación al desarrollo.

«En el punto en que nos encontramos, el objetivo del 0,70 puede olvidarse – afirma Petrelli – porque el problema hoy es cómo gestionar la situación con este colapso de recursos que se avecina en el 2025. Ya nos enfrentamos a una situación dramática para algunos países en términos de cierre de clínicas, de interrupción de los ciclos de vacunación de mujeres y niños, y en términos de apoyo a la investigación para luchar contra las pandemias».

“La Agencia de las Naciones Unidas que lucha contra el Sida calcula que la cancelación de la financiación en este ámbito podría causar seis millones y medio de muertes de aquí al 2029, es decir, millones de personas cuyas vidas corren peligro de aquí a tres años”

El peso de los recortes estadounidenses
Las cifras certificadas por la OCDE, sin embargo, se refieren a la caída de la ayuda oficial en el 2024, pero el Oxfam también señala que los recortes de ayuda para las emergencias humanitarias más graves aumentarán significativamente en el 2025 debido a la cancelación de la ayuda de la UsAid, la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional. Según las primeras estimaciones de la OCDE, la caída de la ayuda oficial mundial en el año en curso podría situarse entre el 9% y el 17% el próximo 2026.

«Hasta la fecha, Estados Unidos ha sido el mayor donante del mundo, cubriendo alrededor del 30% de la Ayuda pública al desarrollo mundial – añade Francesco Petrelli – pero los efectos de la cancelación de la ayuda UsAid, en los primeros meses de la administración Trump, aunque aún no son totalmente previsibles, podrían tener efectos devastadores para millones de personas, produciendo crisis e inestabilidad».

Efecto bumerán
Sólo hay que pensar en la alarma lanzada recientemente por ACNUR, la agencia de la ONU para los refugiados, sobre la dificultad de ayudar a la población que huye de los conflictos en la República Democrática del Congo o Sudán, que viven actualmente la crisis humanitaria más grave del mundo y una emergencia de refugiados que afecta a gran parte de África Oriental. Para este año, por ejemplo, ya se han cancelado sesenta y cuatro millones de dólares de ayuda para Sudán del Sur y Chad. Dos de los países más pobres del mundo, que están acogiendo a millones de refugiados sudaneses.

«Asistir pasivamente o incluso compartir esta visión política de la reducción de la ayuda – afirma Petrelli del Oxfam Italia – es indicativo de una grave miopía por parte de los Estados más ricos, ya que corre el riesgo de generar un verdadero cortocircuito que inevitablemente se reflejará en Europa y en todo el llamado norte global».

Pascua en Tierra Santa, Padre Patton: no nos quedemos presos en una tumba vacía

El Custodio de Tierra Santa invita a los fieles a celebrar la resurrección de Jesús no dejándose atrapar «por la pesada piedra de las circunstancias que nos toca vivir, que hablan de fracaso y de muerte: guerras, pandemias, terremotos, crisis económicas, catástrofes naturales y catástrofes causadas por nuestra imprudencia humana y, a veces, incluso por nuestra crueldad humana».

Padre Francesco Patton ofm – Vatican News

Desde hace nueve años tengo el privilegio de celebrar la Pascua en los lugares que recuerdan la resurrección de Jesús y sus primeras apariciones: el sepulcro vacío y las capillas cercanas que recuerdan el encuentro con su madre, con María Magdalena y con las mujeres; Emaús donde Jesús se da a conocer al partir el pan; el cenáculo donde se aparece a los discípulos la noche de Pascua y ocho días después.

Este año, mi pensamiento pascual procede de Tabga, que está a orillas del mar de Galilea, no lejos de Cafarnaún, del monte de las Bienaventuranzas y de Magdala.

A Magdalena le había pedido Jesús que anunciara a sus hermanos y hermanas que había resucitado e iba delante de ellos a Galilea, y que allí volverían a encontrarse con Él, donde todo había comenzado, tres años antes.

En Tabga, a orillas del lago, Jesús se aparece a Pedro y a otros seis discípulos que intentan pescar, como si hubieran desechado su llamada porque estaban abrumados por la muerte del Maestro. En Tabga, Jesús resucitado se aparece al amanecer, cuando ya no es de noche pero aún no es de día. Aparece cuando es más difícil reconocer su rostro, pero no su voz.

El Resucitado aparece y pide de nuevo pescar cuando pescar es inútil. Pide, es decir, confiar en Él, una vez más y plenamente. Porque sólo Él es capaz de derribar nuestros fracasos y llenar nuestros vacíos.

Aparece el Resucitado y le hace a Pedro la pregunta más importante, la misma que nos hace a nosotros: «¿Me amas más que a nada y que a todos? Si me amas de verdad puedes empezar a seguirme de nuevo. Si me amas de verdad, puedes empezar a cuidar de las personas que te confío. Si me amas de verdad también puedes dar tu vida hasta el final, hasta el final, como yo».

Si queremos celebrar la Pascua, si queremos celebrarla plenamente, también nosotros debemos aprender a no permanecer prisioneros de una tumba vacía.Jesús resucitado va delante de nosotros y camina delante de nosotros.

Si queremos celebrar la Pascua, no podemos quedarnos prisioneros de nuestros fracasos personales: tanto en el plano humano como en el religioso.

Si queremos celebrar la Pascua, tampoco podemos permanecer aplastados bajo la pesada piedra de las circunstancias que nos toca vivir, que hablan de fracaso y de muerte: guerras, pandemias, terremotos, crisis económicas, catástrofes naturales y desastres causados por nuestra imprudencia humana y, a veces, incluso por nuestra crueldad humana.

Jesús resucitado ya ha superado todo esto y sólo nos pregunta: «¿Me amas hasta el punto de confiar totalmente en mí?¿Estás dispuesto a empezar de nuevo conmigo?

¿Estás dispuesto a ponerme de nuevo en el centro de tu vida?». Entonces y sólo entonces podrá decirnos de nuevo: «Sígueme, cuida de las personas que te confío y aprende conmigo a dar la vida».

Entonces, y sólo entonces, también seremos capaces de reconocerle presente cuando ya no es de noche, pero todavía no es de día, y experimentaremos que esperando en Él nunca nos veremos defraudados, engañados o confundidos, y podremos caminar con confianza, acompañados por Él, por los caminos del tiempo hacia la Pascua eterna.

Cardenal Parolin recibe en audiencia al vicepresidente de los Estados Unidos

Esta mañana fue la audiencia del Vicepresidente de los Estados Unidos de América, James David Vance, con la Secretaría de Estado de Vaticano. Hubo un intercambio de puntos de vista sobre la situación internacional, especialmente sobre los países marcados por la guerra.

Vatican News

Esta mañana, 19 de abril de 2025, James David Vance -Vicepresidente de los Estados Unidos de América- ha sido recibido en la Secretaría de Estado por el Cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado, acompañado por el Arzobispo Paul Richard Gallagher, Secretario para las Relaciones con los Estados y las Organizaciones Internacionales.

Así lo anunció la Oficina de Prensa de la Santa Sede, informando además que durante la cordial conversación se expresó satisfacción por las buenas relaciones bilaterales existentes entre la Santa Sede y los Estados Unidos de América, y se renovó el compromiso común de proteger el derecho a la libertad religiosa y a la libertad de conciencia. Hubo un intercambio de puntos de vista sobre la situación internacional, especialmente sobre los países marcados por la guerra, las tensiones políticas y las situaciones humanitarias difíciles, con especial atención a los emigrantes, los refugiados y los prisioneros, y también se trataron otros temas de interés común. Por último, se deseó una colaboración pacífica entre el Estado y la Iglesia católica de Estados Unidos, cuyo valioso servicio a los más vulnerables fue reconocido.

Ayer por la tarde, el Vicepresidente Vance había participado, con su esposa y sus tres hijos, en la Celebración de la Pasión del Señor en la Basílica de San Pedro, presidida por el Cardenal Claudio Gugerotti, Prefecto del Dicasterio para las Iglesias Orientales, delegado del Papa Francisco.