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Un faro de esperanza para los niños con VIH/SIDA en India

En un país en el que el VIH/SIDA lleva todavía una profunda marca distintiva, una pequeña escuela residencial en Jharkhand está transformando las vidas. La Snehdeep Holy Cross Residential School de Banahappa ofrece educación, asistencia sanitaria y un refugio para los niños contagiados y afectados por el VIH/SIDA. Creada en el 2014 con tan solo 45 estudiantes, ahora acoge a 230 niñas, demostrando que la compasión y la perseverancia pueden romper las barreras.

Sor Margaret Sunita Minj, SCSC – Ciudad del Vaticano – Vatican News

El viaje de la Snehdeep Holy Cross Residential School inició en mayo del 2014, cuando sor Britto Madassery, enfermera cualificada y fundadora de la escuela, junto a sus hermanas, asistió a las duras realidades afrontadas por los niños que viven con el VIH/SIDA. Durante las visitas familiares, se dieron cuenta de que muchos de estos niños no iban a la escuela debido a la estigmatización, las dificultades financieras o problemas de salud. El hecho aún más preocupante era que los tutores a menudo eran indiferentes a su bienestar y los abandonos escolares debido a motivos médicos eran comunes. Una historia conmovió profundamente a sor Britto: un chico abandonado por sus padres que habían emigrado al extranjero para huir del estigma social. A continuación, fue encerrado en prisión, no por un crimen, sino simplemente para impedirle difundir la enfermedad. “También las personas infectadas de VIH tienen una vida. ¿Quién soy yo por ponerles en discusión y rechazarlos?”, reflexionaba. Otra vez, tuvo una visión de Madre Teresa, que le dijo: “He venido a saludarte. Ahora, toma en tus manos mi trabajo”. Estos fuertes momentos llevaron a sor Britto a dedicar su vida a esta causa.

Decidida a actuar, el 9 de julio de 2014 las hermanas tuvieron una sesión de consulta para padres y niños seropositivos, conducida en conjunto por el Consejo del Proyecto Educativo del Estado de Jharkhand (JEPC) y del Centro de Cuidado de la comunidad de la Santa Cruz de Snehdeep. Dos meses después, el 23 de septiembre de 2014, fue fundado el Snehdeep Holy Cross Residential School en dos pequeñas salas de la St. Michael’s Hearing-Impaired School de Hazaribagh. Al principio había solo dos profesores: un consultor, un profesor de juegos, un cocinero, un guardia y un director.

Construir de cero

Con el aumento del número de niños, la escuela ha tenido que cambiar sede seis o siete veces antes de establecerse en Banahappa en 2017. Sin embargo, el viaje no ha estado privado de dificultades. Muchos – incluidos religiosos – miraban de arriba abajo a sor Britto, y algunos se negaban incluso a dejarla entrar en sus salas, llamándola la “Hermana del SIDA”. “¡Una de mis amigas dijo que no me permitiría entrar en su habitación! Decían: ‘mira, la hermana del SIDA está viniendo a pedir comida’”, ha recordado sor Britto. Conseguir el terreno ha sido otro gran desafío, ya que los funcionarios gubernamentales habían rechazado la iniciativa, afirmando que estos niños eran “inútiles” para la sociedad.  Pero la perseverancia ha dado sus frutos. Un Swami hindú, observando los esfuerzos incansables de sor Britto, decidió financiar el terreno para la escuela. Un ulterior apoyo llegó por parte del padre Crotty, un jesuita australiano que ha contribuido a financiar el albergue, y Manos Unidas, que ha contribuido a la construcción de la escuela. La Organización Nacional para el Control del SIDA (NACO) intervino para cubrir los gastos médicos, mientras que el gobierno indio asumió la responsabilidad de los sueldos del personal, de la comida y de los uniformes. CRS también ha brindado asistencia médica. “Cuando hacemos el trabajo de Dios, Él cuida de nuestras necesidades”, dice a menudo sor Britto.

Educación y un futuro más allá del estigma

Snehdeep Holy Cross Residential School ofrece oportunidades de desarrollo holístico a los niños que viven con VIH/SIDA y a aquellos cuyos padres están infectados con VIH. Más allá de la educación, la escuela garantiza que los niños reciban una adecuada asistencia sanitaria, una formación profesional y la formación del carácter. La educación nutre los talentos de cada niño, ya sean escolares, artísticos, en jardinería o deporte, y les ayuda a alcanzar su pleno potencial. La escuela ofrece educación hasta octavo grado, pero se están realizando esfuerzos para ampliarla a décimo grado. “Me complace informarles que nuestra escuela pronto llegará al décimo grado. Se están realizando los trámites necesarios para ello. Después del octavo grado, nuestros estudiantes asisten a la escuela pública cercana y completan sus estudios”, compartió sor Britto.

Un reconocimiento merecido

En septiembre de 2024, sor Britto fue galardonada con el premio “Sostenibilidad de la misión y del ministerio” en el 81ª Asamblea General Anual (AGBM) en el St. John’s Medical College, Bangalore, por su dedicación a la educación y a la mejora de los niños afectados por el VIH/SIDA. También los medios de comunicación de Hazaribagh han reconocido su trabajo, evidenciando posteriormente el impacto de su misión. Sor Britto pertenece a la Congregación de las Hermanas de la Misericordia de la Santa Cruz, una congregación religiosa presente en India desde 1894. Su misión permanece firme: “Impulsadas por el amor compasivo del Señor, desafiadas por las exigencias del tiempo y como partícipes del misterio de la muerte y resurrección de Cristo, nos comprometemos a proclamar la Buena Noticia y a luchar por la creación de una nueva sociedad de individuos, familias y comunidades sanas, en particular por los menos privilegiados”.

La Snehdeep Holy Cross Residential School, gestionada por las Hermanas, es un testimonio de lo que se puede realizar cuando la compasión encuentra la acción.

“Los Rostros del Evangelio”, el Papa reflexiona sobre ‘la viuda de Naín’

El quinto episodio de los 18 que componen ‘Los Rostros del Evangelio’, repropuesto por Vatican News en este tiempo de Pascua, se centra en ‘la viuda de Naín’: “Ya ha perdido a su marido y ahora acompaña a su hijo al cementerio”.

“La misericordia toma aquí el nombre de la gran compasión hacia una mujer que había perdido a su marido y ahora acompaña al cementerio su único hijo”, así relata el Papa Francisco algunos de los encuentros con Jesús en el programa, emitido en prime time el Domingo de Pascua de 2022 en Rai Uno, editado por el Dicasterio para la Comunicación en colaboración con la Biblioteca Apostólica Vaticana, los Museos Vaticanos y Rai Cultura.  Los autores de la serie son Andrea Tornielli y Lucio Brunelli, la dirección y la fotografía son de Renato Cerisola, la música original de Michelangelo Palmacci.

Vatican News

Revolución Tendencial soterrada (III) o los rostros que no pudo ni destruir ni manchar el lodo

“¡Ah, qué paz! Palidecen las aguas mansas del lago Titisee cuando se contemplan esos ojos…”

 Gaudium Press Antes de seguir con ejemplos de acción tipo Revolución Tendencial —en esta mini serie sobre ese trascendental hallazgo intelectual de Plinio Corrêa de Oliveira que estamos desarrollando— pensé que al mismo tiempo que se va ejemplificando su acción de lodo que ensucia todo lo bueno, se ilustre ya al lector, de la forma más asequible posible, en qué es particularmente lo que esa maléfica acción tendencial destruye, que es fundamentalmente la Templanza en el alma.

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Efectivamente, destruida la Templanza en una sociedad, ya está el camino trazado desde el santo medieval hasta el hippie, pues el orgullo y la sensualidad que ahí se generan van pidiendo por su propio dinamismo llegar hasta el paroxismo de una sociedad anárquica y libertaria, de acuerdo con las tesis expuestas en el ensayo Revolución y Contra Revolución.

—Pero, ¿cómo mostrar lo que es un alma en Estado de Templanza?, fue entonces la cuestión que me planteé ejemplificar, pues ahí sería más fácil evidenciar la acción de la Revolución en las Tendencias que justamente destruye ese estado de mar en calma de las pasiones.

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Foto: Anna Jewels / Unplash

—Podríamos pensar en un bello lago, de esos que aún perviven en Europa, por ejemplo uno en medio de la Selva Negra como el Titisee, con una digna cabaña de madera en su orilla en la que se esté calentando el té de la tarde, mientras se termina de resguardar la leña recogida en el día, que servirá para calentarse en invierno, pensé. Ese ambiente sería un ejemplo de pasiones en estado de temperancia.

Pero ahí se me ocurrió algo más católico, y creo más ilustrativo —pues al ser humano lo que más lo tocan son las personas— y es profundizar en los rostros de los santos, a la búsqueda de su Templanza. El Santo, en esa perspectiva, es quien triunfó de los embates de la Revolución Tendencial, alguien que con el auxilio de la gracia no permitió que la Revolución Tendencial despertase el orgullo igualitario y la sensualidad desbocada que dormitan en toda alma.

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Está, creemos, encontrada la llave que abre una de las puertas de ese Castillo. Entremos en él.

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¡Ah, qué paz! Palidecen las aguas mansas del lago Titisee cuando se contemplan los ojos de Santa Gema Galgani (1878-1903). Ella es paz, una paz que uno diría no requiere ya ningún freno para que las pasiones de su alma no la desordenen, no la amenacen. Es una paz contemplativa, de quien ya encontró eso arriba que tanto ansiaba, y no tiene más las ansias fútiles de estos pobres terráqueos que aún vivimos en la troposfera; una paz mística. Es también una paz que exhala bondad, pero una bondad que no corre, sino que se inclina con cierta lentitud sobre quien la requiere, desde lo alto de la terraza de su contemplación. Alguien diría que es arquetípicamente el rostro de la Templanza, pero sabemos que así como hay muchas estrellas en el cielo, hay muchos santos con sus respectivas templanzas.

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¡Ah, el Dr. Plinio!, (siempre sujetos aquí, al dictamen de la Iglesia, en lo que se refiere a los santos…) ya octogenario, pero donde se expresa una inocencia que podríamos calificar de infantil, de alguien que ve las cosas con la candidez de quien acabó de salir de las manos creadoras de Dios. Entretanto, detrás de su mirada también contemplativa, se percibe la decisión de quien ya batalló diez mil batallas, y tiene aún la energía y la firmeza de batallar las que encuentre en el camino que aún le resta. Y en el fondo Templanza, la paz de un caballero que con yelmo y escudo mira los caminos de los hombres desde lo alto de la torre del castillo, no se hace ninguna ilusión sobre sus maldades, pero vive de la certeza de que el triunfador final siempre es Dios. Es la Templanza, de un león que observa, sereno, pero que puede saltar a la más fiera de las batallas en un instante, para después de atrapada la presa, regresar a su montículo desde donde sigue observando con señorío el panorama.

Teresa de Lisieux

O la Templanza de esta Santa Teresita, con sus ojos franceses vivos y al mismo tiempo serenos, que rápidamente penetran en el alma de quien la observa, tal vez para hacerme un leve reproche, porque hay siempre algo que no está en regla en mí. Ojos de leve y suave recriminación, pero sin acritud, que contienen una dulce invitación: ‘Te estoy viendo, desde mi encierro de remanso en este Carmelo, no puedo dejar de contemplar tus agitaciones, tus vanidades, tus nimiedades por cosas tontas, también tus impurezas. Pero yo que soy grande también soy pequeña, y te invito que sigas mis pasos hacia un reino azul, donde está el sosiego, también está la cruz, pero se halla la paz’. Es la mirada de la indagación dulce y bendita, otra mirada de la Templanza.

Pasiones en calma, pasiones dominadas, pasiones reguladas, pasiones en estado de Templanza. Pasiones ajenas al orgullo igualitario que engendró el comunismo, o a la sensualidad desbocada que clama por el amor libre. Pasiones modeladas por la Templanza, pasiones que construyen el Reino de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana.

¿Qué es la Revolución Tendencial? Es lo contrario de esas miradas, es todo lo que intente sacarlas de su reino, ofreciéndoles el plato maldito de una auto-estima no merecida, o el meloso postre indigesto de un placer de los sentidos enloquecido.

Revolución Tendencial es todo lo que intente sacarnos de esa paz, de ese reino, desde una melodía melosa que encienda el romanticismo hasta otra cacofónica que electrice los nervios y las venas, desde una combinación de colores de neón que apague la luz de las estrellas y la de la aurora boreal, hasta una simplicidad gris ratón comunista que generalizada niegue la grandeza del hombre. Revolución Tendencial es eso y mucho más.

Por Saúl Castiblanco

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En Belén, un pesebre; en el Calvario, una Cruz

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En una discusión entre artesanos, trataban de deliberar cuál era el material más noble y preciado que existía en el mundo: cada uno de los presentes esgrimía con gran vehemencia y ostensibles muestras de convicción por qué el suyo era el más distinguido. Un veterano carpintero escuchaba interesado el argumentario de sus colegas hasta que alzó el brazo, dispuesto a participar en tan acalorado debate, no sin la sorpresa de los allí presentes. ¿Cómo iba a ser la madera el material más noble, existiendo el oro, la plata o las piedras preciosas?

Con el semblante serio, pero al mismo tiempo afable, tomó la palabra diciendo: “Queridos compañeros y amigos; con grande paciencia he atendido a todas vuestras exposiciones. Razón lleváis en ellas: el oro, muestra del lujo y del poder, es insustituible; el hierro, resistente y duradero, asegura y forja las defensas de nuestros hogares; la seda permite al rico vestir con extrema elegancia…Mas todos estos materiales de los que aquí habláis, siendo verdaderamente importantes, nunca tendrán la vitalidad y la calidez de la madera”.

“Ninguno de ellos sirvió en los momentos más importantes de la humanidad, pero sí lo hizo la madera. En una cueva abandonada, un carpintero transformaba un comedero de animales en el lecho divino: un pesebre de madera para dar reposo y descanso a Dios hecho Niño. Treinta y tres años después, un áspero madero volvería a recoger el celestial cuerpo, completamente llagado y ensangrentado.
Decidme vosotros cuál de vuestros preciados tesoros puede compararse con tan alto honor y estaré encantado de dar razón a vuestro argumento”.

El papel del cristiano en esta vida es similar al de la madera: allí donde estemos, ser de utilidad. “…santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para responder con mansedumbre y reverencia a cada uno que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros” (Pedro 3:15)

Muchos, con sus vidas, pueden ocupar el papel primero de ser lecho divino; otros sostendrán en alto la realeza de Cristo, a través de la Cruz; los más abnegados, crepitando y chisporroteando en el fuego de la cueva de Belén, para dar calor a un bebé en los brazos de su Madre.

Dos mil años después, volvemos a revivir el sacrificio cruento de la Redención. Los que antaño alfombraban de palmas las calles de Jerusalén, mientras vitoreaban a Jesús de Nazaret, deseando su proclamación como rey, lo convertían horas después en monarca de la burla y de la chanza, eligiendo a un ladrón y asesino para ser liberado y gritando en alta voz “¡crucifícale!”

¿Hasta dónde estoy dispuesto a llegar? ¿Quiere el Señor que sea madera, hierro o piedra preciosa? ¿Le pregunto insistentemente qué espera de mí, qué quiere de mí? De forma casi tradicional, durante el tiempo cuaresmal y especialmente en Semana Santa, en muchas predicaciones y homilías los sacerdotes instan a los fieles a reflexionar sobre el papel que desempeñan en la Pasión de Cristo.

¿Qué lugar ocupo en ella? ¿Participo activamente o soy un simple espectador? ¿Acompaño a Jesús o lo fustigo con furia cuando cae? Con su Cruz, Dios no solo nos redime de nuestros pecados si no que, en medio de nuestras miserias e infidelidades constantes, nos proporciona dónde agarrarnos.

Francisco Javier Domínguez

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Cardenal Brenes de Managua: La Eucaristía es fuerza que transforma y compromiso para servir con humildad

Este Jueves Santo, se conmemoró la Última Cena de Jesús con sus discípulos y se instituyó la Eucaristía y el sacerdocio. En medio de esta celebración, el cardenal Leopoldo José Brenes Solórzano, arzobispo de Managua, pronunció una homilía en la que invitó a vivir la Eucaristía como encuentro real con Cristo, que transforma, fortalece y compromete al servicio humilde.

El purpurado destacó el llamado que el Señor realiza para este tiempo jubilar a expresar ese amor y acercarse al perdón desinteresado. Resaltó el rol de los sacerdotes como “instrumentos de misericordia” al estar presentes en los confesionarios, recordando que Dios es capaz de perdonar todo.

La Eucaristía: centro vivo de la fe

En su mensaje reafirmó la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Citando a san Pablo, Brenes dijo con humildad: “Esto es lo que yo recibí”, aludiendo a la continuidad inalterable de las palabras de Jesús: “Esto es mi cuerpo, esta es mi sangre”.

Además, explicó que cada Eucaristía es una transfiguración, un momento divino donde Cristo mismo se hace presente. “Nuestros ojos pueden ver pan y vino, pero es su cuerpo y sangre”, aseguró. En este sentido, invitó a los fieles a vivir esa experiencia con atención y reverencia. “Él me mira y yo lo miro”.

Una mirada que transforma

El Cardenal compartió que esa mirada ante el Santísimo ha sido consuelo y fortaleza para muchos. “Esa mirada nos transforma”, expresó animando a que todos encuentren en la adoración un refugio de esperanza.

Igualmente, reflexionó sobre el gesto de Jesús al lavar los pies de sus discípulos. “Fue un acto sencillo, pero profundamente transformador”, dijo. “Cristo no vino a ser servido, sino a servir, y todos estamos llamados a imitarle”, afirmó, recordando a los sacerdotes su vocación de servidores del pueblo de Dios.

Finalmente, enmarcó su mensaje dentro del contexto del año de la esperanza, señalando a Jesús como la verdadera fuente de vida y a la Virgen María como madre y reina de la esperanza. Invitó a todos, sacerdotes, seminaristas y fieles, a dejar que el Señor “grabe en el corazón este pequeño gran regalo”.

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Susana Nuin: La espiritualidad latinoamericana transforma el dolor en esperanza

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La resurrección es cada día”, afirma Susana Nuin, socióloga, comunicadora y referente pastoral en América Latina, al reflexionar sobre el significado de la Semana Santa en la región. Desde su experiencia en comunidades de base, redes eclesiales y procesos sociopastorales, Nuin invita a redescubrir este tiempo litúrgico como una escuela de fraternidad, transformación y misión compartida.

Originaria de Uruguay y residente en el sur de Colombia, Susana Nuin ha trabajado por más de dos décadas en el Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam) y hoy coordina el Programa Latinoamericano y Caribeño de Tierras Hacia una Fraternidad Posible, además de formar parte de Ciudad Nueva Interamericana, presente en 17 países.

En su conversación con el Observatorio Latinoamericano de Sinodalidad, comparte una mirada esperanzadora y crítica sobre cómo vivimos la fe en clave sinodal.

Susana Nuin

La fe popular como manifestación de amor recíproco

Para Nuin, las expresiones de fe popular durante la Semana Santa reflejan la identidad de un pueblo espiritual, resiliente y fraterno: “Se genera un espíritu de socialidad que propone el mandamiento nuevo del amor recíproco, que se manifiesta el Jueves Santo”, señala. En estos días santos, el pueblo, además de revivir el misterio pascual, lo vincula con los rostros concretos del dolor y la esperanza cotidiana.

Es la resurrección de un pueblo que siempre mantiene resiliencia, que es típico de lo latinoamericano, donde la esperanza tiene sus raíces profundas, donde la resurrección es cada día, es cada día para una mamá pobre que tiene que seguir mandando niños al colegio, a la escuela, que tiene que darles de comer, que tiene que seguir viviendo”. Así, el sentido pascual se convierte en motor de vida, de resistencia y de comunidad.

Hay una resurrección que yo creo que se da en todos los cristianos, pero particularmente se vivencia en esa resiliencia esperanzadora, en esa certeza que hay en el pueblo de Dios de que la resurrección es el momento más importante de la Semana Santa y de la Pascua porque justamente esa vida de resucitado en medio de su pueblo”, afirma Nuin.

La espiritualidad latinoamericana: servicio, reciprocidad y resiliencia

Durante la Semana Santa, se hacen visibles valores enraizados en nuestra espiritualidad: el servicio desinteresado, la reciprocidad como herencia cultural de los pueblos originarios, y la resiliencia frente al sufrimiento: “La capacidad de acoger el dolor y transformarlo en esperanza es una riqueza que América Latina tiene y ofrece”, señala Nuin.

En su visión, estos valores son parte de la tradición cristiana, pero también conectan con las religiones ancestrales que siguen presentes en la vida de nuestras comunidades.

Vivir la Semana Santa en clave sinodal, según Nuin, es recordar que Jesús no caminó solo. Él formó comunidad, vivió en comunión con el Padre y con sus discípulos. Por eso, “la gran enseñanza de la Semana Santa es la reciprocidad, la comunión, la capacidad de atravesar juntos el dolor y resucitar en comunidad”.

Sinodalidad y misión compartida

Para que esta vivencia de la Semana Santa sea plena, la liturgia y las celebraciones pascuales deben reflejar una Iglesia que camina unida, que escucha y que integra a los excluidos: migrantes, indígenas, mujeres, jóvenes. Aunque reconoce avances, Susana Nuin también señala que aún falta mucho por hacer para que estas voces se integren desde lo simbólico, lo litúrgico y lo pastoral.

Interpelada sobre cómo renovar la catequesis pascual, Nuin propone una clave clara: que sean los jóvenes quienes la diseñen: “Hay que escuchar a los jóvenes y trabajar con ellos, no para ellos”, añade. Además, sugiere nutrir la catequesis con testimonios vivos: personas que han asumido la cruz, que viven el amor recíproco y que han experimentado la resurrección en comunidad.

Este enfoque, más que centrarse en la homilía, busca destacar las experiencias concretas de vida que brotan desde las bases, desde lo comunitario y desde la misión.

Comunicación para la comunión

Nuin también llama a una conversión sinodal en el ámbito de la comunicación eclesial. Frente a la hegemonía de los grandes medios, resalta la urgencia de construir una comunicación comunitaria, cercana y con vocación evangelizadora.

Todos los periodistas de vocación cristiana deberíamos preguntarnos qué tipo de comunicación hacemos, con quién y para quién”, advierte.

La comunicadora reflexiona sobre el potencial transformador del mensaje pascual en un continente marcado por la desigualdad: “El gran pecado es separar lo espiritual de lo integral”, sostiene, citando al Papa Francisco y su llamado a una conversión que también sea económica, social y ecológica.

Semana Santa,  camino de conversión integral

Susana Nuin recuerda que la Semana Santa no es una celebración intimista, sino una celebración que, como la Navidad, “nos ponen en relación con los otros, que nos ponen al lado codo a codo de los otros y que nos permiten comprender un camino de conversión integral, de conversión en el cual todos sean partícipes del banquete del Reino”.

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Camino hacia la Pascua, monseñor Antonio Reimann alienta a vivir el Año Jubilar como peregrinos de esperanza, alegres mensajeros de su evangelio

En su mensaje para este mes de abril, monseñor Antonio Reimann, obispo del Vicariato Apostólico Ñuflo de Chávez, reflexionó sobre el camino cuaresmal recorrido hasta ahora, marcado por signos de esperanza, dolor y compromiso pastoral. Su mensaje, titulado Nuestro camino hacia la Pascua, resalta los principales acontecimientos eclesiales y sociales que han acompañado esta etapa.

Entre los acontecimientos que marcaron el tiempo de Cuaresma, Mons. Reimann menciona la preocupación global por los conflictos bélicos en Europa del Este y Oriente Medio, la delicada salud del papa Francisco, las tensiones sociales en Bolivia por la escasez de carburantes y el inicio de la campaña preelectoral. A nivel local, el Vicariato celebró la apertura de las Puertas Santas en las iglesias jubilares de San Ramón y San Julián, y sufrió la pérdida de doce personas en un trágico accidente en el municipio de San Julián.

Uno de los momentos fuertes fue la mini Asamblea Pastoral celebrada el 29 de marzo, que contó con la participación de Mons. Pedro Fuentes, representante de la Conferencia Episcopal Boliviana (CEB) en el Sínodo de la Sinodalidad. También estuvo presente la Hna. Eliana, de la Secretaría Pastoral de la CEB, quien presentó las nuevas directrices pastorales 2025-2030 bajo el lema “Con la fuerza del Espíritu Santo, animamos una Iglesia samaritana, participativa y sinodal”. La Hna. Rosmelin, de la Comisión Sinodal nacional, animó a vivir el Año Jubilar de la Esperanza con renovado compromiso en cada parroquia.

Año Jubilar: Ver al ‘otro’ como a mi hermano

Como símbolo central de este Año Santo, las aperturas de las Puertas Santas en San Ramón y San Julián fueron vividas en espiritualidad comunitaria: “La apertura de la Puerta Santa nos quiere recordar la primera apertura de nuestra vida al Señor en el día de nuestro bautismo”, señaló Mons. Reimann, e invitó a renovar ese encuentro personal con Cristo a través de la oración, la Palabra, los sacramentos, la vida comunitaria y el compromiso solidario y misionero.

Además de recordar el valor espiritual de estas celebraciones, el obispo exhortó a no perder de vista el sentido del Jubileo: “Reconociéndonos como hijos de Dios, seamos capaces de ver al ‘otro’ como a mi hermano. Cuánto nos ayudaría esta fe a sanear las relaciones en nuestras familias, parroquias, y en la vida política y cultural”.

El mensaje de Mons. Reimann se cierra con palabras de consuelo por el accidente que cobró la vida de doce personas, justo un día después de la celebración en San Julián. “Oremos por estos hermanos y hermanas fallecidos para que puedan pasar por esta Puerta que es Cristo a la vida eterna con Dios Padre Misericordioso”, expresó, pidiendo también fortaleza para sus familiares.

Pascua de Resurrección 2025

De cara a la Pascua, el obispo recordó que la luz de Cristo vence toda tiniebla, y animó a todos los fieles a vivir esta celebración como discípulos esperanzados, al estilo de los caminantes de Emaús: “Solo el caminar con Cristo… nos convierte de caminantes tristes a peregrinos de esperanza, alegres mensajeros de su evangelio”, concluyó, deseando una feliz Pascua a toda la comunidad y agradeciendo las oraciones por su salud.

Encuentra el mensaje del obispo en la Revista “El Mensajero”.

RM-Abril 2025

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Raúl Rodríguez: Ofrecer a Dios tu enfermedad propicia la salvación de tu alma y la de muchos más

Raúl Rodríguez, escritor y director de cine, reflexiona sobre su libro Hermana muerte

El libro “Hermana Muerte” fue publicado por la editorial Lluviacaballo con muy buena acogida por parte de la crítica y del público. Su autor, Raúl Rodríguez (Villeza, León, 1959), es escritor y director de cine. Este libro ha sido presentado en muchos lugares de la geografía española a lo largo de diez años. “Una experiencia muy enriquecedora donde cientos de personas me contaron sus experiencias relacionadas con la muerte”, según palabras del propio autor. Se puede realizar pedidos del libro en el siguiente correo electrónico: lluviacaballo@gmail.com

¿Por qué decidió escribir un libro titulado Hermana Muerte con ocasión de la muerte de su madre?

En el proceso de enfermedad y muerte de mi madre fui tomando notas en un cuaderno. Se asemejaba a un diario, pero ni siquiera era un diario, era algo mucho más humilde y sin pretensiones, diría que era un dietario. A veces anotaba frases sueltas, a veces eran descripciones de cómo se encontraba mi madre, también hacía anotaciones sobre mi propio estado de ánimo que recuerdo había días era como una montaña rusa; también tomaba nota de mi padre y de mis hermanos pues todos estuvimos arropando a la madre en su última enfermedad. La verdad es que nunca pensé en publicarlo. Pero cuando lo leyó mi amigo Manuel Sebastián, que por entonces era también mi socio, me animó a publicarlo. Él me hizo consciente de que en lo que yo había escrito había algo que podía interesar a más personas. El impulso fue suyo. Y con respecto al título, siempre leí con devoción a San Francisco de Asís, he recordado a lo largo de los años lo que él solía decir: “Bienvenida sea mi hermana la muerte”.

¿Es que acaso antes no era consciente de la muerte?

Yo hasta entonces temía la muerte, pero no la amaba. Hasta que no murió mi madre no comencé a amar la muerte. Amamos algo cuando lo conocemos. Estando al lado de mi madre enferma, pero sobre todo estando al lado de mi madre recién fallecida, comprendí lo que era amar la muerte. Cuando murió mi madre me di cuenta de que la muerte la trae Dios y no una enfermedad, una desgracia, o algo derivado de la mala suerte. Cuando vi a mi madre muerta, las circunstancias de la muerte de mi madre ya no me importaban, lo que me importaba era abrazar el sentido que esa muerte tenía para mí. La muerte es algo importantísimo que hay que saber apreciar. Si comprendemos de forma profunda que la muerte es algo que está en los planes de Dios, entonces ya no volveremos a ver la muerte como la veíamos antes. Eso fue lo que me pasó a mí, es decir que hasta cierto punto la muerte de mi madre fue para mí una revelación. En el momento de morir mi madre, algo se reveló ante mis ojos. Para muchos la vida acaba mal porque acaba con la muerte, pero no se dan cuenta de que precisamente la muerte es la que nos salva de tantas y tantas cosas. Si la vida no se renovara a través de la muerte, sencillamente no se podría vivir porque todo estaría viciado.

¿Fue, por tanto, la muerte de su madre la que más le impactó?

Me costó unas cuantas semanas asumir que mi madre se estaba muriendo. Lloré mucho, recuerdo que hubo días que no podía parar de llorar. No eran lágrimas de amargura, eran lágrimas para comprender y aceptar lo que Dios me estaba ofreciendo. La muerte de una madre nos marca profundamente. También la muerte del padre la vivimos de una forma muy especial, pero la muerte de la madre tiene un significado tremendo. La persona que nos dio la vida física, nuestra madre, de pronto ya nunca más la van a poder ver nuestros ojos, y eso marca un antes y un después en nuestra vida. Tuve la suerte de ver morir a mi madre, y eso también es muy importante. Las madres que nos dieron la vida física de alguna manera también nos enseñaron a morir. La muerte de una madre es una catequesis, y si estamos atentos y entregados a esa catequesis, comprenderemos muchas cosas.

¿Por qué decidió dividir el libro en tres partes, dándole una estructura teatral?

as notas que yo iba tomando no tenían en principio una estructura, pero cuando mi amigo me animó a publicarlo, de pronto me di cuenta de que había tres partes, además eran tres partes muy claras. La primera la formaban los cuatro últimos meses de la enfermedad de mi madre, cuatro meses duros e intensos. La segunda era el día de la muerte y del entierro. La muerte y el entierro son muy importantes cuando alguien fallece, y es que en el velatorio y en la misa de cuerpo presente, el difunto se despide de sus seres queridos. Y la tercera parte la componían los cinco meses posteriores. En total sumaban 9 meses. El número 9 es un número muy importante. Porque 9 meses está el bebé en el vientre de la madre. El 9 es la Trinidad tres veces. El electrón vibra a 9 veces la velocidad de la luz, es gracias a ello que se compone esta realidad que vemos. El 9 es la antesala del 10 que es la perfección. Esto que digo del número 9 no es numerología ni nada cabalístico, es pura observación que llevo haciendo desde que era niño.

¿La primera parte podría asemejarse al Calvario, al ser los últimos cuatro meses de una cruel enfermedad?

Tenemos que comprender por qué y para qué aparece una enfermedad en nuestra vida. Una enfermedad no es fruto de un fallo genético, tampoco es fruto de un designio oscuro ni de la mala suerte. La enfermedad viene a purificar mentiras, egoísmo, purificar también muchos aspectos que no estaban bien. La mayoría de las enfermedades son bendiciones que Dios envía.La muerte significa siempre purificación. Mi madre fue purificada por un cáncer de 7 años. De forma muy especial en esos últimos cuatro meses de su enfermedad, se veía cómo estaba siendo purificada. Mi madre ofreció su enfermedad a Dios, se lo pregunté un día mientras la grababa en vídeo. Cuando se ofrece una enfermedad, ese ofrecimiento tiene un valor inmenso ante los ojos de Dios.

Al ofrecer una enfermedad no es que ésta desaparezca, sin embargo adquiere un nuevo sentido. Cuando ofrecemos nuestro dolor, estamos dando la vida por muchos. De las peores cosas que puede haber es padecer una enfermedad y no saber qué hacer con ella. La manera de liberarse del dolor y del sufrimiento no es a través de la indagación psicoanalítica, ahí no hay ningún tipo de liberación, la liberación ni siquiera pasa por la comprensión racional sino que tiene que ver con el ofrecer, con el ofrecimiento, el ofrecer es la base del sacrificio. Tampoco vale con hacer aflorar ese dolor y ese sufrimiento a través de la expresión artística, no vale con pintar un cuadro, con hacer una película o con escribir un libro, es algo mucho más profundo, quizás de las cosas más profundas que le puede suceder a un ser humano. Cuando en medio de una enfermedad alguien ofrece a Dios esa enfermedad, está propiciando la salvación de su alma y las de muchos más.

La segunda parte es propiamente la muerte y el entierro…¿Podría considerarse una despedida?

De una madre que ha muerto nunca nos despedimos del todo, si acaso lo más que llegamos a formular en el interior de nuestro corazón es un tímido “hasta luego”. No sé muy bien por qué, pero cuando una madre muere sabemos íntimamente que sigue viviendo, es algo que se percibe con total claridad. Mi madre era muy devota del Sagrado Corazón de Jesús. Siempre hacía la novena los 9 primeros días del mes de junio, el mes dedicado al Sagrado Corazón. Ella murió el domingo día 10 de junio a las 10 de la mañana, justo al acabar la novena, y eso que pasó los últimos días en coma debido al agravamiento de su enfermedad. Yo me di cuenta de esto muchos años después de su muerte.

 mi madre le gustaban mucho las flores. El día del entierro, que fue el lunes 11 de junio, la iglesia estaba totalmente repleta de flores porque el día de antes se había celebrado el Corpus Christi. Quiero decir con esto que Dios no deja ninguna cosa al azar, es como si todo estuviera calculado al milímetro. Para el que cree, todo son milagros.

Y la tercera parte, ¿hasta qué punto vendría a ser una meditación sosegada y serena sobre la muerte y la ausencia?

Los cinco meses posteriores a la muerte de mi madre fueron muy importantes para mí. Fue ahí donde hice el duelo. Ese duelo, ese luto, comenzó justo en el instante en el que murió mi madre. Cuento en el libro que pocos minutos después de morir mi madre me di cuenta de que yo no sabía casi nada de la muerte. Al morir ella, en ese momento, algo nuevo se abrió ante mis ojos. Eso que pude percibir al lado de mi madre tuvo lugar sin que mediaran las palabras, fue una comprensión directa que sucedió en el corazón, no sucedió en la mente.

Es muy importante hacer bien el luto. Tener la posibilidad de hacer un buen luto no es regodearse en aspectos puramente sentimentales. Un buen luto es comprender, por ejemplo, el valor de la oración por el alma de esa persona que acaba de morir. El que muere ya no puede rezar por sí mismo, por eso tiene tanto valor esta vida que estamos viviendo, y es que nosotros sí que podemos rezar y ofrecer misas por los que murieron. Todo esto tiene un valor inmenso. La fe no es algo que tiene que ver con viejas abuelas trasnochadas, la fe es algo vivo que nos pone en contacto directo con Dios.

Si a pesar de la tristeza lo considera un libro alegre, es por qué está impregnado de esperanza en la resurrección…

Por supuesto. La clave es la resurrección. Mi madre estaba llena de una fe verdadera. Dios le había dado a mi madre señales muy claras de su existencia, me consta que es así. Los cristianos no contemplamos la reencarnación porque tenemos la resurrección. Los cristianos no necesitamos reencarnarnos porque Cristo nos ha ofrecido un premio mucho mayor. El que resucita ya ha trascendido, por eso no es necesario repetir curso como sucede con la reencarnación. Los católicos creemos firmemente, y así lo esperamos, que del mismo modo que Cristo resucitó de entre los muertos, y que además vive para siempre, igualmente los justos después de su muerte vivirán para siempre con Cristo resucitado y que Él nos resucitará en el último día. Este es el discurso más revolucionario que se puede ofrecer hoy en día a la sociedad actual.

Aunque no lo parezca, la mayor prueba de la existencia de Dios es la muerte. Podemos constatar que Dios existe porque después de nacer tenemos que morir. La muerte nos está diciendo que éste es un viaje temporal y que al final de ese viaje vamos a estar en las manos de Dios que todo lo ve, que todo lo sabe y que todo lo perdona.

Por algo dice San Pablo que si Cristo no hubiese resucitado seríamos los más desgraciados de los hombres…

Sin la resurrección de Cristo estaríamos muertos, y nunca mejor dicho. Para poder resucitar, primero hay que morir. La muerte es un examen que si no cae en junio cae en septiembre, por eso es bueno que ese examen lo tengamos bien preparado. Si nos preparamos para un viaje, si nos preparamos para un encuentro en familia, lo suyo es prepararse también para la muerte, y esa preparación no puede consistir en aspectos puramente externos como si nos vamos a enterrar en un nicho o en una tumba convencional. La muerte es algo muy serio, por eso la preparación espiritual para la muerte ha de ser una prioridad en nuestra vida.

La muerte no es tanto un acontecimiento que ocurre al final de la vida, como algo que tenemos que ir ensayando día a día, y es que cada día morimos un poco, por eso cada día nos hemos de preparar para bien morir. Así como las madres que van a dar a luz desean tener un buen parto, también nosotros le hemos de pedir a Dios una buena muerte, porque de una buena muerte dependen muchos aspectos de la vida eterna que nos espera.

¿Por qué además del libro quiso rodar un mediometraje y homenajear a su madre como director de cine además de como escritor?

Casi todas las imágenes para la película las tenía ya grabadas. Desde que murió mi madre apenas grabé nada nuevo, lo que hice fue una recopilación de imágenes de los últimos diez años. La película complementa al libro. La película que acompaña al libro apenas tiene que ver con mi madre física, con su voz, con su cuerpo y con su expresión en el mundo, y sí que tiene que ver con el alma de mi madre. El cine tiene esa posibilidad, y es la de mostrar el alma de las personas y de las cosas. Yo como director de cine estoy muy interesado en la dimensión mística del ser humano y en su relación con Dios. Cuento en el libro que mi madre no era exactamente ama de casa, mi madre era más bien ‘el alma de la casa’. A mí me interesa mucho indagar en ese aspecto del alma, y el cine permite llevar a cabo algo tan difícil y complejo como es mostrar el alma, será por eso que tantas veces se dice que una imagen vale más que mil palabras.

Por Javier Navascués – InfoCatólica

Argentina: equipos de pastoral social pidieron el abordaje de causas profundas en delitos de menores

Más de 30 equipos diocesanos de pastoral social apoyaron el documento de la Comisión Episcopal de Pastoral Social, titulado “Más oportunidades que penas” que refiere al proyecto parlamentario para bajar la edad de imputabilidad de los menores.

Por Roxana Alfieri

En este sentido, recordaron que a fines de marzo se realizó el Encuentro anual con los delegados diocesanos en el que trataron y reflexionaron sobre la realidad preocupante de cada uno de los territorios. Con respecto al tema de la niñez y las problemáticas que ocurren en torno a los niños, adolescentes y jóvenes, sostuvieron: “queremos enfatizar las declaraciones de la Comisión Episcopal de Pastoral Social en referencia a la propuesta legislativa de bajar la edad de imputabilidad”.

Causas profundas

En el documento, recomendaron que para encontrar una solución duradera a esta problemática, era imprescindible abordar las causas más profundas del delito en menores: el avance del narcotráfico, la degradación o ausencia de vínculos familiares de contención, la baja calidad educativa y la pobreza estructural. Estas, que son las verdaderas raíces del problema, deben ser atendidas con urgencia, con determinación, con perseverancia y con políticas a largo plazo, que  respondan al “hambre más urgente” del presente.

Los equipos diocesanos del área social afirmaron que se requiere grandeza política para impulsar soluciones de fondo, más allá de los resultados electorales. “No perdamos de vista que los jóvenes representan nuestra mayor esperanza: merecen una vida digna y oportunidades reales para desarrollarse plenamente”, acentuaron.

Haciéndose eco de ese mensaje, desean, una vez más, compartirlo con todos los ciudadanos, y especialmente con los legisladores que debatirán dicho proyecto.

Este es un artículo original de vidanuevadigital.com