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¿Sufrió el Papa Francisco antes de morir? Responde su médico personal

(ZENIT Noticias / Roma).- Han surgido nuevos detalles sobre las últimas horas del Papa Francisco, en concreto sobre si su muerte fue dolorosa. Según el Dr. Sergio Alfieri, quien dirigió la atención médica del pontífice durante su más reciente hospitalización, el Papa no sintió dolor al momento de su muerte. «No se dio cuenta de lo que estaba sucediendo», declaró Alfieri en una entrevista con el canal de noticias italiano TG1. «Pudo haber sido una embolia o un derrame cerebral, pero puedo decir esto con certeza: el Santo Padre no sufrió».

En la mañana del 21 de abril, aproximadamente a las 7:35 h, el Papa Francisco falleció en su apartamento de la Domus Sanctae Marthae, dentro de los muros del Vaticano. El certificado oficial de defunción, firmado esa misma noche por el Dr. Andrea Arcangeli, jefe de salud del Vaticano, identificó la causa como un derrame cerebral seguido de coma y colapso cardiocirculatorio irreversible. Estos últimos sucesos ocurrieron en un paciente ya debilitado por antecedentes de insuficiencia respiratoria aguda debida a neumonía bilateral multimicrobiana, hipertensión crónica y diabetes tipo II.

El Dr. Alfieri, quien había atendido al Papa en múltiples episodios de salud en los últimos años, fue uno de los primeros en llegar. «Aún tenía los ojos abiertos, oxígeno y una vía intravenosa, pero no respondía. Le revisé los pulmones; no era un problema respiratorio. Estaba vivo, pero en coma», explicó. El Santo Padre falleció poco después.

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¿A quién hizo el Papa la última llamada telefónica? Fue el sábado 19 y ahora sabemos a quién

(ZENIT Noticias / Roma).- En lo que ahora se conoce como uno de sus últimos actos de cuidado pastoral, el Papa Francisco realizó una discreta llamada telefónica a la única parroquia católica de Gaza la noche del 19 de abril. Era Sábado Santo, pocas horas antes de la Vigilia Pascual, y mientras la violencia se cernía afuera, una voz de paz se extendió por encima del caos. «Nos llamó como siempre», recordó el Padre Gabriel Romanelli, párroco de la Iglesia de la Sagrada Familia. «Con palabras de consuelo, una bendición y una oración por la paz». Sería la última vez que la asediada comunidad católica de Gaza supo de él.

Durante 19 meses, el Papa Francisco estuvo presente en la vida de los fieles cristianos de Gaza, a través de llamadas telefónicas nocturnas, incluso desde una cama de hospital durante su propia enfermedad. Preguntó por los niños. Preguntó si tenían suficiente comida. Concluía cada conversación no con un consejo, sino con una oración.

En una región a menudo absorbida por los titulares políticos y las cambiantes realidades militares, la relación del Papa con Gaza se perfilaba como algo completamente distinto: un vínculo forjado en la vulnerabilidad compartida y una fe serena. Tras su fallecimiento, el padre Romanelli habló con los medios del Vaticano en un profundo dolor. «Es un momento profundamente doloroso», declaró. «Incluso los vecinos ortodoxos y musulmanes vinieron a ofrecer sus condolencias. Sabían que él también era nuestro padre».

El dolor resonó en las iglesias dañadas de Gaza. En la iglesia ortodoxa griega de San Porfirio, donde católicos y ortodoxos celebraron juntos la Pascua, los fieles se reunieron para rezar por el hombre que insistió en que la paz no era un sueño, sino una exigencia. Fue apropiado, quizás, que el mensaje final «Urbi et Orbi» del Papa —leído por el arzobispo Ravelli desde el balcón del Vaticano— incluyera una súplica por Gaza: no solo una oración, sino un claro llamamiento al alto el fuego, la liberación de los rehenes y la entrega inmediata de ayuda humanitaria.

En el recinto de la Iglesia de la Sagrada Familia, estas palabras se recuerdan ahora como su bendición final. «Nos amó», dijo Romanelli, «y el mundo no debe olvidar el mensaje que dejó: detener la guerra, abrir los caminos a la paz».

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Martinelli: enorme la contribución de Francisco al diálogo interreligioso

El vicario apostólico de Arabia meridional, franciscano capuchino, subraya la importancia del «Documento sobre la fraternidad humana» firmado por el Papa en Abu Dabi en 2019, calificándolo de texto “profético” que llama a las religiones a trabajar «juntas para promover el bien de la humanidad». «Desde Fratelli tutti a Laudato si -añade- ha habido muchos elementos franciscanos en su magisterio».

Fabio Colagrande – Ciudad del Vaticano – Vatican News

«El dolor, el sufrimiento que estamos viviendo en estas horas por la conclusión de la misión terrena del Papa Francisco es ya un primer testimonio de la importancia de su pontificado, de sus gestos, de su magisterio». Habla desde Abu Dabi monseñor Paolo Martinelli, franciscano capuchino, desde mayo de 2022 vicario apostólico de Arabia meridional, jurisdicción territorial de la Iglesia católica que incluye Emiratos Árabes Unidos, Omán y Yemen. La casa donde reside, en la capital del país árabe, da al patio de la catedral de San José, visitada por Francisco el 5 de febrero de 2019, durante su viaje a Emiratos, que pasó a la historia por la firma, con el gran imán de Al-Azhar, Ahmad Al-Tayyib, del “Documento sobre la fraternidad humana”.

Un documento profético

Y es precisamente en lo que él llama la «enorme contribución» del Papa recientemente fallecido al diálogo interreligioso y su legado «franciscano» en lo que se detiene Martinelli, antiguo obispo auxiliar de Milán. «Fueron muchos los gestos que hizo para subrayar lo bueno del diálogo entre personas de distintas confesiones», explica. «El documento sobre la “Fraternidad humana” es un texto único y profético que marca un nuevo capítulo en la historia del diálogo interreligioso». “En primer lugar -añade el prelado- porque es la primera vez que un documento es firmado conjuntamente por el jefe de la Iglesia católica y la máxima autoridad del Islam sunita. Pero luego su contenido es verdaderamente profético porque empuja el diálogo interreligioso no tanto al nivel de una confrontación doctrinal, que también sigue siendo importante, sino para que las religiones trabajen juntas para promover el bien de la humanidad, para promover precisamente una sociedad más humana, más fraterna, defendiendo la dignidad de cada hombre, de cada mujer, condenando radicalmente toda violencia hecha en nombre de Dios, como una traición a la auténtica experiencia religiosa”.

La herencia franciscana

«Recordemos entonces -añade Martinelli- que este documento se firma con ocasión del octavo centenario del encuentro de San Francisco de Asís en Damietta, Egipto, con el sultán al-Malik al-Kamil». «En este sentido -explica- ya se percibe el elemento propiamente franciscano del magisterio del Papa Francisco». Un legado confirmado por la encíclica Fratelli tutti de 2020, dedicada a la fraternidad y la amistad social, profundamente enraizada en los textos del Seráfico. Subyace en ese documento, dice Martinelli, la «petición fundamental de Dios de que todos nos tratemos como hermanos y hermanas, reconociendo la infinita dignidad de cada persona».

Un desafío a la tecnocracia

En esta vena franciscana del pontificado que acaba de terminar, hay que incluir también Laudato si’, la encíclica sobre el cuidado de la casa común, publicada por Francisco en 2015. «Es un texto que interpelaba a la cultura, a la tecnocracia -comenta Martinelli- y que ponía en el centro precisamente la experiencia de san Francisco de Asís que, como hombre reconciliado con Dios, sabe ver en la creación los signos del Altísimo y que, por tanto, eleva su alabanza a Dios por todas las criaturas».

Aquel viaje a Asís

El vicario apostólico de Arabia meridional también quiere recordar el primer viaje del Papa a Asís, el día de San Francisco, en el primer año de su pontificado, 2013. «Fue realmente un momento muy intenso», recuerda Martinelli. «Recuerdo en particular una de sus homilías en la que afirmaba con fuerza la originalidad de san Francisco, su profunda espiritualidad encarnada, profundamente marcada por la figura de Cristo y el misterio de Dios, el amor trinitario.» En aquella ocasión, continúa explicando el obispo, el Papa denunció ciertas reducciones que se hacen de la figura de san Francisco: «Nos invitó a no caer en una visión almibarado de este santo que, en cambio, fue un santo fuerte que supo, en su tiempo, renovar la Iglesia y tras cuyas huellas podemos continuar también hoy el proceso de reforma y renovación siempre necesario en el seno del Pueblo de Dios».

El Rosario por el Papa en Santa María la Mayor, Reina: Transformando el dolor en esperanza

El día del traslado de sus restos a San Pedro, el vicario general de la diócesis de Roma dirige la oración mariana por Francisco. En el cementerio de la basílica liberiana, las velas al pie de la Salus Populi Romani arden como los corazones de los fieles: aunque probados, todavía iluminados por la luz de la “fe”. La vida, no la muerte, subraya el cardenal, “es la última palabra”.

Edoardo Giribaldi – Roma

Los discípulos de Emaús, figuras perdidas en el crepúsculo de la fe, se convierten en el rostro de la Iglesia en camino, cansada por el dolor y a veces incapaz de reconocer al Resucitado «en el momento de la prueba». Así describe hoy el cardenal Baldo Reina, vicario general de la diócesis de Roma, a la comunidad cristiana reunida en oración en torno al Papa Francisco, que el lunes 21 de abril regresó a la Casa del Padre. En el silencio lleno de recuerdos que acompaña estos días, el amor del pueblo no se desvanece. Se convierte en un gesto, en una voz, se convierte en Rosario. En la escalinata de la Basílica de Santa María la Mayor –donde el Papa pidió ser enterrado– los fieles se reúnen en torno a la Salus Populi Romani , el icono mariano tan querido por él, que también esta tarde vela por las oraciones junto a su imagen.

«La experiencia pascual», afirmó el cardenal Reina al introducir los Misterios Gloriosos del Rosario, «ofrece una respuesta siempre nueva a quienes se preguntan sobre el sentido del sufrimiento y de la muerte». Palabras que se convierten en caricia para un pueblo probado, un “corazón” colectivo ciertamente “probado”, tal vez “apagado”, pero que deja filtrar la luz cuando se deja “iluminar por la fe”. La Salus , ante la cual el Papa rezaba antes y después de cada Viaje Apostólico, se invoca ahora con más fuerza que nunca . Para que ese “dolor” se transforme en “esperanza”. Porque – recuerda el vicario – “la vida”, y no “la muerte”, “es la última palabra”.

Durante todo el día, una fila silenciosa y emocionada pasó por la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro, como una peregrinación del alma hacia una última e íntima despedida del Papa. Incluso para los visitantes de la Capilla Paulina, corazón renacentista de Santa María la Mayor, los pasos se vuelven más lentos y el silencio más profundo. Aquí, entre lapislázuli y recuerdo, los fieles visitan el lugar donde descansará Francisco. Y se abrazan, como para darse el coraje de volver a creer. Transformar el vacío en camino, el duelo en horizonte. Tal como enseñó el Papa Francisco, hasta el final.

¿Por qué el papa viste de rojo en el féretro? ¿Es novedad que sea enterrado fuera del Vaticano?

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La muerte de Francisco viene con cambios. Y muchos de ellos los estableció él. Quiso simplificar su #funeral. Aunque no todo se ha modificado.
La muerte de Francisco viene con cambios. Y muchos de ellos los estableció él. El pontífice quiso simplificar todo lo relacionado con su funeral. Aunque no todo se ha modificado.

P. LEONARDO CARDOZA
Doctor en Liturgia

Lo encontramos directamente en el féretro, descubierto. Esta también es una diferencia a muchas cosas que se pensaban que no iban a ser de este modo, descubierto igualmente, digamos, podemos observar, mirar al papa Francisco. Y siguen, sin embargo, no modificados los ritos que tienen que ver con la celebración de la misa exequial.

Antes, como se vio con Juan Pablo II o Benedicto XVI, los papas se exponían ante los fieles en un catafalco; una estructura elevada donde se depositaba el cuerpo del pontífice para su veneración.

Francisco fue el primer papa en eliminar este elemento. Y, de hecho, cuando lo trasladaron a la basílica se le vio así: directamente en el féretro, que iba recubierto por una tela de terciopelo roja.

El ataúd es otro de los cambios. Previamente, se usaban tres distintos: el de ciprés, el de zinc y uno de madera de olmo. El pontífice argentino prefirió tener uno solo.

Lo que sigue igual es que el papa va vestido de rojo. Es un color muy importante para la Iglesia por este motivo.

P. LEONARDO CARDOZA
Doctor en Liturgia

El rojo, desde los primeros siglos de la era cristiana, ha sido siempre el color litúrgico de la muerte o de un funeral en la ciudad de Roma. ¿Por qué? Porque Roma es la ciudad de los mártires. En efecto, los cardenales usan también este color porque están llamados a entregar completamente su vida por amor a Jesucristo. Y el papa, por supuesto, no puede estar exento de esta condición.

Y, probablemente, una de las novedades de los entierros papales de los últimos tiempos es esta. El papa no quiso que su sepulcro estuviese en el Vaticano, sino en Santa María la Mayor. Aunque no es el único que ha tomado esta decisión.

P. LEONARDO CARDOZA
Doctor en Liturgia

Tenemos también no muy reciente, pero sí en los últimos siglos, en las últimas décadas, algunos papas enterrados fuera de la Ciudad del Vaticano como, por ejemplo, Pio Nonno, que está sepultado en la basílica de San Lorenzo ‘fuori le mura’. Digamos que no es normal, pero no es una absoluta excepción. Digamos que es una novedad para nuestra generaciones, sí, después de haber visto la sepultura de Benedicto XVI o Juan Pablo II.

En la basílica donde está la Salus Populi Romani, la patrona de Roma y a la que Francisco le tenía tanta devoción, hay otros siete papas.

CA

Así se introdujo el cuerpo de Francisco en la Basílica de San Pedro

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(SOLO VIDEO) Este fue el momento en el que los restos del papa Francisco recorrieron por última vez la Plaza de San Pedro hasta entrar a la basílica vaticana.

El féretro estará hasta el sábado, día del funeral.
Durante tres días, todos los fieles que lo deseen podrán acercarse a darle el último adiós al que fue su papa durante 12 años.

CA

El papa Francisco entra por última vez a la basílica de San Pedro

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Dos días después de su muerte, el cuerpo del papa Francisco se despedía de la que fue su residencia durante 12 años.

Fue el cardenal camarlengo el que presidió el que se conoce como “rito de traslación”. El féretro del pontífice salió en procesión desde Casa Santa Marta, acompañado, entre otros, por el cortejo de cardenales.

Pasó por la plaza de San Pedro, donde miles de fieles lo esperaban para verlo por última vez en ese lugar que fue escenario de algunos de los mejores momentos de Francisco.

NATS (46:57-47:10 aprox)

Y así, de forma solemne, los restos del papa entraban por última vez a la basílica de San Pedro.

NATS (50:50-51:03 aprox)

Tras una pequeña ceremonia, los altos cargos de la curia, cardenales y personal del Vaticano se fueron acercando uno a uno para mostrar su respeto al papa y darle el último adiós.

CA

El Vaticano prevé el comienzo del cónclave entre el 5 y el 10 de mayo

Las novendiales, el periodo tradicional de nueve días de luto que siguen a la muerte de un Papa, terminarán el próximo 4 de mayo. Así lo ha establecido este miércoles por la tarde la segunda Congregación General del Colegio de Cardenales, que se ha reunido en el Aula del Sínodo del Vaticano.

Una vez superado este periodo de nueve días podrá convocarse el cónclave para elegir un sucesor. El plazo no puede superar los 20 días desde la muerte del Pontífice, por lo que su inicio se prevé entre el 5 y el 10 de mayo.

El primer día de luto está fijado para el sábado 26 de abril, cuando se celebrará a las 10:00 horas el funeral de Francisco en la basílica de San Pedro. A partir de ahí, la segunda congregación -a la que le seguirá una tercera que se celebrará este jueves por la mañana-, ha decidido que los días de luto se organicen de esta manera:

Día 2: Domingo 27 de abril, 10:30 horas, frente a la basílica vaticana: los empleados y fieles de la ciudad del Vaticano. La concelebración estará presidida por el cardenal Pietro Parolin, ex Secretario de Estado.

Día 3: lunes 28 de abril, 17:00 horas, en la basílica vaticana: Iglesia de Roma. La concelebración estará presidida por el cardenal Baldassare Reina, vicario general de Su Santidad para la diócesis de Roma.

Día 4: Martes 29 de abril, a las 17:00 horas, en la basílica vaticana: los capítulos de las basílicas papales. La concelebración estará presidida por el cardenal Mauro Gambetti, arcipreste de la basílica de San Pedro en el Vaticano.

Día 5: miércoles 30 de abril, 17:00 horas, en la basílica vaticana: Capilla papal. La concelebración estará presidida por el cardenal Leonardo Sandri, vicedecano del Colegio Cardenalicio.

Día 6: jueves 1 de mayo, a las 17:00 horas, en la basílica vaticana: Curia romana. La concelebración estará presidida por el cardenal Kevin Joseph Farrell, camarlengo de la Santa Iglesia Romana.

Día 7: viernes 2 de mayo, a las 17:00 horas, en la basílica vaticana: las Iglesias orientales. La concelebración estará presidida por el cardenal Claudio Gugerotti, exprefecto del Dicasterio para las Iglesias Orientales.

Día 8: Sábado 3 de mayo, a las 17:00 horas, en la basílica vaticana: miembros de los Institutos de Vida Consagrada y de las Sociedades de Vida Apostólica. La concelebración estará presidida por el cardenal Ángel Fernández Artime, exp roprefecto del Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica.

Día 9: Domingo 4 de mayo, a las 17:00 horas, en la basílica vaticana: Capilla Papal. La concelebración estará presidida por el cardenal Dominique Mamberti, protodiácono del Colegio Cardenalicio.

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El Obispo de Roma y los líderes ortodoxos: una foto de Bartolomé y un «no me pongáis contra Cirilo»

«Mejorar las relaciones con las Iglesias ortodoxas y orientales fue una gran prioridad para el Papa Francisco», asegura Peter Anderson, experto en las Iglesias ortodoxas, en la última edición de su boletín sobre estos temas. Una de las formas en las que lo manifestó fue su interés por visitar países con una presencia significativa de estos fieles o con sedes de algún patriarcado. Entre ellos destacan Turquía, Albania, Bosnia y Herzegovina, Grecia, Armenia, Georgia, Bulgaria, Rumanía o Chipre. El experto destaca también cómo «besar la panagia [medallón occidental, N. d. R.] de los obispos ortodoxos se convirtió en una tradición».

Anderson revela que Francisco y el patriarca de Constantinopla, Bartolomé, «tuvieron una amistad personal más cercana de lo que ha existido nunca» entre sus predecesores «al menos en los últimos mil años». Prueba de ello es que «Francisco siempre tuvo en una esquina de su escritorio una foto» del líder ortodoxo. Bartolomé afirmaba en su comunicado con motivo del fallecimiento del Santo Padre, entre otras cosas, que «en los doce años de su pontificado fue un amigo fiel, un compañero peregrino y un apoyo del Patriarcado ecuménico, un amigo genuino de la ortodoxia y un verdadero amigo de los más pequeños de los hermanos del Señor».

Asimismo, el experto expresa su esperanza de que el próximo Santo Padre «esté» con el patriarca ecuménico en Nicea (actual Iznik, Turquía) los días 24 y 25 de mayo para conmemorar los 1.700 años del inicio del primer concilio ecuménico. Este había sido un deseo compartido por Francisco y Bartolomé.

Encuentro histórico

Por otro lado, Anderson cita el histórico primer encuentro el 12 de febrero de 2016 en La Habana (Cuba) entre un Sucesor de Pedro y un patriarca de Moscú, Cirilo. Este, en su comunicado por la muerte del Pontífice, destacaba que «para los cristianos de todo el mundo» su «compromiso para vivir en solidaridad con los que sufren y los marginados tenía un significado particular».

Cuenta también que Cirilo ha desvelado tras su muerte cómo en una ocasión, «cuando le estaban presionando con fuerza» para distanciarse del patriarcado de Moscú por su apoyo a la guerra en Ucrania, respondió a sus interlocutores: «No me pongáis en contra de Cirilo». Luego «se dio la vuelta y se fue», continuaba la narración del patriarca ruso, aunque sin desvelar la fuente de esta información. Lo relató durante un encuentro el pasado martes con el patriarca Porfirio, de Serbia, y el presidente ruso, Vladimir Putin.

Anderson ve en estas anécdotas la prueba de que «tal vez uno de los mayores legados del Papa Francisco es que lo respetaban personas que campos contrarios en importantes cuestiones políticas (como Putin y los líderes occidentales) o eclesiales». Cabe recordar que desde 2018 los patriarcados de Constantinopla y Moscú están prácticamente en cisma después de que este declarara rota la comunión por la decisión de Bartolomé de permitir la creación de la Iglesia ortodoxa ucraniana. El abogado concluye manifestando su deseo de que «el Espíritu Santo guíe a los cardenales para elegir a un Papa santo y sabio que traiga mayor unidad dentro de la Iglesia católica y para católicos, ortodoxos y protestantes».

También con los protestantes

El prior de la comunidad ecuménica de Taizé, hermano Matthew, destacó el lunes otros logros ecuménicos del Papa Francisco. Entre ellos, además de la ya citada amistad con Bartolomé «y muchos líderes ortodoxos y protestantes», está la «fraternal acogida al Papa [copto] Tawadros en Roma en mayo de 2013».

En unas palabras durante la oración de la mañana, citó además «su viaje a Sudán del Sur con el arzobispo anglicano de Canterbury y el moderador de la Iglesia de Escocia». En el ámbito de las relaciones con las comunidades reformadas se encuentra asimismo «su presencia en las ceremonias conmemorativas de los 500 años de la Reforma luterana en Lund (Suecia), donde expresó su gratitud “por los dones espirituales y teológicos recibidos” a través de ella».

Con todo, el hermano Matthew se mostró especialmente agradecido por «la vigilia ecuménica de oración Together», en vísperas de la apertura de la primera Asamblea General del Sínodo sobre la sinodalidad. Nacida de una idea del anterior prior de Taizé, hermano Alois, y con el «pleno apoyo» del Obispo de Roma, reunió en la Ciudad Eterna a los líderes de doce confesiones cristianas y a 3.500 jóvenes para rezar por esta cita eclesial.

Más en general, este anglicano de origen británico subrayaba cómo Francisco «con valentía, nos ha impulsado a escuchar hoy la voz del Espíritu Santo y a ir a las periferias de la Iglesia y a los marginados de la sociedad para vivir el signo de un amor más grande».

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Francisco murió pobre porque donó sus últimos 200.000 euros a la cárcel

Francisco murió como había vivido: desprendido de los bienes materiales. Pocos días antes de su fallecimiento, entregó los últimos 200.000 euros de su cuenta personal a varios proyectos de ayuda a presos. Lo han revelado este miércoles La Repubblica y Corriere della Sera. Así, cuando vio la luz aquel testamento espiritual que escribió en 2022, ya no tenía posesiones personales. De hecho, su entierro será financiado por un benefactor anónimo.

«Hace pocos días, el Santo Padre se desplazaba a Regina Coeli para gritar al mundo con toda su fuerza la necesidad de prestar atención a los presos. Les donó sus últimos bienes, 200.000 euros de su cuenta personal», ha explicado Benoni Ambarus, director de la oficina para la pastoral carcelaria y encargado de asuntos caritativos en Roma, a La Repubblica. De acuerdo con Corriere della Sera, esta particular herencia se empleará en proyectos de apoyo y reinserción social en la prisión de Rebibbia, la más grande de Italia, y en el centro de menores Casal del Marmo.

El gesto resume la implicación directa que Francisco mantuvo siempre con los presos. No solo visitaba cárceles con regularidad, sino que hizo de sus encuentros un símbolo de su pontificado. Cada Jueves Santo repetía el lavatorio de pies en prisiones italianas, como Jesús en la Última Cena. Este año visitó Regina Coeli días antes de morir, aunque no pudo lavar a los internos por sus problemas de salud.

La implicación del Papa con el mundo carcelario ha sido especialmente visible durante este año jubilar. El 26 de diciembre de 2024 abrió —después de la de la basílica de San Pedro— una segunda Puerta Santa en la cárcel de Rebibbia en respuesta a la petición escrita de los propios internos. La ubicó en esta prisión «para que todos tengan la posibilidad de abrir de par en par las puertas del corazón y vean que la esperanza no decepciona», explicó entonces el Pontífice.

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