En este día en que el mundo calla ante la muerte del Inocente, resuena el eco de una figura solitaria que ha llevado sobre sus hombros muchas de nuestras contradicciones. No como héroe. No como mártir. Sino como discípulo.
Francisco
Ciudad del Vaticano — El Viernes Santo no admite discursos triunfalistas. Es el día del silencio de Dios, de la cruz erguida en el corazón del mundo. Y sin embargo, incluso hoy, la historia nos susurra el nombre de un hombre que —como Pedro en Roma— ha aprendido a amar con las rodillas dobladas.
Por Néstor Ojeda
Jorge Mario Bergoglio, el Papa que vino del fin del mundo, no será recordado por grandes reformas estructurales ni por alianzas estratégicas. Será recordado, tal vez, por algo más escandaloso: 👉 haber encarnado, en tiempos de cinismo, el estilo crucificado del Evangelio.
🌧️ Bajo la lluvia, bajo la cruz
El 27 de marzo de 2020 quedará como una de las imágenes icónicas de este pontificado. Un hombre solo, en una plaza vacía, ante un mundo en pandemia. No fue una performance. Fue una súplica. Bajo la lluvia, el Papa no alzó la voz para dominar, sino para rogar.
“Señor, no nos abandones en la tormenta.” — Francisco, Urbi et Orbi, 2020
Allí se reveló el núcleo del papado de Francisco: 🕊️ una espiritualidad de la fragilidad.
🤲 El Evangelio de los gestos
Francisco no ha buscado controlar el relato. Ha dejado que sus gestos hablen.
Lavó los pies de mujeres musulmanas.
Abrazó a niños con deformidades.
Besó los muros heridos del Mediterráneo.
Estos signos no fueron sentimentalismos. Fueron sacramentos de un cristianismo encarnado, que no teme mancharse con el barro de la historia.
“Prefiero una Iglesia accidentada por salir a las calles, que enferma por encerrarse en sí misma.” — Evangelii Gaudium, 49
📖 Un magisterio de heridas
Sus textos no han sido cómodos:
🟢 Laudato Si’ denunció un modelo económico depredador.
🟣 Fratelli Tutti propuso una fraternidad sin fronteras ideológicas.
🟠 Amoris Laetitia pidió mirar con compasión las zonas grises de la vida familiar.
Su teología no es de laboratorio. Es de campo de batalla. Como Jesús, ha hablado desde las heridas. Y por eso ha sido resistido.
🕳️ La cruz de las incomprensiones
Pocos papas han sido tan malinterpretados en tiempo real. Acusado de progresista por unos y de tibio por otros, Francisco ha cargado con la cruz de no ser entendido ni por sus amigos ni por sus enemigos.
“Muchos no me escuchan con el corazón libre. Algunos ya escribieron mi carta de despido.” — Francisco
Su fuerza ha estado en la resistencia. Ha amado incluso a quienes lo han golpeado con palabras. Y no ha devuelto el golpe.
🌅 Una Pascua que aún no vemos
Muchos lo han dado por vencido. Pero el cristianismo no mide la victoria por la eficacia. En la cruz, todo parece perdido… hasta que amanece.
Y quizá ese sea el mayor legado de Francisco: haber vivido estos doce años como un largo Viernes Santo, con la mirada fija en el horizonte pascual.
“Cuando me vaya, tal vez me critiquen menos.” — Francisco
🙏 Bajo la cruz, un testigo
Este Viernes Santo, mientras miramos al Crucificado, no veamos en Francisco un salvador. Veámoslo como un eco humano, imperfecto, pero veraz, del Amor que se entregó hasta el fin.
Y quizás —quizás— el mundo lo entienda mejor… cuando el sepulcro quede vacío.
Acompáñanos en esta charla con Pablo Delgado de la Serna, también conocido en redes sociales como @untrasplantado Enfermo desde su niñez, ha pasado por 37 intervenciones quirúrgicas, 3 trasplantes de riñón (los 3 fallidos), tiene una pierna amputada y frecuentes problemas con la otra.
Esclavode su diálisis diaria, se considera muy afortunado porque cada sesión es un poco más de vida.
El de Pablo es un perfil resiliente y creyente, o viceversa, que va dejando su huella por dónde pasa.
Y es por su amor a la Vida, que proclama su incansable lucha por alcanzar la plenitud que sabe que le está esperando porque «estoy en el aperitivo de lo Mejor».
Una lucha que libra sostenido firme por su fe, los Sacramentos y el apoyo en otros dos pilares fundamentales: su esposa Sara y su hija Amelia que – dice – le dan la fuerza que la salud le quita.
El equipo SAPcrece junto
Pablo nos habla, desde su experiencia de conversión diaria, de perdón, agradecimiento y ofrecimiento del sufrir que tan bien conoce.
Invita a «vivir cada día una vez», pero su carpe diem no es un canto al sol, no es banal, sino coherente y realmente espiritual.
Garantizar la dignidad humana
Y porque vive en la profundidad y el compromiso, Pablo sabe qué responder, con plena conciencia y desde el mayor respeto, si le preguntan sobre la eutanasia o cualquier «iniciativa» en contra de las vidas pensadas por Dios. En este charla, lo responde.
Este es el tercer vídeo de ‘La vida después de una conversión’, que no es otra cosa que conocer cómo se puede vivir en (y con) Verdad en el mundo hoy.
Susana Nuin, socióloga, comunicadora y referente continental en procesos pastorales. Comparte desde su experiencia en comunidades de base, redes eclesiales y procesos de acompañamiento sociopastoral, su mirada sobre cómo la Semana Santa, con toda su fuerza simbólica y espiritual, puede convertirse en una escuela de sinodalidad, fraternidad y transformación social para nuestra Iglesia latinoamericana.
A través de esta conversación, invita a redescubrir las expresiones de la fe popular, los valores de la espiritualidad latinoamericana y, sobre todo, el llamado a caminar con los excluidos, a escuchar activamente y a vivir la Pascua como impulso para una misión más comunitaria, cercana y comprometida.
Uruguaya de origen y residente en el sur de Colombia, Susana ha trabajado por más de 20 años en distintos departamentos del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) y actualmente coordina el Programa Latinoamericano y Caribeño de Tierras Hacia una Fraternidad Posible. También integra redes interinstitucionales como Ciudad Nueva Interamericana, presente en 17 países.
El amor recíproco se manifiesta en Semana Santa
Pregunta: ¿Cuáles cree que son las principales expresiones de fe popular en Semana Santa que reflejan la identidad del pueblo latinoamericano?
Respuesta: Me parece que podemos hablar antes que nada de que son todas celebraciones donde el pueblo participa con mucha vocación, con mucho interés y con mucha devoción.
En segundo lugar, me parece que se genera un espíritu fraterno que tiene que ver con la socialidad típica, no sociabilidad, sino socialidad típica que propone el mandamiento nuevo del amor recíproco, que se manifiesta el Jueves Santo.
Creo que, también, en la religiosidad popular cada vez más se logran divisar los rostros fuertes de dolor que atraviesan nuestros pueblos y ya no se tratan de celebraciones religiosas distantes, sino cercanas a los dolores de nuestra gente.
“La resurrección es cada día”
Y la resurrección es la resurrección de un pueblo que siempre mantiene resiliencia, que es típico de lo latinoamericano, donde la esperanza tiene sus raíces profundas, donde la resurrección es cada día, es cada día para una mamá pobre que tiene que seguir mandando niños al colegio, a la escuela, que tiene que darles de comer, que tiene que seguir viviendo.
Hay una resurrección que yo creo que se da en todos los cristianos, pero particularmente se vivencia en esa resiliencia esperanzadora, en esa certeza que hay en el pueblo de Dios de que la resurrección es el momento más importante de la Semana Santa y de la Pascua porque justamente esa vida de resucitado en medio de su pueblo.
El servicio, la reciprocidad y la resiliencia, valores visibles de la espiritualidad latinoamericana
P.: En su experiencia, ¿qué valores de la espiritualidad latinoamericana se hacen más visibles durante la Semana Santa y la Pascua?
R.: Yo creo que uno de los valores muy fuerte, que es también netamente cristiano, pero al mismo tiempo muy latinoamericano, es el servicio, el estar disponible hacia los demás, el estar atento a las necesidades de los otros.
Yo veo a veces en países o en situaciones muy límites, pero veo la atención de las personas hacia el hacia otros que quizás necesitan todavía más. Esto me hace mucha impresión; el servicio, la reciprocidad, porque esto es un valor que tiene que ver inclusive que viene de las culturas originarias y que se manifiesta fuertemente en el cristianismo, como decía antes. El Jueves Santo es un día de servicio, como es la voz de los pies y de reciprocidad en el mandamiento nuevo.
Y esto también lo encontramos inclusive en las religiones ancestrales, que impregnan también la vida de la Semana Santa. También me parece que la capacidad de asumir el dolor, acogerlo y transformarlo, como decía antes, en resiliencia, en esperanza en fuerza para seguir adelante, para construir, para ser para para la diría para la vida. Y este es un gran valor que Latinoamérica tiene.
Susana Nuin Núñez
La Semana Santa y la sinodalidad, nos llevan a la esencia de la vida de Jesús
P.: ¿Cómo puede la experiencia de la Semana Santa ayudarnos a comprender mejor la sinodalidad en la Iglesia?
R.: Creo que es porque nos lleva a la esencia de la vida de Jesús, a la esencia de la vida de los primeros tiempos, a la esencia de ese Jesús que en la Tierra constituye una comunidad.
No es un solitario, es una es alguien que le reza al Padre, está en comunión permanente con el Padre, pero tiene y genera a su alrededor una comunidad que son la de sus seguidores y yo creo que la sinodalidad pasa por allí, esas comunidades que viven en comunión. Y la Semana Santa es un foco, faro de luz justamente en el vivir la comunión.
Entonces, si algo creo que tenemos que decirnos, es que la gran enseñanza de la Semana Santa, la sinodalidad, es la reciprocidad, la comunión, la capacidad de enfrentar las dificultades, los conflictos y los dolores; y la capacidad de salir juntos de el mismo dolor, de las mismas dificultades, que eso es resurrección.
La propuesta de Semana Santa es la de caminar juntos
P.: En el proceso sinodal, se habla de una Iglesia que camina junta. ¿De qué manera la liturgia y las celebraciones pascuales pueden reforzar esta idea en nuestras comunidades?
R.: Las celebraciones litúrgicas en muchas iglesias, cada vez más, representan ese vivir junto al otro, junto a los otros. No ser solo personas que van al templo a vivir la Semana Santa en forma aislada con una religión personal, sino que es personal porque es un seguimiento de Jesús que se nos propone a cada uno de nosotros, a cada una, pero al mismo tiempo es una propuesta la de la Semana Santa, de caminar juntos; yo diría atravesar el arco de la muerte y la vida, atravesarlo justamente y poder juntos resucitar y seguir caminando.
El desafío de integrar las voces de los excluidos
P.: ¿Cómo integrar las voces de los excluidos (migrantes, indígenas, mujeres, jóvenes) en la vivencia de la Pascua desde una perspectiva sinodal?
R.: Cómo incluir las voces de las minorías, las voces sufrientes, las voces de los excluidos en todo esto. A mí me parece que hay todavía mucho por hacer.
Hay comunidades en distintos países de América Latina muy vivenciales donde se hace la experiencia de integración, intercultural, de los migrantes, de los sectores más desfavorecidos, de los excluidos, de las familiares de desaparecidos, pero también, digamos, la verdad, que queda, yo diría, mucho por hacer, porque hay todavía bastante formalismo y porque hay también una concepción todavía litúrgica muy vinculada al templo, más que al templo de Dios en cada hermano y en las comunidades necesitadas.
Creo que es todavía un reto, creo que es un desafío y una disciplina todavía para cumplir, para madurar.
Semana Santa un momento de práctica de sinodalidad
P.: ¿Ve usted en las celebraciones de Semana Santa una oportunidad para profundizar en la escucha y el discernimiento comunitario que el Sínodo nos invita a practicar?
R.: Yo creo que sí, que la Semana Santa tiene una posibilidad, nos ayuda fuertemente a caminar de una manera de escucha en el discernimiento en las comunidades.
Hay sectores, iglesias locales, iglesias diocesanas que tienen mayor sensibilidad a hacer de la Semana Santa un momento de práctica de sinodalidad, de práctica de comunión, y hay otras más rituales.
Creo que en esto debemos crecer cada vez más para que la Semana Santa sea un espacio justamente de discernimiento, de diálogo, de escucha.
Mirar hacia los que tenemos al lado
P.: ¿Cómo podemos pasar de una vivencia individualista de la fe a una Pascua que nos impulse a una misión comunitaria y comprometida?
R.: Bueno, yo creo que es un deber fuerte de toda la Iglesia hacer comprender que la Pascua no es la Semana Santa, no es un evento individualista, un evento de una religión intimista, sino que es un evento que nos hace mirar de forma maravillosa hacia la humanidad, hacia los que tenemos al lado, hacia todos.
Creo que un ejemplo de esto ha sido Jesús lavando los pies a los discípulos, pero también ha sido y es el ejemplo de los papas que han lavado los pies a los encarcelados, a distintos sectores aparentemente marginados de la sociedad.
No solo eso, también el reconocimiento de los migrantes, el reconocimiento del sufrimiento de la migración, y todo esto en la Iglesia hace, nos hace salir de una religión que se puede volver inclusive una Semana Santa intimista, pero no comunitaria, no vivencial, no de proximidad, no de cercanía hacia el otro.
Renovación testimonial de la catequesis pascual
P.: A la luz del Sínodo, ¿cómo se puede renovar la catequesis pascual para que las nuevas generaciones se sientan más interpeladas y comprometidas con la Iglesia?
R.: El primer elemento me parece es que sean los jóvenes que digan cómo quieren vivirla, que la diseñen, que la piensen, que la sueñen, que la puedan discernir.
Creo que muchas veces, estas celebraciones vinculadas con el mundo litúrgico están más en manos de los párrocos, los vicepárrocos o inclusive laicos que ocupan casi lugares sacerdotales muy clericalizados. Lo primero que se debería hacer es recurrir a los jóvenes para pensar junto con ellos cómo puede ser una Semana Santa vivencial, cercana, próxima, una Semana Santa sinodal, una Semana Santa creativa, llena de vida. La única forma creo es escuchándolos y trabajando con ellos, no para ellos, sino con los jóvenes y entre los jóvenes.
Al respecto, de lo que pueda ser la catequesis pascual, debería ser una catequesis que sí celebra la cruz, se pueden presentar testimonios de cómo la cruz es asumida por tantas personas. Si se habla del amor recíproco, del mandamiento nuevo de Jesús del Jueves Santo, se puedan presentar testimonios en los cuales realmente se pueda tocar con la mano ese tipo de amor que viene y que va, que es de proximidad, que es recíproco.
Si hablamos de resurrección, experiencias realmente de la comunidad que se ha resucitado personalmente, comunitariamente. La catequesis pascual debería estar mucho más surtida, enriquecida, favorecida por el mundo testimonial, por los testimonios, por las experiencias por las prácticas que existen en la vida de la comunidad, pero que no siempre se les da relevancia y se opta más por el mundo homilético de la homilía, que por el mundo testimonial.
La comunicación que tiene que vivir la sinodalidad
P.: ¿Qué papel juegan los medios de comunicación en la transmisión del mensaje de Pascua y en la construcción de una Iglesia sinodal?
R.: Son fundamentales los medios de comunicación para generar justamente comunión y sinodalidad; obviamente vivimos un momento muy feroz en materia de la hegemonía de los grandes grupos mediáticos. Por lo tanto, hay poco interés de cultivar la sinodal y de cultivar lo que sean digamos realidades comunales.
Todos los periodistas de vocación cristiana deberíamos realmente llamarnos en causa y decir qué comunicación hacemos, qué estamos comunicando, con quién y a quién. Realmente, aún el mundo cristiano es un mundo de las comunicaciones que tiene que evangelizarse y vivir la sinodalidad caminando junto a otros comunicadores, a una verdadera comunidad de comunicadores.
Redescubrir el mensaje Pascual
P.: En un continente donde se vive la desigualdad y la injusticia, ¿cómo podemos redescubrir el mensaje pascual como un llamado a la transformación social?
R.: Bueno, el mensaje Pascual nos llama, nos grita, nos apela, nos interpela a vivir para poder generar otro tipo de realidad, otro tipo de dignidad de la persona humana, de las comunidades humanas, donde la transformación social sea incidente, tenga incidencia.
Tenemos que salvarnos de un gran pecado en la Semana Santa y en toda la vida cristiana, que es la de separar lo espiritual de lo integral, de lo que supone.
Me encanta cómo el Papa, refiriéndose al Jubileo 2025, plantea que prácticamente no es una conversión únicamente espiritual, es una conversión también económica, es una conversión que tiene un desarrollo integral. Él habla de la deuda externa, de que se perdonen las deudas externas, pero esto me parece muy importante, porque sin querer nosotros hemos separado el mensaje cristiano, el mensaje del evangelio en un mundo espiritual, y por otro lado las prácticas que no siempre son muy cristianas.
Un camino de conversión integral
Si tuviera una impresión más de conclusión, diría que veo un gran esfuerzo en el Papa Francisco en que todas las prácticas religiosas, las celebraciones, las prácticas litúrgicas, las grandes celebraciones como la Pascua y la Navidad, la Semana Santa y la Navidad sean vivenciales, sean cercanas, estén codo a codo con las personas; él mismo, mientras ha tenido fuerzas, así lo ha hecho con los detenidos, con tantas expresiones que realmente nos ha demostrado con su amor por la creación, con su ida a Lampedusa, con su preocupación por la migración.
Entonces, veo que hay un gran sector, que no es solo el Papa, sino también obispos, personas que han dado la vida en nuestros pueblos –obispos, religiosos, religiosas, sacerdotes, laicos–, que realmente han sido mártires por una transformación social. Veo que hay sectores muy avanzados, muy comprometidos, y veo que hay sectores muy acomodados en todavía en la zona de confort, que es la zona de lo netamente litúrgico.
Y lo litúrgico no vinculado a lo relacional, a lo comunal, a lo sinodal. Y esto creo que más que una preocupación debería ser una ocupación de todos nosotros cristianos comprometidos para hacer que Semana Santa y Navidad sean siempre más celebraciones vitales que nos ponen en relación con los otros, que nos ponen al lado codo a codo de los otros y que nos permiten comprender un camino de conversión integral, de conversión en el cual todos sean partícipes del banquete del Reino.
En un clima de comunión, escucha y discernimiento, el pasado viernes 11 de abril de 2025 se llevó a cabo en la ciudad de Villarrica la reunión del Equipo Sinodal de la Conferencia Episcopal Paraguaya (CEP). La jornada tuvo como objetivo principal reflexionar sobre los próximos pasos del camino sinodal en Paraguay, en el contexto del proceso de implementación propuesto por el Vaticano tras la primera sesión de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos.
El encuentro contó con la participación de Mons. Pedro Jubinville, Obispo de San Pedro y presidente de la CEP, y de Mons. Miguel Ángel Cabello, Obispo de Villarrica y vicepresidente del episcopado. También estuvieron presentes miembros de la Secretaría de la Comisión Episcopal para el Sínodo, el Padre Óscar Martí y la Hermana Fabiola Camacho en representación de la CONFERPAR (Conferencia de Religiosos del Paraguay), así como representantes de las pastorales de Laicos, Juventud, Comunicación y Clero.
La reunión se desarrolló a la luz de la carta orientativa emitida para esta nueva etapa del proceso sinodal, que propone un acompañamiento cercano y comunitario. Esta fase de implementación se inspira en las conclusiones del Documento Final de la XVI Asamblea Sinodal, que llama a consolidar una Iglesia sinodal: una Iglesia de la escucha, de la participación y de la misión compartida.
Iglesia que camina unida
Durante la jornada, los participantes intercambiaron experiencias, impresiones y propuestas con el objetivo de animar, desde las bases, una Iglesia que camina unida. En el marco del Año Jubilar que vive la Iglesia universal, el equipo manifestó que continuará trabajando por una mayor corresponsabilidad eclesial, y por un testimonio renovado del Evangelio en el contexto paraguayo.
Este espacio de articulación pastoral demuestra que el Sínodo es un proceso permanente de conversión, diálogo y renovación. En palabras compartidas durante la reunión: “La sinodalidad no es una estrategia, sino el rostro mismo de una Iglesia que se pone en camino con todo el Pueblo de Dios”.
La reunión en Villarrica es una muestra de que la Iglesia paraguaya está en camino hacia una Iglesia más cercana, participativa y en constante discernimiento, fiel al llamado del Papa Francisco de construir comunidades vivas donde todos tienen voz y misión.
Del 27 de marzo al 4 de abril de 2025, la Conferencia Eclesial de la Amazonía (CEAMA) llevó adelante los Conversatorios Territoriales, una experiencia de participación sin precedentes que refuerza el espíritu sinodal de la Iglesia en esta región que es tan valiosa para el planeta.
En el marco de la construcción del Plan Apostólico Sinodal (PAS) 2026–2030, los conversatorios marcaron un momento histórico en la vida de las Iglesias locales de la Amazonía. Con una metodología centrada en la escucha activa, el discernimiento comunitario y la corresponsabilidad, CEAMA abre un nuevo capítulo en su caminar sinodal, enraizado en las realidades del territorio y la voz de sus pueblos.
Cuatro encuentros, una misma sinodalidad
Como estaba previsto, las reuniones se organizaron en bloques territoriales, los conversatorios reunieron virtualmente a delegados y delegadas de los nueve países que integran la Panamazonía. Este fue el cronograma: Bolivia y Brasil (Grupo 1): 27 de marzo; Ecuador y Colombia: 28 de marzo; Venezuela y Antillas: 3 de abril; y Perú y Brasil (Grupo 2): 4 de abril.
Cada sesión fue una expresión viva del sentir y pensar de las comunidades amazónicas, así como una oportunidad para que todo lo compartido vaya encaminada a una Iglesia con rostro amazónico y sinodal.
Escuchar al territorio, discernir con el Pueblo de Dios
Con una estructura participativa cuidadosamente diseñada, los encuentros permitieron que las voces del territorio ocupen el centro del proceso. Representantes de las Iglesias locales, miembros de la Secretaría Ejecutiva de CEAMA y referentes eclesiales compartieron diagnósticos, desafíos, esperanzas y propuestas.
El proceso se sostuvo sobre tres pilares fundamentales: Fortalecer la articulación y participación activa de las Iglesias locales; socializar la metodología y las etapas del PAS-CEAMA; y definir referentes por país que acompañen los procesos de escucha territorial.
Estos espacios fueron un verdadero ejercicio de sinodalidad, donde se fortalece el caminar juntos, discerniendo desde abajo, desde la vida concreta de las comunidades.
Hacia el PAS-CEAMA 2026–2030
Los conversatorios, además de cumplir los objetivos organizativos, también propusieron un horizonte pastoral de una Iglesia que se encarna en la realidad amazónica, que denuncia las injusticias y que defiende la vida en todas sus formas, donde la sinodalidad no se vive como un discurso, sino como una práctica de diálogo, comunión y misión compartida.
El camino continúa con nuevas etapas participativas: conversatorios con cuidadores de la Casa Común; entrevistas a actores y fundadores de CEAMA; diálogo con organizaciones de Iglesia de América Latina y el Caribe.
En cada paso, se consolida una Iglesia que quiere ser sinodal más allá de la estructura, también en su espiritualidad y modo de proceder.
La CEAMA agradece a todas las personas e instituciones que formaron parte de este proceso, y reitera su invitación a seguir caminando juntos. Porque solo una Iglesia que escucha, discierne y actúa en comunión puede responder proféticamente a los clamores de la Amazonía.
En la más reciente edición de la Revista CLAR, las teólogas Araceli Cárdenas y Rocío Carrasco presentan una reflexión titulada “La mujer en la vida eclesial: aportes y obstáculos en el discernimiento y la toma de decisiones”. Desde una perspectiva sinodal, ambas autoras revisan los avances y estancamientos en la participación de la mujer en la vida de la Iglesia, señalando tensiones entre el discurso doctrinal sobre la igual dignidad bautismal y las estructuras patriarcales que persisten en los espacios de decisión.
El artículo, a la luz del reciente proceso sinodal 2021-2024, invita a mirar críticamente la práctica eclesial y abrir caminos hacia una corresponsabilidad real y testimonial.
Una doctrina clara, una práctica rezagada
El artículo subraya que, desde el Concilio Vaticano II, la Iglesia ha sostenido doctrinalmente la igual dignidad de hombres y mujeres. Documentos como Gaudium et Spes, Lumen Gentium y Apostolicam Actuositatem reconocieron su participación activa en la vida social y eclesial. Sin embargo, Cárdenas y Carrasco advierten que esta doctrina, aunque luminosa, no ha tenido el impacto esperado en las estructuras eclesiales, donde el liderazgo y la toma de decisiones continúan reservados mayoritariamente a varones.
Diversas exhortaciones apostólicas han recogido este anhelo de equidad. Evangelii Gaudium, Amoris Laetitia, Christus Vivit y Querida Amazonia reiteran la necesidad de una mayor presencia femenina en espacios de liderazgo pastoral y comunitario. A pesar de estos llamados, las autoras sostienen que las consecuencias prácticas de dichas exhortaciones aún dependen del criterio de quienes detentan el poder eclesial, prolongando situaciones de exclusión o de participación restringida.
Uno de los aportes relevantes del texto es situar el debate actual como una exigencia eclesial de justicia y fidelidad al Evangelio y no solo como una reivindicación femenina. La verdadera reciprocidad, afirman, debe basarse en relaciones de comunión y corresponsabilidad que reflejen la comunión trinitaria. Así, superar las resistencias patriarcales no es una demanda sectorial, sino una condición para la credibilidad de la Iglesia.
Proceso sinodal: oportunidades y límites
El proceso sinodal 2021-2024 abrió instancias inéditas de participación para el Pueblo de Dios, incluyendo una significativa representación femenina. En las sesiones de octubre de 2023 y 2024, 85 mujeres participaron en los trabajos sinodales, 54 de ellas con derecho a voto. Este hecho fue leído como signo de apertura y como testimonio del aporte indispensable de las mujeres en procesos de escucha, discernimiento y conducción pastoral.
No obstante, las autoras alertan que esta participación numérica no se ha traducido plenamente en una transformación de las dinámicas de poder. La cuestión del acceso al diaconado femenino, por ejemplo, se mantuvo como tema de reflexión, pero fue excluida del debate en la segunda sesión del sínodo. La teóloga laica Serena Noceti, citada en el artículo, afirma que más allá del número de mujeres participantes, el gran desafío está en su acceso real a roles de dirección y coordinación, campos donde su presencia sigue siendo mínima.
El Documento Final del Sínodo reconoce que no existen impedimentos teológicos para que las mujeres ejerzan funciones de liderazgo eclesial. Sin embargo, las consecuencias prácticas de este reconocimiento quedarán a criterio de los responsables jerárquicos. Las autoras llaman a vencer los temores institucionales y a dejarse interpelar por el testimonio profético de mujeres que, desde distintos ámbitos, ya ejercen liderazgo en comunión y servicio.
Reciprocidad y corresponsabilidad: claves del camino eclesial
Cárdenas y Carrasco proponen que la conversión sinodal implica sanar las relaciones eclesiales, romper lógicas de dominio y favorecer una experiencia de reciprocidad. Reconocer el liderazgo femenino no es una concesión, sino un acto de justicia que debe involucrar a toda la Iglesia, varones y mujeres, como testigos de una comunión que edifica desde la diversidad de carismas.
El texto rescata, además, los aportes silenciosos pero decisivos de tantas mujeres en contextos misioneros, pastorales y formativos, como lo documenta Querida Amazonia al referirse a la Amazonía y como se verifica en múltiples comunidades. Esta contribución, lejos de buscar clericalizar a las mujeres, debe potenciarse desde ministerios y servicios estables, con reconocimiento institucional y capacidad efectiva de decisión.
Finalmente, las autoras sostienen que la sinodalidad no se reduce a procedimientos participativos, sino que exige una transformación cultural y relacional en la Iglesia. Para que caminar juntos sea auténtico, se requieren estructuras inclusivas, relaciones transparentes y decisiones compartidas. Este es el reto abierto que deja el proceso sinodal y la invitación que este artículo dirige a las comunidades eclesiales de América Latina y el Caribe.
Cada Jueves Santo el papa visita una cárcel para imitar el gesto de Jesús de lavar los pies a sus discípulos. Sin embargo, esta vez, sus condiciones de salud no le permitieron presidir una celebración litúrgica. Lo que hizo fue tener un encuentro breve con 70 presos de la cárcel Regina Coeli de Roma, e el barrio de Trastevere.
La atmósfera entre los presos era una mezcla de emoción y agitación. En ninguna de sus otras visitas a las cárceles hubo tanto alboroto.
Entonces. Hay para todos. ¡Sentaos! Estad quietos. Se acerca él. ¡Respetemos al Santo Padre!
El único encuentro del papa con gente fuera del Vaticano desde que salió del hospital ha sido para visitarlos a ellos.
Al terminar les dio la bendición.
Cuando salió pidió detener el coche para intercambiar un saludo con la prensa.
Hola, Santidad. ¿Ante de nada, cómo se siente? Me siento sentado. Esto lo vemos. Cada vez que entro en estos lugares me pregunto por qué ellos y no yo. Qué es para usted esta Semana Santa, así de complicada tras estar en el hospital. ¿Cómo la vive? Como puedo. La vivo como puedo. Vamos.
La cárcel que visitó Francisco no está exenta de graves tensiones. Llegaron a estar hacinadas 1.150 personas, cuando su capacidad es de 628. Y en los últimos cuatro años al menos 15 personas se quitaron la vida.