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jueves, febrero 5, 2026
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Extra omnes: fuera todos

La entrada de los cardenales en la Capilla Sixtina, un tiempo suspendido y de misterio en el que discernir al siervo de los siervos de Dios.

Paolo Ruffini – Vatican News

Estra omnes. Fuera todos. Sucede, en este tiempo suspendido, que todos en el mundo se preguntan quién será el 267º obispo de Roma. Todos involucrados, aunque físicamente excluidos del lugar donde los sucesores de los apóstoles convertidos en cardenales, reunidos y custodiados en el secreto de una Capilla, elegirán al siervo de los siervos de Dios llamado a guiar a la Iglesia.

Siervo. Siervo del único Pueblo del que Pedro fue y seguirá siendo parte, incluso después de haber sido llamado a dirigirlo.

Siervo. Y aquí está el misterio. ¿Cómo puede un siervo ser el líder de un pueblo? ¿De una Iglesia?

Una pregunta a la que Jesús respondió con palabras que aún hoy nos cuesta entender: «Sabéis que los que son tenidos como jefes de las naciones, las dominan como señores absolutos y sus grandes las oprimen con su poder. Pero no ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será esclavo de todos, que tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos». (Mc 10, 42-45).

Servir, para servir. A eso están llamados los sucesores de Pedro para guiar a la Iglesia. Y esta paradoja desorienta. Confunde tanto a los medios de comunicación como a los numerosos centros de poder, grandes y pequeños, del mundo, mientras se debaten sobre la identidad y el nombre que tomará el elegido, y tal vez incluso intentan influir en la decisión, elaborando escenarios e interpretaciones que parecen escritos en la arena.

Extra omnes. Esta regla interrumpe este tiempo suspendido entre el ahora y el todavía-no en el que incluso los cardenales (el pueblo de Dios que espera a su pastor, lo sabe, lo cree, lo pide) están llamados a entrar en el misterio; y a dejar no sólo a todos, sino todo fuera de la Capilla Sixtina: por tanto a sí mismos, sus pensamientos, sus razonamientos; y a vaciarse totalmente para dejar espacio sólo al Espíritu, a una dinámica que los trasciende, y al misterio de Pedro.

Pero Pedro es esto. Un misterio que nos confía una certeza.

Pedro es el pescador a quien Jesús prometió que el mal no vencería: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella» (Mt 16,18).

Es el Apóstol por quien -al confiarle su Iglesia- el Hijo de Dios oró con una recomendación especial al Padre. Para que le ayudara a llevar sobre sus hombros una carga que, de otro modo, sería demasiado pesada.

Pedro es un hombre sostenido por esta oración que se ha extendido a través del tiempo y de la historia sobre sus sucesores hasta llegar a nosotros hoy. Una oración concreta, especial precisamente: para que su fe no desfalleciera nunca ante las pruebas que tendría que afrontar, tan distintas y tan parecidas a las de nuestro tiempo, secularizado, dividido, polarizado, confuso, encarnizado; lleno de afán de mando y pobre de amor, incapaz de comprender el valor un servicio y del bien común, hinchado de frágiles certezas y falsas verdades, imbuido más de rencor que de misericordia, tantas veces deseoso más de venganza que de perdón: «¡Simón, Simón! Mira que Satanás ha solicitado el poder cribaros como trigo;  pero yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca. Y tú, cuando hayas vuelto, confirma a tus hermanos»(Lc 22,31-32).

Pedro es un misterio de misericordia y de amor; de comunión y de escucha.

Pedro es un pescador que se equivoca en sus cálculos; que pasa angustiosamente toda la noche en el mar sin pescar un solo pez; que luego echa las redes en la otra orilla, sólo por la palabra de un desconocido. Y que finalmente comprende que el que le habla es su Maestro.

Pedro es un pecador perdonado: es el elegido que, antes de alegrarse, lloró amargamente después de traicionar. Como Judas. Pero él lloró. Ha llorado.

En sus lágrimas está todo su misterio. Y ahí está el misterio de la Iglesia.  Esas lágrimas son quizá las llaves del Reino. Son las llaves de Pedro y de su misterio: una fragilidad poderosa precisamente porque no brilla con luz propia. Una roca aunque no lo fuera. Que por eso mismo nos confirma a todos en la fe.

“El Papa Francisco, un amoroso pastor decidido a proteger a los niños”

En una entrevista con Vatican News, el arzobispo John Kennedy, quien fue jefe de la Sección Disciplinaria del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, recuerda al Papa Francisco como un pastor cariñoso, quien ofreció a los fieles católicos una clase magistral y, mediante la atención y preocupación del difunto Papa hacia todas las víctimas de abusos, quiso hacer todos los esfuerzos posibles para proteger a los niños y ofrecer justicia a los heridos.

Deborah Castellano Lubov – Ciudad del Vaticano – Vatican News

“El Papa Francisco quiso una Iglesia en donde el mensaje del Evangelio pudiera predicarse sin trabas y que las personas pudieran ser tratadas con amor, así como Dios las ama”.

De este modo se expresó el arzobispo John Kennedy, secretario de la Sección Disciplinaria del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, en una entrevista con Vatican News tras el fallecimiento del Papa Francisco el pasado 21 de abril.

Él no dejó una carta de cosas por hacer. No dejó una lista. Pero con su propia vida, con sus propios gestos y palabras, dejó un modelo a seguir. Él nos ha dado una clase magistral, mostrándonos cómo podemos ser católicos practicantes y fieles cristianos en estos días”.

Nunca perdió ese toque de pastor

La gente me decía que estaban muy agradecidos por su legado, por su ejemplo, “como un ‘Papa increíblemente personal’ y como él intentó vivir su fe cada día, tanto en los pequeños como grandes gestos”.

“El Papa Francisco se esforzó por tener ese contacto personal con la gente porque en su corazón él era un pastor y nunca perdió ese toque”.

Diálogo y pasión para denunciar lo que no está bien

“Recuerdo esa sencillez en sus homilías y todas las homilías que dio mientras estaba en Santa Marta, las cuales fueron reseñadas en los periódicos. Pero, detrás de todo esto había coraje y pasión por el cambio y, realmente, quiso denunciar lo que no era correcto”.

“Al mismo tiempo”, destacó, “era acogedor con las personas con quienes no compartía la misma opinión, pero intentaba escucharles, dialogar y trabajar con ellas”.

El arzobispo Kennedy rememoró que “la palabra Francisco en francés antiguo significa ‘un hombre libre’ y, ciertamente, el Papa Francisco lo era, él sentía gran libertad para hacer los que consideraba que era lo mejor, a pesar de las restricciones de su oficio”

Acercamiento a las víctimas y lucha contra los abusos

El Papa Francisco, en cuanto a los escándalos de abusos, que golpearon a la Iglesia, dio mucha importancia al trabajo que estamos haciendo aquí en el Dicasterio, pero a su manera, sugirió que “ciertamente tendió la mano a las víctimas. Escribió a la Iglesia irlandesa, pero en realidad estaba escribiendo a toda la Iglesia”.

“Lo que el Papa Francisco estaba haciendo, en particular con el establecimiento de la Comisión Pontificia para la Protección de Menores”, explicó el arzobispo Kennedy, “estaba mostrando que la prevención era tan importante en la vida de la Iglesia, así como la educación, la formación, que teníamos que tener los estándares más altos posibles”.

Protección de los niños y justicia para los heridos

Por lo tanto, al pedir a los dos Dicasterios que trabajen juntos, continuó, el difunto Papa “estaba mostrando que un enfoque de mano a mano es la única manera en que el, el trabajo de protección de los niños se puede hacer y garantizar la justicia a los que han sufrido”.

El Papa Francisco se reunió en numerosas ocasiones con las víctimas, recordó el jefe de la Sección Disciplinaria de la DDF. “Las personas que experimentaron su presencia y su oído atento, las personas que escucharon sus disculpas se sintieron profundamente conmovidas por lo que dijo.”

“Él construyó sobre el legado, que fue iniciado por primera vez por el Papa San Juan Pablo II, dándonos nuestro motu proprio Sacramentorum Sanctitatis Tutela en 2001. Luego, en 2010, fue renovado, y luego el Papa Francisco lo renovó de nuevo en febrero del 2021”.

Combatir los abusos es tarea de toda la Iglesia

“Lo que estaba diciendo esencialmente es que combatir los abusos es trabajo de toda la Iglesia”, comentó, al observar que este impulso dio lugar a muchas iniciativas a nivel local con el establecimiento de Comisiones para la Protección de Menores a nivel diocesano e incluso parroquial.

En este contexto, añadió que el Papa Francisco ciertamente “reconoció la herida y el dolor” y “llevó el dolor a su propio corazón, habiendo pedido perdón tantas veces por los abusos en la Iglesia”.

El funcionario del DDF observó que “era algo que realmente le perturbaba. Sabía que todos estos escándalos de abusos ycualquier cosa que vaya mal, ya sea abuso de poder, abuso de autoridad o abuso de menores, es un obstáculo para la predicación del Evangelio”.

Recibido en casa de su Padre

Durante la conversación, el arzobispo también reflexionó sobre la pérdida del Santo Padre el Lunes de Pascua.

“Fue, por supuesto”, expresó, “como para mucha gente, una enorme sorpresa ver que el Papa Francisco había estado en la Plaza de San Pedro bendiciendo a la gente el Domingo de Pascua, y que, al día siguiente, literalmente, había cogido los frutos de la Resurrección y había sido acogido en casa, en la casa del Padre. Sentí cuando murió un momento de conmoción porque, por supuesto, no me lo esperaba, pero eso dio paso muy pronto a un sentimiento de profunda gratitud y aprecio, y me llevó a reflexionar sobre cuál ha sido el legado que nos ha dejado en los últimos doce años”.

Aunque, dijo, no era la primera vez que vivía el funeral de un Papa, ya que estuvo presente en el fallecimiento de los tres últimos Papas, se maravilló de que “cada uno de ellos, a su manera, aportó algo muy nuevo y refrescante a la Iglesia” […] “pero viendo el alcance de Francisco, que fue bastante único y bastante personal, había un sentimiento muy fuerte de gratitud en tanta gente uniéndose, principalmente, para dar las gracias y rezar”.

“Cada uno de ellos, a su manera, aportó algo muy nuevo y refrescante a la Iglesia.”

Confía en Dios y déjate guiar por Él

Monseñor Kennedy recordó por último que la mañana en que los funcionarios del DDF volvieron al trabajo, después de las vacaciones de Pascua, habló con uno de los franciscanos de la Orden de Frailes Menores con los que trabaja.

“Como el fundador de este sacerdote era San Francisco y como estábamos hablando del Papa Francisco, se compartió la historia de cuando el mismo San Francisco estaba muriendo, que creo que dijo a sus frailes que había corrido la carrera y terminado el recorrido; citando las bellísimas palabras de San Pablo, que todo su trabajo estaba hecho y que literalmente no dejaba ningún proyecto a los frailes”.

El arzobispo recordó que no les había dejado detalles concretos para que continuaran en los años venideros, sino que básicamente les dijo: “yo he hecho mi trabajo. Ahora les toca a ustedes. Yo lo he completado todo, y ustedes deben confiar en Dios y dejar que Dios les guíe mientras avanzan”. Esto, observó, “se parece a lo que hemos visto con el Papa Francisco”.

Cardenal Prevost: Después del primer jesuita ¿el primer agustino?

No se trata de una figura mediática ni de alguien con gran visibilidad pública. Pero Prevost se ha vuelto ‘papabile’ casi sin quererlo.

Foto: Vatican News

Con el delicado estado de salud del Papa Francisco y la inevitable expectativa en torno a un futuro cónclave, comenzaron a surgir los nombres de posibles sucesores de San Pedro. En un escenario eclesial globalizado, cada nuevo nombre revelaba algo sobre los rumbos de Iglesia y también sobre las tensiones internas que la atraviesan. Entre los cardenales cuya estrella ha surgido recientemente en el horizonte romano, se destaca un norteamericano poco conocido fuera de los círculos más atentos: el cardenal Robert Francis Prevost, O.S.A.

No se trata de una figura mediática ni de alguien con gran visibilidad pública. Pero, como bien observa el vaticanista John Allen Jr. en su columna habitual en Crux, Prevost se ha vuelto ‘papabile’ casi sin quererlo, debido a su posición actual, su trayectoria y, en particular, su confiabilidad junto al Papa Francisco.

¿Será él, después del primer Papa jesuita, el primer Papa agustino de la historia?

Robert Francis Prevost nació en Chicago el 14 de septiembre de 1955. Ingresó en la Orden de San Agustín en 1977 y fue ordenado sacerdote en 1982. Sus primeros años de ministerio no los pasó en los centros eclesiásticos de los Estados Unidos, sino en el norte de Perú, en la Diócesis de Trujillo, donde sirvió como párroco y educador. Allí se dedicó a la formación de seminaristas, a la enseñanza del Derecho Canónico y al servicio pastoral entre los pobres, un inicio de vida eclesial que lo marca con el sello de la misión y de la periferia, tan querido por Francisco.

Durante casi dos décadas, el joven agustino dividió su tiempo entre la vida académica y el trabajo pastoral. En 1999 regresó a Estados Unidos para ser nombrado prior provincial de su orden en Chicago y en 2001 fue elegido Prior General de la Orden de San Agustín, cargo que ocuparía durante dos mandatos, hasta 2013. Fue en este cargo que se familiarizó con la realidad internacional de la Iglesia y adquirió una sólida experiencia administrativa y diplomática, lidiando con conflictos internos, reformas disciplinarias y desafíos de formación.

Al final de sus dos mandatos, y ya con más de 60 años, Prevost podría haberse retirado pacíficamente a alguna función tranquila en su Orden religiosa. Pero su historia tomaría otro giro.

En 2014, el Papa Francisco lo nombró administrador apostólico de la diócesis de Chiclayo, en Perú, que vivía un período de vacancia y dificultades internas tras la gestión de Mons. Jesús Moliné Labarta. Prevost fue nombrado administrador apostólico y más tarde obispo de esta diócesis periférica. Una vez más, el camino de Prevost fue el de la misión, la reconstrucción y el servicio, gobernando sin ostentación o ambiciones.

Durante sus años en Chiclayo, el entonces obispo se destacó por su prudencia y firmeza. Enfrentó crisis políticas locales, participó en iniciativas sociales y, sobre todo, supo mantener unida la diócesis. En un país que atravesaba convulsiones políticas y donde la Iglesia desempeñaba un papel mediador, el estilo reservado pero eficaz de Prevost reveló su capacidad como líder eclesial.

Pero la etapa más importante de su carrera aún estaba por llegar.

En enero de 2023, el Papa Francisco lo llamó a Roma para asumir uno de los roles más poderosos en la Curia Romana: dirigir el Dicasterio para los Obispos. Este es el órgano encargado de analizar y aprobar el nombramiento de prácticamente todos los obispos del mundo, con excepción de las Iglesias orientales.

Esta elección decía mucho de la confianza de Francisco en Prevost. Se necesitaba alguien con un sólido perfil canónico, sensibilidad pastoral y, sobre todo, lealtad a la visión del pontífice para prolongar su legado. Prevost parecía reunir todas estas cualidades y no tenía los vicios de ciertos clérigos de carrera italianos.

Como recuerda John Allen Jr., este nombramiento tuvo un impacto considerable: “Ser responsable de elegir obispos en todo el mundo es quizás la manera más decisiva de forjar el futuro de la Iglesia. Y Prevost, con su estilo tranquilo y discreto, parece haber entendido exactamente lo que Francisco quiere: pastores con olor a oveja, no príncipes de la Iglesia”.

Vale la pena recordar que el cardenal Prevost fue creado cardenal en el reciente consistorio de septiembre de 2023, con el título de cardenal-obispo de Albano. Esto ya sería suficiente para colocarlo entre los cardenales de prestigio en la Curia. Pero su influencia va más allá de su cargo: personifica, con serenidad, un modelo de obispo que Francisco desea legar a la Iglesia.

En el plano teológico y pastoral, Prevost no destaca por posiciones arrojadas. Es fiel al magisterio, equilibrado en sus intervenciones y celoso respecto a la ortodoxia. En Chiclayo no participó en iniciativas polémicas. Tampoco es un reformador radical, como algunos cardenales de los círculos alemán o estadounidense.

Esta sobriedad puede verse como una virtud y como un límite. Para algunos, carece de carisma mediático. Para otros, su perfil excesivamente administrativo puede ser un problema. Pero, como bien señala John Allen Jr., quizá sea precisamente ésa su fuerza: “En un cónclave marcado por la polarización, ganan fuerza los cardenales discretos, fiables, que no dividen sino que unen”.

Prevost es multilingüe (habla con fluidez inglés, español, italiano, francés y portugués, además de leer alemán y latín) y tiene gran facilidad de articulación con los diversos sectores de la Iglesia. Su dominio del Derecho Canónico le convierte en un referente técnico y jurídico. Además, es un religioso: pertenece a la Orden de San Agustín. Esto le confiere una cierta distancia con relación a las estructuras del clero diocesano y al mismo tiempo una experiencia universal de la vida consagrada.

Entre bastidores: lo que dicen en Roma

Fuentes cercanas al Dicasterio de los Obispos informan que Prevost ha desempeñado sus tareas con meticulosa atención. A pesar de su poco tiempo al frente del dicasterio, no parece un novato en el cargo. Recibe personalmente a los candidatos al episcopado, escucha a obispos y nuncios, evita los favoritismos y busca formar un episcopado global que combine la fidelidad doctrinal con la sensibilidad pastoral.

Según un obispo francés citado en College of Cardinals Report , “él hace preguntas inteligentes y escucha atentamente, con respeto. Uno se siente en presencia de alguien que realmente se preocupa por el futuro de la Iglesia”. Esta descripción contrasta con ciertos cardenales que utilizan su cargo para autopromocionarse o para interferir políticamente en el cónclave.

En la práctica, Prevost ayudó a dar forma al episcopado del pontificado de Francisco, con nombramientos más sinodales, pastores cercanos al pueblo y menos centrados en los títulos eclesiásticos. Esta acción puede leerse tanto como una continuación del papado actual como como una preparación para el futuro.

Ningún cardenal es inmune a las críticas y con Prevost no es diferente. Algunas voces dentro y fuera de la Iglesia han señalado omisiones de su parte ante las denuncias de abusos cuando era Prior General de los Agustinos o incluso obispo en Perú. Estas acusaciones, si bien no han generado procedimientos formales, constan en artículos y dossiers críticos.

Es difícil evaluar cuánto podría pesar esto en un cónclave. En tiempos de tolerancia cero ante los escándalos, incluso las sospechas no confirmadas pueden empañar las candidaturas. Por otra parte, como señala Allen, a Prevost no es visto ni como encubridor ni como cómplice, y su reputación personal de integridad aún prevalece entre los cardenales.

Otro factor que pesa en contra de Prevost es… ser estadounidense.

La elección de un Papa norteamericano siempre ha sido vista con escepticismo dentro de la Curia. El temor es que Estados Unidos —ya una superpotencia política y económica— domine también espiritualmente a la Iglesia, lo que provocaría reacciones especialmente en Asia, África y Europa.

Este tabú, sin embargo, se está relativizando cada vez más. El Papa Francisco ha nombrado a varios estadounidenses para puestos clave, incluidos Kevin Farrell y Blase Cupich. Y el hecho de que Prevost viviera muchos años fuera de Estados Unidos, especialmente en Perú, ayuda a suavizar su imagen de ‘yanqui’.

Como señala John Allen Jr., “Prevost es quizás el menos estadounidense de los estadounidenses de la Curia. Su español es perfecto, su temperamento es latino y su vida religiosa le da una perspectiva global”. Su rostro moreno y su sonrisa afable no transmiten la apariencia de un “cowboy” o de “red neck”. En este sentido, puede ser considerado un ciudadano del mundo, que gobernaría para el Orbi y para la Urbe.

Posibilidades reales en el Cónclave

En un posible Cónclave en 2025 o 2026, Prevost podría surgir como el nombre de consenso. Probablemente no será la primera opción de ningún grupo. Pero podría ser la segunda opción de todos. Esto lo convierte en una opción muy viable, como lo fueron Joseph Ratzinger en 2005 y Jorge Mario Bergoglio en 2013.

Cardenales más progresistas tal vez lo vean como alguien que mantendría el espíritu sinodal de Francisco sin los excesos del argentino. Cardenales más conservadores no lo rechazarían, debido a su ortodoxia doctrinal y su conocimiento jurídico. Los latinos lo reconocerían como uno de los suyos, los africanos apreciarían su firmeza y los europeos respetarían su aplomo.

Además de ocupar una de las posiciones más estratégicas en la Curia Romana, como Prefecto del Dicasterio para los Obispos, el Cardenal Robert Prevost tiene un conocimiento privilegiado de la vida y de los desafíos de la Iglesia en los cinco continentes. Sabe quiénes son los cardenales, conoce las realidades de las diócesis, sigue los nombramientos episcopales y mantiene un diálogo constante con decenas de nuncios apostólicos repartidos por el mundo. Su papel no se limita al gobierno de un dicasterio: Prevost forma parte también de otros órganos importantes de la Curia, como el Dicasterio para la Evangelización (Sección para la Primera Evangelización y las Nuevas Iglesias Particulares), el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, el Dicasterio para las Iglesias Orientales y el Dicasterio para el Clero.

Esta combinación de experiencia pastoral internacional e inserción en el corazón de la maquinaria eclesiástica romana le da al cardenal norteamericano una evidente ventaja estratégica en un Cónclave.

Después del primer jesuita… ¿el primer agustino?

La historia de los papas es también una historia de órdenes religiosas. Ha habido papas benedictinos, franciscanos, dominicos y jesuita. Pero nunca un agustino. La elección de Prevost daría a la Orden de San Agustín un lugar inédito en la historia de la Iglesia y simbolizaría un giro hacia la tradición del corazón, la interioridad y la conversión, tan presente en los escritos del Doctor de Hipona.

Los agustinos, de hecho, nunca fueron una orden de poder. Están más vinculados a la educación, a la reflexión teológica y al trabajo pastoral. La elección de un Papa agustino, después de un jesuita, indicaría una continuidad en la elección de Papas religiosos, con un perfil menos monárquico y más servidor.

Conclusión: Ironías de la historia y memes de la Providencia

De ser elegido, Prevost pasaría a la historia como el primer Papa agustino, el primer estadounidense y el segundo religioso en los últimos tres pontificados. Pero más que eso: sería el Papa que formó a los obispos del mundo durante un breve período del reinado de Francisco, un arquitecto silencioso del episcopado actual que ahora asumiría el propio trono de Pedro.

La ironía es interesante: un Cardenal que decidía quién era obispo durante el pontificado de Francisco, se convierte él mismo en obispo de Roma. Y para completar, sería un estadounidense que piensa de manera completamente opuesta al estilo de Donald Trump, cuyos partidarios, al enterarse de un “Papa estadounidense”, podrían pensar por un momento que el MAGA ha llegado al Vaticano. Hasta depararse con un tipo que usa sandalias agustinas, habla mejor español que inglés y escucha antes de juzgar. Y quién sabe, detrás del cónclave, la Providencia podría volver a sonreír con uno de esos memes que sólo el Espíritu Santo sabe dibujar.

Por Rafael Tavares – Especial para Gaudium Press

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Presidente de Obispos alemanes se muestra exultante tras asistir a principal evento luterano

Mons. Bätzing calificó de “experiencia impresionante” el llamado Kirchentag. Mientras tanto, los números del catolicismo en su nación son un desastre.

Foto: Wikipedia

Mons. Georg Bätzing, obispo de Limburgo y presidente del episcopado alemán, no se ahorró elogios para el ‘Kirchentag’, reunión de líderes y fieles de la Iglesia Evangélica en Alemania.

Valoró positivamente que “muchas católicas y católicos hayan participado” y subrayó que “para nosotros, como cristianos, vale lo siguiente: pertenecemos juntos”.

En declaraciones difundidas por la propia conferencia episcopal católica del país, el obispo de Limburgo destacó que encuentros como los Kirchentage evangélicos o los Katholikentage católicos demuestran que “la Iglesia se manifiesta en público con una pretensión tanto teológica como política”. En su opinión, “es bueno que las cristianas y los cristianos se expresen públicamente con su testimonio de fe, también en nuestra sociedad”.

Según informó la Agencia Católica de Noticias (KNA), el prelado defendió el sábado en Hannover que las mujeres puedan recibir la ordenación sacerdotal en la Iglesia católica. La DBK recogió, por su parte, las siguientes palabras del obispo de Limburgo: “Deseo, y hago todo lo posible, para que las mujeres puedan dirigir y tomar decisiones en la Iglesia sin distinción. Es un mandato de justicia, y esta es a su vez un valor elevado en nuestra cultura europea”. En ese comunicado no se hacía mención explícita a la ordenación sacerdotal femenina, tal como sí apuntaba la nota de la KNA.

Bätzing también mostró su agradecimiento al Papa fallecido:

“¡Gracias, Francisco, por los sínodos mundiales! Has convocado a 70 mujeres con derecho a voto en la última asamblea. Eso fue algo nuevo. Como resultado, hemos elaborado un texto que plantea y quiere desarrollar el papel de la mujer en la Iglesia católica. Es una perspectiva, un paso muy esperanzador para la Iglesia y para mí personalmente. Las mujeres quieren influir en la Iglesia, no por sí mismas, sino por ella. Ese es el punto decisivo que debemos reforzar”.

Mons. Bätzing en el fondo pide romper con la Tradición católica

La ordenación de mujeres es una cuestión sobre la que el magisterio católico ha sido claro en las últimas décadas. En 1994, san Juan Pablo II afirmó en su carta apostólica Ordinatio sacerdotalis:

“Para que se elimine toda duda respecto a una cuestión de gran importancia, que pertenece a la misma constitución divina de la Iglesia, declaro en virtud de mi ministerio de confirmar a los hermanos, que la Iglesia no tiene en modo alguno la facultad de conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres, y que esta decisión debe ser tenida de modo definitivo por todos los fieles de la Iglesia”.

Un año después, la Congregación para la Doctrina de la Fe, entonces presidida por el cardenal Joseph Ratzinger, reafirmó la enseñanza, indicando que “esta doctrina requiere una adhesión definitiva, porque, fundada en la Palabra escrita de Dios y constantemente conservada y aplicada en la Tradición de la Iglesia desde el principio, ha sido propuesta infaliblemente por el magisterio ordinario y universal”.

En la Iglesia Evangélica de Alemania (EKD), por el contrario, la ordenación de mujeres se introdujo progresivamente tras la Segunda Guerra Mundial. No obstante, desde una perspectiva católica, las ordenaciones protestantes no son válidas, dado que no se entienden como un sacramento. Por ello, las personas que presiden los oficios en esas comunidades se consideran simples laicos.

La demanda de acceso de las mujeres al sacerdocio ha sido reiterada recientemente por Irme Stetter-Karp, presidenta del Comité Central de los Católicos Alemanes (ZdK): “Muchos desean, ante todo, que su Iglesia reconozca la diversidad de la vida y de los creyentes», afirmó. «Se trata de que las mujeres puedan colaborar en igualdad de condiciones en la Iglesia, también como sacerdotisas”.

En materia ecuménica, Bätzing recordó el sábado que “no se puede pasar por alto lo que se ha separado en 500 años”. Por ello, agradeció el trabajo realizado en el Kirchentag ecuménico de 2021: “Tenemos que seguir trabajando, encontrarnos como hermanos, preguntarnos qué nos une y qué nos separa, qué podemos hacer juntos como señal para muchos”.

Aparte de los Kirchentage evangélicos y los Katholikentage católicos —que suelen celebrarse en años distintos—, también tienen lugar ocasionalmente los Kirchentage ecuménicos. El primero tuvo lugar en Berlín en 2003, seguido por Múnich en 2010 y Fráncfort del Meno en 2021. Por el momento, no se ha anunciado públicamente una nueva edición de este tipo de evento.

Con información de CNAd / InfoCatólica

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Arborelius: Con alma de pastor, pero con riesgo de convertirse en oveja

Tal vez el cardenal Anders Arborelius, obispo de Estocolmo, tenga el espíritu necesario para dirigir el barco, pero ¿sabe cómo manejar el timón?

Foto: Vatican News

En el crepúsculo de un pontificado marcado por las reformas estructurales y la búsqueda de una Iglesia “en salida”, el Colegio Cardenalicio se encuentra ante la inevitable responsabilidad de discernir el perfil del sucesor de Pedro. Entre la lista de posibles candidatos destaca discretamente —pero no sin interés— el nombre del cardenal Anders Arborelius, obispo de Estocolmo, cuya singularidad desafía las categorías tradicionales del análisis vaticano.

Es el primer cardenal en la historia de Suecia, un país predominantemente luterano y cada vez más secularizado. Su biografía, marcada por una conversión tardía y el ingreso en la Orden de los Carmelitas Descalzos, combina elementos espirituales, culturales y pastorales que lo sitúan fuera de los ejes habituales de poder en la Iglesia, lo que, paradójicamente, podría situarlo en el centro de un futuro cónclave.

Nacido en 1949 en Sorengo, Suiza de habla italiana, y criado en Lund, sur de Suecia, Anders Arborelius fue bautizado en la tradición luterana. Sólo a los 20 años, después de una profunda experiencia espiritual, se unió a la Iglesia católica, convirtiéndose más tarde en carmelita descalzo y siendo ordenado sacerdote en 1979. Nombrado obispo de Estocolmo en 1998 por san Juan Pablo II, se convirtió en el primer sueco en ocupar este cargo desde la Reforma protestante. Su creación cardenalicia por el Papa Francisco en 2017 fue interpretada como un gesto de reconocimiento a su fidelidad, discreción y capacidad de evangelización en tierras consideradas misioneras, y como un signo de la voluntad del Papa de incluir las “periferias geográficas y espirituales” en el centro de la vida de la Iglesia.

El trabajo del cardenal Arborelius en una diócesis que abarca todo el territorio sueco se ha caracterizado por un delicado equilibrio entre la ortodoxia doctrinal y la apertura pastoral. En un escenario donde los católicos representan menos del 2% de la población —la mayoría formada por inmigrantes de origen polaco, árabe y africano— Arborelius destaca por su capacidad de preservar la identidad católica sin ceder al relativismo. Su oposición pública a la ideología de género y a la trivialización de la moral sexual cristiana coexiste con una genuina sensibilidad por el diálogo ecuménico e interreligioso, algo casi obligatorio en un contexto escandinavo, marcado por la coexistencia diaria con luteranos, musulmanes y ateos.

Gusta de estar fuera de los focos

Sin embargo, su imagen se caracteriza por una profunda humildad personal. Tiende a evitar las entrevistas, rara vez toma la iniciativa en los debates públicos y tiende a mantenerse fuera de los focos, priorizando el silencio contemplativo heredado de su tradición carmelita. Esta postura, que en otros contextos podría verse como debilidad, adquiere un valor simbólico en una época dominada por el ruido mediático y por líderes carismáticos, a veces superficiales. En Roma, su discreción se interpreta como firmeza. Sin embargo, el hecho de que nunca ocupara cargos gubernamentales en la Curia Romana plantea dudas sobre su capacidad administrativa, especialmente en vista de los complejos mecanismos que rigen el funcionamiento de la Sede Apostólica.

Desde un punto de vista geopolítico, su elección representaría una ruptura significativa. Un Papa de Escandinavia sería un acontecimiento sin precedentes en la historia bimilenaria de la Iglesia, con valor simbólico no sólo a nivel ecuménico —dada la historia de cisma y reconciliación con el mundo protestante— sino también en la afirmación de que la Iglesia no se deja guiar por criterios de densidad demográfica o de influencia política. Su elección sería pues la canonización de una lógica de descentralización y de opción preferencial por los márgenes, una tendencia ya perceptible en los consistorios de Francisco.

Sin embargo, como señala el vaticanista John Allen en un análisis publicado por el portal Crux Now, Arborelius no puede ser considerado un “favorito” en sentido estricto. Carece de una base sólida de apoyo curial. Es aún poco conocido por gran parte de los electores del Colegio Cardenalicio y su falta de experiencia diplomática podría pesar negativamente en un pontificado cada vez más presionado por las crisis internacionales, los conflictos armados y la necesidad de diálogo con las potencias mundiales. Además, su liderazgo episcopal se ejerció en una diócesis pequeña, con recursos limitados y lejos de los desafíos típicos de las megalópolis latinoamericanas o de las archidiócesis europeas más tradicionales.

Sin embargo, su perfil responde a un deseo creciente entre los cardenales de una figura de consenso, libre de vínculos ideológicos exacerbados, dotada de espíritu de oración, de vida sencilla y de fidelidad a la doctrina. Su trabajo en dicasterios relevantes —como el de los Obispos, el del Clero y el de la Unidad de los Cristianos— permite vislumbrar una articulación silenciosa pero efectiva con los centros de decisión eclesiásticos. En tiempos de transición, el Colegio puede inclinarse por un nombre que “está fuera del radar”, pero que ofrece estabilidad, sobriedad y un espíritu de servicio: virtudes que, de hecho, siempre han sido queridas en la tradición petrina.

¿Sería entonces un auténtico papabile? Quizás el término más preciso sea “posible sorpresa”. Su elección dependería de un cónclave desgastado por las tensiones internas, con los bloques en un impasse y una mayoría que busca un pastor, no un gestor. Si el próximo Papa ha de ser una figura de síntesis, que reconcilie tradición y renovación, que sea doctrinalmente firme pero pastoralmente afable, Arborelius puede surgir como una elección inesperada, pero coherente con el espíritu de los tiempos. En una Iglesia cada vez más global, sus orígenes periféricos, su pasado de conversión y su espiritualidad profundamente arraigada pueden resultar providenciales.

Si el ecumenismo es realmente la máxima prioridad de los cardenales, Anders Arborelius es sin duda el hombre adecuado: un símbolo elocuente del posible diálogo entre Roma y las tierras que una vez perdieron ante Lutero y Calvino. Pero, seamos sinceros, fuera de este territorio ecuménico, tan nórdico como nebuloso, Su Eminencia carecerá del apoyo para gobernar una Iglesia marcada por complejidades culturales, presiones geopolíticas e intrigas curiales seculares.

En resumen, tal vez Arborelius tenga el espíritu para dirigir el barco, pero ¿sabe cómo manejar el timón? Restaría esperar, por tanto, que, si es elegido para guiar la Iglesia, no acabe siendo guiado por sus colaboradores por su inexperiencia y su buen corazón, saludando a la multitud desde el papamóvil, mientras la maquinaria vaticana —imperturbable— determina su ruta.

Por Rafael Tavares

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El sucesor de Pedro después de Francisco

“Nadie sabe cómo disciernen los cardenales y siempre hay “tapados” . Entre otras cosas deberán evaluar la vida y la muerte de Francisco, el impacto de los funerales, el reconocimiento global, el llanto de los pobres”

“El cónclave deberá decidir a qué ritmo continúa la reforma sinodal y misionera de la Iglesia, quién puede seguir el diálogo misericordioso con el mundo, de qué continente conviene que sea el papa”

“Me gustaría que el Obispo de Roma se llame Francisco II, Juan XXIV o Pablo VII”

En 2005 le entregué una carta al cardenal Jorge Mario Bergoglio, que era mi arzobispo. Le decía que en 1978 vino un papa del Este y que era tiempo de que llegara uno del Sur. Fue elegido Benedicto XVI, quien construyó una época de papados surgidos en Europa central. Después de su lúcida renuncia el 11 de febrero de 2013, expresada en privado y en público que el sucesor, si salía de América Latina, iba a ser Bergoglio. Mantuve mi opinión hasta la elección de Francisco, como escribí en La Nación el 20 de marzo de ese año, el día siguiente al inicio de su pontificado.

En octubre de 2012 fui experto en el Sínodo de los Obispos sobre la nueva evangelización. Me llamaron la atención las intervenciones del filipino Luis Tagle y el maltés Mario Grech . Hoy están a cargo de organismos decisivos de la Santa Sede: el dicasterio para la Evangelización y la secretaría del sínodo. Francisco, en la reforma de la curia romana, puso en primer lugar el organismo para la evangelización y pasó al segundo el de la doctrina de la fe. Si la Iglesia existe para evangelizar, prima anunciar el Evangelio a todos y no sólo cuidar la doctrina de los creyentes.

Cuando volví de aquella asamblea le escribí a Bergoglio sobre esas dos figuras emergentes, y le trasmití mi percepción de que en la Iglesia estaba soplando el Viento de Dios desde el Sur. Con humor negro, me dijo que me cuide porque una sudestada fuerte me haría volar por los aires. Sin embargo, el Espíritu sopló ya los tres meses fue elegido papá, el primero del sur del Sur.

Muchos no contaron a Bergoglio entre los papables. En medio de los ataques que sufrió desde Roma y en la Argentina, el obispo porteño fue conocido por tres sucesos: el sínodo de 2001, donde reemplazó al relator, el arzobispo de Nueva York; el cónclave de 2005, porque el cardenal Carlo Martini lo sugirió y tuvo muchos votos detrás de Joseph Ratzinger; en 2007, cuando presidió la comisión redactora del Documento de la Conferencia episcopal de Aparecida. Pese a eso, el director del L’Osservatore romano me dijo que no estaba entre las 20 biografías preparadas.

Nadie sabe cómo disciernen los cardenales y siempre hay “tapados” . Entre otras cosas deberán evaluar la vida y la muerte de Francisco, el impacto de los funerales, el reconocimiento global, el llanto de los pobres. No hay blogs soy vaticanista ni leo. Pero, luego de tantos sínodos y reuniones, me animo a nombrar cardenales con el condicional que puse en 2013: “si sale de… sería…”

Un cónclave elige el sucesor de san Pedro, no el heredero del último papa. En 2013 Francisco me dijo: “Soy solo un eslabón de una larga cadena”. En su reciente libro Esperanza. La autobiografía, escribió: “Soy solo un paso”. Pero su estilo pastoral y su magisterio abierto dejan una gran huella. Me gustaría que el Obispo de Roma se llame Francisco II, Juan XXIV o Pablo VII.

La red internacional anti Francisco opera con todo su poder. Divulga que es un duelo entre conservadores y progresistas, y postula a Robert Sarah, Raymond Burke, Gerhard Müller, que nunca serán elegidos. Su voz agresiva, Carlo Viganó, afirmó: “El Concilio Vaticano II fue el cáncer, Francisco es una metástasis”. Como ese grupo ideológico es minoritario, candidatos supuestos moderados: Péter Erdó de Hungría, Albert Ranjith de Sri Lanka, Anders Arborelius de Suecia.

El cónclave deberá decidir a qué ritmo continúa la reforma sinodal y misionera de la Iglesia, quién puede seguir el diálogo misericordioso con el mundo, de qué continente conviene que sea el papa. No es una cuestión geográfica, sino que implica el rol del sur global en la Iglesia del futuro. Hay que elegir a alguien con personalidad propia y pertenencia geocultural.

Si se prefiere un cardenal asiático, conviene que sea de Filipinas, el tercer país con población católica después de Brasil y México. Luis “Chito” Tagle –con quien compartió jornadas desde 2014– fue arzobispo de Manila, tuvo un abuelo chino budista, encarna el diálogo interreligioso, es el único papable que integró la Comisión Teológica Internacional, tiene un enorme carisma para predicar y comunicarse con los jóvenes.

Entre los cardenales latinoamericanos están Luis Rueda de Bogotá y Sergio da Rocha de San Salvador de Bahía. De Norteamérica procede Robert Prevost, que fue obispo en el Perú y preside el dicasterio para los obispos; en Quebec está Gérald Lacroix.

África es el continente donde el catolicismo crece más . En la última asamblea sinodal sobresalió Cristóbal López, obispo en Rabat, Marruecos, que vivió en Paraguay.

Dos europeos no italianos se destacaron en el último trienio: Jean-Marc Aveline de Marsella, nacido en Argelia, comprometido con los migrantes y el diálogo tricontinental en el Mediterráneo; José Tolentino, prefecto de Cultura y Educación, de un diálogo exquisito con la cultura actual. También el español Ángel Fernández Artime, vice de la hermana Simona Brambilla en el dicasterio para consagrados.

Algunos quieren un papa italiano y proponen al secretario de Estado Pietro Parolin, exnuncio. Argumentan que la Iglesia no debe abandonar a Europa en su crisis, el escenario mundial requiere un papa diplomático y sería un moderado que pondría orden.

Nombran a Matteo Zuppi, arzobispo de Bolonia, miembro de san Egidio, con perfil pastoral; ya Gianbattista Pizzaballa, joven patriarca latino de Jerusalén. No mencionan a Roberto Repole, arzobispo de Turín, que presidió la Asociación Teológica Italiana. Es uno de los obispos nombrados en esta década con 55 años, como en Buenos Aires y Madrid, y uno de los cardenales jóvenes, como Francis Leo de Canadá, José Cobo de España, Francois Bustillo de Francia, o Giorgio Marengo en Mongolia.

Si se desea avanzar rápidamente en el proceso sinodal, la figura es Mario Grech de Malta, secretario del Sínodo. Con él y el relator Jean-Claude Hollerich, de Luxemburgo, trabajé desde 2021. Los temerosos antisinodales los consideran progresistas, una palabra que ya carece de significado en el ámbito eclesial. No saben que Francisco, en el hospital Gemelli, aprobó una agenda que lleva a una asamblea sinodal mundial en 2028 y que Grech ya la comunicó a todos los obispos.

Nomen est presagio. Nombre es misión

El papa jesuita eligió el nombre del Poverello , que tiene una gran potencia renovadora. En 2013, en Asís, recordó la unión de san Francisco con Jesús y la misión que se le encomendó: reparar mi casa. Expuso tres rasgos de su carisma: el amor a los pobres desde su abrazo a la Señora Pobreza; el ideal pacificador cifrado en el lema Paz y Bien; la fraternidad universal expresada en el Canto de las criaturas. O sea, la identificación con Cristo, la reforma de la Iglesia, el amor a los pobres, la lucha por la paz, la defensa de lo creado.

Con ese nombre el papa latinoamericano marcó tres prioridades: la dignidad ante la desigualdad, la paz contra la violencia, el cuidado de la casa común. Entonces se capta mejor la “encíclica” de sus gestos: vivir pobremente, abrazar a todos, promover el encuentro, defender a los migrantes, nombrar mujeres, conversar con jóvenes, animar el diálogo ecuménico e interreligioso.

Un día me dijo: durante la persecución nazi Pío XII destinó casas religiosas para los refugiados y convirtió al palacio de Castel Gandolfo en hospital para judías embarazadas. Si el cuarto del papa fue la sala de partos, ¿cómo voy a ir ahí de vacaciones? Y lo volvió a un centro histórico.

El futuro obispo de Roma encontrará una Iglesia con doscientos millones de bautizados más que en 2010, en una humanidad muy frágil y un mundo globalizado y fragmentado. Deberá ser místico y profético, tratar de incluir a todos, escuchar mucho, ser compasivo, trasmitir esperanza, luchar contra los abusos, enseñar con su austeridad, gobernar colegial y sinodalmente, comunicar el Evangelio atrayendo, no conquistando. Si es del sur, podrá avanzar hacia una Iglesia más intercultural. Si no lo es, debería situarse en las periferias para comprender al mundo entero.

El sucesor de Pedro es llamado a amar a Jesús, el Buen Pastor, y servir a su pueblo . Él es el Dios–Hombre, “aquel que nos amó” (Rm 8,37), como se titula la última encíclica. El cristianismo cree, con san Juan, que “Dios es Amor (1 Jn 4,8), y enseña, con San Pablo, que “lo más importante es el amor” (1 Co 13,13). Con sus límites, Francisco manifestó la tierna humanidad de nuestro Dios.

Presbítero. Miembro de la Comisión Teológica internacional y de la Academia Pontificia de Teología

Fuente: Religión Digital

El mundo mira a Roma: ¿Pero Roma mirará al mundo?

A punto de empezar el Cónclave todo el mundo tiene la mirada puesta en Roma. Sin duda esto se debe al prestigio del Papa Francisco, que poco a poco ha recuperado para la Iglesia un nivel alto de relevancia social. Su funeral ha sido, sin duda un hito. Y, además la misión evangelizadora de la Iglesia puede ganar muchos enteros si el nuevo Papa sabe aprovechar la ola de popularidad de Francisco.

Hay un montón de reformas que se presentan como inaplazables, entre ellas que la mitad de la Humanidad no tiene todavía el lugar que le corresponde, empezando por el Cónclave. ¿Dónde están todavía las mujeres en la Iglesia? Francisco ha dado pasos, pero hay que seguir con fuerza y valentía…

Devolverle a la persona humana su dignidad será una tarea ineludible e importante. No es posible que el Hijo de Dios se hiciera hombre, y el hombre, hoy, se haya convertido en nada. Para ejemplo, Gaza, Ucrania y el resto de los cincuenta y tantos conflictos que están vivos en el mundo.

Y desde el nuevo Papa hasta el último cristiano tenemos que empeñarnos en la tarea de anunciar la validez del mensaje cristiano y su pertinencia para dar respuesta a los grandes interrogantes de las personas. Evidentemente, con temor y temblor, confiemos en que el Espíritu Santo  aletee en La Sixtina, a pesar de los inhibidores…Francisco es un faro desde Santa Maria la Mayor.

A punto de empezar el Cónclave todo el mundo tiene la mirada puesta en Roma. Sin duda esto se debe al prestigio del Papa Francisco, que poco a poco ha recuperado para la Iglesia un nivel alto de relevancia social. Su funeral ha sido, sin duda un hito. Y, además la misión evangelizadora de la Iglesia puede ganar muchos enteros si el nuevo Papa sabe aprovechar la ola de popularidad de Francisco.

Pero lo más importante es si en Roma los Cardenales electores están mirando al mundo en su conjunto de forma real. Si las famosas Congregaciones han servido para darse cuenta que la Iglesia Católica es mucho más que los muros del Vaticano. Pero sobre todo para abrirse, sin miedo, a un mundo con muchos retos en cada uno de los continentes. Francisco lo dijo muchas veces que las Congregaciones le marcaron, en su momento, el camino. ¿Habrá sido así esta vez?

El nuevo Papa tendrá que asumir un mundo complejo, probablemente hoy somos más conscientes de ello que en otras etapas de la historia de la humanidad. Hay un montón de reformas que se presentan como inaplazables, entre ellas que la mitad de la Humanidad no tiene todavía el lugar que le corresponde, empezando por el Cónclave. ¿Dónde están todavía las mujeres en la Iglesia? Francisco ha dado pasos, pero hay que seguir con fuerza y valentía…

Devolverle a la persona humana su dignidad será una tarea ineludible e importante. No es posible que el Hijo de Dios se hiciera hombre, y el hombre, hoy, se haya convertido en nada. Para ejemplo, Gaza, Ucrania y el resto de los cincuenta y tantos conflictos que están vivos en el mundo. No es posible que por las políticas de los países del Hemisferio Norte mueran de hambre y sed millones de personas. No es posible que no acojamos a miles de seres humanos que dejan sus tierras, a riesgo de sus vidas, para buscar un mundo mejor para ellos y sus hijos. No es posible que estemos deteriorando de manera irreversible la “Casa Común”. Todo esto y más cosas Francisco lo gritó al mundo. Denunciando la indiferencia. El Papa tiene que continuar siendo no tanto el guardián de las normas, las leyes y las tradiciones con minúscula, sino la instancia moral por excelencia. Desde la libertad evangélica y la calidad profética, a tiempo y destiempo, a pesar de los riesgos tiene que denunciar la injusticia y los escándalos de dentro de la Iglesia y de nuestro mundo. La Iglesia no puede permitirse más incoherencias supinas como la pederastia. O barbaridades como Sloan Square…

Los muros del Vaticano no pueden impedir que entre aire fresco en la Iglesia Católica. Necesitamos una Iglesia unida en lo esencial y plural en muchos aspectos que responden a su inculturación en otros mundos. ¿Qué respuesta dar a una Iglesia que envejece y se queda sin jóvenes en Europa y America del Norte? ¿Qué respuesta dar a las jóvenes Iglesias en Africa, Oceanía y América del Sur? ¿Habrá que escuchar seriamente sus propuestas a todos los niveles?

El mundo está, sin duda, muy expectante estos días y con la mirada puesta en Roma. Esto es positivo, pero es un capital que no debemos  permitir que se diluya en unos días. El año jubilar, marcado como quiso Francisco por la Esperanza, tiene que ser un acicate para posicionarse de manera seria en un mundo, que todavía no se ha olvidado de Jesucristo. Y desde el nuevo Papa hasta el último cristiano tenemos que empeñarnos en la tarea de anunciar la validez del mensaje cristiano y su pertinencia para dar respuesta a los grandes interrogantes de las personas. Evidentemente, con temor y temblor, confiemos en que el Espíritu Santo  aletee en La Sixtina, a pesar de los inhibidores…

Fuente: Religión Digital

El umbral del Espíritu: el próximo Papa y la hora decisiva de la Iglesia

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Análisis exclusivo con herramientas de inteligencia artificial, neuroeconomía y discernimiento eclesial. Una mirada audaz al candidato más probable según los datos más recientes, mientras el mundo espera el humo blanco.

Néstor Ojeda

Un nuevo Papa

El próximo cónclave, que comenzará este 7 de mayo en la Capilla Sixtina, se perfila como uno de los más decisivos de las últimas décadas. El Papa Francisco ha dejado una impronta que transformó la agenda pastoral de la Iglesia, y el sucesor que emerja del Colegio de Cardenales podría continuar esa línea o marcar un punto de inflexión.

En esta nota nos valemos de modelos de inteligencia artificial combinados con principios de neuroeconomía para simular comportamientos de elección colectiva y mapear alianzas cardinalicias, considerando información pública actualizada, discursos recientes, nombramientos clave y posicionamientos geoeclesiales.

Las variables del modelo

  • Preferencias ideológico-pastorales: cada cardenal tiene una historia, una formación y una sensibilidad. Algunas figuras buscan una Iglesia más institucional y doctrinalmente clara; otras, una Iglesia misionera, abierta, descentralizada y en salida.
  • Rasgos psicológicos grupales: usando patrones de neuroeconomía, se analiza el comportamiento de bloques (por ejemplo, cardenales estadounidenses, africanos, curiales, etc.) para predecir su propensión a actuar en conjunto, bloquear candidatos o impulsar uno alternativo.
  • Factores geopolíticos: América Latina ya tuvo un Papa; Europa busca recuperar centralidad; Asia y África se proyectan como continentes de crecimiento.
  • Redes de influencia: datos de reuniones, contactos frecuentes, afinidades en Sínodos y dicasterios.

Resultados de la simulación IA + neuroeconomía

Simulamos 10.000 escenarios de votación basados en el algoritmo de Monte Carlo modificado por aprendizaje estadístico de tendencias cardinalicias. Se establecieron pesos distintos según la consistencia del candidato, su carisma, y la aceptabilidad general.

Top 5 de probabilidades al 5 de mayo:

  1. Pietro Parolin (Italia, Secretario de Estado) – 24,6%
  2. Peter Erdő (Hungría, Primado) – 17,2%
  3. Luis Antonio Tagle (Filipinas, Dicasterio para la Evangelización) – 13,8%
  4. Jean-Marc Aveline (Francia, Marsella) – 11,3%
  5. Fridolin Ambongo (Congo, Kinshasa) – 9,7%

Otros nombres con menor probabilidad pero posibles como “tapados”: Matteo Zuppi, Odilo Scherer, Robert Sarah, Christoph Schönborn y Sean O’Malley.

No se incluye a Víctor Manuel Fernández, por considerarse que el peso de su nacionalidad (Argentina) y su cercanía directa con Francisco reducen notablemente las chances de un nuevo pontífice sudamericano.

Análisis final: entre la astucia humana y el susurro de Dios

La elección papal nunca es puramente racional ni exclusivamente espiritual. Es un entretejido de inspiración, cálculo, diplomacia, carisma y apertura al Espíritu Santo. Como decía Benedicto XVI, “el Señor no toma el control total, pero deja espacio para nuestra libertad”.

Todo indica que este cónclave durará pocos días. La convergencia hacia un nombre aceptable por bloques diversos se podría alcanzar rápidamente. La clave será identificar a ese perfil puente que sume experiencia, visión pastoral, solidez doctrinal y apertura global.

Y si bien los modelos proyectan nombres posibles, sabemos que el Espíritu sopla donde quiere.

Tiempo profético

La Iglesia se encuentra en un umbral. El nuevo Papa no será simplemente un administrador de la herencia recibida, sino un “signo” para este tiempo. Que su elección no sea fruto de estrategias ni presiones, sino eco de una oración universal: Ven, Espíritu Santo.

Y que el mundo, una vez más, mire hacia el balcón de San Pedro no como espectadores de un juego de poder, sino como testigos de un nuevo amanecer.


©catolic.ar
Análisis exclusivo. Puede reproducirse citando la fuente.

Cuando la salud se vuelve negocio: la trampa silenciosa de los medicamentos en Argentina

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En la Argentina de hoy, hay un sufrimiento que no sale en los titulares. No se ve en las portadas de los diarios ni es tema habitual de los debates televisivos. Es silencioso, cotidiano y estructural: el de miles de personas que no pueden acceder a los medicamentos que necesitan para vivir. No por falta de diagnósticos, ni por negligencia médica, sino por una red densa y opaca de intereses económicos, privilegios empresariales, pasividades institucionales y silencios cómplices.

Por Néstor Ojeda

Un mercado cautivo

El sistema farmacéutico argentino se mueve dentro de una estructura que muchos especialistas no dudan en calificar como cuasi monopólica. Pocas empresas concentran la mayor parte del mercado, acordando de forma implícita o explícita precios, distribución y cuotas de comercialización. Esto no es una simple sospecha. Diversos informes, tanto locales como internacionales, han alertado sobre la falta de competencia real, la cartelización solapada y la fijación de precios desconectada del costo real de producción.

Detrás de las patentes, los nombres comerciales y los prospectos de laboratorio, hay un negocio multimillonario que se alimenta de una necesidad básica: la salud. El precio de un medicamento esencial puede variar hasta 700% entre marcas que contienen exactamente el mismo principio activo. ¿Por qué? Porque el mercado lo permite. Porque el Estado no lo regula eficazmente. Porque los organismos que deberían controlar muchas veces miran para otro lado.

La sobreprescripción: una práctica habitual, peligrosa y rentable

En este contexto, una práctica silenciosa se ha vuelto norma: la sobreprescripción. Médicos que recetan más de lo necesario. Pacientes que reciben fármacos que no necesitan. Tratamientos que se inician sin evidencia clínica suficiente. Y todo esto tiene un costo, no solo económico sino también humano.

La sobreprescripción puede responder a múltiples causas: formación insuficiente, presiones laborales, demandas sociales… pero también, y no menos importante, a la influencia directa o indirecta de ciertos actores del sector farmacéutico. Algunos informes denuncian la existencia de incentivos, regalos, viajes o “apoyos” académicos que terminan condicionando la libertad y honestidad prescriptiva.

Pero lo más grave es que estas prácticas son conocidas. Muchos las han visto. Muchos las viven desde dentro del sistema. Y sin embargo, pocos las denuncian. Menos aún las enfrentan.

Obras sociales asfixiadas y pacientes desprotegidos

En este esquema, las obras sociales —especialmente las más pequeñas o sindicales— intentan sobrevivir al torbellino de los precios inflados, los medicamentos exclusivos y la demanda creciente. Algunas logran negociar, otras quedan atrapadas entre la necesidad de dar cobertura y la imposibilidad de sostener financieramente tratamientos impagables.

El resultado: pacientes con enfermedades crónicas que no pueden acceder a sus terapias, familias que deben elegir entre comer o comprar una caja de comprimidos, jubilados que estiran sus pastillas porque no saben cuándo podrán volver a comprarlas.

Un pecado estructural: la indiferencia como complicidad

No estamos ante casos aislados. Estamos ante una estructura de pecado social, donde los intereses económicos se imponen sobre la dignidad humana. Donde la salud se convierte en un privilegio y no en un derecho. Donde el silencio de los que saben y no hablan, de los que ven y no actúan, de los que pueden regular pero no lo hacen, se vuelve parte del problema.

¿Cómo es posible que un medicamento que salva vidas cueste más que un salario mínimo? ¿Cómo se explica que los mismos principios activos sean hasta cinco veces más baratos en países vecinos? ¿Por qué el Estado no actúa con firmeza? ¿Qué vínculos ocultos atan a reguladores, distribuidores y prescriptores?

Hacia una conciencia activa

Esta nota busca abrir los ojos. Porque la salud no puede ser solo una mercancía. Porque detrás de cada receta, de cada etiqueta y de cada sobreprecio, hay una vida, una historia, una familia.

Es tiempo de que médicos, farmacéuticos, funcionarios y ciudadanos de a pie rompamos el pacto de silencio. La complicidad puede ser activa, pero también puede ser pasiva. Y cuando se trata de salud, el silencio también mata.


Recientemente el gobierno argentino ha implementado un plan para reducir los precios de los medicamentos a través de la Disposición 1741/2025 (14/03/25), publicada en el Boletín Oficial, seguramente no alcanza, pero puede ser un principìo, de que otros sectores de la sociedad, con capacidad de acción, legisladores nacionales, obras sociales, ong, y otros actores y referentes sociales, puedan incidir, y mantener la visibilidad y permanencia de este tema, en la opinión pública.

Seguramente que habrá presiones de todo tipo, para que nada cambie, o a lo sumo aceptarán pequeños cambios, en la situación actual, pero en definitiva, todo seguirá igual

Pero insistir, luchar pacífica y insistemente, incluso con movilizaciones, aunque puedan surgir amenazas o algo más. . .es un riesgo que vale la pena correr, si queremos vivir en un sociedad más justa e igualitaria.


La disposición 1741/2025, impulsada por la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT), busca fomentar la producción nacional y la competencia en el sector farmacéutico. 

Detalles del plan:

  • Promoción de la producción local:El plan busca incentivar que los laboratorios locales produzcan medicamentos, especialmente aquellos de alto impacto y actualmente monopolizados por empresas extranjeras. 
  • Fomento de la competencia:Se pretende aumentar la competencia en el mercado farmacéutico para generar alternativas más accesibles y reducir precios. 
  • Biosimilares:La ANMAT está impulsando la producción de medicamentos biosimilares, que son alternativas más económicas a los fármacos biológicos originales, sin comprometer la calidad, seguridad o eficacia del tratamiento. 
  • Acceso a tratamientos:Se busca asegurar el acceso a tratamientos esenciales para la población, especialmente para aquellos en situación de vulnerabilidad, a través de la distribución gratuita de ciertos medicamentos. 
  • Actualización de normas:El plan también incluye la necesidad de actualizar las normas y legislación vigente para adaptarse a los avances tecnológicos y a la introducción de nuevos productos biotecnológicos. 

Ejemplo de impacto:

La introducción de un biosimilar de pembrolizumab, desarrollado por el laboratorio Elea, permitió una reducción del 60% en el precio de este medicamento utilizado en tratamientos contra el cáncer. 

©Catolic.ar

En su vida sólo perseguía el éxito profesional y personal, hasta que «el Señor le dirigió unas palabras…»

Silvia Ayuso es una mujer luchadora y trabajadora, feliz esposa y madre. Arrastró durante décadas la profunda herida que le causó el abandono de su padre cuando era muy niña.

Se independizó muy joven y estaba convencida de que todo el sentido de su vida se resumía en un objetivo: alcanzar el éxito profesional.

Siempre había estado en la búsqueda constante de “ese algo” que tanto cuesta definir e identificar; eso que solemos llamar “felicidad o plenitud”. Mientras centraba su vida en el reconocimiento social y profesional, Silvia investigaba para “autocompletarse” con ese algo indefinido.

Una inquietud que la llevó a explorar diferentes espiritualidades y terapias alternativas.

En 2020 Silvia vivía felizmente, o así lo percibía ella: era una profesional de éxito, casada con un hombre maravilloso y madre de dos hijos, formaban una familia en armonía.

Pero, con todo, seguía teniendo esa tristeza que arrastraba desde siempre en un lugar muy profundo de su corazón.

“Vivía en mi, pensaba que era la creadora de mí misma, de todo lo que era y había conseguido”, dice Silvia. Un día, charlando con su madre, surgió de improviso una conversación sobre la Biblia y un tema pendiente: el perdón.

La Palabra se hizo viva en ella de una forma sobrenatural y le dejó la impronta de una frase:

“Así fue y éste es el camino”

A pesar de una experiencia tan contundente, Silvia pasó dos años en búsqueda y dudando de esa Verdad que se le había revelado. De nuevo todo daría un giro cuando, por primera vez en su vida Silvia admitía que ella sola no podría avanzar en la fe. “Si este es el camino, ayúdame a caminarlo, porque yo sola no puedo”.

En su vida fueron apareciendo personas muy distintas de las que solían rodearla en su entorno profesional. También un retiro de Emaús

Silvia se dio cuenta de que había estado sorda y ciega de espíritu y de corazón. Se refugió en la Virgen, le pidió amparo y guía. “He dejado de correr para caminar con María hacia Jesús, y no me ha dejado ni un solo día”.

“Todo eso está muy bien pero, ¿qué vas a hacer con ello?”

Una conversión te puede llevar a vivencias muy profundas, a poner la espiritualidad en un lugar relevante de tu vida, pero también te puede confundir y vivir en discordancia con el día a día. Hay que bajar de las nubes. A Silvia le hicieron una gran pregunta clave cuando hablaba de su proceso de transformación personal y espiritual. La cuestión es que “todo eso está muy bien pero, ¿qué vas a hacer con ello?”.

Una gran interrogante que le llevó a dar nuevos pasos. Empezó a frecuentar la Iglesia (no había vuelto a misa desde su Primera Comunión) y, poco a poco, a conocer mejor la fe católica.

Impactada por la película ‘Medjugorje’, pidió a la Virgen que la ayudara a dibujar una hoja de ruta para el nuevo camino que Dios le estaba mostrando. Empezó a prepararse para la Confirmación, pero no podía recibir el sacramento porque estaba casada por lo civil.

Se reafirmó el amor al Señor y su determinación por reordenar su vida en todo para poder agradarle. Su marido le hizo el gran regalo de proponer una vida marital en castidad hasta que Silvia pudiera hacer la Confirmación y recibir la Eucaristía por primera vez en décadas.

En 2024, la pareja pudo contraer matrimonio por la Iglesia. Otro sacramento con el que ambos, ahora, siguen caminando en esta vida y aspirando a llegar juntos al Cielo.

Fuente: Mater Mundi