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Cardenal Prevost: Francisco es un Papa generoso, lo ha dado todo

El prefecto del Dicasterio para los Obispos recuerda al Papa Francisco, a quien conoció cuando era arzobispo de Buenos Aires y entabló con él una amistad que se consolidó a lo largo de los años, especialmente en los dos últimos del cardenal en la Curia. Era “un hombre que quería vivir el Evangelio con autenticidad, con coherencia”, subraya el cardenal agustino, y entre sus enseñanzas más preciadas destaca su deseo de “una Iglesia pobre, que camina con los pobres, que sirve a los pobres”.

Tiziana Campisi – Ciudad del Vaticano – Vatican News

La coherencia, la autenticidad, el deseo de vivir el Evangelio y esa cercanía especial a los pobres y a los que sufren. Y luego el amor a la Iglesia, ese deseo de “darlo todo para servirla” y “su sentido de la responsabilidad”. Son estos rasgos de la personalidad del Papa Francisco los que siempre han impresionado al cardenal Robert Prevost, prefecto del Dicasterio para los Obispos. A los medios vaticanos, el cardenal agustino confió que siempre le ha apreciado por su “auténtico corazón cristiano”, su “generosidad”, su “caridad” y su “deseo de vivir esta dimensión del Evangelio hasta estos últimos días”.

Encuentros en Argentina

Emocionado, el jefe del Dicasterio comparte sus recuerdos personales del Pontífice. Cuenta que conoció a Jorge Mario Bergoglio cuando era arzobispo de Buenos Aires, describe algunos aspectos de su carácter, enumera anécdotas. “Siempre tuve la impresión de un hombre que quería vivir el Evangelio con autenticidad, con coherencia”, dice. “En los tiempos en que yo era prior general de los agustinos, varias veces, durante las visitas a mis hermanos en Argentina, cuando él era todavía cardenal, tuve ocasión de conocerle y hablar con él, informalmente y sobre asuntos más institucionales”.

Elegido Papa, Francisco celebró su primera misa pública, el 13 de marzo de 2013, en la parroquia de Santa Ana del Vaticano, confiada al cuidado pastoral de religiosos agustinos, y en esa ocasión Prevost se reencontró con él. “Me pregunté si se habría acordado de mí y cuando llegó y entró en la sacristía, al verme, me reconoció inmediatamente y empezamos a hablar”. Un diálogo, el del entonces Prior General de la Orden de San Agustín, que continuó. “Como mi mandato llegaba a su fin ese mismo año, pensamos en invitar al Santo Padre a presidir, el 28 de agosto, la misa de apertura del Capítulo General” en la basílica de San Agustín en Campo Marzio, Roma. Bergoglio, “para sorpresa de todos”, aceptó encantado. Conocía bien esa iglesia, porque cuando venía a la capital, como cardenal, siempre se alojaba cerca, en la Casa del Clero, en Via della Scrofa, e iba a rezar a la tumba de Santa Mónica, que allí se conserva.

La preocupación del Papa por el pueblo de Perú

Poco más de un año después, el 3 de noviembre de 2014, Francisco nombró a Prevost administrador apostólico de la diócesis de Chiclayo (Perú) y, posteriormente, obispo. Como pastor de ese pequeño rebaño en la región de Lambayeque, el religioso agustino seguía encontrándose con el Papa, quien siempre le expresaba su preocupación por ese pueblo. “Me preguntaba: ‘¿Cómo estás? ¿Cómo van las cosas?'”.

“Dio tanto a la Iglesia”, añade el cardenal, “sus gestos de cercanía hablan con tanta elocuencia”. Prevost también recuerda la visita apostólica de Francisco a Perú en 2018, y a aquella mujer ciega de 99 años de su diócesis que llegó a Trujillo porque quería tener contacto con el Pontífice.

“Se bajó del coche, se acercó a ella y la saludó. Nos ha dejado muchos ejemplos así; en su hermosa humanidad, quiso vivir el Evangelio y transmitir el Evangelio”, señala el prefecto del Dicasterio para los Obispos. También destaca la alegría de Bergoglio, la misma que brilla en la Exhortación Apostólica Evangelii gaudium “sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual”, “que nos hace recordar lo que dice el Evangelio, y lo que repetimos en este tiempo pascual: vivir la alegría del Evangelio, de la fe, de reconocer a Jesucristo”.

Cercanía hasta el final

El pensamiento del cardenal Prevost se remonta también al primer viaje apostólico del Papa Francisco, a Lampedusa, a su “cercanía a los migrantes, hasta estos últimos meses, incluso cuando escribió”, en febrero pasado, aquella carta a los obispos de Estados Unidos “sobre la importancia de estar cerca de los que sufren y de tener el corazón de Jesucristo”, cuando se puso en marcha el programa de deportación masiva de inmigrantes ilegales y refugiados.

A continuación, el cardenal menciona la última visita del Papa a la cárcel de Regina Coeli, el Jueves Santo, un gesto que “lo dice todo: su deseo de ir, a pesar de los muchos problemas de salud, de las dificultades que tenía, para hacer como cada año, celebrar con los presos este día tan importante en la vida de la Iglesia, y comunicar así esta cercanía, este amor que Jesús nos dejó a todos”.

Una cita semanal

Con el Papa Francisco, entonces, Prevost, como prefecto del Dicasterio para los Obispos, tuvo una cita fija durante dos años, todos los sábados por la mañana.

“Hasta el final, quiso darlo todo a su ministerio, a su trabajo, a su servicio en la Iglesia”, continuó el cardenal, hablando de su encuentro semanal con el Pontífice. “Al principio era a las 8 de la mañana. Pero a veces llegaba a las 7.30 y ya me estaba esperando, así que empecé a ir un poco antes y a veces se anticipaba”. Se trataban temas importantes, pero Francisco añadía a menudo una petición: “Me decía, entre otras cosas, al final de la audiencia: ‘No pierdas el sentido del humor, tienes que sonreír’”. Prevost recuerda la oración de Santo Tomás Moro, repetidamente citada por el Papa para exhortar a seguir adelante en “cosas de gran responsabilidad, con gran confianza en la gracia del Señor”. Francisco no escatimaba “en servir a la Iglesia”, prosigue Prevost, precisando que el Pontífice estaba siempre “muy bien informado de las cosas”.

Ecclesia semper reformanda est

En su pontificado “nos ha transmitido a todos este espíritu de querer continuar lo que comenzó con el Concilio Vaticano II, la necesidad de renovar siempre la Iglesia, semper reformanda est”, reflexiona el cardenal agustino, recordando las respuestas dadas por Bergoglio en una entrevista sobre la gran asamblea deseada por Juan XXIII.

“Queda mucho por hacer, hay que continuar. “Un espíritu, una actitud fundamental para todos nosotros”, dice Prevost, “no podemos detenernos, no podemos volver atrás. Tenemos que ver cómo quiere el Espíritu Santo que sea la Iglesia hoy y mañana, porque el mundo de hoy, en el que vive la Iglesia, no es el mismo que el de hace diez o veinte años”, considera el cardenal, “por lo tanto, el mensaje es siempre el mismo: anunciar a Jesucristo, anunciar el Evangelio, pero la manera de llegar a la gente de hoy, a los jóvenes, a los pobres, a los políticos, es diferente”. Prevost subrayó que el Papa ha dejado un mensaje fuerte a las autoridades del mundo y que es necesario ir “hacia adelante”.

Una Iglesia pobre que camina con los pobres

Entre las enseñanzas que ha dejado Francisco hay que atesorar, sobre todo, “el amor a los pobres”, apunta a continuación el cardenal, su deseo de “una Iglesia pobre, que camine con los pobres, que sirva a los pobres”.

“Creo que el mensaje del Evangelio se entiende mucho mejor desde la experiencia de los pobres, que no tienen nada”, reflexiona a continuación el cardenal, que intentan vivir la fe y lo encuentran todo en Jesucristo. Creo que en este sentido el Papa ha dejado un ejemplo muy grande para el mundo. A mí, personalmente, me lo ha dejado, por mi trabajo como obispo en Perú, como misionero, y por muchas otras cosas”.

Reflexión y gratitud

Pero, ¿cómo retomar el legado del Papa Francisco? “Difícil de responder” pocas horas después de la muerte del Pontífice, reconoce con objetividad Prevost.

“Personalmente creo que este periodo de pérdida, de tristeza, debe ser vivido, en primer lugar, en silencio, con una profunda reflexión, gratitud. Yo, al menos, necesitaré mucho tiempo para apreciar, para comprender verdaderamente, lo que el Papa me ha dejado a mí, a la Iglesia y al mundo”, concluye el Prefecto del Dicasterio para los Obispos. Para el cardenal Prevost es necesario “vivir este momento, como el Sábado Santo, aunque ya hayamos celebrado la Resurrección de Cristo”, vivir este gran misterio que es la vida como el Papa Francisco ha querido enseñarnos.

Papa Francisco: La fuerza de la mansedumbre, el coraje del amor

«La noticia de su muerte nos ha sorprendido y dejado atónitos, después de días de esperanza al volver a verlo entre la gente, con su habitual disponibilidad para acoger una mano, ofrecer una sonrisa benévola y una mirada afectuosa». Lo relata el padre Ibrahim, Vicario de la Custodia de Tierra Santa, a la Agencia Fides

Vatican News

«Estábamos en Emaús en el momento en que el Papa Francisco nos ha dejado. Recordábamos la presencia viva del Resucitado mientras el Santo Padre se unía a Él».

“La noticia de su muerte nos ha sorprendido y dejado atónitos, después de días de esperanza al volver a verlo entre la gente, con su habitual disponibilidad para acoger una mano, ofrecer una sonrisa benévola y una mirada afectuosa”

Ha marcado el camino de la esperanza

«El Santo Padre ha marcado el camino de la esperanza en la paz: lo ha trazado con signos, gestos y llamamientos sencillos, concretos, directos. Ha recorrido ese camino con la humanidad, como Jesús compartió el camino con los discípulos de Emaús, tranquilizándolos con su presencia. ¿Seremos capaces de volver a empezar y continuar por ese sendero?».

«Su fuerza al exigir valor y dignidad para la vida humana ha fortalecido las conciencias más tímidas; su mansedumbre ha dado seguridad y apoyo a la exigencia de verdad y justicia».

Francisco deja un mundo envuelto en la violencia

Al dejar esta vida terrenal, el Papa Francisco deja un mundo todavía envuelto en violencia y sufrimiento. Los niños que mueren con la complicidad de la indiferencia mundial, los pequeños que intentan salvarse de las llamas de tiendas precarias – único refugio que se les ha concedido – son la imagen del fracaso de la política y de la diplomacia, a las que el Santo Padre ha dirigido tantos llamamientos».

“Hasta su último aliento, el Papa Francisco ha tenido pensamientos y preocupaciones por Tierra Santa y por las guerras en el mundo; hasta el final, ha pedido el cese del fuego”

«Siempre ha denunciado con valentía a quienes construyen y comercian con instrumentos de muerte, a quienes se benefician del conflicto, a quienes permiten que la guerra continúe con su inhumana tarea de conquistar territorios y destruir vidas, y a quienes no asumen su responsabilidad por la paz».

Se realizó en el Vaticano la primera Congregación General de los Cardenales

Con la participación de unos sesenta Cardenales se llevó a cabo esta mañana la primera Congregación General del Colegio Cardenalicio. Los Purpurados presentes juraron observar la Constitución Apostólica “Universi Dominici Gregis” sobre la vacante de la Sede Apostólica y la elección del Pontífice. En la Congregación también se decidió las fechas del traslado y del funeral del Papa. La segunda Congregación General tendrá lugar mañana por la tarde a las 17.00 horas.

Vatican News

La mañana de este martes, 22 de abril, tras la muerte del Papa Francisco se llevó a cabo la primera Congregación General del Colegio Cardenalicio que, inició a las 9.00 horas y duró hasta las 10.30 aproximadamente. Estuvieron presentes en el Aula Nueva del Sínodo unos sesenta Cardenales que comenzaron con un momento de oración por el difunto Papa Francisco.

Los Cardenales juraron observar fielmente las normas de la Constitución Apostólica Universi Dominici Gregis respecto a la vacante de la Sede Apostólica y a la elección del Romano Pontífice, luego cantaron el Adsumus. Se leyeron los párrafos 12 y 13 de la Constitución Apostólica y el cardenal Kevin Joseph Farrell leyó a los Purpurados el Testamento espiritual de Francisco que se dio a conocer ayer por la tarde.

La segunda Congregación General este 23 de abril

En esta primera Congregación también se han decidido las fechas del traslado y del funeral, según ya anunció la Oficina de Prensa de la Santa Sede. Además, se indicó que, la segunda Congregación General tendrá lugar mañana por la tarde a las 17.00 horas, ya que por la mañana los Cardenales participarán en el traslado del féretro de la Casa Santa Marta a la Basílica de San Pedro.

La Misa del domingo 27 de abril en la Plaza de San Pedro estará presidida por el cardenal Pietro Parolin y será la segunda de los Novendiali: se trata de una Misa de exequias. Las Misas de los Novendiali se celebrarán todos los días a las 17.00 horas.

Elegidos los Cardenales que asisten al Camarlengo

También esta mañana se eligieron por sorteo a los tres Cardenales de la Comisión que asiste al Camarlengo en las decisiones ordinarias: se trata de los cardenales Pietro Parolin, Stanislaw Rylko y Fabio Baggio, uno por cada orden que compone el Colegio Cardenalicio, la de obispos, presbíteros y diáconos. Los Purpurados de esta Comisión son sorteados cada tres días.

Además, para esta noche, a las 19.30, ha sido anunciada en la cuenta de X de la Secretaria de Estado el rezo del Santo Rosario por el Papa Francisco en la Plaza de San Pedro.

Ucrania, Nuncio Kulbokas: «La noticia de la muerte del Papa conmocionó al país

En Kiev, nada más conocerse la noticia del fallecimiento de Francisco, no sólo los católicos, sino también las comunidades ortodoxas elevaron una plegaria por su alma. El arzobispo: «El Papa habló al mundo, arrojando luz sobre el conflicto».

Svitlana Dukhovych y Benedetta Capelli – Ciudad del Vaticano

Al hablar de Ucrania, uno recuerda inmediatamente el adjetivo «atormentada», que el Papa Francisco ha utilizado tantas veces en su petición de oración por el país de Europa del Este. Su amor por este pueblo le ha llevado a prestar una atención especial a las personas que atraviesan grandes dificultades a causa de la guerra. Ha enviado camisetas térmicas, ambulancias, medicinas, generadores de energía. La última misión fue hace unas semanas, cuando el cardenal limosnero Konrad Krajewski llevó cuatro vehículos equipados con todos los instrumentos médicos para salvar vidas.

Ucrania conmovida

«Aquí en Ucrania», dice a los medios vaticanos el nuncio Visvaldas Kulbokas, “muchas personas ya me han llamado para expresarme sus condolencias, viendo su fallecimiento en estos días de Pascua como un signo”. El prelado recuerda la importancia del pontificado de Francisco en el asunto ucraniano, enseguida estuvo atento a las necesidades de la gente, «no solo espiritualmente sino en iniciativas humanitarias que no solo concernían a los católicos sino también a otras comunidades de fe y no solo de fe, para abrazar a toda la población que sufría». «No hay Ángelus, no hay llamamientos en los que falte el pensamiento de Ucrania, que siempre ha estado en su corazón, en su oración, tanto más estoy seguro de que seguirá estando ahora, mientras él está en los brazos del Padre».

Una voz que hablaba al mundo

No sólo rezaron por el alma del Papa los católicos, recuerda Kulbokas, sino también algunas comunidades ortodoxas. Mientras, en Kiev, se han organizado varias celebraciones en las distintas iglesias porque «esta noticia ha conmocionado a toda Ucrania». «El Papa Francisco -subraya el nuncio- ha sido una voz que ha hablado a todo el mundo, llamando la atención sobre el país e invitando a todos a no olvidar Ucrania, sino a moverse con creatividad, sin ceder al fatalismo según el cual las cosas son como son y no se pueden cambiar».

Un Papa joven con un alma que olía a frescura

Monseñor Kulbokas también deja espacio para sus recuerdos personales, pensando en su trabajo con el Papa en la Secretaría de Estado como traductor y en el servicio diplomático. «Personalmente, no puedo pasar por alto un aspecto de importancia primordial, que es el de haber tenido en el Papa Francisco a un Papa joven. Él me decía que le gustaba que la gente brillara por su frescura. Y esa era su alma. Por eso le encantaba encontrarse con personas creativas, valientes. Era un Papa lleno de frescura, de juventud y quería ver a la Iglesia volcada hacia los pobres, siempre renovada. Por eso, ¡muchas gracias, Papa Francisco!».

Sus últimas horas: sereno y agradecido por volver a la Plaza

Entre las últimas palabras del Pontífice estaba su agradecimiento a su asistente personal de salud, Massimiliano Strappetti, por animarlo a dar el último paseo en el Papamóvil el domingo después del «Urbi et Orbi». El descanso por la tarde, la cena tranquila, luego al amanecer, la enfermedad, el coma, el fallecimiento, al día siguiente de haber saludado al mundo después de tanto tiempo

Salvatore Cernuzio – Ciudad del Vaticano – Vatican News

“Gracias por devolverme a la Plaza”

Entre las últimas palabras del Papa Francisco estaba su agradecimiento a quienes, durante este tiempo de enfermedad, pero mucho antes, habían velado incansablemente por él: Massimiliano Strappetti, el enfermero que – como él mismo dijo una vez – le salvó la vida al sugerirle la operación de colon y a quien el Pontífice nombró después su asistente sanitario personal en el 2022.

A su lado durante los 38 días de hospitalización en el Policlínico Gemelli y las 24 horas del día durante su convalecencia en la Casa Santa Marta, Strappetti estuvo con el Papa el Domingo de Pascua, durante el «Urbi et Orbi». La víspera habían acudido a la Basílica de San Pedro para repasar el «recorrido» que iba a hacer al día siguiente y asomarse a la Logia de las Bendiciones.

El abrazo con la multitud

Y después de aquel momento, el domingo por la mañana, en el balcón del corazón de la fachada de la Basílica vaticana, cuando los fieles de las treinta y cinco mil iniciales se habían convertido ya en cincuenta mil, el Papa quiso dar una última y significativa sorpresa yendo a la Plaza de San Pedro para dar una vuelta en el papamóvil. No sin cierto temor inicial: «¿Crees que podré hacerlo?», le había preguntado a Strappetti, quien lo tranquilizó. De ahí el abrazo a la multitud y en particular a los niños: el primer paseo tras su salida del hospital Gemelli, el último de su vida.

Cansado pero feliz, el Papa agradeció a su asistente personal de salud: «Gracias por traerme de vuelta a la Plaza». Palabras que revelan la necesidad del Pontífice argentino – que hizo del contacto humano directo la característica de su pontificado – de volver a estar al medio de la gente.

Sus últimas horas

Francesco descansó por la tarde y cenó tranquilamente. Hacia las 5.30 de la mañana aparecieron los primeros síntomas del malestar, con la pronta intervención de quienes velaban por él. Más de una hora después, tras saludar a Strappetti, tumbado en la cama de su piso en la segunda planta de la Casa Santa Marta, el Pontífice entró en coma. No sufrió, todo sucedió rápidamente, dicen quienes estuvieron a su lado en esos últimos momentos.

Una muerte discreta, casi repentina, sin largas esperas ni demasiado clamor para un Papa que siempre había mantenido su salud en gran secreto. Una muerte que se produjo al día siguiente de la Pascua, al día siguiente de haber bendecido a la ciudad y al mundo, al día siguiente de haber abrazado de nuevo, después de mucho tiempo, al pueblo. Aquel al que, desde los primeros momentos de su elección, el 13 de marzo del 2013, había prometido un camino «juntos».

“Juntos por la eternidad”, el equipo de San Lorenzo rinde homenaje a Francisco

Del perfil X, el equipo del barrio porteño de Boedo, elegido por el Papa como su equipo favorito desde la infancia, colgó un vídeo y una foto para recordar la pasión deportiva del Pontífice, que nunca ocultó su amor por los colores del club

Benedetta Capelli – Ciudad del Vaticano – Vatican News

Una gran bandera con su imagen, Francisco en el Papamóvil saludando feliz al espectáculo que tiene ante sí. Es la foto elegida en la X por San Lorenzo, el equipo al que siempre ha animado. Un homenaje sencillo pero lleno de cariño para el Papa, que nunca ha ocultado su fe en Dios, ante todo, y su fe futbolística en el club argentino. Tal vez al ver esa bandera habrá pensado en todas las patadas que se dieron a la «pelota de trapo», una pelota hecha de trapos, porque la de cuero costaba demasiado. Y tal vez en su corazón habrá soñado con ser campeón jugando en un estadio lleno de banderas con su propia imagen.

Siempre ‘cuervo

‘El Cuervo’ es como se apoda a San Lorenzo de Almagro en honor a su fundador, el padre Lorenzo Massa, que vestía una túnica negra. Y Corvo es como llaman al Papa en un vídeo, en un segundo post. Acompañan al vídeo imágenes de Francisco, que incluso como Papa mantiene el amor por su equipo.

Amor por ‘El Ciclón

«Nunca fue uno más sino uno de los nuestros», se lee, »Corvo de niño y de adulto….Corvo como sacerdote y cardenal…Corvo también como Papa».«Siempre transmitió su pasión por el Ciclón», el nombre con el que se identifican los ruidosos pero también festivos hinchas de San Lorenzo.«Desde Jorge Mario Bergoglio hasta Francisco, hay algo que nunca cambió: el amor por el Ciclón. Envueltos en un profundo dolor, desde San Lorenzo hoy le decimos a Francisco: ¡Adiós, gracias y hasta siempre! Estaremos juntos por la eternidad!». Mientras tanto, en Argentina se habla de bautizar el futuro estadio de la Avenida de la Plata con el nombre del Papa Francisco; una hipótesis que le planteó el presidente del club, Marcelo Moretti, y que él aceptó el año pasado.

Homenaje de la Italia futbolística

En Italia, el fútbol se ha parado por la muerte del Papa. La Lega Serie A y la FIGC anunciaron inmediatamente el aplazamiento de todas las competiciones programadas, desde la Serie A hasta la Amateurs. La selección italiana recordó las palabras del pontífice argentino refiriéndose a su infancia en un «barrio» de Buenos Aires: «Hasta con una pelota de trapo se pueden hacer milagros, Papa Francisco. Descanse en paz».

 

Francisco: La muerte no es el fin de todo sino un nuevo comienzo

Publicamos el prefacio que el Papa Francisco escribió el 7 de febrero para el libro del cardenal Angelo Scola, arzobispo emérito de Milán, titulado “En espera de un nuevo comienzo. Reflexiones sobre la vejez”. El volumen, de Libreria Editrice Vaticana, estará en las librerías a partir del jueves 24 de abril.

Francisco

Leo con emoción estas páginas nacidas del pensamiento y del afecto de Angelo Scola, querido hermano en el episcopado y persona que ha desempeñado delicados servicios en la Iglesia, por ejemplo habiendo sido rector de la Pontificia Universidad Lateranense, después patriarca de Venecia y arzobispo de Milán. En primer lugar, quiero expresar mi agradecimiento por esta reflexión que combina experiencia personal y sensibilidad cultural como pocas veces he leído. Una, la experiencia, ilumina a la otra, la cultura; el segundo corrobora al primero. En este feliz entrelazamiento, la vida y la cultura florecen con belleza.

No se dejen engañar por la brevedad de este libro: son páginas muy densas, para leer y releer. Tomo de las reflexiones de Angelo Scola algunas ideas que están particularmente en línea con lo que mi experiencia me ha hecho comprender.

Angelo Scola nos habla de la vejez, de su vejez, que –escribe con un toque de confianza que desarma– «me sobrevino con una aceleración repentina y en muchos aspectos inesperada».

Ya en la elección de la palabra con la que se define, “viejo”, encuentro una consonancia con el autor. Sí, no hay que tener miedo a la vejez, no hay que tener miedo de abrazar el envejecimiento, porque la vida es vida y edulcorar la realidad significa traicionar la verdad de las cosas. Devolverle el orgullo a un término que a menudo se considera insano es un gesto por el que debemos estar agradecidos al cardenal Scola. Porque decir “viejo” no significa “tirar a la basura”, como a veces lleva a pensar una cultura degradada del usar y tirar. Decir viejo, en cambio, significa decir experiencia, sabiduría, conocimiento, discernimiento, reflexión, escucha, lentitud… ¡Valores que necesitamos desesperadamente!

Es cierto que envejecemos, pero ese no es el problema: el problema es cómo envejecemos. Si vives este tiempo de la vida como una gracia, y no con resentimiento; Si acogemos con sentido de gratitud y de reconocimiento el período (incluso largo) en el que experimentamos la disminución de las fuerzas, el cansancio creciente del cuerpo, los reflejos ya no son los mismos que los de la juventud, y bien, también la vejez se convierte en una edad de vida, como nos enseñó Romano Guardini, verdaderamente fecunda y capaz de irradiar el bien.

Angelo Scola destaca el valor humano y social de los abuelos. He subrayado repetidamente que el papel de los abuelos es de importancia fundamental para el desarrollo equilibrado de los jóvenes y, en última instancia, para una sociedad más pacífica, porque su ejemplo, sus palabras, su sabiduría pueden inculcar en los más jóvenes una visión de largo plazo, la memoria del pasado y el anclaje en valores que perduren. En el frenesí de nuestras sociedades, a menudo entregadas a lo efímero y al gusto malsano por las apariencias, la sabiduría de los abuelos se convierte en un faro que brilla, ilumina la incertidumbre y da dirección a los nietos que pueden sacar de su experiencia un “más” respecto a su vida cotidiana.

Las palabras que Angelo Scola dedica al tema del sufrimiento, que a menudo aparece cuando envejecemos y, en consecuencia, cuando morimos, son joyas preciosas de fe y de esperanza. En los argumentos de este hermano obispo escucho ecos de la teología de Hans Urs von Balthasar y de Joseph Ratzinger, una teología “hecha de rodillas”, impregnada de oración y de diálogo con el Señor. Por eso, decía más arriba, que estas son páginas que nacen del «pensamiento y del afecto» del cardenal Scola: no sólo del pensamiento, sino también de la dimensión afectiva, que es a lo que se refiere la fe cristiana, siendo el cristianismo no tanto una acción intelectual o una elección moral, sino más bien el afecto a una Persona, ese Cristo que vino a nuestro encuentro y decidió llamarnos amigos.

La misma conclusión de estas páginas de Angelo Scola, que son una confesión sincera de cómo se prepara para el encuentro final con Jesús, nos da una certeza reconfortante: la muerte no es el fin de todo, sino el comienzo de algo. Es un nuevo comienzo, como sabiamente lo destaca el título, porque la vida eterna, que los que aman ya experimentan en la tierra dentro de las ocupaciones de cada día, es el inicio de algo que no tendrá fin. Y es precisamente por eso que es un “nuevo” comienzo, porque experimentaremos algo que nunca hemos experimentado plenamente: la eternidad.

Con estas páginas en mis manos, quisiera idealmente volver a realizar el mismo gesto que hice apenas revestí el hábito blanco del Papa, en la Capilla Sixtina: abrazar con gran estima y afecto a mi hermano Angelo, ahora, ambos, mayores que aquel día de marzo de 2013. Pero siempre unidos por la gratitud hacia este Dios amoroso que nos ofrece vida y esperanza a cualquier edad de nuestra vida.

Ciudad del Vaticano, 7 de febrero de 2025

¿De qué murió el Papa? Vaticano da a conocer causas de la muerte

(ZENIT Noticias / Ciudad del Vaticano).- Pasadas las 8 de la noche, hora de Roma, el Director de la Dirección de Sanidad e Higiene del Estado de la Ciudad del Vaticano, profesor Andrea Arcangeli, ha dado a conocer las causas de la muerte del Papa Francisco.

El acta de defunción dice que:

“Por la presente certifico que Su Santidad Francisco (Jorge Mario Bergoglio) nacido en Buenos Aires (Argentina) el 17 de diciembre de 1936, residente en la Ciudad del Vaticano, ciudadano vaticano, falleció a las 7.35 horas del 21/04/2025 en su apartamento de la Domus Santa Marta (Ciudad del Vaticano) de:

– APOPLEJÍA CEREBRAL

– COMA

– COLAPSO CARDIOVASCULAR IRREVERSIBLE”

Se agrega que el Papa estaba aquejado de:

– Un episodio previo de insuficiencia respiratoria aguda en neumonía multimicrobiana bilateral,

– Bronquiectasias múltiples,

– Hipertensión arterial y

– Diabetes tipo II

El acta finaliza evidenciando que “La constatación de la muerte se realizó mediante registro electrocardioanatómico” y precisando que “.según mi leal saber y entender, las causas de la muerte son las arriba indicadas”.

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Reina: Nuestro obispo nos fue dado como signo luminoso del Evangelio

Misa celebrada en sufragio por el Papa Francisco en la Basílica de San Juan de Letrán. El Cardenal Vicario de la Diócesis de Roma: «Su amor a la Iglesia, su atención a los últimos, su valentía profética quedan grabados en el corazón del pueblo cristiano»

Beatriz Guarrera – Ciudad del Vaticano – Vatican News

En esta Santa Eucaristía, en la que celebramos la victoria de Cristo sobre la muerte, recordamos con emoción y gratitud a nuestro obispo, el Papa Francisco. Damos gracias a Dios por habernos lo dado como signo luminoso del Evangelio. Con estas palabras, el cardenal Baldassare Reina, vicario del Papa para la diócesis de Roma, abrió la celebración eucarística en sufragio por Francisco, presidida esta tarde, 21 de abril, en la Basílica de San Juan de Letrán, en presencia de sacerdotes, diáconos y numerosos fieles. «Su amor por la Iglesia, su atención a los últimos, su valentía profética y su incansable proclamación de la ternura de Dios —dijo Reina con voz emotiva— siguen grabados en el corazón del pueblo cristiano. Encomendamos su alma a la misericordia del Padre para que lo acoja en la paz y la alegría del Reino eterno».

Unidos en oración

En la basílica repleta de fieles y religiosos, se elevó fuerte y potente la oración por el alma del Obispo de Roma. Una oración hecha de rostros, manos y voces de romanos de nacimiento y de adopción, de sacerdotes y religiosas venidos de todo el mundo por motivos de estudio en las diversas universidades pontificias o por servicio en las parroquias o en las numerosas instituciones caritativas del territorio. También estuvieron presentes autoridades civiles, entre ellas el alcalde de Roma, Roberto Gualtieri.

Las lágrimas de María Magdalena

“Nuestra Diócesis derrama esta tarde las lágrimas de María Magdalena”, dijo el Cardenal Vicario Reina en su homilía. El amigo de Jesús que salió cuando aún estaba oscuro para ir a la tumba de Jesús, buscando allí, en ese último contacto con su cadáver, el consuelo de la pérdida. Tanto amor, lágrimas y oscuridad. Y sí, la fe pascual es así: entra en la oscuridad, mientras aún está oscura, recoge las lágrimas, comprende amando. Del mismo modo, la pregunta dirigida a la mujer se dirige a la diócesis de Roma: ¿Por qué lloráis? «Lloramos a nuestro obispo», continuó Reina, «el testigo del Evangelio, el apóstol de la misericordia, el profeta de la paz, el amigo de los pobres. Nos sentimos suspendidos, como ovejas sin pastor». El dolor es tan grande que uno se siente como María Magdalena: “Estamos perdidos sin su cuerpo, su voz, sus gestos. Éramos su pueblo, su diócesis”.

La misión se realiza mezclando corazón y Evangelio.

En este tiempo de sufrimiento, sin embargo, debemos tener presente el mensaje dejado por el Pontífice y su llamado a seguir al Señor en fidelidad al Evangelio. “Nos dio ejemplo al cambiar su lenguaje y su estilo”, explicó el cardenal vicario. El Papa Francisco también fue un modelo en su petición de cercanía a los que están lejos: «Nos pidió salir, no esperar a la gente, sino ir a buscarla —dijo Reina—, especialmente a quienes no esperan ser considerados, deseados, buscados, y salir a las periferias geográficas y existenciales. Nos hizo comprender que la Palabra pide nuestra carne, y que la misión se realiza uniendo corazón y Evangelio». Su petición fue “transformar la Iglesia en un hospital de campaña”. “Llevo en mi corazón”, dijo el cardenal, “la fuerza de su insistencia en repetir “siempre, siempre, siempre”… para indicar que el perdón es un don que trasciende fronteras”.

El Rosario por el Papa en Santa Maria Maggiore, Ryłko: sequemos nuestras lágrimas

La Salus Populi Romani, a la que Francisco confió las «esperanzas y preocupaciones», «alegrías y tristezas», «sueños y expectativas» del mundo, vela la oración recitada en el parvis de la basílica liberiana. Una fila silenciosa, compuesta por diferentes generaciones, se formó ya por la tarde para dejar una dedicatoria personal junto a la Puerta Santa del Jubileo.

Edoardo Giribaldi – Roma – Vatican News

Ciento veintiséis veces. Tantas han sido las ocasiones en las que el Papa Francisco se ha encontrado con la mirada de la Salus Populi Romani, el icono de la Virgen que desde hace siglos vela por Roma desde el corazón de Santa María la Mayor. Por allí han pasado todos los viajes apostólicos, todas las «esperanzas y preocupaciones», las «alegrías y tristezas», los «sueños y expectativas» compartidos por el pueblo de Dios y por el «mundo entero». Desde su mirada. Desde el vientre de su madre. La última visita hace apenas unos días, en el umbral de la Semana Santa. Pero esta noche, 21 de abril, en el día de su regreso a la Casa del Padre, algo cambia: la distancia se anula. El Papa ya no está a los pies de la Virgen. Su icono está junto a ella. Un paso más cerca del cielo. Sin embargo, ni un milímetro más lejos de su pueblo. La ocasión es el rezo del Santo Rosario, los Misterios Gozosos, dirigido por el cardenal Stanisław Ryłko, arcipreste de la basílica liberiana y presidente emérito del Consejo Pontificio para los Laicos.

Confianza en el Dios de la vida

A las 21.00 horas comienza el rezo del Rosario. Las luces de neón urbanas se mezclan con las cálidas luces de las velas colocadas a los pies de la sonriente fotografía de Francisco. Se bajan las voces, las bocinas de los coches parecen apagadas. Roma, por un momento, contiene la respiración. «Estamos aquí reunidos a los pies de la Virgen María, para rezar por nuestro amado Santo Padre, Francisco. Ayer mismo, le vimos en la bendición Urbi et Orbi, e inmediatamente después en la plaza de San Pedro, para saludar a los fieles presentes», comenzó el cardenal, flanqueado por el cardenal Rolandas Makrickas, arcipreste coadjutor de la basílica papal. «Todos nosotros estamos tristes y apenados por su fallecimiento, pero estamos igualmente seguros de que el Dios de la vida le abrirá de par en par las puertas de la bendita eternidad», prosiguió el cardenal Ryłko, concluyendo la introducción a la oración con una invocación: «»Oh María, conforta nuestro llanto, seca nuestras lágrimas, consuela nuestro dolor. Acompáñanos, te rogamos, en nuestro camino hacia el Señor Resucitado». El parvis de la basílica liberiana no basta para contener el afecto de los que acudieron. La plaza, e incluso las calles vecinas, se llenan de fieles que estrechan entre sus dedos las coronillas del Rosario mientras se suceden los diversos Misterios que contemplan la vida terrena de Jesús. Las lágrimas corren por algunos rostros, pero también las sonrisas florecen junto a ellos: son rostros que, en el dolor, encuentran la confianza. Como en las palabras del cardenal Ryłko, palabras de fe que saben mantener unidas la nostalgia y la esperanza.

Las dedicaciones de los fieles

Desde las siete de la tarde, los fieles hacen cola. Junto a la Puerta Santa, un libro abierto recoge las palabras íntimas de quienes han acudido a presentar sus respetos. «Querido Papa Francisco, ayúdame a cumplir mis sueños», escribe Alejandra, española de 25 años. En Roma, durante las vacaciones de Semana Santa con su familia, se encuentra abrazada a su madre, que llora en silencio, demasiado agotada para escribir. Y en ese gesto, el de una hija que sostiene a su madre, parecen resonar las palabras que el Papa ha dirigido a los jóvenes en tantas ocasiones: «Por favor, no pierdan la capacidad de soñar. Cuando un joven pierde esta capacidad, no digo que se haga viejo, no, porque los viejos sueñan». Sí, los viejos sueñan. Con los ojos abiertos, mientras confían al libro un recuerdo, un pensamiento, un deseo. «Mi primo siempre dijo que era ateo. Siempre. Pero cuando te veía… se iluminaba. Quédate cerca de él, querido Papa. Lo necesita» son confidencias susurradas y luego escritas, pero que encienden lazos invisibles. El afecto y la gratitud hacia Francisco, esta tarde, anulan cualquier distancia. Sobre todo en la encomienda a la Salus que concluye el momento de oración, invocando «esa paz» que «sólo» Jesús «puede conceder». Incesantemente esperada, esperada, por Francisco.