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El Papa invita a hacer germinar la esperanza pascual en nuestras vidas

En su homilía durante la Vigilia Pascual en la Basílica vaticana, leída por el cardenal Giovanni Battista Re, decano del Colegio Cardenalicio, el Pontífice invitó a “no perder el valor” volviendo siempre a la noche en la que las tinieblas se transformaron en luz.

Sebastián Sansón Ferrari – Ciudad del Vaticano – Vatican News

“¡Hagamos espacio a la luz del Resucitado! Y nos convertiremos en constructores de esperanza para el mundo”. Esta exhortación fue el núcleo de la homilía escrita por el Papa Francisco para la Vigilia Pascual del Sábado Santo, 19 de abril de 2025. La celebración fue presidida por el Cardenal Giovanni Battista Re, decano del Colegio Cardenalicio, y concelebrada por 34 cardenales, 24 obispos y 260 sacerdotes, en una Basílica de San Pedro colmada de unos cinco mil fieles, incluidos los que siguieron la liturgia desde la plaza. Una noche santa —madre de todas las vigilias— en la que Cristo, Salvador del mundo, venció las tinieblas y resucitó de entre los muertos.

Luz que disipa las tinieblas

El rito del Lucernario dio comienzo en el atrio con la bendición del fuego nuevo. Desde allí partió la procesión hacia el Altar de la Confesión, portando el cirio pascual —en el que estaban grabados la cruz, las letras Alfa y Omega, las cifras del año jubilar 2025 y cinco granos de incienso—, que fue encendiendo las velas que poco a poco iluminaban toda la basílica. En medio del silencio solemne y de la penumbra inicial, cada fiel recibió la luz de su prójimo, en un gesto profundamente simbólico.

Así, la mirada pudo ampliarse en un espacio sagrado que se fue llenando de claridad, mientras se renovaba el misterio de la Resurrección. Luego, la Liturgia de la Palabra guió a los fieles por el recorrido de la historia de la salvación, culminando con el relato del Evangelio según san Lucas, que revive la escena de la piedra removida del sepulcro.

Aunque no presidió la liturgia, el Papa —que continúa su convalecencia en Casa Santa Marta— estuvo espiritualmente presente, como anunció el cardenal Re antes de leer el sermón. Más aún, Francisco se había acercado personalmente a la Basílica hacia las 17:30 para un momento de oración en privado, y aprovechó la ocasión para saludar a algunos peregrinos, como informó la Oficina de Prensa de la Santa Sede a través de su canal de Telegram.

Cardenal Sako: «Siempre hay lugar para la reconciliación»

Las palabras del cardenal Louis Raphaël Sako, patriarca de Bagdad de los Caldeos con ocasión de la Pascua: «Los cristianos de Oriente Medio viven en una situación de inestabilidad, en medio de guerras y violencias que amenazan el futuro»

Francesco Ricupero – Ciudad del Vaticano – Vatican News

“Siempre hay lugar para la reconciliación. Sólo debemos tener fe y esperanza. Es cierto que nos enfrentamos a tiempos difíciles. Los cristianos de Oriente Medio, pero también los que viven en otros países, vivimos en una situación de inestabilidad: las guerras y la violencia amenazan nuestro futuro; ni siquiera las condiciones económicas nos garantizan un clima sereno, pero esto no debe desanimarnos”

Así lo declaró a los medios de comunicación vaticanos el patriarca de Bagdad de los Caldeos, el cardenal Louis Raphaël Sako, con ocasión de la Semana Santa y de la Pascua.

Clima de inquietud y desconfianza

El cardenal recordó que no se respetan los valores humanos y a menudo se niegan los derechos fundamentales.

«Los cristianos, como minoría, vivimos en un clima de preocupación y desconfianza. Estamos convencidos de que Dios nos creó para vivir en paz como hermanos y hermanas y no para luchar o sufrir la violencia».

Para el purpurado, el recuerdo de cuando la bandera negra del Daesh ondeaba sobre la llanura de Nínive sigue vivo. Es cierto que el autodenominado Estado islámico ha sido derrotado «pero su ideología sigue siendo fuerte no sólo en Iraq, sino también en otras regiones de Oriente Próximo. Por desgracia, cientos de miles de familias han tenido que abandonar el país y muchas nunca han regresado a casa».

Durante estos días, la comunidad cristiana caldea participa activamente en los oficios litúrgicos y en las iniciativas promovidas por las parroquias, «particularmente el Domingo de Ramos, nuestras iglesias estaban llenas de fieles – cuenta el patriarca – muchas familias con niños que rezaban a Dios para pedirle paz, armonía y serenidad. Cada uno de nosotros, cada día, tiene una necesidad desesperada de Jesús, que puede conducirnos hacia el amor y la gracia».

La polarización del mundo

El cardenal también se refirió a las poblaciones atormentadas por la guerra, el hambre y la violencia. En particular, mencionó a los ucranianos y a las poblaciones de la Franja de Gaza.

“Vivimos en un mundo dividido, en el que un país quiere apoderarse del territorio de otro. Tenemos que trabajar a nivel internacional con más determinación y eficacia. Espero que la voz del Papa Francisco pueda tocar los corazones y convencer a los implicados en enfrentamientos armados de que depongan las armas y entablen un diálogo reconciliador”

«En esta Semana Santa – continuó el cardenal Sako – renovamos nuestra fe en Dios, el Dios que resucitó a Jesucristo y que puede ayudar a resolver tantos problemas críticos del mundo. Esta es nuestra esperanza en esta particular semana del año. Una Semana Santa que nos ayuda a reflexionar sobre las estaciones de la vida de Jesús y el significado profundo de esta Pascua de resurrección. Jesús es el modelo que debemos imitar. Centrémonos, pues, en Él, en nuestra elección de ser sus discípulos, para que nada nos impida seguirlo».

El ejemplo de Juan

El patriarca de Bagdad de los Caldeos, en su mensaje de Pascua, instó a los fieles a comportarse como Juan, hijo de Zebedeo, que se quedó con Jesús mientras otros discípulos huían, como las mujeres (María) que lo siguieron como discípulas en cada etapa de su vida hasta el final, o como Simón de Cirene que cargó con la cruz en su lugar, o como la Verónica que limpió la sangre y el sudor de su rostro. Para el cardenal Sako, «los discípulos deben esforzarse para que su fe no decaiga».

“La fe es un sentimiento profundo, una relación de amor y confianza en Dios, no un sentimiento de ‘fachada’. La fe es un ‘ser’ que guía nuestro comportamiento, no algo que poseemos y consumimos”

Y en referencia a los acontecimientos de la Pasión narrados en los Evangelios, el patriarca calificó de «vergonzosa» la actitud de la multitud que primero aclamó a Jesús al entrar en Jerusalén y luego gritó ante el gobernador romano Pilato: «¡Crucifícalo, crucifícalo!».

«La muerte no es el final – continuó el cardenal – y Jesús estaba seguro de que su vida no terminaría trágicamente. Hemos visto cómo la cruz se transformaba en gloria y celebración de la resurrección. Es como un segundo Éxodo. Las apariciones de Jesús a sus discípulos les dan fuerza y alegría para emprender una nueva vida y dar testimonio de Él. Su fe y confianza en Su resurrección – concluyó el patriarca – les hace crecer, fortalece su relación con Él y enriquece su camino de amor por Él y por los demás».

OCDE: La ayuda oficial al desarrollo baja un 7,1 por ciento

Once mil millones de dólares menos para proyectos de cooperación y ayuda humanitaria a los países más pobres y las previsiones para el año en curso son de un nuevo descenso de los fondos para el desarrollo. Para Francesco Petrelli, del Oxfam – Italia, «Los países ricos han traicionado sus promesas de ayuda y van camino de incumplir los compromisos internacionales adquiridos en la Agenda 2030»

Stefano Leszczynski – Ciudad del Vaticano – Vatican News

En el 2024, la ayuda oficial al desarrollo (AOD) de los países ricos se redujo en un 7,1%, lo que supone un recorte de más de 11.000 millones de dólares, privando sobre todo a los países más pobres – plagados por guerras, hambrunas y el impacto del caos climático – de recursos clave para garantizar bienes y servicios esenciales como la sanidad, la educación y la seguridad alimentaria a cientos de millones de personas.

La alarma del Oxfam
Los datos del Comité de Ayuda al Desarrollo de la OCDE (la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico) referidos a 2024 son alarmantes: «La financiación mundial de la ayuda ha pasado del 0,37% al 0,33% en relación con la renta nacional agregada de los países de la OCDE – explica Francesco Petrelli portavoz y asesor político sobre financiación del desarrollo del Oxfam Italia, el Comité de Oxford de Ayuda contra el Hambre – los países ricos han traicionado sus promesas de ayuda y van camino de no respetar los compromisos internacionales adquiridos».

Millones de vidas en peligro
Firmada el 25 de septiembre del 2015 por los gobiernos de los ciento noventa y tres Estados miembros de las Naciones Unidas y aprobada por la Asamblea General de la ONU, la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible consta de diecisiete Objetivos que deben alcanzarse antes del 2030, entre ellos el de destinar el 0,70% del PIB a la cooperación al desarrollo.

«En el punto en que nos encontramos, el objetivo del 0,70 puede olvidarse – afirma Petrelli – porque el problema hoy es cómo gestionar la situación con este colapso de recursos que se avecina en el 2025. Ya nos enfrentamos a una situación dramática para algunos países en términos de cierre de clínicas, de interrupción de los ciclos de vacunación de mujeres y niños, y en términos de apoyo a la investigación para luchar contra las pandemias».

“La Agencia de las Naciones Unidas que lucha contra el Sida calcula que la cancelación de la financiación en este ámbito podría causar seis millones y medio de muertes de aquí al 2029, es decir, millones de personas cuyas vidas corren peligro de aquí a tres años”

El peso de los recortes estadounidenses
Las cifras certificadas por la OCDE, sin embargo, se refieren a la caída de la ayuda oficial en el 2024, pero el Oxfam también señala que los recortes de ayuda para las emergencias humanitarias más graves aumentarán significativamente en el 2025 debido a la cancelación de la ayuda de la UsAid, la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional. Según las primeras estimaciones de la OCDE, la caída de la ayuda oficial mundial en el año en curso podría situarse entre el 9% y el 17% el próximo 2026.

«Hasta la fecha, Estados Unidos ha sido el mayor donante del mundo, cubriendo alrededor del 30% de la Ayuda pública al desarrollo mundial – añade Francesco Petrelli – pero los efectos de la cancelación de la ayuda UsAid, en los primeros meses de la administración Trump, aunque aún no son totalmente previsibles, podrían tener efectos devastadores para millones de personas, produciendo crisis e inestabilidad».

Efecto bumerán
Sólo hay que pensar en la alarma lanzada recientemente por ACNUR, la agencia de la ONU para los refugiados, sobre la dificultad de ayudar a la población que huye de los conflictos en la República Democrática del Congo o Sudán, que viven actualmente la crisis humanitaria más grave del mundo y una emergencia de refugiados que afecta a gran parte de África Oriental. Para este año, por ejemplo, ya se han cancelado sesenta y cuatro millones de dólares de ayuda para Sudán del Sur y Chad. Dos de los países más pobres del mundo, que están acogiendo a millones de refugiados sudaneses.

«Asistir pasivamente o incluso compartir esta visión política de la reducción de la ayuda – afirma Petrelli del Oxfam Italia – es indicativo de una grave miopía por parte de los Estados más ricos, ya que corre el riesgo de generar un verdadero cortocircuito que inevitablemente se reflejará en Europa y en todo el llamado norte global».

Pascua en Tierra Santa, Padre Patton: no nos quedemos presos en una tumba vacía

El Custodio de Tierra Santa invita a los fieles a celebrar la resurrección de Jesús no dejándose atrapar «por la pesada piedra de las circunstancias que nos toca vivir, que hablan de fracaso y de muerte: guerras, pandemias, terremotos, crisis económicas, catástrofes naturales y catástrofes causadas por nuestra imprudencia humana y, a veces, incluso por nuestra crueldad humana».

Padre Francesco Patton ofm – Vatican News

Desde hace nueve años tengo el privilegio de celebrar la Pascua en los lugares que recuerdan la resurrección de Jesús y sus primeras apariciones: el sepulcro vacío y las capillas cercanas que recuerdan el encuentro con su madre, con María Magdalena y con las mujeres; Emaús donde Jesús se da a conocer al partir el pan; el cenáculo donde se aparece a los discípulos la noche de Pascua y ocho días después.

Este año, mi pensamiento pascual procede de Tabga, que está a orillas del mar de Galilea, no lejos de Cafarnaún, del monte de las Bienaventuranzas y de Magdala.

A Magdalena le había pedido Jesús que anunciara a sus hermanos y hermanas que había resucitado e iba delante de ellos a Galilea, y que allí volverían a encontrarse con Él, donde todo había comenzado, tres años antes.

En Tabga, a orillas del lago, Jesús se aparece a Pedro y a otros seis discípulos que intentan pescar, como si hubieran desechado su llamada porque estaban abrumados por la muerte del Maestro. En Tabga, Jesús resucitado se aparece al amanecer, cuando ya no es de noche pero aún no es de día. Aparece cuando es más difícil reconocer su rostro, pero no su voz.

El Resucitado aparece y pide de nuevo pescar cuando pescar es inútil. Pide, es decir, confiar en Él, una vez más y plenamente. Porque sólo Él es capaz de derribar nuestros fracasos y llenar nuestros vacíos.

Aparece el Resucitado y le hace a Pedro la pregunta más importante, la misma que nos hace a nosotros: «¿Me amas más que a nada y que a todos? Si me amas de verdad puedes empezar a seguirme de nuevo. Si me amas de verdad, puedes empezar a cuidar de las personas que te confío. Si me amas de verdad también puedes dar tu vida hasta el final, hasta el final, como yo».

Si queremos celebrar la Pascua, si queremos celebrarla plenamente, también nosotros debemos aprender a no permanecer prisioneros de una tumba vacía.Jesús resucitado va delante de nosotros y camina delante de nosotros.

Si queremos celebrar la Pascua, no podemos quedarnos prisioneros de nuestros fracasos personales: tanto en el plano humano como en el religioso.

Si queremos celebrar la Pascua, tampoco podemos permanecer aplastados bajo la pesada piedra de las circunstancias que nos toca vivir, que hablan de fracaso y de muerte: guerras, pandemias, terremotos, crisis económicas, catástrofes naturales y desastres causados por nuestra imprudencia humana y, a veces, incluso por nuestra crueldad humana.

Jesús resucitado ya ha superado todo esto y sólo nos pregunta: «¿Me amas hasta el punto de confiar totalmente en mí?¿Estás dispuesto a empezar de nuevo conmigo?

¿Estás dispuesto a ponerme de nuevo en el centro de tu vida?». Entonces y sólo entonces podrá decirnos de nuevo: «Sígueme, cuida de las personas que te confío y aprende conmigo a dar la vida».

Entonces, y sólo entonces, también seremos capaces de reconocerle presente cuando ya no es de noche, pero todavía no es de día, y experimentaremos que esperando en Él nunca nos veremos defraudados, engañados o confundidos, y podremos caminar con confianza, acompañados por Él, por los caminos del tiempo hacia la Pascua eterna.

Cardenal Parolin recibe en audiencia al vicepresidente de los Estados Unidos

Esta mañana fue la audiencia del Vicepresidente de los Estados Unidos de América, James David Vance, con la Secretaría de Estado de Vaticano. Hubo un intercambio de puntos de vista sobre la situación internacional, especialmente sobre los países marcados por la guerra.

Vatican News

Esta mañana, 19 de abril de 2025, James David Vance -Vicepresidente de los Estados Unidos de América- ha sido recibido en la Secretaría de Estado por el Cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado, acompañado por el Arzobispo Paul Richard Gallagher, Secretario para las Relaciones con los Estados y las Organizaciones Internacionales.

Así lo anunció la Oficina de Prensa de la Santa Sede, informando además que durante la cordial conversación se expresó satisfacción por las buenas relaciones bilaterales existentes entre la Santa Sede y los Estados Unidos de América, y se renovó el compromiso común de proteger el derecho a la libertad religiosa y a la libertad de conciencia. Hubo un intercambio de puntos de vista sobre la situación internacional, especialmente sobre los países marcados por la guerra, las tensiones políticas y las situaciones humanitarias difíciles, con especial atención a los emigrantes, los refugiados y los prisioneros, y también se trataron otros temas de interés común. Por último, se deseó una colaboración pacífica entre el Estado y la Iglesia católica de Estados Unidos, cuyo valioso servicio a los más vulnerables fue reconocido.

Ayer por la tarde, el Vicepresidente Vance había participado, con su esposa y sus tres hijos, en la Celebración de la Pasión del Señor en la Basílica de San Pedro, presidida por el Cardenal Claudio Gugerotti, Prefecto del Dicasterio para las Iglesias Orientales, delegado del Papa Francisco.

“Abandono total”: La cruz, camino de libertad y amor radical

El predicador de la Casa Pontificia, Fray Roberto Pasolini, pronunció la homilía durante la celebración de la Pasión del Señor en la Basílica de San Pedro, que por decisión del Papa fue presidida por el cardenal Claudio Gugerotti, prefecto del Dicasterio para las Iglesias Orientales. El religioso capuchino propuso la inteligencia de la Cruz como respuesta al dolor humano.

Sebastián Sansón Ferrari – Ciudad del Vaticano -Vatican News

En un Viernes Santo teñido de silencio, recogimiento y profundo simbolismo, este 18 de abril, el padre Roberto Pasolini, Predicador de la Casa Pontificia, ofreció una meditación que resonó como un eco poderoso en el corazón del Jubileo 2025 durante la celebración de la Pasión del Señor en la Basílica de San Pedro, tras la proclamación de la Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 18, 1–19, 42.

La ceremonia, presidida por el cardenal Claudio Gugerotti, delegado del Santo Padre (quien prosigue su convalecencia) y prefecto del Dicasterio para las Iglesias Orientales, reunió a cerca de 4.500 fieles. La liturgia, marcada por su sobriedad y profundidad, constó de tres partes: la Liturgia de la Palabra, la adoración de la Cruz y la comunión.

En ese marco solemne, el predicador capuchino invitó a contemplar no el fracaso del Hijo de Dios, sino su triunfo oculto en el madero. “La cruz no calcula, sino que ama”, afirmó. Y frente a un mundo impulsado por inteligencias artificiales y algoritmos que definen deseos y decisiones, Pasolini planteó una inteligencia distinta, profundamente relacional, capaz de amar, de entregarse y de confiar.

Una fe que se afirma en la prueba

A partir de tres frases pronunciadas por Jesús durante su Pasión —“Soy yo”, “Tengo sed” y “Está cumplido”— Pasolini desarrolló un itinerario espiritual que invita a asumir el sufrimiento no como una derrota pasiva, sino como un acto libre de amor total.

El primer momento, “Soy yo”, pronunciado en el huerto de Getsemaní ante quienes iban a arrestarlo, revela que Jesús no fue una víctima del destino, sino que dio un paso al frente, aceptando activamente su pasión. Esa misma libertad, recordó Pasolini, es la que cada creyente puede encontrar al enfrentar el dolor: “Darse un paso adelante” es elegir confiar incluso en lo que no comprendemos, permaneciendo interiormente libres ante la adversidad.

El segundo momento, “Tengo sed”, revela el misterio de un Dios que no teme mostrar su necesidad. En la cruz, Jesús pide. Reconoce su vulnerabilidad. Y en ello, enseña que también nosotros, cuando aceptamos nuestra fragilidad sin vergüenza, nos abrimos al amor más verdadero, ese que nace no del poder, sino de la humildad de dejarnos ayudar.

Por último, “Está cumplido” expresa la plenitud de quien ha entregado todo. No se trata de resignación, sino de una afirmación final: la misión está realizada, el amor se ha consumado. Así, la cruz se revela como el lugar donde la debilidad es transformada en don, y donde el sufrimiento, abrazado con fe, se convierte en fuente de vida.

La Cruz: única dirección posible

Pasolini no evitó mencionar las tensiones de nuestro tiempo: la obsesión por el rendimiento, el individualismo rampante, la tentación de evitar todo límite o fracaso. Frente a esto, recordó que el camino cristiano no es otro que el de la cruz, no como símbolo de dolor sin sentido, sino como expresión suprema del amor que se da hasta el extremo.

A la luz del Jubileo, en el que el Papa ha propuesto a Cristo como “ancla de nuestra esperanza”, el predicador exhortó a todos a confiar plenamente en el misterio de la cruz, como “trono de gracia” donde encontrar misericordia y auxilio. Un gesto sencillo —acercarse en silencio a besar el madero— se convirtió así en profesión de fe viva, en renovación de la esperanza, en acto de abandono total.

Abandonarse como Cristo

En última instancia, la meditación de Fray Roberto Pasolini fue una invitación a hacer del abandono confiado el corazón de la vida cristiana. No un abandono resignado, sino una entrega libre, luminosa, como la de Jesús, que al inclinar la cabeza, “encomendó el espíritu”. En esta entrega, se revela la única verdad que salva al mundo: Dios es Padre. Y en Cristo, todos somos hermanas y hermanos.

En medio del dolor humano, del desconcierto, de los caminos inciertos, la cruz —como recordó el predicador— no es el final, sino la dirección. Y por ella, transita el amor más grande.

París acogerá las celebraciones por los 400 años de la congregación fundada por San Vicente de Paul

(ZENIT Noticias / París).- La Congregación de la Misión entra en su mes aniversario, en el cual celebrará 400 años de historia y servicio con una serie de eventos que culminarán en una Misa Solemne el 1 de mayo en París.

Las festividades comenzarán el domingo 27 de abril con un encuentro de más de 20 obispos y tres cardenales de la Congregación de la Misión, Franc Rodé, Bokalic Iglic y Berhaneyesus Demerew Souraphiel. Luego, más de 150 cohermanos en representación de las distintas provincias de la Congregación, participarán en un Triduo de preparación que se llevará a cabo en la Maison Mére de los misioneros Paúles (95 Rue de Sèvres, 75006), y que constará de una jornada de oración (lunes 28); la Peregrinación a Gannes y Folleville (martes 29); y, por último, una jornada de formación (miércoles 20).

El momento culminante será la Misa Solemne del jueves 1 de mayo, en la Iglesia de San  Eustaquio (Imp. St Eustache, Paris 75001), presidida por Mons. Emmanuel Tois, obispo auxiliar de París, en la que se rendirá homenaje a la herencia espiritual de San Vicente de Paúl y al compromiso de la Congregación con la evangelización y el servicio a los pobres.

El saludo del Papa Francisco: un llamado a la fidelidad misionera

En diciembre de 2024, el Papa Francisco envió un mensaje al Superior General de la Congregación, Padre Tomaž Mavrič, CM, en el que expresó su cercanía con la familia vicenciana y su deseo de que este aniversario sea una oportunidad para renovar el compromiso misionero: «Rezo para que este significativo aniversario sea una ocasión de gran alegría y de renovada fidelidad a la concepción del discipulado misionero, fundado en la imitación del amor preferencial de Cristo por los pobres». Este mensaje resuena hoy en los casi tres mil miembros de la Congregación de la Misión, que continúan evangelizando y sirviendo a los más pobres en 100 países.

El Santo Padre subrayó la importancia de este carisma para la renovación de la Iglesia y la atención a los más necesitados, especialmente en las periferias del mundo. También destacó el papel de los jóvenes en esta misión: «Espero que las celebraciones del cuarto centenario subrayen la importancia de la concepción de San Vicente sobre el servicio a Cristo en los pobres (…). Estoy convencido de que su ejemplo puede inspirar de manera especial a los jóvenes, quienes, con su entusiasmo y generosidad, están llamados a ser testigos audaces y valientes del Evangelio».

El legado de San Vicente que sigue transformando vidas

Fundada por San Vicente de Paúl en 1625, la Congregación de la Misión nació con la misión de evangelizar a los pobres y formar sacerdotes comprometidos con la caridad y la justicia.

San Vicente se dio cuenta de que servir a los más necesitados requería una estructura bien organizada, lo que le llevó, en 1617, a fundar las Damas de la Caridad, hoy Asociación Internacional de la Caridad (AIC) y, en 1633, junto con Santa Luisa de Marillac, a fundar las Hijas de la Caridad, la misma congregación a la que pertenecía Santa Catalina Labouré, la vidente de la Virgen María que recibió la revelación de la Medalla Milagrosa en 1830. Esta  congregación femenina es de tipo “revolucionario”, según palabras del Papa Francisco, por romper con la tradición de la clausura y llevar su labor directamente a las calles para asistir a los pobres y enfermos.

Desde su fundación, la Congregación de la Misión ha mantenido su compromiso con los más necesitados, una labor que hoy se manifiesta en iniciativas como la Alianza Famvin con las personas sin hogar, de la que forma parte la campaña «13 Casas», inspirada en el mismo espíritu que llevó a San Vicente a construir casas para los pobres en 1643.

Con este 400 aniversario, la Congregación de la Misión reafirma su compromiso con el Evangelio y el servicio a los pobres, inspirados en la visión de San Vicente de Paúl.

La familia vicenciana y todas las personas que lo deseen podrán participar de todas las misas a través del streaming disponible en el canal de YouTube de la Congregación.

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60.000 jóvenes a misa en Costa de Marfil: la vitalidad de iglesia católica en África

(ZENIT Noticias / Abiyán).- La tercera edición de la peregrinación juvenil diocesana de Abiyán, organizada por la Oficina Diocesana de Pastoral Juvenil, reunió a 60.000 jóvenes el domingo 30 de marzo en un encuentro de fe y compromiso social de las 72 parroquias de la diócesis de Abiyán.

La celebración tuvo lugar en el Estadio Olímpico Alassane Ouattara de Ébimpé, en Abiyán, capital de Costa de Marfil, bajo el lema “En este año sinodal, joven católico, sé actor de la paz y de la cohesión social”.

El padre Eugène Laurence Awouondji, capellán diocesano de la pastoral juvenil de la diócesis de Abiyán, comentó que el objetivo del encuentro fue “orar por la paz y la unión en Costa de Marfil, orar por un futuro mejor para los jóvenes en un país en paz”. En el acercamiento a Dios durante esta cuaresma, se promovió la unidad y el bien común ante la proximidad de las elecciones en el país.

El padre Eugène recordó las crisis pasadas que han marcado a la nación: “Con demasiada frecuencia, la juventud ha sido sacrificada en el altar de los intereses personales. Nos negamos a revivir tales tragedias. Esta movilización da fe del profundo deseo de paz de los jóvenes. Oramos por nuestras autoridades políticas y religiosas para que el Señor pacifique nuestros corazones, y Costa de Marfil siga siendo un remanso de paz”.

Varias personalidades asistieron al estadio para acompañar a los jóvenes, como los ministros del gobierno Vagondo Diomandé y Mamadou Touré. El clima de alegría y fervor en los cantos y momentos de oración estimuló a la importancia de aceptar a los demás en su diversidad. Sin que sea un obstáculo para la convivencia, sino una riqueza para el país.

El padre Norbert-Éric Abékan, secretario ejecutivo nacional de la Comisión de Justicia, Paz y Medio Ambiente, presidió la misa y llamó a los responsables políticos a preservar el futuro del país: “No dejen como legado a los jóvenes un país ensangrentado y en ruinas, sino una nación en paz”. E invitó a los jóvenes a tomar conciencia de su papel en la construcción de la paz; “La paz nace en los corazones. Si la llevan dentro de ustedes, entonces la sembrarán a su alrededor”.

El lema del encuentro inspiró el compromiso ciudadano. En tiempos de reflexión y compromiso, la peregrinación reforzó el espíritu de fraternidad y solidaridad, valores esenciales para la construcción de una nación fuerte y unida.

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El Papa: la esperanza dona a la vida del hombre una ventana hacia lo Eterno

Publicamos la introducción del Pontífice al libro del padre Tommaso Giannuzzi titulado “Profetas de esperanza. Don Tonino Bello y Papa Francisco”. En el texto, publicado por Àncora Editrice, el sacerdote salentino toma como referencia las palabras del Papa argentino y del obispo de Molfetta para intentar dar un rostro a la virtud de la esperanza, fuente que brota en el corazón de la humanidad.

Papa Francisco – Vatican News

Entre las muchas preguntas que el hombre se ha planteado a lo largo de la historia, una más que todas ha encontrado siempre una respuesta incierta, pero que puede permitir afrontar el evento del cual nace la pregunta primordial, es decir, la vida más allá de la muerte; ¿qué será del hombre después de la muerte?¿Qué será de mí? Todos somos conscientes de que nadie escapa al misterio de la muerte y que las múltiples interrogantes que surgen de este evento no pueden dejar de involucrar esa virtud que, más que ninguna otra, permite a cada hombre y mujer mirar más allá del límite humano: ¡la esperanza! Porque esperar es vida, es vivir, es dar sentido al camino, es encontrar las razones por las cuales seguir adelante motivando el sentido de nuestra existencia, de nuestro presente, de nuestro ser aquí, ahora. El Catecismo de la Iglesia Católica describe cómo la virtud teologal de la esperanza encuentra fundamento en la palabra de Jesús, afirmando que:

La esperanza es la virtud teologal por la que aspiramos al Reino de los cielos y a la vida eterna como felicidad nuestra, poniendo nuestra confianza en las promesas de Cristo y apoyándonos no en nuestras fuerzas, sino en los auxilios de la gracia del Espíritu Santo (1). Además, corresponde al anhelo de felicidad puesto por Dios en el corazón de todo hombre; asume las esperanzas que inspiran las actividades de los hombres; las purifica para ordenarlas al Reino de los cielos; protege del desaliento; sostiene en todo desfallecimiento; dilata el corazón en la espera de la bienaventuranza eterna (2).

La esperanza dona a la vida del hombre una ventana hacia lo Eterno. Somos bien conscientes, sin embargo, de que la respuesta a la pregunta sobre la meta del viaje cristiano puede encontrar una respuesta negativa, debido a las muchas influencias equivocadas que llegan del mundo; además, ante el miedo de pensar que no hay un después al final del viaje, es posible que la humanidad caiga en la desesperación. Si falta la virtud de la esperanza, también se derrumban las otras virtudes que se apoyan en ella. Hoy en día, a menudo se ironiza sobre este pilar de la vida de fe y se equivoca tanto que el dicho popular “quien de esperanza vive, desesperado muere” domina el tema. Se corre el riesgo, cada vez más acechante, de pensar que la esperanza es:

Una especie de trastero de los deseos no cumplidos […]. Hay que hacer entender, en cambio, que la esperanza es pariente cercana del realismo. Es la tensión de quien, encaminándose en una calle, ya ha recorrido un tramo y orienta sus pasos, con amor y trepidación, hacia la meta aún no alcanzada. Es un compromiso robusto, en resumen, que no tiene nada que ver con la fuga (3).

Es necesario tener presente, sin embargo, que la esperanza no es un don que se tiene por el solo mérito humano, sino que es una gracia que nace del deseo innato de ser felices. A través de Cristo muerto y resucitado, tal gracia, por la fuerza del Espíritu Santo, se inserta en el corazón de cada hombre y mujer: “este deseo es de origen divino”; Dios lo ha puesto en el corazón del hombre a fin de atraerlo hacia Él, el único que lo puede satisfacer (4). Escribo en la Bula de convocación para el Jubileo de 2025:

Todos esperan. En el corazón de toda persona anida la esperanza como deseo y expectativa del bien, aun ignorando lo que traerá consigo el mañana. Sin embargo, la imprevisibilidad del futuro hace surgir sentimientos a menudo contrapuestos: de la confianza al temor, de la serenidad al desaliento, de la certeza a la duda. Encontramos con frecuencia personas desanimadas, que miran el futuro con escepticismo y pesimismo, como si nada pudiera ofrecerles felicidad (5).

Tomando como punto de partida el pensamiento de don Tonino Bello y mis palabras y catequesis sobre la virtud de la esperanza, don Tommaso Giannuzzi ha intentado releer algunos aspectos de ella, que, a través de nuestras palabras, se convierten para el lector en una invitación a dejarse sorprender por esta fuerza que encuentra en el Resucitado su inicio y su culminación.A través del análisis de algunos escritos de monseñor Bello y principalmente a través de las catequesis sobre este tema que he dado en las audiencias de los miércoles del año 2017, el autor del texto intentará dar un rostro a esta fuente que brota en el corazón de la humanidad. Esta invitación se convierte, entonces, en un compromiso para hacer crecer en nosotros esta «niña», como también monseñor Bello solía definir esta gran virtud, apropiándose de las palabras y el pensamiento del gran poeta y escritor Charles Péguy:

Cuál no será preciso que sea mi gracia y la fuerza de mi gracia para que esta pequeña esperanza, vacilante ante el soplo del pecado, temblorosa ante los vientos, agonizante al menor soplo, siga estando viva, se mantenga tan fiel, tan en pie, tan invencible y pura e inmortal e imposible de apagar […].  Lo que me asombra, dice Dios, es la esperanza, y no salgo de mi asombro. Esta pequeña esperanza que parece una cosita de nada, esta pequeña niña esperanza, inmortal. (6).

Notas

(1) Catecismo de la Iglesia Católica, Librería Editrice Vaticana, Ciudad del Vaticano 1992, n. 1817 (de ahora en adelante: CCC).

(2) Ib, n. 1818

(3) A. Bello, Squilli di trombe e rintocchi di campane, en Escritos 3, Ed. La Nuova Mezzina, Molfetta (BA) 2014, p. 231. Las obras de mons. Bello están recogidas en los seis volúmenes editados por la editorial La Nuova Mezzina. Citaremos las obras a lo largo del texto haciendo referencia al volumen en que están contenidas con el encabezado Escritos 1, 2 etc. [Nota del autor].

(5) Francisco, Spes non confundit, Bula de convocación del jubileo ordinario del año 2025, 9 de mayo de 2024, n. 1.

(6) C. Péguy, Los Misterios, Jaka Book, Milán 1997, pp. 164-165.

Vía Crucis, el Papa: En un mundo de algoritmos, la economía de Dios no descarta

En las meditaciones escritas para la meditación del Viernes Santo en el Coliseo (Roma) esta noche, 18 de abril, presidido por el cardenal Baldo Reina; Francisco explica que el camino del Gólgota es el descenso de Jesús «hacia el mundo que Dios ama». Cristo, «clavado», se pone «en medio», «entre opuestos» y los lleva al Padre; su cruz «derriba muros», «establece la reconciliación».

Tiziana Campisi – Ciudad del Vaticano – Vatican News

Un camino propuesto a cada hombre, un camino para mirar dentro de uno mismo y reconciliarse con la propia conciencia, deteniéndose en los sufrimientos de Cristo camino del Calvario. Las meditaciones preparadas por el Papa Francisco para el Vía Crucis del Viernes Santo en el Coliseo, que el vicario general para la diócesis de Roma, cardenal Baldo Reina, preside esta tarde, 18 de abril, por delegación del mismo Pontífice, muestran que el camino de la cruz es el descenso que Jesús hizo hacia los que amaba, «hacia el mundo que Dios ama» (estación II). Y es también «una respuesta, una asunción de responsabilidad» por parte de Cristo. Aquel que, «clavado», intercede, se coloca «entre las partes, entre los opuestos» (estación XI) y los lleva a Dios, porque su «cruz derriba muros, cancela deudas, anula juicios, establece la reconciliación». Jesús, «el verdadero Jubileo», que se despoja de sus vestiduras, se revela «íntimo incluso con los que le destruyen» y mira a «aquellos» que le denigran «como personas queridas que el Padre» le ha confiado, muestra que quiere salvar «a todos, a todos» (10ª estación).

TEXTO COMPLETO DEL VÍA CRUCIS 2025

La economía de Dios

En las reflexiones del Pontífice hay una invitación a salir de los propios esquemas, a comprender «la economía de Dios» -que «no mata, no descarta, no aplasta. Es humilde, fiel a la tierra»- y el camino de Jesús, el «de las Bienaventuranzas», que «no destruye, sino que cultiva, repara, custodia» (3ª estación). Pero es en la «economía divina» (7ª estación), tan distinta de las economías actuales hechas «de cálculos y algoritmos, de lógica fría e intereses implacables», en la que insiste Francisco. Para los hombres, Cristo aceptó la cruz y esa carga que se le impone «habla del soplo» que «le mueve, ese Espíritu “que es Señor y da la vida”» (II estación). A nosotros, en cambio, «nos falta el aliento a fuerza de eludir la responsabilidad». Pero «bastaría no huir y permanecer: entre aquellos que nos has dado, en los contextos en los que nos has colocado», exhorta el Papa, para comprometernos, porque «sólo así» dejamos de «ser prisioneros» de nosotros mismos. Pesan, pues, el «egoísmo» y la «indiferencia».

El Vía Crucis, oración de los que se mueven

En la introducción a las 14 Estaciones, Francisco escribe que en los pasos de Jesús camino del Gólgota «está nuestro éxodo hacia una nueva tierra», porque Cristo «vino a cambiar el mundo», y por eso debemos «cambiar de dirección, ver la bondad de» sus «pasos». Por eso «el Vía Crucis es la oración de los que se mueven. Interrumpe nuestros caminos habituales». Y es un camino que «nos cuesta» el de Jesús, «en este mundo que lo calcula todo» y donde «la gratuidad tiene un alto precio». Pero «en el don», señala el Papa, «todo vuelve a florecer: una ciudad dividida en facciones y desgarrada por los conflictos avanza hacia la reconciliación; una religiosidad marchita redescubre la fecundidad de las promesas de Dios» e «incluso un corazón de piedra puede transformarse en un corazón de carne».

La libertad del hombre

La sentencia de muerte de Jesús es la señal para recordar «el juego dramático de nuestras libertades» (Estación I). De la confianza «irrevocable» con la que Dios se pone «en nuestras manos», presagio de una «santa inquietud», podemos sacar «maravillas», subraya Francisco: «liberar a los injustamente acusados, profundizar en la complejidad de las situaciones, oponerse a los juicios que matan». Sin embargo, somos «prisioneros» de «roles» de los que no queremos «salir, preocupados por las molestias de un cambio de rumbo», por lo que a menudo «dejamos caer» la «posibilidad» del «camino de la cruz». Sin embargo, Cristo, «silencioso ante nosotros en cada hermana y hermano expuesto a juicios y prejuicios», nos provoca, pero «mil razones», «argumentos religiosos, argucias jurídicas» y «el aparente buen sentido que no se implica en el destino de los demás» nos hacen como Herodes, los sacerdotes, Pilato y la muchedumbre. A pesar de ello, Jesús no se lava las manos, ama «quieto en silencio». El tema de la libertad se repite en la undécima estación: Cristo es clavado en la cruz y «nos muestra que en toda circunstancia hay una elección que hacer». Es «el vértigo de la libertad». Jesús elige prestar «atención» a los dos hombres crucificados a su lado, dejando «pasar los insultos de uno» y acogiendo «la invocación del otro». Y no olvida a los que le clavaron en el madero, pide perdón por «los que no saben lo que hacen» y los conduce a Dios.

Caer y levantarse

La tercera estación representa a Jesús «cayendo por primera vez», una imagen de la que aprendemos que «el camino de la cruz está trazado profundamente en la tierra: los grandes se caen de él, querrían tocar el cielo. En cambio, el cielo está aquí, está bajado, uno se lo encuentra incluso cayendo, permaneciendo en tierra». En su segunda caída (7ª estación), en cambio, Cristo enseña a leer «la aventura de la vida humana»: «caer y volver a levantarse; caer y aún volver a levantarse», observa el Papa, para que los hombres «vacilen, se distraigan, se pierdan» y también «conozcan» «la alegría: la de los nuevos comienzos, la de los renacimientos». Pero son «únicos, entrelazados con la gracia y la responsabilidad». Jesús, haciéndose «uno de nosotros» no «temió tropezar ni caer», y, sin embargo, hay «quien se avergüenza de ello, quien hace alarde de infalibilidad», consideró el Pontífice, «quien esconde las propias caídas y no perdona las de los demás, quien niega el camino» elegido por Cristo, quien, sin embargo, cuida de cada uno «como de la única oveja descarriada». Por el contrario, hoy existen economías inhumanas, en las que «noventa y nueve vale más que uno», porque lo que «hemos construido» es «un mundo de cálculos y algoritmos, de lógica fría e intereses implacables». La «economía divina», en cambio, «es otra», y por eso, volverse a Cristo que cae y resucita «es un cambio de rumbo y de ritmo». Conversión que nos devuelve la alegría y nos lleva a casa». Finalmente, con su tercera caída, Jesús, Hijo de Dios, que está libre de pecado, «se acerca a cada pecador» -amando sus corazones y calentándolos-, resucita y nos pone «de nuevo en el camino nunca pisado, audaz, generoso». «De nuevo en tierra, en el camino de la cruz» Cristo es “el Salvador de esta tierra nuestra”.

Como cirineos

En los distintos personajes del Vía Crucis, Francisco identifica experiencias que todo hombre puede vivir. Como la de Simón de Cirene (5ª estación), que al volver del campo se detiene para ayudar a Jesús a llevar la cruz. Este hombre, que se encuentra cargando la cruz de Cristo «sin haberlo pedido», nos hace comprender que «uno puede encontrarse con Dios» incluso por casualidad, cuando la «dirección» de uno es otra, reconoce el Papa. Pero el yugo de Jesús «es dulce» y su «peso es ligero», leemos en el Evangelio, y Él ama «implicarnos» en su «obra, que labra la tierra, para que vuelva a ser sembrada». En la realidad de hoy «necesitamos a alguien que a veces nos detenga», admite Francisco, «y ponga sobre nuestros hombros algún trozo de realidad que simplemente hay que cargar». Pero si se trabaja sin Dios «uno se dispersa», por eso «en el camino de la cruz surge la nueva Jerusalén» hacia la que hay que volverse como el Cirineo, cambiando de «camino» y trabajando con Jesús.

Las mujeres en el camino del Calvario

En las estaciones 4ª, 6ª y 8ª, surgen las figuras femeninas que se acercan a Jesús. María, en primer lugar, que restituye los rasgos del seguimiento: no «una renuncia, sino un descubrimiento continuo, hasta el Calvario», un «hacer sitio» a la «novedad» de Dios. Ella, «la primera discípula», nos ayuda a comprender que para Cristo «madre» y «hermanos son los que escuchan y se dejan cambiar. No hablan sino que hacen», porque “en Dios las palabras son hechos, las promesas son realidad”, y además María nos devuelve al mundo con su fe. Luego está la Verónica, que enjuga amorosamente el rostro de Jesús, invitándonos a mirar ese rostro en el que se lee claramente «la decisión de amarnos hasta el último suspiro: e incluso más allá, porque fuerte como la muerte es el amor». Un rostro que cambia «nuestro corazón», señala Francisco, porque Jesús se entrega «a nosotros, día tras día, en el rostro de cada ser humano», y por eso «cada vez que nos volvemos a los más pequeños» prestamos «atención» a sus «miembros». Las «hijas de Jerusalén», por su parte, recuerdan el especial entendimiento que Cristo estableció con las mujeres. Pero ante su compasión y sus lágrimas, Jesús recomienda llorar más bien por las nuevas generaciones. Hoy, sin embargo, son necesarias «lágrimas de reconsideración de las que no debemos avergonzarnos», señala el Papa, «lágrimas que no deben encerrarse en privado», especialmente por «nuestra convivencia herida» que «en este mundo roto, necesita lágrimas sinceras, no lágrimas de circunstancia».

Jesús está entre los que aún esperan

Al final del Vía Crucis, el conmovedor retrato de Jesús depuesto de la Cruz (13ª estación) y entregado a José de Arimatea, «que “esperaba el Reino de Dios”», sugiere que Cristo está «entre los que aún esperan, entre los que no se resignan a pensar que la injusticia es inevitable» y nos capacita «para una gran responsabilidad», nos hace «audaces». Por último, la decimocuarta estación nos introduce en el silencio del Sábado Santo. Ante la muerte de Cristo, «en un sistema que no se detiene nunca», Francisco eleva una oración fuerte: «Enséñanos a no hacer nada, cuando sólo se nos pide esperar. Edúcanos en los tiempos de la tierra, que no son los del artificio». Jesús, «acostado en el sepulcro», comparte «la condición que todos compartimos» y alcanza «los abismos que tanto nos asustan» y de los que «escapamos multiplicando nuestras actividades», volviéndose «a menudo en vano». Cristo parece ahora «dormir en el mundo tormentoso», pero con su resurrección, que implicará a toda la creación, habrá paz entre todas las naciones.