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Así murió el Papa y estas fueron sus últimas palabras, revelan quienes le acompañaron

(ZENIT Noticias / Ciudad del Vaticano).- El 21 de abril, el Papa Francisco partió silenciosamente de este mundo. Su partida no estuvo marcada por el espectáculo, sino por la misma humildad y cercanía humana que definieron su pontificado. A las 7:35 a. m., el Vaticano confirmó su fallecimiento, apenas horas después de que mostrara signos de malestar. Sin embargo, incluso en su último día, el Papa no descansaba a puerta cerrada. Estaba donde más deseaba estar: entre la gente.

La víspera de su muerte fue Domingo de Pascua, y aunque visiblemente debilitado por una enfermedad reciente, Francisco se paró una vez más en la logia de la Basílica de San Pedro para impartir la bendición Urbi et Orbi. Fue un acto de fe y perseverancia; su voz aún resonaba con convicción al dirigirse a la ciudad y al mundo. Pero no fue la última sorpresa del día.

En un gesto inesperado que ahora adquiere tono de despedida, Francisco pidió subirse por última vez al papamóvil. «¿Crees que puedo?», le preguntó a su enfermero personal, Massimiliano Strappetti. Strappetti lo animó. Momentos después, Francisco, frágil pero sonriente, daba vueltas por la Plaza de San Pedro.

De regreso a la Casa Santa Marta, el Papa descansó y compartió una cena sencilla. Nada en esas horas hacía presagiar lo cerca que estaba realmente el final. Pero al amanecer del día siguiente, alrededor de las 5:30 a. m., su estado empeoró. Rodeado de quienes lo habían acompañado durante su enfermedad —entre ellos, Strappetti—, hizo un último gesto de despedida, levantando ligeramente la mano de la cama. Luego, en paz y sin sufrimiento, entró en coma. Poco después, falleció.

Quienes lo acompañaron describen el momento no como dramático ni trágico, sino profundamente sereno. Un final tranquilo para un Papa que había elegido la sencillez desde el momento en que salió al balcón en 2013 y se presentó con un humilde «Buona sera».

«Gracias por traerme de vuelta a la Plaza», le dijo a Strappetti. Era más que gratitud por el regreso físico a un lugar. Fue un reconocimiento de algo más profundo: la esencia de la misión de Francisco: acompañar a la gente, tocar sus heridas y encontrarla donde esté. Su papado nunca fue de distancia ni protocolo, sino de proximidad.

Durante sus últimos meses, Strappetti se había convertido no solo en un cuidador, sino en un compañero de confianza, presente durante las cirugías, la recuperación y el cansancio. Fue él quien en una ocasión aconsejó al Papa que se sometiera a la cirugía de colon que le prolongó la vida. Más tarde, fue nombrado asistente personal de salud, una función que desempeñó con incansable devoción. Su presencia junto al lecho del Papa en las últimas horas no fue casualidad; fue el fruto de años de cuidado y compañía silenciosa.

La muerte de Francisco, justo un día después de Pascua, ha sido considerada por muchos como simbólicamente apropiada. La resurrección que había predicado apenas unas horas antes se convirtió ahora en la esperanza a la que confió su alma.

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Texto inédito del Papa Francisco hablando sobre la vejez y la muerte

(ZENIT Noticias / Ciudad del Vaticano).- Ofrecemos a continuación la traducción al castellano del prefacio que el Papa Francisco escribió el 7 de febrero para el libro “En espera de un nuevo comienzo. Reflexiones sobre la vejez”, del arzobispo emérito de Milán, cardenal Angelo Scola. El texto fue dado a conocer recientemente por la Libreria Editrice Vaticana, en el contexto de la muerte del Papa.

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Leo con emoción estas páginas nacidas del pensamiento y del afecto de Angelo Scola, querido hermano en el episcopado y persona que ha desempeñado delicados servicios en la Iglesia, por ejemplo habiendo sido rector de la Pontificia Universidad Lateranense, después patriarca de Venecia y arzobispo de Milán. En primer lugar, quiero expresar mi agradecimiento por esta reflexión que combina experiencia personal y sensibilidad cultural como pocas veces he leído. Una, la experiencia, ilumina a la otra, la cultura; el segundo corrobora al primero. En este feliz entrelazamiento, la vida y la cultura florecen con belleza.

No se dejen engañar por la brevedad de este libro: son páginas muy densas, para leer y releer. Tomo de las reflexiones de Angelo Scola algunas ideas que están particularmente en línea con lo que mi experiencia me ha hecho comprender.

Angelo Scola nos habla de la vejez, de su vejez, que –escribe con un toque de confianza que desarma– «me sobrevino con una aceleración repentina y en muchos aspectos inesperada».

Ya en la elección de la palabra con la que se define, “viejo”, encuentro una consonancia con el autor. Sí, no hay que tener miedo a la vejez, no hay que tener miedo de abrazar el envejecimiento, porque la vida es vida y edulcorar la realidad significa traicionar la verdad de las cosas. Devolverle el orgullo a un término que a menudo se considera insano es un gesto por el que debemos estar agradecidos al cardenal Scola. Porque decir “viejo” no significa “tirar a la basura”, como a veces lleva a pensar una cultura degradada del usar y tirar. Decir viejo, en cambio, significa decir experiencia, sabiduría, conocimiento, discernimiento, reflexión, escucha, lentitud… ¡Valores que necesitamos desesperadamente!

Es cierto que envejecemos, pero ese no es el problema: el problema es cómo envejecemos. Si vives este tiempo de la vida como una gracia, y no con resentimiento; Si acogemos con sentido de gratitud y de reconocimiento el período (incluso largo) en el que experimentamos la disminución de las fuerzas, el cansancio creciente del cuerpo, los reflejos ya no son los mismos que los de la juventud, y bien, también la vejez se convierte en una edad de vida, como nos enseñó Romano Guardini, verdaderamente fecunda y capaz de irradiar el bien.

Angelo Scola destaca el valor humano y social de los abuelos. He subrayado repetidamente que el papel de los abuelos es de importancia fundamental para el desarrollo equilibrado de los jóvenes y, en última instancia, para una sociedad más pacífica, porque su ejemplo, sus palabras, su sabiduría pueden inculcar en los más jóvenes una visión de largo plazo, la memoria del pasado y el anclaje en valores que perduren. En el frenesí de nuestras sociedades, a menudo entregadas a lo efímero y al gusto malsano por las apariencias, la sabiduría de los abuelos se convierte en un faro que brilla, ilumina la incertidumbre y da dirección a los nietos que pueden sacar de su experiencia un “más” respecto a su vida cotidiana.

Las palabras que Angelo Scola dedica al tema del sufrimiento, que a menudo aparece cuando envejecemos y, en consecuencia, cuando morimos, son joyas preciosas de fe y de esperanza. En los argumentos de este hermano obispo escucho ecos de la teología de Hans Urs von Balthasar y de Joseph Ratzinger, una teología “hecha de rodillas”, impregnada de oración y de diálogo con el Señor. Por eso, decía más arriba, que estas son páginas que nacen del «pensamiento y del afecto» del cardenal Scola: no sólo del pensamiento, sino también de la dimensión afectiva, que es a lo que se refiere la fe cristiana, siendo el cristianismo no tanto una acción intelectual o una elección moral, sino más bien el afecto a una Persona, ese Cristo que vino a nuestro encuentro y decidió llamarnos amigos.

La misma conclusión de estas páginas de Angelo Scola, que son una confesión sincera de cómo se prepara para el encuentro final con Jesús, nos da una certeza reconfortante: la muerte no es el fin de todo, sino el comienzo de algo. Es un nuevo comienzo, como sabiamente lo destaca el título, porque la vida eterna, que los que aman ya experimentan en la tierra dentro de las ocupaciones de cada día, es el inicio de algo que no tendrá fin. Y es precisamente por eso que es un “nuevo” comienzo, porque experimentaremos algo que nunca hemos experimentado plenamente: la eternidad.

Con estas páginas en mis manos, quisiera idealmente volver a realizar el mismo gesto que hice apenas revestí el hábito blanco del Papa, en la Capilla Sixtina: abrazar con gran estima y afecto a mi hermano Angelo, ahora, ambos, mayores que aquel día de marzo de 2013. Pero siempre unidos por la gratitud hacia este Dios amoroso que nos ofrece vida y esperanza a cualquier edad de nuestra vida.

Ciudad del Vaticano, 7 de febrero de 2025

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Cardenal Re: Continuemos rezando por el Papa, como siempre nos pidió

Por segunda tarde consecutiva, el Santo Pueblo Fiel de Dios se reunió a orar, este martes 22 de abril de 2025, por el eterno descanso del Romano Pontífice en la Plaza de San Pedro a las 19:30. La plegaria fue presidida por el Cardenal Giovanni Battista Re, Decano del Colegio Cardenalicio.

Vatican News

“Al resonar en nuestros corazones la invitación ‘No se olviden de rezar por mí’, tantas veces pronunciada por el Papa Francisco, queremos rezar por él tambi esta tarde”. Con estas palabras el Cardenal Giovanni Battista Re, Decano del Colegio Cardenalicio, ha introducido esta tarde, 22 de abril, martes de la Octava de Pascua, en la Plaza de San Pedro, el Rosario por el eterno descanso del Papa Francisco, que partió a la Casa del Padre ayer por la mañana, lunes de Pascua, en su piso de la Casa Santa Marta.

La muerte no es una puerta que se cierra

“En la fe en Cristo resucitado, a quien celebramos en este santo día de Pascua -subrayó el cardenal de 91 años, que presidirá la celebración de los funerales del Papa el sábado 26 de abril-, sabemos que la muerte no es una puerta que se cierra, sino la entrada en la Jerusalén celestial, donde el lamento se cambia en danza, y el cilicio en vestido de alegría, en la inmensidad del amor de Dios”. Por ello, el cardenal invitó a “dar gracias al Señor por los dones que ha concedido a toda la Iglesia a través del ministerio apostólico del Papa Francisco, peregrino de esperanza que no defrauda”.

Como ocurrió ayer, el día de la subida al Cielo del Pontífice, y antes entre febrero y marzo, durante su larga hospitalización en el Policlínico Gemelli de Roma a causa de una neumonía bilateral, muchos fieles se reunieron también esta tarde en oración en el espacio delimitado por la columnata de Bernini. Al final de una jornada más que primaveral, muchos de ellos portaban un ejemplar de la edición extraordinaria de “L’Osservatore Romano” del 21 de abril, dedicado al fallecimiento del Papa.

Unido a tantos “hermanos y hermanas esparcidos por el mundo”, aseguró´el cardenal, que no dejaron de ofrecer sus oraciones, formando “todo el rebaño de Cristo, el buen Pastor, que reza por el Papa Francisco contemplando los misterios gloriosos de nuestro Salvador”. A continuación, el cardenal mayor encomendó al difunto Pontífice “al Padre Misericordioso, en comunión con María, Madre de la Iglesia, Reina del Cielo, y por intercesión del apóstol Pedro”.

Ante la imagen de María Mater Ecclesiae colocada en el parvis de la Basílica de San Pedro y adornada con un ramo de flores blancas y rosas, el Cardenal Re dirigió la oración mariana para encomendar al difunto 266 Sucesor de Pedro a la intercesión de la Virgen María. Había una gran emoción en la plaza, después de una intensa jornada que había visto a creyentes de distintas partes del mundo peregrinar a la Basílica Vaticana y permanecer atónitos, consternados ante la noticia de la muerte del Obispo de Roma. La brisa del atardecer agitaba suavemente las cuentas del rosario y las llamas de las antorchas que portaban los fieles.

Tras meditar los Misterios Gloriosos, el celebrante invocó a Dios “grande en amor”, dándole gracias “por los dones concedidos a la Iglesia a través del ministerio apostólico del Papa Francisco” y al propio difunto Pontífice, testigo del Señor y de su «ternura para con los pequeños y los pobres, misericordia para con los pecadores y benevolencia para con todos”. Finalmente, mientras el cielo de Roma se oscurecía, la asamblea entonó la Salve Regina y saludó con aplausos la bendición del Cardenal Re.

La Red Mundial de Oración agradece al Papa Francisco

«Cada mes nos has pedido que recemos contigo por los desafíos de la humanidad y la misión de la Iglesia, enseñándonos a aprender del corazón de Cristo la compasión por los demás. Gracias, Francisco, por tu vida y tu testimonio. Tu Red Mundial de Oración»

 

«Francisco nos ha ayudado mucho y seguirá haciéndolo»

El misionero argentino, amigo fraterno del Papa Francisco, se enteró de la noticia tras un largo y fatigoso viaje a la selva para celebrar las liturgias pascuales y los bautismos. La alegría por la entrada de nuevos fieles en la pequeña Iglesia papú estaba impregnada de dolor por la pérdida de una figura paterna. «Siempre nos pedía que rezáramos por él, y eso es lo que hemos hecho, que su alma descanse. No dejará de estar cerca de nosotros»

Antonella Palermo – Ciudad del Vaticano – Vatican News

Desde esa periferia a la que el Papa Francisco llegó como si fuera un explorador incansable, llega el breve pero intenso testimonio del padre Martín Prado, misionero argentino del Instituto del Verbo Encarnado, que desde hace más de diez años vive en la remota Vanimo, la aldea que acogió al Pontífice en su último y larguísimo viaje al extremo oriente el pasado septiembre.

La noticia llega a la floresta remota

«Lo siento mucho. Fui a rezar un rosario con mis feligreses, mis parroquianos de la floresta. Volví y el domingo por la mañana fui a celebrar misa en un pueblo muy, muy lejano. Dormí allí – cuenta el misionero – y luego celebré en otro lugar, cerca del río Sepik».

Fue al llegar al campamento base de su parroquia en la floresta cuando el padre Martín se enteró de la noticia de la muerte de su querido amigo Francisco: «Así que fuimos a rezar con los monaguillos, con la gente que estaba allí, toqué la campana y fuimos a rezar por el Santo Padre».

Hacer como Francisco, ir a las latitudes extremas

La gran alegría por el sacramento del Bautismo, que se había impartido en este pueblo, se mezclaba con la tristeza. «Había valido la pena llegar hasta allí – subraya el misionero – luchando contra un transporte muy difícil y unos traslados muy duros». El recuerdo de una «carretera monstruosa y el coche parado…».

Pero el propio Papa Francisco habría estado de acuerdo en que sí, merece la pena. Porque él mismo dejó a un lado el cansancio, las limitaciones físicas, la fragilidad, para no faltar a la cita con los más pobres, en las latitudes más lejanas.

Seguirá ayudándonos desde el cielo

«Era un gran amigo nuestro. Rezar por él, por su alma, porque al fin y al cabo también es un hombre como ustedes y como yo».

Palabras que llegan en un tono tenue, atravesado por el cansancio, pero convencido e incuestionable. De hecho, los habitantes de Papúa Nueva Guinea no dejaron de pensar con aprensión, durante todo el período de hospitalización y convalecencia, en aquel ejemplo de amor, ternura y fraternidad que el Papa, un padre para ellos, les había mostrado.

“Siempre nos pedía que rezáramos por él, y eso es lo que hacíamos. Que Dios lo tenga en su gloria. Y si nos ha ayudado tanto, si ha estado tan cerca de nuestra misión aquí en Papúa, en la tierra, desde el cielo creo que seguirá estando cerca de nosotros, para ayudarnos, para interceder por nosotros”

(con la colaboración de Sebastián Sansón Ferrari)

Cardenal Prevost: Francisco es un Papa generoso, lo ha dado todo

El prefecto del Dicasterio para los Obispos recuerda al Papa Francisco, a quien conoció cuando era arzobispo de Buenos Aires y entabló con él una amistad que se consolidó a lo largo de los años, especialmente en los dos últimos del cardenal en la Curia. Era “un hombre que quería vivir el Evangelio con autenticidad, con coherencia”, subraya el cardenal agustino, y entre sus enseñanzas más preciadas destaca su deseo de “una Iglesia pobre, que camina con los pobres, que sirve a los pobres”.

Tiziana Campisi – Ciudad del Vaticano – Vatican News

La coherencia, la autenticidad, el deseo de vivir el Evangelio y esa cercanía especial a los pobres y a los que sufren. Y luego el amor a la Iglesia, ese deseo de “darlo todo para servirla” y “su sentido de la responsabilidad”. Son estos rasgos de la personalidad del Papa Francisco los que siempre han impresionado al cardenal Robert Prevost, prefecto del Dicasterio para los Obispos. A los medios vaticanos, el cardenal agustino confió que siempre le ha apreciado por su “auténtico corazón cristiano”, su “generosidad”, su “caridad” y su “deseo de vivir esta dimensión del Evangelio hasta estos últimos días”.

Encuentros en Argentina

Emocionado, el jefe del Dicasterio comparte sus recuerdos personales del Pontífice. Cuenta que conoció a Jorge Mario Bergoglio cuando era arzobispo de Buenos Aires, describe algunos aspectos de su carácter, enumera anécdotas. “Siempre tuve la impresión de un hombre que quería vivir el Evangelio con autenticidad, con coherencia”, dice. “En los tiempos en que yo era prior general de los agustinos, varias veces, durante las visitas a mis hermanos en Argentina, cuando él era todavía cardenal, tuve ocasión de conocerle y hablar con él, informalmente y sobre asuntos más institucionales”.

Elegido Papa, Francisco celebró su primera misa pública, el 13 de marzo de 2013, en la parroquia de Santa Ana del Vaticano, confiada al cuidado pastoral de religiosos agustinos, y en esa ocasión Prevost se reencontró con él. “Me pregunté si se habría acordado de mí y cuando llegó y entró en la sacristía, al verme, me reconoció inmediatamente y empezamos a hablar”. Un diálogo, el del entonces Prior General de la Orden de San Agustín, que continuó. “Como mi mandato llegaba a su fin ese mismo año, pensamos en invitar al Santo Padre a presidir, el 28 de agosto, la misa de apertura del Capítulo General” en la basílica de San Agustín en Campo Marzio, Roma. Bergoglio, “para sorpresa de todos”, aceptó encantado. Conocía bien esa iglesia, porque cuando venía a la capital, como cardenal, siempre se alojaba cerca, en la Casa del Clero, en Via della Scrofa, e iba a rezar a la tumba de Santa Mónica, que allí se conserva.

La preocupación del Papa por el pueblo de Perú

Poco más de un año después, el 3 de noviembre de 2014, Francisco nombró a Prevost administrador apostólico de la diócesis de Chiclayo (Perú) y, posteriormente, obispo. Como pastor de ese pequeño rebaño en la región de Lambayeque, el religioso agustino seguía encontrándose con el Papa, quien siempre le expresaba su preocupación por ese pueblo. “Me preguntaba: ‘¿Cómo estás? ¿Cómo van las cosas?'”.

“Dio tanto a la Iglesia”, añade el cardenal, “sus gestos de cercanía hablan con tanta elocuencia”. Prevost también recuerda la visita apostólica de Francisco a Perú en 2018, y a aquella mujer ciega de 99 años de su diócesis que llegó a Trujillo porque quería tener contacto con el Pontífice.

“Se bajó del coche, se acercó a ella y la saludó. Nos ha dejado muchos ejemplos así; en su hermosa humanidad, quiso vivir el Evangelio y transmitir el Evangelio”, señala el prefecto del Dicasterio para los Obispos. También destaca la alegría de Bergoglio, la misma que brilla en la Exhortación Apostólica Evangelii gaudium “sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual”, “que nos hace recordar lo que dice el Evangelio, y lo que repetimos en este tiempo pascual: vivir la alegría del Evangelio, de la fe, de reconocer a Jesucristo”.

Cercanía hasta el final

El pensamiento del cardenal Prevost se remonta también al primer viaje apostólico del Papa Francisco, a Lampedusa, a su “cercanía a los migrantes, hasta estos últimos meses, incluso cuando escribió”, en febrero pasado, aquella carta a los obispos de Estados Unidos “sobre la importancia de estar cerca de los que sufren y de tener el corazón de Jesucristo”, cuando se puso en marcha el programa de deportación masiva de inmigrantes ilegales y refugiados.

A continuación, el cardenal menciona la última visita del Papa a la cárcel de Regina Coeli, el Jueves Santo, un gesto que “lo dice todo: su deseo de ir, a pesar de los muchos problemas de salud, de las dificultades que tenía, para hacer como cada año, celebrar con los presos este día tan importante en la vida de la Iglesia, y comunicar así esta cercanía, este amor que Jesús nos dejó a todos”.

Una cita semanal

Con el Papa Francisco, entonces, Prevost, como prefecto del Dicasterio para los Obispos, tuvo una cita fija durante dos años, todos los sábados por la mañana.

“Hasta el final, quiso darlo todo a su ministerio, a su trabajo, a su servicio en la Iglesia”, continuó el cardenal, hablando de su encuentro semanal con el Pontífice. “Al principio era a las 8 de la mañana. Pero a veces llegaba a las 7.30 y ya me estaba esperando, así que empecé a ir un poco antes y a veces se anticipaba”. Se trataban temas importantes, pero Francisco añadía a menudo una petición: “Me decía, entre otras cosas, al final de la audiencia: ‘No pierdas el sentido del humor, tienes que sonreír’”. Prevost recuerda la oración de Santo Tomás Moro, repetidamente citada por el Papa para exhortar a seguir adelante en “cosas de gran responsabilidad, con gran confianza en la gracia del Señor”. Francisco no escatimaba “en servir a la Iglesia”, prosigue Prevost, precisando que el Pontífice estaba siempre “muy bien informado de las cosas”.

Ecclesia semper reformanda est

En su pontificado “nos ha transmitido a todos este espíritu de querer continuar lo que comenzó con el Concilio Vaticano II, la necesidad de renovar siempre la Iglesia, semper reformanda est”, reflexiona el cardenal agustino, recordando las respuestas dadas por Bergoglio en una entrevista sobre la gran asamblea deseada por Juan XXIII.

“Queda mucho por hacer, hay que continuar. “Un espíritu, una actitud fundamental para todos nosotros”, dice Prevost, “no podemos detenernos, no podemos volver atrás. Tenemos que ver cómo quiere el Espíritu Santo que sea la Iglesia hoy y mañana, porque el mundo de hoy, en el que vive la Iglesia, no es el mismo que el de hace diez o veinte años”, considera el cardenal, “por lo tanto, el mensaje es siempre el mismo: anunciar a Jesucristo, anunciar el Evangelio, pero la manera de llegar a la gente de hoy, a los jóvenes, a los pobres, a los políticos, es diferente”. Prevost subrayó que el Papa ha dejado un mensaje fuerte a las autoridades del mundo y que es necesario ir “hacia adelante”.

Una Iglesia pobre que camina con los pobres

Entre las enseñanzas que ha dejado Francisco hay que atesorar, sobre todo, “el amor a los pobres”, apunta a continuación el cardenal, su deseo de “una Iglesia pobre, que camine con los pobres, que sirva a los pobres”.

“Creo que el mensaje del Evangelio se entiende mucho mejor desde la experiencia de los pobres, que no tienen nada”, reflexiona a continuación el cardenal, que intentan vivir la fe y lo encuentran todo en Jesucristo. Creo que en este sentido el Papa ha dejado un ejemplo muy grande para el mundo. A mí, personalmente, me lo ha dejado, por mi trabajo como obispo en Perú, como misionero, y por muchas otras cosas”.

Reflexión y gratitud

Pero, ¿cómo retomar el legado del Papa Francisco? “Difícil de responder” pocas horas después de la muerte del Pontífice, reconoce con objetividad Prevost.

“Personalmente creo que este periodo de pérdida, de tristeza, debe ser vivido, en primer lugar, en silencio, con una profunda reflexión, gratitud. Yo, al menos, necesitaré mucho tiempo para apreciar, para comprender verdaderamente, lo que el Papa me ha dejado a mí, a la Iglesia y al mundo”, concluye el Prefecto del Dicasterio para los Obispos. Para el cardenal Prevost es necesario “vivir este momento, como el Sábado Santo, aunque ya hayamos celebrado la Resurrección de Cristo”, vivir este gran misterio que es la vida como el Papa Francisco ha querido enseñarnos.

Papa Francisco: La fuerza de la mansedumbre, el coraje del amor

«La noticia de su muerte nos ha sorprendido y dejado atónitos, después de días de esperanza al volver a verlo entre la gente, con su habitual disponibilidad para acoger una mano, ofrecer una sonrisa benévola y una mirada afectuosa». Lo relata el padre Ibrahim, Vicario de la Custodia de Tierra Santa, a la Agencia Fides

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«Estábamos en Emaús en el momento en que el Papa Francisco nos ha dejado. Recordábamos la presencia viva del Resucitado mientras el Santo Padre se unía a Él».

“La noticia de su muerte nos ha sorprendido y dejado atónitos, después de días de esperanza al volver a verlo entre la gente, con su habitual disponibilidad para acoger una mano, ofrecer una sonrisa benévola y una mirada afectuosa”

Ha marcado el camino de la esperanza

«El Santo Padre ha marcado el camino de la esperanza en la paz: lo ha trazado con signos, gestos y llamamientos sencillos, concretos, directos. Ha recorrido ese camino con la humanidad, como Jesús compartió el camino con los discípulos de Emaús, tranquilizándolos con su presencia. ¿Seremos capaces de volver a empezar y continuar por ese sendero?».

«Su fuerza al exigir valor y dignidad para la vida humana ha fortalecido las conciencias más tímidas; su mansedumbre ha dado seguridad y apoyo a la exigencia de verdad y justicia».

Francisco deja un mundo envuelto en la violencia

Al dejar esta vida terrenal, el Papa Francisco deja un mundo todavía envuelto en violencia y sufrimiento. Los niños que mueren con la complicidad de la indiferencia mundial, los pequeños que intentan salvarse de las llamas de tiendas precarias – único refugio que se les ha concedido – son la imagen del fracaso de la política y de la diplomacia, a las que el Santo Padre ha dirigido tantos llamamientos».

“Hasta su último aliento, el Papa Francisco ha tenido pensamientos y preocupaciones por Tierra Santa y por las guerras en el mundo; hasta el final, ha pedido el cese del fuego”

«Siempre ha denunciado con valentía a quienes construyen y comercian con instrumentos de muerte, a quienes se benefician del conflicto, a quienes permiten que la guerra continúe con su inhumana tarea de conquistar territorios y destruir vidas, y a quienes no asumen su responsabilidad por la paz».

Se realizó en el Vaticano la primera Congregación General de los Cardenales

Con la participación de unos sesenta Cardenales se llevó a cabo esta mañana la primera Congregación General del Colegio Cardenalicio. Los Purpurados presentes juraron observar la Constitución Apostólica “Universi Dominici Gregis” sobre la vacante de la Sede Apostólica y la elección del Pontífice. En la Congregación también se decidió las fechas del traslado y del funeral del Papa. La segunda Congregación General tendrá lugar mañana por la tarde a las 17.00 horas.

Vatican News

La mañana de este martes, 22 de abril, tras la muerte del Papa Francisco se llevó a cabo la primera Congregación General del Colegio Cardenalicio que, inició a las 9.00 horas y duró hasta las 10.30 aproximadamente. Estuvieron presentes en el Aula Nueva del Sínodo unos sesenta Cardenales que comenzaron con un momento de oración por el difunto Papa Francisco.

Los Cardenales juraron observar fielmente las normas de la Constitución Apostólica Universi Dominici Gregis respecto a la vacante de la Sede Apostólica y a la elección del Romano Pontífice, luego cantaron el Adsumus. Se leyeron los párrafos 12 y 13 de la Constitución Apostólica y el cardenal Kevin Joseph Farrell leyó a los Purpurados el Testamento espiritual de Francisco que se dio a conocer ayer por la tarde.

La segunda Congregación General este 23 de abril

En esta primera Congregación también se han decidido las fechas del traslado y del funeral, según ya anunció la Oficina de Prensa de la Santa Sede. Además, se indicó que, la segunda Congregación General tendrá lugar mañana por la tarde a las 17.00 horas, ya que por la mañana los Cardenales participarán en el traslado del féretro de la Casa Santa Marta a la Basílica de San Pedro.

La Misa del domingo 27 de abril en la Plaza de San Pedro estará presidida por el cardenal Pietro Parolin y será la segunda de los Novendiali: se trata de una Misa de exequias. Las Misas de los Novendiali se celebrarán todos los días a las 17.00 horas.

Elegidos los Cardenales que asisten al Camarlengo

También esta mañana se eligieron por sorteo a los tres Cardenales de la Comisión que asiste al Camarlengo en las decisiones ordinarias: se trata de los cardenales Pietro Parolin, Stanislaw Rylko y Fabio Baggio, uno por cada orden que compone el Colegio Cardenalicio, la de obispos, presbíteros y diáconos. Los Purpurados de esta Comisión son sorteados cada tres días.

Además, para esta noche, a las 19.30, ha sido anunciada en la cuenta de X de la Secretaria de Estado el rezo del Santo Rosario por el Papa Francisco en la Plaza de San Pedro.

Ucrania, Nuncio Kulbokas: «La noticia de la muerte del Papa conmocionó al país

En Kiev, nada más conocerse la noticia del fallecimiento de Francisco, no sólo los católicos, sino también las comunidades ortodoxas elevaron una plegaria por su alma. El arzobispo: «El Papa habló al mundo, arrojando luz sobre el conflicto».

Svitlana Dukhovych y Benedetta Capelli – Ciudad del Vaticano

Al hablar de Ucrania, uno recuerda inmediatamente el adjetivo «atormentada», que el Papa Francisco ha utilizado tantas veces en su petición de oración por el país de Europa del Este. Su amor por este pueblo le ha llevado a prestar una atención especial a las personas que atraviesan grandes dificultades a causa de la guerra. Ha enviado camisetas térmicas, ambulancias, medicinas, generadores de energía. La última misión fue hace unas semanas, cuando el cardenal limosnero Konrad Krajewski llevó cuatro vehículos equipados con todos los instrumentos médicos para salvar vidas.

Ucrania conmovida

«Aquí en Ucrania», dice a los medios vaticanos el nuncio Visvaldas Kulbokas, “muchas personas ya me han llamado para expresarme sus condolencias, viendo su fallecimiento en estos días de Pascua como un signo”. El prelado recuerda la importancia del pontificado de Francisco en el asunto ucraniano, enseguida estuvo atento a las necesidades de la gente, «no solo espiritualmente sino en iniciativas humanitarias que no solo concernían a los católicos sino también a otras comunidades de fe y no solo de fe, para abrazar a toda la población que sufría». «No hay Ángelus, no hay llamamientos en los que falte el pensamiento de Ucrania, que siempre ha estado en su corazón, en su oración, tanto más estoy seguro de que seguirá estando ahora, mientras él está en los brazos del Padre».

Una voz que hablaba al mundo

No sólo rezaron por el alma del Papa los católicos, recuerda Kulbokas, sino también algunas comunidades ortodoxas. Mientras, en Kiev, se han organizado varias celebraciones en las distintas iglesias porque «esta noticia ha conmocionado a toda Ucrania». «El Papa Francisco -subraya el nuncio- ha sido una voz que ha hablado a todo el mundo, llamando la atención sobre el país e invitando a todos a no olvidar Ucrania, sino a moverse con creatividad, sin ceder al fatalismo según el cual las cosas son como son y no se pueden cambiar».

Un Papa joven con un alma que olía a frescura

Monseñor Kulbokas también deja espacio para sus recuerdos personales, pensando en su trabajo con el Papa en la Secretaría de Estado como traductor y en el servicio diplomático. «Personalmente, no puedo pasar por alto un aspecto de importancia primordial, que es el de haber tenido en el Papa Francisco a un Papa joven. Él me decía que le gustaba que la gente brillara por su frescura. Y esa era su alma. Por eso le encantaba encontrarse con personas creativas, valientes. Era un Papa lleno de frescura, de juventud y quería ver a la Iglesia volcada hacia los pobres, siempre renovada. Por eso, ¡muchas gracias, Papa Francisco!».

Sus últimas horas: sereno y agradecido por volver a la Plaza

Entre las últimas palabras del Pontífice estaba su agradecimiento a su asistente personal de salud, Massimiliano Strappetti, por animarlo a dar el último paseo en el Papamóvil el domingo después del «Urbi et Orbi». El descanso por la tarde, la cena tranquila, luego al amanecer, la enfermedad, el coma, el fallecimiento, al día siguiente de haber saludado al mundo después de tanto tiempo

Salvatore Cernuzio – Ciudad del Vaticano – Vatican News

“Gracias por devolverme a la Plaza”

Entre las últimas palabras del Papa Francisco estaba su agradecimiento a quienes, durante este tiempo de enfermedad, pero mucho antes, habían velado incansablemente por él: Massimiliano Strappetti, el enfermero que – como él mismo dijo una vez – le salvó la vida al sugerirle la operación de colon y a quien el Pontífice nombró después su asistente sanitario personal en el 2022.

A su lado durante los 38 días de hospitalización en el Policlínico Gemelli y las 24 horas del día durante su convalecencia en la Casa Santa Marta, Strappetti estuvo con el Papa el Domingo de Pascua, durante el «Urbi et Orbi». La víspera habían acudido a la Basílica de San Pedro para repasar el «recorrido» que iba a hacer al día siguiente y asomarse a la Logia de las Bendiciones.

El abrazo con la multitud

Y después de aquel momento, el domingo por la mañana, en el balcón del corazón de la fachada de la Basílica vaticana, cuando los fieles de las treinta y cinco mil iniciales se habían convertido ya en cincuenta mil, el Papa quiso dar una última y significativa sorpresa yendo a la Plaza de San Pedro para dar una vuelta en el papamóvil. No sin cierto temor inicial: «¿Crees que podré hacerlo?», le había preguntado a Strappetti, quien lo tranquilizó. De ahí el abrazo a la multitud y en particular a los niños: el primer paseo tras su salida del hospital Gemelli, el último de su vida.

Cansado pero feliz, el Papa agradeció a su asistente personal de salud: «Gracias por traerme de vuelta a la Plaza». Palabras que revelan la necesidad del Pontífice argentino – que hizo del contacto humano directo la característica de su pontificado – de volver a estar al medio de la gente.

Sus últimas horas

Francesco descansó por la tarde y cenó tranquilamente. Hacia las 5.30 de la mañana aparecieron los primeros síntomas del malestar, con la pronta intervención de quienes velaban por él. Más de una hora después, tras saludar a Strappetti, tumbado en la cama de su piso en la segunda planta de la Casa Santa Marta, el Pontífice entró en coma. No sufrió, todo sucedió rápidamente, dicen quienes estuvieron a su lado en esos últimos momentos.

Una muerte discreta, casi repentina, sin largas esperas ni demasiado clamor para un Papa que siempre había mantenido su salud en gran secreto. Una muerte que se produjo al día siguiente de la Pascua, al día siguiente de haber bendecido a la ciudad y al mundo, al día siguiente de haber abrazado de nuevo, después de mucho tiempo, al pueblo. Aquel al que, desde los primeros momentos de su elección, el 13 de marzo del 2013, había prometido un camino «juntos».