Inicio Blog Página 53

Francisco inicia la Pascua regresando a la Casa del Padre

(ZENIT Noticias / Ciudad del Vaticano).- Al inicio de la mañana del lunes 21 de abril, el Cardenal Farrell anunció con dolor el fallecimiento del Papa Francisco, con estas palabras:

«Queridos hermanos y hermanas, con profundo dolor debo anunciar la muerte de nuestro Santo Padre Francisco.

A las 7:35 de esta mañana el Obispo de Roma, Francisco, regresó a la casa del Padre. Toda su vida estuvo dedicada al servicio del Señor y de su Iglesia.

Nos enseñó a vivir los valores del Evangelio con fidelidad, valentía y amor universal, especialmente en favor de los más pobres y marginados.

Con inmensa gratitud por su ejemplo de verdadero discípulo del Señor Jesús, encomendamos el alma del Papa Francisco al infinito amor misericordioso del Dios Trino.»

Noticia en desarrollo

The post Francisco inicia la Pascua regresando a la Casa del Padre appeared first on ZENIT – Espanol.

El padre Pedro Trigo SJ analiza el Documento Final del Sínodo: luces, límites y propuestas

0

El teólogo jesuita Pedro Trigo publicó un análisis sobre el Documento Final del Sínodo sobre Sinodalidad, resaltando sus valores y señalando importantes límites en su metodología y enfoque. El artículo “Valor y límites del Documento Final del Sínodo”, disponible en la Revista CLAR y en el sitio web del Observatorio Latinoamericano de la Sinodalidad, celebra la riqueza de las reflexiones contenidas en el texto sinodal, pero cuestiona que no haya partido de la experiencia sinodal de Jesús y de las primeras comunidades cristianas. Trigo propone un método inductivo que recoja las prácticas concretas de sinodalidad en las comunidades de hoy, como base para reformar las estructuras eclesiales.

Valoraciones y cuestionamientos metodológicos

Pedro Trigo valora positivamente el contenido del Documento Final, coincidiendo con las formulaciones que recoge y con la fidelidad al Evangelio que intenta reflejar. Sin embargo, señala como insuficiente su método de exposición, pues considera que debió iniciarse desde la sinodalidad vivida por Jesús en los Evangelios y su continuidad en las primeras comunidades cristianas, marcadas por la fraternidad en contextos adversos.

Trigo advierte que, al omitir este recorrido fundante, el documento pierde fuerza para discernir con realismo las prácticas actuales y proponer caminos eficaces de conversión eclesial. Asimismo, lamenta que el texto mantenga un enfoque doctrinal, que presenta lo que la Iglesia debería ser según su tradición y magisterio, sin confrontarlo suficientemente con la realidad pastoral, sus tensiones y carencias.

Propone, en cambio, un método inductivo, alineado con el Concilio Vaticano II y el magisterio del papa Francisco, que parte de los contextos concretos para discernir los signos de los tiempos y reformular las estructuras desde la experiencia comunitaria.

El Evangelio y los signos de los tiempos

Trigo señala que, aunque el documento proclama con insistencia su fidelidad al espíritu del Vaticano II, no asume su método pastoral de leer los signos de los tiempos desde la realidad de los pueblos. Además, advierte que el contexto actual, marcado por exclusión social, individualismo y violencia estructural, requiere con urgencia que la Iglesia viva y exprese la sinodalidad como estilo de vida y respuesta profética. Para el autor, este desafío es vital no solo para la fidelidad al Evangelio sino para evitar el riesgo de deshumanización global.

El artículo subraya que el documento mantiene una visión doctrinaria de los sacramentos, sin reconocer que su práctica habitual carece de procesos de iniciación personal y comunitaria.

Trigo cuestiona que se dé por supuesta la vivencia discipular que debería acompañar a los sacramentos y denuncia que las celebraciones litúrgicas siguen estando centradas en el ministro ordenado, sin corresponsabilidad ni participación efectiva del Pueblo de Dios.

Sinodalidad básica y estructuras eclesiales

Pedro Trigo insiste en que la sinodalidad debe entenderse como un caminar juntas y juntos desde la vida cotidiana de las comunidades cristianas, más allá de asambleas y estructuras. Señala que el proceso sinodal reciente ha involucrado solo a una minoría y advierte que sin cambios estructurales concretos y sin asumir una sinodalidad básica entre todos los bautizados, las reformas quedarán en el papel. La Iglesia debe pasar de proclamar ideales a generar espacios de participación y corresponsabilidad reales.

El teólogo afirma que la autoridad eclesiástica debe convertirse en garante de ese caminar fraterno, y que tanto ministros como laicos deben asumir su condición cristiana antes que sus roles institucionales.

Además, Trigo remarca que la sinodalidad es el modo de revelar al Dios cristiano, que es relación en sí mismo y que se da en vínculos de fraternidad, gratuidad y entrega.

Desafíos culturales y relacionales

El análisis de Trigo también contextualiza la propuesta sinodal en medio de una cultura globalizada marcada por relaciones fragmentadas, individualismo y control económico-político de las redes digitales. Señala que la sinodalidad puede ofrecer una alternativa profética a este ambiente, promoviendo una cultura de diálogo, cuidado mutuo y corresponsabilidad.

En esa misma línea, plantea la necesidad de superar relaciones deshumanizantes dentro y fuera de la Iglesia, especialmente en lo que se refiere a la igualdad de mujeres y hombres, la atención a los pobres y excluidos, y la reparación de los abusos cometidos.

Por último, reconoce que existen semillas del Evangelio en muchas comunidades, iniciativas y organizaciones eclesiales que ya viven relaciones fraternas, confianza mutua y servicio solidario. Sin embargo, advierte que estas experiencias seguirán siendo minoritarias si no se asume, desde los ministros y la institución, una transformación real que priorice la sinodalidad básica como fundamento de toda reforma.

Se invita a la comunidad a descargar y leer el artículo “Valor y límites del Documento Final del Sínodo” en el sitio web del Observatorio Latinoamericano de la Sinodalidad.

The post El padre Pedro Trigo SJ analiza el Documento Final del Sínodo: luces, límites y propuestas appeared first on Observatorio Latinoamericano de la Sinodalidad.

¿A quién ha sido confiado el depósito de la fe? | Mons. Munilla

0

Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica comentado por Mons. Munilla | 15

El depósito de la fe ha sido confiado por los Apóstoles a toda la Iglesia.

Todo el Pueblo de Dios, con el sentido sobrenatural de la fe, sostenido por el Espíritu Santo y guiado por el Magisterio de la Iglesia, acoge la Revelación divina, la comprende cada vez mejor, y la aplica a la vida.

«Sin un verdadero desarme» no será posible la paz, asegura el Papa en su mensaje pascual

En este Domingo de Resurrección, Francisco ha salido al balcón pontificio después de la Eucaristía pascual para estar presente durante el pronunciamiento del tradicional mensaje de Pascua y otorgar la bendición Urbi et Orbi. Después de que el propio Francisco hubiera dicho: «Queridos hermanos y hermanas, ¡Buena Pascua!», arrancando los aplausos de los presentes, el maestro de ceremonias pontificias, Diego Ravelli, ha procedido a la lectura del mensaje pascual.  

«El perdón venció a la venganza. El mal no ha desaparecido de nuestra historia, pero ya no tiene poder sobre quien acoge la gracia de este día», ha comenzado la reflexión, en la que el Santo Padre ha asegurado a todos los que están sufriendo el dolor y la angustia, que «sus gritos silenciosos han sido escuchados» y ninguna de sus lágrimas se ha perdido. Además, esta esperanza «no es evasiva, sino comprometida; no es alienante, sino que nos da responsabilidad», ha añadido.  

En este mensaje pascual, el Papa Francisco ha vuelto a lanzar un grito contundente contra las guerras y la violencia en el mundo. «Cuánta violencia percibimos a menudo en las familias, contra las mujeres o los niños. Cuánto desprecio se tiene hacia los más débiles, los marginados y los migrantes». Ante esto, ha pedido que «volvamos a confiar en los demás, también en quien no nos es cercano o proviene de tierras lejanas, con costumbres, estilos de vida, ideas y hábitos diferentes», porque todos somos hijos de Dios.  

El Pontífice ha reiterado su deseo de paz en Tierra Santa, especialmente este año que ortodoxos y católicos celebramos la Pascua el mismo día. «Me siento cercano al sufrimiento de los cristianos en Palestina y en Israel, así como a todo el pueblo israelí y a todo el pueblo palestino. Es preocupante el creciente clima de antisemitismo que se está difundiendo por todo el mundo», ha añadido. Tampoco ha olvidado a la población de Gaza, «donde el terrible conflicto sigue llevando muerte y destrucción, y provocando una dramática e indigna crisis humanitaria». En este sentido, el Papa ha pedido «a las partes beligerantes que cese el fuego, que se liberen los rehenes y se preste ayuda a la gente, que tiene hambre y que aspira a un futuro de paz». 

El Santo Padre durante su recorrido saludando a los fieles. Foto: Vatican Media.

Líbano, Siria, Yemen, cuyo pueblo una de las peores crisis humanitarias, Ucrania o el Cáucaso Meridional, adonde Francisco ha deseado «que llegue pronto la firma y a la actuación de un acuerdo de paz definitivo entre Armenia y Azerbaiyán». Son algunos de los países en conflicto que han estado presentes en el mensaje pascual del Santo Padre, donde también ha recordado a Myanmar y a las víctimas del devastador y reciente terremoto. 

También ha mostrado su preocupación por el continente africano, especialmente por la República Democrática del Congo, Sudán y Sudán del Sur o el Sahel, regiones azotadas por los conflictos y el hambre, así como «también por los cristianos que en muchos lugares no pueden profesar libremente su fe». 

«Allí donde no hay libertad religiosa o libertad de pensamiento y de palabra, ni respeto de las opiniones ajenas, la paz no es posible», ha expresado. Y tampoco será posible «sin un verdadero desarme» porque «la exigencia que cada pueblo tiene de proveer a su propia defensa no puede transformarse en una carrera general al rearme». De hecho, «la luz de la Pascua nos invita a derribar las barreras cargadas de consecuencias políticas y económicas y a hacernos cargo los unos de los otros».  

A todos los que tienen responsabilidades políticas, el Papa les ha instado a «no ceder ante la lógica del miedo que aísla sino a usar los recursos disponibles para ayudar a los necesitados, combatir el hambre y promover iniciativas que impulsen el desarrollo». Estas, según el Santo Padre, son las verdaderas armas para la paz. Además, ha insistido en que, en este Año jubilar, la Pascua es también «una ocasión propicia para liberar a los prisioneros de guerra y a los presos políticos»

Tras la lectura del mensaje, el Papa Francisco ha pronunciado la bendición Urbi et Orbi extendida, tanto a todos los fieles en la plaza de San Pedro como a los que han seguido el evento por los canales de comunicación. Seguidamente, se ha subido al papamóvil para saludar a los fieles congregados y bendecir a algunos niños que le han acercado.   

Vance se reúne con el Papa

Según han informado fuentes vaticanas, en la mañana de este domingo ha tenido lugar en la residencia de Santa Marta un encuentro privado entre el Papa Francisco y el vicepresidente de Estados Unidos, James David Vance, quien ya mantuvo una conversación con Pietro Parolin este sábado. Su visita al Papa, que ha durado unos minutos, «ha servido para intercambiar saludos pascuales». 

La entrada «Sin un verdadero desarme» no será posible la paz, asegura el Papa en su mensaje pascual se publicó primero en Alfa y Omega.

«¡Cristo ha resucitado, está vivo! Debemos salir a su encuentro en el rostro de los hermanos» 

Más de 35.000 fieles y un manto de miles de flores han arropado este Domingo de Resurrección la Misa de Pascua celebrada en la plaza de San Pedro. Una Eucaristía que ha comenzado con el tradicional canto Resurrexit y donde también se han entonado los cantos del Stichi y Stichirà de la liturgia bizantina, ya que este año Oriente y Occidente celebran la Pascua en la misma fecha. 

En la homilía, que ha sido leída por el cardenal Angelo Comastri, arcipreste emérito de la basílica de San Pedro y vicario general emérito de la ciudad del Vaticano, el Pontífice nos ha invitado a no buscar a Jesús resucitado en el sepulcro, sino «en otra parte». «¡Cristo ha resucitado, está vivo! La muerte no lo ha podido retener, y por tanto no se le puede encerrar en una bonita historia que contar, no se le puede reducir a un héroe del pasado ni pensar en él como una estatua colocada en la sala de un museo», ha reflexionado el Papa.  

Para ello, debemos ponernos en movimiento y salir a su encuentro en la vida cotidiana y en el rostro de los hermanos del día a día, porque «habita entre nosotros y se revela en las situaciones más anónimos e imprevisibles de nuestra vida», ha asegurado el Santo Padre. «Llorando las lágrimas de quien sufre y multiplicando la belleza de la vida en los pequeños gestos de amor de cada uno de nosotros». 

Las palabras del Pontífice en esta Misa de Pascua han sido un llamamiento contundente a «sumergir en la esperanza nuestros sufrimientos e inquietudes y contagiar con ella a quienes encontramos en el camino, a confiarle a esta esperanza el futuro de nuestra vida y el destino de la humanidad».  

Al finalizar la lectura de la homilía escrita por el Santo Padre, el cardenal Comastri añadió espontáneamente: “Gracias, Papa Francisco, por este llamado tan fuerte a despertar nuestra fe en Jesús resucitado, vivo y siempre presente a nuestro lado. ¡Feliz Pascua!».

La entrada «¡Cristo ha resucitado, está vivo! Debemos salir a su encuentro en el rostro de los hermanos»  se publicó primero en Alfa y Omega.

Francisco aparece en la bendición Urbi et Orbi pero no lee el mensaje

0

La Pascua en el Vaticano inició con una vigilia en donde se bautizaron varios adultos.

Al día siguiente el exarcipreste de la basílica de San Pedro presidió la misa que precedía la bendición Urbi et Orbi. El papa solo salió al final, para impartir la bendición.

Era el momento más esperado por los fieles.

FRANCISCO
Queridos hermanos y hermanas: feliz Pascua. Pido al maestro de ceremonias que lea el mensaje.

El mensaje, como suele ser habitual, se centró en la paz. Aunque este año puso el acento en la necesidad de que la comunidad internacional fomente el diálogo antes que el rearme.

Ninguna paz es posible sin un verdadero desarme. La exigencia que cada pueblo tiene de preparar su propia defensa no puede transformarse en una carrera general de rearme.

En el mensaje el papa citó algunos de los lugares del mundo más castigados por la guerra o las crisis humanitarias; aunque no hizo mención alguna a los países en crisis de América Latina. También criticó el aborto o la eutanasia porque dijo que para Dios cada vida es preciosa.

Al terminar el papa realizó un gesto inesperado: salió en papamóvil para saludar a los fieles más de cerca, en la plaza.

Fue un esfuerzo importante en un día bastante atareado para el pontífice, porque además de la bendición Urbi et Orbi, también tuvo un encuentro privado con el vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance.

JRB

El Papa Francisco clama por la paz global en su mensaje de Pascua

En una mañana luminosa de Pascua, marcada por la esperanza que brota del anuncio de la Resurrección, el Papa Francisco se dirigió al mundo entero con un mensaje cargado de compasión, humanidad y firmeza. A pesar de sus recientes problemas de salud, que le han mantenido en reposo por una neumonía, el Santo Padre quiso estar presente espiritualmente en uno de los momentos más significativos del año litúrgico: la bendición “Urbi et Orbi”.

Desde el balcón central de la Basílica de San Pedro, la voz del Papa se hizo presente a través de su mensaje, leído en su nombre por Monseñor Diego Ravelli. La ausencia física del Pontífice no restó fuerza ni profundidad a sus palabras, que resonaron con urgencia en medio de un mundo herido por el dolor de tantas guerras y divisiones.

Francisco centró su reflexión pascual en el clamor universal por la paz. Con voz profética, alzó su súplica: “¡No más estruendos de armas!”. Fue una llamada clara y directa a los responsables de las naciones para que prioricen el diálogo, el entendimiento y la diplomacia sobre la violencia y la destrucción. El Papa denunció el sinsentido de un mundo que sigue alimentando la industria armamentística mientras millones de personas sufren hambre, persecución y desplazamiento.

En particular, expresó su cercanía al sufrimiento de las poblaciones de Gaza, pidiendo con insistencia un alto el fuego inmediato, la liberación de quienes permanecen secuestrados y el acceso humanitario sin trabas para aliviar la tragedia de tantas familias atrapadas en medio del conflicto. Igualmente, recordó con dolor la prolongada guerra en Ucrania y renovó su deseo de que se produzca cuanto antes un intercambio de prisioneros como gesto concreto de humanidad.

Pero su mirada no se detuvo ahí. Mencionó las numerosas heridas abiertas en África, con especial atención a Sudán, Sudán del Sur y la República Democrática del Congo. Recordó también la situación en Siria, Yemen y la región del Cáucaso, donde las tensiones entre Armenia y Azerbaiyán continúan provocando sufrimiento. En todos los casos, el Papa insistió en que sólo el compromiso auténtico por la justicia y el respeto mutuo puede abrir caminos hacia la paz duradera.

El mensaje del Papa no fue sólo geopolítico. Francisco habló también al corazón de cada persona. Invitó a todos los cristianos y hombres y mujeres de buena voluntad a ser sembradores de paz en su entorno más cercano: en la familia, en el trabajo, en las redes sociales, en la vida cotidiana. La Pascua, recordó, es un tiempo en el que la luz vence a las tinieblas y donde la esperanza puede renacer incluso en los contextos más marcados por el odio y el rencor.

Con este mensaje, el Papa Francisco volvió a poner a la Iglesia en actitud de servicio al mundo, como voz de los que no tienen voz, como consuelo para los que sufren, y como guía para aquellos que anhelan un futuro más humano y más fraterno. La Pascua de 2025, bajo su pontificado, no fue solo una celebración litúrgica: fue un verdadero clamor por la paz que atraviesa fronteras y toca conciencias.

La entrada El Papa Francisco clama por la paz global en su mensaje de Pascua se publicó primero en Exaudi.

El Papa: Cristo resucitado, abre nuestra vida a la esperanza

A las 10.30 de esta mañana, Domingo de Pascua en la Resurrección del Señor. La Plaza de San Pedro se llenó de flores y alegría para acoger el anuncio más hermoso de la historia: ¡Cristo ha verdaderamente resucitado!

Más de 35.000 fieles se congregaron este domingo 20 de abril de 2025 para celebrar la Misa de Pascua, presidida este año por el cardenal Angelo Comastri, arcipreste emérito de la Basílica de San Pedro y vicario general emérito de Su Santidad para la Ciudad del Vaticano. Por deseo del Papa Francisco, aún convaleciente en Casa Santa Marta, fue él quien ofició la celebración

A la celebración, que comienza con el rito del «Resurrexit», asisten fieles romanos y peregrinos de todo el mundo con ocasión de las festividades pascuales y del Jubileo.

Publicamos a continuación la homilía preparada por el Santo Padre Francisco

***

Homilía

María Magdalena, al ver que la piedra del sepulcro había sido retirada, salió corriendo para avisárselo a Pedro y a Juan. También los dos discípulos, al recibir la desconcertante noticia, salieron y —dice el Evangelio— «corrían los dos juntos» (Jn 20,4). ¡Todos los protagonistas de los relatos pascuales corren! Y este “correr” expresa, por un lado, la preocupación de que se hubieran llevado el cuerpo del Señor; pero, por otro lado, la carrera de la Magdalena, de Pedro y de Juan manifiesta el deseo, el impulso del corazón, la actitud interior de quien se pone en búsqueda de Jesús. Él, de hecho, ha resucitado de entre los muertos y, por eso, ya no está en el sepulcro. Hay que buscarlo en otra parte.

Este es el anuncio de la Pascua: hay que buscarlo en otra parte. ¡Cristo ha resucitado, está vivo! La muerte no lo ha podido retener, ya no está envuelto en el sudario, y por tanto no se le puede encerrar en una bonita historia que contar, no se le puede reducir a un héroe del pasado ni pensar en Él como una estatua colocada en la sala de un museo. Al contrario, hay que buscarlo, y por eso no podemos quedarnos inmóviles. Debemos ponernos en movimiento, salir a buscarlo: buscarlo en la vida, buscarlo en el rostro de los hermanos, buscarlo en lo cotidiano, buscarlo en todas partes menos en aquel sepulcro.

Buscarlo siempre. Porque si ha resucitado de entre los muertos, entonces Él está presente en todas partes, habita entre nosotros, se esconde y se revela también hoy en las hermanas y los hermanos que encontramos en el camino, en las situaciones más anónimas e imprevisibles de nuestra vida. Él está vivo y permanece siempre con nosotros, llorando las lágrimas de quien sufre y multiplicando la belleza de la vida en los pequeños gestos de amor de cada uno de nosotros.

Por eso la fe pascual, que nos abre al encuentro con el Señor Resucitado y nos dispone a acogerlo en nuestra vida, está lejos de ser una solución estática o un instalarse tranquilamente en alguna seguridad religiosa. Por el contrario, la Pascua nos impulsa al movimiento, nos empuja a correr como María Magdalena y como los discípulos; nos invita a tener ojos capaces de “ver más allá”, para descubrir a Jesús, el Viviente, como el Dios que se revela y que también hoy se hace presente, nos habla, nos precede y nos sorprende. Como María Magdalena, cada día podemos sentir que hemos perdido al Señor, pero cada día podemos correr a buscarlo de nuevo, sabiendo con seguridad que Él se deja encontrar y nos ilumina con la luz de su resurrección.

Hermanos y hermanas, esta es la esperanza más grande de nuestra vida: podemos vivir esta existencia pobre, frágil y herida, aferrados a Cristo, porque Él ha vencido a la muerte, vence nuestras oscuridades y vencerá las tinieblas del mundo, para hacernos vivir con Él en la alegría, para siempre. Hacia esa meta, como dice el apóstol Pablo, también nosotros corremos, olvidando lo que se queda a nuestras espaldas y proyectándonos hacia lo que está por delante (cf. Flp 3,12-14). Apresurémonos, pues, a salir al encuentro de Cristo, con el paso ágil de la Magdalena, de Pedro y de Juan.

El Jubileo nos llama a renovar en nosotros el don de esta esperanza, a sumergir en ella nuestros sufrimientos e inquietudes, a contagiar con ella a quienes encontramos en el camino, a confiarle a esta esperanza el futuro de nuestra vida y el destino de la humanidad. Y por eso no podemos aparcar el corazón en las ilusiones de este mundo ni encerrarlo en la tristeza; debemos correr, llenos de alegría. Corramos al encuentro de Jesús, redescubramos la gracia inestimable de ser sus amigos. Dejemos que su Palabra de vida y de verdad ilumine nuestro camino. Como dijo el gran teólogo Henri de Lubac, «debe bastarnos con comprender esto: el cristianismo es Cristo. No es, en verdad, otra cosa. En Jesucristo lo tenemos todo» (Las responsabilidades doctrinales de los católicos en el mundo de hoy, Madrid 2022, 254).

Y este “todo”, que es Cristo resucitado, abre nuestra vida a la esperanza. Él está vivo, Él quiere renovar también hoy nuestra vida. A Él, vencedor del pecado y de la muerte, le queremos decir:

“Señor, en la fiesta que hoy celebramos te pedimos este don: que también nosotros seamos nuevos para vivir esta perenne novedad. Límpianos, oh Dios, del polvo triste de la costumbre, del cansancio y del desencanto; danos la alegría de despertarnos, cada mañana, con ojos asombrados al ver los colores inéditos de ese amanecer, único y distinto a todos los demás. […] Todo es nuevo, Señor, y nada se repite, nada es viejo.” (cf. A. Zarri, Quasi una preghiera).

Hermanas, hermanos, en el asombro de la fe pascual, llevando en el corazón toda esperanza de paz y de liberación, podemos decir: contigo, Señor, todo es nuevo. Contigo, todo comienza de nuevo.

La entrada El Papa: Cristo resucitado, abre nuestra vida a la esperanza se publicó primero en Exaudi.

¿Cuándo celebraremos una verdadera Pascua?

0

La Pascua ha sido secuestrada.

Nos la robaron los rituales sin alma, los saludos protocolares, las liturgias perfectamente ordenadas que esquivan el clamor del mundo.

Pero lo más grave es que la robamos nosotros mismos, los cristianos domesticados, tibios, funcionales al sistema.

Seguimos cantando “Aleluya” mientras niños mueren de hambre.
Seguimos encendiendo cirios en templos pulcros mientras afuera, las calles gritan violencia, soledad, exclusión.

Por Néstor Ojeda

¿Dónde está la Pascua?

¿Dónde está la resurrección cuando las guerras no cesan, cuando la sangre sigue mojando el polvo de esta tierra?

¿Dónde está cuando se aprueban leyes para matar a los más indefensos, cuando el aborto se celebra como victoria cultural, cuando los ancianos son desechados, cuando los jóvenes vagan vacíos de sentido?

¿Dónde está cuando nuestros templos callan, cuando nuestros pastores se enmudecen para no incomodar, cuando nuestros medios católicos se vuelven vitrinas piadosas pero inofensivas?

Y no es la piedra del Imperio Romano.
Es la piedra de nuestros miedos.
La piedra de nuestra cobardía eclesial.
La piedra de nuestras buenas intenciones jamás convertidas en acción.

“No podemos acostumbrarnos al mal ni dejar de llorar delante de la tragedia de la humanidad. El cristianismo no es una moral cómoda, es una revolución del amor y de la verdad.”
Papa Francisco

Cristo ha resucitado, sí.
Pero su Resurrección no es un final feliz, es una provocación.
Una sacudida.
Una bomba que estalla en nuestras estructuras.
Porque el Resucitado no salió del sepulcro para que lo contemples como una postal, sino para incendiar el mundo con su fuego.

¿Y nosotros?
¿Dónde estamos?

La piedra sigue ahí. . .
Grande.
Fría.
Infame.
Bloqueando el sepulcro del mundo.

Estamos enredados en discusiones litúrgicas mientras la humanidad se desangra.
Estamos gestionando horarios de misa, retiros cómodos, eventos bien producidos, mientras el Reino sigue esperando su revolución.
Estamos contando “me gusta” y reproducciones en redes, mientras el Evangelio exige dar la vida.

Y en medio de todo,
el incienso sube.
Bello, místico, solemne…
pero a veces esconde el silencio cobarde de quienes no se atreven a denunciar.
El humo asciende, pero nuestras acciones no.

Nuestras oraciones suben, pero no se convierten en justicia.
Como dice Isaías: “Tu incienso me repugna… buscá la justicia, defendé al huérfano, abogá por la viuda.”
Ese es el incienso que agrada a Dios.

La Pascua no se celebra: se vive.
No se canta: se encarna.
No se recuerda: se arremanga.

¿Querés Pascua?
Entonces defendé la vida con uñas y dientes.
Perdoná a tu enemigo.
Renunciá a tu comodidad.
Salí a las periferias.
Callate un rato para escuchar el dolor de los otros.
Y cuando escuches, respondé con tu vida.

Cuando abandonemos nuestras comodidades, las pasiones,vicios, adicciones y egoísmos que nos convierten en prisioneros en vida en la torre del egocentrismo, de la avaricia y de la triple concuspicencia, para abrirnos al mundo, para sembrar el amor, la justicia, y la fraternidad, sólo ahí podremos decir y gritar a los cuatro vientos:

Jesús es el Señor!!!

La Pascua no ha llegado todavía para el mundo.
Llegará cuando las espadas se conviertan en arados.  Isaías 2:4 / Miqueas 4:3
Cuando las manos que hoy fabrican máquinas de muerte siembren y cosechen trigo para alimentar a los hambrientos.

Cuando los cristianos dejemos de buscar poder y empecemos a lavar pies.
Cuando seamos escándalo de compasión, fuego de coherencia, puño en la mesa del mundo que grite: “¡La muerte no tiene la última palabra!”

La verdadera Pascua será cuando vos y yo dejemos de vivir para nosotros y empecemos a vivir como Él.
Entonces sí. Habrá Pascua.
Entonces sí. La piedra caerá.
Entonces sí. El mundo verá la luz.

©Catolic.ar