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Monseñor Jorge Gottau: el pastor que sembró dignidad en el desierto

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Su causa de beatificación avanza. Pero su vida ya es un grito de Evangelio encarnado en los pobres.


El pastor de los últimos

Monseñor Jorge María Gottau, redentorista, primer obispo de Añatuya, no fue simplemente un prelado designado. Fue un profeta enviado. En 1961, el papa Juan XXIII lo nombró para pastorear una de las regiones más olvidadas de la Argentina. Y él respondió como solo responden los santos: haciendo de la pobreza una cátedra y de la dignidad un mandato evangélico.

Por Néstor Ojeda

“Evangelizar es también construir cisternas, escuelas y viviendas”, decía.
En el árido Chaco santiagueño, su fe tomó forma concreta: 15 parroquias, 200 capillas, 26 escuelas, 7 hogares, cooperativas, aljibes, radios, centros deportivos.


Una Iglesia con rostro de pueblo

Su lema episcopal —Ad Jesum per Mariam— se volvió carne en una diócesis que aún hoy respira su espíritu. No predicó una fe desencarnada, sino una esperanza activa. Luchó contra la vivienda rancho, promovió la organización comunitaria, impulsó la formación de líderes y visibilizó lo invisible.

💬 “La fe sin promoción humana es ideología espiritual”, afirmaba con firmeza.


Una colecta que hizo historia

En 1970 creó la Colecta Nacional “Más por Menos”, emblema de solidaridad de la Iglesia en Argentina. Quiso que los que tienen más ayuden a los que tienen menos, sin asistencialismo, con fraternidad evangélica.


Clausura de la etapa arquidiocesana

Este lunes 19 de mayo de 2025, a las 9:30 hs en la Catedral Metropolitana de Buenos Aires, se celebrará el acto de clausura de la etapa arquidiocesana de su causa de beatificación y canonización. El arzobispo mons. Jorge García Cuerva presidirá la sesión, que marcará el final de una etapa iniciada en 2010 por el entonces arzobispo Jorge Mario Bergoglio, hoy Papa Francisco.

Allí se sellarán y lacrarán las cajas con la documentación, testimonios y análisis, que serán enviadas al Vaticano para su evaluación por el Dicasterio para las Causas de los Santos.

📜 La etapa romana está por comenzar. Pero para muchos, su santidad ya está viva en el pueblo.


Un legado que no se detiene

La Fundación Monseñor Jorge Gottau, creada en 1996, continúa su obra con la misma fuerza: promover la dignidad, la educación, la caridad y la opción por los pobres. El prof. Jorge Almirón, su director, junto a la diócesis de Añatuya y decenas de colaboradores, mantienen viva su luz.


El profeta de la esperanza

En tiempos donde la indiferencia se disfraza de prudencia, Gottau incomoda. Su causa no es una coronación, es un llamado. Nos exige volver al Evangelio con los pies en el barro, con el corazón en la Palabra y con las manos en la construcción de una sociedad más justa.

💬 “Dios ama al que da con alegría” (2 Cor 9,7). Y Gottau lo dio todo. Con alegría.


📣 Un mensaje urgente

¿Queremos santos de verdad o de vitrina? ¿Pastores de escritorio o con olor a oveja? La vida de Gottau no es solo memoria: es espejo. Y nos pregunta, hoy, a todos:
¿Dónde está tu hermano?


🔗 Más información

📍 Fundación Monseñor Gottau
📧 obituya@gmail.com — ☎️ +54 3844 585703

©Catolic.ar

Salvo D’Acquisto, ejemplo de amor a la familia

Salvo D’Acquisto,

El 22 de marzo de 2025,en la misa posterior a la publicación del decreto que proclama Venerable al Siervo de Dios,  Salvo D’Acquisto en la basílica de Santa Clara de Nápoles, el prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos destacó las tres “juventudes” del vicebrigadier, que dio su vida para salvar la de 22 personas capturadas por los nazis. La muerte no fue para él el “final”, sino la “primavera” de su vida.

Edoardo Giribaldi – Ciudad del Vaticano – Vatican News

Las tres “juventudes” de Salvo D’Acquisto fueron el centro de la misa celebrada el sábado 22 de marzo en Nápoles, tras la promulgación del decreto del Dicasterio para las Causas de los Santos que declara venerable al Siervo de Dios. En la basílica de Santa Clara, donde está enterrado el heroico Carabinero, el cardenal prefecto Marcello Semeraro, presidió el rito, concelebrando con el arzobispo Santo Marcianò, ordinario militar para Italia. En las primeras etapas de la vida se desarrolla y se aprende a amar el “valor de la familia”. Y es en esta perspectiva que la historia humana y cristiana del vicebrigadier se propone como estímulo y aliento para una renovada reflexión sobre la importancia de los vínculos familiares.

Honestidad, amor y confianza a la sombra de la familia

El cardenal introdujo su homilía en la línea del pasaje evangélico leído para la ocasión, el del hijo pródigo, vinculándolo con el tiempo de Cuaresma.

“Es el tiempo en el que debemos alegrar el corazón del Padre, el corazón de Dios, volviendo siempre a él”.

El cardenal invitó también a rezar con las palabras del concelebrante, monseñor Santo Marcianò, militar ordinario para Italia, “para obtener del Señor la gracia del milagro -el Papa llama al milagro “el sello de Dios sobre nuestros deseos”- por el que la Iglesia se sentirá autorizada a proceder a su beatificación”.

A continuación, Semeraro recorrió las etapas de la vida del vicebrigadier: su primera juventud, vivida aprendiendo “honradez y dedicación al trabajo” de su padre, y el “amor al prójimo” de su madre, así como una profunda “confianza en la Providencia”. El núcleo afectivo de D’Acquisto se extendía también a su abuela materna, con la que participaba en las celebraciones litúrgicas y en el rezo diario del Rosario.

Rezar, pero también hacer buenas obras

“No basta con rezar, sino que también hay que hacer buenas obras”.

Así advertía el vicebrigadier a la familia. “No era un fanático, era un creyente”, precisó Semeraro. Un principio que puso en práctica desde muy joven, como demuestra un episodio significativo: movido a compasión por un niño “descalzo y con frío” que pedía limosna, se quitó los zapatos y se los dio.

“En estos primeros dones maduró su mayor don, el don de su propia vida”.

Ejemplo para los compañeros

La segunda juventud, la segunda familia, fue para el Siervo de Dios la de los Carabineros. Un contexto en el que, como recordaba Semeraro, D’Acquisto “maduró en seriedad y dignidad”. Sus compañeros de armas daban testimonio de su vocación de servicio.

“Demostró que era mayor de lo que realmente era”.

Un compañero de armas lo describió como un hombre que “más que con palabras, era un ejemplo para nosotros, incluso con su vida de fe”. Aunque profundamente dedicado al deber, no dejaba de disfrutar de momentos de ocio, como paseos por Vomero, viajes a Bagnoli y visitas culturales a Roma. Pero su tiempo libre también incluía obras de caridad, como los domingos que pasaba en los hospitales napolitanos consolando a los enfermos.

Las familias de D’Acquisto

“Amaba a su familia, la familia en la que nació, amaba a la familia de sus amistades de juventud, amaba a la familia de la Armada. Amó y sirvió a la familia que le fue dada en Torrimpietra”.

Así se expresó Semeraro, citando las Actas para el proceso en la causa de beatificación y canonización de D’Acquisto. En Torrimpietra tenía su sede el puesto de los Carabineros que él había comandado. Su amor paterno y materno se enriqueció con la contribución de otros “organismos educativos”, como el ambiente eclesiástico, la escuela y el deporte. Así como la propia Armada de los Carabineros, ya elogiada por Juan Pablo II como “realidad educativa”, citando el “comportamiento heroico” de D’Acquisto. Sin embargo, según el cardenal, la primera y más significativa escuela de vida sigue siendo la familia, cada una con su peculiar “fisonomía”, como la de los núcleos del sur de Italia.

La “primavera” de su vida

La tercera juventud vivida por D’Acquisto es la, sólo aparentemente, más trágica: su muerte. El 23 de septiembre de 1943, en la Torre del Palidoro, en la costa al norte de Roma, una unidad nazi detuvo a D’Acquisto tras un presunto intento de asesinato. En represalia, veintidós civiles fueron capturados y obligados a cavar sus propias tumbas, con vistas a una ejecución inminente. Para salvar a los rehenes, D’Acquisto se autoinculpó como único responsable, ofreciendo su propia vida a cambio de la de ellos. Fue fusilado al instante. Su muerte, sin embargo, no representó un final, sino una “primavera”. Y en este sentido, Semeraro concluyó su homilía con una poderosa referencia a las palabras de Jesús en la cruz: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”.

Estoy convencido de que, en su corazón, esta palabra de Jesús fue más fuerte que las ráfagas de vida que le condenaron a muerte. Estas palabras, Salvo D’Acquisto también las sintió en su corazón al morir. Dio su vida y por eso está en el Paraíso.

El ángel de la bicicleta: ¿santidad popular y causa en suspenso?

Subite a mi bicicleta”, cantó León Gieco. Pero el nombre que inspiró ese verso murió de rodillas, rogando que no dispararan. Claudio “Pocho” Lepratti tenía 35 años y trabajaba como auxiliar en un comedor escolar. Lo mataron durante la represión policial de diciembre de 2001, mientras gritaba desde el techo de una escuela: “¡Dejen de tirar que hay chicos comiendo!”.

Por Néstor Ojeda

Desde aquel día, la figura de Lepratti, el Angel de la Bicicleta, comenzó a trascender los límites de la militancia social para transformarse, para muchos, en una referencia moral y espiritual. Su nombre se convirtió en calle, en mural, en canción. Pero también comenzó a circular, con fuerza creciente, una percepción más profunda: la de que su vida podría tener rasgos de santidad. ¿Una santidad popular que incomoda? ¿Una causa que nunca llegará a iniciarse?


Una vida entregada, desde abajo

Nacido en Concepción del Uruguay, Entre Ríos, Claudio Lepratti fue marcado desde joven por la espiritualidad salesiana. Su paso por un colegio de Don Bosco dejó huella: no solo por su formación religiosa, sino por el compromiso concreto que asumió con los más vulnerables. Optó por una vida sencilla, cercana a los barrios populares, trabajando como educador, referente social y militante cristiano.

Trasladado a Rosario, se integró en comunidades de base y experiencias de inserción social. Comedores, grupos juveniles, espacios de contención y formación popular fueron el escenario cotidiano de su vida. Quienes lo conocieron coinciden en que no era carismático en el sentido clásico, pero sí hondamente coherente. Su opción por los pobres no era retórica: la vivía con una intensidad mística y callada.

Era un hombre laico, célibe por decisión personal, profundamente evangélico. Prefería escuchar antes que hablar, acompañar antes que dirigir, compartir antes que imponer. Vivía en comunidad, se ganaba la vida como auxiliar escolar, y su fe se expresaba en el servicio cotidiano. “Claudio vivía como vivió Jesús”, diría años después uno de sus compañeros.

El día que se convirtió en símbolo

El 19 de diciembre de 2001, Rosario ardía. La represión de las fuerzas de seguridad se volvía cada vez más violenta. Pocho subió al techo de la escuela donde trabajaba, tratando de proteger a los chicos que estaban comiendo. Alcanzó a gritar una vez más: “¡No disparen, acá hay chicos!”. Una bala policial le atravesó la garganta.

Su muerte fue tan absurda como brutal. Y, precisamente por eso, tan significativa. Porque su último gesto no fue de huida ni de denuncia: fue de protección. Murió como vivió: cuidando a los demás. Desde entonces, su figura se expandió como símbolo, no sólo de resistencia, sino de ternura evangélica.

Fama de santidad… ¿y freno eclesial?

León Gieco le dedicó la canción “El ángel de la bicicleta”, que lo convirtió en parte de la memoria colectiva. También comenzaron a surgir expresiones de veneración popular. Algunos sacerdotes jóvenes, especialmente del ámbito salesiano, vieron en él una figura martirial: no en el sentido clásico de persecución religiosa, sino como testigo del Evangelio hasta las últimas consecuencias.

Incluso se habló de una posible causa de canonización. Un grupo de sacerdotes salesianos, conmovidos por su figura, habría impulsado informalmente una primera recolección de testimonios. Sin embargo, según versiones no confirmadas oficialmente, el impulso fue desalentado por el entonces arzobispo de Rosario. ¿Motivos? Algunos sugieren prudencia pastoral; otros, diferencias ideológicas. Lo cierto es que, hasta hoy, la causa no ha sido abierta.

¿Qué pesa más: el testimonio o la política?

¿Hay temor a que su historia resulte incómoda? ¿Pesa más su dimensión cristiana o su compromiso militante? ¿Se trata de una figura que interpela demasiado a una Iglesia que, por momentos, parece más dispuesta a canonizar santidades dulces que vidas radicales?

Una realidad que no puede soslayarse es que muchas causas de canonización —incluso algunas que avanzan velozmente— cuentan con fondos, estructura, apoyo episcopal y un postulador que impulse los trámites en Roma. Pero cuando una vida santa brota en los márgenes, sin organización, sin recursos y sin poder, el camino se vuelve mucho más lento o directamente se frena.

Santidades expréss… y otras en pausa

En los últimos años, la Iglesia ha canonizado en tiempo récord a figuras como Carlo Acutis o Juan Pablo II. Con procesos veloces, gran cobertura y decisión institucional.

En contraste, otros testigos del Evangelio quedan detenidos en la puerta. Pocho Lepratti, como muchos laicos comprometidos, mártires sociales y cristianos del margen, no entra en el canon oficial.

La tensión entre santidad popular y santidad oficial

En el imaginario colectivo, Pocho ya es santo. Cada aniversario de su muerte lo confirma. Cada joven que lleva su nombre. Cada docente que enseña su historia. Cada vez que se escucha la canción de Gieco. En los barrios, lo llaman “ángel” sin ironía. Es una santidad que no nace del púlpito, sino del testimonio. Que no requiere vitrinas ni estampitas: basta con recordar su gesto último, su grito protector.

Y sin embargo, la Iglesia aún guarda silencio. Tal vez sea hora de preguntarse si no estamos ante uno de esos casos donde la santidad brota de abajo, del dolor, de la sangre inocente. Y si no le toca a esta generación hacer lo que otras demoraron: reconocer lo que el pueblo ya intuye.


En búsqueda de testimonios

Este medio continúa recopilando testimonios de quienes conocieron a Pocho. Especialmente en su Entre Ríos natal, donde vivió su infancia y adolescencia, y donde aún se lo recuerda con afecto, respeto y una cierta nostalgia que roza lo sagrado.

Quienes quieran aportar experiencias, recuerdos o información, pueden escribir a: aldeaglobal.news@gmail.com


Epílogo abierto

“¿Y si la santidad también tuviera forma de bicicleta y grito valiente en un techo de escuela?”

No hay respuesta definitiva. Pero hay vidas que, sin pedir permiso, se meten en nuestra conciencia y nos exigen otra mirada. Claudio Lepratti parece ser una de ellas.

Una vida sin templo, sin hábitos ni púlpito. Pero con Evangelio en la piel, con pan compartido en cada merienda, con palabra justa en cada esquina. Tal vez haya que mirar ahí, donde el Reino suele esconderse, para encontrar a los santos que faltan.

Serie “Santos en pausa” — Nota 2

👉 Ver nota anterior: Introducción a las santidades detenidas
📌 Próxima entrega: Jordán Bruno Genta y Carlos Alberto Sacheri

©Catolic

Mons. Fernando Chomali: «Fe que transforma vidas»

En medio de las dificultades de la vida Mons. Fernando Chomali ha encontrado en Jesús su fortaleza y guía. Su testimonio de fe lo ha llevado a iluminar la discusión pública con claridad y valentía, dando testimonio de la verdad y promoviendo la justicia social desde una perspectiva cristiana.

Monseñor Fernando Chomali G, arzobispo de Santiago de Chile.

Testimonio ofrecido por Razón en Cristo

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León XIV a los jóvenes: ¡No tengáis miedo, aceptad la invitación de Cristo Señor!

En el IV Domingo de Pascua y también Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, el Papa León XIV recuerda la importancia de que los jóvenes puedan contar con modelos creíbles de entrega y comunidades que los acojan y acompañen en su camino vocacional.

Mireia Bonilla – Ciudad del Vaticano – Vatican News

El Papa León XIV dirige su primer Regina Caeli desde el balcón central de la Basílica de San Pedro, desde donde se asomó el pasado jueves 8 de mayo tras ser elegido como el 267° sucesor de Pedro. “Considero un don de Dios el hecho de que el primer domingo de mi servicio como Obispo de Roma sea el del Buen Pastor, el cuarto del tiempo de Pascua” han sido sus primeras palabras antes de rezar a la Madre del cielo ante la multitud que lo escuchaba en la Plaza de San Pedro.

“A los jóvenes les digo: no tengáis miedo, aceptad la invitación de la Iglesia y de Cristo Señor”

Hoy, también Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, el Papa expresa su alegría por tener la oportunidad de rezar con todo el Pueblo de Dios por las vocaciones “especialmente al sacerdocio y a la vida religiosa. ¡La Iglesia los necesita!” ha exclamado.

Además, ha recordado dos cosas que considera importantes; por un lado “que los jóvenes encuentren en nuestras comunidades: acogidaescuchaestímulo en su camino vocacional” y por otro “que puedan contar con modelos creíbles de entrega generosa a Dios y a sus hermanos”. De hecho, ha pedido hacer nuestra la invitación que el Papa Francisco nos dejó en su Mensaje para esta Jornada en la que nos pedía acoger y acompañar a los jóvenes.

“Con su música alegran la fiesta de Cristo”

Hoy es un día verdaderamente especial. Además de celebrarse el IV Domingo de Pascua, también conocido como el Domingo del Buen Pastor y la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, se conmemora el Jubileo de las Bandas Musicales y de los Espectáculos Populares. Decenas de bandas han llegado hasta Roma para participar en esta celebración jubilar, y el Papa les ha dirigido unas palabras de agradecimiento: “Saludo con afecto a todos los peregrinos y les doy las gracias porque, con su música y sus representaciones, alegran la fiesta: la fiesta de Cristo, el Buen Pastor. Sí, es Él quien guía a la Iglesia mediante su Espíritu Santo”.

El Papa León XIV: Misa en las grutas vaticanas y oración ante las tumbas de los Papas

Esta mañana, el Papa León XIV acudió a las Grutas Vaticanas para celebrar la Misa en el altar junto a la tumba de Pedro. Así lo informa la Oficina de Prensa de la Santa Sede, informando que con el Pontífice concelebró el Prior General de la Orden de San Agustín, padre Alejandro Moral Antón.

Al final de la Misa, el Papa se detuvo a rezar ante las tumbas de sus predecesores y ante el «Nicho de los Palios». A las 12, el Papa se asoma desde la Logia central de la Basílica de San Pedro para el rezo del Regina Coeli.

Publicamos a continuación la homilía que pronunció el Papa:

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Homilía del Santo Padre

Comenzaré con una palabra en inglés y quizá otra en italiano.

El Evangelio que acabamos de escuchar en este domingo del Buen Pastor: Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen.

Pienso en el Buen Pastor, especialmente en este domingo tan significativo del tiempo pascual. Mientras celebramos el comienzo de esta nueva misión del ministerio al que la Iglesia me ha llamado, no hay mejor ejemplo que el propio Jesucristo, a quien entregamos nuestra vida y de quien dependemos. Jesucristo, a quien seguimos, es el Buen Pastor, y es quien nos da la vida: el camino y la verdad y la vida. Por eso celebramos con alegría este día y agradecemos profundamente vuestra presencia aquí.

Hoy es el Día de la Madre. Creo que sólo hay una madre presente: ¡feliz Día de la Madre! Una de las expresiones más maravillosas del amor de Dios es el amor que derraman las madres, especialmente hacia sus hijos y nietos.

Se sabe que este domingo es especial por varios motivos: uno de los primeros que mencionaría es el de las vocaciones. Durante los recientes trabajos de los cardenales, antes y después de la elección del nuevo Papa, hemos hablado mucho de las vocaciones en la Iglesia y de lo importante que es que todos busquemos juntos. Ante todo dando [un] buen ejemplo con nuestra vida, con alegría, viviendo la alegría del Evangelio, no desanimando a los demás, sino buscando el modo de animar a los jóvenes a escuchar la voz del Señor y a seguirla y a servir en la Iglesia. «Yo soy el Buen Pastor», nos dice.

Ahora añadiré sólo una palabra en italiano, porque esta misión que llevamos a cabo ya no es para una sola diócesis, sino para toda la Iglesia: este espíritu universal es importante. Y lo encontramos también en la primera lectura que hemos escuchado (Hch 13,14.43-52). Pablo y Bernabé van a Antioquía, se dirigen primero a los judíos, pero éstos no quieren escuchar la voz del Señor, y entonces comienzan a anunciar el Evangelio a todo el mundo, a los gentiles. Parten, como sabemos, en esta gran misión. San Pablo llega a Roma, donde también acabó [cumpliéndola]. Otro ejemplo del testimonio de un buen pastor. Pero también hay en ese ejemplo una invitación muy especial para todos nosotros. Lo decía también de manera muy personal, lo que es anunciar el Evangelio al mundo entero.

¡Sin miedo! ¡Sin miedo! Tantas veces dice Jesús en el Evangelio: ‘No tengáis miedo’. Debemos ser valientes en el testimonio que damos, con nuestras palabras y sobre todo con nuestras vidas: dando la vida, sirviendo, a veces con grandes sacrificios para vivir esta misma misión.

He visto una pequeña reflexión que me hace pensar mucho, porque también aparece en el Evangelio. En este sentido, alguien preguntó: «Cuando piensas en tu vida, ¿cómo explicas dónde estás?». La respuesta que dan en esta reflexión en cierto modo es también la mía, con el verbo «escuchar». ¡Qué importante es escuchar! Jesús dice: «Mis ovejas escuchan mi voz». Y creo que es importante que todos aprendamos a escuchar cada vez más, a entrar en diálogo. En primer lugar con el Señor: escuchar siempre la Palabra de Dios. Luego también escuchar a los demás, saber tender puentes, saber escuchar para no juzgar, no cerrar puertas pensando que tenemos toda la verdad y que nadie más nos puede decir nada. Es muy importante escuchar la voz del Señor, escucharnos a nosotros mismos, en este diálogo, y ver hacia dónde nos llama el Señor.

Caminemos juntos en la Iglesia, pidamos al Señor que nos dé esta gracia de poder escuchar su Palabra para servir a todo su pueblo.

 

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Primer Regina Coeli del Papa León XIV: Un Mensaje de Esperanza y Paz

Este domingo, el Papa León XIV presidió su primer Regina Coeli desde el balcón de la Basílica de San Pedro, un acontecimiento histórico para la Iglesia Católica. En su intervención, el Pontífice expresó su gratitud por coincidir este primer domingo de su pontificado con el del Buen Pastor, el cuarto del tiempo de Pascua, una celebración especial para recordar a Cristo como el verdadero pastor que ama y entrega su vida por sus ovejas.

El Papa destacó la importancia de esta jornada, que desde hace 62 años se celebra como el Día Mundial de Oración por las Vocaciones. Subrayó que la Iglesia necesita de jóvenes que se sientan acogidos y motivados en su camino vocacional, invitando a las comunidades a ser lugares de estímulo y apoyo para quienes desean consagrar su vida a Dios.

Un llamado a la paz y la reconciliación mundial

León XIV aprovechó también este momento para recordar el final de la Segunda Guerra Mundial, hace exactamente 80 años, el 8 de mayo, pidiendo que, en un mundo marcado por conflictos y tensiones, no se repita el horror de la guerra. ‘Nunca más la guerra’, clamó el Pontífice, dirigiéndose a los líderes mundiales y pidiendo especialmente por el fin de la violencia en Ucrania, la Franja de Gaza y otros lugares de conflicto.

El Papa pidió la liberación de prisioneros, el regreso de los niños a sus familias y un alto al fuego inmediato en las zonas más afectadas, mientras celebraba con esperanza el anuncio de un cese al fuego entre India y Pakistán.

Un mensaje de amor para las madres

En el marco de esta celebración dominical, León XIV dedicó un emotivo saludo a todas las madres, recordando su entrega y amor incondicional. Extendió su oración a aquellas que ya han partido al cielo, deseando un feliz día de la madre a todas ellas.

Con la plaza colmada de peregrinos de distintos países, el Santo Padre concluyó su primer Regina Coeli con una sentida bendición apostólica, pidiendo la intercesión de la Virgen María, Reina de la Paz, para que los conflictos en el mundo encuentren un camino de reconciliación y esperanza.

El Papa León XIV inició su pontificado con un mensaje claro: Cristo es el Buen Pastor que guía a su rebaño y el camino hacia la paz es posible si se escucha su voz.

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Palabras del Papa antes del Regina Coeli

Queridos hermanos y hermanas, ¡Feliz domingo!

Considero un don de Dios que el primer domingo de mi servicio como obispo de Roma sea el del Buen Pastor, cuarto domingo del tiempo pascual. En este domingo proclamamos siempre en la misa el Evangelio de Juan, capítulo diez, en el que Jesús se revela como el verdadero Pastor, que conoce y ama a sus ovejas y da la vida por ellas.

En este domingo se celebra desde hace sesenta y dos años la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. Y también hoy Roma acoge el Jubileo de las Bandas y de los Espectáculos Populares. Saludo con afecto a todos estos peregrinos y les doy las gracias porque con su música y sus actuaciones alegran la fiesta, la fiesta de Cristo Buen Pastor: sí, es Él quien guía a la Iglesia con su Espíritu Santo.

Jesús afirma en el Evangelio que conoce a sus ovejas, y que ellas escuchan su voz y le siguen (cf. Jn 10, 27). En efecto, como enseña el Papa san Gregorio Magno, las personas «corresponden al amor de quienes las aman» (Homilía 14, 3-6).

Por tanto, hermanos y hermanas, hoy tengo la alegría de rezar con vosotros y con todo el pueblo de Dios por las vocaciones, especialmente por las sacerdotales y religiosas. La Iglesia tiene gran necesidad de ellas. Y es importante que los jóvenes encuentren, en nuestras comunidades, acogida, escucha, aliento en su camino vocacional, y que puedan contar con modelos creíbles de entrega generosa a Dios y a los hermanos.

Hagamos nuestra la invitación que el Papa Francisco nos deja en su Mensaje para la Jornada de hoy: la invitación a acoger y acompañar a los jóvenes. Y pidamos a nuestro Padre celestial ser los unos para los otros, cada uno según su condición, pastores «según su corazón» (cf. Jr 3,15), capaces de ayudarse mutuamente a caminar en el amor y en la verdad. Y a los jóvenes les digo: «¡No tengáis miedo! Aceptad la invitación de la Iglesia y de Cristo Señor».

Que la Virgen María, cuya vida entera fue una respuesta a la llamada del Señor, nos acompañe siempre en el seguimiento de Jesús.

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Después del Regina Coeli

Hermanos y hermanas

la inmensa tragedia de la Segunda Guerra Mundial terminó hace 80 años, el 8 de mayo, habiendo causado 60 millones de víctimas. En el dramático escenario actual de una tercera guerra mundial en pedazos, como ha afirmado repetidamente el Papa Francisco, también yo me dirijo a los grandes del mundo, repitiendo el llamamiento siempre actual: «¡Nunca más la guerra!».

Llevo en el corazón el sufrimiento del amado pueblo ucraniano. Que se haga todo lo posible para alcanzar cuanto antes una paz verdadera, justa y duradera. Que todos los prisioneros sean liberados y que los niños vuelvan con sus familias.

Me entristece profundamente lo que está ocurriendo en la Franja de Gaza. ¡Que cese inmediatamente el fuego! Que se proporcione ayuda humanitaria a la agotada población civil y que se libere a todos los rehenes.

Por otro lado, he acogido con satisfacción el anuncio del alto el fuego entre India y Pakistán, y espero que a través de las próximas negociaciones se pueda alcanzar pronto un acuerdo duradero.

Pero, ¡cuántos otros conflictos hay en el mundo! Confío esta sentida súplica a la Reina de la Paz, para que la presente al Señor Jesús y nos obtenga el milagro de la paz.

Y ahora os saludo con afecto a todos vosotros, romanos y peregrinos de diversos países. Saludo a los miembros de la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera, al grupo de médicos de Granada (España), a los fieles de Malta, Panamá, Dallas (Texas), Valladolid, Torrelodones (Madrid), Montesilvano y Cinisi (Palermo).

Saludo a los participantes en el acto «Optemos por la vida» y a los jóvenes de la Fraternidad de Santa María Inmaculada y San Francisco de Asís de Reggio Emilia.

Hoy se celebra en Italia y en otros países el Día de la Madre. Envío un afectuoso saludo a todas las madres, con una oración por ellas y por las que ya están en el Cielo.

¡Feliz Día de la Madre a todas las madres!

¡Gracias a todas! ¡Feliz domingo a todos!

 

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Santos en pausa: cuando la santidad espera

“Hay santos que la Iglesia canoniza, y otros que canoniza el pueblo. Y a veces, la distancia entre uno y otro es un silencio incómodo.”

Cuando la santidad se interrumpe

En cada época, la Iglesia ha elevado a los altares figuras cuya vida manifiesta, con rasgos excepcionales, la presencia de Dios. Pero ¿qué pasa con esas otras vidas que también brillan por su entrega, su radicalidad evangélica o incluso su martirio, y sin embargo no llegan nunca a los altares?

Por Néstor Ojeda

Este fenómeno —tan poco visibilizado— atraviesa distintas realidades. Hay causas de canonización detenidas por motivos burocráticos o políticos, y otras que ni siquiera llegaron a iniciarse por falta de apoyo, recursos o impulso pastoral. En algunos casos, lo que está en juego no es la santidad de la persona, sino la dificultad para encajarla en los moldes institucionales.

Es lo que algunos comienzan a llamar —con cautela pero convicción— “santidades en pausa”.

¿Quién decide quién puede ser santo?

Para iniciar una causa de beatificación o canonización se requiere, entre otras cosas, el consentimiento del obispo diocesano (llamado “ordinario del lugar”), la existencia de una “fama de santidad” extendida y comprobable, y un postulador que asuma el proceso, el cual implica años de investigación, documentación y —no menor— costos económicos.

Aunque desde Juan Pablo II se han simplificado algunos procedimientos, el acceso sigue siendo limitado. Las familias religiosas con estructura y recursos suelen impulsar con más facilidad las causas de sus miembros. Pero ¿qué pasa con las figuras laicales, populares o incómodas? ¿Con los testigos que no pertenecen a un carisma específico, que no dejaron escritos ni fundaron congregaciones, pero que vivieron el Evangelio hasta las últimas consecuencias?

Tres casos que interpelan

En esta serie especial de catolic.ar, exploramos historias de santidad que parecen haber quedado en el umbral. La segunda entrega estará dedicada a Claudio “Pocho” Lepratti, asesinado en Rosario durante la represión de diciembre de 2001 mientras defendía a niños que estaban comiendo. Salesiano de corazón, educador de barrios humildes y laico célibe por opción, su vida inspiró una fuerte devoción popular. Un grupo de sacerdotes salesianos impulsó informalmente su causa, pero —según versiones no oficiales— el proceso fue detenido o desalentado, posiblemente por no verse claro si predominaba en él, el “militante social” o el “testigo cristiano”.

Junto a Lepratti, abordaremos también dos figuras emblemáticas del catolicismo argentino asesinadas por el extremismo armado en los años setenta:

  • Jordán Bruno Genta, filósofo católico, pensador nacionalista y laico combativo, acribillado por Montoneros en 1974. Su figura sigue generando adhesión y rechazo, y su martirio nunca fue considerado en clave eclesial.
  • Carlos Alberto Sacheri, intelectual católico, docente universitario, padre de familia numerosa y testigo del Evangelio en el ámbito académico. Fue asesinado por la organización terrorista ERP en 1974, cuando salía de misa con su familia. Su figura es recordada en círculos intelectuales, pero su causa no ha avanzado.

¿Quién falta en los altares?

Esta serie no busca imponer conclusiones. Más bien, quiere abrir preguntas:
¿Existe un modelo “aceptable” de santidad que excluye ciertas formas de testimonio cristiano?
¿Puede una vida coherente con el Evangelio quedar excluida por razones políticas, ideológicas o simplemente por falta de apoyo económico?
¿Quién se anima a proponer a los santos incómodos?

En tiempos del Papa Francisco habló en su exhortación apostólica “Gaudete et exsultate” de los “Santos de la puerta de al lado”, acaso también haga falta revisar los caminos institucionales que conducen a los altares. Porque hay vidas que el pueblo ya considera sagradas, aunque Roma nunca las haya canonizado. Y porque, en definitiva, la santidad no es un trámite, sino una respuesta total al Amor.

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El elegido de Francisco: ¿Fue León XIV preparado para este momento?

“No fue simplemente ungido por los cardenales, sino moldeado a fuego lento por la Providencia en los silencios de Francisco.”

La elección del Papa León XIV, antes conocido como Robert Francis Prevost, ha abierto un nuevo capítulo en la historia de la Iglesia Católica. Aunque el humo blanco se elevó con el misterio habitual del cónclave, muchos se preguntan si lo ocurrido fue solo una sorpresa del Espíritu o también el desenlace de un proceso cuidadoso, discernido, incluso estratégico, gestado bajo la mirada vigilante de Francisco, el Papa recientemente fallecido.

Por Néstor Ojeda

Quien tenga ojos para ver, que vea. Porque en los últimos años de su pontificado, Francisco no sólo hablaba con palabras, sino con gestos, con silencios, con nombramientos. Y Prevost fue uno de ellos.


Un agustino, no improvisado

León XIV es hijo espiritual de san Agustín, lo dijo en su primer saludo. Pero también es hijo de Francisco en un sentido más profundo: fue formado, promovido y perfilado por el pontificado anterior para ocupar un lugar central en la Iglesia universal.

Desde su experiencia misionera en Perú, donde vivió y acompañó la fe de los más pobres, hasta su rol como prefecto del Dicasterio para los Obispos —el cargo desde donde se moldea el rostro pastoral del episcopado mundial—, Prevost fue escalando posiciones no por ambición, sino por disponibilidad y obediencia, atributos muy apreciados por Bergoglio.

Francisco no lo hizo Papa. Pero lo puso en camino. Le confió silenciosamente la Iglesia que él había soñado: una Iglesia sinodal, abierta, misericordiosa, pero enraizada en la verdad de Cristo.


Un perfil inesperado para el momento justo

A diferencia de muchos papables, Prevost nunca pareció en campaña. Era firme, pero sin aristas. Sereno, pero no apagado. Reflexivo, pero no indeciso. Muchos lo consideraban un “hombre de transición”. Ahora parece que esa transición no será hacia el pasado, sino hacia una etapa más madura de la renovación eclesial.

Su elección fue, en este sentido, una respuesta al cansancio de las polarizaciones, a las guerras intestinas dentro de la Iglesia, a los sectores que quieren arrastrar el Evangelio a trincheras ideológicas. León XIV es, antes que todo, un pastor que quiere volver a Cristo como centro y medida de todo.


¿El heredero de Francisco?

Sí, Francisco lo perfiló. Pero no lo hizo títere de su legado, sino testigo de una etapa más honda, más silenciosa y quizá más fecunda. Lo acompañó, lo promovió, lo escuchó. Y sobre todo, lo puso en una posición desde la cual los cardenales pudieran ver en él una síntesis posible entre continuidad y novedad.

Francisco no buscaba una copia. Buscaba una fecundidad nueva, nacida de la fidelidad al Evangelio y no al propio estilo. Si Benedicto XVI fue la cabeza teológica de la transición postconciliar y Francisco fue el corazón pastoral, León XIV parece haber sido preparado para ser el alma de un nuevo ciclo, más contemplativo, más interior, más centrado en Cristo.


¿Qué desafíos lo esperan?

León XIV no tendrá un pontificado fácil. Heredará un mundo desgarrado por guerras visibles e invisibles: las bombas en Medio Oriente, sí, pero también el hambre espiritual, la fragmentación interior del alma humana, la banalización de lo sagrado y la colonización cultural del pensamiento.

En ese contexto, la Iglesia enfrenta tensiones internas y preguntas urgentes. Estos serán los grandes frentes que el nuevo Papa deberá encarar con sabiduría y coraje profético:

● El rol de la mujer en la Iglesia

Ya no se trata solo de acceso al diaconado o a puestos de decisión, sino de una reflexión más profunda sobre la dimensión femenina de la Iglesia, que no puede seguir siendo ornamental. León XIV deberá abrir espacios sin ceder a modelos ideológicos importados del mundo secular.

● La pastoral con personas del colectivo LGTB

El nuevo Papa no puede ignorar las heridas, los rechazos ni las presiones. Tendrá que sostener una pastoral de acogida real, sin caer en la confusión moral, ni negar la enseñanza perenne de la Iglesia. Será un equilibrio doloroso pero necesario.

● El relativismo ético en Occidente

Desde la eutanasia al aborto, desde la ideología de género hasta la disolución de los vínculos, la Iglesia está llamada a levantar su voz sin caer en una moralina vacía ni en un silencio cómplice. León XIV deberá hablar con claridad, pero sobre todo, formar conciencias libres y maduras.

● La masonería y sus influencias

Hay quienes consideran que ciertos sectores del poder mundial —económico, filosófico, ideológico— han infiltrado parte de la vida eclesial. León XIV tendrá que discernir hasta qué punto esto es real, simbólico o funcional a otras agendas, pero sobre todo devolver a la Iglesia su libertad espiritual ante cualquier poder humano.

● El debate sobre el celibato y los sacerdotes casados

No es el tema central, pero seguirá latiendo. León XIV podría retomar lo que Francisco dejó abierto: una discusión seria, profunda, sin rupturas, sobre el ministerio presbiteral, especialmente en regiones donde faltan vocaciones y abunda el aislamiento pastoral.

● El riesgo del nacionalismo católico extremo

Desde Europa del Este hasta América Latina, hay sectores que usan la fe para promover proyectos políticos autoritarios o xenófobos. El nuevo Papa deberá decir con claridad que el Reino de Dios no se identifica con ninguna bandera, y que el catolicismo nunca será refugio para fanatismos.

● La presión geopolítica sobre el Vaticano

En tiempos de multipolaridad agresiva, el Vaticano será objeto de tensiones crecientes entre Estados Unidos, China, Rusia y Europa. León XIV necesitará la astucia de un diplomático, pero el corazón de un profeta.


¿Qué estilo se puede esperar?

Todo indica que su estilo será de apertura con firmeza, de escucha sin ceder a la confusión, y de diálogo sin diluir la Verdad. Su primer discurso ya lo insinúa: una paz desarmada y desarmante, un puente tendido entre Cristo y la humanidad, una Iglesia que no se repliega, pero tampoco se disuelve.

León XIV no será mediático, pero será determinante. No será revolucionario, pero sí restaurador de lo esencial. Un Papa que no grita, pero no tiembla. Y eso, en estos tiempos, puede ser una revolución silenciosa.


Una conclusión desde el umbral

El elegido de Francisco, sí. Pero también, quizás, el elegido del Espíritu para un tiempo de purificación, de regreso a las fuentes, de claridad serena en medio del ruido.

En la hora más oscura del mundo, la Iglesia parece haber elegido un pastor que no se desvela por cambiar estructuras, sino por salvar almas. Y eso, en definitiva, siempre fue el secreto de todo gran Papa.

A pan y agua, o de techo arrancado, o el cónclave de tres años: no todos fueron como el de León XIV

Entre votos y oración, el mundo aguardó ayer al nuevo sucesor de Pedro. Pero cónclaves han habido más de 70. Y muchos, con interesantes curiosidades.

La Iglesia acaba de vivir un cónclave histórico que concluyó con la elección de León XIV como Papa, el nuevo sucesor de Pedro. La expectación fue máxima, y la ilusión que despierta este sistema único de elección se renovó, tal como ocurrió ya más de 70 veces. La agencia AP — Associated Press — ha recopilado algunos de los momentos más memorables de estos encuentros a lo largo de los siglos.

El cónclave que casi paralizó a la Iglesia, ¡casi tres años para elegir un Papa!

El cónclave  de hecho más largo de la historia se remonta al siglo XIII, cuando tras la muerte de Clemente IV, los cardenales tardaron casi tres años —1.006 días— en elegir a su sucesor. Fue en la ciudad italiana de Viterbo, donde la paciencia de los ciudadanos llegó a su límite: al final, tuvieron que encerrar bajo llave a los cardenales en la sala de deliberaciones, dando origen al término “cónclave”, que significa precisamente “bajo llave”.

La votación que culminó con la elección de Gregorio X, duró desde noviembre de 1268 hasta septiembre de 1271.

Pan, agua y ¡techo arrancado!

El pueblo de Viterbo no solo los encerró, sino que tomó medidas extremas para acelerar la elección. Arrancaron el techo del edificio donde estaban reunidos los cardenales y limitaron su alimentación a pan y agua. Gregorio X, al ser elegido, quiso evitar que la historia se repitiera. En 1274 decretó que, si un cónclave se extendía más de tres días, los cardenales recibirían solo una comida al día; y si pasaban ocho días, únicamente “pan, agua y vino”.

Cuando un Papa se elige en horas

Aunque antes de 1274 hubo ocasiones en que el nuevo Papa era elegido incluso el mismo día de la muerte de su antecesor, con el tiempo la Iglesia estableció al menos diez días antes de la primera votación, luego extendidos a quince para permitir la llegada de todos los cardenales a Roma.

Dentro de ese marco, el cónclave más veloz fue el de Julio II en 1503, decidido en apenas unas horas. En tiempos más recientes, el Papa Francisco fue elegido en 2013 en la quinta votación, Benedicto XVI en 2005 en la cuarta, y Pío XII en 1939 en la tercera.

Testigo silenciosa bajo los frescos de Miguel Ángel

El primer cónclave celebrado en la emblemática Capilla Sixtina fue en 1492. Desde 1878, este lugar se ha convertido en escenario oficial de los cónclaves. San Juan Pablo II, en su documento de 1996 Universi Dominici Gregis, escribió: “Todo contribuye [allí] a la conciencia de la presencia de Dios, ante cuya mirada cada persona será juzgada algún día”, aludiendo, el Papa polaco ciertamente, al fresco de Miguel Ángel sobre el juicio final.

Un cónclave itinerante

Aunque la mayoría de los cónclaves se han celebrado en Roma, algunos tuvieron lugar fuera del Vaticano. Hubo cuatro en la Capilla Paulina del Palacio del Quirinal y unos treinta en la Basílica de San Juan de Letrán, Santa María sopra Minerva u otras iglesias romanas.

En 15 ocasiones, sin embargo, la elección del Papa se decidió lejos de Roma, incluyendo ciudades como Viterbo, Perugia, Arezzo y Venecia en Italia, así como Constanza en Alemania y Lyon en Francia.

Cardenales, catres y enfermedades

Antes de la construcción de la residencia de Santa Marta en 1996, los cardenales electores dormían en catres, en habitaciones contiguas a la Capilla Sixtina. En los siglos XVI y XVII, los cónclaves eran motivo de preocupación por los brotes de enfermedades, especialmente en verano.

“El espacio cerrado y la falta de ventilación agravaron aún más estos problemas”, señala el historiador Miles Pattenden, quien subraya que muchos cardenales eran ancianos con dolencias avanzadas.

Un blindaje frente a las presiones políticas

Al principio, las elecciones papales no eran completamente secretas. Pero la experiencia del larguísimo cónclave de Viterbo marcó un antes y un después. A lo largo de los siglos, diversos pontífices han ajustado las normas para proteger la confidencialidad del proceso, reforzando la importancia del secreto.

Papas jóvenes, ancianos y fuera de los esquemas

El Papa más joven de la historia fue Juan XII, elegido con apenas 18 años en el año 955. En el otro extremo, Celestino III (1191) y Celestino V (1294) alcanzaron el trono de Pedro cerca de los 85 años. Benedicto XVI, elegido en 2005, tenía 78 años.

Aunque en siglos recientes todos los Papas han sido cardenales, no es un requisito. El último no cardenal en ser elegido fue Urbano VI en 1378, entonces arzobispo de Bari.

En cuanto a nacionalidades, aunque los italianos dominaron el papado durante siglos, no han sido los únicos. Por ejemplo, Alejandro VI fue español (1492), Gregorio III era sirio (731) y Adriano VI, holandés (1522). Más cerca de nuestra época, Juan Pablo II (1978) fue polaco, Benedicto XVI (2005) alemán, y Francisco (2013), argentino.

Con información de Religión en Libertad

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