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Arborelius: Con alma de pastor, pero con riesgo de convertirse en oveja

Tal vez el cardenal Anders Arborelius, obispo de Estocolmo, tenga el espíritu necesario para dirigir el barco, pero ¿sabe cómo manejar el timón?

Foto: Vatican News

En el crepúsculo de un pontificado marcado por las reformas estructurales y la búsqueda de una Iglesia “en salida”, el Colegio Cardenalicio se encuentra ante la inevitable responsabilidad de discernir el perfil del sucesor de Pedro. Entre la lista de posibles candidatos destaca discretamente —pero no sin interés— el nombre del cardenal Anders Arborelius, obispo de Estocolmo, cuya singularidad desafía las categorías tradicionales del análisis vaticano.

Es el primer cardenal en la historia de Suecia, un país predominantemente luterano y cada vez más secularizado. Su biografía, marcada por una conversión tardía y el ingreso en la Orden de los Carmelitas Descalzos, combina elementos espirituales, culturales y pastorales que lo sitúan fuera de los ejes habituales de poder en la Iglesia, lo que, paradójicamente, podría situarlo en el centro de un futuro cónclave.

Nacido en 1949 en Sorengo, Suiza de habla italiana, y criado en Lund, sur de Suecia, Anders Arborelius fue bautizado en la tradición luterana. Sólo a los 20 años, después de una profunda experiencia espiritual, se unió a la Iglesia católica, convirtiéndose más tarde en carmelita descalzo y siendo ordenado sacerdote en 1979. Nombrado obispo de Estocolmo en 1998 por san Juan Pablo II, se convirtió en el primer sueco en ocupar este cargo desde la Reforma protestante. Su creación cardenalicia por el Papa Francisco en 2017 fue interpretada como un gesto de reconocimiento a su fidelidad, discreción y capacidad de evangelización en tierras consideradas misioneras, y como un signo de la voluntad del Papa de incluir las “periferias geográficas y espirituales” en el centro de la vida de la Iglesia.

El trabajo del cardenal Arborelius en una diócesis que abarca todo el territorio sueco se ha caracterizado por un delicado equilibrio entre la ortodoxia doctrinal y la apertura pastoral. En un escenario donde los católicos representan menos del 2% de la población —la mayoría formada por inmigrantes de origen polaco, árabe y africano— Arborelius destaca por su capacidad de preservar la identidad católica sin ceder al relativismo. Su oposición pública a la ideología de género y a la trivialización de la moral sexual cristiana coexiste con una genuina sensibilidad por el diálogo ecuménico e interreligioso, algo casi obligatorio en un contexto escandinavo, marcado por la coexistencia diaria con luteranos, musulmanes y ateos.

Gusta de estar fuera de los focos

Sin embargo, su imagen se caracteriza por una profunda humildad personal. Tiende a evitar las entrevistas, rara vez toma la iniciativa en los debates públicos y tiende a mantenerse fuera de los focos, priorizando el silencio contemplativo heredado de su tradición carmelita. Esta postura, que en otros contextos podría verse como debilidad, adquiere un valor simbólico en una época dominada por el ruido mediático y por líderes carismáticos, a veces superficiales. En Roma, su discreción se interpreta como firmeza. Sin embargo, el hecho de que nunca ocupara cargos gubernamentales en la Curia Romana plantea dudas sobre su capacidad administrativa, especialmente en vista de los complejos mecanismos que rigen el funcionamiento de la Sede Apostólica.

Desde un punto de vista geopolítico, su elección representaría una ruptura significativa. Un Papa de Escandinavia sería un acontecimiento sin precedentes en la historia bimilenaria de la Iglesia, con valor simbólico no sólo a nivel ecuménico —dada la historia de cisma y reconciliación con el mundo protestante— sino también en la afirmación de que la Iglesia no se deja guiar por criterios de densidad demográfica o de influencia política. Su elección sería pues la canonización de una lógica de descentralización y de opción preferencial por los márgenes, una tendencia ya perceptible en los consistorios de Francisco.

Sin embargo, como señala el vaticanista John Allen en un análisis publicado por el portal Crux Now, Arborelius no puede ser considerado un “favorito” en sentido estricto. Carece de una base sólida de apoyo curial. Es aún poco conocido por gran parte de los electores del Colegio Cardenalicio y su falta de experiencia diplomática podría pesar negativamente en un pontificado cada vez más presionado por las crisis internacionales, los conflictos armados y la necesidad de diálogo con las potencias mundiales. Además, su liderazgo episcopal se ejerció en una diócesis pequeña, con recursos limitados y lejos de los desafíos típicos de las megalópolis latinoamericanas o de las archidiócesis europeas más tradicionales.

Sin embargo, su perfil responde a un deseo creciente entre los cardenales de una figura de consenso, libre de vínculos ideológicos exacerbados, dotada de espíritu de oración, de vida sencilla y de fidelidad a la doctrina. Su trabajo en dicasterios relevantes —como el de los Obispos, el del Clero y el de la Unidad de los Cristianos— permite vislumbrar una articulación silenciosa pero efectiva con los centros de decisión eclesiásticos. En tiempos de transición, el Colegio puede inclinarse por un nombre que “está fuera del radar”, pero que ofrece estabilidad, sobriedad y un espíritu de servicio: virtudes que, de hecho, siempre han sido queridas en la tradición petrina.

¿Sería entonces un auténtico papabile? Quizás el término más preciso sea “posible sorpresa”. Su elección dependería de un cónclave desgastado por las tensiones internas, con los bloques en un impasse y una mayoría que busca un pastor, no un gestor. Si el próximo Papa ha de ser una figura de síntesis, que reconcilie tradición y renovación, que sea doctrinalmente firme pero pastoralmente afable, Arborelius puede surgir como una elección inesperada, pero coherente con el espíritu de los tiempos. En una Iglesia cada vez más global, sus orígenes periféricos, su pasado de conversión y su espiritualidad profundamente arraigada pueden resultar providenciales.

Si el ecumenismo es realmente la máxima prioridad de los cardenales, Anders Arborelius es sin duda el hombre adecuado: un símbolo elocuente del posible diálogo entre Roma y las tierras que una vez perdieron ante Lutero y Calvino. Pero, seamos sinceros, fuera de este territorio ecuménico, tan nórdico como nebuloso, Su Eminencia carecerá del apoyo para gobernar una Iglesia marcada por complejidades culturales, presiones geopolíticas e intrigas curiales seculares.

En resumen, tal vez Arborelius tenga el espíritu para dirigir el barco, pero ¿sabe cómo manejar el timón? Restaría esperar, por tanto, que, si es elegido para guiar la Iglesia, no acabe siendo guiado por sus colaboradores por su inexperiencia y su buen corazón, saludando a la multitud desde el papamóvil, mientras la maquinaria vaticana —imperturbable— determina su ruta.

Por Rafael Tavares

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El sucesor de Pedro después de Francisco

“Nadie sabe cómo disciernen los cardenales y siempre hay “tapados” . Entre otras cosas deberán evaluar la vida y la muerte de Francisco, el impacto de los funerales, el reconocimiento global, el llanto de los pobres”

“El cónclave deberá decidir a qué ritmo continúa la reforma sinodal y misionera de la Iglesia, quién puede seguir el diálogo misericordioso con el mundo, de qué continente conviene que sea el papa”

“Me gustaría que el Obispo de Roma se llame Francisco II, Juan XXIV o Pablo VII”

En 2005 le entregué una carta al cardenal Jorge Mario Bergoglio, que era mi arzobispo. Le decía que en 1978 vino un papa del Este y que era tiempo de que llegara uno del Sur. Fue elegido Benedicto XVI, quien construyó una época de papados surgidos en Europa central. Después de su lúcida renuncia el 11 de febrero de 2013, expresada en privado y en público que el sucesor, si salía de América Latina, iba a ser Bergoglio. Mantuve mi opinión hasta la elección de Francisco, como escribí en La Nación el 20 de marzo de ese año, el día siguiente al inicio de su pontificado.

En octubre de 2012 fui experto en el Sínodo de los Obispos sobre la nueva evangelización. Me llamaron la atención las intervenciones del filipino Luis Tagle y el maltés Mario Grech . Hoy están a cargo de organismos decisivos de la Santa Sede: el dicasterio para la Evangelización y la secretaría del sínodo. Francisco, en la reforma de la curia romana, puso en primer lugar el organismo para la evangelización y pasó al segundo el de la doctrina de la fe. Si la Iglesia existe para evangelizar, prima anunciar el Evangelio a todos y no sólo cuidar la doctrina de los creyentes.

Cuando volví de aquella asamblea le escribí a Bergoglio sobre esas dos figuras emergentes, y le trasmití mi percepción de que en la Iglesia estaba soplando el Viento de Dios desde el Sur. Con humor negro, me dijo que me cuide porque una sudestada fuerte me haría volar por los aires. Sin embargo, el Espíritu sopló ya los tres meses fue elegido papá, el primero del sur del Sur.

Muchos no contaron a Bergoglio entre los papables. En medio de los ataques que sufrió desde Roma y en la Argentina, el obispo porteño fue conocido por tres sucesos: el sínodo de 2001, donde reemplazó al relator, el arzobispo de Nueva York; el cónclave de 2005, porque el cardenal Carlo Martini lo sugirió y tuvo muchos votos detrás de Joseph Ratzinger; en 2007, cuando presidió la comisión redactora del Documento de la Conferencia episcopal de Aparecida. Pese a eso, el director del L’Osservatore romano me dijo que no estaba entre las 20 biografías preparadas.

Nadie sabe cómo disciernen los cardenales y siempre hay “tapados” . Entre otras cosas deberán evaluar la vida y la muerte de Francisco, el impacto de los funerales, el reconocimiento global, el llanto de los pobres. No hay blogs soy vaticanista ni leo. Pero, luego de tantos sínodos y reuniones, me animo a nombrar cardenales con el condicional que puse en 2013: “si sale de… sería…”

Un cónclave elige el sucesor de san Pedro, no el heredero del último papa. En 2013 Francisco me dijo: “Soy solo un eslabón de una larga cadena”. En su reciente libro Esperanza. La autobiografía, escribió: “Soy solo un paso”. Pero su estilo pastoral y su magisterio abierto dejan una gran huella. Me gustaría que el Obispo de Roma se llame Francisco II, Juan XXIV o Pablo VII.

La red internacional anti Francisco opera con todo su poder. Divulga que es un duelo entre conservadores y progresistas, y postula a Robert Sarah, Raymond Burke, Gerhard Müller, que nunca serán elegidos. Su voz agresiva, Carlo Viganó, afirmó: “El Concilio Vaticano II fue el cáncer, Francisco es una metástasis”. Como ese grupo ideológico es minoritario, candidatos supuestos moderados: Péter Erdó de Hungría, Albert Ranjith de Sri Lanka, Anders Arborelius de Suecia.

El cónclave deberá decidir a qué ritmo continúa la reforma sinodal y misionera de la Iglesia, quién puede seguir el diálogo misericordioso con el mundo, de qué continente conviene que sea el papa. No es una cuestión geográfica, sino que implica el rol del sur global en la Iglesia del futuro. Hay que elegir a alguien con personalidad propia y pertenencia geocultural.

Si se prefiere un cardenal asiático, conviene que sea de Filipinas, el tercer país con población católica después de Brasil y México. Luis “Chito” Tagle –con quien compartió jornadas desde 2014– fue arzobispo de Manila, tuvo un abuelo chino budista, encarna el diálogo interreligioso, es el único papable que integró la Comisión Teológica Internacional, tiene un enorme carisma para predicar y comunicarse con los jóvenes.

Entre los cardenales latinoamericanos están Luis Rueda de Bogotá y Sergio da Rocha de San Salvador de Bahía. De Norteamérica procede Robert Prevost, que fue obispo en el Perú y preside el dicasterio para los obispos; en Quebec está Gérald Lacroix.

África es el continente donde el catolicismo crece más . En la última asamblea sinodal sobresalió Cristóbal López, obispo en Rabat, Marruecos, que vivió en Paraguay.

Dos europeos no italianos se destacaron en el último trienio: Jean-Marc Aveline de Marsella, nacido en Argelia, comprometido con los migrantes y el diálogo tricontinental en el Mediterráneo; José Tolentino, prefecto de Cultura y Educación, de un diálogo exquisito con la cultura actual. También el español Ángel Fernández Artime, vice de la hermana Simona Brambilla en el dicasterio para consagrados.

Algunos quieren un papa italiano y proponen al secretario de Estado Pietro Parolin, exnuncio. Argumentan que la Iglesia no debe abandonar a Europa en su crisis, el escenario mundial requiere un papa diplomático y sería un moderado que pondría orden.

Nombran a Matteo Zuppi, arzobispo de Bolonia, miembro de san Egidio, con perfil pastoral; ya Gianbattista Pizzaballa, joven patriarca latino de Jerusalén. No mencionan a Roberto Repole, arzobispo de Turín, que presidió la Asociación Teológica Italiana. Es uno de los obispos nombrados en esta década con 55 años, como en Buenos Aires y Madrid, y uno de los cardenales jóvenes, como Francis Leo de Canadá, José Cobo de España, Francois Bustillo de Francia, o Giorgio Marengo en Mongolia.

Si se desea avanzar rápidamente en el proceso sinodal, la figura es Mario Grech de Malta, secretario del Sínodo. Con él y el relator Jean-Claude Hollerich, de Luxemburgo, trabajé desde 2021. Los temerosos antisinodales los consideran progresistas, una palabra que ya carece de significado en el ámbito eclesial. No saben que Francisco, en el hospital Gemelli, aprobó una agenda que lleva a una asamblea sinodal mundial en 2028 y que Grech ya la comunicó a todos los obispos.

Nomen est presagio. Nombre es misión

El papa jesuita eligió el nombre del Poverello , que tiene una gran potencia renovadora. En 2013, en Asís, recordó la unión de san Francisco con Jesús y la misión que se le encomendó: reparar mi casa. Expuso tres rasgos de su carisma: el amor a los pobres desde su abrazo a la Señora Pobreza; el ideal pacificador cifrado en el lema Paz y Bien; la fraternidad universal expresada en el Canto de las criaturas. O sea, la identificación con Cristo, la reforma de la Iglesia, el amor a los pobres, la lucha por la paz, la defensa de lo creado.

Con ese nombre el papa latinoamericano marcó tres prioridades: la dignidad ante la desigualdad, la paz contra la violencia, el cuidado de la casa común. Entonces se capta mejor la “encíclica” de sus gestos: vivir pobremente, abrazar a todos, promover el encuentro, defender a los migrantes, nombrar mujeres, conversar con jóvenes, animar el diálogo ecuménico e interreligioso.

Un día me dijo: durante la persecución nazi Pío XII destinó casas religiosas para los refugiados y convirtió al palacio de Castel Gandolfo en hospital para judías embarazadas. Si el cuarto del papa fue la sala de partos, ¿cómo voy a ir ahí de vacaciones? Y lo volvió a un centro histórico.

El futuro obispo de Roma encontrará una Iglesia con doscientos millones de bautizados más que en 2010, en una humanidad muy frágil y un mundo globalizado y fragmentado. Deberá ser místico y profético, tratar de incluir a todos, escuchar mucho, ser compasivo, trasmitir esperanza, luchar contra los abusos, enseñar con su austeridad, gobernar colegial y sinodalmente, comunicar el Evangelio atrayendo, no conquistando. Si es del sur, podrá avanzar hacia una Iglesia más intercultural. Si no lo es, debería situarse en las periferias para comprender al mundo entero.

El sucesor de Pedro es llamado a amar a Jesús, el Buen Pastor, y servir a su pueblo . Él es el Dios–Hombre, “aquel que nos amó” (Rm 8,37), como se titula la última encíclica. El cristianismo cree, con san Juan, que “Dios es Amor (1 Jn 4,8), y enseña, con San Pablo, que “lo más importante es el amor” (1 Co 13,13). Con sus límites, Francisco manifestó la tierna humanidad de nuestro Dios.

Presbítero. Miembro de la Comisión Teológica internacional y de la Academia Pontificia de Teología

Fuente: Religión Digital

El mundo mira a Roma: ¿Pero Roma mirará al mundo?

A punto de empezar el Cónclave todo el mundo tiene la mirada puesta en Roma. Sin duda esto se debe al prestigio del Papa Francisco, que poco a poco ha recuperado para la Iglesia un nivel alto de relevancia social. Su funeral ha sido, sin duda un hito. Y, además la misión evangelizadora de la Iglesia puede ganar muchos enteros si el nuevo Papa sabe aprovechar la ola de popularidad de Francisco.

Hay un montón de reformas que se presentan como inaplazables, entre ellas que la mitad de la Humanidad no tiene todavía el lugar que le corresponde, empezando por el Cónclave. ¿Dónde están todavía las mujeres en la Iglesia? Francisco ha dado pasos, pero hay que seguir con fuerza y valentía…

Devolverle a la persona humana su dignidad será una tarea ineludible e importante. No es posible que el Hijo de Dios se hiciera hombre, y el hombre, hoy, se haya convertido en nada. Para ejemplo, Gaza, Ucrania y el resto de los cincuenta y tantos conflictos que están vivos en el mundo.

Y desde el nuevo Papa hasta el último cristiano tenemos que empeñarnos en la tarea de anunciar la validez del mensaje cristiano y su pertinencia para dar respuesta a los grandes interrogantes de las personas. Evidentemente, con temor y temblor, confiemos en que el Espíritu Santo  aletee en La Sixtina, a pesar de los inhibidores…Francisco es un faro desde Santa Maria la Mayor.

A punto de empezar el Cónclave todo el mundo tiene la mirada puesta en Roma. Sin duda esto se debe al prestigio del Papa Francisco, que poco a poco ha recuperado para la Iglesia un nivel alto de relevancia social. Su funeral ha sido, sin duda un hito. Y, además la misión evangelizadora de la Iglesia puede ganar muchos enteros si el nuevo Papa sabe aprovechar la ola de popularidad de Francisco.

Pero lo más importante es si en Roma los Cardenales electores están mirando al mundo en su conjunto de forma real. Si las famosas Congregaciones han servido para darse cuenta que la Iglesia Católica es mucho más que los muros del Vaticano. Pero sobre todo para abrirse, sin miedo, a un mundo con muchos retos en cada uno de los continentes. Francisco lo dijo muchas veces que las Congregaciones le marcaron, en su momento, el camino. ¿Habrá sido así esta vez?

El nuevo Papa tendrá que asumir un mundo complejo, probablemente hoy somos más conscientes de ello que en otras etapas de la historia de la humanidad. Hay un montón de reformas que se presentan como inaplazables, entre ellas que la mitad de la Humanidad no tiene todavía el lugar que le corresponde, empezando por el Cónclave. ¿Dónde están todavía las mujeres en la Iglesia? Francisco ha dado pasos, pero hay que seguir con fuerza y valentía…

Devolverle a la persona humana su dignidad será una tarea ineludible e importante. No es posible que el Hijo de Dios se hiciera hombre, y el hombre, hoy, se haya convertido en nada. Para ejemplo, Gaza, Ucrania y el resto de los cincuenta y tantos conflictos que están vivos en el mundo. No es posible que por las políticas de los países del Hemisferio Norte mueran de hambre y sed millones de personas. No es posible que no acojamos a miles de seres humanos que dejan sus tierras, a riesgo de sus vidas, para buscar un mundo mejor para ellos y sus hijos. No es posible que estemos deteriorando de manera irreversible la “Casa Común”. Todo esto y más cosas Francisco lo gritó al mundo. Denunciando la indiferencia. El Papa tiene que continuar siendo no tanto el guardián de las normas, las leyes y las tradiciones con minúscula, sino la instancia moral por excelencia. Desde la libertad evangélica y la calidad profética, a tiempo y destiempo, a pesar de los riesgos tiene que denunciar la injusticia y los escándalos de dentro de la Iglesia y de nuestro mundo. La Iglesia no puede permitirse más incoherencias supinas como la pederastia. O barbaridades como Sloan Square…

Los muros del Vaticano no pueden impedir que entre aire fresco en la Iglesia Católica. Necesitamos una Iglesia unida en lo esencial y plural en muchos aspectos que responden a su inculturación en otros mundos. ¿Qué respuesta dar a una Iglesia que envejece y se queda sin jóvenes en Europa y America del Norte? ¿Qué respuesta dar a las jóvenes Iglesias en Africa, Oceanía y América del Sur? ¿Habrá que escuchar seriamente sus propuestas a todos los niveles?

El mundo está, sin duda, muy expectante estos días y con la mirada puesta en Roma. Esto es positivo, pero es un capital que no debemos  permitir que se diluya en unos días. El año jubilar, marcado como quiso Francisco por la Esperanza, tiene que ser un acicate para posicionarse de manera seria en un mundo, que todavía no se ha olvidado de Jesucristo. Y desde el nuevo Papa hasta el último cristiano tenemos que empeñarnos en la tarea de anunciar la validez del mensaje cristiano y su pertinencia para dar respuesta a los grandes interrogantes de las personas. Evidentemente, con temor y temblor, confiemos en que el Espíritu Santo  aletee en La Sixtina, a pesar de los inhibidores…

Fuente: Religión Digital

El umbral del Espíritu: el próximo Papa y la hora decisiva de la Iglesia

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Análisis exclusivo con herramientas de inteligencia artificial, neuroeconomía y discernimiento eclesial. Una mirada audaz al candidato más probable según los datos más recientes, mientras el mundo espera el humo blanco.

Néstor Ojeda

Un nuevo Papa

El próximo cónclave, que comenzará este 7 de mayo en la Capilla Sixtina, se perfila como uno de los más decisivos de las últimas décadas. El Papa Francisco ha dejado una impronta que transformó la agenda pastoral de la Iglesia, y el sucesor que emerja del Colegio de Cardenales podría continuar esa línea o marcar un punto de inflexión.

En esta nota nos valemos de modelos de inteligencia artificial combinados con principios de neuroeconomía para simular comportamientos de elección colectiva y mapear alianzas cardinalicias, considerando información pública actualizada, discursos recientes, nombramientos clave y posicionamientos geoeclesiales.

Las variables del modelo

  • Preferencias ideológico-pastorales: cada cardenal tiene una historia, una formación y una sensibilidad. Algunas figuras buscan una Iglesia más institucional y doctrinalmente clara; otras, una Iglesia misionera, abierta, descentralizada y en salida.
  • Rasgos psicológicos grupales: usando patrones de neuroeconomía, se analiza el comportamiento de bloques (por ejemplo, cardenales estadounidenses, africanos, curiales, etc.) para predecir su propensión a actuar en conjunto, bloquear candidatos o impulsar uno alternativo.
  • Factores geopolíticos: América Latina ya tuvo un Papa; Europa busca recuperar centralidad; Asia y África se proyectan como continentes de crecimiento.
  • Redes de influencia: datos de reuniones, contactos frecuentes, afinidades en Sínodos y dicasterios.

Resultados de la simulación IA + neuroeconomía

Simulamos 10.000 escenarios de votación basados en el algoritmo de Monte Carlo modificado por aprendizaje estadístico de tendencias cardinalicias. Se establecieron pesos distintos según la consistencia del candidato, su carisma, y la aceptabilidad general.

Top 5 de probabilidades al 5 de mayo:

  1. Pietro Parolin (Italia, Secretario de Estado) – 24,6%
  2. Peter Erdő (Hungría, Primado) – 17,2%
  3. Luis Antonio Tagle (Filipinas, Dicasterio para la Evangelización) – 13,8%
  4. Jean-Marc Aveline (Francia, Marsella) – 11,3%
  5. Fridolin Ambongo (Congo, Kinshasa) – 9,7%

Otros nombres con menor probabilidad pero posibles como “tapados”: Matteo Zuppi, Odilo Scherer, Robert Sarah, Christoph Schönborn y Sean O’Malley.

No se incluye a Víctor Manuel Fernández, por considerarse que el peso de su nacionalidad (Argentina) y su cercanía directa con Francisco reducen notablemente las chances de un nuevo pontífice sudamericano.

Análisis final: entre la astucia humana y el susurro de Dios

La elección papal nunca es puramente racional ni exclusivamente espiritual. Es un entretejido de inspiración, cálculo, diplomacia, carisma y apertura al Espíritu Santo. Como decía Benedicto XVI, “el Señor no toma el control total, pero deja espacio para nuestra libertad”.

Todo indica que este cónclave durará pocos días. La convergencia hacia un nombre aceptable por bloques diversos se podría alcanzar rápidamente. La clave será identificar a ese perfil puente que sume experiencia, visión pastoral, solidez doctrinal y apertura global.

Y si bien los modelos proyectan nombres posibles, sabemos que el Espíritu sopla donde quiere.

Tiempo profético

La Iglesia se encuentra en un umbral. El nuevo Papa no será simplemente un administrador de la herencia recibida, sino un “signo” para este tiempo. Que su elección no sea fruto de estrategias ni presiones, sino eco de una oración universal: Ven, Espíritu Santo.

Y que el mundo, una vez más, mire hacia el balcón de San Pedro no como espectadores de un juego de poder, sino como testigos de un nuevo amanecer.


©catolic.ar
Análisis exclusivo. Puede reproducirse citando la fuente.

Cuando la salud se vuelve negocio: la trampa silenciosa de los medicamentos en Argentina

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En la Argentina de hoy, hay un sufrimiento que no sale en los titulares. No se ve en las portadas de los diarios ni es tema habitual de los debates televisivos. Es silencioso, cotidiano y estructural: el de miles de personas que no pueden acceder a los medicamentos que necesitan para vivir. No por falta de diagnósticos, ni por negligencia médica, sino por una red densa y opaca de intereses económicos, privilegios empresariales, pasividades institucionales y silencios cómplices.

Por Néstor Ojeda

Un mercado cautivo

El sistema farmacéutico argentino se mueve dentro de una estructura que muchos especialistas no dudan en calificar como cuasi monopólica. Pocas empresas concentran la mayor parte del mercado, acordando de forma implícita o explícita precios, distribución y cuotas de comercialización. Esto no es una simple sospecha. Diversos informes, tanto locales como internacionales, han alertado sobre la falta de competencia real, la cartelización solapada y la fijación de precios desconectada del costo real de producción.

Detrás de las patentes, los nombres comerciales y los prospectos de laboratorio, hay un negocio multimillonario que se alimenta de una necesidad básica: la salud. El precio de un medicamento esencial puede variar hasta 700% entre marcas que contienen exactamente el mismo principio activo. ¿Por qué? Porque el mercado lo permite. Porque el Estado no lo regula eficazmente. Porque los organismos que deberían controlar muchas veces miran para otro lado.

La sobreprescripción: una práctica habitual, peligrosa y rentable

En este contexto, una práctica silenciosa se ha vuelto norma: la sobreprescripción. Médicos que recetan más de lo necesario. Pacientes que reciben fármacos que no necesitan. Tratamientos que se inician sin evidencia clínica suficiente. Y todo esto tiene un costo, no solo económico sino también humano.

La sobreprescripción puede responder a múltiples causas: formación insuficiente, presiones laborales, demandas sociales… pero también, y no menos importante, a la influencia directa o indirecta de ciertos actores del sector farmacéutico. Algunos informes denuncian la existencia de incentivos, regalos, viajes o “apoyos” académicos que terminan condicionando la libertad y honestidad prescriptiva.

Pero lo más grave es que estas prácticas son conocidas. Muchos las han visto. Muchos las viven desde dentro del sistema. Y sin embargo, pocos las denuncian. Menos aún las enfrentan.

Obras sociales asfixiadas y pacientes desprotegidos

En este esquema, las obras sociales —especialmente las más pequeñas o sindicales— intentan sobrevivir al torbellino de los precios inflados, los medicamentos exclusivos y la demanda creciente. Algunas logran negociar, otras quedan atrapadas entre la necesidad de dar cobertura y la imposibilidad de sostener financieramente tratamientos impagables.

El resultado: pacientes con enfermedades crónicas que no pueden acceder a sus terapias, familias que deben elegir entre comer o comprar una caja de comprimidos, jubilados que estiran sus pastillas porque no saben cuándo podrán volver a comprarlas.

Un pecado estructural: la indiferencia como complicidad

No estamos ante casos aislados. Estamos ante una estructura de pecado social, donde los intereses económicos se imponen sobre la dignidad humana. Donde la salud se convierte en un privilegio y no en un derecho. Donde el silencio de los que saben y no hablan, de los que ven y no actúan, de los que pueden regular pero no lo hacen, se vuelve parte del problema.

¿Cómo es posible que un medicamento que salva vidas cueste más que un salario mínimo? ¿Cómo se explica que los mismos principios activos sean hasta cinco veces más baratos en países vecinos? ¿Por qué el Estado no actúa con firmeza? ¿Qué vínculos ocultos atan a reguladores, distribuidores y prescriptores?

Hacia una conciencia activa

Esta nota busca abrir los ojos. Porque la salud no puede ser solo una mercancía. Porque detrás de cada receta, de cada etiqueta y de cada sobreprecio, hay una vida, una historia, una familia.

Es tiempo de que médicos, farmacéuticos, funcionarios y ciudadanos de a pie rompamos el pacto de silencio. La complicidad puede ser activa, pero también puede ser pasiva. Y cuando se trata de salud, el silencio también mata.


Recientemente el gobierno argentino ha implementado un plan para reducir los precios de los medicamentos a través de la Disposición 1741/2025 (14/03/25), publicada en el Boletín Oficial, seguramente no alcanza, pero puede ser un principìo, de que otros sectores de la sociedad, con capacidad de acción, legisladores nacionales, obras sociales, ong, y otros actores y referentes sociales, puedan incidir, y mantener la visibilidad y permanencia de este tema, en la opinión pública.

Seguramente que habrá presiones de todo tipo, para que nada cambie, o a lo sumo aceptarán pequeños cambios, en la situación actual, pero en definitiva, todo seguirá igual

Pero insistir, luchar pacífica y insistemente, incluso con movilizaciones, aunque puedan surgir amenazas o algo más. . .es un riesgo que vale la pena correr, si queremos vivir en un sociedad más justa e igualitaria.


La disposición 1741/2025, impulsada por la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT), busca fomentar la producción nacional y la competencia en el sector farmacéutico. 

Detalles del plan:

  • Promoción de la producción local:El plan busca incentivar que los laboratorios locales produzcan medicamentos, especialmente aquellos de alto impacto y actualmente monopolizados por empresas extranjeras. 
  • Fomento de la competencia:Se pretende aumentar la competencia en el mercado farmacéutico para generar alternativas más accesibles y reducir precios. 
  • Biosimilares:La ANMAT está impulsando la producción de medicamentos biosimilares, que son alternativas más económicas a los fármacos biológicos originales, sin comprometer la calidad, seguridad o eficacia del tratamiento. 
  • Acceso a tratamientos:Se busca asegurar el acceso a tratamientos esenciales para la población, especialmente para aquellos en situación de vulnerabilidad, a través de la distribución gratuita de ciertos medicamentos. 
  • Actualización de normas:El plan también incluye la necesidad de actualizar las normas y legislación vigente para adaptarse a los avances tecnológicos y a la introducción de nuevos productos biotecnológicos. 

Ejemplo de impacto:

La introducción de un biosimilar de pembrolizumab, desarrollado por el laboratorio Elea, permitió una reducción del 60% en el precio de este medicamento utilizado en tratamientos contra el cáncer. 

©Catolic.ar

En su vida sólo perseguía el éxito profesional y personal, hasta que «el Señor le dirigió unas palabras…»

Silvia Ayuso es una mujer luchadora y trabajadora, feliz esposa y madre. Arrastró durante décadas la profunda herida que le causó el abandono de su padre cuando era muy niña.

Se independizó muy joven y estaba convencida de que todo el sentido de su vida se resumía en un objetivo: alcanzar el éxito profesional.

Siempre había estado en la búsqueda constante de “ese algo” que tanto cuesta definir e identificar; eso que solemos llamar “felicidad o plenitud”. Mientras centraba su vida en el reconocimiento social y profesional, Silvia investigaba para “autocompletarse” con ese algo indefinido.

Una inquietud que la llevó a explorar diferentes espiritualidades y terapias alternativas.

En 2020 Silvia vivía felizmente, o así lo percibía ella: era una profesional de éxito, casada con un hombre maravilloso y madre de dos hijos, formaban una familia en armonía.

Pero, con todo, seguía teniendo esa tristeza que arrastraba desde siempre en un lugar muy profundo de su corazón.

“Vivía en mi, pensaba que era la creadora de mí misma, de todo lo que era y había conseguido”, dice Silvia. Un día, charlando con su madre, surgió de improviso una conversación sobre la Biblia y un tema pendiente: el perdón.

La Palabra se hizo viva en ella de una forma sobrenatural y le dejó la impronta de una frase:

“Así fue y éste es el camino”

A pesar de una experiencia tan contundente, Silvia pasó dos años en búsqueda y dudando de esa Verdad que se le había revelado. De nuevo todo daría un giro cuando, por primera vez en su vida Silvia admitía que ella sola no podría avanzar en la fe. “Si este es el camino, ayúdame a caminarlo, porque yo sola no puedo”.

En su vida fueron apareciendo personas muy distintas de las que solían rodearla en su entorno profesional. También un retiro de Emaús

Silvia se dio cuenta de que había estado sorda y ciega de espíritu y de corazón. Se refugió en la Virgen, le pidió amparo y guía. “He dejado de correr para caminar con María hacia Jesús, y no me ha dejado ni un solo día”.

“Todo eso está muy bien pero, ¿qué vas a hacer con ello?”

Una conversión te puede llevar a vivencias muy profundas, a poner la espiritualidad en un lugar relevante de tu vida, pero también te puede confundir y vivir en discordancia con el día a día. Hay que bajar de las nubes. A Silvia le hicieron una gran pregunta clave cuando hablaba de su proceso de transformación personal y espiritual. La cuestión es que “todo eso está muy bien pero, ¿qué vas a hacer con ello?”.

Una gran interrogante que le llevó a dar nuevos pasos. Empezó a frecuentar la Iglesia (no había vuelto a misa desde su Primera Comunión) y, poco a poco, a conocer mejor la fe católica.

Impactada por la película ‘Medjugorje’, pidió a la Virgen que la ayudara a dibujar una hoja de ruta para el nuevo camino que Dios le estaba mostrando. Empezó a prepararse para la Confirmación, pero no podía recibir el sacramento porque estaba casada por lo civil.

Se reafirmó el amor al Señor y su determinación por reordenar su vida en todo para poder agradarle. Su marido le hizo el gran regalo de proponer una vida marital en castidad hasta que Silvia pudiera hacer la Confirmación y recibir la Eucaristía por primera vez en décadas.

En 2024, la pareja pudo contraer matrimonio por la Iglesia. Otro sacramento con el que ambos, ahora, siguen caminando en esta vida y aspirando a llegar juntos al Cielo.

Fuente: Mater Mundi

Sede vacante: la Iglesia en la encrucijada

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Mientras el mundo espera al nuevo Papa, el silencio en Roma no es vacío: es elección. Es combate espiritual. Es oportunidad.

Néstor Ojeda


En el centro del cristianismo, hay una silla vacía.
No es cualquier silla: es la Cátedra del Obispo de Roma.
Y cuando queda sin nombre, el mundo entero la mira con una mezcla de ansiedad, esperanza y sospecha.

Este tiempo sin Papa no es solo una pausa litúrgica. Es un signo. Una grieta por donde se cuela el Espíritu.
¿Qué Iglesia nacerá del próximo cónclave?
¿Una Iglesia que camina, o una que retrocede?
¿Una Iglesia de puertas abiertas, o una Iglesia de guardianes?


Francisco ha muerto, pero la disputa por su legado recién comienza.
Los sectores más conservadores lo acusan de haber debilitado la doctrina.
Los sectores reformistas creen que no fue lo suficientemente lejos.
Y el Pueblo de Dios, muchas veces ausente de los pasillos del poder, sólo quiere un pastor que huela a Evangelio.


La Sede Vacante es más que una formalidad.
Es el momento más teológico y político del catolicismo contemporáneo.
Es la hora en que los Cardenales —hombres con historia, estrategia y convicciones— deciden no sólo un nombre, sino un rumbo.


Cada elección papal es una mezcla de oración y geopolítica.
Y este cónclave no será distinto:

  • Las iglesias del Sur Global claman por una voz profética.
  • Europa teme perder el control simbólico.
  • Estados Unidos juega su ficha con lógica de poder.

El Espíritu sopla donde quiere.
Pero no siempre sopla donde conviene.


El mundo observa. La Iglesia espera.
Y millones de creyentes rezan, no para que gane su candidato, sino para que el Reino de Dios no pierda terreno.

Porque no necesitamos un Papa perfecto.
Necesitamos un Papa que no tenga miedo.

©Catolic.ar

Cómo funciona el Cónclave: 15 explicaciones sencillas del sacerdote y periodista Jordi Piquer

(ZENIT Noticias / Barcelona).- Replicamos un artículo a modo de pregunta y respuesta que Catalunya Cristiana ofreció a sus lectores a propósito del Cónclave:

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  1. ¿Cuáles son los preparativos?

Se puede definir el Cónclave como aquel trabajo de discernimiento que hacen los cardenales que no han cumplido aún los 80 años para elegir a la persona que debe ser el Obispo de Roma y el Sucesor de san Pedro. Los últimos Santos Padres han sentido la responsabilidad de dar unas normas para el buen desarrollo del Cónclave.Pablo VI publicó la constitución apostólica Romani Pontifici eligendo (1-10-1975) y Juan Pablo II otra constitución apostólica sobre el mismo tema titulada Universi Dominici gregis (22-02-1996). Benedicto XVI, con un documento del 11 de junio de 2007 —titulado Constitutione apostolica— determinó que para elegir al nuevo Papa siempre se requiere que el candidato obtenga dos tercios de los votos de los cardenales electores. Se busca siempre un Papa elegido por un amplio consenso, expresado mediante una «mayoría cualificada» de los sufragios.

Antes de comenzar, los cardenales —también los mayores de 80 años— se reúnen en encuentros previos llamados “congregaciones generales”, que son como un análisis del estado de la Iglesia en todo el mundo para discernir qué persona puede ser más adecuada para asumir la función de Sucesor de san Pedro.

  1. ¿Cómo se inaugura?

Con una misa en la mañana del primer día del Cónclave, concelebrada por los cardenales en la basílica de San Pedro. Es la misa pro eligendo Pontifice.
Por la tarde, desde la Capilla Paulina del Palacio Apostólico, se dirigen en procesión a la Capilla Sixtina entonando el Veni Creator para invocar la asistencia del Espíritu Santo.
Al llegar a la Sixtina, el maestro de ceremonias pontificio pronuncia la orden Extra omnes. Entonces salen las personas ajenas al Cónclave y solo permanecen los cardenales, encerrados con llave (de ahí viene la palabra “cónclave”) y aislados del mundo para garantizar el secreto de las votaciones.

Durante las elecciones, los cardenales electores no pueden recibir prensa, ni escuchar radio o televisión, ni usar dispositivos para grabar o reproducir escritos, imágenes o sonido. El personal auxiliar, si rompe el secreto, incurre en pena de excomunión reservada a la Sede Apostólica.

  1. ¿Qué pasa en un Cónclave?

Lo que debe pasar es que los cardenales, en libertad y responsabilidad, elijan un Papa.Hay pena de excomunión para los cardenales si aceptan, por ejemplo, llevar al Cónclave un veto contra un candidato.Un caso emblemático fue el del cardenal Mariano Rampolla del Tindaro, a quien Austria vetó en el Cónclave de 1903, a pesar de que parecía ser el elegido. Esto es un ejemplo de lo que no debe ocurrir en un Cónclave.

En el momento de la elección, dentro de la Capilla Sixtina, hay hombres que creen en Dios y han consagrado su vida a Cristo y a la Iglesia. Sin idealizarlos, quiero pensar que quieren hacer un buen discernimiento.El Espíritu —así lo creemos— es capaz de guiar a la Iglesia incluso mediante mediaciones humanas. Para el creyente, el Cónclave es hora de oración confiada. Los últimos conclaves nos han dado grandes Papas, y debemos agradecerlo a Dios.

  1. ¿Cuánto tiempo puede durar?

En la historia ha habido cónclaves muy largos, porque las distintas tendencias entre los cardenales no se ponían de acuerdo, a veces por influencias políticas. Hoy la Iglesia goza de libertad y no está sometida a esas presiones. Actualmente, los cónclaves suelen durar dos o tres días.

  1. ¿Por qué no es público?

Por discreción y para garantizar la plena libertad de los electores. El elegido debe ser pastor de toda la Iglesia.

El secreto sobre los detalles de la elección ayuda a que pueda ser acogido como servidor de los servidores de Dios (servus servorum Dei), uno de los títulos más hermosos del Papa.

El secreto está al servicio de la libertad del Cónclave, que es lo que se debe preservar.

  1. ¿Cuál fue el Cónclave más largo?

Se dice que el que eligió a Gregorio X (Teobaldo Visconti) duró dos años. Se celebró en Viterbo y los ciudadanos, indignados, quitaron el techo del edificio donde estaban reunidos los cardenales y les dieron solo pan y agua… Fue un caso extremo. Hoy eso no es previsible, gracias a Dios.

  1. ¿Por qué se celebra en la Capilla Sixtina?

Porque —como escribe Juan Pablo II— “todo contribuye a hacer más viva la presencia de Dios, ante quien todos compareceremos un día para ser juzgados”.

Las pinturas de Miguel Ángel —especialmente el Juicio Final— recuerdan a los electores la trascendencia de sus decisiones.

  1. ¿Quién propone a los candidatos?

En realidad, no hay candidatos “propuestos”. Ninguno se presenta a sí mismo.En la práctica, todos los cardenales pueden ser elegidos (aunque puede ser elegido alguien que no sea cardenal, eso ya no ocurre).

Las primeras votaciones van indicando quiénes son los preferidos, según las reflexiones y conversaciones previas entre los cardenales.
No se puede entrar con pactos o vetos de ningún tipo.

  1. ¿Quién tiene derecho a elegir al Papa?

Los cardenales que no hayan cumplido los 80 años en el momento de iniciarse el Cónclave, como representantes del clero y del pueblo cristiano de la diócesis de Roma, aunque hoy el Colegio Cardenalicio representa a los cinco continentes.

En 1978, a quien preguntaba por los “papables”, en la Oficina de Prensa del Vaticano le daban la biografía de todos los cardenales…

  1. ¿Cómo es la votación?

Normalmente se hacen cuatro votaciones al día: dos por la mañana y dos por la tarde.

El voto de cada cardenal es secreto.

Según las disposiciones de Juan Pablo II, quedan abolidas las formas de elección por aclamación, inspiración o compromiso. Solo es válida la elección por escrutinio.

Cada cardenal elector, al depositar su voto, pronuncia en voz alta:

“Pongo por testigo a Cristo Señor que me juzgará que yo elijo a quien, ante Dios, creo que debe ser elegido.”

  1. ¿Qué formas hay de elección?

La habitual es por sucesivas votaciones.

Benedicto XVI introdujo un cambio en 2007 mediante un motu proprio: para que la elección sea válida, el Papa debe obtener dos tercios de los votos.

Si no se alcanza esa mayoría en pocos días, se prevé un día de oración y reflexión, y luego solo pueden ser votados los dos más votados del escrutinio anterior, pero aun así, se necesita la mayoría cualificada.

  1. ¿Hay requisitos para ser elegido Papa?

¡Tantos que no sabría enumerarlos!

La del Papa es quizás la mayor responsabilidad moral que puede recaer sobre un hombre.

Humanamente, da vértigo; pero desde la fe, quien acepta esta pesada cruz, confía plenamente en la ayuda de Dios.

El Papa, como obispo de toda la Iglesia, debe ser ante todo un pastor, un Buen Pastor, a imagen de Cristo, el “Gran Pastor de las ovejas”.

  1. ¿Con qué fórmula acepta el cardenal elegido ser Pontífice?

El cardenal decano o el primero por orden de antigüedad le pregunta:

“¿Aceptas tu elección canónica como Sumo Pontífice?”

Y una vez acepta, le pregunta:

“¿Con qué nombre quieres ser llamado?”


Desde ese momento, el elegido es inmediatamente obispo de la Iglesia romana, verdadero Papa y jefe del Colegio Episcopal, y —según la constitución de Juan Pablo II— “por ese mismo hecho adquiere la plena y suprema potestad sobre la Iglesia universal y puede ejercerla”.

  1. ¿Cómo se sabe que hay nuevo Papa?

En esta sociedad tan tecnológica, la noticia se comunica con el sistema primitivo de señales de humo.

Junto a la Capilla Sixtina hay una estufa donde se queman las papeletas.

Si sale humo negro: no hay Papa.

Si sale blanco —la famosa “fumata blanca”—: ya se ha elegido.

Se añade un producto químico para que el humo sea claramente negro o blanco.

Y si repican las campanas de la basílica, es seguro.

  1. ¿Cómo se anuncia públicamente al nuevo Papa?

Hay dos momentos.

Primero, el cardenal protodiácono sale al balcón central de la basílica de San Pedro y anuncia:

“Anuntio vobis gaudium magnum: habemus Papam”, y el nombre del elegido.

Después, el Papa aparece en el balcón y da su primera bendición Urbi et Orbi.

Recientemente, los Papas han aprovechado este momento para dirigirse brevemente al pueblo, lo que ha sido uno de los gestos más vivos y recordados del inicio del pontificado.

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Libertad llena de respeto. Encuentros con el Papa Francisco

De esta manera experimenté la paternidad del Vicario de Cristo, el Arzobispo Andrés Gabriel Ferrada Moreira, Secretario del Dicasterio para el Clero en una conversación con los medios de comunicación del Vaticano, recordó los diálogos personales con Francisco.

Marek Weresa – Ciudad del Vaticano

“Tuve la gracia de encontrarme personalmente con el Papa por última vez tras su regreso a la Casa Santa Marta. Fue una alegría verle más en forma y oírle decir: «Andrés, tienes mucho trabajo». Yo le respondí: ‘Santo Padre, no tanto como usted’. Me abrió sus ojos vivaces y enseguida pasó a algunas preguntas sobre mi ministerio en el Dicasterio que le interesaban vivamente. Me dejó dándome las gracias por rezar y añadiendo, como siempre: «No dejes de rezar»”, recordó Mons. Ferrada.

Unas palabras y una sonrisa

Conoció por primera vez al Papa Francisco durante un consistorio en 2001, cuando el futuro Papa, entonces arzobispo de Buenos Aires, recibió la dignidad de cardenal. El padre Ferrada estudiaba entonces en Roma. Recordó que lo que le llamó la atención de la figura del Card. Bergoglio, era el hecho de que, en comparación con otros cardenales que recibían largas colas de invitados para las visitas de cortesía, él iba acompañado de muy poca gente. En aquel momento, Argentina atravesaba una crisis económica y social muy grave. “Recuerdo su discreta amabilidad: unas palabras y una sonrisa”, añadió el arzobispo Ferrada, que le saludó brevemente.

Aperecida

Gracias a uno de los sacerdotes que colaboraron con el Card. Bergoglio en la redacción del Documento de Aparecida (documento cumbre de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe en Aperecida, Brasil) en 2007, había comenzado a admirar su labor episcopal, especialmente por su capacidad de síntesis entre tradición eclesial y apertura a lo nuevo; entre praxis e ideas; la unión entre piedad popular y promoción humana. “Creo que en el Documento de Aparecida se pueden encontrar, sin duda, algunas huellas de la idea y de la práctica eclesial que él promovió en su ministerio episcopal en Buenos Aires”, subrayó el arzobispo Ferrada.

La paz que dura hasta hoy

En febrero de 2018, el padre Ferrada comenzó a trabajar en el Dicasterio para el Clero. Este trabajo le permitió contactar directamente con el Papa Francisco, pero de forma muy discreta. La gran sorpresa llegó el 4 de agosto de 2021, cuando durante una visita al piso pontificio (la primera, por cierto) recibió la propuesta de asumir la secretaría del Dicasterio. A ello se unió la ordenación episcopal. “Fue una conversación entre padre e hijo. Pude contarle mis preocupaciones, que me salían del corazón. Pude contarle mi vida, sus luces y sus sombras durante unas dos horas”, recuerda el prelado, que añade: “Al final me miró y me dijo: «Todo esto no te impide ser obispo». Inmediatamente después, le dije que aceptaba con un espíritu de paz que continúa hasta hoy”.

Paternidad del Vicario de Cristo

El sacerdote chileno confesó que recordaba sobre todo los largos encuentros posteriores y las conversaciones de dos horas con el Papa, durante las cuales el tema principal no era el trabajo, sino la orientación de su vida y de su ministerio. Monseñor Ferrada recordó: “estos tres encuentros marcaron mi vida con la paternidad de un pastor personificada por el Papa Francisco. Creo que su tono y actitud de escucha profunda, así como su acogida, que en mi caso fue cordial, me permitieron abrirme a él con confianza y libertad. Así experimenté la paternidad del Vicario de Cristo. Además, por supuesto, hubo muchas conversaciones breves sobre «temas profesionales» o el intercambio de breves notas y mensajes.

El Papa Francisco y la guerra, hasta el final su no al rearme

Los doce años de pontificado de Bergoglio están densos de intervenciones de las que se desprende un claro rechazo a los conflictos y a la carrera armamentística. Fuerte y muy actual es también su magisterio sobre el rearme atómico

Andrea Tornielli – Vatican News

Fue su legado, su último grito al mundo. Él, profeta desoído y casi sin voz por la enfermedad, quiso gritar al mundo su mensaje de paz. Su mensaje contra la loca carrera armamentística que sustrae recursos para el bien de los pueblos y los invierte en instrumentos de muerte y destrucción. «¡No hay paz posible sin un verdadero desarme!», dijo el Papa Francisco en el Urbi et Orbi del Domingo de Pascua de 2025 «La necesidad que cada pueblo tiene de proveer a su propia defensa no puede convertirse en una carrera armamentística general […]. Hago un llamamiento a todos los que en el mundo tienen responsabilidades políticas para que no cedan a la lógica del miedo que cierra, sino que utilicen los recursos disponibles para ayudar a los necesitados, combatir el hambre y promover iniciativas que favorezcan el desarrollo. Éstas son las “armas” de la paz: ¡las que construyen el futuro, en lugar de sembrar la muerte!».

Que el principio de humanidad no falle nunca

«Que nunca falle el principio de humanidad como piedra angular de nuestras acciones cotidianas», añadió. «Ante la crueldad de los conflictos que afectan a civiles indefensos, atacan escuelas y hospitales y a trabajadores humanitarios, no podemos permitirnos olvidar que no se ataca a objetivos, sino a personas con alma y dignidad». Francisco ha sido un profeta desoído porque ya en 2014 denunció lo que llamó la «tercera guerra mundial a pedazos», cuyos pedazos se han ido juntando poco a poco. En un mundo que parece resignado a la lógica del todos contra todos, y que ve aumentar sin cesar los capitales utilizados para llenar arsenales ya atiborrados de armas capaces de destruir varias veces a toda la humanidad, el Sucesor de Pedro no ha dejado de llamar a la paz, a la negociación, a la honestidad, a la tregua. Incluso desde la cama del hospital, durante su larga hospitalización, la paz mundial ocupaba el primer lugar en su pensamiento y en sus oraciones. En su carta enviada el 14 de marzo de 2025 al director del «Corriere della Sera», el Papa decía: «Debemos desarmar las palabras, para desarmar las mentes y desarmar la Tierra. Hay una gran necesidad de reflexión, de calma, de sentido de la complejidad. Mientras la guerra sólo devasta comunidades y el medio ambiente, sin ofrecer soluciones a los conflictos, la diplomacia y las organizaciones internacionales necesitan nueva linfa y credibilidad».

El no a la guerra

Sus doce años de pontificado están repletos de intervenciones de las que se desprende un claro rechazo a la guerra y a la carrera armamentística. En octubre de 2014, en un encuentro con movimientos populares, Francisco dijo: «Hay sistemas económicos que tienen que hacer la guerra para sobrevivir. Entonces se fabrican y se venden armas, y así se sanean obviamente los presupuestos de las economías que sacrifican al hombre a los pies del ídolo del dinero. Y no se piensa en los niños hambrientos de los campos de refugiados, no se piensa en los desplazamientos forzosos, no se piensa en los hogares destruidos, ni siquiera se piensa en las muchas vidas rotas». En 2020, en la reunión de obispos mediterráneos en Bari, Francisco lamentó el «grave pecado de hipocresía» cuando «en las conferencias internacionales, en las reuniones, tantos países hablan de paz y luego venden armas a países que están en guerra». Dirigiéndose a las autoridades de Malta en 2022, dijo: «Nos hemos acostumbrado a pensar con la lógica de la guerra. A partir de aquí empieza a soplar el viento helado de la guerra, que se ha ido alimentando a lo largo de los años. Sí, la guerra se ha preparado durante mucho tiempo con grandes inversiones y acuerdos armamentísticos».

Contra el rearme

En 2023, con motivo del 60 aniversario de la encíclica Pacem in Terris, Francisco dijo: «El aumento de los recursos económicos para armamentos se ha convertido de nuevo en un instrumento de relación entre los Estados, mostrando que la paz es posible y alcanzable sólo si se basa en el equilibrio de su posesión. Todo esto genera miedo y terror y corre el riesgo de desbordar la seguridad porque olvida cómo un acontecimiento imprevisible e incontrolable puede hacer saltar la chispa que pone en marcha el aparato de la guerra». El magisterio del Papa Francisco sobre el rearme atómico también es contundente y tan actual como siempre. En noviembre de 2019, desde Hiroshima, había reiterado «que el uso de la energía atómica con fines bélicos es, hoy más que nunca, un crimen, no sólo contra el hombre y su dignidad, sino contra cualquier posibilidad de futuro en nuestra casa común. El uso de la energía atómica con fines bélicos es inmoral, como inmoral es la posesión de armas atómicas, como dije hace dos años. Seremos juzgados por ello».