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Cardenal Brenes de Managua: La Eucaristía es fuerza que transforma y compromiso para servir con humildad

Este Jueves Santo, se conmemoró la Última Cena de Jesús con sus discípulos y se instituyó la Eucaristía y el sacerdocio. En medio de esta celebración, el cardenal Leopoldo José Brenes Solórzano, arzobispo de Managua, pronunció una homilía en la que invitó a vivir la Eucaristía como encuentro real con Cristo, que transforma, fortalece y compromete al servicio humilde.

El purpurado destacó el llamado que el Señor realiza para este tiempo jubilar a expresar ese amor y acercarse al perdón desinteresado. Resaltó el rol de los sacerdotes como “instrumentos de misericordia” al estar presentes en los confesionarios, recordando que Dios es capaz de perdonar todo.

La Eucaristía: centro vivo de la fe

En su mensaje reafirmó la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Citando a san Pablo, Brenes dijo con humildad: “Esto es lo que yo recibí”, aludiendo a la continuidad inalterable de las palabras de Jesús: “Esto es mi cuerpo, esta es mi sangre”.

Además, explicó que cada Eucaristía es una transfiguración, un momento divino donde Cristo mismo se hace presente. “Nuestros ojos pueden ver pan y vino, pero es su cuerpo y sangre”, aseguró. En este sentido, invitó a los fieles a vivir esa experiencia con atención y reverencia. “Él me mira y yo lo miro”.

Una mirada que transforma

El Cardenal compartió que esa mirada ante el Santísimo ha sido consuelo y fortaleza para muchos. “Esa mirada nos transforma”, expresó animando a que todos encuentren en la adoración un refugio de esperanza.

Igualmente, reflexionó sobre el gesto de Jesús al lavar los pies de sus discípulos. “Fue un acto sencillo, pero profundamente transformador”, dijo. “Cristo no vino a ser servido, sino a servir, y todos estamos llamados a imitarle”, afirmó, recordando a los sacerdotes su vocación de servidores del pueblo de Dios.

Finalmente, enmarcó su mensaje dentro del contexto del año de la esperanza, señalando a Jesús como la verdadera fuente de vida y a la Virgen María como madre y reina de la esperanza. Invitó a todos, sacerdotes, seminaristas y fieles, a dejar que el Señor “grabe en el corazón este pequeño gran regalo”.

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Susana Nuin: La espiritualidad latinoamericana transforma el dolor en esperanza

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La resurrección es cada día”, afirma Susana Nuin, socióloga, comunicadora y referente pastoral en América Latina, al reflexionar sobre el significado de la Semana Santa en la región. Desde su experiencia en comunidades de base, redes eclesiales y procesos sociopastorales, Nuin invita a redescubrir este tiempo litúrgico como una escuela de fraternidad, transformación y misión compartida.

Originaria de Uruguay y residente en el sur de Colombia, Susana Nuin ha trabajado por más de dos décadas en el Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam) y hoy coordina el Programa Latinoamericano y Caribeño de Tierras Hacia una Fraternidad Posible, además de formar parte de Ciudad Nueva Interamericana, presente en 17 países.

En su conversación con el Observatorio Latinoamericano de Sinodalidad, comparte una mirada esperanzadora y crítica sobre cómo vivimos la fe en clave sinodal.

Susana Nuin

La fe popular como manifestación de amor recíproco

Para Nuin, las expresiones de fe popular durante la Semana Santa reflejan la identidad de un pueblo espiritual, resiliente y fraterno: “Se genera un espíritu de socialidad que propone el mandamiento nuevo del amor recíproco, que se manifiesta el Jueves Santo”, señala. En estos días santos, el pueblo, además de revivir el misterio pascual, lo vincula con los rostros concretos del dolor y la esperanza cotidiana.

Es la resurrección de un pueblo que siempre mantiene resiliencia, que es típico de lo latinoamericano, donde la esperanza tiene sus raíces profundas, donde la resurrección es cada día, es cada día para una mamá pobre que tiene que seguir mandando niños al colegio, a la escuela, que tiene que darles de comer, que tiene que seguir viviendo”. Así, el sentido pascual se convierte en motor de vida, de resistencia y de comunidad.

Hay una resurrección que yo creo que se da en todos los cristianos, pero particularmente se vivencia en esa resiliencia esperanzadora, en esa certeza que hay en el pueblo de Dios de que la resurrección es el momento más importante de la Semana Santa y de la Pascua porque justamente esa vida de resucitado en medio de su pueblo”, afirma Nuin.

La espiritualidad latinoamericana: servicio, reciprocidad y resiliencia

Durante la Semana Santa, se hacen visibles valores enraizados en nuestra espiritualidad: el servicio desinteresado, la reciprocidad como herencia cultural de los pueblos originarios, y la resiliencia frente al sufrimiento: “La capacidad de acoger el dolor y transformarlo en esperanza es una riqueza que América Latina tiene y ofrece”, señala Nuin.

En su visión, estos valores son parte de la tradición cristiana, pero también conectan con las religiones ancestrales que siguen presentes en la vida de nuestras comunidades.

Vivir la Semana Santa en clave sinodal, según Nuin, es recordar que Jesús no caminó solo. Él formó comunidad, vivió en comunión con el Padre y con sus discípulos. Por eso, “la gran enseñanza de la Semana Santa es la reciprocidad, la comunión, la capacidad de atravesar juntos el dolor y resucitar en comunidad”.

Sinodalidad y misión compartida

Para que esta vivencia de la Semana Santa sea plena, la liturgia y las celebraciones pascuales deben reflejar una Iglesia que camina unida, que escucha y que integra a los excluidos: migrantes, indígenas, mujeres, jóvenes. Aunque reconoce avances, Susana Nuin también señala que aún falta mucho por hacer para que estas voces se integren desde lo simbólico, lo litúrgico y lo pastoral.

Interpelada sobre cómo renovar la catequesis pascual, Nuin propone una clave clara: que sean los jóvenes quienes la diseñen: “Hay que escuchar a los jóvenes y trabajar con ellos, no para ellos”, añade. Además, sugiere nutrir la catequesis con testimonios vivos: personas que han asumido la cruz, que viven el amor recíproco y que han experimentado la resurrección en comunidad.

Este enfoque, más que centrarse en la homilía, busca destacar las experiencias concretas de vida que brotan desde las bases, desde lo comunitario y desde la misión.

Comunicación para la comunión

Nuin también llama a una conversión sinodal en el ámbito de la comunicación eclesial. Frente a la hegemonía de los grandes medios, resalta la urgencia de construir una comunicación comunitaria, cercana y con vocación evangelizadora.

Todos los periodistas de vocación cristiana deberíamos preguntarnos qué tipo de comunicación hacemos, con quién y para quién”, advierte.

La comunicadora reflexiona sobre el potencial transformador del mensaje pascual en un continente marcado por la desigualdad: “El gran pecado es separar lo espiritual de lo integral”, sostiene, citando al Papa Francisco y su llamado a una conversión que también sea económica, social y ecológica.

Semana Santa,  camino de conversión integral

Susana Nuin recuerda que la Semana Santa no es una celebración intimista, sino una celebración que, como la Navidad, “nos ponen en relación con los otros, que nos ponen al lado codo a codo de los otros y que nos permiten comprender un camino de conversión integral, de conversión en el cual todos sean partícipes del banquete del Reino”.

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Camino hacia la Pascua, monseñor Antonio Reimann alienta a vivir el Año Jubilar como peregrinos de esperanza, alegres mensajeros de su evangelio

En su mensaje para este mes de abril, monseñor Antonio Reimann, obispo del Vicariato Apostólico Ñuflo de Chávez, reflexionó sobre el camino cuaresmal recorrido hasta ahora, marcado por signos de esperanza, dolor y compromiso pastoral. Su mensaje, titulado Nuestro camino hacia la Pascua, resalta los principales acontecimientos eclesiales y sociales que han acompañado esta etapa.

Entre los acontecimientos que marcaron el tiempo de Cuaresma, Mons. Reimann menciona la preocupación global por los conflictos bélicos en Europa del Este y Oriente Medio, la delicada salud del papa Francisco, las tensiones sociales en Bolivia por la escasez de carburantes y el inicio de la campaña preelectoral. A nivel local, el Vicariato celebró la apertura de las Puertas Santas en las iglesias jubilares de San Ramón y San Julián, y sufrió la pérdida de doce personas en un trágico accidente en el municipio de San Julián.

Uno de los momentos fuertes fue la mini Asamblea Pastoral celebrada el 29 de marzo, que contó con la participación de Mons. Pedro Fuentes, representante de la Conferencia Episcopal Boliviana (CEB) en el Sínodo de la Sinodalidad. También estuvo presente la Hna. Eliana, de la Secretaría Pastoral de la CEB, quien presentó las nuevas directrices pastorales 2025-2030 bajo el lema “Con la fuerza del Espíritu Santo, animamos una Iglesia samaritana, participativa y sinodal”. La Hna. Rosmelin, de la Comisión Sinodal nacional, animó a vivir el Año Jubilar de la Esperanza con renovado compromiso en cada parroquia.

Año Jubilar: Ver al ‘otro’ como a mi hermano

Como símbolo central de este Año Santo, las aperturas de las Puertas Santas en San Ramón y San Julián fueron vividas en espiritualidad comunitaria: “La apertura de la Puerta Santa nos quiere recordar la primera apertura de nuestra vida al Señor en el día de nuestro bautismo”, señaló Mons. Reimann, e invitó a renovar ese encuentro personal con Cristo a través de la oración, la Palabra, los sacramentos, la vida comunitaria y el compromiso solidario y misionero.

Además de recordar el valor espiritual de estas celebraciones, el obispo exhortó a no perder de vista el sentido del Jubileo: “Reconociéndonos como hijos de Dios, seamos capaces de ver al ‘otro’ como a mi hermano. Cuánto nos ayudaría esta fe a sanear las relaciones en nuestras familias, parroquias, y en la vida política y cultural”.

El mensaje de Mons. Reimann se cierra con palabras de consuelo por el accidente que cobró la vida de doce personas, justo un día después de la celebración en San Julián. “Oremos por estos hermanos y hermanas fallecidos para que puedan pasar por esta Puerta que es Cristo a la vida eterna con Dios Padre Misericordioso”, expresó, pidiendo también fortaleza para sus familiares.

Pascua de Resurrección 2025

De cara a la Pascua, el obispo recordó que la luz de Cristo vence toda tiniebla, y animó a todos los fieles a vivir esta celebración como discípulos esperanzados, al estilo de los caminantes de Emaús: “Solo el caminar con Cristo… nos convierte de caminantes tristes a peregrinos de esperanza, alegres mensajeros de su evangelio”, concluyó, deseando una feliz Pascua a toda la comunidad y agradeciendo las oraciones por su salud.

Encuentra el mensaje del obispo en la Revista “El Mensajero”.

RM-Abril 2025

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Raúl Rodríguez: Ofrecer a Dios tu enfermedad propicia la salvación de tu alma y la de muchos más

Raúl Rodríguez, escritor y director de cine, reflexiona sobre su libro Hermana muerte

El libro “Hermana Muerte” fue publicado por la editorial Lluviacaballo con muy buena acogida por parte de la crítica y del público. Su autor, Raúl Rodríguez (Villeza, León, 1959), es escritor y director de cine. Este libro ha sido presentado en muchos lugares de la geografía española a lo largo de diez años. “Una experiencia muy enriquecedora donde cientos de personas me contaron sus experiencias relacionadas con la muerte”, según palabras del propio autor. Se puede realizar pedidos del libro en el siguiente correo electrónico: lluviacaballo@gmail.com

¿Por qué decidió escribir un libro titulado Hermana Muerte con ocasión de la muerte de su madre?

En el proceso de enfermedad y muerte de mi madre fui tomando notas en un cuaderno. Se asemejaba a un diario, pero ni siquiera era un diario, era algo mucho más humilde y sin pretensiones, diría que era un dietario. A veces anotaba frases sueltas, a veces eran descripciones de cómo se encontraba mi madre, también hacía anotaciones sobre mi propio estado de ánimo que recuerdo había días era como una montaña rusa; también tomaba nota de mi padre y de mis hermanos pues todos estuvimos arropando a la madre en su última enfermedad. La verdad es que nunca pensé en publicarlo. Pero cuando lo leyó mi amigo Manuel Sebastián, que por entonces era también mi socio, me animó a publicarlo. Él me hizo consciente de que en lo que yo había escrito había algo que podía interesar a más personas. El impulso fue suyo. Y con respecto al título, siempre leí con devoción a San Francisco de Asís, he recordado a lo largo de los años lo que él solía decir: “Bienvenida sea mi hermana la muerte”.

¿Es que acaso antes no era consciente de la muerte?

Yo hasta entonces temía la muerte, pero no la amaba. Hasta que no murió mi madre no comencé a amar la muerte. Amamos algo cuando lo conocemos. Estando al lado de mi madre enferma, pero sobre todo estando al lado de mi madre recién fallecida, comprendí lo que era amar la muerte. Cuando murió mi madre me di cuenta de que la muerte la trae Dios y no una enfermedad, una desgracia, o algo derivado de la mala suerte. Cuando vi a mi madre muerta, las circunstancias de la muerte de mi madre ya no me importaban, lo que me importaba era abrazar el sentido que esa muerte tenía para mí. La muerte es algo importantísimo que hay que saber apreciar. Si comprendemos de forma profunda que la muerte es algo que está en los planes de Dios, entonces ya no volveremos a ver la muerte como la veíamos antes. Eso fue lo que me pasó a mí, es decir que hasta cierto punto la muerte de mi madre fue para mí una revelación. En el momento de morir mi madre, algo se reveló ante mis ojos. Para muchos la vida acaba mal porque acaba con la muerte, pero no se dan cuenta de que precisamente la muerte es la que nos salva de tantas y tantas cosas. Si la vida no se renovara a través de la muerte, sencillamente no se podría vivir porque todo estaría viciado.

¿Fue, por tanto, la muerte de su madre la que más le impactó?

Me costó unas cuantas semanas asumir que mi madre se estaba muriendo. Lloré mucho, recuerdo que hubo días que no podía parar de llorar. No eran lágrimas de amargura, eran lágrimas para comprender y aceptar lo que Dios me estaba ofreciendo. La muerte de una madre nos marca profundamente. También la muerte del padre la vivimos de una forma muy especial, pero la muerte de la madre tiene un significado tremendo. La persona que nos dio la vida física, nuestra madre, de pronto ya nunca más la van a poder ver nuestros ojos, y eso marca un antes y un después en nuestra vida. Tuve la suerte de ver morir a mi madre, y eso también es muy importante. Las madres que nos dieron la vida física de alguna manera también nos enseñaron a morir. La muerte de una madre es una catequesis, y si estamos atentos y entregados a esa catequesis, comprenderemos muchas cosas.

¿Por qué decidió dividir el libro en tres partes, dándole una estructura teatral?

as notas que yo iba tomando no tenían en principio una estructura, pero cuando mi amigo me animó a publicarlo, de pronto me di cuenta de que había tres partes, además eran tres partes muy claras. La primera la formaban los cuatro últimos meses de la enfermedad de mi madre, cuatro meses duros e intensos. La segunda era el día de la muerte y del entierro. La muerte y el entierro son muy importantes cuando alguien fallece, y es que en el velatorio y en la misa de cuerpo presente, el difunto se despide de sus seres queridos. Y la tercera parte la componían los cinco meses posteriores. En total sumaban 9 meses. El número 9 es un número muy importante. Porque 9 meses está el bebé en el vientre de la madre. El 9 es la Trinidad tres veces. El electrón vibra a 9 veces la velocidad de la luz, es gracias a ello que se compone esta realidad que vemos. El 9 es la antesala del 10 que es la perfección. Esto que digo del número 9 no es numerología ni nada cabalístico, es pura observación que llevo haciendo desde que era niño.

¿La primera parte podría asemejarse al Calvario, al ser los últimos cuatro meses de una cruel enfermedad?

Tenemos que comprender por qué y para qué aparece una enfermedad en nuestra vida. Una enfermedad no es fruto de un fallo genético, tampoco es fruto de un designio oscuro ni de la mala suerte. La enfermedad viene a purificar mentiras, egoísmo, purificar también muchos aspectos que no estaban bien. La mayoría de las enfermedades son bendiciones que Dios envía.La muerte significa siempre purificación. Mi madre fue purificada por un cáncer de 7 años. De forma muy especial en esos últimos cuatro meses de su enfermedad, se veía cómo estaba siendo purificada. Mi madre ofreció su enfermedad a Dios, se lo pregunté un día mientras la grababa en vídeo. Cuando se ofrece una enfermedad, ese ofrecimiento tiene un valor inmenso ante los ojos de Dios.

Al ofrecer una enfermedad no es que ésta desaparezca, sin embargo adquiere un nuevo sentido. Cuando ofrecemos nuestro dolor, estamos dando la vida por muchos. De las peores cosas que puede haber es padecer una enfermedad y no saber qué hacer con ella. La manera de liberarse del dolor y del sufrimiento no es a través de la indagación psicoanalítica, ahí no hay ningún tipo de liberación, la liberación ni siquiera pasa por la comprensión racional sino que tiene que ver con el ofrecer, con el ofrecimiento, el ofrecer es la base del sacrificio. Tampoco vale con hacer aflorar ese dolor y ese sufrimiento a través de la expresión artística, no vale con pintar un cuadro, con hacer una película o con escribir un libro, es algo mucho más profundo, quizás de las cosas más profundas que le puede suceder a un ser humano. Cuando en medio de una enfermedad alguien ofrece a Dios esa enfermedad, está propiciando la salvación de su alma y las de muchos más.

La segunda parte es propiamente la muerte y el entierro…¿Podría considerarse una despedida?

De una madre que ha muerto nunca nos despedimos del todo, si acaso lo más que llegamos a formular en el interior de nuestro corazón es un tímido “hasta luego”. No sé muy bien por qué, pero cuando una madre muere sabemos íntimamente que sigue viviendo, es algo que se percibe con total claridad. Mi madre era muy devota del Sagrado Corazón de Jesús. Siempre hacía la novena los 9 primeros días del mes de junio, el mes dedicado al Sagrado Corazón. Ella murió el domingo día 10 de junio a las 10 de la mañana, justo al acabar la novena, y eso que pasó los últimos días en coma debido al agravamiento de su enfermedad. Yo me di cuenta de esto muchos años después de su muerte.

 mi madre le gustaban mucho las flores. El día del entierro, que fue el lunes 11 de junio, la iglesia estaba totalmente repleta de flores porque el día de antes se había celebrado el Corpus Christi. Quiero decir con esto que Dios no deja ninguna cosa al azar, es como si todo estuviera calculado al milímetro. Para el que cree, todo son milagros.

Y la tercera parte, ¿hasta qué punto vendría a ser una meditación sosegada y serena sobre la muerte y la ausencia?

Los cinco meses posteriores a la muerte de mi madre fueron muy importantes para mí. Fue ahí donde hice el duelo. Ese duelo, ese luto, comenzó justo en el instante en el que murió mi madre. Cuento en el libro que pocos minutos después de morir mi madre me di cuenta de que yo no sabía casi nada de la muerte. Al morir ella, en ese momento, algo nuevo se abrió ante mis ojos. Eso que pude percibir al lado de mi madre tuvo lugar sin que mediaran las palabras, fue una comprensión directa que sucedió en el corazón, no sucedió en la mente.

Es muy importante hacer bien el luto. Tener la posibilidad de hacer un buen luto no es regodearse en aspectos puramente sentimentales. Un buen luto es comprender, por ejemplo, el valor de la oración por el alma de esa persona que acaba de morir. El que muere ya no puede rezar por sí mismo, por eso tiene tanto valor esta vida que estamos viviendo, y es que nosotros sí que podemos rezar y ofrecer misas por los que murieron. Todo esto tiene un valor inmenso. La fe no es algo que tiene que ver con viejas abuelas trasnochadas, la fe es algo vivo que nos pone en contacto directo con Dios.

Si a pesar de la tristeza lo considera un libro alegre, es por qué está impregnado de esperanza en la resurrección…

Por supuesto. La clave es la resurrección. Mi madre estaba llena de una fe verdadera. Dios le había dado a mi madre señales muy claras de su existencia, me consta que es así. Los cristianos no contemplamos la reencarnación porque tenemos la resurrección. Los cristianos no necesitamos reencarnarnos porque Cristo nos ha ofrecido un premio mucho mayor. El que resucita ya ha trascendido, por eso no es necesario repetir curso como sucede con la reencarnación. Los católicos creemos firmemente, y así lo esperamos, que del mismo modo que Cristo resucitó de entre los muertos, y que además vive para siempre, igualmente los justos después de su muerte vivirán para siempre con Cristo resucitado y que Él nos resucitará en el último día. Este es el discurso más revolucionario que se puede ofrecer hoy en día a la sociedad actual.

Aunque no lo parezca, la mayor prueba de la existencia de Dios es la muerte. Podemos constatar que Dios existe porque después de nacer tenemos que morir. La muerte nos está diciendo que éste es un viaje temporal y que al final de ese viaje vamos a estar en las manos de Dios que todo lo ve, que todo lo sabe y que todo lo perdona.

Por algo dice San Pablo que si Cristo no hubiese resucitado seríamos los más desgraciados de los hombres…

Sin la resurrección de Cristo estaríamos muertos, y nunca mejor dicho. Para poder resucitar, primero hay que morir. La muerte es un examen que si no cae en junio cae en septiembre, por eso es bueno que ese examen lo tengamos bien preparado. Si nos preparamos para un viaje, si nos preparamos para un encuentro en familia, lo suyo es prepararse también para la muerte, y esa preparación no puede consistir en aspectos puramente externos como si nos vamos a enterrar en un nicho o en una tumba convencional. La muerte es algo muy serio, por eso la preparación espiritual para la muerte ha de ser una prioridad en nuestra vida.

La muerte no es tanto un acontecimiento que ocurre al final de la vida, como algo que tenemos que ir ensayando día a día, y es que cada día morimos un poco, por eso cada día nos hemos de preparar para bien morir. Así como las madres que van a dar a luz desean tener un buen parto, también nosotros le hemos de pedir a Dios una buena muerte, porque de una buena muerte dependen muchos aspectos de la vida eterna que nos espera.

¿Por qué además del libro quiso rodar un mediometraje y homenajear a su madre como director de cine además de como escritor?

Casi todas las imágenes para la película las tenía ya grabadas. Desde que murió mi madre apenas grabé nada nuevo, lo que hice fue una recopilación de imágenes de los últimos diez años. La película complementa al libro. La película que acompaña al libro apenas tiene que ver con mi madre física, con su voz, con su cuerpo y con su expresión en el mundo, y sí que tiene que ver con el alma de mi madre. El cine tiene esa posibilidad, y es la de mostrar el alma de las personas y de las cosas. Yo como director de cine estoy muy interesado en la dimensión mística del ser humano y en su relación con Dios. Cuento en el libro que mi madre no era exactamente ama de casa, mi madre era más bien ‘el alma de la casa’. A mí me interesa mucho indagar en ese aspecto del alma, y el cine permite llevar a cabo algo tan difícil y complejo como es mostrar el alma, será por eso que tantas veces se dice que una imagen vale más que mil palabras.

Por Javier Navascués – InfoCatólica

Argentina: equipos de pastoral social pidieron el abordaje de causas profundas en delitos de menores

Más de 30 equipos diocesanos de pastoral social apoyaron el documento de la Comisión Episcopal de Pastoral Social, titulado “Más oportunidades que penas” que refiere al proyecto parlamentario para bajar la edad de imputabilidad de los menores.

Por Roxana Alfieri

En este sentido, recordaron que a fines de marzo se realizó el Encuentro anual con los delegados diocesanos en el que trataron y reflexionaron sobre la realidad preocupante de cada uno de los territorios. Con respecto al tema de la niñez y las problemáticas que ocurren en torno a los niños, adolescentes y jóvenes, sostuvieron: “queremos enfatizar las declaraciones de la Comisión Episcopal de Pastoral Social en referencia a la propuesta legislativa de bajar la edad de imputabilidad”.

Causas profundas

En el documento, recomendaron que para encontrar una solución duradera a esta problemática, era imprescindible abordar las causas más profundas del delito en menores: el avance del narcotráfico, la degradación o ausencia de vínculos familiares de contención, la baja calidad educativa y la pobreza estructural. Estas, que son las verdaderas raíces del problema, deben ser atendidas con urgencia, con determinación, con perseverancia y con políticas a largo plazo, que  respondan al “hambre más urgente” del presente.

Los equipos diocesanos del área social afirmaron que se requiere grandeza política para impulsar soluciones de fondo, más allá de los resultados electorales. “No perdamos de vista que los jóvenes representan nuestra mayor esperanza: merecen una vida digna y oportunidades reales para desarrollarse plenamente”, acentuaron.

Haciéndose eco de ese mensaje, desean, una vez más, compartirlo con todos los ciudadanos, y especialmente con los legisladores que debatirán dicho proyecto.

Este es un artículo original de vidanuevadigital.com

El 72º milagro en Lourdes: la curación de una mujer italiana con esclerosis

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¡Un nuevo milagro en Lourdes! El padre Daubanes, rector del santuario de Lourdes, anunció el miércoles 16 de abril, al final del rosario en italiano, el reconocimiento del 72º milagro de Lourdes. Se trata de Antonietta Raco, una italiana de 67 años afectada de esclerosis lateral primaria (ELP), que se curó en 2009 tras su peregrinación al santuario mariano.

Nuevo milagro en Lourdes! El padre Daubanes, rector del santuario de Lourdes, anunció el miércoles 16 de abril, al final del rosario en italiano, el reconocimiento del 72º milagro de Lourdes. Se trata de Antonietta Raco, una italiana de 67 años afectada de esclerosis lateral primaria (ELP), que se curó en 2009 tras su peregrinación al santuario mariano.

Originaria de Francavilla in Sinni (Basilicata), esta mujer padecía desde 2004 PLS, una enfermedad del sistema nervioso que afecta exclusivamente a las neuronas motoras cerebrales y una enfermedad considerada incurable. Utilizando una silla de ruedas y habiendo visto sus capacidades motoras, respiratorias y de deglución severamente deterioradas, Antonietta Raco llegó a Lourdes en 2009, acompañada por la Unión Nacional Italiana para el Transporte de Enfermos a Lourdes y Santuarios Internacionales (Unitalsi).

Una sensación inusual de bienestar

Durante esta peregrinación, se sumergió en las piscinas del santuario. Al salir, admitió sentir un intenso dolor en las piernas seguido de un profundo alivio y una inusual sensación de bienestar. Más tarde dijo que también escuchó una voz femenina tranquilizadora que le decía: “No tengas miedo”. Pero no habló de lo sucedido hasta que llegó a casa.

De regreso en Italia, se levantó y caminó sin ayuda. En agosto y septiembre del mismo año fue sometida a una serie de controles que demostraron que los síntomas de su enfermedad habían desaparecido… Los médicos, entre ellos el profesor Adriano Chiò, del Hospital Molinette de Turín, confirmaron la ausencia de cualquier explicación científica para esta regresión de la enfermedad.

En julio de 2010, Antonietta Raco declaró su supuesta recuperación ante el Servicio de Informes Médicos de Lourdes. Se convocó una primera reunión, seguida de varias otras en 2012, 2013, 2016 y 2017. En noviembre de 2024, después de un consenso internacional sobre el diagnóstico de PLS, el Comité Médico Internacional de Lourdes (CMIL) votó para reconocer la curación como inexplicable según los conocimientos médicos.

Hoy, Antonietta Raco lleva una vida normal y colabora activamente como voluntaria con Unitalsi, demostrando su gratitud y su fe renovada. “¡Esta es una gran noticia para el santuario! Inspira fe, alegría y esperanza, y nos permite conectar con el corazón de este año jubilar“, declaró a Aleteia el padre Daubanes, rector del santuario de Lourdes. “En cuanto Antonietta Raco llegue a Lourdes, tendremos la oportunidad de dar gracias juntos a Dios por este milagro

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Resucitar a la vida: un llamado a la alegría y a la valentía

Solemos asociar a la resurrección con nuestra fe, con el regreso a la vida después de la muerte, de nuestro Señor Jesús, pero es mucho más que eso, pues resucitar genera un cambio que nos trae alegría y valentía.  Todos hemos atravesado etapas oscuras. Pérdidas dolorosas, fracasos, enfermedades, traiciones.

Pero así como en la tradición cristiana la muerte no tiene la última palabra, en nuestra vida cotidiana el dolor tampoco la tiene. Siempre hay un margen para reiniciar.

Renacer implica volver a intentarlo, incluso cuando el fracaso aún duele. Es abrirse a una nueva perspectiva, dejar de centrarse en lo que se perdió y comenzar a valorar lo que aún es posible. A veces, basta con mirar desde otro ángulo para descubrir que la vida sigue ofreciéndonos caminos que no habíamos notado antes.

La verdadera alegría

Hay quienes creen que la alegría solo llega cuando todo va bien. Sin embargo, la verdadera alegría es, muchas veces, un acto de resistencia. Surge como una chispa en medio de la oscuridad.

Es la risa que nace tras las lágrimas, el gozo de un abrazo sincero, la calma de una tarde soleada después de una tormenta interior. Cultivar alegría no significa negar el dolor, sino abrirle espacio al alma para respirar.

Es reconocer que, incluso en el caos, hay motivos para agradecer, para celebrar, para seguir vivos. Y es justamente en los momentos más difíciles cuando elegir la alegría se convierte en un acto de profunda valentía.

Miedo a la muerte

Uno de los grandes temores humanos es la muerte. Pero vivir con el miedo constante a dejar de existir nos impide, paradójicamente, vivir de verdad. Parte de nuestra resurrección interior consiste en reconciliarnos con nuestra mortalidad, no como una amenaza, sino como una invitación a saborear intensamente el presente.

Aceptar que la vida tiene un final nos impulsa a valorar cada día como un regalo irrepetible, con sus desafíos y sus sorpresas, a decir lo que sentimos, a perdonar lo que nos han hecho, a realizar lo que anhelamos, sin seguir postergando.

Nos lleva a actuar con propósito, conectados con lo que realmente importa. A vivir con pasión, sabiendo que cada instante puede ser el inicio de algo nuevo. Cuando dejamos de centrar nuestra energía en el temor, aparece la fuerza para vivir con plenitud.

Inicio de una nueva vida

Cada amanecer encierra la promesa de un nuevo comienzo. Cada momento puede ser una oportunidad para dejar atrás lo que nos oprime y abrazar lo que nos hace vibrar. La vida, con todo su misterio, nos sigue llamando a levantarnos, a reconstruirnos, a redescubrirnos con más ternura, más sabiduría y más coraje.

Tal vez no podamos cambiar muchas de las circunstancias externas, pero sí podemos transformar nuestra actitud interior. Y en ese pequeño gran giro se esconde la libertad más poderosa: la de elegir cómo es que quieres vivir a partir de ahora.

Hoy es un buen día para resucitar. Para mirarnos con nuevos ojos, para sacudirnos el polvo sucio del alma, para recordar que aún podemos vivir con alegría, sin miedo y con propósito. Es tiempo de retomar nuestra luz interior, esa que jamás se apaga, aunque la noche parezca interminable.

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Continúan los bombardeos israelíes sobre campamentos de refugiados en Gaza 

Al menos 24 palestinos han muerto, cinco de ellos eran miembros de una misma familia, en la madrugada de este viernes como consecuencia de dos ataques del ejército israelí. Además, los servicios de rescate de la Franja de Gaza han informado este jueves de un nuevo bombardeo israelí que ha dejado, por el momento, una treintena de muertos, la mayoría de ellos mujeres y niños. Las víctimas estaban alojadas en carpas dentro de un campamento de refugiados.

Pero no ha sido el único ataque en la zona este Jueves Santo, ya que la Defensa Civil de Gaza también ha denunciado varias masacres, entre ellas la de la ciudad de Jan Yunis, en el sur del enclave, que ha dejado quince muertos. Como consecuencia de este ataque también se ha provocado un incendio en una de las tiendas y las víctimas han llegado al hospital carbonizadas, según recoge Europa Press.

Además, se cumple un mes desde que Israel decidió reanudar los intensos bombardeos en la zona de la Franja de Gaza, alegando falta de voluntad por parte de Hamás para aceptar las condiciones que proponía Estados Unidos de cara a ampliar el alto al fuego.

De hecho, el Ministerio de Salud gazatí ha informado este jueves del balance de esta ofensiva militar de Israel: las víctimas mortales ascienden a más de 50.000 personas y más de 110.000 heridos desde octubre de 2023.

La fotografía de un niño palestino mutilado, premiada con el World Press Photo 2025

Un niño gazatí de apenas nueve años sin brazos, mutilado como consecuencia de los bombardeos israelíes en marzo de 2024. Esta es la fotografía de la palestina Samar Abu Eloufque ha ganado el prestigioso premio de fotoperiodismo World Press Photo 2025, cuya fundación ha anunciado este jueves los ganadores y finalistas. La imagen, que muestra al pequeño Mahmoud Ajjour, se ha alzado con el primer premio por ser un grito contra la guerra.

Campaña contra el asesinato de periodistas

Desde que comenzó la guerra en Gaza, al menos 180 periodistas y profesionales de la información han sido asesinados, según el Sindicato de Periodistas Palestinos. Los más recientes se llamaban Hossam Shabat, que trabajaba para Al Jazeera Mubasher, y Mohammed Mansour, para Palestine Today. Ambos muy jóvenes, acusados de ser terroristas por el ejército israelí.

«Como periodistas, no podemos guardar silencio ante esta realidad», señala el comunicado de la asociación Periodistas Internacionales en Oriente Próximo, que ha puesto en marcha una recogida de firmas en la plataforma Change.org que enviarán a al Comité Especial de Peticiones Públicas del Parlamento israelí. «El asesinato de nuestros compañeros no es solo una tragedia personal: es un crimen contra la libertad de prensa, un ataque directo al derecho a la información, una amenaza a la democracia».

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Perdono pero olvido

¿Qué es más difícil?, suelo preguntar en la Carpa de María a los peregrinos que caminan hacia el Santuario de la Virgen en Luján… ¿caminar 400 km. hasta un santuario lejano de la Virgen, o perdonar lo imperdonable?

Las respuestas no fallan. Nunca. Más difícil, si no imposible, es perdonar lo imperdonable.

¡Qué difícil es educar nuestra naturaleza!

¡Qué difícil es la autoeducación! Proponerse crecer, y cumplir lo propuesto.

¡Qué difícil es perdonar!

Yo he descubierto que trabajando en dos campos distintos, el perdonar se va haciendo un estilo de vida.

Un campo es el humano. Cuanto más seamos capaces de entender nuestra propia limitación y pobreza, tanto más fácil será comprender la limitación y pobreza del otro. El desafío consiste en hacer el esfuerzo de quitarse todo el ropaje propio, para ponerse en el corazón y la mente del otro. Si evaluamos al otro en base a las cosas buenas que hacemos nosotros, nunca lograremos avanzar. Se trata de comprender al otro desde su propia naturaleza, desde su historia, desde su riqueza y sus limitaciones. Así podremos comprender (no digo justificar) sus falencias, y aquellos actos que nos duelen del otro. Si entendiéramos esto y lo viviéramos, nuestra vida sería mucho más feliz.

Consiste en un ejercicio diario. Cuanto más trabajamos este campo, tanto más sencillo nos resultará ser empáticos con aquellos que sentimos que nos ofenden.

El otro campo es el de la fe. La teoría es muy fácil. Si Jesús nos perdonó todo, cómo no vamos a perdonar nosotros. Pero la ecuación no es tan fácil. Siempre necesitamos de un apoyo humano, natural, para fortalecer el plano de la fe. Siempre van ambos integrados. Naturaleza y gracia. Espiritualidad y humanidad. Dios y la comunidad. Siempre deben ir entrelazados orgánicamente. 

Cuando la mente quiere perdonar, pero el corazón no acompaña

Me ha sucedido que me costó mucho perdonar de corazón a una persona que me hizo mucho daño, aunque la mente, la voluntad, ya le habían perdonado. En el fondo, aunque no estaba feliz con esta dicotomía, estaba muy tranquilo con mi conciencia, porque la voluntad estaba firme en el perdón, pero ese perdón del corazón ya no estaba bajo mi control. Necesitaba ayuda del cielo. Y esto duró por mucho tiempo.

Hasta que en un retiro de Semana Santa, Dios me regaló la gracia que yo le estaba pidiendo, y mi corazón pudo perdonar. Y quedé liberado.

¿Perdono pero no olvido?

Lo hemos escuchado miles de veces. Perdono pero no olvido. Pero esto no es lo que nos plantea Jesús el Viernes Santo.

Cuando Dios perdona, olvida, y esa debe ser la meta del cristiano. El amor radical, pero respetando nuestros procesos humanos.

Teniendo presente la importancia de comprender al otro en su propia realidad, y abriendo el corazón a Jesús, que se encuentra colgando en la cruz para salvarme, perdonar y olvidar, no es imposible. Y el tiempo ayuda. 

Ir al encuentro del otro

Dios nos moviliza a ir al encuentro del otro, a pesar de sentirnos nosotros los ofendidos. 

Todos tenemos un momento en el que Dios nos dice: Llámala. Ve a visitarla. Háblale de algo. Haz algo. Dale un café. Pregúntale si hace frío.

El sentirte inocente no te exime del esfuerzo. 

Hay alguien que dio mucho más por ti y por mí.

Tocar el timbre

En una ocasión había una persona muy enojada conmigo. Yo en mi corazón no tenía nada en su contra. Pero me llegó el mensaje de que no se me ocurriera volver a su casa. Cuando pude, me acerqué a su casa, y toqué timbre. Me abrieron, entré, nos saludamos, hablamos un poco, y todo se solucionó, como si no hubiera pasado nada.

Al tocar el timbre, al llamar por teléfono, uno sabe que podemos “fracasar” en el intento. Lo tenía muy claro. Y la pregunta es ¿qué es lo peor que puede suceder? La respuesta: que no me abra, que no me atienda. ¿Y? ¿Qué problema hay? Solo un poco el orgullo personal está en juego… pero en el fondo, si me encuentro seguro, no pasa absolutamente nada. Y así, un eventual fracaso solo puede llevar a una victoria, más allá de los resultados. ¡Porque lo hicimos!

Es indescriptible la libertad interior que regala el perdón.

Señor, ayúdame a perdonar y a olvidar

Relata Lucas que estando Jesús en el Monte de los Olivos, sufriendo una terrible angustia de muerte, sudando sangre, porque iba a comenzar su pasión, se le apareció un ángel para fortalecerlo.

Cuentan (no Lucas) que un señor se preguntó por años qué le habría dicho el ángel a Jesús, para que tuviera la fuerza de ir a la pasión y a una terrible muerte en la cruz. Le carcomía la duda. El hombre oraba con insistencia para poder entender qué palabras el ángel pudo haberle dicho, como para levantarse, e ir camino a la cruz. 

Al fallecer, el señor llega al cielo. Lo primero que hace es preguntar a Pedro si sabía dónde se encontraba el ángel que le dio fuerza a Jesús para ir al Calvario. Pedro entonces le informa qué camino tomar para llegar donde se encontraba este ángel. Nuestro amigo atraviesa valles, sube montañas, cruza ríos celestiales, hasta que se encuentra con un grupo de ángeles, y averiguando, encuentra al ángel de Getsemaní. 

Y le dice: Dime por favor, te lo ruego, ¿Qué le dijiste a Jesús para que tuviera fuerzas en ese momento tan terrible, para ir a la cruz? Y el ángel le responde: “Le dije tu nombre”.

Señor, ¡qué impresionante es tu amor por mí!

Señor, dame la fuerza para amarme en mi miseria, porque tú me amas muchísimo más.

Señor, dame la fuerza para amar a quien no amo.

Dame la fuerza para perdonar y olvidar. 

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Viernes Santo: el día en que el Amor se entregó por todos

¿Qué se celebra en el Viernes Santo?

El Viernes Santo es el segundo día del Triduo Pascual y uno de los momentos más solemnes del año litúrgico cristiano. La Iglesia no celebra la Eucaristía; en cambio, contempla y medita el misterio más profundo del amor de Dios: la Pasión y Muerte de su Hijo, Jesucristo. En este día se conmemora su entrega total en la Cruz para la redención del mundo.

A diferencia de otras celebraciones, en el Viernes Santo se impone un ambiente de silencio, penitencia y adoración. El color litúrgico es el rojo, símbolo del martirio y del amor ardiente de Cristo.

¿Por qué se celebra?

Se celebra porque en la Cruz se cumple el plan salvífico de Dios: Jesús, el Cordero sin mancha, ofrece su vida libremente por nuestros pecados. Es el día en que se manifiesta de modo definitivo la Misericordia divina. Como recuerda el Catecismo de la Iglesia Católica:

“El sacrificio de Cristo y el sacrificio de la Eucaristía son un único sacrificio” (CIC 1367).

Jesús, con su muerte, restablece la comunión rota por el pecado. El Viernes Santo no es una tragedia, sino un misterio de amor: “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos” (Juan 15,13).

Historia del Viernes Santo

Desde los primeros siglos del cristianismo, los fieles han conmemorado la Pasión del Señor con ayuno, oración y peregrinaciones a los lugares santos. En Jerusalén, ya en el siglo IV, los cristianos se reunían en el Calvario para leer la Pasión según san Juan, rezar y adorar la Cruz.

En la liturgia romana, la celebración del Viernes Santo adquirió su forma actual en la Edad Media y se ha conservado con pocos cambios:

1. Liturgia de la Palabra, con la lectura solemne de la Pasión.

2. Oración universal, donde la Iglesia ruega por toda la humanidad.

3. Adoración de la Cruz, signo de victoria y salvación.

4. Comunión, con el Pan consagrado el día anterior.

En este día, además, muchas comunidades realizan el Vía Crucis, reviviendo el camino de Jesús hacia el Calvario, meditando cada estación como un acto de amor redentor.

Oraciones para el Viernes Santo

Oración ante la Cruz

“Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, porque por tu santa Cruz redimiste al mundo.”

Oración personal

Señor Jesús, en este día de tu Pasión, me uno a tu dolor y a tu entrega. Enséñame a amar como Tú, a perdonar como Tú, a confiar en el Padre como Tú. Que la Cruz no me escandalice, sino que me transforme. Amén.

Oración por la humanidad

Dios todopoderoso y eterno, que has querido que tu Hijo muriera por nosotros para darnos la vida, concede al mundo la paz, a los pecadores la conversión, a los enfermos el consuelo y a los fieles la gracia de vivir con amor este misterio. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

El Viernes Santo no es solo el recuerdo de un hecho histórico: es una llamada a contemplar el amor sin medida de Cristo por cada uno de nosotros. En el silencio del Calvario se escucha con fuerza la voz del Redentor: “Todo está cumplido” (Juan 19,30). Y con esa entrega comienza nuestra esperanza.

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