Nota preliminar sobre el nombre
Antes de entrar en materia, una precisión necesaria porque el propio nombre del fenómeno genera confusión pública.
En Salta no existe una advocación tradicional llamada “Virgen del Valle” —esa es la devoción centenaria de Catamarca— ni el fenómeno que nos ocupa tiene relación alguna con ella.
La devoción mariana y cristológica histórica, centenaria y plenamente reconocida de la provincia de Salta es otra, muy distinta: el Señor y la Virgen del Milagro, cuyo origen se remonta al siglo XVII (el célebre “milagro” de 1692) y cuya procesión de septiembre convoca cada año a cientos de miles de fieles con el pleno respaldo de la arquidiócesis.
Lo que en el habla coloquial y en búsquedas de internet aparece mezclado bajo nombres como “Virgen del Valle” o “de los dos cerritos” es en realidad un fenómeno completamente distinto, mucho más reciente: la llamada Virgen del Cerro, cuyo nombre litúrgico propuesto es “Inmaculada Madre del Divino Corazón Eucarístico de Jesús”, radicada en el cerro que da nombre al barrio Tres Cerritos, en la ciudad de Salta capital.
Es a este caso —el que en efecto concentra devoción masiva, controversia eclesiástica y disputas económicas y judiciales— al que está dedicada esta investigación.
Se trata, en términos canónicos, de una presunta aparición privada y contemporánea, surgida recién en 1990, no de un culto histórico consolidado: la diferencia con el Señor y la Virgen del Milagro —aprobado, litúrgico, con tres siglos de continuidad ininterrumpida— no podría ser más marcada, y es precisamente esa distancia la que conviene tener presente a lo largo de todo el informe.
Origen y cronología del fenómeno
El fenómeno se origina en 1990, cuando María Livia Galliano de Obeid —ama de casa salteña, casada desde 1970, madre de tres hijos, sin protagonismo público previo— comienza a relatar experiencias místicas: una “voz interior” que se presenta como la “Madre de Dios” y que, según su testimonio, le habla con frecuencia. Durante los primeros años estos relatos permanecen en un círculo íntimo, familiar.
El punto de inflexión institucional llega en 1995, cuando —según el relato de la vidente— la Virgen le indica que transmita mensajes a las monjas carmelitas descalzas del Monasterio San Bernardo de Salta, pidiéndoles que se conviertan en “transmisoras” de esos mensajes.
A partir de ahí, la comunidad de clausura adopta espiritualmente a Galliano de Obeid, y esa relación —como se verá— será el epicentro de un conflicto eclesial que estalla casi tres décadas después.
En 1997 el entonces arzobispo de Salta, Moisés Julio Blanchoud, autoriza la publicación de un libro con los mensajes recibidos.
El 8 de diciembre de 2001 se entroniza en el cerro la imagen de la Virgen —una advocación nueva, sin antecedente iconográfico previo, esculpida según la descripción aportada por la propia vidente—, y desde entonces se instala la peregrinación semanal de los sábados, que llegó a convocar hasta 15.000 personas en las fechas de mayor concurrencia.
En 2023, por razones de salud, María Livia se retira de la vida pública. La organización de las peregrinaciones queda desde entonces en manos de la Fundación del Divino Corazón Eucarístico de Jesús, mientras la vidente permanece recluida.
La posición oficial de la Iglesia: nunca hubo reconocimiento
Este es el dato más importante y menos difundido entre los peregrinos: la Iglesia de Salta jamás reconoció la sobrenaturalidad del fenómeno, y en dos oportunidades formales —2003 y 2006— fijó una posición cautelosa y en varios puntos restrictiva.
El documento de 2003
El 5 de noviembre de 2002 el Consejo Presbiteral de la arquidiócesis trató formalmente “las supuestas revelaciones” y el movimiento espiritual generado en torno a la ermita.
El 7 de abril de 2003, el entonces arzobispo Mario Antonio Cargnello firmó un documento —”Cuestión Pastoral de la Ermita del Cerro“— dirigido a presbíteros, diáconos, religiosos, a la comunidad del Monasterio San Bernardo y a la propia Galliano de Obeid.
Las disposiciones centrales fueron:
- Se ordenó a Galliano de Obeid abstenerse de transmitir mensaje alguno de la Virgen, tanto en público como en privado, y no publicar ningún mensaje nuevo.
- Se le exigió someterse a la guía de un director espiritual designado por la autoridad eclesiástica.
- Se le solicitó realizar un examen psicodiagnóstico para evaluar el origen de sus relatos —un procedimiento estándar en estos procesos, pero que revela que la Iglesia no daba por sentada la naturaleza mística de la experiencia.
- Se constituyó una Comisión Arquidiocesana de investigación, a cuyas indicaciones debían someterse tanto la vidente como la comunidad de San Bernardo.
El documento de 2006 y la fórmula que sigue vigente
Hubo un segundo trabajo de la comisión en 2006.
La síntesis que la propia arquidiócesis mantuvo en comunicaciones posteriores (2016 y años siguientes) es elocuente: se permiten las peregrinaciones de manera pastoral, pero se aclara expresamente que “no se trata de un santuario oficial, ni de una aparición aprobada por la Iglesia”.
Es, en otras palabras, tolerancia pastoral sin aprobación doctrinal —una distinción que la mayoría de los peregrinos, alentados por la escenografía religiosa del lugar (misas, rosarios, imposición de manos, procesiones), probablemente no perciben con claridad.
La comisión arquidiocesana de análisis, según informó el propio arzobispado a la prensa en 2022, “ya no funciona”: es decir, el proceso de discernimiento quedó inconcluso y sin actualización formal durante casi veinte años, un patrón —la lentitud crónica de estos procesos— que fue precisamente uno de los motivos invocados por Roma para reformar las normas generales en 2024.
Las normas vaticanas de 2024 y cómo se aplicarían a este caso
El 17 de mayo de 2024 el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, con el cardenal Víctor Manuel Fernández al frente y aprobación de Francisco, promulgó nuevas Normas para proceder en el discernimiento de presuntos fenómenos sobrenaturales, que sustituyeron el marco de 1978.
El cambio es relevante para leer el caso salteño con rigor:
- Se abandona el esquema binario/ternario clásico (constat de supernaturalitate / non constat / constat de non supernaturalitate) y se establecen seis conclusiones posibles, entre ellas el nihil obstat —que no certifica sobrenaturalidad pero reconoce ausencia de problemas graves y autoriza el aprovechamiento pastoral del fenómeno— hasta el juicio negativo explícito.
- Se establece expresamente que, por regla general, ni el obispo diocesano ni el Dicasterio declararán jamás el origen sobrenatural de un fenómeno, ni siquiera al conceder un nihil obstat: la autoridad eclesial se reserva casi siempre en el terreno de la prudencia pastoral, no de la certificación positiva.
- Las nuevas normas listan explícitamente los criterios negativos que un obispo debe evaluar para desestimar o poner en guardia frente a un fenómeno: error manifiesto sobre los hechos, errores doctrinales, un “espíritu sectario” que genere división en el tejido eclesial, una evidente búsqueda de beneficio, poder, fama o interés personal ligado al hecho, actos gravemente inmorales, o alteraciones psíquicas o tendencias psicopáticas en el vidente.
Es imposible no notar que varios de estos criterios —división eclesial, intereses económicos ligados al fenómeno, examen psicológico solicitado desde el inicio— son precisamente los puntos sobre los que la propia arquidiócesis de Salta ya había puesto el foco veinte años antes, de manera casi anticipatoria respecto del marco normativo actual.
Bajo las normas vigentes hoy, el caso de la Virgen del Cerro reuniría, al menos en el plano de lo que ya es público, varios de los elementos que Roma identifica como señales de alerta para no avanzar hacia un nihil obstat, y ninguno de los indicadores que suelen acompañar un proceso hacia un reconocimiento favorable (no hay, por ejemplo, milagros médicamente documentados ni investigados formalmente, ni conversión doctrinal ordenada, ni ausencia de conflicto).
Esto no equivale a un “juicio negativo” formal —ese pronunciamiento no existe y el proceso de discernimiento parece congelado desde 2006—, pero sí permite calibrar con realismo el nivel de seriedad eclesial del fenómeno: es, institucionalmente, un caso abierto, no resuelto y no avalado, sostenido casi exclusivamente por la devoción popular y por el trabajo organizativo de una fundación privada.
La ruptura eclesial de 2022: monjas, arzobispo y denuncias cruzadas
El conflicto que durante dos décadas fue de bajo perfil (una comisión que “dejó de funcionar”, documentos que circulaban entre especialistas) estalló públicamente a partir de abril de 2022, cuando religiosas del Monasterio San Bernardo —la misma comunidad que desde 1995 “adoptó” espiritualmente a María Livia— denunciaron al entonces arzobispo Mario Cargnello y a otros tres religiosos por violencia de género y violencia económica.
La jueza de Violencia Familiar y de Género de Salta ordenó medidas de restricción contra los denunciados y los conminó a capacitación en género y tratamiento psicológico; la medida fue apelada.
En paralelo se abrieron o reactivaron cuatro procesos judiciales vinculados al caso:
*La denuncia por violencia de género y económica contra el arzobispo y otros religiosos.
*Una denuncia por presunta privación ilegítima de la libertad, amenazas y coacción, presentada por la hermana de una religiosa del monasterio.
*Una investigación sobre la economía del convento y su relación con la Fundación de la Virgen del Cerro, motivada en que los terrenos de la ermita figuran a nombre del Monasterio San Bernardo.
*Una causa por calumnias e injurias, iniciada por la priora y subpriora contra el abogado del arzobispado y contra el propio arzobispo.
En diciembre de 2022, la religiosa autora de una carta que hizo público buena parte del conflicto abandonó el convento.
La disputa —que no alcanza, según reportaron los medios locales, a la fe de los peregrinos comunes que siguen subiendo cada sábado— es en el fondo una pelea por el control institucional y patrimonial de un fenómeno que excedió ampliamente el marco en que había nacido.
La fractura dentro del propio clero: el caso de las entronizaciones fuera de Salta
Un capítulo poco conocido fuera de la provincia, pero muy revelador de la seriedad —o falta de ella— del proceso de discernimiento, es el de las entronizaciones de la imagen en templos de otras diócesis, que muestran que la división no es solo “Salta contra Roma”, sino clero salteño contra clero de otras jurisdicciones, con casos documentados de sacerdotes que promovieron activamente la devoción pese a las reservas explícitas del arzobispado de origen.
El episodio más visible ocurrió en marzo de 2019, cuando el sacerdote teatino Gabriel Baci, uno de los responsables de la Basílica San Ponciano de La Plata, solicitó entronizar una imagen de la Virgen del Cerro en el santuario archidiocesano “María y Todos los Santos”.
El entonces arzobispo de La Plata, monseñor Víctor Manuel Fernández —hoy cardenal y prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, el mismo organismo que firmaría las normas de 2024— autorizó la ceremonia, que se realizó el 25 de marzo de ese año ante una concurrencia que desbordó el templo.
La reacción desde Salta fue inmediata y de una dureza inusual entre pares eclesiásticos: el arzobispo Mario Cargnello, junto con unos 50 sacerdotes de la provincia, firmaron una carta dirigida a La Plata expresando su “asombro” y “perplejidad”, calificando el episodio de “escándalo” que “siembra división” en el pueblo de Dios, y recordando que se trataba de una advocación no aprobada por la Iglesia.
Fernández respondió sosteniendo una distinción que resulta, leída hoy, casi un anticipo doctrinal de lo que las normas de 2024 terminarían codificando: que conviene separar la imagen —que “despierta devoción” legítima en muchos fieles, sin implicar adhesión a “los grupos y supuestos fenómenos” que la rodean— de las apariciones, mensajes y demás manifestaciones atribuidas a la vidente, cuyo discernimiento “se hará en Salta”.
Citó como precedentes comparables los casos de la Rosa Mística y la Virgen de San Nicolás, ambos también carentes de aprobación formal pero con imágenes replicadas en múltiples templos del país.
El dato es doblemente significativo: por un lado confirma que la imagen de la Virgen del Cerro ya estaba, para 2019, instalada “hace años” en numerosas iglesias del país sin mayor conflicto —lo que indica una aceptación popular y hasta clerical más amplia y silenciosa de lo que el conflicto salteño hace suponer—; por otro, deja constancia escrita y pública de que el propio arzobispo de origen del fenómeno usó, cinco años antes de que existiera el marco normativo actual, el mismo lenguaje que hoy emplean las normas vaticanas (“división en el tejido eclesial”) para describir sus reparos.
Es, en ese sentido, uno de los testimonios más tempranos y explícitos de la autoridad eclesiástica competente sobre el carácter problemático del fenómeno.
En la procesión de diciembre de 2022, ya en pleno conflicto con las carmelitas, un acuerdo mediado por el propio Vaticano llevó al arzobispado de Salta a enviar a un párroco teatino de la zona y a otros veinte sacerdotes a celebrar la misa de la peregrinación —un gesto de acompañamiento pastoral mínimo que no equivale, sin embargo, a aprobación ni contradice la posición oficial sostenida desde 2003.
Los intereses económicos: tierras, fundaciones y turismo religioso
Este es, probablemente, el punto más delicado y menos abordado por la prensa devocional, y el que más se acerca a los criterios negativos que hoy contempla Roma.
La fundación. En mayo de 2006 se inscribió ante la AFIP la fundación vinculada al fenómeno (bajo denominaciones como “Yo soy la Inmaculada Madre del Divino Corazón Eucarístico de Jesús” y la obra “Yo soy el Sacratísimo Corazón Eucarístico de Jesús“), con actividad principal declarada como “servicio de asociaciones n.c.p.” (organizaciones de apoyo comunitario/educativo).
Su balance al 31 de diciembre de 2020 mostraba un patrimonio neto superior a los 83 millones de pesos, con resultado negativo ese año tras un resultado positivo de casi 4 millones en 2019; sus cuentas bancarias figuraban sin atrasos.
Es, hasta donde permite verificar el registro público, la última cifra de balance conocida y difundida: no se encontraron estados contables posteriores publicados, pese a que la investigación preliminar en la fiscalía de Delitos Económicos —abierta en 2022 sobre esta misma fundación y sobre la administración de bienes del convento de San Bernardo— seguía, según la última cobertura disponible, sin resolución pública conocida.
Sería un dato valioso para actualizar mediante consulta directa al organismo de fiscalización de personas jurídicas de Salta o a la propia fiscalía interviniente.
Las tierras. La donación inicial de terrenos —unas 32 hectáreas— provino de la familia Lacroze Garat, la misma que a través de la empresa “Peregrinaciones Salta” ofrece comercialmente tours organizados al santuario: es decir, la misma familia que cedió el terreno explota comercialmente el flujo turístico que ese terreno genera.
Años después, en 2006, se registró una nueva transferencia de dominio fiduciario a nombre de las fundaciones ligadas al fenómeno, y en 2013 esas mismas fundaciones adquirieron una fracción adicional de cerca de 70 hectáreas al este del santuario por 150.000 dólares.
Un dato que la prensa local subrayó por su carga simbólica: la escribana que intervino en una de esas operaciones fue Lía Mera Figueroa de Urtubey, madre del entonces gobernador de la provincia —un detalle que ilustra cuán entrelazado está el fenómeno con las redes de poder político y económico locales, más allá de cualquier juicio sobre su legalidad, que no está en discusión.
El negocio turístico. Diversas coberturas periodísticas y hasta la propia respuesta institucional describieron el fenómeno directamente como “turismo religioso”, señalando que la mayoría de los visitantes no son de Salta sino de otras provincias, que llegan en ómnibus especiales contratados.
Alrededor del cerro se desarrolló una economía de estacionamientos, puestos de venta de estampitas, imágenes y souvenirs —los vendedores locales admiten que las imágenes de la “Virgen del Cerro” son las más pedidas por los turistas, por encima incluso de otras devociones salteñas históricas como el Señor y la Virgen del Milagro—.
Vacío regulatorio y seguridad. Investigaciones periodísticas locales documentaron además un problema de fondo: el cerro carece de un marco claro de regulación estatal (se disputan competencias entre municipio y provincia), lo que ha derivado en reclamos sobre seguridad y control ambiental del predio, incluyendo el caso judicializado de la muerte de una peregrina, Gloria Graciela Armella, que motivó a familiares a buscar sin éxito una instancia estatal que asumiera responsabilidad sobre lo que ocurre en el cerro cada sábado.
En síntesis: alrededor de una experiencia mística no reconocida por la Iglesia se construyó, en poco más de veinte años, un entramado inmobiliario, fundacional y turístico de magnitud considerable, con vínculos documentados a familias con intereses comerciales directos en la actividad y a redes de poder político provincial.
La mirada académica: sociología y antropología de la religión
El fenómeno ha sido objeto de estudio serio por parte de investigadores del CONICET, en particular Aldo Rubén Ameigeiras y Ana Lourdes Suárez, y de trabajos posteriores como los de Telma Liliana Chaile, que lo ubican dentro de un capítulo más amplio sobre devociones marianas locales y globales en la Argentina.
La caracterización académica es reveladora: se describe a la Virgen del Cerro como “la devoción mariana argentina de amplia difusión más reciente”, originada en la periferia de un barrio de clase media alta de Salta con una vista panorámica atractiva —un detalle no menor para entender su despegue como polo de peregrinación masiva—.
Otros estudios sobre espacios religiosos y prácticas turísticas en “destinos marianos emergentes” de la Argentina señalan a la Virgen del Cerro como el caso “más firme y evidente” de mariofanía contemporánea que combina fenómeno religioso con gestión organizacional y control espacial del predio por parte de la fundación —una lectura sociológica que confirma, desde otro ángulo disciplinar, lo que ya aparecía en la crónica periodística y en la cautela eclesiástica: estamos ante un fenómeno híbrido, donde la experiencia devocional convive de forma estructural con una lógica de gestión, turismo y organización institucional propia, más parecida a la de un emprendimiento religioso-turístico que a la de un santuario tradicional surgido y sostenido espontáneamente por la piedad popular sin intermediación económica relevante.
Comparación con otros casos de discernimiento
Para calibrar la seriedad del caso conviene compararlo con otros procesos de discernimiento recientes que sí llegaron a una resolución formal bajo las nuevas normas de 2024.
El caso más citado internacionalmente es el de Trevignano Romano (Italia), donde el obispo de Civita Castellana emitió en marzo de 2024 un decreto de constat de non supernaturalitate (juicio de que no hay sobrenaturalidad) respecto de las presuntas apariciones a Gisella Cardia, decreto cuya validez jurídica confirmó luego el propio Dicasterio para la Doctrina de la Fe, prohibiendo expresamente celebraciones y peregrinaciones al lugar.
El contraste con Salta es instructivo: en Trevignano hubo un proceso de investigación que llegó a una conclusión formal y pública, con consecuencias prácticas claras (prohibición de peregrinaciones).
En Salta, en cambio, el proceso iniciado en 2002-2003 quedó inconcluso: no hay condena formal, pero tampoco aprobación; la comisión “dejó de funcionar” y las peregrinaciones —lejos de prohibirse— se consolidaron y crecieron exponencialmente durante más de veinte años bajo una tolerancia pastoral ambigua.
Este tipo de situación de “limbo institucional” es exactamente lo que las normas de 2024 buscan evitar en el futuro, exigiendo a los obispos diocesanos llevar los casos a una conclusión más ágil.
Puntos de tensión doctrinal y pastoral para un análisis católico riguroso
Desde una perspectiva de rigor doctrinal —la que corresponde a un medio como catolic.ar—, conviene señalar, sin prejuzgar sobre la interioridad espiritual de la vidente (algo que escapa a cualquier análisis periodístico serio), varios elementos objetivamente documentados que ameritan cautela editorial:
- Ausencia de aprobación eclesial explícita tras más de treinta años. No es un proceso reciente todavía en curso: lleva décadas sin resolución formal, lo cual en sí mismo es un dato relevante para el discernimiento del fiel.
- La propia autoridad eclesiástica solicitó explícitamente un examen psicodiagnóstico en la etapa inicial del proceso (2003), y ordenó a la vidente cesar la transmisión pública y privada de mensajes —una orden de silencio que, según el registro público disponible, no impidió la publicación de mensajes posteriores, lo que en su momento fue señalado como un punto de fricción por la propia comisión arquidiocesana.
- El entramado económico y patrimonial alrededor del fenómeno es de una escala que excede ampliamente la de la generalidad de los santuarios marianos surgidos de la piedad popular espontánea, y está entrelazado con intereses comerciales (turismo, inmobiliaria) y políticos (vínculos notariales con la familia del entonces gobernador) que son, según las propias normas vaticanas de 2024, uno de los indicadores explícitos a evaluar negativamente.
- La ruptura eclesial de 2022-2023, con denuncias judiciales cruzadas de gravedad entre el arzobispo y la comunidad religiosa que sostuvo espiritualmente a la vidente durante casi treinta años, constituye por definición un elemento de “división en el tejido eclesial”, que es otro de los criterios negativos explícitos del nuevo marco normativo.
- La fórmula oficial vigente —”no se trata de un santuario oficial, ni de una aparición aprobada por la Iglesia”— debería ser, desde un criterio pastoral serio, mucho más visible y explícita en la comunicación pública del fenómeno de lo que efectivamente lo es en la mayoría de los sitios devocionales, turísticos y de peregrinación que promocionan el lugar sin mencionar jamás esta salvedad.
Ninguno de estos elementos permite, por supuesto, afirmar mala fe por parte de la vidente ni descalificar la experiencia espiritual subjetiva de los miles de peregrinos que encuentran allí consuelo religioso genuino —algo que ni el periodismo ni la teología pueden juzgar desde afuera—.
Pero sí permiten sostener, con la evidencia documental disponible, que se trata de un caso que no reúne, hasta la fecha, ninguno de los elementos que la Iglesia exige para una eventual aprobación, y que acumula en cambio varios de los que las normas vigentes identifican como motivo de cautela reforzada.
Estado actual (2026)
- María Livia Galliano de Obeid permanece retirada de la vida pública desde 2023 por motivos de salud.
- La organización de las peregrinaciones quedó en manos de la Fundación del Divino Corazón Eucarístico de Jesús.
- Las peregrinaciones de los sábados continúan con normalidad y siguen convocando a miles de fieles, en su mayoría provenientes de otras provincias.
- El proceso formal de discernimiento eclesiástico permanece, hasta donde consta públicamente, sin resolución desde 2006, sin que se haya reactivado bajo el nuevo marco normativo vaticano de 2024.
- El conflicto judicial entre el arzobispado y la comunidad del Monasterio San Bernardo, iniciado en 2022, no tiene resolución pública conocida y forma parte de una causa más amplia todavía en trámite.
Preguntas abiertas, para que el lector saque sus propias conclusiones
Este informe no pretende —ni le corresponde a un medio periodístico— sustituir el discernimiento que compete al obispo diocesano de Salta. Pero la evidencia reunida a lo largo de estas páginas deja planteadas algunas preguntas que cualquier lector católico formado puede hacerse por sí mismo:
- ¿Cuánto tiempo es razonable esperar? Treinta y cinco años sin que el proceso de discernimiento llegue a una conclusión formal —con una comisión que, según la propia arquidiócesis, “ya no funciona”— ¿es prudencia pastoral o es, lisa y llanamente, un caso que quedó sin resolver? ¿Cuántos de los grandes santuarios marianos reconocidos por la Iglesia tardaron tanto en obtener siquiera una primera palabra oficial clara?
- ¿Cuánto pesa el entramado económico? Una fundación con un patrimonio de decenas de millones de pesos, terrenos donados por una familia que después explota comercialmente el turismo que esa misma donación genera, una escribana vinculada a la familia del entonces gobernador interviniendo en las transferencias de dominio: ¿cuántos de estos elementos, tomados por separado, se tolerarían sin generar alarma en cualquier otro contexto de discernimiento espiritual?
- ¿Qué significa que la propia comunidad que la sostuvo espiritualmente termine denunciándola? Que las carmelitas de San Bernardo —quienes según el propio relato del fenómeno fueron elegidas para “transmitir” los mensajes— terminen en 2022 enfrentadas judicialmente con el arzobispado, ¿es un conflicto humano ajeno al fenómeno, o dice algo sobre el fenómeno mismo?
- ¿Qué significa que el propio arzobispo de origen hable de “escándalo” y “división”? Cuando en 2019 Mario Cargnello y unos 50 sacerdotes salteños calificaron la entronización en La Plata en esos términos, ¿no estaban usando, cinco años antes de que existiera el marco normativo actual, exactamente el lenguaje que las normas vaticanas de 2024 codificarían como criterio de alerta?
- ¿Cuánto de la devoción masiva depende de que estas preguntas casi nunca se formulen en voz alta? La fórmula oficial de la arquidiócesis —”no se trata de un santuario oficial, ni de una aparición aprobada por la Iglesia”— rara vez aparece en la difusión turística y devocional del lugar. ¿Cuántos de los miles de peregrinos que suben cada sábado saben que ese es, hasta hoy, el único pronunciamiento formal de la Iglesia sobre lo que están visitando?
Ninguna de estas preguntas prejuzga la sinceridad ni la vida de fe de quienes encuentran allí un lugar genuino de encuentro con Dios. Pero un catolicismo adulto —el que este medio pretende servir— no debería tener miedo de hacérselas, ni sustituirlas por el entusiasmo devocional que suele acompañar, sin más, la crónica de estos fenómenos.
Fuentes consultadas
- Arquidiócesis de Salta, Cuestión Pastoral de la Ermita del Cerro (documento firmado por Mons. Mario A. Cargnello, 7 de abril de 2003), reproducido en Catholic.net.
- La Nación, “Salta. Quién es la mujer que ‘ve y escucha’ a la Virgen del Cerro y levantó la ermita” (23/04/2022).
- La Nación, “La Virgen del Cerro. La inesperada grieta religiosa entre el arzobispado de Salta y las monjas de clausura” (24/04/2022).
- La Nación, “Grieta religiosa. En Salta se abrió una investigación sobre la fundación de la Virgen del Cerro” (28/05/2022).
- Cuarto Poder (Salta), “La carta de una monja pone en jaque a María Livia y la Virgen del Cerro”; “Los motivos de la Iglesia para no aceptar las apariciones de la Virgen del Cerro”; “Virgen del Cerro – Salta | La muerte de Gloria Graciela Armella y los pecados de María Livia”.
- Repositorio Institucional CONICET Digital: Ameigeiras, A. R. y Suárez, A. L., La Virgen del Cerro en Salta: continuidades y singularidades respecto a las principales apariciones modernas y contemporáneas; Chaile, T. L., capítulo en Devociones marianas: Catolicismos locales y globales en la Argentina.
- F. C. Flore, “Espacios religiosos y prácticas turísticas en dos destinos marianos emergentes de la Argentina”, Revista ARA (UB), Vol. 11, Nº1, 2021.
- Dicasterio para la Doctrina de la Fe, Normas para proceder en el discernimiento de presuntos fenómenos sobrenaturales (17 de mayo de 2024), texto completo vía Rome Reports.
- ACI Prensa, “Vaticano publica nuevas normas para el estudio de apariciones” (17/05/2024).
- Vatican News, “‘No hay sobrenaturalidad’, Doctrina de la Fe confirma decreto sobre Trevignano” (27/06/2024).
- Revista Replicante y Revista Meer: crónicas testimoniales sobre la peregrinación al Cerro de las Apariciones.
- Sitios devocionales: saltargentina.com.ar, todowebsalta.com.ar (para reconstrucción del relato oficial de la vidente y datos logísticos del santuario).
- El Día (La Plata), “Fuerte polémica y expectativa genera la entronización de una Virgen en La Plata” (14/03/2019).
- La Nación, “El arzobispo de La Plata explica por qué va a entronizar una imagen de la Virgen en un lugar de supuestas apariciones” / InfoCatólica (12/03/2019).
- El Tribuno (Salta), “Histórica y emotiva entronización de la Virgen del Cerro en La Plata” (26/03/2019).
- La Gaceta Salta, “Por la polémica de la Virgen del Cerro, la iglesia de La Plata le respondió a los curas de Salta” (14/03/2019).
- La Nación, “Tras el fuerte conflicto con la Iglesia, en Salta reapareció la ‘vidente’ de la Virgen del Cerro” (10/12/2022).
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