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Querido Pedro

A pocas horas de que comience el cónclave he pensado en escribir a esa persona que, como sucesor de Pedro, va a pastorear a la Iglesia durante el tiempo que Dios quiera.

Antes, he de decir que he intentado mantenerme al margen de los comentarios y tertulias que tanto en redes sociales, como en medios de comunicación han ido surgiendo durante estos días. Y es que dicen que ojos que no ven…y yo convencida de que no me iban a producir un bien, las he obviado, aunque siempre algo te llega.

Me produce cada vez más fascinación ver cómo a las personas nos gusta opinar, hablar y, sobre todo, juzgar. Sigue asombrándome cómo personas que ni están dentro de la Iglesia ni, por supuesto, profesan la fe católica, hablan y hablan como si fueran los mayores expertos. Cómo posicionándose en una especie de púlpito imaginario dan su veredicto a modo de sentencia contra la que no cabe recurso alguno, y es que nos encanta pensar que nuestros razonamientos y sentido común es el más común de todos los que existen.

Pasa en todos los ámbitos. Estamos rodeados de personas que se autoproclaman “expertos” y que tienen una característica común: la falta de caridad al hablar.  El ámbito de la religión, y más si es la católica, no es una excepción a esto y si enciendes la televisión después de los telediarios del mediodía te puedes encontrar con situaciones verdaderamente esperpénticas.

Yo no me voy a aventurar a hablar del cónclave, ni de los cardenales ni de la gran ignorancia que reina en el ambiente. Hoy, quiero poner mi corazón en disposición de dar la bienvenida y de querer desde ya al próximo Papa.

Y es por ello que me aventuro a escribirle estas líneas.

Querido Pedro,

Pudiera parecer difícil escribir a una persona de la que no sabes nada, ni siquiera el nombre. Y así lo sería si no fuera porque existe algo mucho más grande; algo mucho más profundo y a la vez, elevado, que me hace confiar en que, sin conocer tu rostro, puedo quererte desde ya. La verdad es que no es solo que pueda, sino que quiero y decido hacerlo. Quiero quererte.

Ese algo, es mi fe. Una fe que me hace moverme y vivirme con la certeza de que Dios lleva el devenir del mundo y nos acompaña, no dejándonos solos ni un minuto. Libres pero acompañados. Una fe que me hace sabedora de que eres el siguiente Pedro, sea cual sea tu nombre.

Esta certeza, esta esperanza sencilla hace que sepa que tu elección estará inspirada por el Espíritu Santo y que serás el Papa que la Iglesia necesita para estos tiempos.

Unos tiempos convulsos y complicados, pero ¿cuándo han sido tiempos fáciles? ¿cuándo el ser humano ha sabido encontrar esa buena vida que tanto anhela su corazón? ¿cuándo hemos dejado de tener guerras?

Cada época, su afán. Y en la nuestra, sé ciertamente que vamos a tener a la cabeza del rebaño que somos, a la persona que necesitamos. Te llames como te llames.

El otro día leí un post que decía que necesitamos un Papa con la garra apostólica de San Juan Pablo II, la claridad doctrinal de Benedicto XVI y el corazón del Papa Francisco.

Me gustó pensar en cada uno de ellos y en cómo nos han guiado. Cada uno como el don que eran. Con sus modos y su carisma. Cada uno de ellos sabiéndose llamados a una misión inmensa y muy pesada para la que el Espíritu Santo les capacitaba.

Y ahí está todo. Eso es lo radicalmente sustancial. No si eres asiático o europeo. No si tu piel tiene un color u otro. No si eres más joven o menos. Lo único y verdaderamente relevante es que serás la persona escogida por el Espíritu Santo para ayudarnos a caminar hacia el cielo.

Con tu pasado y tu historia. Con tus debilidades y talentos. Como el don que eres. Único e irrepetible y llamado a la gran misión de ser el sucesor de San Pedro.

Una misión para la que seguro te ves pequeño y probablemente así sea, pero para la que Dios te elige y, por tanto, te capacita;  y para la que cuentas con la oración de muchísimas personas, incluyéndome en ellas.

Es un misterio muy grande el cómo Dios no necesitando de nosotros quiere hacerlo y nos llama a ser sus manos en este mundo. Un mundo que le anhela y le necesita, aunque le niega y le da la espalda.

Un mundo que te criticará mucho porque a los que vivimos en él nos encanta hacerlo pero que te necesita y necesita de tu testimonio.

Un mundo sediento de sentido y de testigos que con su vida nos hablen de ese Dios que nos ama sin necesidad de que hagamos méritos o tengamos muchos títulos, dinero o reconocimientos. Sino tal cual somos.

Un mundo que parece ha perdido el norte y la esperanza, pero en el que cada uno de nosotros tenemos una responsabilidad, necesitando de nuestro granito de arena.

No sé si hubieras preferido no ser elegido. Creo que es humano que esa idea se te haya pasado por la cabeza. Hasta hace nada eras una persona “normal” poco conocida. A partir de ahora tendrás muchos ojos puestos en ti y muchísima gente a tu alrededor. Ya no podrás pasear anónimamente ni hacerlo por donde y cuando quieras; y cada uno de tus gestos será analizado concienzudamente, muchas veces con no muy buena intención. Ahora tu corazón tendrá que ensancharse al máximo, así como las horas de tu agenda, y estoy segura de que te faltarán minutos en el día para todo lo que tendrás que hacer.

Cuando tuve el regalo de conocer a tu predecesor, el Papa Francisco, me impresionó muchísimo la cantidad de gente que tenía siempre a su lado y los muchos grupos y personas que veía a lo largo del día. En su mirada, cálida como ninguna, vi una humanidad inmensa. Me pidió que rezara por él y así lo he hecho cada día. Tú todavía no me lo has pedido, pero desde hace tiempo rezo por ti y te encomiendo.

Ya he preparado y dispuesto mi corazón para abrírtelo. Sé que el roce hace el cariño y te mentiría si te dijera que no tengo ganas de saber quién eres. ¡Muchísimas! Y es que el amor necesita de un rostro, de un nombre.

Y espero y confío en que una vez más me asombraré ante la acción de Dios que todo lo hace nuevo, pidiéndole que me ayude a no dejar de mirar la realidad con los ojos de una niña y a caminar siempre como una peregrina de la esperanza, amando mucho y juzgando poco.

Porque como decía la madre Teresa de Calcuta, si juzgas a la gente no tienes tiempo de amarla.

Doy gracias a Dios por ti y por tu misión, y a ti por responder que sí a esa llamada.

La entrada Querido Pedro se publicó primero en Exaudi.

Momento del canto “Veni, creátor Spíritus” en la Capilla Sixtina

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It is tradition that once the cardinal electors enter the Sistine Chapel, a liturgical hymn is sung: the “Veni, Creator Spiritus”, which calls upon the assistance of the Holy Spirit.

JRB

Así fue el momento del Extra Omnes

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En torno a las 17:45 hora local los 133 cardenales electores habían hecho su juramento y el maestro de las celebraciones litúrgicas del Vaticano, monseñor Diego Ravelli, pronunció las famosas palabras “Extra omnes” que obligan a salir de la Capilla Sixtina a todos aquellos ajenos a las votaciones.

Habemus Papa: el alba de una nueva Esperanza

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Sin conocer aún su nombre, rostro o palabra, el mundo ya aguarda al sucesor de Pedro con la esperanza de que su elección traiga luz, renovación y un nuevo Pentecostés para la Iglesia.


El humo blanco como epifanía

Habemus Papa

El humo blanco no es solo señal de elección, sino símbolo de epifanía. Algo ha sido revelado. Un nombre resonará en la Plaza de San Pedro, pero más allá de ese nombre, los creyentes aguardan una presencia. Como los discípulos en el Cenáculo, la Iglesia espera con el corazón en vela.

Una figura elegida entre hombres

Sabemos que será un hombre de carne y hueso, elegido tras deliberaciones humanas, por manos humanas. Pero Dios escribe con esas manos. ¿Será joven o anciano? ¿Africano, asiático, europeo o latinoamericano? ¿Conservador o progresista? Todo eso importa, pero no lo esencial.

El deseo de una renovación profunda

Sea quien sea, se le pedirá que conduzca a la Iglesia entre ruinas y esperanzas. Se espera de él que sane heridas, escuche el grito de los pobres, anuncie con fuerza a Cristo y no negocie con la tibieza.

Un nuevo Pentecostés

El elegido recibirá no solo la carga del papado, sino el aliento del Espíritu. Que hable con parresía, que bendiga con ternura, que enfrente a los poderosos, que abrace al pueblo santo de Dios. En cada rincón del mundo se esperará algo más que un nuevo pontífice: un testigo.

Una nueva parusía, en clave de esperanza

No confundimos al Papa con el Señor. Pero en él, lo buscamos. En su palabra, anhelamos oír ecos del Maestro. En su caminar, esperamos rastros del Buen Pastor. Que su elección no sea solo un cambio de rostro, sino una señal de que Cristo camina otra vez entre nosotros.

Re: Momento histórico difícil, que sea elegido el Papa de la comunión y la unidad

En la misa pro eligendo Pontifice, presidida esta mañana en la basílica vaticana, el cardenal decano esboza las tareas de cada sucesor de Pedro, marcadas por el «mandamiento nuevo» del amor. El recordatorio a los cardenales electores: elegir con «la mayor responsabilidad humana y eclesial», evitando consideraciones personales y mirando al bien de la Iglesia y de la humanidad.

Isabella Piro – Ciudad del Vaticano – Vatican News

«Suscitaré un sacerdote fiel, que obrará según los deseos del corazón de Dios»: la antífona inicial acompaña la larga procesión que entra lentamente en la basílica vaticana esta mañana, 7 de mayo, para la misa Pro eligendo Romano Pontifice. Presidió el rito en el Altar de la Confesión el Cardenal Giovanni Battista Re, Decano del Colegio Cardenalicio. En el lugar de culto que custodia los restos de Pedro, cuyo sucesor está llamado a elegir el Cónclave, concelebran 220 cardenales, electores y no electores. Entre ellos, también el 267º Pontífice: su nombre sigue guardado en el corazón del Señor, pero las oraciones y los ojos del mundo se dirigen a él.

En confiada espera

En la «confiada espera» de estas horas, el cardenal Re invoca la ayuda del Espíritu Santo, porque «rezar -dice- es la única actitud justa y necesaria»:

Que sea elegido el Papa que la Iglesia y la humanidad necesitan en este momento de la historia tan difícil y complejo.

Máxima responsabilidad humana y eclesial

La de los cardenales electores, que a las 16:30 se reunirán en la Capilla Sixtina e iniciarán el Cónclave, es «un acto de la máxima responsabilidad humana y eclesial -subrayó el cardenal Re- y una decisión de excepcional importancia»:

Un acto humano por el cual se debe abandonar cualquier consideración personal, y tener en la mente y en el corazón sólo al Dios de Jesucristo y el bien de la Iglesia y de la humanidad.

El amor cambia el mundo

El purpurado se detuvo después en el Evangelio de Juan, proclamado en latín durante la celebración: es el pasaje en el que Jesús invita a los discípulos a permanecer en su amor, el mandamiento «nuevo» que «no conoce límites y debe caracterizar los pensamientos y la acción de todos sus discípulos». «El amor es la única fuerza capaz de cambiar el mundo», prosiguió el cardenal decano, reiterando que «la cualidad fundamental de los Pastores es el amor hasta el don total de sí», junto con «la ayuda mutua y el compromiso por la comunión eclesial y la fraternidad humana universal»

Acrecentar la comunión 

«Acrecentar la comunión» es otra de las tareas del Sucesor de Pedro destacadas por el cardenal decano: comunión de todos los cristianos con Cristo, -explicó- comunión de los obispos con el Papa y entre sí:

No una comunión autorreferencial, sino dirigida totalmente a la comunión entre las personas, los pueblos y las culturas, velando para que la Iglesia sea siempre «casa y escuela de comunión».

Unidad en la diversidad

Igualmente fuerte es la llamada a «mantener la unidad de la Iglesia en la senda trazada por Cristo a los Apóstoles»:

La unidad de la Iglesia es querida por Cristo; una unidad que no significa uniformidad, sino una firme y profunda comunión en la diversidad, siempre que se mantenga en plena fidelidad al Evangelio.

La elección de un Papa no es una simple sucesión

Un nuevo Papa «según el corazón de Dios para el bien de la Iglesia y de la humanidad» es, por tanto, la invocación del cardenal decano, porque la elección de un Papa «no es una simple sucesión de personas, sino que es siempre el apóstol Pedro que regresa»:

Recemos para que Dios conceda a la Iglesia el Papa que mejor sepa despertar las conciencias de todos y las fuerzas morales y espirituales en la sociedad actual, caracterizada por un gran progreso tecnológico, pero que tiende a olvidarse de Dios.

Que los cardenales concuerden en su elección

Por último, el deseo de que los cardenales electores reunidos en la Capilla Sixtina -donde el Juicio Final de Miguel Ángel recuerda a cada uno «la grandeza de la responsabilidad» de poner el Pontificado «en las manos adecuadas»- estén de acuerdo «en elegir al Papa que necesita nuestro tiempo».

La XII Congregación General, las cualidades necesarias para un futuro Papa

La víspera del inicio del Cónclave, la duodécima y última Congregación General de Cardenales se centra en diversas cualidades importantes para un futuro Papa, entre ellas ser pastor, constructor de puentes.

Vatican News

La duodécima y última congregación de cardenales se abrió esta mañana, 6 de mayo a las 9.00 horas, como de costumbre, con un momento de oración. Estaban presentes 173 cardenales, incluidos 130 electores.  Veintiséis discursos abordaron diversas cuestiones.

Entre los principales temas que surgieron destaca la conciencia de que muchas de las reformas promovidas por el Papa Francisco necesitan continuidad: la lucha contra los abusos, la transparencia económica, la reorganización de la Curia, la sinodalidad, el compromiso por la paz y el cuidado de la creación. La responsabilidad de la Iglesia en estos ámbitos es profundamente sentida y compartida.

Un tema central de la reflexión fue el de la comunión, señalado como vocación esencial para el nuevo Pontífice. Se esbozó el perfil de un Papa pastor, maestro de humanidad, capaz de encarnar el rostro de una Iglesia samaritana, cercana a las necesidades y heridas de la humanidad. En tiempos marcados por guerras, violencia y fuertes polarizaciones, se siente con fuerza la necesidad de un guía espiritual que ofrezca misericordia, sinodalidad y esperanza.

Algunos discursos abordaron cuestiones canónicas, reflexionando sobre el poder del Papa.

También se abordó la cuestión de las divisiones en el seno de la Iglesia y de la sociedad y cómo los cardenales están llamados a ejercer hoy su papel en relación con el Papado.

Se habló de la Jornada Mundial de los Pobres, que se celebra el domingo anterior a la solemnidad de Cristo Rey: se subrayó cómo estos dos aniversarios pueden leerse en relación el uno con el otro, reconociendo la presencia viva de Cristo en los pobres y recordando que la verdadera realeza del Evangelio se manifiesta en el servicio.

Dialogaron también de la necesidad de hacer más significativos los encuentros del Colegio Cardenalicio con ocasión de los consistorios y de promover la iniciación cristiana y la formación permanente como auténticos actos misioneros.

Se recordó a los mártires de la fe, especialmente en aquellas tierras donde los cristianos sufren persecución o están privados de libertad religiosa. Entre las urgencias pastorales, también se reafirmó el compromiso de afrontar con decisión el cambio climático, reconocido como un desafío global y eclesial.

Se volvió a reflexionar sobre la fecha de celebración de la Pascua, el Concilio de Nicea y el diálogo ecuménico.

La congregación concluyó con la lectura de una declaración oficial: un llamamiento a las partes implicadas en diversos conflictos internacionales. Los cardenales pidieron un alto el fuego permanente y el inicio de negociaciones que conduzcan a una paz justa y duradera, en el respeto de la dignidad humana y del bien común.

En la reunión de esta mañana también se anularon el Anillo del Pescador y el Sello de Plomo.

Por último, se tomaron algunas disposiciones prácticas relativas al programa de los cardenales electores durante el Cónclave. La reunión concluyó a las 12.30 horas. No están previstas más Congregaciones Generales.

Extra omnes: fuera todos

La entrada de los cardenales en la Capilla Sixtina, un tiempo suspendido y de misterio en el que discernir al siervo de los siervos de Dios.

Paolo Ruffini – Vatican News

Estra omnes. Fuera todos. Sucede, en este tiempo suspendido, que todos en el mundo se preguntan quién será el 267º obispo de Roma. Todos involucrados, aunque físicamente excluidos del lugar donde los sucesores de los apóstoles convertidos en cardenales, reunidos y custodiados en el secreto de una Capilla, elegirán al siervo de los siervos de Dios llamado a guiar a la Iglesia.

Siervo. Siervo del único Pueblo del que Pedro fue y seguirá siendo parte, incluso después de haber sido llamado a dirigirlo.

Siervo. Y aquí está el misterio. ¿Cómo puede un siervo ser el líder de un pueblo? ¿De una Iglesia?

Una pregunta a la que Jesús respondió con palabras que aún hoy nos cuesta entender: «Sabéis que los que son tenidos como jefes de las naciones, las dominan como señores absolutos y sus grandes las oprimen con su poder. Pero no ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será esclavo de todos, que tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos». (Mc 10, 42-45).

Servir, para servir. A eso están llamados los sucesores de Pedro para guiar a la Iglesia. Y esta paradoja desorienta. Confunde tanto a los medios de comunicación como a los numerosos centros de poder, grandes y pequeños, del mundo, mientras se debaten sobre la identidad y el nombre que tomará el elegido, y tal vez incluso intentan influir en la decisión, elaborando escenarios e interpretaciones que parecen escritos en la arena.

Extra omnes. Esta regla interrumpe este tiempo suspendido entre el ahora y el todavía-no en el que incluso los cardenales (el pueblo de Dios que espera a su pastor, lo sabe, lo cree, lo pide) están llamados a entrar en el misterio; y a dejar no sólo a todos, sino todo fuera de la Capilla Sixtina: por tanto a sí mismos, sus pensamientos, sus razonamientos; y a vaciarse totalmente para dejar espacio sólo al Espíritu, a una dinámica que los trasciende, y al misterio de Pedro.

Pero Pedro es esto. Un misterio que nos confía una certeza.

Pedro es el pescador a quien Jesús prometió que el mal no vencería: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella» (Mt 16,18).

Es el Apóstol por quien -al confiarle su Iglesia- el Hijo de Dios oró con una recomendación especial al Padre. Para que le ayudara a llevar sobre sus hombros una carga que, de otro modo, sería demasiado pesada.

Pedro es un hombre sostenido por esta oración que se ha extendido a través del tiempo y de la historia sobre sus sucesores hasta llegar a nosotros hoy. Una oración concreta, especial precisamente: para que su fe no desfalleciera nunca ante las pruebas que tendría que afrontar, tan distintas y tan parecidas a las de nuestro tiempo, secularizado, dividido, polarizado, confuso, encarnizado; lleno de afán de mando y pobre de amor, incapaz de comprender el valor un servicio y del bien común, hinchado de frágiles certezas y falsas verdades, imbuido más de rencor que de misericordia, tantas veces deseoso más de venganza que de perdón: «¡Simón, Simón! Mira que Satanás ha solicitado el poder cribaros como trigo;  pero yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca. Y tú, cuando hayas vuelto, confirma a tus hermanos»(Lc 22,31-32).

Pedro es un misterio de misericordia y de amor; de comunión y de escucha.

Pedro es un pescador que se equivoca en sus cálculos; que pasa angustiosamente toda la noche en el mar sin pescar un solo pez; que luego echa las redes en la otra orilla, sólo por la palabra de un desconocido. Y que finalmente comprende que el que le habla es su Maestro.

Pedro es un pecador perdonado: es el elegido que, antes de alegrarse, lloró amargamente después de traicionar. Como Judas. Pero él lloró. Ha llorado.

En sus lágrimas está todo su misterio. Y ahí está el misterio de la Iglesia.  Esas lágrimas son quizá las llaves del Reino. Son las llaves de Pedro y de su misterio: una fragilidad poderosa precisamente porque no brilla con luz propia. Una roca aunque no lo fuera. Que por eso mismo nos confirma a todos en la fe.

“El Papa Francisco, un amoroso pastor decidido a proteger a los niños”

En una entrevista con Vatican News, el arzobispo John Kennedy, quien fue jefe de la Sección Disciplinaria del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, recuerda al Papa Francisco como un pastor cariñoso, quien ofreció a los fieles católicos una clase magistral y, mediante la atención y preocupación del difunto Papa hacia todas las víctimas de abusos, quiso hacer todos los esfuerzos posibles para proteger a los niños y ofrecer justicia a los heridos.

Deborah Castellano Lubov – Ciudad del Vaticano – Vatican News

“El Papa Francisco quiso una Iglesia en donde el mensaje del Evangelio pudiera predicarse sin trabas y que las personas pudieran ser tratadas con amor, así como Dios las ama”.

De este modo se expresó el arzobispo John Kennedy, secretario de la Sección Disciplinaria del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, en una entrevista con Vatican News tras el fallecimiento del Papa Francisco el pasado 21 de abril.

Él no dejó una carta de cosas por hacer. No dejó una lista. Pero con su propia vida, con sus propios gestos y palabras, dejó un modelo a seguir. Él nos ha dado una clase magistral, mostrándonos cómo podemos ser católicos practicantes y fieles cristianos en estos días”.

Nunca perdió ese toque de pastor

La gente me decía que estaban muy agradecidos por su legado, por su ejemplo, “como un ‘Papa increíblemente personal’ y como él intentó vivir su fe cada día, tanto en los pequeños como grandes gestos”.

“El Papa Francisco se esforzó por tener ese contacto personal con la gente porque en su corazón él era un pastor y nunca perdió ese toque”.

Diálogo y pasión para denunciar lo que no está bien

“Recuerdo esa sencillez en sus homilías y todas las homilías que dio mientras estaba en Santa Marta, las cuales fueron reseñadas en los periódicos. Pero, detrás de todo esto había coraje y pasión por el cambio y, realmente, quiso denunciar lo que no era correcto”.

“Al mismo tiempo”, destacó, “era acogedor con las personas con quienes no compartía la misma opinión, pero intentaba escucharles, dialogar y trabajar con ellas”.

El arzobispo Kennedy rememoró que “la palabra Francisco en francés antiguo significa ‘un hombre libre’ y, ciertamente, el Papa Francisco lo era, él sentía gran libertad para hacer los que consideraba que era lo mejor, a pesar de las restricciones de su oficio”

Acercamiento a las víctimas y lucha contra los abusos

El Papa Francisco, en cuanto a los escándalos de abusos, que golpearon a la Iglesia, dio mucha importancia al trabajo que estamos haciendo aquí en el Dicasterio, pero a su manera, sugirió que “ciertamente tendió la mano a las víctimas. Escribió a la Iglesia irlandesa, pero en realidad estaba escribiendo a toda la Iglesia”.

“Lo que el Papa Francisco estaba haciendo, en particular con el establecimiento de la Comisión Pontificia para la Protección de Menores”, explicó el arzobispo Kennedy, “estaba mostrando que la prevención era tan importante en la vida de la Iglesia, así como la educación, la formación, que teníamos que tener los estándares más altos posibles”.

Protección de los niños y justicia para los heridos

Por lo tanto, al pedir a los dos Dicasterios que trabajen juntos, continuó, el difunto Papa “estaba mostrando que un enfoque de mano a mano es la única manera en que el, el trabajo de protección de los niños se puede hacer y garantizar la justicia a los que han sufrido”.

El Papa Francisco se reunió en numerosas ocasiones con las víctimas, recordó el jefe de la Sección Disciplinaria de la DDF. “Las personas que experimentaron su presencia y su oído atento, las personas que escucharon sus disculpas se sintieron profundamente conmovidas por lo que dijo.”

“Él construyó sobre el legado, que fue iniciado por primera vez por el Papa San Juan Pablo II, dándonos nuestro motu proprio Sacramentorum Sanctitatis Tutela en 2001. Luego, en 2010, fue renovado, y luego el Papa Francisco lo renovó de nuevo en febrero del 2021”.

Combatir los abusos es tarea de toda la Iglesia

“Lo que estaba diciendo esencialmente es que combatir los abusos es trabajo de toda la Iglesia”, comentó, al observar que este impulso dio lugar a muchas iniciativas a nivel local con el establecimiento de Comisiones para la Protección de Menores a nivel diocesano e incluso parroquial.

En este contexto, añadió que el Papa Francisco ciertamente “reconoció la herida y el dolor” y “llevó el dolor a su propio corazón, habiendo pedido perdón tantas veces por los abusos en la Iglesia”.

El funcionario del DDF observó que “era algo que realmente le perturbaba. Sabía que todos estos escándalos de abusos ycualquier cosa que vaya mal, ya sea abuso de poder, abuso de autoridad o abuso de menores, es un obstáculo para la predicación del Evangelio”.

Recibido en casa de su Padre

Durante la conversación, el arzobispo también reflexionó sobre la pérdida del Santo Padre el Lunes de Pascua.

“Fue, por supuesto”, expresó, “como para mucha gente, una enorme sorpresa ver que el Papa Francisco había estado en la Plaza de San Pedro bendiciendo a la gente el Domingo de Pascua, y que, al día siguiente, literalmente, había cogido los frutos de la Resurrección y había sido acogido en casa, en la casa del Padre. Sentí cuando murió un momento de conmoción porque, por supuesto, no me lo esperaba, pero eso dio paso muy pronto a un sentimiento de profunda gratitud y aprecio, y me llevó a reflexionar sobre cuál ha sido el legado que nos ha dejado en los últimos doce años”.

Aunque, dijo, no era la primera vez que vivía el funeral de un Papa, ya que estuvo presente en el fallecimiento de los tres últimos Papas, se maravilló de que “cada uno de ellos, a su manera, aportó algo muy nuevo y refrescante a la Iglesia” […] “pero viendo el alcance de Francisco, que fue bastante único y bastante personal, había un sentimiento muy fuerte de gratitud en tanta gente uniéndose, principalmente, para dar las gracias y rezar”.

“Cada uno de ellos, a su manera, aportó algo muy nuevo y refrescante a la Iglesia.”

Confía en Dios y déjate guiar por Él

Monseñor Kennedy recordó por último que la mañana en que los funcionarios del DDF volvieron al trabajo, después de las vacaciones de Pascua, habló con uno de los franciscanos de la Orden de Frailes Menores con los que trabaja.

“Como el fundador de este sacerdote era San Francisco y como estábamos hablando del Papa Francisco, se compartió la historia de cuando el mismo San Francisco estaba muriendo, que creo que dijo a sus frailes que había corrido la carrera y terminado el recorrido; citando las bellísimas palabras de San Pablo, que todo su trabajo estaba hecho y que literalmente no dejaba ningún proyecto a los frailes”.

El arzobispo recordó que no les había dejado detalles concretos para que continuaran en los años venideros, sino que básicamente les dijo: “yo he hecho mi trabajo. Ahora les toca a ustedes. Yo lo he completado todo, y ustedes deben confiar en Dios y dejar que Dios les guíe mientras avanzan”. Esto, observó, “se parece a lo que hemos visto con el Papa Francisco”.

Cardenal Prevost: Después del primer jesuita ¿el primer agustino?

No se trata de una figura mediática ni de alguien con gran visibilidad pública. Pero Prevost se ha vuelto ‘papabile’ casi sin quererlo.

Foto: Vatican News

Con el delicado estado de salud del Papa Francisco y la inevitable expectativa en torno a un futuro cónclave, comenzaron a surgir los nombres de posibles sucesores de San Pedro. En un escenario eclesial globalizado, cada nuevo nombre revelaba algo sobre los rumbos de Iglesia y también sobre las tensiones internas que la atraviesan. Entre los cardenales cuya estrella ha surgido recientemente en el horizonte romano, se destaca un norteamericano poco conocido fuera de los círculos más atentos: el cardenal Robert Francis Prevost, O.S.A.

No se trata de una figura mediática ni de alguien con gran visibilidad pública. Pero, como bien observa el vaticanista John Allen Jr. en su columna habitual en Crux, Prevost se ha vuelto ‘papabile’ casi sin quererlo, debido a su posición actual, su trayectoria y, en particular, su confiabilidad junto al Papa Francisco.

¿Será él, después del primer Papa jesuita, el primer Papa agustino de la historia?

Robert Francis Prevost nació en Chicago el 14 de septiembre de 1955. Ingresó en la Orden de San Agustín en 1977 y fue ordenado sacerdote en 1982. Sus primeros años de ministerio no los pasó en los centros eclesiásticos de los Estados Unidos, sino en el norte de Perú, en la Diócesis de Trujillo, donde sirvió como párroco y educador. Allí se dedicó a la formación de seminaristas, a la enseñanza del Derecho Canónico y al servicio pastoral entre los pobres, un inicio de vida eclesial que lo marca con el sello de la misión y de la periferia, tan querido por Francisco.

Durante casi dos décadas, el joven agustino dividió su tiempo entre la vida académica y el trabajo pastoral. En 1999 regresó a Estados Unidos para ser nombrado prior provincial de su orden en Chicago y en 2001 fue elegido Prior General de la Orden de San Agustín, cargo que ocuparía durante dos mandatos, hasta 2013. Fue en este cargo que se familiarizó con la realidad internacional de la Iglesia y adquirió una sólida experiencia administrativa y diplomática, lidiando con conflictos internos, reformas disciplinarias y desafíos de formación.

Al final de sus dos mandatos, y ya con más de 60 años, Prevost podría haberse retirado pacíficamente a alguna función tranquila en su Orden religiosa. Pero su historia tomaría otro giro.

En 2014, el Papa Francisco lo nombró administrador apostólico de la diócesis de Chiclayo, en Perú, que vivía un período de vacancia y dificultades internas tras la gestión de Mons. Jesús Moliné Labarta. Prevost fue nombrado administrador apostólico y más tarde obispo de esta diócesis periférica. Una vez más, el camino de Prevost fue el de la misión, la reconstrucción y el servicio, gobernando sin ostentación o ambiciones.

Durante sus años en Chiclayo, el entonces obispo se destacó por su prudencia y firmeza. Enfrentó crisis políticas locales, participó en iniciativas sociales y, sobre todo, supo mantener unida la diócesis. En un país que atravesaba convulsiones políticas y donde la Iglesia desempeñaba un papel mediador, el estilo reservado pero eficaz de Prevost reveló su capacidad como líder eclesial.

Pero la etapa más importante de su carrera aún estaba por llegar.

En enero de 2023, el Papa Francisco lo llamó a Roma para asumir uno de los roles más poderosos en la Curia Romana: dirigir el Dicasterio para los Obispos. Este es el órgano encargado de analizar y aprobar el nombramiento de prácticamente todos los obispos del mundo, con excepción de las Iglesias orientales.

Esta elección decía mucho de la confianza de Francisco en Prevost. Se necesitaba alguien con un sólido perfil canónico, sensibilidad pastoral y, sobre todo, lealtad a la visión del pontífice para prolongar su legado. Prevost parecía reunir todas estas cualidades y no tenía los vicios de ciertos clérigos de carrera italianos.

Como recuerda John Allen Jr., este nombramiento tuvo un impacto considerable: “Ser responsable de elegir obispos en todo el mundo es quizás la manera más decisiva de forjar el futuro de la Iglesia. Y Prevost, con su estilo tranquilo y discreto, parece haber entendido exactamente lo que Francisco quiere: pastores con olor a oveja, no príncipes de la Iglesia”.

Vale la pena recordar que el cardenal Prevost fue creado cardenal en el reciente consistorio de septiembre de 2023, con el título de cardenal-obispo de Albano. Esto ya sería suficiente para colocarlo entre los cardenales de prestigio en la Curia. Pero su influencia va más allá de su cargo: personifica, con serenidad, un modelo de obispo que Francisco desea legar a la Iglesia.

En el plano teológico y pastoral, Prevost no destaca por posiciones arrojadas. Es fiel al magisterio, equilibrado en sus intervenciones y celoso respecto a la ortodoxia. En Chiclayo no participó en iniciativas polémicas. Tampoco es un reformador radical, como algunos cardenales de los círculos alemán o estadounidense.

Esta sobriedad puede verse como una virtud y como un límite. Para algunos, carece de carisma mediático. Para otros, su perfil excesivamente administrativo puede ser un problema. Pero, como bien señala John Allen Jr., quizá sea precisamente ésa su fuerza: “En un cónclave marcado por la polarización, ganan fuerza los cardenales discretos, fiables, que no dividen sino que unen”.

Prevost es multilingüe (habla con fluidez inglés, español, italiano, francés y portugués, además de leer alemán y latín) y tiene gran facilidad de articulación con los diversos sectores de la Iglesia. Su dominio del Derecho Canónico le convierte en un referente técnico y jurídico. Además, es un religioso: pertenece a la Orden de San Agustín. Esto le confiere una cierta distancia con relación a las estructuras del clero diocesano y al mismo tiempo una experiencia universal de la vida consagrada.

Entre bastidores: lo que dicen en Roma

Fuentes cercanas al Dicasterio de los Obispos informan que Prevost ha desempeñado sus tareas con meticulosa atención. A pesar de su poco tiempo al frente del dicasterio, no parece un novato en el cargo. Recibe personalmente a los candidatos al episcopado, escucha a obispos y nuncios, evita los favoritismos y busca formar un episcopado global que combine la fidelidad doctrinal con la sensibilidad pastoral.

Según un obispo francés citado en College of Cardinals Report , “él hace preguntas inteligentes y escucha atentamente, con respeto. Uno se siente en presencia de alguien que realmente se preocupa por el futuro de la Iglesia”. Esta descripción contrasta con ciertos cardenales que utilizan su cargo para autopromocionarse o para interferir políticamente en el cónclave.

En la práctica, Prevost ayudó a dar forma al episcopado del pontificado de Francisco, con nombramientos más sinodales, pastores cercanos al pueblo y menos centrados en los títulos eclesiásticos. Esta acción puede leerse tanto como una continuación del papado actual como como una preparación para el futuro.

Ningún cardenal es inmune a las críticas y con Prevost no es diferente. Algunas voces dentro y fuera de la Iglesia han señalado omisiones de su parte ante las denuncias de abusos cuando era Prior General de los Agustinos o incluso obispo en Perú. Estas acusaciones, si bien no han generado procedimientos formales, constan en artículos y dossiers críticos.

Es difícil evaluar cuánto podría pesar esto en un cónclave. En tiempos de tolerancia cero ante los escándalos, incluso las sospechas no confirmadas pueden empañar las candidaturas. Por otra parte, como señala Allen, a Prevost no es visto ni como encubridor ni como cómplice, y su reputación personal de integridad aún prevalece entre los cardenales.

Otro factor que pesa en contra de Prevost es… ser estadounidense.

La elección de un Papa norteamericano siempre ha sido vista con escepticismo dentro de la Curia. El temor es que Estados Unidos —ya una superpotencia política y económica— domine también espiritualmente a la Iglesia, lo que provocaría reacciones especialmente en Asia, África y Europa.

Este tabú, sin embargo, se está relativizando cada vez más. El Papa Francisco ha nombrado a varios estadounidenses para puestos clave, incluidos Kevin Farrell y Blase Cupich. Y el hecho de que Prevost viviera muchos años fuera de Estados Unidos, especialmente en Perú, ayuda a suavizar su imagen de ‘yanqui’.

Como señala John Allen Jr., “Prevost es quizás el menos estadounidense de los estadounidenses de la Curia. Su español es perfecto, su temperamento es latino y su vida religiosa le da una perspectiva global”. Su rostro moreno y su sonrisa afable no transmiten la apariencia de un “cowboy” o de “red neck”. En este sentido, puede ser considerado un ciudadano del mundo, que gobernaría para el Orbi y para la Urbe.

Posibilidades reales en el Cónclave

En un posible Cónclave en 2025 o 2026, Prevost podría surgir como el nombre de consenso. Probablemente no será la primera opción de ningún grupo. Pero podría ser la segunda opción de todos. Esto lo convierte en una opción muy viable, como lo fueron Joseph Ratzinger en 2005 y Jorge Mario Bergoglio en 2013.

Cardenales más progresistas tal vez lo vean como alguien que mantendría el espíritu sinodal de Francisco sin los excesos del argentino. Cardenales más conservadores no lo rechazarían, debido a su ortodoxia doctrinal y su conocimiento jurídico. Los latinos lo reconocerían como uno de los suyos, los africanos apreciarían su firmeza y los europeos respetarían su aplomo.

Además de ocupar una de las posiciones más estratégicas en la Curia Romana, como Prefecto del Dicasterio para los Obispos, el Cardenal Robert Prevost tiene un conocimiento privilegiado de la vida y de los desafíos de la Iglesia en los cinco continentes. Sabe quiénes son los cardenales, conoce las realidades de las diócesis, sigue los nombramientos episcopales y mantiene un diálogo constante con decenas de nuncios apostólicos repartidos por el mundo. Su papel no se limita al gobierno de un dicasterio: Prevost forma parte también de otros órganos importantes de la Curia, como el Dicasterio para la Evangelización (Sección para la Primera Evangelización y las Nuevas Iglesias Particulares), el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, el Dicasterio para las Iglesias Orientales y el Dicasterio para el Clero.

Esta combinación de experiencia pastoral internacional e inserción en el corazón de la maquinaria eclesiástica romana le da al cardenal norteamericano una evidente ventaja estratégica en un Cónclave.

Después del primer jesuita… ¿el primer agustino?

La historia de los papas es también una historia de órdenes religiosas. Ha habido papas benedictinos, franciscanos, dominicos y jesuita. Pero nunca un agustino. La elección de Prevost daría a la Orden de San Agustín un lugar inédito en la historia de la Iglesia y simbolizaría un giro hacia la tradición del corazón, la interioridad y la conversión, tan presente en los escritos del Doctor de Hipona.

Los agustinos, de hecho, nunca fueron una orden de poder. Están más vinculados a la educación, a la reflexión teológica y al trabajo pastoral. La elección de un Papa agustino, después de un jesuita, indicaría una continuidad en la elección de Papas religiosos, con un perfil menos monárquico y más servidor.

Conclusión: Ironías de la historia y memes de la Providencia

De ser elegido, Prevost pasaría a la historia como el primer Papa agustino, el primer estadounidense y el segundo religioso en los últimos tres pontificados. Pero más que eso: sería el Papa que formó a los obispos del mundo durante un breve período del reinado de Francisco, un arquitecto silencioso del episcopado actual que ahora asumiría el propio trono de Pedro.

La ironía es interesante: un Cardenal que decidía quién era obispo durante el pontificado de Francisco, se convierte él mismo en obispo de Roma. Y para completar, sería un estadounidense que piensa de manera completamente opuesta al estilo de Donald Trump, cuyos partidarios, al enterarse de un “Papa estadounidense”, podrían pensar por un momento que el MAGA ha llegado al Vaticano. Hasta depararse con un tipo que usa sandalias agustinas, habla mejor español que inglés y escucha antes de juzgar. Y quién sabe, detrás del cónclave, la Providencia podría volver a sonreír con uno de esos memes que sólo el Espíritu Santo sabe dibujar.

Por Rafael Tavares – Especial para Gaudium Press

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Presidente de Obispos alemanes se muestra exultante tras asistir a principal evento luterano

Mons. Bätzing calificó de “experiencia impresionante” el llamado Kirchentag. Mientras tanto, los números del catolicismo en su nación son un desastre.

Foto: Wikipedia

Mons. Georg Bätzing, obispo de Limburgo y presidente del episcopado alemán, no se ahorró elogios para el ‘Kirchentag’, reunión de líderes y fieles de la Iglesia Evangélica en Alemania.

Valoró positivamente que “muchas católicas y católicos hayan participado” y subrayó que “para nosotros, como cristianos, vale lo siguiente: pertenecemos juntos”.

En declaraciones difundidas por la propia conferencia episcopal católica del país, el obispo de Limburgo destacó que encuentros como los Kirchentage evangélicos o los Katholikentage católicos demuestran que “la Iglesia se manifiesta en público con una pretensión tanto teológica como política”. En su opinión, “es bueno que las cristianas y los cristianos se expresen públicamente con su testimonio de fe, también en nuestra sociedad”.

Según informó la Agencia Católica de Noticias (KNA), el prelado defendió el sábado en Hannover que las mujeres puedan recibir la ordenación sacerdotal en la Iglesia católica. La DBK recogió, por su parte, las siguientes palabras del obispo de Limburgo: “Deseo, y hago todo lo posible, para que las mujeres puedan dirigir y tomar decisiones en la Iglesia sin distinción. Es un mandato de justicia, y esta es a su vez un valor elevado en nuestra cultura europea”. En ese comunicado no se hacía mención explícita a la ordenación sacerdotal femenina, tal como sí apuntaba la nota de la KNA.

Bätzing también mostró su agradecimiento al Papa fallecido:

“¡Gracias, Francisco, por los sínodos mundiales! Has convocado a 70 mujeres con derecho a voto en la última asamblea. Eso fue algo nuevo. Como resultado, hemos elaborado un texto que plantea y quiere desarrollar el papel de la mujer en la Iglesia católica. Es una perspectiva, un paso muy esperanzador para la Iglesia y para mí personalmente. Las mujeres quieren influir en la Iglesia, no por sí mismas, sino por ella. Ese es el punto decisivo que debemos reforzar”.

Mons. Bätzing en el fondo pide romper con la Tradición católica

La ordenación de mujeres es una cuestión sobre la que el magisterio católico ha sido claro en las últimas décadas. En 1994, san Juan Pablo II afirmó en su carta apostólica Ordinatio sacerdotalis:

“Para que se elimine toda duda respecto a una cuestión de gran importancia, que pertenece a la misma constitución divina de la Iglesia, declaro en virtud de mi ministerio de confirmar a los hermanos, que la Iglesia no tiene en modo alguno la facultad de conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres, y que esta decisión debe ser tenida de modo definitivo por todos los fieles de la Iglesia”.

Un año después, la Congregación para la Doctrina de la Fe, entonces presidida por el cardenal Joseph Ratzinger, reafirmó la enseñanza, indicando que “esta doctrina requiere una adhesión definitiva, porque, fundada en la Palabra escrita de Dios y constantemente conservada y aplicada en la Tradición de la Iglesia desde el principio, ha sido propuesta infaliblemente por el magisterio ordinario y universal”.

En la Iglesia Evangélica de Alemania (EKD), por el contrario, la ordenación de mujeres se introdujo progresivamente tras la Segunda Guerra Mundial. No obstante, desde una perspectiva católica, las ordenaciones protestantes no son válidas, dado que no se entienden como un sacramento. Por ello, las personas que presiden los oficios en esas comunidades se consideran simples laicos.

La demanda de acceso de las mujeres al sacerdocio ha sido reiterada recientemente por Irme Stetter-Karp, presidenta del Comité Central de los Católicos Alemanes (ZdK): “Muchos desean, ante todo, que su Iglesia reconozca la diversidad de la vida y de los creyentes», afirmó. «Se trata de que las mujeres puedan colaborar en igualdad de condiciones en la Iglesia, también como sacerdotisas”.

En materia ecuménica, Bätzing recordó el sábado que “no se puede pasar por alto lo que se ha separado en 500 años”. Por ello, agradeció el trabajo realizado en el Kirchentag ecuménico de 2021: “Tenemos que seguir trabajando, encontrarnos como hermanos, preguntarnos qué nos une y qué nos separa, qué podemos hacer juntos como señal para muchos”.

Aparte de los Kirchentage evangélicos y los Katholikentage católicos —que suelen celebrarse en años distintos—, también tienen lugar ocasionalmente los Kirchentage ecuménicos. El primero tuvo lugar en Berlín en 2003, seguido por Múnich en 2010 y Fráncfort del Meno en 2021. Por el momento, no se ha anunciado públicamente una nueva edición de este tipo de evento.

Con información de CNAd / InfoCatólica

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