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miércoles, febrero 4, 2026
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Otro paso en la causa del Negrito Manuel, el ‘servidor de la Virgen de Luján’

El 21 de marzo, las cajas con el trasunto o copia auténtica de la documentación relacionada con la causa de canonización del siervo de Dios Manuel Costa de los Ríos, conocido como el Negrito Manuel, llegaron al Dicasterio para las Causas de los Santos. En ese acto, se dio inicio a la fase romana del proceso.

Durante la ceremonia, también se procedió a la apertura de los sobres que contenían las cartas del arzobispo de Mercedes-Luján, monseñor Jorge Eduardo Scheinig, y del Tribunal arquidiocesano. La ceremonia contó con la participación de Mons. Saldaña y Federico Favero, funcionarios del Dicasterio para las Causas de los Santos, así como la postuladora de la causa para la fase romana, Lic. Geraldine Mackintosh, y el vicepostulador de la fase romana, el presbítero Sebastián Terráneo.

El acto comenzó con una oración dirigida por el padre Terráneo, en la que se pidió la intercesión de la Virgen de Luján. A continuación, se procedió a la apertura y verificación de las cajas y sobres con las actas procesales. Finalmente, la postuladora y el vicepostulador fueron recibidos por el reverendo Ángelo Romano, relator general del Dicasterio, con quien conversaron sobre la vida del Negrito Manuel y la relevancia eclesial de su causa.

La etapa que comienza en Roma es crucial para el proceso de canonización del Negrito Manuel, ya que se llevará a cabo un estudio exhaustivo y una evaluación detallada de todas las pruebas, tanto documentales como testimoniales, que fueron reunidas y analizadas durante la etapa diocesana bajo el mandato de Mons. Scheinig. Estas pruebas servirán para determinar si el Negrito Manuel vivió la heroicidad de las virtudes.

Si se confirma esta heroicidad, el Papa Francisco podrá declararlo venerable. Posteriormente, se necesitará la aprobación de un milagro para su beatificación, y otro milagro adicional será necesario para su canonización como santo.

La arquidiócesis destacó que la figura del Negrito Manuel, fiel servidor de la Virgen de Luján, es profundamente apreciada por todo el pueblo argentino. Se le reconoce como un modelo de amor filial, humildad, servicio y disponibilidad hacia el prójimo, cualidades que hacen que fieles de todo el país busquen su intercesión de manera constante.

Fuente: AICA

Mons. García Cuerva: ‘Nuestro ancla se llama Jesús’

Ante más de 1000 alumnos de distintos colegios de la ciudad, acompañados por docentes, equipos directivos, consagradas, sacerdotes, y funcionarios del gobierno nacional y de la ciudad, el arzobispo de Buenos Aires, monseñor Jorge García Cuerva, presidió la misa de inicio del ciclo lectivo 2025 en la catedral de la Santísima Trinidad.

A partir del pasaje del Libro de los Reyes, que relata la historia de Elías, el arzobispo reflexionó: “Cuando uno ve huellas y pies, se da cuenta de que hay que caminar. En la vida, tenemos que ser peregrinos, siempre caminando. ¿Por qué? Porque en la vida hay que pelearla todos los días”.

Monseñor García Cuerva advirtió sobre el riesgo de rendirse ante las dificultades, como hizo Elías en su momento, cuando se sintió derrotado. “No nos podemos quedar encerrados en nuestros problemas”, dijo, y añadió: “Hay que caminar no solo con los pies, sino también con el corazón. Eso significa no bajar los brazos, no dejar que los problemas nos aplasten, no dejarnos vencer, no quedarnos tirados”.

Finalmente, animó a los presentes a enfrentar los desafíos con esperanza y valentía, sin permitir que las dificultades les impidieran avanzar.

El arzobispo, además, alentó a caminar juntos, especialmente en los momentos difíciles: “No caminamos solos en la vida. No te quedes solo. Pedí ayuda, anímate”, expresó. Reafirmó la importancia de la solidaridad, el compromiso y el respeto, destacando que, a pesar de nuestras diferencias, debemos caminar juntos. “Los ángeles son las personas que en la vida nos ayudan y nos sacan del pozo en los momentos más difíciles. La gente que no te deja tirado, esa gente te la manda Dios. Y por eso nosotros caminamos juntos en la esperanza”, dijo con convicción.

Para concluir su homilía, el arzobispo comparó las dificultades con los momentos en los que los barcos parecen hundirse. “Nosotros también, a veces, sentimos que nos tapa el agua, que estamos por hundirnos. Y en esos momentos, es vital tener un ancla”, indicó. “El ancla se llama Jesús. Nuestro ancla es Jesús, nuestro mejor amigo, quien no nos deja tirados, nos acompaña siempre y nos invita a caminar juntos, a seguir teniendo esperanza más allá de los problemas y las dificultades”.

Finalmente, invitó a todos a caminar con esperanza en este 2025: “Los invito a todos, entonces, a caminar juntos”, concluyó.

Fuente: AICA

Mons. Colombo: ‘El Dios de mi pueblo’

El arzobispo de Mendoza, monseñor Marcelo Colombo, presidió la Eucaristía dominical en la parroquia Cristo Rey de Guaymallén, donde reflexionó sobre la llamada de Moisés como signo de la identidad y misión del pueblo de Dios.

Recordó que Moisés, criado en la cultura egipcia, fue sorprendido por Dios a través de la zarza ardiente y llamado a reconocerse israelita, anunciando la liberación de su pueblo. “La historia de Moisés nos invita a reconocernos como parte de nuestro pueblo, superando la tentación del individualismo. La experiencia de Israel, transmitida a la Iglesia, nos recuerda que somos un pueblo de llamados, elegidos para una misión”, afirmó.

En este sentido, subrayó la importancia de la pertenencia a la Iglesia, lamentando que en ocasiones se pierda esta conciencia: “Llegamos a creer que el mundo empieza y termina en nosotros, cuando en realidad hemos sido llamados a la vida en comunidad, fruto del bautismo que nos une en la Fe”.

Monseñor Marcelo Colombo invitó a acercarse al misterio de Cristo con la misma reverencia con la que Moisés se descalzó ante la zarza ardiente. “Si Moisés pudo descalzarse ante el misterio de Dios para escucharlo, cuánto más nosotros, que hemos conocido el amor del Padre en Jesucristo, debemos acercarnos una y otra vez a su misterio, para reconocernos como sus hermanos y parte de su pueblo”, expresó.

Al reflexionar sobre la parábola de la higuera estéril, el arzobispo relacionó la historia con la misión de Jesús: “No podemos menos que pensar en Cristo y su ministerio de tres años entre nosotros. Suena como un reproche amargo, pues tras todo ese tiempo sigue sin ser reconocido por su pueblo, sin obtener los frutos esperados ante tanto rechazo”.

Sin embargo, subrayó que Jesús sigue apostando por la fecundidad de sus seguidores: “Él sigue siendo nuestra vida, Mediador ante el Padre, entregándose por nosotros para que demos frutos”.

Finalmente, concluyó con un llamado a la comunidad: “Queremos responder a la llamada de Dios a dar fruto, a no guardarnos los dones recibidos, a ser parte de un pueblo que encuentra en el Señor su fortaleza y su fecundidad”.

Fuente: AICA

Francisco recibió el alta y reapareció en público para saludar a los fieles

Tras casi 40 días de incertidumbre y recuperación, el Papa Francisco hizo su primera aparición pública este domingo al mediodía, conmoviendo a los fieles que se habían reunido a las puertas del hospital Gemelli de Roma para verlo. A sus 88 años, tras haber sido internado por una neumonía bilateral, el Pontífice se mostró visiblemente cansado, pero con su característica calidez.

Sentado en una silla de ruedas y con signos evidentes de fatiga, Francisco se asomó al balcón del quinto piso del hospital, donde una multitud esperaba ansiosa su salida. Con la ayuda de un colaborador, se acercó al micrófono y, para sorpresa de todos, dirigió una sonrisa a una mujer que sostenía un ramo de flores amarillas. “¡Esta señora con las flores amarillas, qué brava!”, exclamó, dejando ver su buen ánimo a pesar de las secuelas de la enfermedad.

Aunque no estaba previsto que hablara, sus palabras iluminaron a los presentes en medio de su proceso de recuperación. Los médicos informaron ayer que, aunque aún tiene dificultades para hablar, continúa realizando ejercicios de fisioterapia que lo están ayudando a recuperar gradualmente su capacidad de comunicarse con claridad.

A pesar del evidente cansancio, el Papa no dejó pasar la oportunidad de impartir su bendición apostólica a los miles de fieles congregados frente al hospital. Entre ellos se encontraba el alcalde de Roma, Roberto Gualtieri, quien quiso estar presente en este emotivo momento.

El Papa, que llevaba casi 40 días internado, dejó el hospital a bordo del Fiat 500 que suele utilizar para sus desplazamientos en Roma, sin necesidad de una ambulancia, lo que dio una clara señal de su mejoría. Sin embargo, aún deberá continuar su rehabilitación por un par de meses en su residencia de la Casa Santa Marta.

Durante su internación, los médicos informaron que su vida estuvo en peligro en un par de ocasiones. Sin embargo, gracias a una combinación de terapias farmacológicas, oxígeno de alto flujo y respiración mecánica no asistida, lograron estabilizarlo y superar los momentos más críticos.

A pesar de la enfermedad, el Papa Francisco sigue siendo un símbolo de resiliencia. Esta breve pero significativa aparición en el hospital refuerza su presencia espiritual y su cercanía con los fieles, más allá de las adversidades.

Fuente: AICA

La muerte del papa Francisco ocurrió el lunes 21 de abril de 2025, a las 07:35 horas 

Otro paso en la causa del Negrito Manuel, el ‘servidor de la Virgen de Luján’

El 21 de marzo, llegaron al Dicasterio para las Causas de los Santos las cajas que contenían el trasunto, es decir, la copia auténtica de la documentación relativa a la causa de canonización del siervo de Dios Manuel Costa de los Ríos, conocido como el Negrito Manuel. Con ello, se dio inicio a la fase romana del proceso.

Durante la ceremonia también se abrieron los sobres que contenían las cartas del arzobispo de Mercedes-Luján, monseñor Jorge Eduardo Scheinig, y del Tribunal arquidiocesano. En el acto participaron Mons. Saldaña y Federico Favero, funcionarios del Dicasterio; la postuladora de la causa para la fase romana, Lic. Geraldine Mackintosh; y el vicepostulador, el presbítero Sebastián Terráneo.

El encuentro se inició con una oración, conducida por el padre Terráneo, en la que se solicitó la intercesión de la Virgen de Luján. Posteriormente, se procedió a la apertura y verificación de las cajas y sobres que contenían las actas procesales. Al finalizar, la postuladora y el vicepostulador fueron recibidos por el reverendo Ángelo Romano, relator general del Dicasterio, con quien dialogaron sobre la vida del Negrito Manuel y la relevancia eclesial de su causa.

La etapa que comienza en Roma es de estudio y evaluación de todas las pruebas, tanto de las documentales (recogidas por la Comisión Histórica) como de las testimoniales (recogidas por el tribunal), las cuales fueron reunidas y analizadas en la etapa diocesana por mandato de Mons. Scheinig. 

De comprobarse que el Negrito Manuel vivió la heroicidad de las virtudes, el Papa Francisco podrá declararlo venerable. Luego se necesitará de un milagro para declararlo beato y finalmente por medio de otro milagro se lo podrá proclamar santo.

“La figura de nuestro querido Negrito Manuel, fiel servidor de la Virgen de Luján, es entrañable para todo el pueblo argentino. Modelo de amor filial, humildad, servicio y disponibilidad hacia el prójimo, los fieles de todas partes del país permanentemente acuden a él, buscando su intercesión”, destacó la arquidiócesis al difundir la noticia.

Fuente: AICA

Mons. García Cuerva: ‘No está permitido perder la esperanza’

Numerosos fieles participaron el 19 de marzo de las fiestas patronales en la basílica San José, del barrio porteño de Flores, donde el arzobispo de Buenos Aires, monseñor Jorge García Cuerva, presidió la misa central tras la procesión tradicional con la imagen del santo.

En la homilía, el arzobispo porteño animó a seguir adelante pese a haber perdido muchas cosas como pueblo y recordó que esta celebración es para “contarle a san José lo que hemos perdido y lo que necesitamos”.

“Queremos seguir buscando mejor calidad de vida para todos, queremos seguir buscando aquello que perdimos y por eso lo que no está permitido perder es la esperanza”, planteó. 

“Peregrinos de esperanza como María y José. Ya sabemos que perdimos mucho, pero no nos queremos quedar en el lamento, no nos queremos quedar en la queja, no nos queremos quedar en la tristeza de lo que nos falta, sino que le pedimos a san José que nos regale esa fuerza que tuvo para buscar a su hijo”, puntualizó.

Monseñor García Cuerva invitó a pedirle al santo que “nos regale esa capacidad que tuvo para no quedarse hundido en los problemas, de no quedarse de brazos caídos llorando porque lo perdió a Jesús; sino que sabemos que sacó fuerza de donde no tenía para buscarlo con angustia, con desesperación, con miedo a perderlo para siempre”.

“Esa misma fuerza le pedimos hoy a san José para no quedarnos quietos, hundidos en los problemas; sino seguir luchando, no bajar los brazos, seguir creyendo, seguir animándonos que podemos”, propuso.

“Hay una corazonada que tenemos que tener todos en lo profundo del corazón y es que Dios cumple sus promesas. Ahí radica la esperanza. La esperanza no radica en que soy optimista y todo va a salir bien. Nuestra esperanza se sostiene en Cristo y en las promesas de Dios”, profundizó.

El arzobispo porteño insistió en pedirle juntos a san José que “podamos recuperar las ganas de seguir buscando; que podamos recuperar las ganas de seguir caminando en la vida, si es que las perdiste y no das más”.

“Que no nos quedemos en la queja constante de lo que perdimos, sino que seamos capaces de seguir buscando con esperanza, porque Dios cumple sus promesas, porque Dios no nos deja tirados, porque Dios está al lado nuestro como estuvo al lado de José en los momentos difíciles”, concluyó.

Fuente: Agencia AICA

Obispos patagónicos reivindican la paz y amistad entre la Argentina y Chile

Al término de un encuentro en la diócesis de San Carlos de Ancud, los obispos de la Patagonia y sur de Chile difundieron una declaración en la que reivindican la paz y amistad entre ambos países y destacan los desafíos coincidentes que tienen en su trabajo pastoral en la región austral de uno y otro país.

En el texto, hacen un llamado a las comunidades de la Patagonia a “no claudicar ante las promesas de un mundo que al acentuar sus rasgos individualistas nos aleja de Dios y de su reino”. 

Asimismo, reiteran la convicción de que “la Patagonia es tierra de encuentro que nos ayuda a ser peregrinos de esperanza como nos invita el Papa Francisco en este Año Jubilar. Sabemos que el Señor de la vida nos sigue acompañando con su gracia para superar las adversidades, divisiones y confusiones que podamos advertir y experimentar”. 

“Nuestra fe en el Resucitado nos permite sobreponernos a cualquier desafío”, aseguran.

“Encomendamos a la Santísima Virgen María, Madre de Jesucristo y de todo el Pueblo de Dios, nuestro caminar de discípulos misioneros en estas tierras australes”, concluyen.

La Argentina estuvo representada por los obispos Esteban Laxague SDB (Viedma), Alejandro Benna (Alto Valle del Río Negro), José Slaby CSsR (Esquel), Roberto Álvarez (Rawson), Jorge Luis Wagner (Comodoro Rivadavia) y Juan Carlos Ares (San Carlos de Bariloche).

En tanto, Chile dijo presente con los obispos Francisco Javier Stegmeier (Villarrica), Santiago Silva Retamales (Valdivia), Fernando Ramos (Puerto Montt), Juan María Agurto (San Carlos de Ancud) y Luis Infanti (Aysén).

Texto de la declaración
1. Los Obispos de la Patagonia y sur de Chile nos hemos reunido en la ciudad de Castro (Chile) del 17 al 21 de marzo del año en curso. En estos días, hemos podido compartir la alegría de experimentar que tenemos en común muchos dones recibidos del Señor. Nos une, en primer lugar, la misma fe en Jesucristo resucitado, quien nos convoca a vivir en un pueblo unido, que ha sido capaz de expresar su admirable vida comunitaria de fe en templos patrimoniales universalmente valorados. También nos une habitar un vasto territorio al sur de nuestro continente, con paisajes hermosos, un clima muchas veces difícil y un pueblo lleno de entusiasmo por la vida, que sabe compartir lo que tiene para enfrentar juntos los desafíos de esta tierra.

2. Nos ha parecido importante reflexionar e intercambiar opiniones respecto al cambio climático que está experimentando el mundo y, en particular, nuestra región. Nos interpela el hecho de que la actividad humana pueda producir cambios irreparables al medio ambiente, de manera que nuestra propia existencia, al menos como la conocemos y abrazamos hasta ahora, se pueda ver amenazada en el futuro. Nos interpela también la solidaridad intergeneracional que el Papa Francisco nos invita a tener presente para que las generaciones del mañana no se encuentren con una tierra herida y dañada por nosotros (cf. Laudato si’, 159-162).

3. Este encuentro nos ha dado la ocasión para hacer memoria agradecida por el Tratado de Paz y Amistad, firmado por los gobiernos de Argentina y Chile, hace más de 40 años, gracias a la decidida intervención del Papa san Juan Pablo II y sus colaboradores. El tratado expresa la vocación de entendimiento y diálogo de ambas naciones y esperamos que en el futuro se siga transitando por el camino de la integración pacífica entre ambos pueblos. Somos conscientes que la firma del mencionado tratado se constituye en un faro que ilumina la resolución pacífica de controversias y conflictos entre naciones. En la actualidad, este faro continúa iluminando con claridad los innumerables conflictos armados que golpean a varios pueblos en el mundo entero.

4. Al concluir este encuentro, hacemos un llamado a nuestras comunidades de la Patagonia a no claudicar ante las promesas de un mundo que al acentuar sus rasgos individualistas nos aleja de Dios y de su reino. Reiteramos nuestra convicción de que la Patagonia es tierra de encuentro que nos ayuda a ser peregrinos de esperanza como nos invita el Papa Francisco en este Año Jubilar. Sabemos que el Señor de la vida nos sigue acompañando con su gracia para superar las adversidades, divisiones y confusiones que podamos advertir y experimentar. Nuestra fe en el Resucitado nos permite sobreponernos a cualquier desafío. Encomendamos a la Santísima Virgen María, Madre de Jesucristo y de todo el Pueblo de Dios, nuestro caminar de discípulos misioneros en estas tierras australes.

Fuente: Agencia AICA

Gustavo Carlos Mangisch: Un Testimonio de Fe, Pasión y Entrega

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Hablar de Gustavo Carlos Mangisch es adentrarse en la historia de un hombre que vivió con pasión su fe, su vocación educativa y su servicio a la Iglesia. Su legado permanece vivo en quienes tuvieron la bendición de compartir su camino, en los estudiantes que formó, en los jóvenes que inspiró y en la comunidad cristiana que tanto amó.

Nestor Ojeda

Desde su temprana juventud, Gustavo sintió el llamado a servir a la Iglesia, un llamado que abrazó con una convicción inquebrantable. Su paso por la Pastoral de la Juventud marcó una época de fervor, de búsqueda, de encuentro. Allí, en el seno de una Iglesia viva y en constante movimiento, forjó su espíritu evangelizador, comprendiendo que la labor del cristiano no es la mera contemplación, sino la acción concreta en favor del prójimo.

Junto a su esposa, compartió el compromiso de guiar y animar a cientos de jóvenes en su camino de fe, transmitiendo no solo conocimientos, sino una forma de vida cristiana basada en el servicio y la alegría del Evangelio. Su liderazgo en la Pastoral no solo se limitó al acompañamiento, sino que también se tradujo en una labor organizativa y formativa de gran impacto, consolidando grupos y comunidades que, hasta el día de hoy, recuerdan su impronta.

Uno de los momentos más trascendentales de su vida fue su participación en la histórica visita del Papa Juan Pablo II en 1987 a Argentina y su presencia en la primera Jornada Mundial de la Juventud en 1984. La imagen del Santo Padre abrazando a los jóvenes quedó grabada en su corazón y reafirmó su misión: hacer de la educación un puente sólido entre la fe y el mundo, un instrumento poderoso de transformación.

La vibrante energía de esos días, la alegría de una juventud que encontraba en Cristo su camino, moldearon su visión de futuro y su compromiso con las nuevas generaciones. Se dice que, en aquellos encuentros, Gustavo vivió momentos de profunda oración y discernimiento, consolidando su convicción de que la educación debía ser el espacio privilegiado para formar discípulos comprometidos con la sociedad.

No se puede hablar de Gustavo Mangisch sin mencionar su profunda relación con el cardenal Eduardo Pironio. De él aprendió que la fe no es estática, sino que debe ser vivida con una alegría esperanzadora. Gustavo y su esposa, en su rol de dirigentes juveniles, encontraron en Pironio a un padre espiritual, alguien que no solo los guiaba con palabras, sino con su testimonio de vida. Compartieron innumerables encuentros y diálogos en los que el cardenal les transmitía su visión de una Iglesia en salida, comprometida con los pobres y con los jóvenes. Aquellos años fueron de crecimiento y maduración, y la influencia de Pironio quedó grabada en su modo de pensar y de actuar, llevándolo a ser un referente del liderazgo cristiano en el ámbito educativo.

Su mayor legado lo dejó en su extensa labor como Director General del Grupo Educativo Marín, un puesto que ocupó entre 1988 y 2012. Durante esos años, su liderazgo se caracterizó por una búsqueda constante de la excelencia académica, pero sobre todo por su incansable trabajo en la formación humana y espiritual de cada alumno. No concebía la educación como un mero cúmulo de conocimientos, sino como una herramienta para forjar personas íntegras, comprometidas con la sociedad y con los valores cristianos.

Gustavo no solo dirigía con sabiduría, sino que vivía con intensidad cada momento. Su presencia era inconfundible: su voz firme, su mirada profunda y esa mezcla de seriedad y ternura que lo hacía cercano y entrañable. Exigente, sí, pero siempre justo, siempre humano. Su vida fue un testimonio palpable de lo que significa ser cristiano en el mundo de hoy, sin miedo, sin concesiones, con la plena confianza de que Dios camina con nosotros.

A lo largo de su trayectoria, dejó frases memorables que siguen resonando en quienes lo conocieron. Pero si hay una que encapsula su espíritu audaz y comprometido con la misión de la Iglesia, es sin duda aquella que solía repetir con una sonrisa cómplice:

En la Iglesia no se pide permiso, a lo sumo después… perdón.”

Esa era su forma de vivir: con valentía, con decisión, con la certeza de que la fe no es para ser guardada, sino para ser proclamada y puesta en acción. Gustavo Carlos Mangisch no solo dejó un legado; dejó un fuego encendido en el corazón de muchos, un fuego que sigue ardiendo con fuerza y que nos desafía a continuar su obra con el mismo amor y entrega con que él la llevó adelante.

Su trayectoria en el siguiente link:

https://aica.org/noticia-murio-gustavo-mangisch-educador-y-ex-dirigente-de-la-accion-catolica

Cuaresma 2025: El abajamiento de Dios y la esperanza de la humanidad

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La Cuaresma es el tiempo en que la Iglesia nos invita a volver la mirada a la cruz, al misterio del Dios que se abaja, que asume nuestra humanidad y se entrega por amor.

No es solo un período de penitencia y sacrificio, sino un itinerario de conversión en el que Dios mismo nos sale al encuentro, nos toma de la mano y nos conduce a la Pascua, la fiesta de la vida nueva.

Este año, en el contexto del Jubileo de la Esperanza, la Cuaresma cobra un sentido aún más profundo. En un mundo marcado por el sufrimiento, la violencia y la incertidumbre, el mensaje de la Cruz se alza como faro en medio de la tormenta: Dios no nos ha abandonado. Él ha descendido hasta lo más hondo de nuestra miseria para elevarnos con Él.

Néstor Ojeda

Dios que se abaja y se entrega por nosotros

Karl Rahner nos recuerda que el acontecimiento central del cristianismo es la autocomunicación de Dios en la historia.

No tenemos un Dios lejano, indiferente al sufrimiento humano, sino un Dios que en Jesucristo ha experimentado el dolor, la soledad y el abandono. El Misterio Pascual es la expresión máxima de este amor que no mide el costo. Como señala Hans Urs von Balthasar, la cruz es la “kenosis” total, el vaciamiento de Dios en favor del hombre. En la cruz, Cristo no solo padece físicamente, sino que asume el pecado, la culpa y la angustia de toda la humanidad.

Este abajamiento no es un simple gesto de solidaridad, sino la obra de redención: Dios no nos salva desde afuera, sino desde dentro, desde el corazón mismo de nuestro sufrimiento. Es un Dios que llora con nosotros, que muere con nosotros, para darnos la esperanza cierta de la resurrección.

El dolor y la esperanza de la Argentina y el mundoEn este 2025, la Cuaresma nos encuentra en un mundo convulsionado. Nuestra Argentina, herida por divisiones, crisis económicas y desaliento, necesita urgentemente el anuncio de la Pascua. Es fácil quedarse en la queja, en el diagnóstico pesimista de una sociedad en declive.

Pero la Cuaresma no es una invitación al lamento estéril, sino al compromiso esperanzado. Nos llama a creer que Dios sigue actuando en la historia y que su amor puede renovar todas las cosas.

Von Balthasar afirmaba que “la fe cristiana es esencialmente una espera en lo invisible”. En tiempos oscuros, esta espera se hace más difícil, pero también más necesaria. No esperamos un cambio meramente humano, sino la irrupción del Reino de Dios en la historia, la transformación real que solo puede venir de la gracia.

La Pascua no es solo un acontecimiento del pasado, sino una promesa para el presente y el futuro.

Un tiempo que tiene que ser distinto. . .

El Jubileo de la Esperanza nos llama a vivir esta Cuaresma con una intensidad especial. No podemos limitarnos a repetir ritos vacíos o a cumplir con costumbres tradicionales sin que transformen nuestra vida. La invitación es clara: convertirnos de verdad, volver a Dios con un corazón sincero, romper con aquello que nos aleja de su amor y dar pasos concretos en la caridad.

San Pablo nos dice: “Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con Él” (Rom 6,8). No se trata solo de sufrir con Él, sino de resucitar con Él. La Cuaresma nos prepara para la alegría de la Pascua, pero no de una Pascua cómoda y superficial, sino de la verdadera Pascua que transforma la existencia y nos lanza a ser testigos del Resucitado en el mundo.

Francisco: Doce años de un pontificado de esperanzaEste tiempo cuaresmal también nos encuentra con un Papa que ha marcado profundamente la historia reciente de la Iglesia. Francisco cumple doce años de pontificado, aquel Papa que al inicio de su ministerio dijo con valentía: “Quiero una Iglesia pobre y para los pobres”.

Hoy, él también va llevando su cruz, marcada por la enfermedad y el desgaste de su entrega incansable. Desde su lecho de enfermo, sigue alentando al Pueblo de Dios: “Sigan, no desesperen”, e insiste en la necesidad de una profunda conversión del corazón y en el llamado a caminar juntos, en clave sinodal. Su testimonio es un signo vivo de la esperanza que la Iglesia debe ofrecer al mundo, recordándonos que el amor y la misericordia de Dios no tienen límites.

Conclusión: Una Pascua nueva para un tiempo nuevo

Este año, más que nunca, la Cuaresma debe ser distinta. No una rutina, sino un renacer. No un tiempo de tristeza, sino de esperanza. Cristo nos invita a seguirle en su camino de abajamiento y entrega, pero también nos asegura que la última palabra no la tiene la cruz, sino la resurrección.

En Argentina y en el mundo, este es el mensaje que necesitamos: Dios no nos abandona. Dios sigue actuando. La luz de la Pascua brilla en la oscuridad, y la oscuridad no podrá vencerla.

El rol de los laicos en la Iglesia: una promesa postergada

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Desde el Concilio Vaticano II hasta el reciente documento final del Sínodo de la Sinodalidad de 2024, la Iglesia ha proclamado la centralidad de los laicos en la evangelización y en la vida parroquial.

Sin embargo, en la práctica, el modelo clericalista sigue imperando, relegando a los fieles laicos a un papel secundario. Esta tensión se refleja con claridad en el documento La conversión pastoral de la comunidad parroquial al servicio de la misión evangelizadora de la Iglesia (2020), que si bien propone una renovación en la dinámica parroquial, no ha logrado cambiar la realidad en muchas comunidades donde las decisiones siguen dependiendo exclusivamente del sacerdote.

Néstor Ojeda

Vaticano II: la promesa de una Iglesia del Pueblo de Dios

El Concilio Vaticano II (1962-1965) representó un punto de inflexión al proclamar una eclesiología de comunión. La Constitución Dogmática Lumen Gentium (1964) definió a la Iglesia como el “Pueblo de Dios” (LG 9), insistiendo en que todos los bautizados participan en la misión de Cristo.

De manera específica, Apostolicam Actuositatem (1965) exhortó a los laicos a asumir su papel evangelizador en el mundo y en las estructuras eclesiales. Sin embargo, desde entonces, la implementación de estos principios ha sido desigual y muchas veces obstaculizada por estructuras parroquiales que siguen centradas en la autoridad del clero.

La conversión pastoral: entre la teoría y la realidad

El documento La conversión pastoral de la comunidad parroquial al servicio de la misión evangelizadora de la Iglesia (2020) refuerza la idea de que la parroquia debe dejar de ser un simple centro administrativo y convertirse en una comunidad misionera. Señala la importancia de los laicos y de los Consejos Pastorales Parroquiales (CPP) en la toma de decisiones.

No obstante, en la práctica, muchos CPP siguen siendo consultivos y no vinculantes, lo que permite que los sacerdotes continúen ejerciendo un liderazgo unilateral, sin que la participación laical tenga un impacto real en las decisiones.

El Sínodo de la Sinodalidad: un diagnóstico claro, pero sin cambios profundos

El documento final del Sínodo de la Sinodalidad de 2024 reafirma la urgencia de una mayor participación de los laicos en la Iglesia. Destaca la necesidad de superar el clericalismo y de fortalecer estructuras de sinodalidad efectiva, donde el discernimiento y la toma de decisiones sean verdaderamente compartidos.

Sin embargo, el texto no propone mecanismos concretos para garantizar que esta participación sea vinculante, dejando abierta la posibilidad de que las estructuras clericales mantengan su dominio en la vida parroquial.

El clericalismo como obstáculo estructural

El Papa Francisco ha denunciado reiteradamente el clericalismo como uno de los mayores males dentro de la Iglesia. En Evangelii Gaudium (2013), advirtió que “el laico clericalizado es una consecuencia del clericalismo y esa es una deformación del cristianismo” (EG 102).

Sin embargo, pese a estas advertencias, en muchas parroquias el sacerdote sigue actuando como la única autoridad efectiva, sin compartir genuinamente el gobierno pastoral con los laicos.

En numerosos testimonios recogidos en el marco del Sínodo, los laicos expresaron frustración por la falta de espacios reales de decisión y por la resistencia de algunos sacerdotes a ceder responsabilidades. Aunque existen iniciativas exitosas, siguen siendo excepciones en un sistema que, en su mayoría, sigue aferrado a un modelo piramidal.

Propuestas para una participación efectiva de los laicos

Si la Iglesia realmente desea implementar la sinodalidad en la vida parroquial, es necesario pasar de los documentos a las acciones concretas. Algunas medidas urgentes podrían ser:

  1. Fortalecer los Consejos Pastorales Parroquiales: hacer que sus decisiones sean vinculantes y no meramente consultivas.
  2. Formación para la corresponsabilidad: tanto sacerdotes como laicos deben ser educados en una cultura de comunión y toma de decisiones compartida.
  3. Auditorías eclesiales: establecer mecanismos de evaluación periódica para garantizar que las parroquias sean verdaderamente sinodales.
  4. Mayor apertura a ministerios laicales: la promoción de ministerios laicales con verdadera autoridad pastoral dentro de la comunidad.

Conclusión: entre la esperanza y la urgencia

La Iglesia tiene en sus manos una gran oportunidad para pasar del discurso a la acción. La sinodalidad no puede quedarse en meros pronunciamientos, sino que debe reflejarse en estructuras concretas que permitan a los laicos asumir plenamente su vocación dentro de la Iglesia. Mientras los sacerdotes sigan decidiendo de manera discrecional y sin compartir verdaderamente la autoridad, la conversión pastoral será solo una ilusión y no una realidad.

El tiempo de los laicos no es un ideal del futuro; es una urgencia del presente. Si la Iglesia no avanza en esta dirección, corre el riesgo de perder la credibilidad de aquellos que, habiendo sido llamados a ser protagonistas, siguen siendo postergados en su propia casa.

©Catolic