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Una canoa en lugar de burro: el Domingo de Ramos en la Amazonía clama por una conversión ecológica

En la aldea ribereña de Tamaniquá, municipio de Juruá, en la prelatura de Tefé (Amazonía brasileña), la celebración del Domingo de Ramos tomó una forma simbólica y profética. Ante la imposibilidad de caminar por tierra firme por las inundaciones causadas por un inusual comportamiento del río, una canoa se convirtió en el “burro” de Jesús, evocando el ingreso mesiánico a Jerusalén, pero esta vez, remando sobre las aguas que cubren una tierra herida por el cambio climático.

La escena fue relatada por el padre Miguel Modino en Religión Digital, y es reflejo vivo del lema de la Campaña de la Fraternidad 2025 impulsada por la Iglesia en Brasil: “Fraternidad y Ecología Integral”. El obispo de la prelatura de Tefé, Mons. José Altevir da Silva, decidió dejar la procesión habitual en la catedral para acompañar a los ribereños, quienes “están intentando salvar lo que el agua no se llevó, con el agua hasta el pecho”, según relataron los mismos pobladores al prelado.

En un gesto lleno de simbolismo, el obispo propuso realizar la procesión sobre canoas. La comunidad, afectada por la pérdida de sus cultivos de yuca por las súbitas crecidas y vaciados del río, un fenómeno hasta ahora desconocido en la zona, respondió con fe y creatividad. Una de las mujeres líderes, doña Ana, resaltó algunas canoas prestadas de vecinos diciendo: “La comunidad las necesita, pero pronto las devolverán”, recordando las palabras del Evangelio cuando Jesús pidió el burro para entrar en Jerusalén: “El Señor lo necesita”.

Bendición directa desde el río

Durante la liturgia, otro gesto cargado de sentido emergió: los monaguillos, fieles a la costumbre, prepararon una palangana de plástico para bendecir los ramos. Sin embargo, Mons. José Altevir sugirió una bendición directamente desde el río, elevando una oración sobre las aguas y haciendo del mismo río, amenazado por la explotación y el descuido ambiental, un signo sacramental.

Este acto mostró la fuerza espiritual de las comunidades amazónicas y, por otro lado,  también la urgencia de una conversión ecológica, como lo pide el Papa Francisco en Laudato Si’. Son precisamente las comunidades más empobrecidas y alejadas las que sufren primero y con más intensidad las consecuencias de la crisis climática. A pesar de ello, es también allí donde las personas encuentran fuerza en Dios y en la comunidad para resistir, cuidar la vida y seguir creyendo.

La mayoría de estas comunidades están sostenidas por mujeres humildes y valientes, como doña Rita, coordinadora de la comunidad de Nuestra Señora Aparecida, una mujer analfabeta de casi 70 años que lleva más de tres décadas guiando a su gente en la fe. Ellas son el rostro visible de una Iglesia sinodal, que camina junto a su pueblo, incluso en canoa, en medio del barro y la esperanza.

La celebración del Domingo de Ramos en Tamaniquá fue una denuncia profética y una proclamación de vida: la creación gime, los pobres resisten, y la Iglesia rema junto a ellos.

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El Vicariato Apostólico del Pilcomayo en Paraguay tiene nuevo obispo: Miguel Fritz, misionero Oblato

Este 15 de abril, a través de una carta de la Nunciatura Apostólica de Paraguay, se dio a conocer la designación del nuevo obispo del Vicariato Apostólico de Pilcomayo, se trata del padre Miguel Fritz, de los Oblatos de María Inmaculada, quien desde 2022 venía ejerciendo como administrador apostólico de esta sede vacante.

En su mensaje, este órgano diplomático indica que, este nombramiento se otorga en la expresión de cercanía que el Papa Francisco siempre ha tenido con este «santo y fiel Pueblo de Dios que camina en Paraguay».

Un vicariato con historia y misión

El Vicariato Apostólico del Pilcomayo es una jurisdicción eclesiástica de la Iglesia católica en Paraguay, ubicada en la región del Chaco paraguayo. Fue creado el 14 de julio de 1950 por el Papa Pío XII. Cuenta con alrededor de 9 parroquias, además existen numerosas capillas rurales y comunidades de misión, especialmente en territorios indígenas.

Presencia misionera en Paraguay y más allá

El reverendo padre Miguel Fritz, O.M.I., es un misionero de profunda trayectoria y compromiso pastoral. Nacido el 10 de mayo de 1955 en Hannover, Alemania, ingresó al Noviciado de los Oblatos de María Inmaculada en 1974. Realizó sus estudios de filosofía y teología en la Universidad Gutenberg de Mainz, donde obtuvo el Bachillerato en Teología, y más adelante, en 1994, alcanzó la Licenciatura en Antropología en la Universidad Politécnica de Quito.

Su vida religiosa dio un paso importante con la profesión de votos perpetuos el 1º de noviembre de 1980, y fue ordenado sacerdote el 28 de mayo de 1981 en Mainz. Desde entonces, su servicio pastoral ha abarcado diversas misiones en Alemania, Paraguay, Ecuador e Italia, mostrando siempre un fuerte compromiso con la vida misionera y las comunidades más necesitadas.

En Paraguay, ha desarrollado gran parte de su ministerio, primero como vicario parroquial en Colonia Independencia y luego en la parroquia “Santa María” de Mariscal Estigarribia, dentro del mismo Vicariato del Pilcomayo. Además de su labor pastoral directa, ha asumido responsabilidades importantes como Vicario General del Vicariato, Superior de los Misioneros OMI en Paraguay y miembro del Consejo General de los Oblatos en Roma.

Desde noviembre de 2022, el padre Miguel Fritz venía ejerciendo como Administrador Apostólico del Vicariato Apostólico del Pilcomayo. Con su nombramiento como obispo, se consolida una trayectoria de entrega misionera y de profundo conocimiento de la realidad del Chaco paraguayo y sus pueblos originarios. Su liderazgo promete continuar fortaleciendo la presencia de la Iglesia en esta región fronteriza, marcada por la interculturalidad, la espiritualidad viva y los desafíos sociales.

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El padre Nazareno Lanciotti será beatificado como mártir: testigo de la fe y de la Virgen en tierras brasileñas

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El Papa Francisco autorizó la promulgación del decreto que reconoce el martirio del Siervo de Dios Nazareno Lanciotti, sacerdote diocesano asesinado en odio a la fe el 22 de febrero de 2001 en São Paulo, Brasil. Con ello, el misionero italiano será beatificado como mártir de la Iglesia Católica, coronando así un largo proceso que inició en 2007.

La noticia fue confirmada este lunes por el Cardenal Marcello Semeraro, prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos, durante la audiencia con el Santo Padre. La noticia fue recibida con inmensa alegría por el Movimiento Sacerdotal Mariano (MSM), del cual el Padre Nazareno fue un destacado representante en América Latina.

Gracias a Dios y a la Virgen ha llegado la tan esperada noticia, ¡un gran regalo para el Movimiento Sacerdotal Mariano! P. Nazareno fue un signo del poder de salvación que la Virgen puso en el espíritu del Movimiento”, expresó el Padre Luca, actual coordinador mundial del Movimiento Sacerdotal Mariano.

Una vida consagrada a la Virgen y al Evangelio

Nacido el 3 de marzo de 1940 en Subiaco (Italia), Nazareno Lanciotti fue ordenado sacerdote el 29 de junio de 1966. Su sacerdocio fue consagrado a la Virgen desde su primera peregrinación a Lourdes. Luego de cinco años de ministerio en Roma, se trasladó en 1971 a Jauru, en el estado brasileño de Mato Grosso, cerca de la frontera con Bolivia. Allí entregó 30 años de su vida como misionero, edificando capillas y también, estructuras sociales como escuelas, hospitales, y centros de formación para laicos y jóvenes.

Incansable en su labor pastoral, el Padre Nazareno organizó 58 capillas en un vasto territorio y promovió la adoración eucarística. A partir de 1982, cuando conoció al fundador del Movimiento Sacerdotal Mariano, Don Stefano Gobbi, asumió el liderazgo de este movimiento en Brasil, promoviendo con celo la consagración al Inmaculado Corazón de María y el fortalecimiento del vínculo con el Papa.

Su lucha abierta contra el narcotráfico, la prostitución, el aborto, la eutanasia y la corrupción política, lo colocaron en la mira de quienes veían en él una amenaza. Su defensa de la juventud y la familia sin concesiones lo hizo blanco de persecuciones.

Un mártir del nuevo milenio

El 11 de febrero de 2001, fiesta de Nuestra Señora de Lourdes, mientras compartía la cena con amigos en la casa parroquial, dos hombres armados irrumpieron. Fingiendo un asalto, terminaron apuntando al sacerdote. Antes de disparar, uno de ellos se le acercó al oído y le dijo: “Soy el diablo, vine aquí a matarte, porque tú me molestas demasiado”.

El disparo no fue instantáneamente mortal. La bala quedó alojada en su nuca. Fue hospitalizado durante diez días, tiempo en el que pudo relatar lo sucedido a Don Gobbi, quien lo acompañó en sus últimos momentos, reconoció en el rostro del asesino no a un hombre, sino al demonio.

El 22 de febrero de 2001, fiesta de la Cátedra de San Pedro y aniversario número 70 de la revelación de la Divina Misericordia a Santa Faustina Kowalska, entregó su vida. Su amor al Papa Juan Pablo II fue tan profundo, que en sus últimos días promovía apasionadamente la lectura de la carta apostólica Novo millennio ineunte, diciendo a sus jóvenes: “Si les proponen la opción entre un coche o esta carta, ¡elijan la carta!”.

El grano de trigo que dio mucho fruto

Padre Nazareno fue sepultado en la iglesia que él mismo construyó, junto al Sagrario, bajo la inscripción evangélica: “Si el grano de trigo cae en tierra y muere, da mucho fruto. La comunidad local, el Movimiento Sacerdotal Mariano, y fieles de toda América Latina celebran esta beatificación como un signo de esperanza en un tiempo que necesita testigos valientes y fieles.

Con su elevación a los altares como mártir, la Iglesia reconoce en él a un sacerdote que no dudó en entregar su vida por Cristo, por la Virgen y por el bien de los más pequeños. La ceremonia de beatificación se anunciará próximamente.

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Obispos de Bolivia invitan a vivir la Semana Santa como tiempo de conversión, perdón y compromiso con la justicia

Con gran preocupación por la situación del país y con un llamado a la renovación espiritual, los obispos de Bolivia iniciaron la Semana Santa 2025 con mensajes de fe y conciencia social. Desde distintos puntos del país, durante las celebraciones del Domingo de Ramos, los pastores de la Iglesia Católica reflexionaron sobre la pasión de Cristo y su actualidad en medio de la injusticia, la violencia, la falta de diálogo y la pérdida de valores humanos y cristianos.

Mons. Aurelio Pesoa: El grito de ‘¡Crucifícalo!’ sigue resonando hoy

Desde la catedral de Trinidad, Beni, Mons. Aurelio Pesoa Ribera OFM, obispo del Vicariato Apostólico del Beni y presidente de la Conferencia Episcopal Boliviana, expresó que el grito de “¡Crucifícalo!” no pertenece solo al pasado: “En nuestros días, una vez más escuchamos el grito de ¡Crucifícalo! cuando a pesar de las leyes vemos a la mujer que es maltratada, ultrajada y asesinada. Niños desprotegidos y niños a quienes se les destruye y se les roba la vida”.

El obispo advirtió que la muerte del Hijo de Dios no es una aprobación de nuestras conductas, sino una revelación del amor que nos llama a cambiar: “Nuestra respuesta al amor que perdona debe ser una vida animada por el amor al prójimo; una existencia que se esfuerza en amar, perdonar y socorrer. Nuestra respuesta está en una existencia que, escuchando el trágico silencio de Cristo muerto en la cruz, se compromete a no crucificar a nadie más, en un mundo que todavía está marcado por miles y miles de cruces”.

La autoridad eclesial invitó a vivir esta Semana Santa con intensidad: “Que sea un tiempo para meditar, reflexionar, pensar sobre nuestra fe, sobre nuestro testimonio y compromiso cristiano, les invito a vivirla con espíritu de recogimiento y devoción”.


Mons. René Leigue: “La injusticia que vivió Jesús sigue ocurriendo hoy”

Desde Santa Cruz, el arzobispo Mons. René Leigue hizo una homilía sobre la repetición histórica de las injusticias que llevaron a la crucifixión de Cristo: “Hace ya como 2000 y tantos años, la injusticia que Él vivió se sigue viviendo hoy en día. Lo experimentamos, lo vivimos”.

Criticó la actitud de quienes hoy continúan acusando sin fundamento y dejando de lado la fe por conveniencia: “¿Quiénes somos nosotros para juzgar a otro? Jesús mismo nos ha dicho: ‘El que no haya cometido ningún pecado, que tire la primera piedra’”.

Y concluyó con una exhortación a la coherencia entre la fe y la ciudadanía: “Somos la misma persona. Soy persona de fe y soy ciudadano de este país. Y como tal, tengo responsabilidad”.

Mons. Percy Galván: “Jesús nos trae tres regalos: perdón, conversión y amor del Padre”

Desde la Catedral Metropolitana de la Arquidiócesis de La Paz, el arzobispo Mons. Percy Galván ofreció una homilía en la que señaló los regalos que Jesús nos entrega en la cruz. El perdón: “El Señor nos ha traído este regalo a través de su Espíritu Santo para que podamos perdonar y dejar la esclavitud del odio”.

La conversión: “Hoy mismo estarás conmigo en el paraíso… porque te has reconocido pecador, me has reconocido a mí como Dios y salvador”. Y el amor del Padre: “¿Qué nos falta si nos agarramos de la mano de Dios? ¿Poder, placer, prestigio?”.


“El Señor te necesita para llevar su presencia donde estés”

“Convertirse para que nuestras oraciones no queden vacías”, dijo el obispo de la Diócesis de Oruro, Mons. Cristóbal Bialasik, quien habló sobre la necesidad de confesión y cambio interior durante esta Semana Santa: “Si tú no cambias la vida, entonces todas las oraciones muchas veces quedan en paz. Es necesario cambiar nuestras actitudes.”

El Señor te necesita para llevar su presencia donde estés”, manifestó desde el Vicariato Apostólico de Pando, Mons. Eugenio Coter, al meditó sobre el rol de cada persona en la construcción del Reino de Dios: “El Señor te necesita. No importa si eres un caballo o un burro. Estás dispuesto, con lo que eres, a servir al Señor”.

Cuando se quiere callar la voz de Dios, sigue manchándose de sangre la tierra. Paz en el cielo, gloria en las alturas. Si abrimos el corazón a Dios, seremos capaces de construir relaciones nuevas”, dijo, a tiempo de denunciar la violencia y los intentos por silenciar la verdad en la sociedad actual.


Semana Santa es tiempo de reconciliación para una sociedad conflictiva

“Jesús fue a Jerusalén porque debía estar con su pueblo”, expresó desde Coroico, el obispo Mons. Juan Carlos Huaygua explicó el valor simbólico de la entrada de Jesús en Jerusalén y la conexión con las expectativas de un pueblo esperanzado en un nuevo rey, distinto a los poderes del mundo: “Jerusalén… era la capital religiosa y política… Jesús no podía no ir a este lugar”.

Por su parte, el obispo auxiliar de La Paz, Mons. Luis Durán, animó a vivir esta Semana Santa como un tiempo de purificación: “En esta sociedad tan conflictiva que no sabemos a veces dialogar, no sabemos comprendernos entre nosotros… es el momento de reconciliarnos.”

“Nuestro compromiso con Cristo es para siempre, no es temporal”, recordó el obispo de la Prelatura de Corocoro, Mons. Pascual Limachi, que realizó la procesión sentado en un burrito. Y en su reflexión, conectó la Pasión de Cristo con la realidad boliviana actual: “Sabemos que las cosas aquí en Bolivia han subido, la canasta familiar ha subido bastante. ¿Pero por eso vamos a desanimarnos? Porque nosotros creemos, confiamos, amamos en ese Dios tan bueno.



La cruz, esperanza en tiempos difíciles

Las homilías de los obispos este Domingo de Ramos marcaron el inicio del tiempo litúrgico más importante del año y ofrecieron una lectura del país desde el Evangelio. En un contexto de violencia, crisis económica, desconfianza y fragmentación, las autoridades eclesiales han recordado que la cruz no es un símbolo de muerte, sino de amor y esperanza: “Este crucificado no está ahí porque le gustaba sufrir, está ahí porque quiso amar hasta el final. Y amar, incluso, hasta que lo maten”, de esta manera lo recordó Mons. Coter.



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El diálogo entre cristianos y musulmanes fortalece la convivencia en la República Centroafricana

Mons. Aurelio Gazzera, obispo coadjutor de Bangassou, destaca los avances en la reconciliación entre cristianos y musulmanes en la República Centroafricana tras años de conflicto. Subraya el papel del diálogo interreligioso, la valentía de religiosos durante la guerra y la influencia del Papa Francisco. Expresa esperanza en un futuro de paz, unidad y dignidad.

(ACN/InfoCatólica) Durante mucho tiempo, el país vivió desgarrado por conflictos entre dos grandes milicias: los Seleka, una alianza de varios grupos rebeldes predominantemente musulmanes, y los Anti-Balaka, compuestos por combatientes cristianos y animistas que se unieron como milicia de autodefensa frente a los Seleka. Entretanto hay en el país numerosos grupos armados de composición variable, algunos de ellos, provenientes de las dos milicias arriba citadas. Pese a que la situación sigue siendo inestable, las relaciones actuales entre los miembros de ambas religiones demuestran que los esfuerzos de quienes han trabajado por la paz están dando frutos duraderos.

Aprendiendo de la historia

«Hoy, las relaciones entre cristianos y musulmanes son bastante buenas, y todos tienen mucho cuidado de no provocar ningún conflicto. Hemos aprendido de la historia», explica Mons. Aurelio Gazzera, obispo coadjutor de Bangassou. «Así, por ejemplo, algo que me conmovió profundamente fue que el imán local participara en la misa de Navidad en la parroquia donde la celebré».

Con más de 30 años de experiencia misionera en el corazón de un país marcado por la guerra y numerosas tensiones, el obispo recalca: «En 2013, la guerra se presentaba como un conflicto religioso entre musulmanes y cristianos, pero eso no se correspondía con la verdad. Fue sobre todo un conflicto étnico y político, aunque los implicados pertenecieran a religiones diferentes».

Mons. Gazzera recuerda el valor que muchos religiosos y sacerdotes católicos demostraron en la guerra a la hora de defender a sus hermanos musulmanes, y cuenta la historia de unos refugiados musulmanes que fueron acogidos por una comunidad religiosa: «Los Anti-Balaka irrumpieron en la escuela de las religiosas, donde estaban alojados los refugiados, y se los llevaron. Entonces, una de las religiosas, poniendo en peligro su vida, acudió a ver al líder de la milicia y le dijo: “¡Eres un criminal! No tienes derecho a entrar en un lugar donde hay refugiados. Debes ponerlos en libertad”. Y el cabecilla lo hizo».

Un momento inolvidable

El obispo también subraya la influencia de la visita del Papa Francisco a Bangui hace diez años. En aquel entonces la situación aún era extremadamente tensa y reinaba un ambiente de odio y venganza en ambas partes. Como la violencia no cesaba, habían desaconsejado al Papa visitar el país: «El día de la misa en el estadio, el 30 de noviembre de 2015, la llegada del imán Omar Kobine Lamaya, presidente del Alto Consejo Islámico de la República Centroafricana -recibido con entusiasmo por los fieles-, fue un momento inolvidable de fraternidad», recuerda Mons. Gazzera. «Ese gesto y la visita del Papa en general fomentaron el diálogo interreligioso en un momento de mucha tensión».

Ahora que la República Centroafricana acaba de celebrar 130 años de evangelización del país, Mons. Gazzera expresa así su esperanza en un futuro mejor: «Mi sueño es que la República Centroafricana encuentre la paz, y que su población pueda vivir con dignidad y solidaridad. Este país tiene mucho que ofrecer si trabajamos todos juntos», asegura.

Unidad, dignidad y trabajo

El obispo considera que el ejemplo de Barthélemy Boganda, el primer sacerdote centroafricano y padre fundador de la nación, es muy importante para el país: «Boganda tenía una gran visión de este país. Debemos recordar su lema: unidad, dignidad y trabajo», ha dicho.

En un mensaje publicado a principios de año, los obispos centroafricanos hicieron hincapié en que las diferencias étnicas y religiosas deben ser valoradas como «fuente de enriquecimiento mutuo y, sobre todo, como reflejo de la identidad de Dios mismo: una sola naturaleza en tres personas distintas». En dicho documento animan a la Iglesia y a la nación a «erradicar de su interior las semillas de la división y el tribalismo».

 

«La Esperanza es confiar en que Dios no se ha ido»

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Hoy tenemos la suerte en JC de entrevistar a Noemi Saiz que, además de ser directora del Grupo Affinsa, ha escrito el libro titulado A fuego lento.

¿Noemí, cómo nació el proyecto y por qué te ha dado por escribir?

Todo empezó cuando mi hija mayor tenía 13 años. En casa no pueden tener móvil hasta 1º de Bachillerato, pero un día cogió uno viejo sin permiso y empezó a usarlo. Nada grave, pero lo justo para que nos diéramos cuenta de que había entrado en un mundo para el que aún no estaba preparada. La regañamos, la castigamos… pero lo que más me impactó fue ver que nada de eso le calaba. Le hablábamos, sí, pero no llegábamos.

Y entonces entendí que necesitaba otra forma de comunicarle lo que de verdad me importaba: el valor de su cuerpo, el sentido de los límites, la presión silenciosa que muchas veces viene disfrazada de libertad, y sobre todo, el perdón. El perdón como camino, como liberación, como punto de partida cuando uno se equivoca. Así nació A Fuego Lento: desde esa necesidad profunda de explicar, de acompañar, de abrir conversaciones reales sin soltar sermones. Escribí primero para ella, pero también para tantas chicas y chicos que viven lo mismo… y para padres que, como yo, buscan educar con firmeza, pero con amor.

En este año jubilar de la Esperanza, tú propones que hay que trabajar la Esperanza. ¿Por qué? ¿Crees que se ha perdido la Esperanza? ¿Nos han robado la Esperanza?

Sí. Creo que muchas veces nos han robado la esperanza… o la hemos dejado ir sin apenas darnos cuenta. Las malas noticias constantes, las catástrofes, las nuevas ideologías que fragmentan más de lo que unen, la falta de referentes… todo eso va desgastando. Poco a poco. Y llega un día en que no creemos en nuestros hijos, ni en la sociedad, ni en nosotros mismos. Lo damos por perdido y… perdemos la batalla sin lucharla.

Pero no todo está perdido. Y es importante recordar que la esperanza no es solo un sentimiento bonito o una actitud positiva: es ante todo una virtud teologal. Es un regalo, sí —como la fe y la caridad—, pero también se cultiva. Como toda virtud, se fortalece con la práctica, con las decisiones concretas de cada día.

Por eso insisto tanto en que la esperanza se trabaja. Es una decisión diaria. Es seguir sembrando aunque no veas la cosecha. Es mirar a tus hijos con fe, aunque estén en plena tormenta. Es confiar en que Dios no se ha ido, aunque a veces parezca callado.

Mi proyecto, Trabajando Esperanza, nace de esa convicción. A través de mis charlas, mentorías, y de la propia novela, intento encender pequeñas luces donde parece que ya no queda nada. Porque incluso cuando la fe está débil, si hay esperanza… la fe se reactiva.

¿Qué otros proyectos literarios tienes en mente? ¿Y crees que hay buena literatura infantil y juvenil en estos momentos?

Ahora mismo estoy con la reedición de A Fuego Lento, pensando en que lo lean los adolescentes, sí, pero también en que llegue a los padres. Quiero que se convierta en un vehículo para fomentar el diálogo entre ambas partes. Que no se quede solo en una historia que engancha, sino que ayude a hablar de temas que cuesta mucho sacar en casa.

A Fuego Lento 2 va avanzando y poco a poco también voy escribiendo la tercera parte… aunque confieso que más despacio de lo que pensaba, porque la reedición del primero me está llevando más tiempo del que tenía previsto. Pero prefiero ir despacio y bien, que deprisa y vacía.

En cuanto a la literatura juvenil… mucho cuidado. Especialmente con la novela romántica. Está plagada de ideología de género —casi siempre— y con relaciones íntimas que muchas veces son demasiado explícitas, incluso en libros recomendados para niñas de 12 o 13 años. Yo me he encontrado con escenas de sexo completamente naturalizadas entre adolescentes, a veces incluso en la primera cita, y sin ningún tipo de cuestionamiento. Todo disfrazado de “libertad” o de “autenticidad”. Y claro, eso cala. No es exageración, lo he leído con mis propios ojos.

Los libros para chicos suelen ser menos problemáticos, pero las novelas para chicas, especialmente las románticas, requieren mucha atención. Yo siempre recomiendo que los padres las lean antes. Que no demos por bueno lo que aparece en la estantería de “juvenil” solo porque tiene una portada mona o lo recomiendan influencers.
¿Hay cosas buenas? Sí, las hay. Pero hay que ser muy selectivos. Y sobre todo, no perder nunca el papel de filtro como padres. No se trata de eliminar todo (yo a veces he arrancado varias páginas) pero sí de explicar lo que no encaja pero no tienes que arrancar. Porque si no lo hacemos nosotros, lo hará TikTok o el algoritmo del Sr. Amazon.

Hemos visto que tienes un blog con mucho contenido. ¿Crees que hay que estar y evangelizar en el mundo digital?

Sí. Pero no “estar” por estar. El mundo digital no es solo un escaparate, es también un lugar de encuentro, de búsqueda, de dolor y de esperanza. Jesús no se quedó esperando en el templo: salió a los caminos. Hoy esos caminos están en Instagram, en WhatsApp, en Facebook… ahí es donde estamos. Y ahí tenemos que estar también como Iglesia, como padres, como personas con algo que compartir.

Yo intento evangelizar desde lo que soy: mujer, madre, empresaria, creyente con días buenos… y otros bastante reguleros. No tengo todas las respuestas, pero sí un deseo sincero de acompañar. Me gusta compartir lo que de verdad me importa: la fe vivida, no idealizada. Porque no todo es bonito, no todos mis días son preciosos. Hay días nublados… y está bien mostrarlos también. Si no, corremos el riesgo de vender una fe de escaparate. O de crear falsas expectativas para quien lleva una vida tan mediocre como la nuestra.

Porque sí, hay días en que ves a la madre perfecta, con la casa perfecta y el peinado perfecto… y piensas: “¿En serio? ¡Qué mal lo hago yo!” Y eso desanima. Por eso prefiero mostrar lo real. Porque ahí, en medio del caos y lo sencillo, también hay mucha gracia. Y mucha esperanza.

Muchísimas gracias, Noemi, por habernos dedicado tu tiempo y esperamos poder hacer pronto un directo en Instagram contigo.

Gracias a vosotros. ¡Encantada de hacer ese directo cuando queráis! Y oye, no me importa usar filtros bonitos en cámara… de hecho, los agradezco. Que una ya tiene una edad y todo suma, ¿no? 😄

Pero que esos filtros no desvirtúen la realidad… Que no siempre es preciosa o fácil pero que sea transmisora de una verdad: la esperanza se puede vivir, se puede recuperar, se puede contagiar. Aunque cueste. Aunque el día esté gris. Porque la esperanza bien vivida —como el buen amor— no hace ruido, pero lo transforma todo.

Nos vemos pronto. Con o sin filtros… pero con el corazón dispuesto.

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