El Papa ha reformado por completo la Pontificia Academia Eclesiástica, donde se forman los sacerdotes para entrar en el servicio diplomático de la Santa Sede. La idea es que de ella puedan salir nuncios con «una preparación más adecuada a las exigencias» de la actualidad, ha asegurado el Pontífice a través de un quirógrafo con el que ha creado el Instituto para el estudio de las Ciencias Diplomáticas.
Según el Santo Padre, vivimos en un tiempo «caracterizado por rápidos, constantes y evidentes cambios en el campo de la ciencia y la tecnología». Sin embargo, con el nuevo instituto «no sé trata solo de proporcionar una educación académica y científica con un nivel de alta calidad, sino de tener cuidado de que su acción será eclesial, llamada a la necesaria confrontación con la realidad de nuestro mundo».
De esta forma, el nuevo organismo realizará su función atendiendo a las técnicas más avanzadas en el ámbito de las «disciplinas jurídicas, históricas, políticas, económicas, el de las lenguas en uso en las relaciones internacionales y la competencia científica». Y todo ello en «estrecha conexión con las disciplinas eclesiásticas, con el método de trabajo de la Curia romana, con las necesidades de las Iglesias locales y, más ampliamente, con la obra de evangelización, la acción de la Iglesia y su relación con la cultura y la sociedad humana».
El presbiterio de Madrid estaba convocado este Martes Santo, 15 de abril, a la Misa Crismal en la catedral de la Almudena, a las 12:00 horas. Pero desde una hora antes ya iban llegando sacerdotes, porque la de hoy era una de las celebraciones más significativas del año. En ella renuevan sus promesas sacerdotales y concelebran con el cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid, en una manifestación muy fuerte de la comunión de los presbíteros con su propio obispo.
«Es una maravilla el que podamos encontrarnos», ha expresado el cardenal Cobo al comienzo de la celebración, ante los más de 800 sacerdotes que se han congregado y que ha llevado al arzobispo a exclamar un elocuente «otro año se nos hace pequeña la catedral». «Gracias por decir que sí —ha continuado—y gracias por celebrar hoy tantos síes que damos a lo largo del año».
Junto al cardenal Cobo, que presidía la Eucaristía, estaban los cardenales Antonio María Rouco Varela y Carlos Osoro, ambos arzobispos eméritos de Madrid, así como los obispos auxiliares de la diócesis Juan Antonio Martínez Camino, José Antonio Álvarez y Vicente Martín. Igualmente han estado presentes Adolfo González Montes, obispo emérito de Almería, Luis Tineo, obispo emérito de Carora (Venezuela) y José Luis del Palacio, obispo emérito de la diócesis del Callao (Perú).
En el coro resonaban las voces de los niños de la Escolanía del Escorial, acompañando musicalmente una liturgia que solo se ha visto interrumpida en su austeridad de la Semana Santa por el canto del gloria. «Nos habéis enseñado a rezar con la música», les ha agradecido el arzobispo de Madrid al concluir la celebración.
«Abrid las ánforas» del bautismo La proclamación del Evangelio de Lucas, que narraba las palabras de Jesús en la sinagoga tomadas del profeta Isaías, daba paso a la homilía del arzobispo. Ha pedido que «se renueve en nosotros esta misma unción para continuar la misión de Cristo, esto es, «somos ungidos para hacer sentir a todos la ternura de Dios» porque «nuestro pueblo sigue necesitando sanación».
Una unción que es asimismo, ha resaltado, para construir puentes, para sembrar concordia, para anunciar esperanza. También entre el propio presbiterio, y así ha asegurado que «necesitamos la unción de la unidad para solucionar nuestros conflictos y roces, siempre desde la verdad de la Eucaristía», desde el Maestro, ha recalcado.
En este punto, el cardenal ha presentado a los sacerdotes «tres sencillas ánforas», tres «perfumes de la unción que hemos recibido». La primera, el ánfora del Bautismo, «que estamos subrayando este curso», con una mirada especial hacia los laicos. «Nuestra vocación nace de la suya, se enraíza en su fe sencilla y se sostiene en su oración silenciosa».
La segunda ánfora es la del discernimiento comunitario, que «lleva a no tomar las decisiones solitariamente», porque «somos miembros de un mismo Cuerpo». Consejos parroquiales, sacerdotes, arciprestazgos, «todos unidos en un discernimiento que nos está llevando directamente al corazón de la sinodalidad».
La tercera ánfora contiene «el perfume más necesario estos tiempos: la esperanza». Así, este año jubilar, «año de gracia del Señor», es una oportunidad «para volver a decirle a este mundo que no todo está perdido, que Dios no se ha ido».
«Seguid remando juntos» El cardenal ha alentado a los presentes: «Vamos a llevar a nuestras parroquias el alma renovada». Y ha insistido, ya prácticamente al finalizar su homilía, que «es un gozo veros». Así, ha querido poner en valor el bien que en muchas ocasiones se hace en silencio, y les ha hecho a los sacerdotes una invitación: «Seguid remando juntos, en nuestra barca está presente el Ungido por el Espíritu del Padre».
El arzobispo ha concluido recordando las palabras del mismo Jesucristo: «Seguid escuchando “estoy con vosotros, no tengáis miedo, echad juntos las redes”».
Renovación promesas y bendición de los oleos Tras la homilía, los sacerdotes han procedido a renovar sus promesas sacerdotales. Los «sí, quiero», resonaban con fuerza en un templo en el que también se habían congregado numerosos laicos. Como Matilde, que no se pierde una Misa Crismal «por mi vocación de Iglesia». Sentada casi al final del templo, aseguraba que «hoy es una celebración eclesial de mucha importancia». Igual que Pilar, Misionera Franciscana de la Natividad, cuyo objetivo prioritario es mostrar la cercanía a los presbíteros, «hay que acompañarlos». Además, en Carabanchel, donde está su comunidad, «al cardenal se le quiere mucho». Parecía que a ellas en persona se dirigía el cardenal Cobo en su homilía cuando ha dicho «gracias a los que habéis venido a abrazar a los sacerdotes».
Era este un día «muy bonito», recalcaba el párroco de Santa María del Pinar, Pedro Pérez, «de fraternidad», al que también se han sumado sacerdotes que no son de la diócesis de Madrid pero que están en ella circunstancialmente. Tal es el caso de Francisco Katimba, de Angola, que lleva cuatro años estudiando aunque pronto regresará a su país poque «hay trabajo allí, hay que servir». «Hoy es un día de compartir experiencia de vida y ministerio», en el que «en unión con el obispo nos configuramos con Cristo».
Este «signo de comunión de toda la Iglesia de Madrid» lo destaca también Álex Hernández, párroco de Nuestra Señora de Valvanera, en San Sebastián de los Reyes, quien añadía la importancia de la recepción de los óleos, «que hacen que la Iglesia toda pueda gozar de los sacramentos» y presentar de una «manera certera» el signo de la Muerte y Resurrección de Jesucristo.
Efectivamente, los sacerdotes se llevan de vuelta a sus parroquias el óleo de los enfermos, el óleo de los catecúmenos y el santo crisma. El cardenal Cobo ha bendecido el óleo de los catecúmenos pidiendo para ellos, tal y como indica la liturgia, «aumentar la valentía en el combate de la fe», para que así «vivan más hondamente el Evangelio de Cristo». También el de los enfermos, para que con este aceite «sientan en el cuerpo y en el alma» la «divina protección» de Dios y «experimenten alivio en sus enfermedades y dolores».
Además, ha consagrado el óleo para el santo crisma, con el que se ungen los nuevos bautizados, los confirmandos, las manos de los nuevos presbíteros, la cabeza de los nuevos obispos y las iglesias y los altares en su dedicación, para «que sea sacramento de la plenitud de la vida cristiana». Es un aceite mezclado con perfume de nardo sobre el que el arzobispo de Madrid ha soplado –signo de la presencia del Espíritu Santo, insuflando su aliento–. Así, el ungido con el santo crisma es signo del buen olor de Cristo y de la nueva vida en el Espíritu.
Los presbíteros se han sumado al obispo en la consagración del santo crisma extendiendo una mano, manifestando la unidad en el mismo sacerdocio de Cristo.
Semana Santa La Misa Crismal se realiza en Madrid el Martes Santo, ya que este día es más fácil que clero y Pueblo puedan reunirse con el obispo frente al Jueves Santo —día tradicional para esta celebración—, por los preparativos de la Cena del Señor.
Como explica antes del comienzo el párroco de los Santos Inocentes, Rafael Pérez, «la celebración de la Cena del Señor es la prolongación de la Misa Crismal» porque en cada parroquia se vive «lo mismo que vivimos» en la catedral de la Almudena «junto con nuestro obispo».
Al concluir la celebración, previo a la comida fraterna a la que estaban invitados todos los sacerdotes en el Seminario Conciliar de Madrid, el cardenal Cobo ha insistido en su agradecimiento a los sacerdotes: «Gracias por sostener a esta Iglesia diocesana». Y ha exclamado un rotundo «hoy podemos decir merece la pena ser cura».
Las celebraciones de la Semana Santa en la catedral continúan el Miércoles Santo, con el Vía Crucis diocesano a las 19:00 horas.
La Hna. Helena Queijo regresó a su Portugal natal hace dos semanas para cuidar de sus padres ancianos, después de pasar nueve años en la misión espiritana de la diócesis de Jacmel, en Haití. A la zona rural donde trabajaba, relativamente segura, estaba llegando un flujo constante de personas desplazadas que huyen de la violencia que se ha apoderado de las principales ciudades, incluida la capital, Puerto Príncipe.
Empeoramiento de la situación
“La gente está sufriendo muchísimo. Les puede ocurrir que, estando en casa, lleguen los bandidos y los obliguen a abandonarla. Si tienen suerte no los matan, pero tienen que huir y permanecer escondidos durante mucho tiempo. Mucha gente ha perdido sus bienes y su hogar”, ha informado la religiosa a ACN.
La Hna. Helena recuerda que cuando llegó a Haití, en 2016, el país no tenía jefe de Estado, y que, ahora que se ha ido, la situación sigue siendo la misma. “En la historia de Haití, la mayoría de los presidentes han muerto asesinados, esta violencia no es algo nuevo”, señala. Sin embargo, la situación ha empeorado drásticamente en los últimos años, en el transcurso de los cuales bandas armadas se han hecho con el poder en la mayor parte de la capital y en muchas ciudades importantes. A principios de abril, una banda causó estragos en la ciudad de Mirebalais, matando a decenas de personas, incluidas dos religiosas. “No conocía personalmente a esas hermanas, pero que Dios se apiade de su pueblo”, ha dicho la religiosa.
Disturbios en Haití tras las elecciones generales celebradas en noviembre de 2010. (ACN)
Los secuestros también son una amenaza constante: “No solo secuestran a extranjeros o a sacerdotes y religiosos, también secuestran a gente sencilla”, continúa la hermana. “Todo el mundo corre peligro debido a la inseguridad y la inestabilidad; nadie está libre del riesgo de ser atracado o secuestrado. Lo único que buscan es dinero”.
Aunque ella logró permanecer ilesa en Haití, muchas instituciones eclesiásticas del país también se vieron gravemente afectadas por la violencia: “Las escuelas han sido invadidas por bandas, al igual que el hospital, la escuela y la residencia de los espiritanos en Puerto Príncipe”, ha contado la Hna. Helena a ACN. “El hospital de San Francisco de Sales fue atacado y las religiosas se vieron obligadas a quitarse sus hábitos para poder esconderse entre la gente y escapar. Incluso las Misioneras de la Caridad, que tanto hacen por la gente, tuvieron que evacuar a sus pacientes y marcharse”.
Desplazados por la violencia
A medida que la situación empeoraba en Puerto Príncipe, los espiritanos de Jacmel empezaron a presenciar la afluencia de desplazados que huían de la violencia: “La zona donde está nuestra misión permanece tranquila por ahora, aunque algunos bandidos en busca y captura por la policía de las ciudades más grandes están tratando de escapar allí”, explica la religiosa. “Pero la policía actúa y ha advertido a la población que permanezca alerta para detectar a cualquier persona sospechosa. Yo viví nueve años en las montañas, pero cuando teníamos que ir a la ciudad siempre teníamos miedo, aunque sabíamos que estamos en manos de Dios”.
Jacmel es una zona rural donde la gente depende de la agricultura de subsistencia. No hay agua corriente, ni alcantarillado, ni electricidad y a menudo escasea el combustible. Los espiritanos disponen de paneles solares que les permiten hacer funcionar algunos aparatos eléctricos, como un frigorífico, para poder conservar algo de comida.
La llegada de desplazados pone aún más a prueba este frágil sistema: “Si no llueve, empezamos a ver que la gente pasa hambre y esta acude a nosotros en busca de ayuda, pidiéndonos un poco de arroz o algunas judías”, cuenta la religiosa. “Nosotros nunca los dejamos irse con las manos vacías aunque solo podamos darles muy poco: no podemos darles todo lo que necesitan ya que tenemos que compartir con los demás”.
Mons. Aurelio Gazzera, obispo coadjutor de Bangassou. (ACN)
14 abril 2025
Mons. Aurelio Gazzera, obispo coadjutor de Bangassou, ha destacado los importantes progresos en el diálogo interreligioso
ACN.- Durante mucho tiempo, el país vivió desgarrado por conflictos entre dos grandes milicias: los Seleka, una alianza de varios grupos rebeldes predominantemente musulmanes, y los Anti-Balaka, compuestos por combatientes cristianos y animistas que se unieron como milicia de autodefensa frente a los Seleka. Entretanto hay en el país numerosos grupos armados de composición variable, algunos de ellos, provenientes de las dos milicias arriba citadas. Pese a que la situación sigue siendo inestable, las relaciones actuales entre los miembros de ambas religiones demuestran que los esfuerzos de quienes han trabajado por la paz están dando frutos duraderos.
“Hoy, las relaciones entre cristianos y musulmanes son bastante buenas, y todos tienen mucho cuidado de no provocar ningún conflicto. Hemos aprendido de la historia”, explica Mons. Aurelio Gazzera, obispo coadjutor de Bangassou. “Así, por ejemplo, algo que me conmovió profundamente fue que el imán local participara en la misa de Navidad en la parroquia donde la celebré”.
Con más de 30 años de experiencia misionera en el corazón de un país marcado por la guerra y numerosas tensiones, el obispo recalca: “En 2013, la guerra se presentaba como un conflicto religioso entre musulmanes y cristianos, pero eso no se correspondía con la verdad. Fue sobre todo un conflicto étnico y político, aunque los implicados pertenecieran a religiones diferentes”.
Mons. Gazzera recuerda el valor que muchos religiosos y sacerdotes católicos demostraron en la guerra a la hora de defender a sus hermanos musulmanes, y cuenta la historia de unos refugiados musulmanes que fueron acogidos por una comunidad religiosa: “Los Anti-Balaka irrumpieron en la escuela de las religiosas, donde estaban alojados los refugiados, y se los llevaron. Entonces, una de las religiosas, poniendo en peligro su vida, acudió a ver al líder de la milicia y le dijo: ‘¡Eres un criminal! No tienes derecho a entrar en un lugar donde hay refugiados. Debes ponerlos en libertad’. Y el cabecilla lo hizo”.
Un momento inolvidable
El obispo también subraya la influencia de la visita del Papa Francisco a Bangui hace diez años. En aquel entonces la situación aún era extremadamente tensa y reinaba un ambiente de odio y venganza en ambas partes. Como la violencia no cesaba, habían desaconsejado al Papa visitar el país: “El día de la misa en el estadio, el 30 de noviembre de 2015, la llegada del imán Omar Kobine Lamaya, presidente del Alto Consejo Islámico de la República Centroafricana -recibido con entusiasmo por los fieles-, fue un momento inolvidable de fraternidad”, recuerda Mons. Gazzera. “Ese gesto y la visita del Papa en general fomentaron el diálogo interreligioso en un momento de mucha tensión”.
Encuentro interreligioso en Bangui, capital de República Centroafricana. (ACN)
Encuentro interreligioso en Bangui, capital de República Centroafricana. (ACN)
Ahora que la República Centroafricana acaba de celebrar 130 años de evangelización del país, Mons. Gazzera expresa así su esperanza en un futuro mejor: “Mi sueño es que la República Centroafricana encuentre la paz, y que su población pueda vivir con dignidad y solidaridad. Este país tiene mucho que ofrecer si trabajamos todos juntos”, asegura.
Unidad, dignidad y trabajo
El obispo considera que el ejemplo de Barthélemy Boganda, el primer sacerdote centroafricano y padre fundador de la nación, es muy importante para el país: “Boganda tenía una gran visión de este país. Debemos recordar su lema: unidad, dignidad y trabajo”, ha dicho.
En un mensaje publicado a principios de año, los obispos centroafricanos hicieron hincapié en que las diferencias étnicas y religiosas deben ser valoradas como “fuente de enriquecimiento mutuo y, sobre todo, como reflejo de la identidad de Dios mismo: una sola naturaleza en tres personas distintas”. En dicho documento animan a la Iglesia y a la nación a “erradicar de su interior las semillas de la división y el tribalismo”.
Del 23 de abril al 5 de mayo de 2025, el Opus Dei celebra su X Congreso General Ordinario. Con 279 congresistas de los cinco continentes, este encuentro no solo renovará los cargos del Consejo General y la Asesoría Central, sino que también profundizará en la misión evangelizadora y en la adecuación de sus Estatutos, en respuesta a las indicaciones de la Santa Sede.
El Congreso, que se celebra cada ocho años, es un momento de reflexión y renovación para los miembros del Opus Dei. En esta ocasión, los temas centrales girarán en torno a la propuesta de modificaciones de los Estatutos y al estudio de las conclusiones de las Asambleas Regionales celebradas en 2024. Estas asambleas, bajo el título «Camino hacia el centenario de la Obra», han recogido las reflexiones y propuestas de más de 55.000 personas de 70 países, enfocándose en cómo el Opus Dei puede contribuir a la santificación de la vida ordinaria en el siglo XXI.
Un Legado de Santificación en el Trabajo y la Vida Cotidiana
Fundado por san Josemaría Escrivá de Balaguer en 1928, el Opus Dei ha sido pionero en promover la santificación del trabajo y las actividades cotidianas. Su misión, tal como la definió su fundador, es «buscar la santidad en las circunstancias ordinarias de la vida», un mensaje que sigue resonando en la vida de sus 94.450 miembros y en las innumerables personas que participan en sus actividades de formación cristiana.
El Congreso de 2025 será una oportunidad para reafirmar este carisma y adaptarlo a los desafíos contemporáneos. Como señaló Mons. Fernando Ocáriz, prelado del Opus Dei, en una reciente entrevista: «El Opus Dei inspira el encuentro con Cristo en el trabajo, la vida familiar y en las actividades ordinarias de cada día. Este Congreso será un momento para profundizar en cómo vivir y transmitir este mensaje en el mundo actual.»
Un Enfoque en la Formación y el Apostolado
Uno de los ejes del Congreso será el estudio de las conclusiones de las Asambleas Regionales, que han destacado la importancia de la formación integral, la familia y el apostolado personal. Estas conclusiones subrayan la necesidad de que los miembros del Opus Dei sean «luz y sal» en sus entornos, llevando el mensaje de Cristo a través de su ejemplo y su trabajo.
Además, el Congreso abordará la adecuación de los Estatutos del Opus Dei, un proceso que ha sido solicitado por la Santa Sede a través del motu proprio Ad charisma tuendum. Este proceso, que ha involucrado a expertos de la Prelatura y del Dicasterio para el Clero, busca garantizar que los Estatutos reflejen fielmente el carisma del Opus Dei y respondan a las necesidades actuales de la Iglesia.
Un Futuro de Esperanza y Renovación
El X Congreso General Ordinario del Opus Dei se celebra en un momento crucial, a pocos años del centenario de su fundación en 2028. Este aniversario no solo será una ocasión para celebrar, sino también para reafirmar el compromiso del Opus Dei con su misión evangelizadora. Como señaló Mons. Ocáriz: «Queremos profundizar en nuestra identidad y estudiar cómo la Obra puede contribuir a la santificación de la vida ordinaria a través de su carisma. Este Congreso es un paso más en ese camino.»
Con una mirada hacia el futuro, el Opus Dei se prepara para seguir siendo un faro de esperanza y un motor de transformación en la vida de miles de personas. A través de su mensaje de santificación del trabajo y la vida cotidiana, esta institución continúa inspirando a hombres y mujeres de todo el mundo a vivir su fe en las circunstancias ordinarias de la vida, llevando el amor de Cristo a cada rincón del planeta.
Preguntas y Respuestas sobre el X Congreso General Ordinario del Opus Dei 2025
¿Qué es el Opus Dei y cuál es su misión?
El Opus Dei es una institución pastoral de la Iglesia católica fundada por san Josemaría Escrivá de Balaguer en 1928. Su misión es promover la santificación del trabajo y las actividades cotidianas, inspirando a las personas a vivir su fe en sus entornos profesionales, familiares y sociales.
¿Qué significa el Congreso General Ordinario para el Opus Dei?
El Congreso General Ordinario es un evento crucial que se celebra cada ocho años. En él, los miembros del Opus Dei se reúnen para evaluar su labor evangelizadora, renovar los cargos de liderazgo y discutir orientaciones futuras. Este año, el Congreso se centrará en la adecuación de los Estatutos y en las conclusiones de las Asambleas Regionales de 2024.
¿Por qué es importante la adecuación de los Estatutos?
La adecuación de los Estatutos es esencial para alinear la estructura del Opus Dei con las indicaciones de la Santa Sede, especialmente tras el motu proprio Ad charisma tuendum. Este proceso busca garantizar que los Estatutos reflejen fielmente el carisma del Opus Dei y respondan a las necesidades actuales de la Iglesia.
¿Qué temas se discutirán en el Congreso de 2025?
Los temas principales del Congreso de 2025 serán la adecuación de los Estatutos del Opus Dei y el estudio de las conclusiones de las Asambleas Regionales celebradas en 2024. Estas asambleas se centraron en cómo el Opus Dei puede contribuir a la santificación de la vida ordinaria en el siglo XXI.
¿Quiénes participarán en el Congreso General Ordinario de 2025?
El Congreso contará con la participación de 279 congresistas, provenientes de los cinco continentes. Estos congresistas incluyen tanto hombres como mujeres, sacerdotes y laicos, y representan la diversidad y el alcance global del Opus Dei.
¿Qué impacto tendrá el Congreso en la misión del Opus Dei?
El Congreso de 2025 será un momento de renovación y reflexión para el Opus Dei. Se espera que profundice en el carisma de la institución y lo adapte a los desafíos contemporáneos, reafirmando su compromiso con la santificación del trabajo y la vida cotidiana.
¿Cómo se prepara el Opus Dei para el centenario de su fundación en 2028?
El Opus Dei se prepara para su centenario en 2028 a través de una serie de reflexiones y actividades que buscan reafirmar su misión evangelizadora. El Congreso de 2025 será un paso importante en este camino, ya que se centrará en la adecuación de los Estatutos y en las conclusiones de las Asambleas Regionales.
¿Qué papel juegan las Asambleas Regionales en el Opus Dei?
Las Asambleas Regionales son reuniones que se celebran cada diez años en cada circunscripción del Opus Dei. En 2024, bajo el título «Camino hacia el centenario de la Obra», estas asambleas recogieron reflexiones y propuestas de más de 55.000 personas de 70 países, enfocándose en la santificación del trabajo, la vida familiar y la formación integral.
¿Cómo puede el Opus Dei inspirar a la sociedad actual?
El Opus Dei puede inspirar a la sociedad actual a través de su mensaje de santificación del trabajo y la vida cotidiana. Al promover la idea de que la vida ordinaria es un camino hacia la santidad, el Opus Dei anima a las personas a vivir su fe en sus entornos profesionales y familiares, contribuyendo a una sociedad más justa y espiritualmente rica.
¿Qué espera el Opus Dei del futuro?
El Opus Dei espera seguir siendo un faro de esperanza y un motor de transformación en la vida de miles de personas. A través de su mensaje de santificación del trabajo y la vida cotidiana, la institución continúa inspirando a hombres y mujeres de todo el mundo a vivir su fe en las circunstancias ordinarias de la vida, llevando el amor de Cristo a cada rincón del planeta.
Antoni Gaudí, genio de la arquitectura y símbolo de la espiritualidad hecha piedra, vuelve a cobrar vida en las páginas del libro Gaudí. El Misterio, de la escritora y productora Paloma Pía Gasset. Con una pluma ágil y una mirada penetrante, Gasset nos invita a adentrarnos en los aspectos más ocultos y fascinantes del hombre que dedicó su vida a Dios a través del arte.
Lejos de limitarse a lo ya conocido, la autora desvela documentación inédita y desmiente mitos que durante años han acompañado la figura del arquitecto. Desde los misterios que rodearon su trágica muerte —atropellado por un tranvía y confundido con un mendigo— hasta las polémicas sobre su tumba y testamento, el libro lanza una nueva luz sobre una vida marcada por el dolor, la fe y la entrega absoluta.
Uno de los aspectos más impactantes que aborda Gasset es la transformación espiritual de Gaudí. De joven escéptico, pasó a convertirse en un hombre profundamente creyente, influido por grandes figuras eclesiásticas como los obispos Joan Bautista Grau, Pedro Campins y Josep Torras y Bages. Este camino interior se refleja no solo en su obra, sino también en los testimonios de personas que afirman haber recibido favores por su intercesión, desde principios del siglo XX hasta nuestros días.
La figura de Antoni Gaudí, el genio catalán que dejó una huella imborrable en la arquitectura y la espiritualidad del siglo XX, ha sido reconocida por la Iglesia con el título de Venerable. Este 13 de abril de 2025, el Papa Francisco autorizó el decreto que reconoce las virtudes heroicas del creador de la Sagrada Familia, un artista cuya fe impregnó profundamente su obra.
Gaudí. El Misterio no es solo una biografía ni un ensayo histórico. Es, en palabras de su autora, una narración que podría leerse como un thriller espiritual. Con ritmo, emoción y profundidad, Gasset logra que el lector se pregunte no solo quién fue Gaudí, sino por qué su figura sigue fascinando y atrayendo a creyentes y no creyentes por igual.
Este libro representa una valiosa aportación a la comprensión integral de Gaudí: no solo como arquitecto prodigioso, sino como hombre tocado por el misterio de lo divino. Paloma Pía Gasset nos entrega un retrato único, conmovedor y profundamente humano del que quizás sea, en palabras de muchos, el verdadero «arquitecto de Dios».
Vedastus fue seminarista en el seminario internacional Bidasoa (Pamplona) y se ordenó presbítero en agosto de 2024 en su país. Nos cuenta que los jóvenes en Tanzania están orgullosos de ser católicos. «Cuando uno entra en la Misa dominical en Tanzania, más del 60 % es gente joven».
La formación católica recibida en casa, clave para su vocación sacerdotal
Vedastus nació en 1994 en el seno de una familia numerosa. Hijo de madre católica y padre no cristiano, su vocación surgió a raíz de una pregunta a su madre. El esfuerzo de ella por transmitirle la fe a él y a sus hermanos ha sido recompensado.
Un momento determinante en la vida de este joven sacerdote, fue cuando descubrió la importancia real de los sacerdotes. Su pueblo distaba a siete kilómetros de la iglesia más cercana y, cada domingo, recorrían esa distancia para asistir a la celebración de la Palabra que realizaban los catequistas. Solo había Misa una vez al año por la falta de sacerdotes.
Vedastus Martine da la comunión a su madre durante su primera Misa en Tanzania.
El día que un sacerdote llegó a su pueblo
La falta de sacerdotes en Tanzania hace treinta años era mucho más urgente que ahora: solo había dos para atender más de treinta parroquias. Hoy en día, su diócesis cuenta con 155 religiosos y sacerdotes diocesanos que sirven a 56 parroquias.
El día que un sacerdote llegó a su pueblo y celebró la Santa Misa, Vedastus se quedó impresionado. «Yo era muy niño, pero me di cuenta de que era diferente a lo que hacían los catequistas. Me interesó muchísimo. Cuando llegué a casa le pregunté a mi madre: Mamá, ¿por qué hoy ha sido diferente?, ¿quién es ese hombre que ha celebrado?Mi madre me explicó que aquel hombre era un sacerdote y cuál era la diferencia entre sacerdotes y catequistas», responde Vedastus.
«Cuando sea mayor, quiero ser sacerdote»
Su madre le contó también la importancia de los sacerdotes para la salvación, para impartir los sacramentos, para traernos la Eucaristía y perdonar los pecados, y de la importancia de llevar a Cristo a todo el mundo.
«Le pregunté a mi madre por qué no teníamos sacerdotes todos los domingos y ella me respondió que era imposible, porque en aquella época los dos sacerdotes que había atendían 33 iglesias. Entonces le dije: Cuando sea mayor quiero ser sacerdote para ayudar a la Iglesia de mi pueblo, que tengan siempre sacerdotes para enseñarles la fe y para celebrar los Sacramentos. Mi madre me explicó que tendría que estudiar mucho y ser muy disciplinado. Me animó a que, si era mi camino, hablara con mi padre por si podían pagarme los estudios».
A partir de ese momento, Vedastus le pidió a Dios todos los días que, si lo deseaba, le hiciera un buen sacerdote para poder servir a las personas.
Seminaristas del seminario internacional Bidasoa en una sesión de formación.
Entrada en el seminario a los 14 años
Así, a los 14 años, decidió entrar en el seminario menor no sin antes enfrentarse con algunos desafíos. Su padre, aunque le dio libertad de adoración y culto, no se bautizó hasta 2016. Además, el deseo de su progenitor era que su hijo estudiara Medicina, algo que también estaba en los planes de Vedastus.
«Pensaba que, si mi padre no estaba bautizado, yo no podría ser sacerdote. Sin embargo, mi padre me dijo: Voy a pagar lo que necesites para que tus sueños se hagan realidad. Aunque no soy rico, sé lo importante que es estudiar. Nos podrá faltar hasta lo necesario para vivir, pero no te faltará lo que necesites para tus estudios. Esta determinación de mi padre provocó en mi un agradecimiento inmenso que me ha guiado para esforzarme siempre en mis estudios, porque sé el sacrificio que ha supuesto para mi familia», explica.
Al servicio de su diócesis
Sin embargo, la carrera de Medicina no la ha abandonado de su pensamiento. Cuenta que estando en Fátima en 2023, realizando tareas pastorales mientras residía en Bidasoa como seminarista, recibió un correo de su arzobispo que le comunicaba que, tras terminar el bachillerato de Teología, podría iniciar en su diócesis la carrera de Medicina.
«Me hizo pensar ocho años atrás cuando le comuniqué a mi padre, tras terminar mis estudios de Secundaria, que quería entrar en el seminario mayor para formarme como sacerdote. Fue cuando mi padre me dijo que su sueño era que yo estudiara Medicina. Tras un diálogo amoroso con mi padre, llegamos al acuerdo de podría entrar en el seminario. Entonces este mensaje de mi obispo fue como un recordatorio de mi primera etapa y de mi sí a la voz del Señor».
Tras meditar el requerimiento de su obispo, habló con él expresándole que en estos momentos la carrera de Medicina era «una montaña difícilmente de escalar». Sin embargo, si la necesidad de su diócesis lo exige, la estudiará con mucho gusto.
Los católicos aumentan en Tanzania
Su formación en Teología es vital para formar a sus hermanos tanzanos. A pesar de la escasez de vocaciones sacerdotales, los católicos aumentan en Tanzania. ¿A qué se debe esta explosión de católicos?
«A mi parecer, la razón fundamental y la base de todo está en que el hombre por naturaleza es religioso, siempre está relacionado con lo divino. Esto es un hecho que se da con fuerza en Tanzania: tenemos mucho respecto a lo divino. Pero también debemos agradecer la labor de los misioneros que nos evangelizaron, y de manera especial a los Padres Blancos. Ellos dejaron una huella imborrable, no solo a los católicos sino a toda la población», relata Vedastus.
La Iglesia, siempre en primera fila
Esa evangelización de los primeros misioneros ha contribuido a reforzar la reputación de la Iglesia Católica en África y no solo por su función espiritual y salvífica, sino también por las numerosas obras sociales: hospital, escuelas, caritas, etc.
«Mucha gente se acerca a Dios a través de los servicios caritativos y sociales, porque la Iglesia Católica es la que siempre sale en primera fila. Pero también, gracias a la labor que realizan los obispos, sacerdotes, religiosos, catequistas y todos los agentes pastorales, cada vez hay más gente que conoce el Evangelio», dice Vedastus.
Vedastus, durante su estancia en el seminario internacional Bidasoa, en un partido de fútbol.
Los jóvenes, orgullosos de ser católicos
La cantidad de jóvenes que practican la fe católica es imponente. Este joven sacerdote se admira: «La juventud es la esperanza de la Iglesia en Tanzania. Los jóvenes están orgullos de ser católicos y así atraen también a muchos amigos. Y es que, además de que la Iglesia es vista como el lugar primordial para el encuentro con Dios, también los jóvenes se acercan a las parroquias para encontrar esposo, o esposa, crecer en virtudes y vivir la verdad».
Para terminar, Vedastus exclama con felicidad su estancia en nuestro país: «Ha sido una maravilla. Salgo de Pamplona siendo una persona diferente de cuando llegué. Me ha impresionado la formación tanto humana como académica. Ha sido un regalo saborear la catolicidad de la Iglesia».
Por eso quiere agradecer de todo corazón a todos los benefactores de la Fundación CARF que han hecho posible sus estudios en Pamplona, viviendo en Bidasoa y estudiando en las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra.
«Tengan la seguridad de mis oraciones diarias. Juntos formamos parte del Plan Divino de que todos los hombres reciban las buenas nuevas».
El jefe de la Iglesia greco-católica ucraniana habla del ataque ruso del Domingo de Ramos, que dejó más de 30 muertos y más de 100 heridos: al día siguiente todo el mundo estaba allí trabajando, ayudando a los heridos y a los desamparados. Estamos en Semana Santa y nuestro Vía Crucis es “un camino del sufrimiento a la Resurrección”.
Svitlana Dukhovych – Ciudad del Vaticano – Vatican News
“Si estás bien, no necesitas ninguna gracia, ni de Dios ni de los hombres”. Pero cuando “experimentas el dolor, la tragedia” y experimentas “cada día que no te bastas a ti mismo, que necesitas la mano del otro, esto te hace descubrir el sentido de caminar juntos” y te ayuda a resistir. Fe y fortaleza de ánimo, resiliencia y esperanza en Cristo que ha vencido a la muerte, incluso a la muerte desgarradora tras una nueva masacre de civiles: Su Beatitud Sviatoslav Shevchuk, arzobispo mayor de Kyiv, relata a los medios vaticanos una nueva Semana Santa en tiempos de guerra, que comenzó con el ataque ruso a la ciudad de Sumy el Domingo de Ramos, 13 de abril, que causó 34 muertos y unos 120 heridos, entre ellos una quincena de niños. Otro golpe cruel que, dice, no afectó ni al sentido de humanidad ni a las convicciones más profundas del alma.
Estamos en el Año Santo con el lema “Peregrinos de la esperanza”. La solemnidad de la Resurrección también nos lleva a pensar en la esperanza. ¿Cómo ha cambiado la esperanza de la gente en Ucrania, y en particular de los fieles católicos, durante estos años de guerra?
Para nosotros hoy, la esperanza es realmente la fuente de nuestra supervivencia, de la capacidad de resistir, de seguir adelante. Creo que la esperanza como tal no ha cambiado, porque siempre nuestra esperanza es el Señor Jesucristo. No confiamos en algo, sino en alguien.
Y esta relación con Jesús que sufrió por nosotros, que murió y resucitó, es la fuente de nuestra esperanza. Quizá lo que cambia es la manera de percibir esta esperanza y de comprender lo importante que es no sólo tener sentimientos de esperanza -como solemos decir: “Esperemos que todo vaya bien”, sino tener esperanza como virtud.
“Es decir, como una fuerza infundida por el Espíritu Santo, una fuerza del Resucitado que vive y palpita en nosotros. Y debo decir que a medida que aumenta el dolor, también aumenta esta percepción de que la fuerza de Cristo Resucitado no solo está con nosotros, sino que está en nosotros.”
La esperanza es verdaderamente una realidad que vivimos. Por eso estamos verdaderamente muy agradecidos al Papa Francisco, que nos ha abierto las puertas de la esperanza. Tengo que decir que muchas personas vienen en peregrinación, especialmente en este período de Cuaresma, a nuestras catedrales, a nuestros santuarios, precisamente para acrecentar esta esperanza. Los peregrinos participan en los sacramentos de la Confesión y de la Eucaristía, rezan por el Papa y por su salud, y reciben estas gracias que el Año Santo nos ofrece y el Santo Padre nos hace experimentar no sólo en Roma -porque muchos peregrinos van a Roma-, sino también aquí con nosotros.
Muchas personas en Ucrania sufren el duelo, traumas que afectan al cuerpo y al alma. Precisamente el domingo pasado, durante la solemnidad de las Palmas, un atentado ruso causó una terrible masacre en Sumy. ¿Existe el riesgo de que todo este sufrimiento oscurezca el sentido de la Resurrección?
Esta Semana Santa, la semana de la Pasión del Señor, comenzó desgraciadamente con una gran tragedia. En Sumy, mientras la gente rezaba en las iglesias por el Domingo de Ramos y en la catedral ortodoxa del Patriarcado de Moscú se estaba desarrollando la homilía, cayeron dos misiles, dejando 34 muertos, entre ellos dos niños, y 119 heridos, entre ellos 15 niños.
Obviamente, cualquier análisis de este ataque, de esta masacre, muestra que la intención era golpear a la población civil. El primer misil impactó en el centro de la ciudad y después -cuando sabían que los rescatadores, los bomberos y el personal médico llegarían inmediatamente para ayudar a los heridos- en ese momento llegó el segundo misil, un ataque aún más mortífero porque dicen que este misil explotó en el aire para alcanzar a la gente que circulaba por el centro de la ciudad. Una tragedia que realmente conmocionó a todo el mundo.
“Tenemos la sensación de que cuanto más hablamos de paz para Ucrania, cuanto más trabajamos, incluso internacionalmente, para fomentar el diálogo y buscar un acuerdo, más nos atormentan estos ataques, porque realmente en las últimas tres semanas han aumentado mucho.”
Incluso aquí, en la ciudad de Kyiv, vivimos bajo bombardeos todas las noches. Esto no ocurría con esta intensidad en los meses anteriores. Se puede ver una escalada, una obstinación muy, muy fuerte. Y, sin embargo, nuestro pueblo no siente este sufrimiento como algo insuperable, sino como un camino. Sabemos que estamos en el Vía Crucis.
Incluso el dinamismo del Vía Crucis no es estar quieto, sino caminar, un viaje del sufrimiento a la Resurrección. Y caminamos juntos. Hablé con nuestro sacerdote que presta servicio en Sumy, el padre Olexandr Dyadya, que es también el director de nuestra Cáritas local. Me contó cosas extraordinarias: tras los atentados, la gente no huyó de la ciudad, sino que colaboró para ayudar, para limpiar las calles, incluso para preparar la Pascua.
Tras el atentado, la gente no se asusta; al contrario, está más motivada para quedarse, resistir y ayudar a resolver las secuelas del atentado. Es extraordinario porque humanamente uno diría: “Huye de este lugar donde sólo parece reinar la muerte”. En cambio, no. Demuestra que la gente tiene un enfoque diferente de esta tragedia, el enfoque no de los asustados sino de los que consiguen superar el miedo mediante la fe en Dios.
El Secretario de Estado destaca los aspectos fundamentales de la reforma de la Pontificia Academia Eclesiástica. Es una institución, afirma el purpurado, llamada por el Papa Francisco a formar -ante todo- testigos de la fe al servicio de la Iglesia y valientemente comprometida en tender puentes de diálogo y justicia.
Alessandro Gisotti
Se abre una nueva temporada para la diplomacia de la Santa Sede. La inauguró el Papa Francisco con la publicación de un quirógrafo que sanciona oficialmente la renovación de la Pontificia Academia Eclesiástica, institución fundada hace más de tres siglos y que siempre ha tenido la función de preparar a los diplomáticos pontificios. El cardenal Secretario de Estado, Pietro Parolin, que es también el Protector de la Pontificia Academia Eclesiástica, habló a los medios de comunicación vaticanos sobre los aspectos más destacados de esta reforma. Espera que la diplomacia vaticana actúe con valentía y creatividad -como pide el Papa- cada vez más al servicio del diálogo entre los pueblos y las culturas.
La Pontificia Academia Eclesiástica se fundó hace más de trescientos años. Sin embargo, sus fines fundamentales siguen siendo los mismos…
Sí, a más de tres siglos de su fundación, la Pontificia Academia Eclesiástica sigue formando diplomáticos, que son la mirada vigilante y lúcida del Sucesor de Pedro sobre la Iglesia y el mundo, comprometidos a representar al Papa con un espíritu misionero que no conoce fronteras. Ellos no solo participan en los debates internacionales, sino que están llamados a interpretar y proponer, en línea con la visión cristiana de la Iglesia, soluciones que puedan contribuir a construir un mundo más justo y fraterno.
El Papa Francisco siempre ha prestado atención a quienes participan en la diplomacia vaticana. ¿Cuáles son las principales cualidades que el Santo Padre considera que debe tener un buen diplomático de la Santa Sede?
Durante sus encuentros con Nuncios Apostólicos y Observadores Permanentes, el Papa Francisco ha descrito a menudo a los diplomáticos pontificios como “sacerdotes con maletas en la mano”, subrayando así el carácter pastoral, misionero y universal de su servicio. Es precisamente este espíritu de servicio evangelizador el que ha impulsado al Papa a reorganizar el itinerario de formación de estos sacerdotes, con la intención de reforzar su preparación y adaptarla a los desafíos contemporáneos. Es una decisión que marca un nuevo capítulo en la historia de la diplomacia pontificia.
Aquí entramos de lleno en el corazón de la reforma. ¿Cuáles son las novedades más significativas? ¿Cuál es el espíritu que anima esta decisión del Papa?
Con la reforma, la Academia se estructura como Instituto de Enseñanza Superior e Investigación en Ciencias Diplomáticas, en línea con la visión innovadora propuesta por la Constitución Apostólica Veritatis gaudium y con los estándares internacionales de estudios universitarios, en particular con el “Proceso de Bolonia”, que ha logrado una armonización de los diversos sistemas europeos de enseñanza superior. A partir de ahora, la Pontificia Academia Eclesiástica podrá conferir los grados académicos de Licenciado (equivalente al grado de Máster) y Doctor (PhD), ofreciendo a sus estudiantes una formación que integra disciplinas jurídicas, históricas, políticas y económicas y, por supuesto, conocimientos específicos en ciencias diplomáticas. Con una visión actualizada de los itinerarios universitarios y de investigación, se trata de una vuelta a las raíces, a los cimientos de esta institución que ha vivido muchos acontecimientos de la historia, a menudo nada fáciles para la Sede de Pedro. Y a pesar de las adversidades de los acontecimientos, la Academia ha seguido siendo el lugar de formación al servicio de los Papas.
En el Quirógrafo, el Papa subraya que la renovación no se limita a un enfoque puramente técnico…
Ciertamente. En efecto, los programas de enseñanza estarán estrechamente relacionados con las disciplinas eclesiásticas, de modo que la preparación de los sacerdotes-alumnos conjugue la esfera diplomática con la dimensión de comunión de la Iglesia y se desarrolle en sintonía con el método de trabajo de la Curia romana, la evangelización y la acción misionera de la Iglesia. Y también la relación entre la Iglesia y la sociedad, así como el diálogo con la cultura contemporánea, que se consideran elementos fundamentales para la diplomacia vaticana, que actúa como portavoz del mensaje cristiano en los foros internacionales. También por esta razón -aunque la Academia forma parte orgánicamente de la estructura de la Secretaría de Estado- varios Dicasterios de la Curia Romana estarán implicados en la formación y en los órganos colegiados de la Academia.
Esta reforma ha tenido una larga gestación. ¿Puede decirse que el Papa amplía ahora el horizonte de la acción diplomática de la Santa Sede?
El Papa Francisco, con ese “sano realismo” que caracteriza su acción pastoral, no se limita a proponer una reforma de la formación diplomática basada únicamente en la adquisición de conocimientos teóricos, sino que busca una preparación que responda a las necesidades de un mundo en constante evolución. En el quirógrafo, el Papa observa que “no es suficiente limitarse a la adquisición de conocimientos teóricos, sino que es necesario desarrollar un método de trabajo y un estilo de vida que le permitan comprender profundamente las dinámicas de las relaciones internacionales”. La formación, por tanto, debe orientarse a la comprensión de los desafíos concretos a los que se enfrenta una Iglesia cada vez más sinodal. En esta perspectiva, el Papa subraya las cualidades indispensables para quienes están llamados a representar a la Sede Apostólica en los foros internacionales: cercanía, escucha atenta, testimonio, perspectiva fraterna y diálogo. Y de nuevo, valentía y creatividad. Estos rasgos deben ir acompañados de humildad y mansedumbre, que constituyen la esencia de la misión sacerdotal. Tales virtudes son el alma de una acción diplomática que tiene como objetivo el bien común, la paz y la promoción de la libertad religiosa.
Mirando la guerra de Ucrania, la guerra de Gaza y las muchas, demasiadas guerras olvidadas, desgraciadamente, parece que la diplomacia, el multilateralismo, ya no tienen el valor y la fuerza que tuvieron antaño. ¿Cómo encaja una reforma como esta en el contexto internacional en el que nos encontramos?
El Santo Padre nos recuerda que solo a través de un cuidadoso discernimiento y una atenta observación de la realidad siempre cambiante es posible dar sentido a los acontecimientos globales y proponer acciones concretas. Por tanto, el diplomático pontificio no es solo un experto en técnicas de negociación, sino un testigo de la fe, comprometido en la superación de las barreras culturales, políticas e ideológicas, y en la construcción de puentes de paz y justicia. Este enfoque permite a la Iglesia desarrollar caminos concretos para la paz, para la libertad religiosa de cada creyente y para el orden entre las naciones, teniendo siempre presente la misión de Cristo y el bien de toda la humanidad. En este horizonte renovado, la Pontificia Academia Eclesiástica se convierte no solo en un centro de excelencia en ciencias diplomáticas, sino también en una forja de formadores llamados a llevar a cabo la diplomacia de la Santa Sede, con un estilo que refleje el corazón del Evangelio: diálogo, reconciliación y paz.
¿Qué espera para esta reforma, que puede definirse como una verdadera nueva temporada de la diplomacia de la Santa Sede?
Con la reforma, el Papa Francisco desea actualizar el enfoque de la diplomacia de la Santa Sede a los desafíos del mundo contemporáneo, respondiendo a las necesidades de un entorno diplomático cada vez más globalizado e interconectado. La reforma pretende reforzar el vínculo entre la investigación y la formación académica de los futuros diplomáticos pontificios y los retos concretos a los que se enfrentarán en sus misiones en el extranjero. Mi esperanza es, por tanto, no solo que se formen diplomáticos expertos, sino sacerdotes que, conscientes de la misión universal de la Iglesia, puedan responder con competencia, sensibilidad y espíritu evangélico a los desafíos globales, llevando adelante la visión del Papa de la diplomacia como instrumento de paz, justicia y solidaridad entre los pueblos.
La Oficina de Prensa de la Santa Sede informa sobre el estado de salud de Francisco, quien se encuentra convaleciente en la Casa Santa Marta: se registran avances en la movilidad, la respiración y la voz. El uso de oxígeno de alto flujo es ya “residual” y está limitado a “fines terapéuticos”, mientras que se prolongan los periodos en los que el Pontífice “logra prescindir” del oxígeno.
Vatican News
El Papa Francisco continúa mejorando en su recuperación, registrando avances en su movilidad, respiración y voz, según las últimas actualizaciones proporcionadas este Martes Santo, 15 de abril de 2025, por la Oficina de Prensa de la Santa Sede. El Pontífice se encuentra convaleciente en el Vaticano desde el 23 de marzo, tras ser dado de alta del Hospital Gemelli.
El Papa sigue manteniendo encuentros de trabajo, aunque más breves, con algunos superiores de la Curia. Además, continúa con su fisioterapia motora y respiratoria, así como con ejercicios específicos para mejorar su voz. El uso de oxígeno en altos flujos es ahora “residual” y se limita a “fines terapéuticos”, realizándose principalmente por la tarde y solo cuando es necesario. En cuanto a su oxigenación, se observan “períodos más largos” en los que el Pontífice ya no necesita el apoyo de las cánulas nasales.
La Oficina de Prensa también ha dado a conocer detalles sobre las celebraciones litúrgicas de Semana Santa. La Misa Crismal, que se celebrará el Jueves Santo, 17 de abril, a las 9:30 en la Basílica de San Pedro, será presidida por el cardenal Domenico Calcagno, presidente emérito de la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica (APSA).
El Viernes Santo, 18 de abril, a las 17:00, será el cardenal Claudio Gugerotti, prefecto del Dicasterio para las Iglesias Orientales, quien oficiará la celebración de la Pasión en la Basílica Vaticana. La tradicional ceremonia del Vía Crucis, prevista a las 21:15 en el Coliseo, será presidida por el cardenal Baldassare Reina, vicario general de Su Santidad para la diócesis de Roma. Las meditaciones para esta pía práctica han sido preparadas por el Papa y se publicarán al mediodía.
La Oficina de Prensa subraya que es el propio Papa quien ha delegado la presidencia de estas liturgias a los cardenales mencionados. Aunque aún no se ha confirmado su participación en los ritos del Triduo Pascual, el calendario completo de las celebraciones en la Basílica de San Pedro será publicado a lo largo del día, incluida la Misa de la Cena del Señor del Jueves Santo, que tendrá lugar a las 18:00. No obstante, esta última no está programada como una de las celebraciones papales.