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“Abandono total”: La cruz, camino de libertad y amor radical

El predicador de la Casa Pontificia, Fray Roberto Pasolini, pronunció la homilía durante la celebración de la Pasión del Señor en la Basílica de San Pedro, que por decisión del Papa fue presidida por el cardenal Claudio Gugerotti, prefecto del Dicasterio para las Iglesias Orientales. El religioso capuchino propuso la inteligencia de la Cruz como respuesta al dolor humano.

Sebastián Sansón Ferrari – Ciudad del Vaticano -Vatican News

En un Viernes Santo teñido de silencio, recogimiento y profundo simbolismo, este 18 de abril, el padre Roberto Pasolini, Predicador de la Casa Pontificia, ofreció una meditación que resonó como un eco poderoso en el corazón del Jubileo 2025 durante la celebración de la Pasión del Señor en la Basílica de San Pedro, tras la proclamación de la Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 18, 1–19, 42.

La ceremonia, presidida por el cardenal Claudio Gugerotti, delegado del Santo Padre (quien prosigue su convalecencia) y prefecto del Dicasterio para las Iglesias Orientales, reunió a cerca de 4.500 fieles. La liturgia, marcada por su sobriedad y profundidad, constó de tres partes: la Liturgia de la Palabra, la adoración de la Cruz y la comunión.

En ese marco solemne, el predicador capuchino invitó a contemplar no el fracaso del Hijo de Dios, sino su triunfo oculto en el madero. “La cruz no calcula, sino que ama”, afirmó. Y frente a un mundo impulsado por inteligencias artificiales y algoritmos que definen deseos y decisiones, Pasolini planteó una inteligencia distinta, profundamente relacional, capaz de amar, de entregarse y de confiar.

Una fe que se afirma en la prueba

A partir de tres frases pronunciadas por Jesús durante su Pasión —“Soy yo”, “Tengo sed” y “Está cumplido”— Pasolini desarrolló un itinerario espiritual que invita a asumir el sufrimiento no como una derrota pasiva, sino como un acto libre de amor total.

El primer momento, “Soy yo”, pronunciado en el huerto de Getsemaní ante quienes iban a arrestarlo, revela que Jesús no fue una víctima del destino, sino que dio un paso al frente, aceptando activamente su pasión. Esa misma libertad, recordó Pasolini, es la que cada creyente puede encontrar al enfrentar el dolor: “Darse un paso adelante” es elegir confiar incluso en lo que no comprendemos, permaneciendo interiormente libres ante la adversidad.

El segundo momento, “Tengo sed”, revela el misterio de un Dios que no teme mostrar su necesidad. En la cruz, Jesús pide. Reconoce su vulnerabilidad. Y en ello, enseña que también nosotros, cuando aceptamos nuestra fragilidad sin vergüenza, nos abrimos al amor más verdadero, ese que nace no del poder, sino de la humildad de dejarnos ayudar.

Por último, “Está cumplido” expresa la plenitud de quien ha entregado todo. No se trata de resignación, sino de una afirmación final: la misión está realizada, el amor se ha consumado. Así, la cruz se revela como el lugar donde la debilidad es transformada en don, y donde el sufrimiento, abrazado con fe, se convierte en fuente de vida.

La Cruz: única dirección posible

Pasolini no evitó mencionar las tensiones de nuestro tiempo: la obsesión por el rendimiento, el individualismo rampante, la tentación de evitar todo límite o fracaso. Frente a esto, recordó que el camino cristiano no es otro que el de la cruz, no como símbolo de dolor sin sentido, sino como expresión suprema del amor que se da hasta el extremo.

A la luz del Jubileo, en el que el Papa ha propuesto a Cristo como “ancla de nuestra esperanza”, el predicador exhortó a todos a confiar plenamente en el misterio de la cruz, como “trono de gracia” donde encontrar misericordia y auxilio. Un gesto sencillo —acercarse en silencio a besar el madero— se convirtió así en profesión de fe viva, en renovación de la esperanza, en acto de abandono total.

Abandonarse como Cristo

En última instancia, la meditación de Fray Roberto Pasolini fue una invitación a hacer del abandono confiado el corazón de la vida cristiana. No un abandono resignado, sino una entrega libre, luminosa, como la de Jesús, que al inclinar la cabeza, “encomendó el espíritu”. En esta entrega, se revela la única verdad que salva al mundo: Dios es Padre. Y en Cristo, todos somos hermanas y hermanos.

En medio del dolor humano, del desconcierto, de los caminos inciertos, la cruz —como recordó el predicador— no es el final, sino la dirección. Y por ella, transita el amor más grande.

París acogerá las celebraciones por los 400 años de la congregación fundada por San Vicente de Paul

(ZENIT Noticias / París).- La Congregación de la Misión entra en su mes aniversario, en el cual celebrará 400 años de historia y servicio con una serie de eventos que culminarán en una Misa Solemne el 1 de mayo en París.

Las festividades comenzarán el domingo 27 de abril con un encuentro de más de 20 obispos y tres cardenales de la Congregación de la Misión, Franc Rodé, Bokalic Iglic y Berhaneyesus Demerew Souraphiel. Luego, más de 150 cohermanos en representación de las distintas provincias de la Congregación, participarán en un Triduo de preparación que se llevará a cabo en la Maison Mére de los misioneros Paúles (95 Rue de Sèvres, 75006), y que constará de una jornada de oración (lunes 28); la Peregrinación a Gannes y Folleville (martes 29); y, por último, una jornada de formación (miércoles 20).

El momento culminante será la Misa Solemne del jueves 1 de mayo, en la Iglesia de San  Eustaquio (Imp. St Eustache, Paris 75001), presidida por Mons. Emmanuel Tois, obispo auxiliar de París, en la que se rendirá homenaje a la herencia espiritual de San Vicente de Paúl y al compromiso de la Congregación con la evangelización y el servicio a los pobres.

El saludo del Papa Francisco: un llamado a la fidelidad misionera

En diciembre de 2024, el Papa Francisco envió un mensaje al Superior General de la Congregación, Padre Tomaž Mavrič, CM, en el que expresó su cercanía con la familia vicenciana y su deseo de que este aniversario sea una oportunidad para renovar el compromiso misionero: «Rezo para que este significativo aniversario sea una ocasión de gran alegría y de renovada fidelidad a la concepción del discipulado misionero, fundado en la imitación del amor preferencial de Cristo por los pobres». Este mensaje resuena hoy en los casi tres mil miembros de la Congregación de la Misión, que continúan evangelizando y sirviendo a los más pobres en 100 países.

El Santo Padre subrayó la importancia de este carisma para la renovación de la Iglesia y la atención a los más necesitados, especialmente en las periferias del mundo. También destacó el papel de los jóvenes en esta misión: «Espero que las celebraciones del cuarto centenario subrayen la importancia de la concepción de San Vicente sobre el servicio a Cristo en los pobres (…). Estoy convencido de que su ejemplo puede inspirar de manera especial a los jóvenes, quienes, con su entusiasmo y generosidad, están llamados a ser testigos audaces y valientes del Evangelio».

El legado de San Vicente que sigue transformando vidas

Fundada por San Vicente de Paúl en 1625, la Congregación de la Misión nació con la misión de evangelizar a los pobres y formar sacerdotes comprometidos con la caridad y la justicia.

San Vicente se dio cuenta de que servir a los más necesitados requería una estructura bien organizada, lo que le llevó, en 1617, a fundar las Damas de la Caridad, hoy Asociación Internacional de la Caridad (AIC) y, en 1633, junto con Santa Luisa de Marillac, a fundar las Hijas de la Caridad, la misma congregación a la que pertenecía Santa Catalina Labouré, la vidente de la Virgen María que recibió la revelación de la Medalla Milagrosa en 1830. Esta  congregación femenina es de tipo “revolucionario”, según palabras del Papa Francisco, por romper con la tradición de la clausura y llevar su labor directamente a las calles para asistir a los pobres y enfermos.

Desde su fundación, la Congregación de la Misión ha mantenido su compromiso con los más necesitados, una labor que hoy se manifiesta en iniciativas como la Alianza Famvin con las personas sin hogar, de la que forma parte la campaña «13 Casas», inspirada en el mismo espíritu que llevó a San Vicente a construir casas para los pobres en 1643.

Con este 400 aniversario, la Congregación de la Misión reafirma su compromiso con el Evangelio y el servicio a los pobres, inspirados en la visión de San Vicente de Paúl.

La familia vicenciana y todas las personas que lo deseen podrán participar de todas las misas a través del streaming disponible en el canal de YouTube de la Congregación.

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60.000 jóvenes a misa en Costa de Marfil: la vitalidad de iglesia católica en África

(ZENIT Noticias / Abiyán).- La tercera edición de la peregrinación juvenil diocesana de Abiyán, organizada por la Oficina Diocesana de Pastoral Juvenil, reunió a 60.000 jóvenes el domingo 30 de marzo en un encuentro de fe y compromiso social de las 72 parroquias de la diócesis de Abiyán.

La celebración tuvo lugar en el Estadio Olímpico Alassane Ouattara de Ébimpé, en Abiyán, capital de Costa de Marfil, bajo el lema “En este año sinodal, joven católico, sé actor de la paz y de la cohesión social”.

El padre Eugène Laurence Awouondji, capellán diocesano de la pastoral juvenil de la diócesis de Abiyán, comentó que el objetivo del encuentro fue “orar por la paz y la unión en Costa de Marfil, orar por un futuro mejor para los jóvenes en un país en paz”. En el acercamiento a Dios durante esta cuaresma, se promovió la unidad y el bien común ante la proximidad de las elecciones en el país.

El padre Eugène recordó las crisis pasadas que han marcado a la nación: “Con demasiada frecuencia, la juventud ha sido sacrificada en el altar de los intereses personales. Nos negamos a revivir tales tragedias. Esta movilización da fe del profundo deseo de paz de los jóvenes. Oramos por nuestras autoridades políticas y religiosas para que el Señor pacifique nuestros corazones, y Costa de Marfil siga siendo un remanso de paz”.

Varias personalidades asistieron al estadio para acompañar a los jóvenes, como los ministros del gobierno Vagondo Diomandé y Mamadou Touré. El clima de alegría y fervor en los cantos y momentos de oración estimuló a la importancia de aceptar a los demás en su diversidad. Sin que sea un obstáculo para la convivencia, sino una riqueza para el país.

El padre Norbert-Éric Abékan, secretario ejecutivo nacional de la Comisión de Justicia, Paz y Medio Ambiente, presidió la misa y llamó a los responsables políticos a preservar el futuro del país: “No dejen como legado a los jóvenes un país ensangrentado y en ruinas, sino una nación en paz”. E invitó a los jóvenes a tomar conciencia de su papel en la construcción de la paz; “La paz nace en los corazones. Si la llevan dentro de ustedes, entonces la sembrarán a su alrededor”.

El lema del encuentro inspiró el compromiso ciudadano. En tiempos de reflexión y compromiso, la peregrinación reforzó el espíritu de fraternidad y solidaridad, valores esenciales para la construcción de una nación fuerte y unida.

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El Papa: la esperanza dona a la vida del hombre una ventana hacia lo Eterno

Publicamos la introducción del Pontífice al libro del padre Tommaso Giannuzzi titulado “Profetas de esperanza. Don Tonino Bello y Papa Francisco”. En el texto, publicado por Àncora Editrice, el sacerdote salentino toma como referencia las palabras del Papa argentino y del obispo de Molfetta para intentar dar un rostro a la virtud de la esperanza, fuente que brota en el corazón de la humanidad.

Papa Francisco – Vatican News

Entre las muchas preguntas que el hombre se ha planteado a lo largo de la historia, una más que todas ha encontrado siempre una respuesta incierta, pero que puede permitir afrontar el evento del cual nace la pregunta primordial, es decir, la vida más allá de la muerte; ¿qué será del hombre después de la muerte?¿Qué será de mí? Todos somos conscientes de que nadie escapa al misterio de la muerte y que las múltiples interrogantes que surgen de este evento no pueden dejar de involucrar esa virtud que, más que ninguna otra, permite a cada hombre y mujer mirar más allá del límite humano: ¡la esperanza! Porque esperar es vida, es vivir, es dar sentido al camino, es encontrar las razones por las cuales seguir adelante motivando el sentido de nuestra existencia, de nuestro presente, de nuestro ser aquí, ahora. El Catecismo de la Iglesia Católica describe cómo la virtud teologal de la esperanza encuentra fundamento en la palabra de Jesús, afirmando que:

La esperanza es la virtud teologal por la que aspiramos al Reino de los cielos y a la vida eterna como felicidad nuestra, poniendo nuestra confianza en las promesas de Cristo y apoyándonos no en nuestras fuerzas, sino en los auxilios de la gracia del Espíritu Santo (1). Además, corresponde al anhelo de felicidad puesto por Dios en el corazón de todo hombre; asume las esperanzas que inspiran las actividades de los hombres; las purifica para ordenarlas al Reino de los cielos; protege del desaliento; sostiene en todo desfallecimiento; dilata el corazón en la espera de la bienaventuranza eterna (2).

La esperanza dona a la vida del hombre una ventana hacia lo Eterno. Somos bien conscientes, sin embargo, de que la respuesta a la pregunta sobre la meta del viaje cristiano puede encontrar una respuesta negativa, debido a las muchas influencias equivocadas que llegan del mundo; además, ante el miedo de pensar que no hay un después al final del viaje, es posible que la humanidad caiga en la desesperación. Si falta la virtud de la esperanza, también se derrumban las otras virtudes que se apoyan en ella. Hoy en día, a menudo se ironiza sobre este pilar de la vida de fe y se equivoca tanto que el dicho popular “quien de esperanza vive, desesperado muere” domina el tema. Se corre el riesgo, cada vez más acechante, de pensar que la esperanza es:

Una especie de trastero de los deseos no cumplidos […]. Hay que hacer entender, en cambio, que la esperanza es pariente cercana del realismo. Es la tensión de quien, encaminándose en una calle, ya ha recorrido un tramo y orienta sus pasos, con amor y trepidación, hacia la meta aún no alcanzada. Es un compromiso robusto, en resumen, que no tiene nada que ver con la fuga (3).

Es necesario tener presente, sin embargo, que la esperanza no es un don que se tiene por el solo mérito humano, sino que es una gracia que nace del deseo innato de ser felices. A través de Cristo muerto y resucitado, tal gracia, por la fuerza del Espíritu Santo, se inserta en el corazón de cada hombre y mujer: “este deseo es de origen divino”; Dios lo ha puesto en el corazón del hombre a fin de atraerlo hacia Él, el único que lo puede satisfacer (4). Escribo en la Bula de convocación para el Jubileo de 2025:

Todos esperan. En el corazón de toda persona anida la esperanza como deseo y expectativa del bien, aun ignorando lo que traerá consigo el mañana. Sin embargo, la imprevisibilidad del futuro hace surgir sentimientos a menudo contrapuestos: de la confianza al temor, de la serenidad al desaliento, de la certeza a la duda. Encontramos con frecuencia personas desanimadas, que miran el futuro con escepticismo y pesimismo, como si nada pudiera ofrecerles felicidad (5).

Tomando como punto de partida el pensamiento de don Tonino Bello y mis palabras y catequesis sobre la virtud de la esperanza, don Tommaso Giannuzzi ha intentado releer algunos aspectos de ella, que, a través de nuestras palabras, se convierten para el lector en una invitación a dejarse sorprender por esta fuerza que encuentra en el Resucitado su inicio y su culminación.A través del análisis de algunos escritos de monseñor Bello y principalmente a través de las catequesis sobre este tema que he dado en las audiencias de los miércoles del año 2017, el autor del texto intentará dar un rostro a esta fuente que brota en el corazón de la humanidad. Esta invitación se convierte, entonces, en un compromiso para hacer crecer en nosotros esta «niña», como también monseñor Bello solía definir esta gran virtud, apropiándose de las palabras y el pensamiento del gran poeta y escritor Charles Péguy:

Cuál no será preciso que sea mi gracia y la fuerza de mi gracia para que esta pequeña esperanza, vacilante ante el soplo del pecado, temblorosa ante los vientos, agonizante al menor soplo, siga estando viva, se mantenga tan fiel, tan en pie, tan invencible y pura e inmortal e imposible de apagar […].  Lo que me asombra, dice Dios, es la esperanza, y no salgo de mi asombro. Esta pequeña esperanza que parece una cosita de nada, esta pequeña niña esperanza, inmortal. (6).

Notas

(1) Catecismo de la Iglesia Católica, Librería Editrice Vaticana, Ciudad del Vaticano 1992, n. 1817 (de ahora en adelante: CCC).

(2) Ib, n. 1818

(3) A. Bello, Squilli di trombe e rintocchi di campane, en Escritos 3, Ed. La Nuova Mezzina, Molfetta (BA) 2014, p. 231. Las obras de mons. Bello están recogidas en los seis volúmenes editados por la editorial La Nuova Mezzina. Citaremos las obras a lo largo del texto haciendo referencia al volumen en que están contenidas con el encabezado Escritos 1, 2 etc. [Nota del autor].

(5) Francisco, Spes non confundit, Bula de convocación del jubileo ordinario del año 2025, 9 de mayo de 2024, n. 1.

(6) C. Péguy, Los Misterios, Jaka Book, Milán 1997, pp. 164-165.

Vía Crucis, el Papa: En un mundo de algoritmos, la economía de Dios no descarta

En las meditaciones escritas para la meditación del Viernes Santo en el Coliseo (Roma) esta noche, 18 de abril, presidido por el cardenal Baldo Reina; Francisco explica que el camino del Gólgota es el descenso de Jesús «hacia el mundo que Dios ama». Cristo, «clavado», se pone «en medio», «entre opuestos» y los lleva al Padre; su cruz «derriba muros», «establece la reconciliación».

Tiziana Campisi – Ciudad del Vaticano – Vatican News

Un camino propuesto a cada hombre, un camino para mirar dentro de uno mismo y reconciliarse con la propia conciencia, deteniéndose en los sufrimientos de Cristo camino del Calvario. Las meditaciones preparadas por el Papa Francisco para el Vía Crucis del Viernes Santo en el Coliseo, que el vicario general para la diócesis de Roma, cardenal Baldo Reina, preside esta tarde, 18 de abril, por delegación del mismo Pontífice, muestran que el camino de la cruz es el descenso que Jesús hizo hacia los que amaba, «hacia el mundo que Dios ama» (estación II). Y es también «una respuesta, una asunción de responsabilidad» por parte de Cristo. Aquel que, «clavado», intercede, se coloca «entre las partes, entre los opuestos» (estación XI) y los lleva a Dios, porque su «cruz derriba muros, cancela deudas, anula juicios, establece la reconciliación». Jesús, «el verdadero Jubileo», que se despoja de sus vestiduras, se revela «íntimo incluso con los que le destruyen» y mira a «aquellos» que le denigran «como personas queridas que el Padre» le ha confiado, muestra que quiere salvar «a todos, a todos» (10ª estación).

TEXTO COMPLETO DEL VÍA CRUCIS 2025

La economía de Dios

En las reflexiones del Pontífice hay una invitación a salir de los propios esquemas, a comprender «la economía de Dios» -que «no mata, no descarta, no aplasta. Es humilde, fiel a la tierra»- y el camino de Jesús, el «de las Bienaventuranzas», que «no destruye, sino que cultiva, repara, custodia» (3ª estación). Pero es en la «economía divina» (7ª estación), tan distinta de las economías actuales hechas «de cálculos y algoritmos, de lógica fría e intereses implacables», en la que insiste Francisco. Para los hombres, Cristo aceptó la cruz y esa carga que se le impone «habla del soplo» que «le mueve, ese Espíritu “que es Señor y da la vida”» (II estación). A nosotros, en cambio, «nos falta el aliento a fuerza de eludir la responsabilidad». Pero «bastaría no huir y permanecer: entre aquellos que nos has dado, en los contextos en los que nos has colocado», exhorta el Papa, para comprometernos, porque «sólo así» dejamos de «ser prisioneros» de nosotros mismos. Pesan, pues, el «egoísmo» y la «indiferencia».

El Vía Crucis, oración de los que se mueven

En la introducción a las 14 Estaciones, Francisco escribe que en los pasos de Jesús camino del Gólgota «está nuestro éxodo hacia una nueva tierra», porque Cristo «vino a cambiar el mundo», y por eso debemos «cambiar de dirección, ver la bondad de» sus «pasos». Por eso «el Vía Crucis es la oración de los que se mueven. Interrumpe nuestros caminos habituales». Y es un camino que «nos cuesta» el de Jesús, «en este mundo que lo calcula todo» y donde «la gratuidad tiene un alto precio». Pero «en el don», señala el Papa, «todo vuelve a florecer: una ciudad dividida en facciones y desgarrada por los conflictos avanza hacia la reconciliación; una religiosidad marchita redescubre la fecundidad de las promesas de Dios» e «incluso un corazón de piedra puede transformarse en un corazón de carne».

La libertad del hombre

La sentencia de muerte de Jesús es la señal para recordar «el juego dramático de nuestras libertades» (Estación I). De la confianza «irrevocable» con la que Dios se pone «en nuestras manos», presagio de una «santa inquietud», podemos sacar «maravillas», subraya Francisco: «liberar a los injustamente acusados, profundizar en la complejidad de las situaciones, oponerse a los juicios que matan». Sin embargo, somos «prisioneros» de «roles» de los que no queremos «salir, preocupados por las molestias de un cambio de rumbo», por lo que a menudo «dejamos caer» la «posibilidad» del «camino de la cruz». Sin embargo, Cristo, «silencioso ante nosotros en cada hermana y hermano expuesto a juicios y prejuicios», nos provoca, pero «mil razones», «argumentos religiosos, argucias jurídicas» y «el aparente buen sentido que no se implica en el destino de los demás» nos hacen como Herodes, los sacerdotes, Pilato y la muchedumbre. A pesar de ello, Jesús no se lava las manos, ama «quieto en silencio». El tema de la libertad se repite en la undécima estación: Cristo es clavado en la cruz y «nos muestra que en toda circunstancia hay una elección que hacer». Es «el vértigo de la libertad». Jesús elige prestar «atención» a los dos hombres crucificados a su lado, dejando «pasar los insultos de uno» y acogiendo «la invocación del otro». Y no olvida a los que le clavaron en el madero, pide perdón por «los que no saben lo que hacen» y los conduce a Dios.

Caer y levantarse

La tercera estación representa a Jesús «cayendo por primera vez», una imagen de la que aprendemos que «el camino de la cruz está trazado profundamente en la tierra: los grandes se caen de él, querrían tocar el cielo. En cambio, el cielo está aquí, está bajado, uno se lo encuentra incluso cayendo, permaneciendo en tierra». En su segunda caída (7ª estación), en cambio, Cristo enseña a leer «la aventura de la vida humana»: «caer y volver a levantarse; caer y aún volver a levantarse», observa el Papa, para que los hombres «vacilen, se distraigan, se pierdan» y también «conozcan» «la alegría: la de los nuevos comienzos, la de los renacimientos». Pero son «únicos, entrelazados con la gracia y la responsabilidad». Jesús, haciéndose «uno de nosotros» no «temió tropezar ni caer», y, sin embargo, hay «quien se avergüenza de ello, quien hace alarde de infalibilidad», consideró el Pontífice, «quien esconde las propias caídas y no perdona las de los demás, quien niega el camino» elegido por Cristo, quien, sin embargo, cuida de cada uno «como de la única oveja descarriada». Por el contrario, hoy existen economías inhumanas, en las que «noventa y nueve vale más que uno», porque lo que «hemos construido» es «un mundo de cálculos y algoritmos, de lógica fría e intereses implacables». La «economía divina», en cambio, «es otra», y por eso, volverse a Cristo que cae y resucita «es un cambio de rumbo y de ritmo». Conversión que nos devuelve la alegría y nos lleva a casa». Finalmente, con su tercera caída, Jesús, Hijo de Dios, que está libre de pecado, «se acerca a cada pecador» -amando sus corazones y calentándolos-, resucita y nos pone «de nuevo en el camino nunca pisado, audaz, generoso». «De nuevo en tierra, en el camino de la cruz» Cristo es “el Salvador de esta tierra nuestra”.

Como cirineos

En los distintos personajes del Vía Crucis, Francisco identifica experiencias que todo hombre puede vivir. Como la de Simón de Cirene (5ª estación), que al volver del campo se detiene para ayudar a Jesús a llevar la cruz. Este hombre, que se encuentra cargando la cruz de Cristo «sin haberlo pedido», nos hace comprender que «uno puede encontrarse con Dios» incluso por casualidad, cuando la «dirección» de uno es otra, reconoce el Papa. Pero el yugo de Jesús «es dulce» y su «peso es ligero», leemos en el Evangelio, y Él ama «implicarnos» en su «obra, que labra la tierra, para que vuelva a ser sembrada». En la realidad de hoy «necesitamos a alguien que a veces nos detenga», admite Francisco, «y ponga sobre nuestros hombros algún trozo de realidad que simplemente hay que cargar». Pero si se trabaja sin Dios «uno se dispersa», por eso «en el camino de la cruz surge la nueva Jerusalén» hacia la que hay que volverse como el Cirineo, cambiando de «camino» y trabajando con Jesús.

Las mujeres en el camino del Calvario

En las estaciones 4ª, 6ª y 8ª, surgen las figuras femeninas que se acercan a Jesús. María, en primer lugar, que restituye los rasgos del seguimiento: no «una renuncia, sino un descubrimiento continuo, hasta el Calvario», un «hacer sitio» a la «novedad» de Dios. Ella, «la primera discípula», nos ayuda a comprender que para Cristo «madre» y «hermanos son los que escuchan y se dejan cambiar. No hablan sino que hacen», porque “en Dios las palabras son hechos, las promesas son realidad”, y además María nos devuelve al mundo con su fe. Luego está la Verónica, que enjuga amorosamente el rostro de Jesús, invitándonos a mirar ese rostro en el que se lee claramente «la decisión de amarnos hasta el último suspiro: e incluso más allá, porque fuerte como la muerte es el amor». Un rostro que cambia «nuestro corazón», señala Francisco, porque Jesús se entrega «a nosotros, día tras día, en el rostro de cada ser humano», y por eso «cada vez que nos volvemos a los más pequeños» prestamos «atención» a sus «miembros». Las «hijas de Jerusalén», por su parte, recuerdan el especial entendimiento que Cristo estableció con las mujeres. Pero ante su compasión y sus lágrimas, Jesús recomienda llorar más bien por las nuevas generaciones. Hoy, sin embargo, son necesarias «lágrimas de reconsideración de las que no debemos avergonzarnos», señala el Papa, «lágrimas que no deben encerrarse en privado», especialmente por «nuestra convivencia herida» que «en este mundo roto, necesita lágrimas sinceras, no lágrimas de circunstancia».

Jesús está entre los que aún esperan

Al final del Vía Crucis, el conmovedor retrato de Jesús depuesto de la Cruz (13ª estación) y entregado a José de Arimatea, «que “esperaba el Reino de Dios”», sugiere que Cristo está «entre los que aún esperan, entre los que no se resignan a pensar que la injusticia es inevitable» y nos capacita «para una gran responsabilidad», nos hace «audaces». Por último, la decimocuarta estación nos introduce en el silencio del Sábado Santo. Ante la muerte de Cristo, «en un sistema que no se detiene nunca», Francisco eleva una oración fuerte: «Enséñanos a no hacer nada, cuando sólo se nos pide esperar. Edúcanos en los tiempos de la tierra, que no son los del artificio». Jesús, «acostado en el sepulcro», comparte «la condición que todos compartimos» y alcanza «los abismos que tanto nos asustan» y de los que «escapamos multiplicando nuestras actividades», volviéndose «a menudo en vano». Cristo parece ahora «dormir en el mundo tormentoso», pero con su resurrección, que implicará a toda la creación, habrá paz entre todas las naciones.

Un faro de esperanza para los niños con VIH/SIDA en India

En un país en el que el VIH/SIDA lleva todavía una profunda marca distintiva, una pequeña escuela residencial en Jharkhand está transformando las vidas. La Snehdeep Holy Cross Residential School de Banahappa ofrece educación, asistencia sanitaria y un refugio para los niños contagiados y afectados por el VIH/SIDA. Creada en el 2014 con tan solo 45 estudiantes, ahora acoge a 230 niñas, demostrando que la compasión y la perseverancia pueden romper las barreras.

Sor Margaret Sunita Minj, SCSC – Ciudad del Vaticano – Vatican News

El viaje de la Snehdeep Holy Cross Residential School inició en mayo del 2014, cuando sor Britto Madassery, enfermera cualificada y fundadora de la escuela, junto a sus hermanas, asistió a las duras realidades afrontadas por los niños que viven con el VIH/SIDA. Durante las visitas familiares, se dieron cuenta de que muchos de estos niños no iban a la escuela debido a la estigmatización, las dificultades financieras o problemas de salud. El hecho aún más preocupante era que los tutores a menudo eran indiferentes a su bienestar y los abandonos escolares debido a motivos médicos eran comunes. Una historia conmovió profundamente a sor Britto: un chico abandonado por sus padres que habían emigrado al extranjero para huir del estigma social. A continuación, fue encerrado en prisión, no por un crimen, sino simplemente para impedirle difundir la enfermedad. “También las personas infectadas de VIH tienen una vida. ¿Quién soy yo por ponerles en discusión y rechazarlos?”, reflexionaba. Otra vez, tuvo una visión de Madre Teresa, que le dijo: “He venido a saludarte. Ahora, toma en tus manos mi trabajo”. Estos fuertes momentos llevaron a sor Britto a dedicar su vida a esta causa.

Decidida a actuar, el 9 de julio de 2014 las hermanas tuvieron una sesión de consulta para padres y niños seropositivos, conducida en conjunto por el Consejo del Proyecto Educativo del Estado de Jharkhand (JEPC) y del Centro de Cuidado de la comunidad de la Santa Cruz de Snehdeep. Dos meses después, el 23 de septiembre de 2014, fue fundado el Snehdeep Holy Cross Residential School en dos pequeñas salas de la St. Michael’s Hearing-Impaired School de Hazaribagh. Al principio había solo dos profesores: un consultor, un profesor de juegos, un cocinero, un guardia y un director.

Construir de cero

Con el aumento del número de niños, la escuela ha tenido que cambiar sede seis o siete veces antes de establecerse en Banahappa en 2017. Sin embargo, el viaje no ha estado privado de dificultades. Muchos – incluidos religiosos – miraban de arriba abajo a sor Britto, y algunos se negaban incluso a dejarla entrar en sus salas, llamándola la “Hermana del SIDA”. “¡Una de mis amigas dijo que no me permitiría entrar en su habitación! Decían: ‘mira, la hermana del SIDA está viniendo a pedir comida’”, ha recordado sor Britto. Conseguir el terreno ha sido otro gran desafío, ya que los funcionarios gubernamentales habían rechazado la iniciativa, afirmando que estos niños eran “inútiles” para la sociedad.  Pero la perseverancia ha dado sus frutos. Un Swami hindú, observando los esfuerzos incansables de sor Britto, decidió financiar el terreno para la escuela. Un ulterior apoyo llegó por parte del padre Crotty, un jesuita australiano que ha contribuido a financiar el albergue, y Manos Unidas, que ha contribuido a la construcción de la escuela. La Organización Nacional para el Control del SIDA (NACO) intervino para cubrir los gastos médicos, mientras que el gobierno indio asumió la responsabilidad de los sueldos del personal, de la comida y de los uniformes. CRS también ha brindado asistencia médica. “Cuando hacemos el trabajo de Dios, Él cuida de nuestras necesidades”, dice a menudo sor Britto.

Educación y un futuro más allá del estigma

Snehdeep Holy Cross Residential School ofrece oportunidades de desarrollo holístico a los niños que viven con VIH/SIDA y a aquellos cuyos padres están infectados con VIH. Más allá de la educación, la escuela garantiza que los niños reciban una adecuada asistencia sanitaria, una formación profesional y la formación del carácter. La educación nutre los talentos de cada niño, ya sean escolares, artísticos, en jardinería o deporte, y les ayuda a alcanzar su pleno potencial. La escuela ofrece educación hasta octavo grado, pero se están realizando esfuerzos para ampliarla a décimo grado. “Me complace informarles que nuestra escuela pronto llegará al décimo grado. Se están realizando los trámites necesarios para ello. Después del octavo grado, nuestros estudiantes asisten a la escuela pública cercana y completan sus estudios”, compartió sor Britto.

Un reconocimiento merecido

En septiembre de 2024, sor Britto fue galardonada con el premio “Sostenibilidad de la misión y del ministerio” en el 81ª Asamblea General Anual (AGBM) en el St. John’s Medical College, Bangalore, por su dedicación a la educación y a la mejora de los niños afectados por el VIH/SIDA. También los medios de comunicación de Hazaribagh han reconocido su trabajo, evidenciando posteriormente el impacto de su misión. Sor Britto pertenece a la Congregación de las Hermanas de la Misericordia de la Santa Cruz, una congregación religiosa presente en India desde 1894. Su misión permanece firme: “Impulsadas por el amor compasivo del Señor, desafiadas por las exigencias del tiempo y como partícipes del misterio de la muerte y resurrección de Cristo, nos comprometemos a proclamar la Buena Noticia y a luchar por la creación de una nueva sociedad de individuos, familias y comunidades sanas, en particular por los menos privilegiados”.

La Snehdeep Holy Cross Residential School, gestionada por las Hermanas, es un testimonio de lo que se puede realizar cuando la compasión encuentra la acción.

“Los Rostros del Evangelio”, el Papa reflexiona sobre ‘la viuda de Naín’

El quinto episodio de los 18 que componen ‘Los Rostros del Evangelio’, repropuesto por Vatican News en este tiempo de Pascua, se centra en ‘la viuda de Naín’: “Ya ha perdido a su marido y ahora acompaña a su hijo al cementerio”.

“La misericordia toma aquí el nombre de la gran compasión hacia una mujer que había perdido a su marido y ahora acompaña al cementerio su único hijo”, así relata el Papa Francisco algunos de los encuentros con Jesús en el programa, emitido en prime time el Domingo de Pascua de 2022 en Rai Uno, editado por el Dicasterio para la Comunicación en colaboración con la Biblioteca Apostólica Vaticana, los Museos Vaticanos y Rai Cultura.  Los autores de la serie son Andrea Tornielli y Lucio Brunelli, la dirección y la fotografía son de Renato Cerisola, la música original de Michelangelo Palmacci.

Vatican News

Revolución Tendencial soterrada (III) o los rostros que no pudo ni destruir ni manchar el lodo

“¡Ah, qué paz! Palidecen las aguas mansas del lago Titisee cuando se contemplan esos ojos…”

 Gaudium Press Antes de seguir con ejemplos de acción tipo Revolución Tendencial —en esta mini serie sobre ese trascendental hallazgo intelectual de Plinio Corrêa de Oliveira que estamos desarrollando— pensé que al mismo tiempo que se va ejemplificando su acción de lodo que ensucia todo lo bueno, se ilustre ya al lector, de la forma más asequible posible, en qué es particularmente lo que esa maléfica acción tendencial destruye, que es fundamentalmente la Templanza en el alma.

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Efectivamente, destruida la Templanza en una sociedad, ya está el camino trazado desde el santo medieval hasta el hippie, pues el orgullo y la sensualidad que ahí se generan van pidiendo por su propio dinamismo llegar hasta el paroxismo de una sociedad anárquica y libertaria, de acuerdo con las tesis expuestas en el ensayo Revolución y Contra Revolución.

—Pero, ¿cómo mostrar lo que es un alma en Estado de Templanza?, fue entonces la cuestión que me planteé ejemplificar, pues ahí sería más fácil evidenciar la acción de la Revolución en las Tendencias que justamente destruye ese estado de mar en calma de las pasiones.

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Foto: Anna Jewels / Unplash

—Podríamos pensar en un bello lago, de esos que aún perviven en Europa, por ejemplo uno en medio de la Selva Negra como el Titisee, con una digna cabaña de madera en su orilla en la que se esté calentando el té de la tarde, mientras se termina de resguardar la leña recogida en el día, que servirá para calentarse en invierno, pensé. Ese ambiente sería un ejemplo de pasiones en estado de temperancia.

Pero ahí se me ocurrió algo más católico, y creo más ilustrativo —pues al ser humano lo que más lo tocan son las personas— y es profundizar en los rostros de los santos, a la búsqueda de su Templanza. El Santo, en esa perspectiva, es quien triunfó de los embates de la Revolución Tendencial, alguien que con el auxilio de la gracia no permitió que la Revolución Tendencial despertase el orgullo igualitario y la sensualidad desbocada que dormitan en toda alma.

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Está, creemos, encontrada la llave que abre una de las puertas de ese Castillo. Entremos en él.

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¡Ah, qué paz! Palidecen las aguas mansas del lago Titisee cuando se contemplan los ojos de Santa Gema Galgani (1878-1903). Ella es paz, una paz que uno diría no requiere ya ningún freno para que las pasiones de su alma no la desordenen, no la amenacen. Es una paz contemplativa, de quien ya encontró eso arriba que tanto ansiaba, y no tiene más las ansias fútiles de estos pobres terráqueos que aún vivimos en la troposfera; una paz mística. Es también una paz que exhala bondad, pero una bondad que no corre, sino que se inclina con cierta lentitud sobre quien la requiere, desde lo alto de la terraza de su contemplación. Alguien diría que es arquetípicamente el rostro de la Templanza, pero sabemos que así como hay muchas estrellas en el cielo, hay muchos santos con sus respectivas templanzas.

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¡Ah, el Dr. Plinio!, (siempre sujetos aquí, al dictamen de la Iglesia, en lo que se refiere a los santos…) ya octogenario, pero donde se expresa una inocencia que podríamos calificar de infantil, de alguien que ve las cosas con la candidez de quien acabó de salir de las manos creadoras de Dios. Entretanto, detrás de su mirada también contemplativa, se percibe la decisión de quien ya batalló diez mil batallas, y tiene aún la energía y la firmeza de batallar las que encuentre en el camino que aún le resta. Y en el fondo Templanza, la paz de un caballero que con yelmo y escudo mira los caminos de los hombres desde lo alto de la torre del castillo, no se hace ninguna ilusión sobre sus maldades, pero vive de la certeza de que el triunfador final siempre es Dios. Es la Templanza, de un león que observa, sereno, pero que puede saltar a la más fiera de las batallas en un instante, para después de atrapada la presa, regresar a su montículo desde donde sigue observando con señorío el panorama.

Teresa de Lisieux

O la Templanza de esta Santa Teresita, con sus ojos franceses vivos y al mismo tiempo serenos, que rápidamente penetran en el alma de quien la observa, tal vez para hacerme un leve reproche, porque hay siempre algo que no está en regla en mí. Ojos de leve y suave recriminación, pero sin acritud, que contienen una dulce invitación: ‘Te estoy viendo, desde mi encierro de remanso en este Carmelo, no puedo dejar de contemplar tus agitaciones, tus vanidades, tus nimiedades por cosas tontas, también tus impurezas. Pero yo que soy grande también soy pequeña, y te invito que sigas mis pasos hacia un reino azul, donde está el sosiego, también está la cruz, pero se halla la paz’. Es la mirada de la indagación dulce y bendita, otra mirada de la Templanza.

Pasiones en calma, pasiones dominadas, pasiones reguladas, pasiones en estado de Templanza. Pasiones ajenas al orgullo igualitario que engendró el comunismo, o a la sensualidad desbocada que clama por el amor libre. Pasiones modeladas por la Templanza, pasiones que construyen el Reino de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana.

¿Qué es la Revolución Tendencial? Es lo contrario de esas miradas, es todo lo que intente sacarlas de su reino, ofreciéndoles el plato maldito de una auto-estima no merecida, o el meloso postre indigesto de un placer de los sentidos enloquecido.

Revolución Tendencial es todo lo que intente sacarnos de esa paz, de ese reino, desde una melodía melosa que encienda el romanticismo hasta otra cacofónica que electrice los nervios y las venas, desde una combinación de colores de neón que apague la luz de las estrellas y la de la aurora boreal, hasta una simplicidad gris ratón comunista que generalizada niegue la grandeza del hombre. Revolución Tendencial es eso y mucho más.

Por Saúl Castiblanco

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En Belén, un pesebre; en el Calvario, una Cruz

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En una discusión entre artesanos, trataban de deliberar cuál era el material más noble y preciado que existía en el mundo: cada uno de los presentes esgrimía con gran vehemencia y ostensibles muestras de convicción por qué el suyo era el más distinguido. Un veterano carpintero escuchaba interesado el argumentario de sus colegas hasta que alzó el brazo, dispuesto a participar en tan acalorado debate, no sin la sorpresa de los allí presentes. ¿Cómo iba a ser la madera el material más noble, existiendo el oro, la plata o las piedras preciosas?

Con el semblante serio, pero al mismo tiempo afable, tomó la palabra diciendo: “Queridos compañeros y amigos; con grande paciencia he atendido a todas vuestras exposiciones. Razón lleváis en ellas: el oro, muestra del lujo y del poder, es insustituible; el hierro, resistente y duradero, asegura y forja las defensas de nuestros hogares; la seda permite al rico vestir con extrema elegancia…Mas todos estos materiales de los que aquí habláis, siendo verdaderamente importantes, nunca tendrán la vitalidad y la calidez de la madera”.

“Ninguno de ellos sirvió en los momentos más importantes de la humanidad, pero sí lo hizo la madera. En una cueva abandonada, un carpintero transformaba un comedero de animales en el lecho divino: un pesebre de madera para dar reposo y descanso a Dios hecho Niño. Treinta y tres años después, un áspero madero volvería a recoger el celestial cuerpo, completamente llagado y ensangrentado.
Decidme vosotros cuál de vuestros preciados tesoros puede compararse con tan alto honor y estaré encantado de dar razón a vuestro argumento”.

El papel del cristiano en esta vida es similar al de la madera: allí donde estemos, ser de utilidad. “…santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para responder con mansedumbre y reverencia a cada uno que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros” (Pedro 3:15)

Muchos, con sus vidas, pueden ocupar el papel primero de ser lecho divino; otros sostendrán en alto la realeza de Cristo, a través de la Cruz; los más abnegados, crepitando y chisporroteando en el fuego de la cueva de Belén, para dar calor a un bebé en los brazos de su Madre.

Dos mil años después, volvemos a revivir el sacrificio cruento de la Redención. Los que antaño alfombraban de palmas las calles de Jerusalén, mientras vitoreaban a Jesús de Nazaret, deseando su proclamación como rey, lo convertían horas después en monarca de la burla y de la chanza, eligiendo a un ladrón y asesino para ser liberado y gritando en alta voz “¡crucifícale!”

¿Hasta dónde estoy dispuesto a llegar? ¿Quiere el Señor que sea madera, hierro o piedra preciosa? ¿Le pregunto insistentemente qué espera de mí, qué quiere de mí? De forma casi tradicional, durante el tiempo cuaresmal y especialmente en Semana Santa, en muchas predicaciones y homilías los sacerdotes instan a los fieles a reflexionar sobre el papel que desempeñan en la Pasión de Cristo.

¿Qué lugar ocupo en ella? ¿Participo activamente o soy un simple espectador? ¿Acompaño a Jesús o lo fustigo con furia cuando cae? Con su Cruz, Dios no solo nos redime de nuestros pecados si no que, en medio de nuestras miserias e infidelidades constantes, nos proporciona dónde agarrarnos.

Francisco Javier Domínguez

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