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Massimo Faggioli: “El legado más significativo de Francisco para la Iglesia es el redescubrimiento de la sinodalidad”

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En su reciente artículo publicado en el Instituto Humanitas Unisinos (IHU), el reconocido historiador y teólogo italiano Massimo Faggioli ofrece una lectura crítica del pontificado del Papa Francisco, remarcando entre sus muchas contribuciones el “redescubrimiento de la sinodalidad” como su legado más significativo para la Iglesia.

Titulado Igreja de São Francisco? Avaliando um papado e seu legado, el artículo invita a mirar más allá de los gestos y decisiones puntuales del Papa argentino, para comprender el alcance estructural y espiritual de su liderazgo. Faggioli sostiene que Francisco, más que implementar reformas aisladas, abrió una nueva etapa en la historia eclesial, centrada en el caminar conjunto del Pueblo de Dios.

Lo que Francisco ha dado a la Iglesia es una visión. No solo ideas ni un conjunto de políticas. Ha devuelto a la Iglesia la capacidad de avanzar como comunidad discerniente, con todos y todas”, señala el autor.

Desafíos a la apertura sinodal

El texto aborda también los desafíos que esta apertura sinodal ha implicado, incluyendo resistencias internas, tensiones institucionales y la complejidad de sostener procesos de transformación en una Iglesia global. No obstante, Faggioli afirma que el pontificado de Francisco ya ha dejado una marca indeleble, abriendo caminos que no tienen vuelta atrás.

Además del aspecto sinodal, el artículo analiza otros elementos fundamentales de este papado: el protagonismo de la periferia, la crítica a las lógicas de poder dentro de la Iglesia, la opción por los pobres, la atención al clamor de la tierra y el nuevo modo de ejercer el primado petrino.

Faggioli concluye reconociendo que la Iglesia que deja Francisco no es una institución sin heridas, pero sí una Iglesia más consciente de sí misma y de su misión profética en el mundo.

Es posible leer el artículo completo de Massimo Faggioli en el sitio del Instituto Humanitas Unisinos aquí: Igreja de São Francisco? Avaliando um papado e seu legado

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La Iglesia Africana recuerda al papa Francisco

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Tras la muerte del Papa Francisco, la Iglesia Africana rememora la profunda reflexión del papa sobre el papel que desempeñan en el conjunto del mundo católico.

El papa Francisco visitó Kenia en 2015, en lo que fue su primera visita de Estado y pastoral al país, así como su primera visita al continente africano. Anthony Muheria, el Arzobispo de Nyeri, Kenia, reflexionó sobre esa visita.

ANTHONY MUHERIA
Arzobispo de Nyeri, Kenia
El Santo Padre enfatizó particularmente que África necesita hacerse cargo de su futuro, tanto espiritual como en términos de asumir lo que hemos recibido de la evangelización, y dejar que se arraigue en nuestras raíces y culturas.

El arzobispo también destacó lo positiva y edificante que fue la visita del papa. En particular, recordó su preocupación por los pobres y los marginados de África.

Finalmente, el arzobispo compartió el mensaje de Francisco respecto al papel y la responsabilidad de África dentro de la Iglesia:

ANTHONY MUHERIA
Arzobispo de Nyeri, Kenia

También nos habló de nuestra responsabilidad como nación en África, que ha sido bendecida, y de la necesidad de pensar más allá de nosotros mismos, y de sentir que la Iglesia joven ahora necesita apoyar a la Iglesia más antigua, por así decirlo, la Iglesia en Europa y más allá de África.

Durante el pontificado del papa Francisco, África experimentó un gran crecimiento en el catolicismo, pasando de aproximadamente 185 millones a unos 230 millones de fieles.

Mientras el duelo continúa, muchos obispos alrededor del mundo recuerdan el llamado de Francisco a una Iglesia unificada, en la que se escuchen todas las voces del mundo.
GS
TD: BAM

¿Cómo se cierra el ataúd del papa? ¿Cambios en el funeral? ¿Procesión a la otra basílica?

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Lo que no muchos saben de la Sede Vacante es que cesan todos los altos cargos de la curia. Ni Parolin es ya el número dos de la Santa Sede, ni los antes prefectos ejercen ahora sus funciones de jefes de dicasterio.

Es por eso que el quién hace qué cosa está muy medido en el protocolo vaticano. Y casi todo cae en manos del camarlengo, Kevin Farrell, que, al tener dicho cargo, será el que presida el rito para cerrar el féretro del papa Francisco.

Pero antes, hay que seguir una serie de pasos, como están viendo que sucedió con Benedicto XVI. Se leerá un acta que recuerda la vida y obras del difunto que, tras ser firmada por algunos presentes, se introducirá en un tubo de metal que se depositará en el ataúd.

Se cubrirá el rostro del papa con un velo blanco de seda y, dentro del féretro, se pondrán en una bolsa de tela monedas acuñadas durante el pontificado, aunque no se eligen al azar.

Tienen que señalar su duración, es decir: una de oro por cada año, una de plata por cada mes extra; y otras de bronce por los días. Y será la última vez que se pueda ver a Francisco.

Y aunque el papa modificó lo relacionado con los funerales, lo que es la misa del sábado se mantiene igual que con sus predecesores.

P. LEONARDO CARDOZA
Doctor en Liturgia

Es un funeral un poco especial, podríamos decir, porque forma parte de todo el complejo de las modificaciones que hizo el papa Francisco. Sin embargo, lo que es ya la misa exequial, la misa que ya ha sido programada para el día sábado en la mañana, sigue siendo la misa exequial de un obispo, en este caso, el obispo de Roma.

La novedad estará en la procesión fúnebre tras de la misa. La última fue con el papa Pío XII, que murió en 1958. Y se hizo, ni más ni menos, que en carroza.

P. LEONARDO CARDOZA
Doctor en Liturgia

Fue una procesión en una carroza fúnebre, carroza con caballos, como en los tiempos antiguos, desde Castel Gandolfo, pasando por la Via Merulana, hasta llegar a la basílica de San Pedro, y ahora de nuevo veremos una procesión o un traslado de los restos mortales del papa, no solo para los ritos fúnebres en San Pedro, sino que va a salir de la Ciudad del Vaticano, va a atravesar la ciudad de Roma hasta llegar a la basílica de Santa María la Mayor.

Y en esta basílica, estará la tumba del papa. Él mismo dijo cómo la quería. Sencilla, sin decoración particular y con una única inscripción que ponga ‘Franciscus’.

CA

Esta es la monja que lloraba desconsolada entre cardenales al ver el féretro de Francisco

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Él era el papa de los últimos; ella, la monja que los acogía. Sencilla y discreta, Sor Geneviève, de 81 años, vive en una caravana de circo a unos 30 kilómetros del centro de Roma.

Desde 2022, cada miércoles iba a las audiencias generales. Llevaba a grupos de migrantes y personas transexuales a conocer al pontífice.

Una vez, Francisco le correspondió el gesto. El pasado verano fue a verla al lugar donde hace su pastoral. Ni más ni menos, que un parque de atracciones.

Nueve meses después, esta es la imagen. Cuando llevaron el cuerpo de Francisco a la basílica, colándose entre cardenales y guardias suizos, allí estaba ella.

Con el perfil bajo que la caracteriza, se puso en una esquina. Mochila al hombro y vestida con el hábito azul de su orden, no pudo evitar las lágrimas. Siete largos minutos rezando delante del féretro de Francisco.

Ella no solo rezaba ante el papa; Sor Geneviève estaba dando el último adiós a su gran amigo.

CA

El secretario general de ACN recuerda el compromiso del Papa Francisco con los cristianos perseguidos: “Nos ha acompañado como un padre”

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Philipp Ozores, secretario general de ACN Internacional

ACN.- El Secretario General de la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN), Philipp Ozores, ha recordado la figura del Papa Francisco tras su fallecimiento. En este sentido, ha destacado que el Pontífice puso mucho énfasis en la libertad religiosa y la defensa de los cristianos perseguidos.

Ozores explicó que el Papa Francisco nunca se ha olvidado de que hay muchos cristianos que sufren por su fe y que, precisamente, este ha sido uno de los motivos por los que ha elegido ir a las periferias del mundo.

Durante la entrevista, realizada en el programa La Linterna de la Cadena COPE, el Secretario General de ACN ha explicado que el Papa tomó en gran medida el ejemplo de San Francisco de Asís, quien fomentó el diálogo interreligioso pero sin olvidar que la verdadera esperanza está en Cristo.

El Papa Francisco financió la ayuda para los cristianos perseguidos en la llanura del Nínive

En el año 2016, la actividad del Daesh provocó la masacre de miles de cristianos en Siria e Irak, forzando el desplazamiento de miles de personas. En aquel contexto, Ayuda a la Iglesia Necesitada lanzó una campaña de emergencia para ayudar a aquellas personas que se habían visto obligadas a dejar sus hogares y que se veían forzadas a emigrar sin ningún tipo de asistencia o garantía.

Philipp Ozores ha recordado cómo, en aquel momento, el Papa Francisco hizo su propia aportación económica para ayudar a estas personas. Gracias a este gesto del Santo Padre, muchas más personas se animaron a contribuir para que los cristianos desplazados pudieran recibir ayuda.

El Secretario General de Ayuda a la Iglesia Necesitada en España ha destacado que el ejemplo del Papa Francisco ha sido fundamental y que, gracias a él, “la cultura cristiana ha vuelto a un entorno tan hostil como es el norte de Irak”.

Papa Francisco en su visita a Mosul, Irak.(ACN)

El Papa, un padre para Ayuda a la Iglesia Necesitada

“Para nosotros, el Papa Francisco ha sido un padre”. Así ha definido Philipp Ozores al Obispo de Roma, recordando que “siempre nos ha tenido en cuenta” y ha apoyado varios proyectos impulsados por ACN, incluso aquellos que conocía antes de ser Papa.

También ha recordado otros gestos de Francisco, como la bendición de Rosarios que después se entregaron a cristianos de zonas de persecución y la recepción a mujeres que habían sido maltratadas por terroristas en la región del Sahel.

“Nos ha acompañado con su ejemplo y le echaremos muchísimo de menos”.

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¡Tan amado pero tan obstaculizado!

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Marco Politi-Roma.

Ahora,  vemos con qué cuidado había preparado Francisco su última carrera.

El Domingo de Ramos, antes de aparecer en la Plaza de San Pedro, se había confesado. El Viernes Santo había confiado sus meditaciones al Vía Crucis. El domingo de Pascua –después de la bendición urbi et orbi impartida con voz entrecortada– quiso que el recorrido en papamóvil por la plaza se prolongase también por un tramo de Via della Conciliazione, casi como para representar, para el cuerpo rígido en busca de aire, un último viaje hacia el mundo.

El testamento espiritual del pontificado de Francisco reside íntegramente en las palabras compuestas para el Vía Crucis. Atención a los últimos, a los “sin voz” y a los invisibles, a los descartados. La condena de una economía inhumana que se convierte en una obra infernal, impulsada por una lógica fría e intereses implacables. La apelación al sentido de responsabilidad del cristiano, que no se da la vuelta ni ignora a quienes han caído. Atención a cada hermana y hermano, que están “expuestos a juicios y prejuicios” . Una advertencia para no buscar excusas para evadir la responsabilidad hacia quienes sufren. La creencia de que la Iglesia está llamada a difundir el mensaje de Cristo, que salva a todos, a todos. La advertencia de que vivimos en un mundo donde la convivencia está herida, un “mundo en pedazos” que necesita lágrimas sinceras para recuperarse, porque –como dijo proféticamente Bergoglio mientras azotaba la plaga del Covid– o somos todos hermanos o todo se derrumba.

En su testamento del día del Calvario Jorge Mario Bergoglio no se olvidó de la Iglesia. Con clara conciencia reconoció que «la Iglesia hoy aparece como un vestido rasgado» , necesitada de reconstruir la fraternidad entre sus miembros. Porque los “discípulos están divididos”. De ahí el grito final del pontífice, que ya había afrontado dos veces la muerte en Gemelli: «Da a tu Iglesia la paz y la unidad».

Después de todo, ¿no significa Jesús, Jehoshua, en hebreo Dios salva? Un Dios que se dejó crucificar, cuyo madero de deshonra y de desesperación (como consideraban los romanos la cruz) interpela a creyentes y a no creyentes.

Pocos notaron, en la lenta procesión del viernes a la sombra del Coliseo, que Francisco, a través de un juego de citas de Francisco de Asís y del apóstol Pablo, devolvió a los fieles sus tres encíclicas: Fratelli tutti, Laudato si’, Dilexit nos (“Dios nos amó”). Karol Wojtyla, al acercarse su fin, citó –con sentido de la historia y una autoconciencia imperial– al poeta latino Horacio: “Non omnis moriar, no moriré del todo… una gran parte de mí escapará al olvido de la muerte”.

Jorge Mario Bergoglio, el Papa cercano al pueblo, como lo recordaron muchos fieles al borde de la plaza de San Pedro el día de su muerte, prefirió una metáfora más humilde y cotidiana: “Somos ancianos que todavía queremos soñar”.

El testamento geopolítico del pontífice argentino, su última mirada al escenario internacional, está en cambio contenido en el mensaje urbi et orbi que no pudo leer personalmente el Domingo de Pascua por falta de voz. Es necesario oponerse a la “voluntad de muerte” que está muy extendida en muchas partes del mundo. No debemos ceder a la lógica del miedo que nos lleva a encerrarnos en nosotros mismos. Con una advertencia precisa, que va a contracorriente en la época actual en que resuena la retórica del rearme: “¡No es posible la paz sin un verdadero desarme! La necesidad que tiene cada pueblo de proveer a su propia defensa no puede transformarse en una carrera general hacia el rearme”.

En las últimas horas ya ha comenzado el lamento de los dolientes. En la antigüedad eran las mujeres las que acompañaban el ataúd, arañándose la cara, rasgándose la ropa y profiriendo fuertes lamentos. En el clima de guerra civil que ha caracterizado los últimos diez años dentro de la comunidad eclesiástica, sacudida por la agresividad de los ultraconservadores armados con implacables redes sociales, los nuevos dolientes arañan la memoria de Bergoglio, encontrando contradicciones, errores, pecados, obras a medio terminar.

Está bien, ningún Papa es una estampa santa. Pero parece miserable intentar no entender que Bergoglio, durante sus años de reinado, tomó en serio la advertencia expresada por el cardenal Martini antes de morir, cuando denunció el polvo que se había acumulado en las estructuras clericales: “La Iglesia -dijo el gran cardenal de Milán- tiene 200 años de retraso “.

Francisco ha dado un empujón a una Iglesia paralizada por los vetos de un tradicionalismo obsesivo. Fue el primero en reconocer el derecho de ciudadanía en la Iglesia a las personas homosexuales, el primero en acoger en el Vaticano a una persona transgénero con su pareja y su obispo, el primero en autorizar la bendición de parejas homosexuales. El primero en permitir que se debatiera la cuestión del diaconado femenino, el primero en dar a las mujeres el derecho a votar en un sínodo mundial después de 1700 años de exclusión, el primero en nombrar mujeres para puestos superiores en la Curia romana. El primero en permitir que un sínodo de obispos amazónicos se exprese libremente a favor de un clero casado.

El primero en remover a dos cardenales del colegio cardenalicio por abusos y relaciones inapropiadas, el primero en tener a un arzobispo embajador del Vaticano y a un cardenal (Mc Carrick) juzgados y expulsados ​​del orden clerical. Destituyó a muchos obispos por encubrimiento y decretó que la documentación sobre abusos conservada en los archivos diocesanos podría ponerse a disposición de la justicia civil.

¿Cometió algún error? Sí. ¿Tomó decisiones individuales inexplicables? Sí. Los casos de Zanchedda y Rupnik (abusadores impunes) están ahí para demostrarlo. Es extraño, sin embargo, que quienes no dijeron una palabra cuando Benedicto XVI indultó a Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo y abusador serial (incluso de su propio hijo), levanten el dedo, ahorrándole un juicio y dándole una “vida retirada”. ¿O cuántos permanecieron en silencio cuando Monseñor Marcinkus tomó cientos de millones de dólares del Vaticano (dinero procedente de donaciones caritativas) para apoyar al quebrado Roberto Calvi?

Francisco fue un rompehielos que abrió nuevos caminos para la Iglesia y la hizo más humana, más cercana a las angustias y a la necesidad de esperanza del ser humano. Reconociendo –el primer Papa de la historia– que las diferentes religiones también son parte del plan de Dios.

Muchos en círculos clericales, en la curia y en el mundo, han esperado durante años que Bergoglio muriera. El momento ha llegado. Tal vez Francisco será recordado como una estrella fugaz en la historia de la Iglesia. Pero durante doce años iluminó el mundo con un brillo irrepetible.

Marco Politi – Roma

Fuente: Reflexión y Liberación

Los cardenales intensifican su preparación espiritual y pastoral en la tercera Congregación General

La mañana del 24 de abril de 2025 fue escenario de la tercera Congregación General del Colegio de Cardenales, que tuvo lugar en el Vaticano con la presencia de 113 cardenales procedentes de distintos continentes. El encuentro se celebró en el Aula Nueva del Sínodo, comenzando puntualmente a las 9:00 y concluyendo a mediodía, tras una pausa de media hora.

El encuentro se abrió con una oración común, signo de unidad y disposición a la escucha del Espíritu Santo. En el transcurso de la jornada, varios cardenales que aún no lo habían hecho prestaron el juramento de fidelidad de acuerdo con lo establecido por la constitución apostólica Universi Dominici Gregis, que regula el funcionamiento del Cónclave y las congregaciones previas.

Durante la sesión, se llevaron a cabo 34 intervenciones que pusieron de relieve las inquietudes, esperanzas y propuestas que vive hoy la Iglesia universal. Se abordaron asuntos relacionados con la misión evangelizadora, los desafíos culturales y sociales de nuestro tiempo, y la necesidad de un testimonio renovado de fe y caridad.

Uno de los acuerdos destacados de la jornada fue la elección del cardenal Víctor Manuel Fernández como encargado de presidir la celebración eucarística correspondiente al sexto día de los Novendiales, el ciclo litúrgico de misas que se celebran tras la muerte de un Papa.

Estas congregaciones generales no solo cumplen una función organizativa, sino que son un verdadero ejercicio de comunión eclesial. En ellas, los cardenales comparten sus visiones, se escuchan mutuamente y preparan el corazón ante el eventual inicio de un cónclave.

Este espacio de diálogo fraterno y discernimiento espiritual refleja el compromiso del Colegio Cardenalicio con el presente y el porvenir de la Iglesia, con la mirada siempre puesta en Cristo y en la guía del Espíritu Santo.

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Roma se une en oración: el mundo despide al Papa Francisco con amor y gratitud

Bajo el cielo luminoso de Roma, miles de fieles de todos los rincones del mundo se congregan en la Plaza de San Pedro para rendir homenaje al Papa Francisco, quien partió a la Casa del Padre el pasado 21 de abril. Las filas se extienden desde la Vía de la Conciliación hasta el corazón del Vaticano, donde el cuerpo del Pontífice yace en la Basílica, vestido con sencillez, tal como él deseó. El silencio respetuoso se entrelaza con oraciones y lágrimas, en un testimonio conmovedor de amor y gratitud.

«Tenía que venir a despedirme de un hombre que me enseñó a mirar a los demás con compasión», dice una joven peregrina, mientras sostiene un rosario entre sus manos. A su lado, un anciano murmura: «Siempre sonreía, incluso en la enfermedad. Su alegría era contagiosa».

Francisco, el Papa que eligió vivir en la Casa Santa Marta y calzar zapatos negros en lugar de los tradicionales rojos, será sepultado en la Basílica de Santa María la Mayor, cumpliendo su deseo de humildad y cercanía al pueblo. Un benefactor anónimo, según su testamento, cubrirá los gastos del funeral, en un gesto que refleja la generosidad y el amor que inspiró durante su pontificado.

Desde el miércoles, la Basílica de San Pedro ha abierto sus puertas para que los fieles puedan despedirse del Santo Padre. El viernes 25 de abril, se cerrará el féretro, y el sábado 26 se celebrará la Misa Exequial en la explanada de la Basílica. A partir de entonces, comenzarán los «novendiales», nueve días de misas en sufragio por el alma del Papa Francisco, presididas por diferentes cardenales y abiertas a todos los que deseen participar.

El fallecimiento de Francisco ha provocado una oleada de peregrinaciones a Roma. Hoteles y vuelos han incrementado sus precios debido a la alta demanda, y las agencias de viajes organizan grupos para asistir tanto al funeral como al Año Jubilar que se celebra hasta enero de 2026.

En este momento de dolor, la Iglesia se muestra más unida que nunca. Las palabras y acciones de Francisco han dejado una huella imborrable en millones de corazones. Su legado de humildad, compasión y apertura continúa guiando a la comunidad católica hacia un futuro de esperanza y fraternidad.

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¿Qué es un cónclave? El proceso que elige al nuevo Papa

La Iglesia Católica vive momentos de profunda reflexión y oración cada vez que la Sede Apostólica queda vacante, ya sea por la muerte o la renuncia del Papa. Este periodo, lejos de ser un vacío, es una oportunidad para que la Iglesia se abra a la acción del Espíritu Santo, confiando en Su guía para elegir al nuevo líder de la comunidad cristiana. La muerte de un Papa, como bien expresaba San Juan Pablo II, es un momento de transición, pero no de desesperanza: “El Papa muere, Cristo no muere”. En este artículo, exploraremos el significado profundo del cónclave, el proceso de elección del Papa, y cómo esta tradición ancestral sigue siendo un acto de fe, esperanza y unidad en la Iglesia.

La muerte de un Papa: un tiempo de oración, esperanza y discernimiento

El reciente fallecimiento del Papa Francisco, el 21 de abril de 2025, ha sumido a la Iglesia en un periodo de sede vacante. Este es un momento de dolor, pero también de profunda reflexión, en el que los católicos del mundo entero se unen en oración, pidiendo al Espíritu Santo que ilumine a los cardenales en su tarea de elegir al nuevo Pontífice. La muerte de un Papa, lejos de representar un vacío de liderazgo, es vista por la Iglesia como una invitación a discernir, rezar y esperar con esperanza el nuevo sucesor de San Pedro.

Este proceso de oración y discernimiento es central en el cónclave, donde los cardenales se encierran en la Capilla Sixtina para buscar la voluntad de Dios en la elección del próximo Papa.

¿Qué es un cónclave?

La palabra «cónclave» proviene del latín cum clave, que significa “con llave”, y hace referencia al hecho de que los cardenales, durante el proceso de elección, son confinados en un espacio cerrado y vigilado, con el fin de garantizar la confidencialidad y el secreto del proceso. Este acto simbólico refleja la seriedad con que la Iglesia se enfrenta a la responsabilidad de elegir al líder espiritual de más de mil millones de católicos en el mundo.

El proceso del cónclave

1. Inicio del período de sede vacante

El Papa Francisco falleció a los 88 años debido a complicaciones por una neumonía bilateral que derivó en un ictus. Tras su muerte, el cardenal camarlengo, Kevin Joseph Farrell, verificó el fallecimiento y destruyó el anillo del pescador y el sello papal, marcando el fin del pontificado. Durante la sede vacante, el camarlengo, junto con el penitenciario mayor, se encarga de la administración de la Santa Sede y de preparar la celebración del cónclave. La Iglesia entra en un período de oración, reflexión y preparación espiritual para la elección del nuevo Papa.

2. Congregaciones generales

Antes de que comience el cónclave, los cardenales se reúnen en las congregaciones generales. Estas reuniones no son vinculantes para la elección del Papa, pero permiten a los cardenales discutir sobre los desafíos de la Iglesia y las cualidades que debería tener el próximo Pontífice. Durante este tiempo, los cardenales oran por la dirección del Espíritu Santo y buscan la unidad en la visión que deben tener del futuro de la Iglesia.

3. Convocatoria del cónclave

El cónclave se convoca formalmente por el decano del Colegio Cardenalicio. La elección debe comenzar entre 15 y 20 días después de la muerte del Papa, para permitir la llegada de todos los cardenales electores a Roma. Este período de espera, más que un vacío, es una oportunidad para que la Iglesia se prepare espiritualmente, reforzando su confianza en que el Espíritu Santo guiará la elección de un nuevo Papa.

4. El proceso de votación

El cónclave tiene lugar en la Capilla Sixtina, un lugar cargado de historia y espiritualidad. Durante el cónclave, los cardenales se encierran y realizan hasta cuatro votaciones diarias (dos por la mañana y dos por la tarde). Para que un candidato sea elegido, debe obtener dos tercios de los votos. Si no se alcanza este umbral, se siguen realizando votaciones hasta que se logre el consenso.

Este proceso no es solo un acto político o administrativo. Cada voto, cada deliberación, está envuelta en oración y discernimiento. La elección del Papa no se basa únicamente en las cualidades humanas de los candidatos, sino también en la sensibilidad espiritual de los cardenales, que buscan la voluntad de Dios.

5. El anuncio de la elección

Una vez elegido el nuevo Papa, se le pregunta si acepta la elección y qué nombre desea adoptar. Si acepta, en ese momento se convierte oficialmente en el nuevo Obispo de Roma y Sucesor de San Pedro. La noticia de la elección se anuncia a través del famoso rito del habemus Papam, cuando el Protodiácono se presenta en el balcón de la Basílica de San Pedro y proclama al mundo: “Annuntio vobis gaudium magnum: Habemus Papam” (“Os anuncio una gran alegría: ¡tenemos Papa!”).

Lo que ocurre después de la elección: el primer acto del nuevo Papa

Una vez que el cónclave ha elegido al nuevo Papa, se inicia un profundo momento de oración y reflexión. Aunque el proceso de elección haya culminado, el momento más solemne del pontificado comienza con los primeros pasos del nuevo Papa.

La Sala de las Lágrimas

Tras la proclamación de su elección, el nuevo Papa es llevado a la Sala de las Lágrimas en el Palacio Apostólico. Este lugar es de gran significancia, pues se dice que es donde el Papa se retira brevemente para reflexionar sobre la inmensa responsabilidad que acaba de asumir. Se dice que es el espacio en el que, al asumir el poder papal, el Papa tiene un momento privado para llorar y pedir al Espíritu Santo la gracia necesaria para guiar a la Iglesia. Es un rito lleno de simbolismo, un momento de humildad ante la carga de su misión.

Visita a la Capilla Paulina

Después de este tiempo de recogimiento en la Sala de las Lágrimas, el Papa se dirige a la Capilla Paulina, que se encuentra dentro del Vaticano. En este santuario, el nuevo Papa se toma un tiempo para rezar y poner su pontificado bajo la protección de Dios. La Capilla Paulina es especialmente significativa debido a que en ella se celebran las primeras misas papales y es un lugar de intensa oración en el corazón de la Iglesia. Es en este espacio donde el Papa se encomienda a Dios, buscando la fuerza espiritual necesaria para afrontar los retos que se le presentarán durante su pontificado.

El saludo al pueblo desde el balcón de la Basílica de San Pedro

Finalmente, después de estos momentos de oración, el Papa emerge al balcón central de la Basílica de San Pedro para saludar al pueblo reunido en la Plaza de San Pedro. Es un momento histórico, no solo porque se confirma oficialmente su elección, sino porque es el primer contacto del Papa con el pueblo cristiano. Desde allí, el Papa se dirige a los fieles con un mensaje de unidad, esperanza y misión. Este acto representa la presencia del Papa como guía espiritual de la Iglesia universal, y su primer acto público marca el inicio de su pontificado.

La importancia del cónclave

El cónclave, más allá de ser un proceso técnico, es un acto de fe en el que la Iglesia se somete a la acción del Espíritu Santo. La elección del Papa no es simplemente una cuestión de administración eclesiástica, sino un momento de renovación espiritual para la Iglesia. Como afirma San Juan Pablo II, “El Papa muere, Cristo no muere”. La muerte de un Papa no es el final, sino una invitación a la renovación y a la esperanza en Cristo, quien es el fundamento inquebrantable de la Iglesia.

Durante el cónclave, los cardenales se entregan a la oración, buscando la voluntad de Dios y asegurándose de que el elegido sea verdaderamente el hombre que guiará a la Iglesia con sabiduría, fortaleza y humildad. El Espíritu Santo, presente en cada votación, es el que, al final, lleva a la Iglesia a elegir al nuevo Sucesor de Pedro, quien tomará el timón de la barca de San Pedro en tiempos de desafíos y esperanza.

Este es un tiempo de oración y confianza en que, al igual que en cada cónclave, el Espíritu Santo guiará a la Iglesia hacia un nuevo Pastor, que continuará conduciendo a los fieles hacia Cristo.

Fuentes
  • Constitución Apostólica Universi Dominici Gregis, San Juan Pablo II, 1996
  • Catecismo de la Iglesia Católica
  • Código de Derecho Canónico
  • Vatican.va

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¡Su Esperanza No Muere!

Para que la Iglesia católica sea, infalible e indefectiblemente, la comunidad de creyentes y discípulos de Jesucristo, debe estar ajustada, acorde y en sintonía con el evangelio del hijo del carpintero de Nazaret, con su Buena Nueva, es decir, con sus palabras, con su criteriología. Sólo así, los creyentes, en comunidad de fe, podemos ser “luz y sal” de la tierra.

Murió el Papa Francisco y éste, precisamente, fue su empeño principal, éste su principal legado y recuerdo para la posteridad en la Iglesia y en la historia de la humanidad: haber intentado – a tiempo y a destiempo – aproximar la vida de los católicos y de la humanidad entera a los principios y valores del Evangelio, en el afán de construir un mundo más amable, más justo, más humano, más solidario, más fraterno.

Y este empeño lo desarrolló, durante toda su vida de hombre y de cristiano, pero especialmente durante el ejercicio de su ministerio petrino, con la certeza profunda que brota de la vida de Jesús de Nazaret: la de que todos los seres humanos tenemos la dignidad de ser hijos del mismo Dios, Padre bueno y Creador y que, por ello, todos somos hermanos, con un presente solidario – en el bien y en el mal – y un destino común.

Esta convicción evangélica perfiló toda la vida del argentino porteño descendiente de inmigrantes italianos, del hombre, del químico, del cura jesuita y del Papa, de quien tuve el privilegio de ser su discípulo en Buenos Aires.

Aún impactado por la noticia y con profundo pesar, escribo estas como un tributo lleno de afecto a quien – gracias a la vida y en muchas ocasiones – tuve el honor de acercarme físicamente y de gozar de su amistad y enseñanzas. En los últimos años, por ejemplo, en dos audiencias privadas, el Santo Padre recibió a más de 1.100 médicos de la Organización SOMOS COMMUNITY CARE para la que trabajo y nos animó fervientemente a lanzar la campaña ¡Gracias, Doctor! cuya misión es humanizar la sanidad y todo lo que conlleva, especialmente para los más desfavorecidos. Estos encuentros hoy son imborrables en la historia de nuestra institución. Y, al mismo tiempo, este es un homenaje de gratitud que, junto con toda la Iglesia y la humanidad, muy merecidamente, le debemos y rendimos al muy amado Papa Francisco.

Creo hacerme eco de muchos a quienes nos acompañan, al mismo tiempo, sentimientos de tristeza y de alegría. Tristeza por la partida de tan insigne ser humano, ejemplar cristiano y buen pastor. Alegría, porque nos queda su testimonio, su ejemplo de vida y una senda de humanidad y de santidad abierta, para que transitemos por ella en búsqueda de mejores tiempos para la catolicidad y para el mundo entero.

El ministerio petrino de Francisco estuvo acompañado siempre por un afán de etiquetarlo, de rubricarlo, como de derecha o de izquierda, como conservador o como reformador, etc.  Javier Cercas, en su libro, de reciente aparición, “El Loco de Dios en el fin del mundo”, producto del acompañamiento del escritor al Papa Francisco en su viaje a Mongolia, resuelve este afán de rotular a Francisco diciendo que – como en cada uno de los seres humanos – hubo, en Francisco, muchos Bergoglios en un único Bergoglio.

Pero aquí quisiera decir que al joven y al anciano Jorge Mario, al químico y al Papa Bergoglio, al estudiante y al cura Bergoglio, al porteño y al romano Bergoglio, a todos los posibles Bergoglios, les fue común: su sentido de la humildad y la sencillez, su fe imbatible, su sentido del humor que salva y que brota de la alegría de saberse amado por Dios, su amor universal manifestado como apertura y entrega generosa a todos, pero especialmente a los “descartados” de la sociedad, su fidelidad al evangelio y, por ello, su autenticidad como discípulo de Cristo, su libertad y valentía para defender la verdad, su espíritu ecuménico y su cuidado franciscano por la “casa común”.

Todo lo cual, en un mundo urgido de autoridad, urgido de líderes y de hombres y mujeres con coherencia entre lo que dicen y lo que hacen, entre lo que predican y lo que practican, entre lo que creen y lo que viven y en una Iglesia contaminada por estas faltas de autenticidad y de verdad, el Papa Francisco, con todos sus gestos y palabras, resultó rompiendo esquemas y siendo un gran reformador, un renovador, con cuyo pastoreo y legado nos deja a todos el testimonio de su esperanza en una Iglesia y en un mundo mejores.

Pero el que pedía a los jóvenes que “hicieran lio”, produjo líos al interior de la Iglesia. Porque todos estos acentos, estos énfasis de la personalidad, de la experiencia religiosa y del ministerio de Francisco, le granjearon enemigos entre las toldas de quienes, acomodados a las tradiciones, a los privilegios y al poder, vieron en Francisco una amenaza. Porque Francisco los invitó a la construcción de una Iglesia pobre, de y para los pobres, a salir a las periferias (no sólo geográficas), a hacer de la Iglesia una gran tienda de campaña para sanar heridas, a oler a oveja, etc.

Por ello, como el mismísimo Jesús en la mesa de la última cena, Francisco conoció el sufrimiento, producto de la incomprensión de los suyos, sumado al padecimiento que le supuso tener que capotear la tormenta que ha significado para la Iglesia de los últimos lustros el escándalo por los abusos sexuales que tiene como protagonistas a clérigos. Y es que, el que fielmente sigue el Evangelio y la Verdad que es Jesucristo mismo, se encuentra – como Él – con persecuciones y cruz, signo de autenticidad en el discipulado.

Se nos fue Francisco. Perdimos la presencia física de un gran hombre cristiano, de un auténtico líder y pastor. Nos queda su invitación a la construcción de una Iglesia y un mundo donde la esperanza, por la misericordia, sea posible. Nos queda el recuerdo de su locura, la misma de Jesús de Nazaret, de quien “decían que estaba loco”, por nadar contra la corriente del mundo, por vivir e invitar a seguir la lógica de Dios que no es la del mundo.

Después de las honras fúnebres, tendrá lugar el cónclave de cardenales para la elección del sucesor de Francisco en la Sede de Pedro. Oremos porque el Espíritu Santo guíe a los electores y para que, en el resultado, se preserve el legado del buen Papa Francisco, plasmado en sus incontables viajes pastorales, encuentros, audiencias (públicas y privadas), libros, homilías, exhortaciones, documentos, encíclicas, etc.

¡Gracias Francisco!

¡Descansa en la paz que da la eterna presencia en el amor del Padre!

Mario J. Paredes es el secretario de la Fundación Dr. Ramón Tallaj. La Fundación Dr. Ramón Tallaj es una institución sin fines de lucro que otorga becas a estudiantes de bajos recursos y con alto rendimiento académico que deseen estudiar una carrera en el área de la salud.

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