Testimonio Vocacional del seminarista mayor Miguel Tovar Fernández, en la vigilia de oración por las vocaciones sacerdotales celebrada el 5 de diciembre de 2024, en la capilla del seminario Mayor “San Fulgencio” de Murcia.
El sanedrín (“sentarse juntos”) era la corte suprema de Israel, compuesto por 71 miembros y presidido por el sumo sacerdote. Tenía competencias religiosas, legislativas y judiciales.
Javier Pereda Pereda
Esta asamblea convocó una reunión de urgencia, ante un hecho extraordinario ocurrido en Betania, a tres kilómetros de Jerusalén: Lázaro llevaba cuatro días muerto y mostraba signos de descomposición. Sus hermanas, Marta y María, muy amigas de Jesús de Nazaret, le reprocharon no haber estado allí antes. Entonces, Jesús obró el milagro de devolverle la vida, ante el asombro y conversión de muchos judíos.
La noticia llegó a los príncipes de los sacerdotes y fariseos, quienes informaron al sanedrín, temerosos de perder su poder: “si le dejamos así, todos creerán en él; y vendrán los romanos y destruirán nuestra nación”. Caifás, entonces sumo sacerdote, profetizó: “os conviene que un hombre muera por el pueblo y no perezca toda la nación”. El sanedrín veía peligrar su poder religioso, político y económico que ejercían ante el pueblo, y decidió dar muerte a Jesús, movido por la envidia y con engaño.
En esa reunión, primero dictaron la sentencia condenatoria, y después realizaron el proceso para legitimar su actuación. Recriminaron a los alguaciles por desobedecer la orden de busca y captura del Salvador, pero estos quedaron cautivados porque jamás habló así hombre alguno. Sin embargo, el sanedrín los reprendió, argumentando que ninguna autoridad había creído en él, en un gesto de soberbia intelectual y de propaganda manipuladora.
Uno de sus miembros, Nicodemo, doctor de la ley, defendió el derecho a la presunción de inocencia: ¿Es que nuestra Ley juzga a un hombre sin haberle oído antes y conocer lo que ha hecho? De inmediato, el poder político del sanedrín le desautorizó: ¿También eres tú de Galilea? Investiga y te darás cuenta que ningún profeta sale de Galilea.
Entonces, como ahora, el poder político del sanedrín interfiere en la justicia. Ya lo advirtió el autor de “De Civitate Dei”, san Agustín: “Quita el derecho y, entonces, ¿qué distingue al gobierno de una banda de ladrones?”. El pueblo de Israel siempre fue observante del derecho. Siete siglos antes, en Babilonia, bajo el mandato del rey Nabucodonosor, se condenó a la casta Susana por un delito de adulterio, con el falso testimonio de dos jueces corruptos. Tuvo que intervenir el profeta Daniel interrogando a los acusadores, para demostrar su prevaricación, al caer en contradicción: uno dijo que vio a esta hija decente de Israel debajo de una acacia y el otro de una encina.
Así, pues, la detención de Jesús de Nazaret en el Huerto de los Olivos fue ilegal, peor que a un delincuente, con la traición de uno de los suyos mediante precio y recompensa, utilizaron fondos reservados del Templo, hubo malversación y blanqueo de capitales, se actuó con nocturnidad, alevosía, violencia y ensañamiento.
El sanedrín urde una trama de terrorismo de Estado; detiene, conduce, juzga a Jesús, en un alarde de falta de separación de poderes, y acosa judicialmente a Pilatos para que le condene a muerte en la cruz, bajo la amenaza de hacerse enemigo del Cesar. En un proceso sumarísimo, porque desde la detención a media noche hasta su muerte, las tres de la tarde, sólo trascurren 16 horas.
Era día feriado, fuera de la sede judicial, sin orden del día, con pruebas testificales preconstituidas, se cambia varias veces la acusación: primero que se hacía rey de los judíos, después que era Hijo de Dios, y antes que quería destruir el Templo, no pagar impuestos a Roma y amotinar al pueblo.
El sanedrín le coaccionó al propinarle una bofetada, en una de las ocasiones que ejerció el derecho de defensa, a lo que contestó con mansedumbre: “Si he hecho mal, declara ese mal; pero si tengo razón, ¿por qué me pegas?”. Y encima, en vez de proteger el derecho de Jesús a guardar silencio y a no declarar contra sí mismo, le obligan mediante coacción y bajo conjuro a que confiese si es el Mesías, el Hijo de Dios. A lo que el autor de la verdad, la justicia y la libertad manifestó: “Tú lo has dicho”. Entonces Caifás se rasgó las vestiduras, al entender que el reo cometía una blasfemia.
La vulneración más grave del derecho a la presunción de inocencia aconteció en el juicio más importante de la historia de la humanidad.
«La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron.» (Jn 1, 5)
La resurrección de Jesús no solo es el pilar de la fe cristiana, sino también una demostración poderosa de cómo la luz de Cristo triunfa de manera aplastante sobre las fuerzas del mal y la oscuridad. A lo largo de los Evangelios, vemos que Jesús fue objeto de odio y resistencia, especialmente por parte de los fariseos, que hicieron todo lo posible para ocultar su resurrección. Pero ¿por qué tanto empeño en suprimir la verdad?
El Odio de los Fariseos y su intento de suprimir la Verdad
Los fariseos, líderes religiosos de la época, sintieron una amenaza directa con la proclamación de Jesús como el Mesías. Su mensaje desafiaba el status quo y exponía la hipocresía de sus prácticas. Tras la crucifixión, los fariseos temían que el cuerpo de Jesús fuera robado y que sus seguidores proclamaran su resurrección. Por ello, quisieron persuadir a Pilato para que asegurara la tumba de Jesús con guardias (Mt 27, 63-66). Sin embargo, la intervención divina no pudo ser contenida por las medidas humanas. La piedra fue removida, y Jesús resucitó, victorioso sobre la muerte y el pecado.
Los fariseos son criticados por su hipocresía y su resistencia a aceptar a Jesús como el Mesías. Su enfoque basado en las tradiciones y leyes humanas sobre la ley de Dios es un obstáculo para la verdad y la misericordia Divina que venía trayendo Jesucristo. La Iglesia Católica enseña que el mal no tiene una existencia independiente, sino que es la ausencia de bien. En este contexto, la resistencia de los fariseos al mensaje de Jesús puede ser vista como una manifestación del mal que intenta oponerse al Bien Divino, por no aceptar todas las señales claras que se habían manifestado por medio de nuestro Redentor.
A pesar de la resistencia y el mal, la Iglesia enseña que Dios utiliza todas las cosas, incluso el mal, para el beneficio de aquellos que le aman. La resurrección de Jesús es un testimonio de cómo el bien siempre prevalece sobre el mal. San Pablo nos recuerda: “No te dejes vencer por el mal; al contrario, vence el mal con el bien.” (Rm 12, 21). Para los católicos, el bien se distingue en la práctica de las virtudes en un grado heroico, y no en la falsa concepción de tolerancia que dice que hay que dejar pasar cualquier tipo de pecado, al contrario, hay que rechazarlo.
Jesús mismo nos enseña a ser “prudentes como serpientes y sencillos como palomas” (Mt 10, 16). Esta sabiduría divina nos llama a ser astutos y a utilizar nuestra inteligencia y discernimiento para superar las artimañas del mal, siempre con la ayuda de la gracia de Dios. Los buenos, dotados de la sabiduría divina, no solo enfrentan el mal, sino que lo atacan con inteligencia y prudencia.
El ejemplo de los Santos
La vida de los santos, imágenes de Cristo en la tierra, es un testimonio vivo de esta lucha constante entre el bien y el mal. Muchos enfrentaron persecuciones, calumnias y, en algunos casos, el martirio, debido a su fidelidad a Cristo. San Juan Bosco, conocido por su dedicación a la juventud y su fundación de los Salesianos, enfrentó muchas persecuciones y oposiciones, hasta de aquellos que deberían haberlo ayudado. Fue calumniado y su vida fue amenazada en varias ocasiones, pero continuó su misión con valentía y fe, siempre confiando en la protección de la Virgen María.
San Pío X, conocido por su lucha contra las herejías modernistas y su dedicación a la pureza de la doctrina, también enfrentó grandes oposiciones internas y externas. Su firmeza en la fe y su amor por la Eucaristía le ganaron enemigos, pero su ejemplo de santidad y su devoción a la Virgen María siguen siendo una inspiración.
Portadores de la luz de la Resurrección
La resurrección de Jesús nos llama a ser portadores de su luz en un mundo que a menudo está envuelto en oscuridad. Somos llamados a enfrentar el mal con energía, amor y verdad, siguiendo el ejemplo de los santos. En nuestras vidas cotidianas, debemos invocar la intercesión de la Virgen María para obtener las gracias necesarias para vivir con valentía y fe.
Recordemos siempre que, así como la resurrección de Jesús no pudo ser contenida por la tumba sellada, la luz del bien no podrá ser jamás sofocada por el mal. San Bernardo nos deja la exhortación: “María es la escala por la cual los pecadores suben de nuevo al trono de la divina misericordia”. Aprovechemos esta escalera maternal y pidamos con confianza todo lo que necesitamos por medio de María Santísima, y de aquellos hombres providenciales que son las escaleras lanzadas por Ella para lograr salir invictos de las artimañas del mal contemporáneo. No importa cuán grandes sean nuestras necesidades, ella nos escucha y nos lleva a su Hijo.
El pesebre fue diseñado para rememorar los pasajes más destacados de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús.
Gaudium Press En la iglesia de Carmine di Adami en Decollatura, municipio Calabria, Italia, fue hecho un “pesebre pascual” para contar los pasajes más destacados de la pasión, muerte y resurrección de Jesús. La noticia de la idea innovadora la da el sitio web de la diócesis de Lamezia-Terme, Lamezianuova.it
El pesebre suele asociarse al período navideño, no al de Pascua, pero la idea acerca a los fieles al momento saliente de la Pascua.
“Como en una escenografía, las distintas figuras ‘cuentan’ cuáles fueron las últimas horas de la vida de Cristo: la última cena, el huerto de los olivos, el proceso, el camino hacia el Gólgota, la crucifixión, la muerte, la resurrección”, se lee en el sitio web diocesano.
“Nacida entre los siglos XVII y XIX, la costumbre del pesebre pascual se difundió más en el sur de Europa y probablemente nació con el mismo espíritu con el que, en el siglo XIV, se difundieron rápidamente las numerosas representaciones de la Pasión en las que se cuentan las últimas horas de la vida de Cristo, como, por ejemplo, el Vía Crucis, cuyo origen probablemente fue dar la posibilidad, a quienes no podían acudir a los lugares de la Pasión de Jesús, de revivir esos momentos y hacerlo mediante pinturas, estatuas. u otros objetos para la ‘narración’”, añade la página.
También para la diócesis, la idea es “una verdadera tradición de devoción popular, que, aunque menos difundida que el pesebre navideño que narra el nacimiento de Cristo, atrae la atención de los fieles que pueden así recorrer, como cristalizadas en fotogramas, las distintas fases que condujeron a la crucifixión y a la resurrección de Jesús”.
Arqueólogos liderados por Francesca Romana Stasolla han descubierto restos de olivos y vides de 2.000 años en el Santo Sepulcro, confirmando el huerto mencionado en el Evangelio de San Juan, “donde nadie había sido enterrado”.
Gaudium Press Las excavaciones lideradas por la profesora Francesca Romana Stasolla —profesora titular de arqueología cristiana y medieval en la Universidad La Sapienza de Roma— en el Santo Sepulcro de Jerusalén han revelado un hallazgo de gran importancia, que podría estar estrechamente relacionado con la figura de Cristo.
El equipo ha identificado lo que se cree sería el huerto mencionado en el Evangelio de San Juan, capítulo 19, versículos 40-42, donde se describe el lugar donde Jesús fue sepultado. En este pasaje, el Evangelista relata:
“Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en los lienzos con los aromas, según se acostumbra a enterrar entre los judíos. Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto, un sepulcro nuevo donde nadie había sido enterrado todavía. Y como para los judíos era el día de la Preparación, y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús.”
Estas excavaciones forman parte de un proyecto amplio de restauración y rehabilitación del interior del templo, que comenzó en 2022 con la aprobación de tres custodios principales: el Patriarcado Ortodoxo Griego, la Custodia de Tierra Santa y el Patriarcado Armenio. En medio de este proceso, el equipo de investigación ha encontrado restos de olivos y vides con una antigüedad aproximada de 2.000 años, lo que coincide tanto geográfica como cronológicamente con la descripción del huerto mencionada en el Evangelio.
Además, en la excavación se encontró una base circular de mármol situada bajo el edículo, el santuario que rodea la tumba de Jesús. Este hallazgo se cree que es parte de la estructura original construida por el emperador Constantino, ya que las primeras representaciones de la iglesia, datadas entre los siglos V y VI, la describen con esta forma circular.
Este sitio ha sufrido sin duda alguna, transformaciones significativas a lo largo de los siglos.
En tiempos de Jesús, la zona era una cantera situada fuera de las murallas de Jerusalén. Con el tiempo, se convirtió en un cementerio con tumbas excavadas en la roca, una práctica funeraria común en el antiguo Israel. En el siglo II d.C., la ubicación fue incorporada a los muros de la ciudad. Posteriormente, Constantino mandó construir la primera iglesia, que fue incendiada en el siglo VII, y años más tarde, destruida durante el periodo islámico bajo el califa Al-Hakim en el siglo XI. La iglesia que actualmente se encuentra en el lugar tiene su origen en la época de las cruzadas.
Los hallazgos revelan intentos de crear un área cultivada en la misma ubicación, lo que concuerda con la descripción del Evangelio. “Se erigieron muros bajos de piedra y el espacio entre ellos se rellenó con tierra. Los hallazgos arqueobotánicos nos han resultado especialmente interesantes a la luz de lo que se menciona en el Evangelio de Juan, cuya información se considera escrita o recopilada por alguien familiarizado con Jerusalén en aquella época. El Evangelio menciona una zona verde entre el Calvario y la tumba, y nosotros identificamos estos campos de cultivo”, comentó la especialista Francesca Romana Stasolla.
El equipo de arqueólogos no ha podido excavar toda la zona de una sola vez. Por el contrario, han dividido el área en secciones, excavando una por una antes de cubrirlas nuevamente. “No podemos excavar todo a la vez,” explicó Stasolla al Times of Israel. “Trabajamos sección por sección, cerrando cuidadosamente cada zona para que los peregrinos puedan seguir accediendo a la iglesia, especialmente cuando se acerca la Semana Santa.”
El proyecto también contempla la creación de una reconstrucción multimedia de los hallazgos y la estructura original. “Aunque no hemos podido ver la iglesia entera excavada de un solo vistazo, las nuevas tecnologías nos permiten reconstruir el contexto general en nuestros laboratorios. Con el tiempo tendremos una reconstrucción multimedia completa del panorama completo,” añadió Stasolla.
El permiso otorgado a los arqueólogos para excavar en el subsuelo del templo es considerado un hito en las relaciones entre las distintas confesiones religiosas, especialmente dada la proximidad de los días santos. Los avances alcanzados en esta investigación podrían proporcionar nuevas perspectivas sobre la historia del lugar más sagrado del cristianismo, mientras continúan los esfuerzos de restauración y conservación.
En una peregrinación con un grupo de Nápoles, la hermana Francisca Battiloro, quien lleva 75 años en clausura, rezaba en la Basílica de San Pedro cuando, de repente, se encontró con el Papa que se dirigía a la plaza: «Le había pedido a Dios que me hiciera encontrar con él, pero parecía imposible. En cambio, me lo hizo encontrar». La broma del Papa Bergoglio a la monja que le estrechaba la mano: “¿Eres una de las monjas de Nápoles?”, en referencia al afectuoso ‘asalto’ a las monjas en la Catedral
Sor Francisca Battiloro se llevó la mayor sorpresa de su vida a la edad de 94 años, 75 de los cuales transcurridos en clausura como visitandina. «Le pedí a Dios: “Quiero encontrar al Papa”. Y sólo a Él, ¡eh! A nadie más… Pensava que era imposible, pero fue el Papa quien vino a mi encuentro. Parece que cuando pido algo al Señor, siempre me lo concede…».
La religiosa, que entró en el monasterio a los 8 años y tomo los votos a los 17, en un momento en el que su vida corría grave peligro a causa de una obstrucción intestinal (su historia aparece en la portada de L’Osservatore di Strada de abril), ha salido esta mañana temprano de Nápoles con un único deseo: vivir el Jubileo de los Enfermos y el mundo de la Sanidad. Junto a ella, un grupo de amigos y familiares. En silla de ruedas, con la vista reducida, Sor Francisca –nacida Rosaria pero que tomó el nombre del fundador de la Orden de la Visitación, San Francisco de Sales, el santo que, según ella, la curó en sueños– quiso pasar por la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro. Dada su frágil condición, se le permitió vivir el momento en privado mientras se celebraba la misa en la plaza con 20.000 fieles.
La sorpresa del Papa
Sor Francisca estaba orando frente a la tumba del apóstol cuando de repente vio llegar a un grupo de hombres con chaqueta y corbata. En el medio, otra silla de ruedas, la del Papa. Francisco, en su primera salida desde que fue ingresado en el Gemelli por una neumonía bilateral, se confesó, rezó y atravesó la Puerta Santa. Estaba en la Basílica para salir y dar un saludo sorpresa a los participantes en la celebración jubilar. Probablemente tampoco esperaba encontrar al pequeño grupo arrodillado en la nave central; menos que menos sor Francesca lo esperaba, aunque algo se movía en su corazón. “Se lo había pedido a Dios”, dijo a los medios vaticanos que la contactaron por teléfono durante el viaje de regreso a Nápoles.
“Las dos sillas de ruedas se encontraron”
«Las dos sillas de ruedas se encontraron. ¡Qué hermoso, qué hermoso! —repite la hermana Francisca. Y sonríe al contar cómo tomó la mano del Papa y no la soltó por la emoción. Y Francisco, con la voz quebrada aun recuperándose, pero con el tono irónico que lo distingue, le dijo a la religiosas: “¿Usted es una de esas monjas de Nápoles?”. Una broma en referencia al inolvidable episodio de hace exactamente diez años, en 2015, cuando el Papa, en la Catedral, durante su visita a la archidiócesis napolitana, fue rodeado cariñosamente por un grupo de monjas de clausura que lo abrazaron, mientras el cardenal Sepe las llamaba al orden: “Hermanas… hermanas…”.
Sor Francisca Battiloro no estaba dentro del grupo, pero estaba en la Catedral ese día y no había podido saludar de cerca al Papa. Otro Pontífice, san Juan Pablo II, en cambio lo había encontrado más de una vez cuando fue a visitar el Monasterio de Gala Placidia en Roma, donde había sido “prestada” como enfermera. Pero nunca había conseguido pasar diez minutos cara a cara con un Papa, como ocurrió hoy. «Estoy contenta, ¡quién lo hubiera esperado! Le besé la mano y él también parecía contento… Realmente es un periodo en el que Dios me está escuchando, incluso en las pequeñas cosas”.
Peregrinación Jubilar de las comunidades trabajadoras de la Farmacia Vaticana y de la Dirección de Salud e Higiene. Director del Dsi ,Arcangeli: “Una experiencia de oración colectiva por los más frágiles”. El director de la Farmacia, fray Binish Mulackal: “la curación no viene solo del medicamento sino, también y sobre todo, de escuchar y ofrecer nuestra sonrisa al enfermo”
Fabrizio Peloni – Ciudad del Vaticano – Vatican News
Con los primeros rayos del sol filtrándose por la Piazza Pia y ahuyentando la inusual niebla que envolvía Roma, fueron las comunidades de trabajo de la Farmacia Vaticana y de la Dirección de Salud e Higiene (DSI) de la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano quienes inauguraron, el sábado 5 de abril, la larga serie de procesiones que atravesaron la Puerta Santa de la Basílica Vaticana, con motivo del Jubileo de los Enfermos y del Mundo de la Salud.
Los empleados de estas dos entidades vaticanas aprovecharon la proximidad de sus lugares de trabajo a la Basílica de San Pedro para ser de los primeros en llegar al punto de partida desde donde marchó la procesión de oración por la Via della Conciliazione. Al frente de las delegaciones -que el domingo por la mañana participaron en número aún mayor en la Misa conclusiva del Jubileo de la categoría- estaba el director de la Farmacia Vaticana, Fray Thomas Binish Mulackal, organizador de la iniciativa, junto al profesor Andrea Arcangeli y al doctor Luigi Carbone, respectivamente director y vicedirector del DSI.
La religiosa india de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios (Fatebenefratelli) destacó “la belleza de haber comenzado un día como tantos otros de esta manera, lo que nos hizo regresar al lugar de trabajo con el corazón en paz y lleno de esperanza”. Recordando la alta misión “confiada por Dios a los agentes sanitarios, en relación al concepto que la esperanza no defrauda”, afirmó que “para nosotros esto significa que la cura no viene sólo del medicamento sino, también y sobre todo, de escuchar y ofrecer nuestra sonrisa a aquellas personas que tienen que afrontar cada día la enfermedad”.
“Cruzar juntos el Umbral Santo fue una experiencia intensa, aunque breve, de oración colectiva por los más frágiles, por parte de quienes están destinados a dirigir profesionalmente su mirada hacia los enfermos”, confió al respecto el profesor Arcangeli. Compartir el mismo espacio “en el camino que nos llevó con los colegas a la Puerta Santa, fue una experiencia fuerte desde el punto de vista espiritual, y estamos seguros de que nos permitirá brindar un servicio de atención aún mejor a quienes se encuentran en situaciones de fragilidad”, comentaron Alessandra Ottavianelli y Elena Fontana, antes de regresar detrás del mostrador de la Farmacia con sus batas blancas.
En el texto del Ángelus difundido de la misma manera que los domingos anteriores, con ocasión del Jubileo de los Enfermos, el Papa convaleciente desea experimentar la «caricia solidaria de Dios» y reza por los médicos, enfermeros y agentes sanitarios, que «no siempre son ayudados a trabajar en condiciones adecuadas y, a veces, incluso son víctimas de agresiones». Su esperanza es que invirtamos en investigación y en un sistema verdaderamente inclusivo.
Antonella Palermo – Ciudad del Vaticano – Vatican News
El Jubileo de los Enfermos y el Mundo de la Salud coloca al Papa Francisco en una posición de particular empatía, dada la convalecencia que está viviendo en Casa Santa Marta tras una prolongada estancia hospitalaria por una neumonía bilateral. Desde su residencia en el Vaticano, difunde, como los domingos anteriores, el texto que ha preparado para el Ángelus de este domingo de Cuaresma, en el que expresa su agradecimiento a quienes cuidan de él y de los frágiles en el cuerpo, y a quienes le manifiestan su afecto incluso desde lejos, y hay también un llamamiento para que estos cuidados puedan practicarse con seguridad y con espíritu de inclusión.
“Experimento la caricia cariñosa de Dios”
Inspirándose en el Evangelio de hoy en el que el apóstol Juan narra el episodio de la adúltera y el riesgo de ser lapidada, el Papa se centra en ese dedo de Jesús que escribe en la arena “una nueva historia” para esta mujer, el “dedo de Dios” que salva y libera, subraya Francisco.
Queridos, así como durante la hospitalización, también ahora en mi convalecencia siento el “dedo de Dios” y experimento su caricia protectora. En el día del Jubileo de los enfermos y del mundo sanitario, pido al Señor que este toque de su amor llegue a cuantos sufren y anime a cuantos los cuidan.
La misión de los trabajadores de la salud debe ser apoyada y respetada
El Papa experimentó en primera persona el modo de trabajar del personal médico y paramédico. También a la luz de esta historia que le ha tocado personalmente, siente la necesidad de expresar su especial oración por aquellos que “no siempre son ayudados a trabajar en condiciones adecuadas y, a veces, incluso son víctimas de agresiones”. Las palabras del Papa son particularmente pertinentes si consideramos que los últimos datos, publicados el pasado mes de marzo y contenidos en el tercer informe de Fnomceo (Federación Nacional de Asociaciones Médicas) y Censis, son muy preocupantes: estamos hablando de más de 18 mil agentes sanitarios agredidos en un año. Cada empresa sanitaria italiana sufrió, de media, 116 episodios de violencia, con un aumento del 5,5% respecto a los 12 meses anteriores.
Su misión no es fácil y debe ser apoyada y respetada. Espero que se inviertan los recursos necesarios en la atención y la investigación, para que los sistemas de salud sean inclusivos y atentos a los más frágiles y a los más pobres.
Gracias a las asociaciones deportivas educan sobre la inclusión
Las palabras de Francisco llegan en la estela de la Carta Mundial de Valores de la Salud , una guía para quienes cuidan de los demás. El documento, firmado por los presidentes de las Federaciones y Consejos Nacionales de profesiones sanitarias, sociosanitarias y de asistencia social, fue presentado durante la conferencia ” Muchos mundos, una sola salud”, organizada por la Comisión del CEI para el servicio de la beneficencia y la salud. Pero en el texto de la catequesis del Papa hay también un agradecimiento a los detenidos de la cárcel romana de Rebibbia que quisieron enviar al Sucesor de Pedro una tarjeta de felicitación. Para ellos y sus familias están aseguradas las oraciones de Jorge María Bergoglio, que nunca deja de pensar en los más vulnerables y desfavorecidos. Sus pensamientos se dirigen también a todos aquellos que están involucrados en el ámbito deportivo. En el Día Mundial dedicado al deporte para la paz y el desarrollo, surge otra esperanza:
Que el deporte sea signo de esperanza para muchas personas que necesitan paz e inclusión social y agradezco a las asociaciones deportivas que educan concretamente a la fraternidad.
El saludo de Francisco al final de la misa por el Jubileo de los enfermos y el mundo de la sanidad: “¡Muchas gracias!” El arzobispo Fisichella, delegado del Papa, presidió la misa por el Jubileo de los enfermos y del mundo de la sanidad y leyó la homilía del Pontífice: “No releguemos a los que son frágiles, alejándolos de nuestra vida”.
Alessandro Di Bussolo – Ciudad del Vaticano – Vatican News
La sorpresa al final de la misa jubilar por los enfermos y el mundo sanitario es la llegada del Papa Francisco a la plaza de San Pedro. En silla de ruedas, acompañado por su enfermero personal, que lo lleva hasta el altar, donde, tras la bendición final del celebrante, el arzobispo Fisichella, pronuncia un breve saludo: “¡Feliz domingo a todos, muchas gracias!”. En medio de la emoción de todos los presentes en la Plaza, los lectores transmitieron a continuación su mensaje de acción de gracias. Francisco saluda “con afecto a todos los que han participado en esta celebración y agradece de corazón las oraciones elevadas a Dios por su salud, deseando que la peregrinación jubilar sea rica en frutos”. A continuación imparte la Bendición Apostólica, que extiende “a los seres queridos, a los enfermos y a los que sufren, así como a todos los fieles reunidos hoy aquí”. Antes de dirigirse hacia el altar en la explanada de la plaza de San Pedro, informa la Oficina de Prensa vaticana, el Pontífice recibió el Sacramento de la Reconciliación en la Basílica de San Pedro, se recogió en oración y atravesó la Puerta Santa.
Comparto con ustedes la experiencia de depender de los demás
El Papa convaleciente en la Casa Santa Marta comparte mucho con los veinte mil peregrinos, muchos de ellos enfermos, reunidos en la Plaza de San Pedro para la Misa jubilar por los enfermos y el mundo de la sanidad. Y lo confiesa en su homilía, leída para él por su delegado, el arzobispo Rino Fisichella, pro-prefecto de la Sección para las Cuestiones Fundamentales de la Evangelización en el Mundo del Dicasterio para la Evangelización. Fisichella, antes de la lectura, subraya cómo a pocos metros de nosotros, el Papa Francisco «está particularmente cerca de nosotros, y participa, como tantos enfermos, en esta Eucaristía a través de la televisión». El Pontífice, en el texto, comparte «la experiencia de la enfermedad, de sentirnos débiles, de depender de los demás para muchas cosas, de tener necesidad de apoyo».
No es siempre fácil, pero es una escuela en la que aprendemos cada día a amar y a dejarnos amar, sin pretender y sin rechazar, sin lamentar y sin desesperar, agradecidos a Dios y a los hermanos por el bien que recibimos, abandonados y confiados en lo que todavía está por venir.
En el lecho de la enfermedad, fortalecer la fe
Con los ojos brillosos y el corazón inflamado de emoción, muchas personas que llegaron al hemiciclo del Bernini en silla de ruedas o a paso lento, y los voluntarios, enfermeros y médicos que los acompañaban, escucharon sus palabras, recalcadas por monseñor Fisichella, cuando subrayó que “la habitación del hospital y el lecho de la enfermedad pueden ser lugares donde se escucha la voz del Señor que nos dice también a nosotros: ‘Yo estoy por hacer algo nuevo: ya está germinando, ¿no se dan cuenta?’.Y de esa manera renovar y reforzar la fe”.
Cuando todo parece perdido, descubrir lo esencial
Son las palabras de la Primera Lectura, del Libro de Isaías, incluida en la liturgia de este quinto domingo del Tiempo de Cuaresma, que el Pontífice comenta en su homilía. Las que el Señor dirige al pueblo de Israel exiliado en Babilonia, por medio del profeta Isaías. “es un momento difícil, parece que todo se hubiera perdido”, subraya, Jerusalén ha sido conquistada y devastada por los soldados del rey Nabucodonosor. Y sin embargo, precisamente en este contexto, “el Señor invita a acoger algo nuevo que está naciendo”.
Lo que está naciendo es un nuevo pueblo. Un pueblo que, derribadas las falsas seguridades del pasado, ha descubierto lo que es esencial, permanecer unidos y caminar juntos a la luz del Señor.
La posibilidad de comenzar una nueva existencia
Así, explica el Papa Francisco, el pueblo de Israel aprende a encontrarse con el Señor de otra manera: “en la conversión del corazón, en la práctica del derecho y la justicia, en el cuidado del pobre y necesitado, en las obras de misericordia”.
El mismo mensaje se desprende del pasaje del Evangelio de Juan que describe el encuentro de Jesús con la adúltera, amenazada de lapidación. También ella ve su vida destruida: “no por un exilio geográfico, sino por una condena moral”. Tampoco para ella parece haber esperanza.
Pero Dios no la abandona. Al contrario, justo en el momento en que sus verdugos recogen las piedras, precisamente allí, Jesús entra en su vida, la defiende y la rescata de esa violencia, dándole la posibilidad de comenzar una existencia nueva.
En las pruebas más duras, el amor de Dios nos hace más fuertes
Son narraciones “dramáticas y conmovedoras”, reitera el Papa, con las que la liturgia nos invita hoy a renovar, en el camino cuaresmal, la confianza en Dios, que está siempre presente, cerca de nosotros, para salvarnos.
No hay exilio, ni violencia, ni pecado, ni alguna realidad de la vida que pueda impedirle estar ante nuestra puerta y llamar, dispuesto a entrar apenas se lo permitamos. Es más, especialmente cuando las pruebas se hacen más duras, su gracia y su amor nos abrazan con más fuerza para realzarnos.
En la prueba de la enfermedad Dios no nos deja solos
Y ciertamente, comenta Francisco, “ciertamente la enfermedad es una de las pruebas más difíciles y duras de la vida, en la que percibimos nuestra fragilidad. Esta puede llegar a hacernos sentir como el pueblo en el exilio, o como la mujer del Evangelio, privados de esperanza en el futuro. Pero no es así”.
Incluso en estos momentos, Dios no nos deja solos y, si nos abandonamos en Él, precisamente allí donde nuestras fuerzas decaen, podemos experimentar el consuelo de su presencia.
El lecho de un enfermo, lugar sagrado
El Señor mismo, hecho hombre, “quiso compartir en todo nuestra debilidad”, y por eso a Él “le podemos presentar y confiar nuestro dolor, seguros de encontrar compasión, cercanía y ternura”. Y además, subraya el Pontífice en su texto, “en su amor confiado, Él quiere comprometernos para que también nosotros podamos ser ‘ángeles’ los unos para los otros, mensajeros de su presencia”. De modo que, a menudo, “sea para quien sufre, sea para quien asiste, el lecho de un enfermo se puede transformar en un “lugar sagrado” de salvación y redención”.
Entibiar el corazón con la compasión
Dirigiéndose a médicos, enfermeros y miembros del personal sanitario, el Papa les recuerda, en palabras de la Bula de Indicción del Jubileo Spes non confundit, que mientras atienden a sus pacientes, especialmente a los más frágiles, el Señor les ofrece la oportunidad de renovar continuamente su vida, nutriéndola de gratitud, de misericordia y de esperanza.
Permitan que la presencia de los enfermos entre como un don en su existencia, para curar sus corazones, purificándolos de todo lo que no es caridad y calentándolos con el fuego ardiente y dulce de la compasión.
Sociedad que no acepta a los que sufren es inhumana
Al concluir el texto de su homilía, el Papa recordó que su predecesor Benedicto XVI, “ que nos dio un hermoso testimonio de serenidad en el tiempo de su enfermedad”, escribió en su encíclica Spe salvi que “la grandeza de la humanidad está determinada esencialmente por su relación con el sufrimiento” y que “una sociedad que no logra aceptar a los que sufren […] es una sociedad cruel e inhumana”. Porque “afrontar juntos el sufrimiento nos hace más humanos y compartir el dolor es una etapa importante de todo camino hacia la santidad”.
Queridos amigos, no releguemos al que es frágil, alejándolo de nuestra vida, como lamentablemente vemos que a veces suele hacer hoy un cierto tipo de mentalidad, no apartemos el dolor de nuestros ambientes. Hagamos más bien de ello una ocasión para crecer juntos, para cultivar la esperanza gracias al amor que Dios ha derramado, Él primero, en nuestros corazones y que, más allá de todo, es lo que permanece para siempre.