Inicio Blog Página 37

Francisco, el Papa que me hizo soñar con una Iglesia nueva

0

Este viernes, mientras finaliza el velatorio del Papa Francisco, no puedo evitar mirar hacia adentro y sentir la necesidad profunda de poner por escrito todo lo que significó —y significa— su papado en mi vida.

Por Néstor Ojeda

Cuando el 13 de marzo de 2013 fue anunciado su nombre, “Franciscus”, y apareció aquel rostro sereno, humilde, en silencio sobre el balcón de San Pedro, supe que algo radical acababa de suceder. Las lágrimas me brotaron sin aviso. Sentí que el cielo tocaba la tierra.

Que algo nuevo, grande, casi profético, irrumpía en la historia. Que la Argentina —mi patria, su patria— iba a despertar al soplo del Espíritu. Que su elección no solo era un gesto de Dios hacia el mundo, sino un llamado personal para mí y para todos los que queríamos una Iglesia con olor a oveja y rostro de misericordia.

Entonces, soñé. . .

Soñé con una Iglesia renovada. Soñé con comunidades que se abrieran como brazos tendidos, que salieran a las periferias. Soñé que las estructuras viejas crujirían y darían paso a formas más evangélicas de vivir, servir, escuchar. Soñé con una pastoral que sanara, que encendiera corazones, que transformara la Argentina desde lo más profundo.

Yo mismo integraba una Pastoral de mi diócesis. Me parecía que todo lo vivido, todas mis búsquedas, dolores, esperanzas, se ordenaban en ese momento. Pensé que muchos hermanos y hermanas iban a salir también al encuentro del otro, que anunciarían la Buena Noticia con libertad y ternura, con coraje y creatividad.

Pero la realidad fue más cruda.

Lo que encontré en muchas comunidades no fue un avivamiento, sino una resistencia. Algunos fingieron entusiasmo, pero en lo profundo continuaron en su zona de confort. Lo que debía ser un nuevo Pentecostés se transformó, para muchos, en nostalgia del pasado, en una retórica cada vez más tradicionalista, en la idealización de una Iglesia del pasado —más segura, más cerrada, menos compasiva.

No me dolió la crítica a Francisco. Me dolió la indiferencia. Me dolió ver cómo se elevaban discursos conservadores que intentaban silenciar el llamado a la misericordia y a la inclusión. Me dolió ver que en varios seminarios se promovía el clericalismo más rancio, se imponía la distancia entre pastores y pueblo, se enseñaba que el sacerdote debía marcar ciertas diferencias en los roles, más que instar al “Pueblo Fiel” a caminar juntos

Me gusta pensar la Iglesia como pueblo fiel de Dios, santo y pecador, pueblo convocado y llamado con la fuerza de las bienaventuranzas de Mateo 25.

Una de las características de este pueblo fiel es su infalibilidad; sí, es infalible in credendo. (In credendo falli nequit, dice LG 12). Infallibilitas in credendo. Y lo explico así: “cuando quieras saber lo que cree la Santa Madre Iglesia, andá al Magisterio, porque él es el encargado de enseñártelo; pero cuando quieras saber cómo cree la Iglesia, andá al pueblo fiel(Papa Francisco, Carta de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos al Pueblo de Dios)

“Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por encerrarse y aferrarse a sus propias seguridades.” (Papa Francisco, Evangelii Gaudium)

Años después, todavía me encuentro atravesado por este pontificado. Me enseñó que el Evangelio no se defiende desde los púlpitos, sino que se encarna en las heridas del mundo. Que ser Iglesia no es cumplir normas, sino ser testigos de la ternura de Dios. Que hay que levantar la voz por los descartados, por los pobres, por los que nadie escucha.

“La realidad se comprende mejor desde las periferias.”

A pesar del desencanto que me trajo la reacción de muchos dentro de la Iglesia, nunca dejé de admirar su coraje, su humildad, su profetismo. Él me enseñó que se puede seguir creyendo, aún cuando tiemblen los cimientos. Que se puede amar a una Iglesia que no siempre nos ama de vuelta. Que se puede seguir construyendo puentes, aun entre ruinas.

“Hagan lío. Salgan afuera. Prefiero una Iglesia accidentada por salir que una enferma por encerrarse.”

Francisco fue, para mí, una señal. No una utopía frustrada, sino una siembra. Y aunque el fruto no lo vea yo, fue él quien me empujó a seguir adelante, a no renunciar a soñar con una Iglesia de los pobres y para los pobres, con una fe encarnada, valiente, tierna, comprometida.

Hoy, mientras lo despido con el corazón encendido, sé que su vida dejó una huella en mí, en muchos, y en la historia. Y que esa huella no se borra.


💬 “El tiempo es superior al espacio.”
💬 “No se trata de ocupar lugares, sino de iniciar procesos.”
💬 “La misericordia es el nombre de Dios.”
💬 “Dios no se cansa nunca de perdonar. Somos nosotros los que nos cansamos de pedir perdón.”
💬 “El verdadero poder es el servicio.”

©Catolic.ar

400.000 personas verán la Santa Túnica de Cristo en Argenteuil, Francia

Miles de visitantes acudieron el Viernes Santo, 18 de abril, al primer día de exposición de la Santa Túnica de Cristo.

Foto: Wikipedia

 Gaudium Press Miles de visitantes acudieron el Viernes Santo, 18 de abril, al primer día de exposición de la Santa Túnica de Cristo en la Basílica de Saint Denys en Argenteuil, Francia. Algunos de ellos rezaron ese día el Vía Crucis entre el parque y la Basílica.

La ceremonia fue retransmitida en pantallas gigantes en la plaza Jean-Eurieult, donde estaban sentados numerosos fieles.

Entre la multitud, procedente de Vitry-sur-Seine, se encontraba Honorine, de 45 años, madre de tres hijos, quien esperó detrás de las barreras de seguridad.

Ella cree en el poder de este vestido sagrado: “Esta es la vestimenta de Cristo durante la Pasión. Una mujer, que perdía mucha sangre, se salvó al tocar esta prenda. Está escrito en el Nuevo Testamento. Quizás ella también pueda sanarme y transformar mi vida. Ver esta vestimenta es como si Cristo estuviera entre nosotros, uniéndose a nuestras oraciones y respondiéndolas.”

El obispo de Pontoise, Monseñor Benoît Bertrand, se dirigió a la multitud reunida frente a la plaza, luego entró en la basílica, donde se descubrió la Túnica en su gran relicario vertical. Posteriormente el público pudo ingresar al edificio para venerarla. Por la tarde, el obispo presidió la celebración de la Pasión de Cristo, transmitida en directo por CNews.

La Túnica Santa es una prenda de lana de color púrpura, sin costuras, de 1,20 m de altura, venerada por haber sido usada por Cristo justo antes de la crucifixión y conservada en Argenteuil durante 1200 años. La emperatriz Irene de Constantinopla se la dio al emperador Carlomagno, quien a su vez se la dio a su hija Teodrade, abadesa de Argenteuil. El objeto ha podido conservarse a pesar de las vicisitudes de la historia: invasiones, saqueos, incendios, guerras, Revolución Francesa, etc.

Se espera la asistencia de 400.000 personas hasta el final de la exhibición, el 11 de mayo, durante la cual se celebran misas todas las noches.

La Túnica es símbolo de la unidad, fue tejida sin costuras

La Túnica es un símbolo de unidad. “Fue tejida sin costuras”, destaca el rector de la basílica, Padre Guy-Emmanuel Cariot. La presencia de 21 obispos y cinco cardenales, incluido el Secretario de Estado del Vaticano, demuestra, según él, la magnitud del evento.

El Padre Cariot afirma observar “un renovado interés por la piedad”. La Túnica Sagrada es más conocida que en 2016. La comunicación en torno al evento tampoco se parece en nada a la de hace nueve años. Las redes sociales prácticamente ni siquiera existían.

Para la madre del rector de la basílica, ver la Santa Túnica produce “alegría”. “Es algo tangible.” Para su hija Viviane, “cuanto más la conocemos, más experimentamos la Pasión de una manera trágica y hermosa. Nos damos cuenta de lo que Cristo sufrió por nosotros.”

Se esperan miles de peregrinos cada día en Argenteuil. El alcalde Philippe Court indicó que un promedio de 200 agentes de policía se despliegan cada día para proteger el evento. Casi 800 voluntarios están disponibles para recibir a los visitantes en las mejores condiciones posibles. “Estamos trabajando para garantizar la fluidez [de los numerosos visitantes], pero es evidente que habrá filas bastante largas para acceder a la basílica, incluso en la Rue des Ouches. Tendremos que ser pacientes”, concluye el padre Cariot.

Con información de La gazette Val d´Oise (www.actu.fr).

The post 400.000 personas verán la Santa Túnica de Cristo en Argenteuil, Francia appeared first on Gaudium Press Español.

El cónclave podría comenzar a principios de mayo: ¿no sería demasiado pronto?

..lo que viene quizá no sea el fin del mundo, pero sin duda será el comienzo de una nueva era en la Iglesia…”

Capilla sixtina

 Gaudium Press Con la muerte del Papa Francisco, en la mañana del lunes 21 de abril, a las 7:35 am, se reanuda la antigua costumbre de la Iglesia: los funerales papales seguidos del cónclave. La Iglesia confía el alma del Papa difunto a la misericordia divina mientras se prepara para elegir al nuevo sucesor de San Pedro. Sin embargo, hay voces que cuestionan la prisa con que se está desarrollando este proceso.

El miércoles siguiente a su muerte, los restos del Papa Francisco fueron trasladados a la Basílica de San Pedro, donde los fieles podrán presentar sus homenajes hasta la noche del viernes. Los funerales se celebrarán el sábado 26 de abril, a las 10, en la Plaza de San Pedro, bajo la presidencia del cardenal Giovanni Battista Re. Después de la misa, el cuerpo será enterrado en la Basílica de Santa María la Mayor, según la voluntad del mismo pontífice.

Francisco había simplificado los ritos de los funerales papales, prescindiendo de la exposición del cuerpo en la Sala Clementina y reduciendo la ceremonia a un único ataúd, en una celebración más cercana a la de un obispo diocesano que a la de un “emperador romano”, como observó el historiador Massimo Faggioli. También pidió ser enterrado cerca de la imagen de la Virgen Salus Populi Romani, por la que sentía una particular devoción.

El martes, apenas 26 horas después de la muerte del pontífice, se celebró la primera Congregación General de los cardenales, presidida por el cardenal Re, decano del Colegio Cardenalicio. Estas reuniones reúnen a todos los cardenales (incluso aquellos mayores de 80 años que no votan) para discutir los preparativos del cónclave, donde se tratan los rumbos de la Iglesia y la elección del próximo Papa. Estos encuentros son también el momento en el que los cardenales juran absoluto secreto sobre todo lo relativo al cónclave y a la Sede vacante, bajo pena de excomunión.

Sin embargo, el inicio inmediato provocó incomodidad. En una declaración al blog Per Mariam, del periodista católico Michael Haynes, el cardenal Joseph Zen de Hong Kong preguntó:

¿Por qué las congregaciones tuvieron que empezar tan pronto? ¿Cómo podrán llegar a tiempo los ancianos de las afueras? Dicen que no tienen obligación de participar, pero no tienen ese derecho, ¿sí o no?

Las declaraciones del cardenal Zen pueden entenderse en el contexto de que la elección podría favorecer a los “candidatos” europeos o que ya trabajan en la Curia Vaticana, pues tendrían más tiempo para hablar con sus pares y posicionarse en una posible carrera por el papado.

Dada la creciente islamización de Europa y las transformaciones impulsadas por un pontífice latinoamericano, es comprensible que algunos cardenales estén considerando la posibilidad de volver a un perfil más tradicional para el próximo Papa. En este contexto, destacan nombres como los de los cardenales Pietro Parolin, Jean-Marc Aveline y Pierbattista Pizzaballa.

Cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado del Vaticano

El cardenal italiano Pietro Parolin, nacido en 1955, es Secretario de Estado del Vaticano desde 2013. Con una amplia experiencia diplomática, es considerado uno de los principales candidatos al papado. Su cercanía al Papa Francisco y su papel central en la diplomacia vaticana refuerzan su posición como uno de los favoritos en el cónclave.

Cardenal Jean-Marc Aveline – Arzobispo de Marsella

Jean-Marc Aveline, nacido en 1958 en Argelia, es arzobispo de Marsella desde 2019 y fue creado cardenal en 2022. Es conocido por su compromiso con el diálogo interreligioso, especialmente con el Islam, y por su defensa de los migrantes. Recientemente fue nombrado presidente de la Conferencia Episcopal Francesa, consolidando su influencia en la Iglesia gala. Su visión pastoral y su experiencia en contextos multiculturales lo convierten en un candidato relevante para guiar la Iglesia al estilo de Francisco. ​

Cardenal Pierbattista Pizzaballa – Patriarca Latino de Jerusalén

Pierbattista Pizzaballa, nacido en 1965 en Italia, es franciscano y ha servido como Patriarca Latino de Jerusalén desde 2020. Fue creado cardenal en septiembre de 2023. Su experiencia en Tierra Santa, marcada por esfuerzos de reconciliación y diálogo interreligioso, resalta su capacidad de liderazgo en contextos complejos. Sus acciones durante los conflictos en la región, como la guerra en Gaza, demostraron su compromiso con la paz y la unidad. Incluso se ofreció voluntariamente a ocupar el lugar de un rehén en el conflicto entre Israel y Hamás.

Vale la pena recordar que con la muerte del Papa, todos los cargos en la Curia Romana quedan suspendidos, a excepción de los siguientes cardenales:

El Cardenal Kevin Farrell, camarlengo, quien certificó oficialmente la muerte y rompió el anillo y el sello del Papa;

Cardenal Angelo De Donatis, Penitenciario Mayor;

Cardenal Baldaserra Reina, Vicario General de la Diócesis de Roma;

Cardenal Mauro Gambetti, Arcipreste de la Basílica de San Pedro.

Estos cargos permanecen en su lugar para garantizar el funcionamiento básico de la Iglesia durante la sede vacante.

¿Cuando comienza el cónclave?

Según el documento de Benedicto XVI Normas Nonnullas (2013), el cónclave debe comenzar entre 15 y 20 días después de la muerte del Papa. Esto sitúa la fecha de inicio entre el 6 y el 11 de mayo de 2025. Puede haber ligeros retrasos, pero el plazo máximo es el día vigésimo.

El cardenal Pietro Parolin, ex secretario de Estado del Vaticano, probablemente será el responsable de coordinar el cónclave, ya que los cardenales decano y vicedecano (Re y Sandri) tienen más de la edad para votar (80 años).

Aunque, técnicamente, cualquier hombre católico bautizado en sano juicio puede ser elegido Papa (aunque no sea cardenal), durante unos 700 años la elección siempre ha recaído en los miembros del Colegio Cardenalicio. La persona elegida debe ser ordenada obispo antes de asumir el cargo, si no lo es ya.

Los observadores señalan que el Colegio tiende a evitar elegir candidatos muy jóvenes (menores de 60 años), buscando a alguien que pueda aportar estabilidad, pero sin prolongar demasiado el próximo pontificado.

En un comentario a Per Mariam, el cardenal alemán Gerhard Müller, ex Prefecto del Dicasterio para la Fe, afirmó:

“La Iglesia debe recordar las palabras que Jesús dirigió a Pedro: tú eres la piedra, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia… Que el próximo sucesor confirme a sus hermanos en la fe y guíe el rebaño de Dios como un buen pastor.”

Por otra parte, un abierto oponente de Francisco, el obispo Athanasius Schneider de Astaná, Kazajstán, también reiteró su oración por un Papa santo, publicada el año anterior. Ya el cardenal Raymond Burke, otro conocido crítico de Francisco, sin hacer declaraciones específicas, publicó una oración dedicada a la elección del nuevo pontífice.

Convocar un cónclave tan temprano inevitablemente plantea preguntas, aunque se desconocen las verdaderas motivaciones. Sería precipitado decir que existe una intención de favorecer a ciertos cardenales en detrimento de otros, ya sean de la Curia o de las periferias del mundo. Sin embargo, un hecho no pasa desapercibido: si el cónclave se desarrolla en el plazo previsto, podríamos asistir a la elección de un nuevo Papa —o incluso a la misa inaugural de su pontificado— exactamente el 13 de mayo de 2025, solemnidad de Nuestra Señora de Fátima. Para quienes ven señales en cada coincidencia, será difícil ignorar el simbolismo de esta fecha. Que no se eclipse un posible marco histórico de la Iglesia con temores apocalípticos: lo que viene quizá no sea el fin del mundo, pero sin duda será el comienzo de una nueva era en la Iglesia.

Por Rafael Tavares

The post El cónclave podría comenzar a principios de mayo: ¿no sería demasiado pronto? appeared first on Gaudium Press Español.

Desde Mongolia, Australia e India: la sangre joven de birretas rojas en el cónclave

Tres cardenales menores de 51 años llegan al próximo cónclave con ideas de su edad, mirada global y que viven en la piel los desafíos del mundo actual.

 Gaudium Press La Iglesia Católica se prepara para uno de los cónclaves más diversos de su historia reciente. Con un número récord de cardenales electores —los menores de 80 años, porque en el cónclave de 2013 estaban presentes 115— procedentes de todas partes del mundo, el proceso de elección del próximo sucesor de Pedro se anticipa como un verdadero desafío, espiritual y pastoral.

Entre otras particularidades, se resalta la presencia de cardenales jóvenes, algunos incluso con menos de 50 años, cuya participación no solo representa una apuesta por el futuro, sino también una oportunidad de aportar una visión ‘más joven’.

“Se trata, por tanto, de una visión de futuro de la Iglesia a tener muy en cuenta”, destaca Religión En Libertad, al referirse al perfil de estos nuevos protagonistas del Colegio Cardenalicio.

Aunque es poco probable que alguno de ellos sea elegido Papa en este cónclave, su presencia es más que relevante no solo por lo que representan ahora, sino también por el peso que podrían tener en los próximos dos o tres cónclaves, donde normalmente seguirían siendo electores activos.

Card. Mykola Bychok (44 años): Juventud, misión y tecnología

El ucraniano Mykola Bychok es el más joven de todos los cardenales. Nacido en 1980 en Ternopil, ingresó a los Redentoristas, con quienes se formó teológicamente en Ucrania y Polonia. Fue ordenado sacerdote en 2005 y misionó en Rusia, Estados Unidos y Ucrania antes de ser nombrado obispo en Melbourne—Australia— en 2020. En diciembre de 2024, el Papa Francisco lo hizo cardenal.

Mons. Bychok ha enfocado su ministerio en la diáspora ucraniana y en la lucha contra la secularización en una sociedad multicultural y secular como la australiana. Ha enfrentado con valentía el reto de mantener viva la identidad cultural y religiosa dentro de una comunidad envejecida, apostando por un diálogo real con las nuevas generaciones.

“Los conversos de hoy, antes de acudir a él, han visto decenas de vídeos en YouTube sobre la fe”, afirma el análisis de Religión En Libertad.

Mons. Bychok habla varios idiomas, además es probablemente el cardenal más familiarizado con la revolución tecnológica, incluyendo la inteligencia artificial.

J1

Foto: cssr.news

Card. Giorgio Marengo (50 años): Misión en los márgenes

El italiano Giorgio Marengo, misionero de la Consolata — congregación religiosa clerical de la Iglesia, fundada por el sacerdote italiano José Allamano —y cardenal desde agosto de 2022, ha servido en Mongolia desde 2003. Nacido en Cuneo en 1974, fue ordenado sacerdote en 2001 y ha vivido la mayor parte de su vida pastoral en zonas remotas del país asiático, a más de 400 kilómetros de la capital, donde ha sido exorcista y constructor de comunidad.

Cuando llegó a Mongolia, no existía una Iglesia católica organizada. Hoy, gracias a su labor, hay alrededor de 1.450 fieles y el número de vocaciones se ha duplicado.

“La misión de la Iglesia no es una labor de marketing ni un servicio humanitario, sino una responsabilidad que se recibe con el bautismo”, sostiene Marengo con convicción.

Como miembro de una Iglesia en minoría, Marengo ha debido aprender la importancia de un buen diálogo con otras denominaciones religiosas. Su experiencia puede aportar mucho a un cónclave donde tal vez se privilegia la búsqueda de un Papa capaz de dialogar con culturas no cristianas y enfrentar desafíos globales como las migraciones, la secularización o la búsqueda de sentido.

Asimismo al ser parte de una generación más cercana a los jóvenes, conecta con problemáticas actuales como la salud mental, las adicciones, las redes sociales y el sentido de la vida, especialmente entre los jóvenes que migran a las ciudades en busca de nuevas oportunidades.

J2.2

Foto: Consolata América

Card. George Jacob Koovakad (51 años): Diplomacia y mirada global

El indio Mons. George Jacob Koovakad es arzobispo sirio-malabar originario de Kerala, una región con fuerte presencia católica y musulmana. Nacido en 1973, fue ordenado sacerdote en 2004 y es doctor en Derecho Canónico por la Pontificia Universidad de la Santa Cruz.

Entre 2006 y 2020 desarrolló una intensa carrera diplomática con misiones en muchos países con diversidades culturales, como Argelia, Corea del Sur, Irán, Costa Rica y Venezuela. Desde 2021, fue responsable de los viajes internacionales del Papa Francisco, lo que le permitió conocer de primera mano las realidades locales de la Iglesia universal.

Mons. “Koovakad sabe muy bien que la Iglesia en un país es muy diferente a la Iglesia de su vecino”, se señala en el perfil.

Creado cardenal en diciembre de 2024, hoy es prefecto del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso, un rol donde aporta su conocimiento adquirido en toda una vida. Su origen, su experiencia y su visión diplomática hacen de él una voz autorizada para hablar sobre unidad en la diversidad, y sobre cómo mantener la fidelidad a la fe en contextos socioculturales variados.

J3

Foto: Vatican News

Un nuevo aire para la Iglesia

La presencia de estos tres cardenales jóvenes no es algo menor. Representan una faceta particular de la Iglesia, donde están presentes nuevas inquietudes, lenguajes y realidades. Hombres de fe, de importante formación, pero también conscientes de circunstancias específicas del mundo actual.

En un cónclave que marcará el rumbo de la Iglesia en los próximos años, su participación puede ser clave.

Con información de Religión en Libertad

The post Desde Mongolia, Australia e India: la sangre joven de birretas rojas en el cónclave appeared first on Gaudium Press Español.

Francisco, ¿el Papa de la ambigüedad?

Queda por ver si los cardenales preferirán continuar el camino de Francisco o elegirán un Papa que quiera unir a la Iglesia en torno a un conjunto claro de principios militantes.

Foto: Wikipedia

Gaudium Press Una de las constantes del pontificado de Francisco ha sido el trato favorable que ha recibido por parte de los medios seculares en lengua inglesa. Además de los homenajes que exige la diplomacia internacional, podemos esperar que sus obituarios en los grandes medios de comunicación sean benévolos. Sin embargo, cuando el polvo se asiente, podemos comenzar a preguntarnos: ¿qué exactamente se propuso hacer el Papa Francisco y si lo logró?

Sorprendentemente, la segunda pregunta es un poco más clara que la primera. Podemos observar los efectos de sus acciones, aunque el Papa Francisco nunca ha hecho una declaración pública. Por ejemplo, él tomó una serie de medidas para centralizar la Iglesia, debilitando los poderes de los obispos para establecer nuevas comunidades religiosas y para controlar la celebración de la misa en latín anterior al Vaticano II (“tradicional”). También creó una vasta burocracia de “sinodalidad”, que canalizaba los asuntos locales hacia Roma, donde las respuestas podían ser cuidadosamente manipuladas o pospuestas indefinidamente. Sin embargo, nunca abogó por el centralismo, insistiendo en que quería autonomía local mientras impedía a los obispos conservadores estadounidenses hacer de la misa tradicional una parte importante de su estrategia pastoral, a los obispos liberales brasileños crear diaconisas y a los obispos alemanes favorables a los homosexuales autorizar textos litúrgicos para las uniones entre personas del mismo sexo.

Una manera de leer este pontificado, por tanto, sería en continuidad con los pontificados del Papa Benedicto, del Papa Juan Pablo II y del Papa Pablo VI: simplemente tratando de mantener las cosas unidas. Podríamos llamarla la lectura “Rowan Williams”, una vez que la herramienta retórica preferida del Papa Francisco, en contraste con la de sus predecesores, no fue la persuasión sino la ambigüedad, en una sucesión de documentos y declaraciones extremadamente difíciles de ser comprendidos por cualquier persona.

Los críticos conservadores del Papa Francisco señalarían, sin embargo, que sus declaraciones délficas (ambiguas) parecían servir a una función muy diferente a la del arzobispo Williams. Aunque el primado anglicano a menudo tuvo que responder a declaraciones estridentes y mutuamente contradictorias de partes constituyentes de su Comunión, con una formulación que, con un poco de suerte, podría ser respaldada por anglicanos con una amplia gama de puntos de vista, las declaraciones del Papa Francisco parecieron abrir, en lugar de tapar, las grietas.

Cuando condenó la pena de muerte, no afirmó claramente que fuera intrínsecamente mala; sus declaraciones sobre el divorcio y las uniones entre personas del mismo sexo no llegan a afirmar que estos fueran queridos por Dios. En cuanto a la restricción a la Misa Tradicional, no llegó a afirmar que la diversidad litúrgica socavaba la unidad de la Iglesia. Las respuestas de sus diversos subordinados a la cuestión de la ordenación femenina nunca cruzaron la línea de afirmar que era imposible tener mujeres diáconos. En cada caso, muchas personas, al leer los textos, dirían que esas conclusiones estaban implícitas, pero se trataba de una implicación retórica, no lógica: la distinción que permitió a Boris Johnson decir que describir una afirmación como una “pirámide invertida de disparates” no era lo mismo que decir que ella, de hecho, era falsa.

El efecto de cada uno de estos documentos fue rasgar los términos de una tregua que habían establecido sus predecesores. El Papa Juan Pablo II había alentado a sus seguidores a hacer campaña contra la pena de muerte en la práctica, aunque admitía su legitimidad en principio, algo con lo que casi todos podían vivir, pero el Papa Francisco ha obligado a muchos conservadores a oponerse abiertamente a la visión ahora adoptada por muchos liberales: que ella es siempre y en todas partes errónea. Su documento sobre las uniones entre personas del mismo sexo ha provocado que conferencias episcopales africanas enteras se opongan abiertamente a la práctica establecida de gran parte de la Iglesia en Alemania, lo más cerca que hemos estado de un cisma geográficamente definido en siglos.

Por su vez, el Papa Benedicto XVI permitió que la Misa Tradicional ocupara un lugar honorable pero subordinado en la Iglesia, algo que inicialmente despertó cierta oposición antes de que se estableciera un acuerdo viable. Pero la nueva política del Papa Francisco introdujo una persecución abierta contra algunas de las pocas áreas en crecimiento de la Iglesia. Su postura sobre las diaconisas ha alejado a sus aliados más devotos, los obispos de América Latina y las feministas. Mary McAleese, ex-presidente de Irlanda, respondió llamando a la Iglesia un “imperio de misoginia”. Al mismo tiempo, muchos conservadores enojados seguían convencidos de que el Papa Francisco todavía planeaba ordenar mujeres en algún momento en el futuro, algo que nunca imaginaron que el Papa Juan Pablo II haría, a pesar de que él no incluyó el diaconado en su rechazo a la ordenación de mujeres al sacerdocio.

Así, en lugar de una hermenéutica de Rowan Williams, necesitamos otra herramienta para analizar la estrategia del Papa Francisco, tal vez una que lleve el nombre de Juan Perón, el presidente militar de su país natal, Argentina. Un relato apócrifo ilustrativo de Perón cuenta que un día, su chofer, mientras conducía, le preguntó si debía girar a la derecha o a la izquierda. “Señalice a la izquierda, gire a la derecha”, respondió el gran estadista.

Esto nos lleva a preguntarnos: ¿cuál es el propósito de la ambigüedad si no fuere crear al menos la apariencia de unidad? Los cínicos nos dirán que un gobernante puede sacar ventaja del conflicto entre sus subordinados, ya sea participando personalmente para debilitar a sus enemigos o quedándose al margen, permitiendo que las facciones se agoten luchando entre sí.

Hay que decir que esta lectura del Papa Francisco es una visión minoritaria, porque sugiere que estaba más interesado en el ejercicio del poder que en imponer un conjunto específico de políticas a la Iglesia. Para quienes están profundamente involucrados en las diversas batallas ideológicas que el Papa Francisco ha desatado, tal actitud parece inconcebible, pero la historia está repleta de líderes no ideológicos que gastan su tiempo aplastando rivales, recompensando amigos y criticando a los tipos de personas que no les agradan.

Queda por ver si los cardenales preferirán continuar el camino de Francisco o elegirán un Papa que quiera unir a la Iglesia en torno a un conjunto claro de principios militantes. El tiempo del Papa Francisco en el poder ha hecho que este último proyecto sea mucho más difícil. Tal vez sería mejor aconsejar al nuevo Papa que hablara poco y se concentrara en calmar los ánimos: es otras palabras, para utilizar una frase de San Francisco, ser un instrumento de paz.

Por Joseph Shaw

(Traducción del artículo de Joseph Shaw en First Things)

The post Francisco, ¿el Papa de la ambigüedad? appeared first on Gaudium Press Español.

Testamento revela última petición de Francisco

El Pontífice expresó su expreso deseo de ser enterrado en la Basílica Papal de Santa María la Mayor en Roma.

 Gaudium Press El Vaticano ha hecho público el testamento dejado por el Papa Francisco, fallecido el pasado lunes 21 de abril de 2025. En el documento, firmado el 29 de junio de 2022, el Pontífice expresó su expreso deseo de ser enterrado en la Basílica Papal de Santa María la Mayor, en Roma.

Restos mortales en Santa María la Mayor

Francisco subraya haber confiado siempre su vida, su ministerio sacerdotal y episcopal a María Santísima, Madre de Nuestro Señor Jesucristo. “Por eso, pido que mis restos mortales descansen, en espera del día de la resurrección, en la Basílica Papal de Santa María la Mayor”, pidió Francisco.

Deseo que mi último viaje terrenal concluya precisamente en este antiguo Santuario Mariano, donde me dirigía a rezar al inicio y al final de cada Viaje Apostólico, para encomendar con confianza mis intenciones a la Madre Inmaculada y agradecerle su dulce y maternal cuidado”, dice un extracto de su testamento.

Tumba con una sola inscripción: Franciscus

Respecto a su tumba, el Pontífice pidió que fuera dispuesta en el nicho del corredor lateral entre la Capilla Paulina (Capilla de la Salus Populi Romani) y la Capilla Sforza de esta misma Basílica Papal. Su deseo era que la tumba fuera en el suelo, sencilla, sin decoración especial y con una única inscripción: Franciscus.

Respecto a los gastos para la preparación de su tumba, el Papa argentino destacó que serán cubiertos con la suma del benefactor, que dispuso que sea trasladada a la Basílica Papal de Santa María la Mayor y para lo cual dio instrucciones oportunas a Mons. Rolandas Makrickas, Comisario Extraordinario del Capítulo de la Basílica.

Que el Señor conceda la recompensa merecida a quienes me han amado y seguirán rezando por mí. Ofrezco al Señor el sufrimiento que he padecido en la última etapa de mi vida por la paz en el mundo y la fraternidad entre los pueblos —concluye el Papa Francisco en su testamento. (EPC)

The post Testamento revela última petición de Francisco appeared first on Gaudium Press Español.

El paso de Francisco y el futuro papa

“La muerte del papa Francisco ha impactado por la dimensión reformista de su papado. Su muerte, sentida profundamente por muchos, nos deja ante la elección de un nuevo papa”

“La propia figura de Bergoglio nos ayuda a establecer algunos criterios ligados al Vaticano II que pueden ser útiles para pensar en la figura del papa que podemos querer”

“La novedad, la reforma, el diálogo con el mundo y la historia profana son elementos básicos de la vida eclesial”

“El nuevo papa tiene que preguntarse siempre qué significa la Iglesia para el mundo y qué le da o le puede dar al mundo en su historia concreta y actual”

La muerte del Papa Francisco ha impactado por la dimensión reformista de su papado. Su amor a Cristo y su devoción personal, su capacidad de descubrir el rostro del Señor en los rostros sufrientes de los seres humano, impactaron a un gran número de católicos y de gentes de otras confesiones o incluso increyentes. El modo cercano de tratar con la gente, su austeridad personal incluso en los signos y ornamentos externos, su radicalidad en el acercamiento a los desposeídos y migrantes, su trabajo incesante para erradicar de la Iglesia el clericalismo y el carrerismo, la búsqueda de una nueva humanidad, el diálogo y la sinodalidad, son muestras de renovación y novedad en el ejercicio del papado.

“La muerte del papa Francisco ha impactado por la dimensión reformista de su papado. Su muerte, sentida profundamente por muchos, nos deja ante la elección de un nuevo papa”

“La propia figura de Bergoglio nos ayuda a establecer algunos criterios ligados al Vaticano II que pueden ser útiles para pensar en la figura del papa que podemos querer”

“La novedad, la reforma, el diálogo con el mundo y la historia profana son elementos básicos de la vida eclesial”

“El nuevo papa tiene que preguntarse siempre qué significa la Iglesia para el mundo y qué le da o le puede dar al mundo en su historia concreta y actual”

La muerte del Papa Francisco ha impactado por la dimensión reformista de su papado. Su amor a Cristo y su devoción personal, su capacidad de descubrir el rostro del Señor en los rostros sufrientes de los seres humano, impactaron a un gran número de católicos y de gentes de otras confesiones o incluso increyentes. El modo cercano de tratar con la gente, su austeridad personal incluso en los signos y ornamentos externos, su radicalidad en el acercamiento a los desposeídos y migrantes, su trabajo incesante para erradicar de la Iglesia el clericalismo y el carrerismo, la búsqueda de una nueva humanidad, el diálogo y la sinodalidad, son muestras de renovación y novedad en el ejercicio del papado.

Especial Papa Francisco y Cónclave

Su muerte, sentida profundamente por muchos, nos deja ante la elección de un nuevo papa. Revisar el modelo del papado y tener criterios sobre el perfil del papa que necesitamos es importante para todos los cristianos. Y en particular para los católicos es importante desarrollar los criterios desde el Concilio Vaticano II. Desde el inicio de la Constitución Dogmática sobre la Iglesia, el Concilio insiste en que el Espíritu Santo, que la guía, “con la fuerza del Evangelio rejuvenece a la Iglesia, la renueva incesantemente y la conduce a la unión consumada con su Esposo” (LG 4). La novedad, la reforma, el diálogo con el mundo y la historia profana son elementos básicos de la vida eclesial.

A Francisco con frecuencia se le ha considerado un papa reformista. Incluso ha sido criticado por estar abierto a los cambios dentro de la Iglesia y profundamente comprometido con los derechos de los pobres. Sus críticas a una “economía que mata”, su defensa de la dignidad de los migrantes, su insistencia en algo tan tradicional en la Iglesia como el destino universal de los bienes para conseguir fraternidad y amistad social en el mundo en que vivimos ha puesto tensos a algunos católicos comprometidos con una buena dosis de ceguera con el capitalismo existente.

Sus documentos, Evangelii gaudium, Laudato Si y Fratelli Tuttimarcaron líneas claras de conversión personal, reforma eclesial, preocupación social y ecológica y deseos de cambios estructurales, incluso a nivel internacional. Su muerte ha dejado a la Iglesia en un ambiente de cambio y reforma. Un ambiente que había tenido un cierto freno iniciado pocos años después de terminado el Vaticano II y que con la sencillez, apertura y capacidad de diálogo de Francisco se ha visto renovado. Pablo VI decía en su discurso final clausurando el Concilio Vaticano II que “nunca como en esta ocasión ha sentido la Iglesia la necesidad de conocer, de acercarse, de comprender, de penetrar, de servir, de evangelizar a la sociedad que la rodea y de seguirla; por decirlo así de alcanzarla casi en su rápido y continuo cambio”. Francisco ha sido fiel a ese espíritu conciliar que no debemos abandonar nunca.

A la Iglesia, institución con algo más de 1.400 millones de bautizados, cinco mil y pico obispos, 400.000 sacerdotes y 700.000 religiosas, en números aproximados, no es fácil moverla desde arriba. Y a los papas les corresponde moverla desde arriba hacia un espíritu evangélico creciente. No solos, por supuesto. Pero las costumbres, tradiciones, formulaciones heredadas de pasados lejanos y no traducidas al vocabulario y pensamiento actual, tienden a mantener a la Iglesia estática o al menos lenta en su evolución. Los cambios asustan con frecuencia y la misma tendencia institucional a convertir los carismas en rutina, muchas veces normativizada, pueden paralizar la novedad.

El propio Francisco, ante algunas críticas, recordaba que si bien la Iglesia trajo novedad a la esclavitud, considerando desde sus orígenes al esclavo como un verdadero prójimo, se acostumbró con exceso a la esclavitud y la vio incluso como normal. Bartolomé de Las Casas, defensor de los indios y considerado hoy con razón como uno de los padres de los derechos universales desde su exigencia de contemplar a los seres humanos como parte de una única humanidad, llevaba esclavos consigo cuando llegó a Chiapas a tomas posesión de su obispado. El Concilio Vaticano IIrompió la lentitud de una Iglesia que tendía a mirarse como sociedad perfecta y la relanzó como Pueblo de Dios que peregrina en diálogo e interacción con el mundo.

Fiel al Concilio, Francisco trató no solo de mover a la Iglesia desde arriba, sino sobre todo, desde la cercanía personal con los de abajo y desde la solidaridad con los “descartados” de la historia, con sus sufrimientos y marginaciones. Defensor de la vida, la defiende en todas sus dimensiones, desde considerar inadmisible para los cristianos la pena de muerte hasta defender los derechos a la vida de los no nacidos todavía. Mover a la Iglesia desde la palabra y el testimonio, aportar novedad evangélica al mundo en que vivimos desde el diálogo y la promoción de la amistad social es el reto permanente de todo Papa.

La propia figura de Francisco nos ayuda a establecer algunos criterios ligados al Vaticano II que pueden ser útiles para pensar en la figura del papa que podemos querer. En la Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el Mundo Actual, se nos dice que “el género humano se halla hoy en un período nuevo de su historia caracterizados por cambios profundos y acelerados”. Y en este mundo de descubrimientos vertiginosos, la Iglesia debe moverse manteniendo su tradición evangélica y su fidelidad al Señor, pero dialogando con las culturas, logrando síntesis de humanidad, desprendiéndose de deseos de poder y privilegios y acercándose cada vez más al que “siendo rico se hizo pobre por salvarnos”.

Hablar de sinodalidad, de caminar juntos, de diálogo social e interreligioso resulta indispensable en un mundo cuya velocidad en los cambios culturales y económicos tiende descartar a los más débiles y favorecer a “los más poderosos, lo que con frecuencia es tanto como decir los más violentos y desprovistos de conciencia” (QA 107) como decía ya Pío XI en 1931. No hay que tener miedo a defender a los pobres y a recordar a los ricos y poderosos que  servir “a los intereses del mercado divinizado, convertidos en regla absoluta” no es más que una idolatría que implica sacrificios humanos. Si a causa de un falso irenismo se eligiera un Papa que no quisiera problemas con los poderosos de este mundo, no solamente se haría daño al elegido sino a toda la Iglesia. En un mundo acelerado, con todos los problemas que encierra una cultura en rápida evolución, no se puede ver la realidad como algo que nos aleja del Evangelio, sino como oportunidad y desafío para hacer creíble la Palabra hecha carne, en diálogo, crítica y discernimiento permanente.

“Si a causa de un falso irenismo se eligiera un Papa que no quisiera problemas con los poderosos de este mundo, no solamente se haría daño al elegido sino a toda la Iglesia”

El sucesor de Francisco debe continuar viajando a los lugares donde está el sufrimiento. Poner en las páginas de los periódicos a los rohinyá de Birmania, a los olvidados de Mongolia, a los migrantes de Lampedusa o de la frontera de Estados Unidos, a Irak; al Papa le toca consolar y reconciliar creencias diferentes y si fuera posible ir también a Gaza y a las cárceles del tercer mundo, mostrando siempre las entrañas de misericordia del Dios que nos amó primero. Debe confiar en el Espíritu que habla en todos los cristianos y decirle a los laicos que lo bendigan, como hizo Francisco en sus primeras palabras como Papa desde las ventanas del Vaticano. Al igual que Francisco debe continuar con el espíritu de reforma que exigen los tiempos. La transparencia, el control de instituciones vinculadas a diferentes formas de corrupción dentro de la Iglesia, la oposición al clericalismo, son temas pendientes.

Necesitamos un papa con capacidad de advertir tanto a la Curia romana como a los Nuncios que aspirar a tener una carrera brillante no consiste en crecer en poder o dignidades sino en servir con humildad al pueblo de Dios. La participación de la mujer en el servicio de autoridad en la Iglesia debe continuar creciendo. Es absurdo que no haya mujeres cardenales, cuando se puede dar ese título con una simple reforma de la normativa que exige que los cardenales pertenezcan al estado clerical. Los cargos episcopales con temporalidad señalada, la consulta más amplia para el nombramiento de obispos y con mayor participación de las iglesias locales, el diaconado femenino son temas que quedan pendientes.

La misma forma de elegir al Papa debía repensarse. Históricamente ha habido diversas fórmulas. ¿Será para siempre la mejor una decretada el año 1059 por el Papa Nicolás II? Que ni siquiera fue seguida por el que la inspiró y uno de sus principales sucesores, Gregorio VII. Digamos que fue un buen sistema para la Europa de aquel tiempo en comparación con la intromisión sistemática de reyes y señores feudales que había dominado en los años anteriores. Es cierto que el sistema ha ido mejorando especialmente a partir del pontificado de Juan XXIII, que elevó el número de cardenales a 90 y, lo mismo que los papas que le sucedieron, se comenzó a nombrar un mayo número de cardenales no europeos.

La limitación de la capacidad de los cardenales hasta los 80 años para elegir Papa también fue positiva. Pero la pregunta de por qué las mujeres no pueden participar en la elección quedan pendientes. Sin necesidad de recordar que las mujeres fueron testigos privilegiados de la resurrección del señor, bastaría con reflexionar sobre el hecho de que son mayoría en la Iglesia tanto en número como en devoción. El hecho de que fueran las Conferencias Episcopales las que eligieron delegados tanto del estado clerical como del laical para participar en la elección del Pontífice se ha mencionado en algún momento. Discutir los pros y contras de otras alternativas diferentes de la existente pudiera ofrecer caminos creativos de participación.

No se trata de cambiarlo todo, pero sí de dar espacio al diálogo. Francisco recomendaba siempre orar antes de proponer ideas o proyectos pastorales. Y someter a la oración de otros los propios proyectos. Pensar si aferrarse a lo que uno piensa, debatir poniéndose en la posición del otro para entenderlo mejor, dialogar y rezar juntos, da siempre como fruto creatividad y esperanza.

Como jesuita, Francisco sabía que para que un proyecto apostólico salga adelante es necesario crear una especie de unión de ánimos, de esperanzas y generosidades que generen no solo impulso sino confianza en la fuerza del Espíritu. La Iglesia tiene que estar siempre en actitud de reforma porque el espíritu crea siempre novedad. Y al papa próximo le corresponde guiar a la Iglesia hacia esa novedad del Espíritu que como dice la oración, renueva la faz de la tierra. Y que también desde la vocación profética eclesial, sepa decirle al mundo que sus sueños de un futuro perfecto, prescindiendo del don y de la gracia, conducen con frecuencia a fracasos notables. Como decía Francisco que ocurrió con “un sueño prometeico sobre el mundo que provocó la impresión de que el cuidado de la naturaleza es cosa de débiles”. En el pensamiento teológico suele considerarse a la Iglesia como el sacramento primordial. Y también en teología suele decirse que un sacramento es un signo que da lo que significa.

El nuevo papa tiene que preguntarse siempre qué significa la Iglesia para el mundo y qué le da o le puede dar al mundo en su historia concreta y actual. Todos los cristianos debemos participar en ese esfuerzo de dar significación evangélica y evangelizadora a la Iglesia. Y una de las mejores maneras de hacerlo desde nuestra fe, es dando significación, esperanza y resistencia a quienes el mundo les quita el significado de su humanidad.

Fuente: Religión Digital

Una despedida final a mi amigo, el Papa Francisco

“Hemos perdido a un amigo en la tierra, pero ahora tenemos a un amigo en el cielo”

“Lo vi con vida por última vez a las 12:47 del mediodía del Domingo de Pascua, 20 de abril, mientras era conducido en su jeep por la Plaza de San Pedro y bajaba por la Vía de la Conciliación. La expresión en su rostro me dio la clara impresión de que era su despedida final al pueblo, y parecía saberlo. La siguiente vez que volvería a esa plaza sería en un ataúd, menos de 72 horas después”

(America Magazine).- Ayer, caminé junto a mi esposa, Elisabetta Piqué, hasta la capilla de Santa Marta en la Ciudad del Vaticano para darle nuestro último adiós al Papa Francisco, un hombre que había sido nuestro amigo durante más de 20 años. Fue un momento profundamente emotivo mientras permanecíamos frente a su sencillo ataúd. Luego nos sentamos a orar en esa capilla donde tantas veces habíamos rezado con él.

Tantos recuerdos pasaron por nuestras mentes: el entonces cardenal Bergoglio bautizando a nuestros hijos en la iglesia de San Ignacio en Buenos Aires; él cenando con nosotros la noche del 28 de febrero de 2013, cuando juntos vimos por televisión el momento histórico en que se cerraban las puertas de Castel Gandolfo y partían los guardias suizos, marcando el fin del pontificado de Benedicto XVI. Recuerdo cuando me llamó en 2012, mientras Elisabetta informaba desde Gaza en medio de intensos bombardeos, para preguntar por ella y decir que rezaba para que Dios la protegiera. Hemos perdido a un amigo en la tierra, pero ahora tenemos a un amigo en el cielo.

Lo vi con vida por última vez a las 12:47 del mediodía del Domingo de Pascua, 20 de abril, mientras era conducido en su jeep por la Plaza de San Pedro y bajaba por la Vía de la Conciliación. La expresión en su rostro me dio la clara impresión de que era su despedida final al pueblo, y parecía saberlo. La siguiente vez que volvería a esa plaza sería en un ataúd, menos de 72 horas después.

El Papa Francisco había pedido ser llevado en el jeep entre la multitud de unas 50,000 personas tras impartir su bendición “Urbi et Orbi” a la ciudad de Roma y al mundo desde el balcón central de la Basílica de San Pedro, el Domingo de Pascua.

Yo estuve allí cuando hizo su primera aparición en ese mismo balcón la noche del 13 de marzo de 2013, reportando para CTV Canadá. Recuerdo bien la explosión de alegría en la multitud cuando los saludó con un “¡Buona sera!” y el silencio absoluto en la plaza cuando pidió que rezaran por él y se inclinó ante ellos.

El Domingo de Pascua, su último acto como papa desde ese balcón fue bendecir al pueblo.
Inmediatamente después, recorrió entre ellos el camino de la despedida en el jeep blanco.

Según informó Vatican Media, luego de ese recorrido, “cansado pero contento”, el Papa de 88 años agradeció a su enfermero personal, Massimiliano Strappetti, quien lo había animado a salir: “Gracias por llevarme de nuevo a la plaza”. El Vaticano indicó que esas fueron sus últimas palabras.

Ahora sabemos que el Papa Francisco pasó una tranquila tarde final, cenó y durmió hasta alrededor de las 5:30 a.m., cuando se sintió mal, lo que activó la respuesta de sus cuidadores. Poco después sufrió un derrame cerebral.

Una hora más tarde, después de hacer un gesto de despedida con la mano a Strappetti, el Papa Francisco, acostado en su cama en el segundo piso de Santa Marta, cayó en coma. En ese momento, según supo America, su secretario privado argentino, el P. Juan Cruz Villalón, quien lo había cuidado con gran ternura durante los 38 días de hospitalización y las cuatro semanas de convalecencia, comprendió que su vida estaba en peligro y le administró el sacramento de la Unción de los Enfermos

Una hora más tarde, después de hacer un gesto de despedida con la mano a Strappetti, el Papa Francisco, acostado en su cama en el segundo piso de Santa Marta, cayó en coma. En ese momento, según supo America, su secretario privado argentino, el P. Juan Cruz Villalón, quien lo había cuidado con gran ternura durante los 38 días de hospitalización y las cuatro semanas de convalecencia, comprendió que su vida estaba en peligro y le administró el sacramento de la Unción de los Enfermos.

Según los presentes, el Papa no sufrió en ese momento final. La muerte llegó repentinamente, como él siempre había deseado, a causa de un colapso cardiovascular irreversible. Murió en paz a las 7:35 a.m. del Lunes de Pascua. Dios le concedió esa gracia.

El cardenal Kevin Farrell, camarlengo del Vaticano y hombre de gran confianza para Francisco, anunció su muerte al mundo.

Ese mismo día, el Vaticano publicó el testamento del papa, en el que dejó claro que los costos de su entierro no correrían a cargo del Vaticano, ya que un benefactor los había cubierto.

Concluyó su testamento con estas palabras:

“Que el Señor conceda la merecida recompensa a quienes me han querido bien y seguirán rezando por mí. El sufrimiento que marcó la parte final de mi vida, lo ofrezco al Señor, por la paz en el mundo y la fraternidad entre los pueblos.”

El sencillo ataúd que mi esposa y yo vimos ayer en Santa Marta está ahora en la Basílica de San Pedro, donde el Papa Francisco yace en estado.

El cardenal Kevin Farrell presidió la ceremonia de traslado, por la cual el cuerpo del papa se llevó desde el lugar de su muerte hasta la basílica, donde ejerció gran parte de su ministerio petrino.

“Al abandonar ahora esta casa, demos gracias al Señor por los innumerables dones que concedió al pueblo cristiano a través de su siervo, el Papa Francisco,” rezó el cardenal en latín. “Pidámosle, con su misericordia y bondad, que conceda al difunto papa un hogar eterno en el reino de los cielos y que consuele con la esperanza celestial a la familia papal, a la Iglesia de Roma y a los fieles del mundo entero.”

Una vez concluido este breve servicio de oración, la gran campana de San Pedro repicó mientras el cuerpo del papa era llevado por 14 portadores del Vaticano en el ataúd de madera, cubierto con un paño rojo, en una procesión encabezada por cerca de 100 cardenales desde la capilla hasta la basílica a las 9 de la mañana. Fue una escena impresionante y solemne, mientras sonaba la campana y el coro cantaba en latín.

Ocho Guardias Suizos pontificios y 14 sacerdotes con estolas rojas y portando antorchas acompañaron el ataúd en su lento avance.

Detrás venían los miembros de la Casa Pontificia, llorando a un padre amoroso, incluidos sus tres secretarios privados, sus dos enfermeros y su asistente laico de cámara, todos quienes lo cuidaron con dedicación durante su hospitalización y recuperación.

La procesión cruzó la Plaza de los Proto Mártires, donde San Pedro y muchos de los primeros cristianos fueron ejecutados, luego pasó por el Arco de las Campanas hacia la Plaza de San Pedro, donde decenas de miles de fieles rezaban mientras observaban en pantallas gigantes.

Cuando el ataúd ingresó por la puerta central a la Basílica de San Pedro, estalló un aplauso espontáneo, lleno de emoción, desde la multitud en la plaza. Vi a muchos llorar por este pastor tan querido; otros apretaban sus rosarios o abrazaban a quienes los acompañaban.

Los coros entonaban la Letanía de los Santos mientras la procesión avanzaba lentamente por la nave central hasta el altar de la confesión, bajo el majestuoso baldaquino de Bernini. El ataúd de Francisco fue colocado sobre una plataforma de madera sencilla, como había estado en la capilla de Santa Marta.

El cardenal Farrell roció agua bendita e incensó el cuerpo del papa difunto, vestido con una casulla roja y una mitra blanca. Concluyó el rito de traslado con una Liturgia de la Palabra y una oración en latín:
“Por el difunto Papa Francisco, para que el Príncipe de los Pastores, que vive siempre para interceder por nosotros, lo reciba con gracia en su reino de luz y paz.”

Las banderas del Vaticano ondean a media asta mientras el Papa Francisco yace en estado por tres días. Cardenales de 94 países y de todos los continentes están viajando a Roma para el funeral y el cónclave que se celebrará a inicios de mayo para elegir al nuevo papa.

También viajarán a Roma muchos líderes mundiales para el funeral, entre ellos el expresidente Donald J. Trump y su esposa Melania, el presidente Javier Milei de Argentina, patria del papa, y los presidentes de Ucrania, Brasil, Francia, Polonia, así como el príncipe William del Reino Unido.

Más de 4,000 periodistas y operadores de medios ya han sido acreditados en la Oficina de Prensa de la Santa Sede desde el lunes por la mañana, y continúan llegando, lo que refleja el interés global por el papa que promovió la paz y defendió la dignidad humana en un mundo que tanto carece de ambas.

“Hemos perdido a un amigo en la tierra, pero ahora tenemos a un amigo en el cielo”

“Lo vi con vida por última vez a las 12:47 del mediodía del Domingo de Pascua, 20 de abril, mientras era conducido en su jeep por la Plaza de San Pedro y bajaba por la Vía de la Conciliación. La expresión en su rostro me dio la clara impresión de que era su despedida final al pueblo, y parecía saberlo. La siguiente vez que volvería a esa plaza sería en un ataúd, menos de 72 horas después”

(America Magazine).- Ayer, caminé junto a mi esposa, Elisabetta Piqué, hasta la capilla de Santa Marta en la Ciudad del Vaticano para darle nuestro último adiós al Papa Francisco, un hombre que había sido nuestro amigo durante más de 20 años. Fue un momento profundamente emotivo mientras permanecíamos frente a su sencillo ataúd. Luego nos sentamos a orar en esa capilla donde tantas veces habíamos rezado con él.

Tantos recuerdos pasaron por nuestras mentes: el entonces cardenal Bergoglio bautizando a nuestros hijos en la iglesia de San Ignacio en Buenos Aires; él cenando con nosotros la noche del 28 de febrero de 2013, cuando juntos vimos por televisión el momento histórico en que se cerraban las puertas de Castel Gandolfo y partían los guardias suizos, marcando el fin del pontificado de Benedicto XVI. Recuerdo cuando me llamó en 2012, mientras Elisabetta informaba desde Gaza en medio de intensos bombardeos, para preguntar por ella y decir que rezaba para que Dios la protegiera. Hemos perdido a un amigo en la tierra, pero ahora tenemos a un amigo en el cielo.

Lo vi con vida por última vez a las 12:47 del mediodía del Domingo de Pascua, 20 de abril, mientras era conducido en su jeep por la Plaza de San Pedro y bajaba por la Vía de la Conciliación. La expresión en su rostro me dio la clara impresión de que era su despedida final al pueblo, y parecía saberlo. La siguiente vez que volvería a esa plaza sería en un ataúd, menos de 72 horas después.

El Papa Francisco había pedido ser llevado en el jeep entre la multitud de unas 50,000 personas tras impartir su bendición “Urbi et Orbi” a la ciudad de Roma y al mundo desde el balcón central de la Basílica de San Pedro, el Domingo de Pascua.

Yo estuve allí cuando hizo su primera aparición en ese mismo balcón la noche del 13 de marzo de 2013, reportando para CTV Canadá. Recuerdo bien la explosión de alegría en la multitud cuando los saludó con un “¡Buona sera!” y el silencio absoluto en la plaza cuando pidió que rezaran por él y se inclinó ante ellos.

El Domingo de Pascua, su último acto como papa desde ese balcón fue bendecir al pueblo.
Inmediatamente después, recorrió entre ellos el camino de la despedida en el jeep blanco.

Según informó Vatican Media, luego de ese recorrido, “cansado pero contento”, el Papa de 88 años agradeció a su enfermero personal, Massimiliano Strappetti, quien lo había animado a salir: “Gracias por llevarme de nuevo a la plaza”. El Vaticano indicó que esas fueron sus últimas palabras.

Ahora sabemos que el Papa Francisco pasó una tranquila tarde final, cenó y durmió hasta alrededor de las 5:30 a.m., cuando se sintió mal, lo que activó la respuesta de sus cuidadores. Poco después sufrió un derrame cerebral.

Una hora más tarde, después de hacer un gesto de despedida con la mano a Strappetti, el Papa Francisco, acostado en su cama en el segundo piso de Santa Marta, cayó en coma. En ese momento, según supo America, su secretario privado argentino, el P. Juan Cruz Villalón, quien lo había cuidado con gran ternura durante los 38 días de hospitalización y las cuatro semanas de convalecencia, comprendió que su vida estaba en peligro y le administró el sacramento de la Unción de los Enfermos

Una hora más tarde, después de hacer un gesto de despedida con la mano a Strappetti, el Papa Francisco, acostado en su cama en el segundo piso de Santa Marta, cayó en coma. En ese momento, según supo America, su secretario privado argentino, el P. Juan Cruz Villalón, quien lo había cuidado con gran ternura durante los 38 días de hospitalización y las cuatro semanas de convalecencia, comprendió que su vida estaba en peligro y le administró el sacramento de la Unción de los Enfermos.

Según los presentes, el Papa no sufrió en ese momento final. La muerte llegó repentinamente, como él siempre había deseado, a causa de un colapso cardiovascular irreversible. Murió en paz a las 7:35 a.m. del Lunes de Pascua. Dios le concedió esa gracia.

El cardenal Kevin Farrell, camarlengo del Vaticano y hombre de gran confianza para Francisco, anunció su muerte al mundo.

Ese mismo día, el Vaticano publicó el testamento del papa, en el que dejó claro que los costos de su entierro no correrían a cargo del Vaticano, ya que un benefactor los había cubierto.

Concluyó su testamento con estas palabras:

“Que el Señor conceda la merecida recompensa a quienes me han querido bien y seguirán rezando por mí. El sufrimiento que marcó la parte final de mi vida, lo ofrezco al Señor, por la paz en el mundo y la fraternidad entre los pueblos.”

El sencillo ataúd que mi esposa y yo vimos ayer en Santa Marta está ahora en la Basílica de San Pedro, donde el Papa Francisco yace en estado.

El cardenal Kevin Farrell presidió la ceremonia de traslado, por la cual el cuerpo del papa se llevó desde el lugar de su muerte hasta la basílica, donde ejerció gran parte de su ministerio petrino.

Francisco, en el féretro, en la capilla de Santa Marta

Francisco, en el féretro, en la capilla de Santa Marta Vatican Media

“Al abandonar ahora esta casa, demos gracias al Señor por los innumerables dones que concedió al pueblo cristiano a través de su siervo, el Papa Francisco,” rezó el cardenal en latín. “Pidámosle, con su misericordia y bondad, que conceda al difunto papa un hogar eterno en el reino de los cielos y que consuele con la esperanza celestial a la familia papal, a la Iglesia de Roma y a los fieles del mundo entero.”

Una vez concluido este breve servicio de oración, la gran campana de San Pedro repicó mientras el cuerpo del papa era llevado por 14 portadores del Vaticano en el ataúd de madera, cubierto con un paño rojo, en una procesión encabezada por cerca de 100 cardenales desde la capilla hasta la basílica a las 9 de la mañana. Fue una escena impresionante y solemne, mientras sonaba la campana y el coro cantaba en latín.

Ocho Guardias Suizos pontificios y 14 sacerdotes con estolas rojas y portando antorchas acompañaron el ataúd en su lento avance.

El féretro de Francisco, siendo trasladado a San Pedro, rodeado de fieles

El féretro de Francisco, siendo trasladado a San Pedro, rodeado de fieles

Detrás venían los miembros de la Casa Pontificia, llorando a un padre amoroso, incluidos sus tres secretarios privados, sus dos enfermeros y su asistente laico de cámara, todos quienes lo cuidaron con dedicación durante su hospitalización y recuperación.

La procesión cruzó la Plaza de los Proto Mártires, donde San Pedro y muchos de los primeros cristianos fueron ejecutados, luego pasó por el Arco de las Campanas hacia la Plaza de San Pedro, donde decenas de miles de fieles rezaban mientras observaban en pantallas gigantes.

Cuando el ataúd ingresó por la puerta central a la Basílica de San Pedro, estalló un aplauso espontáneo, lleno de emoción, desde la multitud en la plaza. Vi a muchos llorar por este pastor tan querido; otros apretaban sus rosarios o abrazaban a quienes los acompañaban.

Los coros entonaban la Letanía de los Santos mientras la procesión avanzaba lentamente por la nave central hasta el altar de la confesión, bajo el majestuoso baldaquino de Bernini. El ataúd de Francisco fue colocado sobre una plataforma de madera sencilla, como había estado en la capilla de Santa Marta.

El cardenal Farrell roció agua bendita e incensó el cuerpo del papa difunto, vestido con una casulla roja y una mitra blanca. Concluyó el rito de traslado con una Liturgia de la Palabra y una oración en latín:
“Por el difunto Papa Francisco, para que el Príncipe de los Pastores, que vive siempre para interceder por nosotros, lo reciba con gracia en su reino de luz y paz.”

Sor Genevieve Jeanningros, ajena al desfile ante los restos de Francisco

Sor Genevieve Jeanningros, ajena al desfile ante los restos de Francisco RD/Captura

Las banderas del Vaticano ondean a media asta mientras el Papa Francisco yace en estado por tres días. Cardenales de 94 países y de todos los continentes están viajando a Roma para el funeral y el cónclave que se celebrará a inicios de mayo para elegir al nuevo papa.

También viajarán a Roma muchos líderes mundiales para el funeral, entre ellos el expresidente Donald J. Trump y su esposa Melania, el presidente Javier Milei de Argentina, patria del papa, y los presidentes de Ucrania, Brasil, Francia, Polonia, así como el príncipe William del Reino Unido.

Más de 4,000 periodistas y operadores de medios ya han sido acreditados en la Oficina de Prensa de la Santa Sede desde el lunes por la mañana, y continúan llegando, lo que refleja el interés global por el papa que promovió la paz y defendió la dignidad humana en un mundo que tanto carece de ambas.

MIles de fieles desafían la noche para despedir a Francisco

MIles de fieles desafían la noche para despedir a Francisco EFE/EPA/Alessandro Di Meo

Mientras tanto, decenas de miles de romanos y peregrinos de todo el mundo hacen fila bajo el sol ardiente o el cielo nocturno en la Plaza de San Pedro, esperando entrar en la basílica para rendir su último homenaje al “papa del pueblo”, “el papa de los pobres”, el primer latinoamericano y el primer jesuita en liderar la Iglesia Católica y sus 1,400 millones de fieles. Podrán hacerlo, dijo el Vaticano, hasta las 8 p.m. del viernes, momento en que el cardenal Farrell presidirá el cierre ceremonial del ataúd.

El cuerpo del Papa Francisco permanecerá en la basílica hasta la mañana del sábado 26 de abril, cuando los portadores lo llevarán al atrio de la basílica y lo colocarán frente al altar para la solemne misa de réquiem en la Plaza de San Pedro. El cardenal Giovanni Battista Re, de 91 años, decano del Colegio Cardenalicio, será el celebrante principal del funeral.

Después de la misa, el ataúd será llevado en caravana por la ciudad hasta la Basílica de Santa María la Mayor, donde el Papa Francisco será enterrado, como fue su último deseo.

* con autorización del autor

Fuente : Religión Digital

Tras pasar ante el féretro de Francisco: Adiós (a Dios) Papa de la primavera

“En RD, le defendimos a capa y espada, desde el principio hasta el final. Le defendimos a él y a lo que representaba: el resurgimiento, tras la involución, del Vaticano II, pasado por el tamiz de la sinodalidad”

“Francisco, el papa de la misericordia, nos deja a todos un vacío inmenso, pero también una luz que no se apagará. Su vida fue un evangelio vivo, un testimonio de amor radical por la Iglesia y el mundo”

“Su sonrisa, su abrazo, su mirada limpia fueron un bálsamo para un mundo herido. En cada gesto, en cada palabra, nos enseñó que la misericordia no es un concepto abstracto, sino una forma de vida”

“En un tiempo de sombras, Francisco nos recordó que la fe no es un refugio, sino un motor para transformar el mundo”

 José Manuel Vidal enviado especial a Roma – Religión Digital

“Te nos has ido, padre Jorge. Te nos has ido en primavera, Papa de la primavera. Sin ti, nos sentimos un poco huérfanos. ¿Quién defenderá, ahora, a los empobrecidos y a los crucificados de la tierra? Te has ido cuando quizás más falta nos hacías. Gracias por tanto para tantos. Fuiste un orgullo y una gloria. Pero, como decías, hay que mirar para adelante. ¡Y que nos quiten lo bailado!” 

Tras pasar unos segundos ante el féretro del Papa Francisco, en medio de una riada de gente impresionante, y después de dos horas y media de cola, el corazón se encoge, el alma se eleva y las lágrimas de emoción asoman. Sin tiempo para detenerse, encontré un oasis de paz en una capilla lateral de la Basílica de San Pedro. Me senté en un banco y me puse a rezar y a hablar con mi Papa favorito. Llegué a quererle, como se quiere a un padre y a admirarle como a un profeta.  

Tanto es así que mi mujer, Elena, suele decirme: “Estás enamorado del Papa”. Y, desde la muerte de Francisco, he recibido cientos de condolencias personales. Como si se me hubiese muerto alguien de la familia. Desde personas anónimas, a amigos teólogos.

 Como la colombiana Consuelo Vélez“Hola José Manuel, te doy el pésame por el papa Francisco, porque sé lo mucho que lo valoraste. Yo también, por supuesto, pero tú fuiste más francisquista que yo. Una pena que se haya ido. A ver qué pasa ahora en nuestra Iglesia. Toca rezar”. 

O el chileno Jorge Costadoat: “Querido José Manuel: Mi pésame por el Papa. Si hay alguien que hizo más por difundir su pensamiento y sus obras, fuiste probablemente tú”.

O como el gallego Andrés Torres Queiruga, que me mandaba esta condolencia en gallego: “Fóiseche un amigo a quen tan ben soubeches defender e anunciar. Fóisenos. Espero que quede moi viva a sua mensaxe”. 

Y es verdad que, en RD, le defendimos a capa y espada, desde el principio hasta el final. Le defendimos a él y a lo que representaba: el resurgimiento, tras la involución, del Vaticano II, pasado por el tamiz de la sinodalidad. De hecho, los rigoristas nos llaman “los primaveras”, para fastidiar. ¡Si supieran la ilusión que nos hace seguro que dejarían de hacerlo! 

Pensando estas cosas, en medio del silencio de la capilla lateral vaticana, recordé los encargos que me habían hecho para pedirle a Francisco. Y se los fui soltando, uno a uno, con sus nombres: La familia al completo (especialmente Noemí), las tías monjas, el equipo de la HOAC, el equipo de RD, Ciro… 

Después, convoqué a mis ángeles favoritos (Castillo, Faus, Aradillas, María Victoria, Padre Antonio, el cura Carballo y el fraile ecuatoriano Patricio) y nos pusimos de tertulia sobre la herencia que nos deja Francisco.  

Y coincidíamos en que es el legado de un hombre que fue más que un papa: fue un padre, un pastor, un amigo de los pobres. Porque amaba en lo concreto. Con nombres y apellidos. Francisco, el papa de la misericordia, nos deja a todos un vacío inmenso, pero también una luz que no se apagará. Su vida fue un evangelio vivo, un testimonio de amor radical por la Iglesia y el mundo. 

Mis ángeles y yo coincidíamos en que Francisco, el papá más querido, caminó entre nosotros como un reflejo de la primavera. Su sonrisa, su abrazo, su mirada limpia fueron un bálsamo para un mundo herido. En cada gesto, en cada palabra, nos enseñó que la misericordia no es un concepto abstracto, sino una forma de vida.

Fue el papa que se arrodilló ante los olvidados, que tocó las llagas de los marginados, que escuchó el grito de los pobres. En la capilla lateral de la Basílica, sentimos que no solo despedimos a un líder, sino a un compañero de camino. 

Porque, la esperanza fue su bandera. En un tiempo de sombras, Francisco nos recordó que la fe no es un refugio, sino un motor para transformar el mundo. Nos habló de una Iglesia en salida, de puertas abiertas, de corazones sin fronteras. Nos desafió a ser valientes, a no tener miedo de ensuciarnos las manos por amor. Y lo hizo con humildad, con esa sencillez y esa cercanía que desarmaba a los poderosos y consolaba a los humildes. Hoy, su cuerpo descansa, pero su mensaje sigue vibrando en cada rincón de la tierra. 

Y también coincidíamos los miembros de la tertulia angelical y yo en que Francisco lo dio todo. No guardó nada para sí mismo. Su vida fue un derroche de generosidad, una entrega sin cálculos. Desde la Casa Santa Marta hasta las periferias más remotas, llevó el Evangelio con una pasión que contagiaba.  

Con el Evangelio como divisa, reformó la Iglesia con coraje, enfrentando resistencias, pero siempre con amor. Nunca tomó represalias, ni siquiera contra los cardenales que le amonestaban públicamente, cuando habían prometido dar su vida por él. Y es que nos enseñó que ser cristiano es jugársela por los demás y que la verdadera autoridad nace del servicio.  

En la capilla lateral, le agradecemos cada paso que dio por nosotros y sentimos tanto su pérdida: Te echaremos de menos, Francisco. Tu voz, que resonaba como un trueno profético y a la vez como un susurro paternal, ya no nos hablará desde la tierra. Pero sabemos que nos sigues acompañando desde el cielo.  

Tu risa, tu ternura, tu capacidad de indignarte ante la injusticia, todo eso queda grabado en nuestros corazones y en el de millones de personas de todo el mundo.  Por eso, lo nuestro no es un adiós, sino un “hasta pronto”. Porque un papá como tú nunca se va del todo: te quedas en el latir de quienes te amamos

Un orgullo de Papa  

Francisco, fuiste un regalo de Dios, un signo de que la santidad es posible en nuestro tiempo. Nos mostraste que ser santo no es vivir en las nubes, sino caminar con los pies en el barro, con el corazón en el cielo. Fuiste el papa de las periferias, pero también el papa de todos. Nos uniste, nos reconciliaste, nos hiciste soñar con una humanidad más fraterna. Hoy, en la capilla lateral, te decimos con lágrimas y gratitud: gracias por ser nuestro padre. 

Gloria eterna para ti, Francisco. Que el Dios al que serviste con tanto amor te acoja en su abrazo infinito. Que los ángeles canten por ti, que los pobres a los que amaste intercedan por ti, que la creación que tanto defendiste te dé la bienvenida.  

Tu vida fue un canto a la misericordia, y ahora ese canto se une al coro celestial. Pero aquí abajo, seguimos gruñendo, como tú decías, por tanta injusticia, por tanto dolor. Y lo hacemos con tu fuerza, con tu esperanza. 

Te queremos, Francisco. No es un amor pasajero, sino un amor que arraiga en lo más hondo del alma. Nos enseñaste a querer de verdad, a no quedarnos en palabras bonitas, sino a amar con obras. Nos diste un corazón más grande, más universal, más misericordioso. En la capilla lateral, renovamos nuestro compromiso de seguir tu camino, de no dejar que tu sueño se apague.

No te olvidaremos  

Tu nombre, Francisco, será pronunciado con veneración por generaciones. Tus palabras, tus gestos, tus luchas, todo eso es ya un tesoro de la Iglesia y de la humanidad. Nos dejas un mundo más humano, una Iglesia más cercana, una esperanza más viva. Cada vez que abracemos a un pobre, que defendamos la justicia, que cuidemos la creación, ahí estarás tú, sonriendo desde el cielo, animándonos a seguir. 

Te llevaremos siempre en el corazón. Francisco, Papa de la misericordia, de los pobres, de la esperanza, de la primavera. Eres nuestro faro, nuestra inspiración.  

En la capilla lateral, no solo lloramos de emoción; también celebramos tu vida, tu entrega, tu legado. Nos dejas un mundo mejor, porque tú fuiste mejor. Y mientras caminamos, con el dolor de tu ausencia, sabemos que nos miras con esa ternura de padre y nos dices: “Buon pranzo e arrivederci”.  

Tras las despedidas, levanté la cabeza y comprobé que la capilla lateral era de la Papa Pío X, en la que unos días antes de morir, en una de sus escapadas, había rezado también Francisco. Quizás, porque en el lateral derecho hay una bella escultura de Juan XXIII, el Papa de la primavera conciliar. Porque, “nadie puede parar la primavera en primavera”, como solemos decir los ‘primaveras’

Müller advierte del riesgo de cisma si el Cónclave no elige a “un Papa ortodoxo”

Eel catolicismo “no consiste en obedecer ciegamente al Papa” sino en “respetar las Sagradas Escrituras, la tradición y la doctrina de la Iglesia”

El purpurado no dudó en mostrar su profundo desacuerdo ante la bendición a las parejas homosexuales, que en su opinión es “obviamente contraria a la doctrina de la Iglesia”, el acuerdo entre el Vaticano y China (“No se pueden hacer pactos con el diablo”) o a la apuesta por la fraternidad entre católicos y musulmanes (“Los católicos son hermanos y hermanas, pero en Cristo”, adujo)

 Jesús Bastante

Es uno de los adalides de la Iglesia ultraconservadora, uno de los líderes de la oposición al Papa Francisco, quien curiosamente le nombró cardenal y le mantuvo, durante años, como prefecto de Doctrina de la Fe. El alemán Gerhard Müller ha sido claro en una entrevista concedida a The Times, en la que advierte que “la Iglesia corre el riesgo de dividirse en dos si no se elige a un papa ortodoxo”.

Y es que Müller, uno de los grandes enemigos de Francisco desde que fuera apartado de la antigua inquisición, considera que el catolicismo “no consiste en obedecer ciegamente al Papa” sino en “respetar las Sagradas Escrituras, la tradición y la doctrina de la Iglesia”.

El purpurado no dudó en mostrar su profundo desacuerdo ante la bendición a las parejas homosexuales, que en su opinión es “obviamente contraria a la doctrina de la Iglesia”, el acuerdo entre el Vaticano y China (“No se pueden hacer pactos con el diablo”) o a la apuesta por la fraternidad entre católicos y musulmanes (“Los católicos son hermanos y hermanas, pero en Cristo”, adujo).

Más aún: el purpurado alemán insistió en que el próximo Papa no debe “buscar el aplauso del mundo secular, que ve a la Iglesia como una organización humanitaria que hace trabajo social”, sino centrarse en “la verdad revelada”. Y es que “los electores tienen la responsabilidad de elegir a un hombre que sea capaz de unificar a la Iglesia en la verdad revelada”.

“La cuestión no es entre conservadores y liberales, sino entre ortodoxia y herejía”,  clamó el prelado alemán, quien advirtió que “Rezo para que el Espíritu Santo ilumine a los cardenales, porque un papa hereje que cambie cada día según lo que digan los medios sería catastrófico”.