que espera y actúa. . .
Oración del Laico
Señor Jesús,
Vengo ante Ti sin título que me preceda, sin mitra que me cubra.
Vengo solo con el agua de mi bautismo, todavía fresca en el alma, y la certeza —tuya, no mía— de que ese agua me hizo sacerdote, profeta y rey en Ti, aunque el mundo, y a veces la propia Iglesia, prefiera no recordármelo.
Estoy cansado de las promesas que no se convierten en camino, de las palabras amables que no comprometen nada.
Pero no quiero que ese cansancio se endurezca en amargura, porque sé que la amargura no ilumina a nadie, ni siquiera a mí.
Dame la fortaleza de seguir diciendo la verdad aunque nadie la agradezca hoy.
Dame la paciencia de Catalina, que confrontó a un Papa sin dejar nunca de amarlo.
Enséñame a distinguir siempre a la Esposa que amo de los hombres frágiles que a veces la administran mal, para que el desencanto con los segundos no me robe jamás el amor a la primera.
Tú, que llamaste amigos a pescadores y publicanos antes que a doctores de la ley: recuérdame que el sensus fidei que pusiste en mi pecho no es una metáfora piadosa, sino un don verdadero, y que callarlo por comodidad sería devolvértelo sin haberlo usado.
Dame el coraje de decir lo que veo, con la caridad de decirlo bien — que mi palabra edifique, aunque a veces deba primero señalar la grieta.
Si en este camino me toca estar solo, que no esté solo del todo: pon a mi lado a los que, como yo, no se resignan ni se envenenan.
Y si por ahora no aparecen, que me baste tu compañía, porque donde uno solo insiste en tu nombre con el corazón limpio, ya estás Tú.
No te pido que allanes mi camino.
Te pido solo que no se me apague la Esperanza, esa que es virtud tuya y no simple optimismo mío — la certeza de que la verdad dicha con amor, aunque tarde, nunca se pierde del todo.
Toma, Señor, esta vida laical que te ofrezco entera: mi trabajo, mi palabra, mi persistencia.
Y si algo de lo que hoy siembro llega a ser piedra viva de tu Iglesia, que sea solo para tu gloria, nunca para la mía.
Amén.
©Catolic





