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El arzobispo Broglio: León XIV, esenciales sus palabras de paz y diálogo

El presidente de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos, expresa alegría y gratitud por la elección del nuevo Pontífice: su multiculturalidad ayudará a la Iglesia a estar abierta sin perderse “en su propio patio”.

Marie Duhamel e Linda Bordoni – Ciudad del Vaticano – Vatican News

El Papa León XIV es hijo de los Estados Unidos, pero ahora pertenece a todos los católicos y a las personas de buena voluntad. El arzobispo Timothy Broglio, presidente de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos (USCCB), expresa su felicidad por la elección del cardenal Robert Francis Prevost, el 267.º Pontífice, cuyas primeras palabras, subraya, señalan “un camino de paz, unidad y actividad misionera”.

En una entrevista concedida a los medios vaticano, a pocas horas de la elección del Pontífice, monseñor Broglio comunica un profundo sentido de felicidad y confianza en el nuevo pontificado de Leone XIV, mezclado también con una sorpresa inicial por la elección tomada por los cardenales en el Cónclave, de la que dice estar “muy contento”. Al destacar su gran calidez humana, apertura y genuino deseo de colaboración, el líder de los obispos estadounidenses también recuerda “su cordialidad y gran deseo de trabajar juntos y de ser útil”, asegurando por tanto su oración por el inicio de su misión y para que su pontificado esté marcado por la serenidad.

El poder del nombre

El nombre León, continúa el arzobispo estadounidense, “evoca el recuerdo de León XIII, quien fue el primer Papa en enunciar de forma clara la doctrina social de la Iglesia”. Por tanto, la del Pontífice será una voz por la paz y el diálogo en medio de las muchas crisis que se viven. “Todos estamos consternados —observa— por las situaciones que siguen encendiéndose en nuestro mundo, pienso en Pakistán e India, en Ucrania, en Oriente Medio y en muchas partes de África. Por eso creo que es esencial que él hable de paz y la promueva, alimentando el diálogo en este mundo nuestro”.

La Iglesia unida

Las palabras del nuevo Pontífice sobre la necesidad de una Iglesia unidad, reflexiona nuevamente monseñor Broglio, son importantes también para el pueblo estadounidense. “Una de las cosas que debemos aprender”, dice, “es a escuchar a los demás; se puede estar en desacuerdo, pero toda persona ha sido creada a imagen y semejanza de Dios, y eso nunca debería olvidarse. Espero que su mensaje sea acogido como una invitación a la unidad y a convertirse en instrumentos de diálogo”.

La riqueza de la internacionalidad

La internacionalidad del Papa León XIV, de origen italiano, francés y español, y su gran experiencia pastoral en América Latina, son un don para su ministerio universal. “Creo que es muy importante haber vivido en distintas partes del mundo, eso marca una gran diferencia. Aporta profundidad, perspectiva y una riqueza que lo ayudará a guiar a la Iglesia”. Una experiencia global que ayudará a evitar, en palabras de Broglio, que “la Iglesia se pierda en su propio patio”.

Las primeras palabras del Papa

La elección del Papa de hablar en italiano durante su primer discurso público indica el significado pastoral del lenguaje. “Como Obispo de Roma, creo que es importante que hable en italiano”, concluye monseñor Broglio, reconociendo además el consuelo que tal elección traerá a los católicos de habla hispana, especialmente a la luz del reciente fallecimiento del Papa Francisco. “Será reconfortante ver que el nuevo pastor también puede llegar a sus corazones”.

Desde Pavía, el afecto al nuevo Papa: ayudará a la Iglesia a dar nuevos pasos adelante

La reacción a la elección papal del prior de la comunidad agustina donde se custodian las reliquias del obispo de Hipona: el amigo Prevost eligió el nombre que recuerda al autor de la «Rerum Novarum», texto que refundó el estilo social de la Iglesia. El deseo es «que podamos caminar en la unidad, porque sólo de ahí nace el compartir, la capacidad de sentirnos hermanos y hermanas».

Tiziana Campisi y Antonella Palermo – Ciudad del Vaticano – Vatican News

El mensaje con la noticia de la fumata blanca llegó al teléfono de los religiosos agustinos de la Basílica de San Pietro in Ciel d’Oro de Pavía, donde se custodian las reliquias del Santo de Hipona, al final del rezo de las Vísperas. La alegría por la elección del primer Pontífice agustino es inmensa: «Estamos de fiesta. Prevost tiene su corazón en Pavía. Enseguida encendimos una lámpara junto a las reliquias», dice el padre Gianfranco Casagrande, prior de la comunidad de la ciudad lombarda, “para que el Santo sostenga, proteja y anime a León XIV”. Hubo muchas ocasiones de trabajar juntos, sobre todo durante el periodo en que el norteamericano Prevost era Prior General de la Orden y él Provincial de la Provincia Italiana.

Tras las huellas del padre de la Rerum Novarum

Paz, justicia y misión: las primeras palabras del nuevo Sucesor de Pedro. «Recuerdan sobre todo a León XIII, gran amigo de los agustinos», explica Casagrande. «Fue él quien creó a Santa Rita, Santa Clara de Montefalco, beatificó a tantos frailes, monjas, religiosas agustinas. Fue realmente un benefactor de la Orden de San Agustín, además de ser el Papa de la Rerum Novarum, por tanto de la refundación del estilo social de la Iglesia. Creo que con la elección de este nombre ha recuperado toda la teoría de los Papas a partir de 1900».

El deseo de caminar en la unidad

El padre Casagrande espera razonablemente que el nuevo Pontífice pueda «pasarse por aquí, por Pavía, para rezar a san Agustín». El deseo de los hermanos es «que su capacidad de diálogo, su equilibrio y también su inteligencia y su arraigo en la teología, especialmente en la espiritualidad y en el pensamiento de san Agustín, ayuden a toda la Iglesia a dar un paso más precisamente en la adhesión, como él [el nuevo Papa electo, ed.], a la unidad de la Iglesia». En un mundo lacerado por la violencia y las divisiones, se eleva el anhelo de unidad, «porque sólo de esta unidad -concluye el clérigo- nace el compartir y de aquí la comunión, la capacidad de sentirse hermanos».

León XIV, pensamientos y emociones desde la Basílica de San Pietro in Ciel d’Oro de Pavía

Bajo la mirada de más de 100 mil personas, voces de varias partes del mundo: «El nuevo Papa me ha emocionado hasta las lágrimas recordando a Francisco».

Rosario Capomasi, Edoardo Giribaldi, Lorena Leonardi – Ciudad del Vaticano

«La paz esté con ustedes». «Esperanza de paz».

Hay un antes y un después en la elección de Robert Francis Prevost, el nuevo Pontífice que ha elegido el nombre de León XIV. Uniendo los dos tiempos hay una sola palabra -frágil y poderosa- susurrada y gritada, escrita sobre una hoja de papel y que resuena desde el balcón más solemne del mundo: la paz.

Nuevo Papa, nueva paz

Yona Tukuser es una pintora que nació en un pequeño pueblo de Bulgaria y creció entre los vientos del Este. Desde hace años vive en Ucrania, y desde septiembre está en Roma, comisariando una exposición sobre la hambruna que marcó a la antigua Unión Soviética tras la Segunda Guerra Mundial. Lo cuenta a los medios vaticanos con voz temblorosa, con las uñas destrozadas por el nerviosismo ante un conflicto que desde el 25 de abril la lleva cada día a la plaza de San Pedro con una pancarta en la que se lee «Esperanza de paz».  Tres palabras para condensar, en pleno Jubileo de la Esperanza, el sentido de buena parte del pontificado del Papa Francisco, que nunca ha descuidado los lugares y los pueblos atormentados por las armas. «Adelante», solía repetir también el Pontífice. El tiempo sigue, impertérrito. Y como confiesa Yona, como una ola creciente, llega un grito que se convierte en coro. El humo blanco.

«Nuevo Papa, tenemos un nuevo Papa. Tenemos paz». Yona levanta los ojos, inmediatamente llenos de lágrimas, abrazos. Sonríe. Es la primera en llorar de alegría, de esperanza: lágrimas que no conocen nación. «Estos días ha venido a hablarme gente de Israel, de Rusia… todos hablan de una cosa: la paz», cuenta, temblorosa. «Y estoy segura: éste será el Papa del diálogo, de la reconciliación entre las religiones. El Papa de la paz».

El sueño de un padre

El Papa Francisco ha confesado a menudo «soñar» con la paz. Un horizonte compartido por una pareja de jóvenes padres, Juan y Aisha, para su pequeña Sieg, de apenas nueve meses y un gran lazo blanco en la cabeza. Originarios de Chicago, ya estuvieron presentes en la plaza de San Pedro la noche anterior. Esta tarde han vuelto. «¿Qué esperamos de él? Paz. Para ella, sobre todo», dice Juan, señalando a la pequeña que duerme, plácida por cierto, en los tranquilizadores brazos de su madre. Un mensaje que parece una profecía, cuando se anuncia el nombre de Prevost como nuevo Papa, nacido en Chicago.

Un abuelo Papa

Desde la capital del estado norteamericano de Illinois llega también Mary Ann Ahern, corresponsal de la sección local de la cadena Nbc, rodeada de compatriotas.  «Vale, vaya… ¿Esto es como Coachella para los católicos?». Lo dice riendo Cassidy, con bandolera y acento americano, una estudiante de paso por Roma durante un semestre. Le pregunta irónicamente a su compañera si el actual no es una especie de festival para católicos, refiriéndose al gran evento musical que tuvo lugar recientemente en California.

El entusiasmo en la plaza le recuerda el ambiente del famoso evento artístico, pero esta vez no hay luces de neón ni guitarras eléctricas. Sólo silencio, luego alegría. Después, expectación. Abre su aplicación de notas, graba una vocal para una futura redacción universitaria. No es practicante, confiesa, pero hoy algo ha hecho clic. «Me recuerda un poco a mi abuelo. Creo que ahora estoy un poco emocionada». Y al final, quizá ésa sea la noticia: la espiritualidad reavivada en una voz joven, la imagen de un abuelo convertido en guía, la paz vestida de blanco y cruzando culturas. Hoy, en la Plaza de San Pedro, el mundo ha escuchado una palabra, y la ha entendido en todos los idiomas.

Entre cantos y banderas

«Venimos de una isla pequeña, pero de corazón católico y hoy para nosotros, como para todos, es una gran fiesta de la paz». Marie-Lourdes, de 64 años, llegó a Roma desde la isla de La Reunión, en el océano Índico, con miembros de la asociación Étoile Notre-Dame. Ondea la bandera francesa con toda la fuerza de sus brazos y canta himnos religiosos, deteniéndose sólo para decir: «Que nuestro símbolo sea un buen deseo para León XIV, que me emocionó hasta las lágrimas al recordar al Papa Francisco».

De Petrópolis, Brasil, proceden Elise, Claudia y Paulo, que partieron para una peregrinación a Italia que debía terminar el martes pero que, por una serie de contratiempos, les ha retenido en Roma hasta hoy: «Lo vemos como un signo del destino, León XIV me llenó inmediatamente el corazón cuando tuvo un momento de emoción al asomarse a la Logia de las Bendiciones». Jan y Kasper son gemelos de 20 años, seminaristas, y proceden de Polonia, de Poznan. «Somos devotos del gran Papa Juan Pablo II y ver al nuevo Pontífice tan radiante nos recordó a él», dicen. «Soñaba con un Papa llamado León»

En camino hacia la salvación

Sor Agata y sor Mary son monjas ursulinas nacidas en Indonesia, pero residentes en Roma desde hace cinco años. «Rezamos por el nuevo Papa como siempre hemos hecho por Bergoglio, sabemos que guiado por el Espíritu Santo iluminará a la Iglesia como sus predecesores», confiesan, emocionadas. Kristina, de Múnich, junto con su compañera de peregrinación Bertha, recuerda al Papa Ratzinger: «Nos enseñó mucho y estoy segura de que León XIV también nos mostrará el camino de la salvación como Benedicto XVI, con el espíritu de un “humilde trabajador en la viña del Señor”».

León XIV: Que la Iglesia sea un faro que ilumine las noches del mundo

El Papa Prevost celebró la Misa pro Ecclesia con los cardenales en la Capilla Sixtina. Antes de la homilía unas palabras en inglés, luego la invitación a dar testimonio de la fe en ambientes donde «se considera una cosa absurda» porque «se prefiere la tecnología, el dinero, el éxito, el poder, el placer». Y en algunos contextos, añadió, Jesús «se reduce sólo a un líder carismático o a un superhombre», y esto también «entre muchos bautizados que acaban viviendo así un ateísmo de hecho».

Tiziana Campisi – Ciudad del Vaticano – Vatican News

Entre aquellos frescos en los que Jesús juzga al mundo, en la Capilla principal del Palacio Apostólico, la Sixtina, que en la bóveda muestra a Dios creando al hombre, León XIV pronunció su primera homilía en la misa con los cardenales e inmediatamente indicó el camino que debe seguir la Iglesia, partiendo de las palabras del apóstol Pedro que reconoce en Cristo «al Hijo de Dios vivo». El Papa exhortó a un compromiso personal con Dios, en «un camino cotidiano de conversión», y después se dirigió a la Iglesia, para que juntos se viva «la pertenencia al Señor» y se lleve «la Buena Noticia a todos».

Las primeras palabras

En el mismo lugar donde ayer fue elegido 267º Pontífice, y donde pronto se desmontaron mesas y enseres del Cónclave para dejar paso al altar y a las sillas de los cardenales, León XIV comenzó a hablar improvisadamente, en inglés, dirigiéndose a sus «hermanos cardenales» que le habían llamado «al ministerio de Pedro», «a llevar la cruz y a ser bendecido con esta misión». «Sé que puedo contar con cada uno de ustedes -dijo- para caminar conmigo mientras continuamos como Iglesia, como comunidad de amigos de Jesús, como creyentes para proclamar la buena noticia, para anunciar el Evangelio».

Hoy no es fácil dar testimonio del Evangelio

En su texto, pues, el Pontífice mira al mundo, consciente de la realidad en la que los cristianos están invitados a llevar la Palabra de Dios.

Hoy también son muchos los contextos en los que la fe cristiana se retiene un absurdo, algo para personas débiles y poco inteligentes, contextos en los que se prefieren otras seguridades distintas a la que ella propone, como la tecnología, el dinero, el éxito, el poder o el placer. Hablamos de ambientes en los que no es fácil testimoniar y anunciar el Evangelio y donde se ridiculiza a quien cree, se le obstaculiza y desprecia, o, a lo sumo, se le soporta y compadece. Y, sin embargo, precisamente por esto, son lugares en los que la misión es más urgente.

El mundo que nos ha sido confiado

Existe «la falta de fe» que «a menudo lleva consigo dramas» como «la pérdida del sentido de la vida, el olvido de la misericordia, la violación de la dignidad de la persona en sus formas más dramáticas», enumeró el Pontífice, que no olvida «la crisis de la familia y tantas otras heridas que acarrean no poco sufrimiento a nuestra sociedad». Y hay también «contextos en los que Jesús, aunque apreciado como hombre, es reducido sólo a una especie de líder carismático o superhombre», y esto «no sólo entre los no creyentes, -subrayó León XIV- sino incluso entre muchos bautizados, que de ese modo terminan viviendo, en este ámbito, un ateísmo de hecho».

Este es el mundo que nos ha sido confiado, y en el que, como enseñó muchas veces el Papa Francisco, estamos llamados a dar testimonio de la fe gozosa en Jesús Salvador. Por esto, también para nosotros, es esencial repetir: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo» (Mt 16,16).

Desaparecer para que Cristo permanezca

Y luego el Papa habló, en primera persona, «como Sucesor de Pedro», recordando su «misión de Obispo de la Iglesia que está en Roma, llamado a presidir en la caridad la Iglesia universal» y recordando las palabras de San Ignacio de Antioquía, mártir en Roma: «en ese momento seré verdaderamente discípulo de Cristo, cuando el mundo ya no verá más mi cuerpo».

Sus palabras evocan en un sentido más general un compromiso irrenunciable para cualquiera que en la Iglesia ejercite un ministerio de autoridad, desaparecer para que permanezca Cristo, hacerse pequeño para que Él sea conocido y glorificado (cf. Jn 3,30), gastándose hasta el final para que a nadie falte la oportunidad de conocerlo y amarlo. Que Dios me conceda esta gracia, hoy y siempre, con la ayuda de la tierna intercesión de María, Madre de la Iglesia. 

Un modelo de humanidad santa a imitar

Antes de explicar cuál es la misión que la Iglesia debe llevar a cabo hoy, el Pontífice se detuvo en Cristo, «único Salvador y el que nos revela el rostro del Padre», aquel en quien «Dios, para hacerse cercano y accesible a los hombres, se nos reveló en los ojos confiados de un niño, en la mente inquieta de un joven, en los rasgos maduros de un hombre», que luego se apareció «a los suyos, después de la resurrección» y «mostrando así un modelo de humanidad santa que todos podemos imitar». Sin olvidar la «promesa de un destino eterno que supera todos nuestros límites y capacidades».

Desaparecer para que Cristo permanezca

En las primeras palabras de León XIV hay una indicación preciosa para la vida de la Iglesia

Andrea Tornielli – Vatican News

Hay palabras destinadas a marcar el rumbo. En la primera homilía de León XIV como Papa, impresiona el íncipit, con la reiterada profesión de fe de Pedro, de aquellas palabras que también Juan Pablo I quiso repetir al final de la homilía de la Misa de inicio de su pontificado: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo». Pero también hay una mirada a la Iglesia y a cómo se ejerce cualquier servicio en la Iglesia, lo cual se refleja en las frases finales. Es una cita de San Ignacio de Antioquía, llevado al martirio: “Entonces seré verdaderamente discípulo de Jesucristo, cuando el mundo ya no vea mi cuerpo”. El gran Padre de la Iglesia se refería a su ser devorado por las fieras, pero esa expresión es iluminadora para todo momento y circunstancia de la vida cristiana: «sus palabras –dijo el nuevo Obispo de Roma– recuerdan, en sentido más general, un compromiso indispensable para quien en la Iglesia ejerce un ministerio de autoridad: desaparecer para que Cristo permanezca, hacerse pequeño para que Él sea conocido y glorificado, gastarse completamente para que a nadie le falte la oportunidad de conocerlo y amarlo». Desaparece, hazte pequeño, para que Él sea conocido. Abandonar todo protagonismo, toda confianza mundana en el poder, en las estructuras, en el dinero, en los proyectos de marketing religioso, para abandonarnos a Aquel que guía la Iglesia, sin quien –como Él mismo dijo– no podemos hacer nada. Abandonarnos a la acción de su gracia, que nos precede siempre.

Hay, también en esta mirada del nuevo Papa, una significativa continuidad con su predecesor Francisco, que había citado repetidamente el mysterium lunae, la imagen de la luna utilizada por los Padres de la Iglesia para describir a la Iglesia, que se engañaría si pensase que puede brillar con luz propia puesto que sólo puede reflejar la luz de Otro.

Al inicio de su camino, el nuevo Papa, misionero nacido en Estados Unidos y que vivió en las periferias del mundo como pastor “con olor a oveja”, parece hacerse eco de las palabras de Juan Bautista sobre Jesús: Él debe crecer, pero yo debo menguar. Todo en la Iglesia existe para la misión, es decir, para que Él crezca. Todos en la Iglesia –desde el Papa hasta el último bautizado– deben hacerse pequeños, para que Jesús sea conocido, para que Él sea protagonista. Hay en esto la inquietud agustiniana de la búsqueda de la verdad, de la búsqueda de Dios, que se convierte en inquietud de conocerlo cada vez más y de salir de nosotros mismos para darlo a conocer a los demás, para que se reavive en todos el deseo de Dios.

Llama la atención la elección del nombre Leone, que lo conecta directamente con la gran y muy actual tradición de la Doctrina Social de la Iglesia, con la defensa de los trabajadores, con la petición de un sistema económico-financiero más justo. Es significativa la sencillez de su primer saludo, la invocación a la paz pascual, esa paz tan necesaria, y la apertura a todos que hace eco del “todos, todos, todos” de Francisco. Es sorprendente la voluntad de continuar el camino sinodal. Finalmente, llaman la atención el Ave María recitado, ayer, con el Pueblo de Dios, en el día de la Súplica a la Virgen de Pompeya, y la invocación final de su primera homilía, una gracia pedida «con la ayuda de la ternísima intercesión de María, Madre de la Iglesia».

Ayer, una vez más, tuvimos la confirmación de ello: en el momento del extra omnes ocurrió en la Capilla Sixtina algo que no puede explicarse enteramente con la lógica y los esquemas humanos. Que 133 cardenales procedentes de todos los rincones de la tierra, muchos de ellos sin haberse conocido jamás, lleguen en veinticuatro horas para designar al Obispo de Roma y Pastor de la Iglesia universal es un bello signo de unidad. El testimonio del Sucesor de Pedro, que hace unos días brilló en la fragilidad de Francisco y en su última bendición pascual al pueblo, ha pasado ahora a un dulce obispo misionero, hijo de san Agustín. La Iglesia está viva porque Jesús está vivo y presente, y la guía a través de discípulos muy frágiles, dispuestos a desaparecer para que Él, y sólo Él, permanezca.

Desde Chiclayo hasta el Vaticano, el ahora Papa León XIV comparte su experiencia sobre el proceso sinodal en América Latina

Antes de ser elegido Papa León XIV, el entonces cardenal Robert Prevost, prefecto del Dicasterio para los Obispos, ofreció una entrevista a medios vaticanos en la que compartió su experiencia en el proceso del Sínodo sobre la Sinodalidad, desde su participación en la Diócesis de Chiclayo (Perú) hasta su rol en la Curia romana. Su testimonio revela una visión pastoral de servicio, diálogo y cercanía al pueblo de Dios.

Una primera cosa que quisiera compartir es la bendición de haber podido participar en el Sínodo desde distintas perspectivas”, expresó el cardenal. Habiendo iniciado el proceso sinodal como obispo en Perú, y luego como prefecto en Roma, el Papa destacó la riqueza de la experiencia sinodal que lo llevó a encontrarse con realidades eclesiales diversas y a valorar el llamado a caminar juntos como Iglesia.

Obispos sinodales: pastores que caminan con el pueblo de Dios

Uno de los puntos centrales de la entrevista fue el papel de los obispos en la renovación sinodal. A la luz del pedido del Papa Francisco de nombrar pastores “que caminen con el pueblo”, Card. Prevost subrayó que “el sínodo está produciendo una invitación a la conversión, al reconocimiento de la importancia de ser Iglesia escuchando, dialogando, promoviendo en una experiencia de caminar unidos”. Insistió en que el obispo está llamado, ante todo, a servir y a acercarse a los más alejados.

Retomando una imagen pastoral elocuente, dijo: “El obispo está llamado a servir, acercarse al pueblo y buscar a los que están un poco lejos… el obispo camina delante para dar liderazgo, camina junto al pueblo y también, a veces, desde atrás tiene que empujar”. Es un liderazgo que se funda no en el poder, sino en la cercanía, el testimonio de vida, y la apertura a las heridas y esperanzas de las comunidades.

El obispo tiene que estar con el pueblo, escuchando, conociendo su realidad, abriendo sus ojos al sufrimiento de tantas personas, de tantas comunidades y dando todo para estar con ellos, para compartir la fe, para anunciar a Jesucristo en medio del mundo y, en ese sentido, animar con esperanza al pueblo de Dios donde le toca servir”, recalcó.

Renovar las Conferencias Episcopales desde el Espíritu

El ahora Pontífice también reflexionó sobre el papel de las conferencias episcopales en una Iglesia sinodal. Reconociendo que existen diversas formas de organización, algunas con apenas tres miembros y otras con cientos. Afirmó que “los estilos de las conferencias sí pueden cambiar”.

Valoró que las Conferencias incluyan la “Conversación en el Espíritu” como método habitual en los encuentros entre obispos. Esta práctica, según él, fortalece la comunión, la fraternidad y el discernimiento conjunto.

Escuchar para sanar las polarizaciones

Consultado sobre cómo avanzar hacia una Iglesia misionera centrada en la escucha, en medio de una sociedad que vive tensiones y polarizaciones, el Santo Padre dijo que: “El sínodo es esa gran invitación a una conversión que puede servir para invitar a otros a dialogar, a escuchar y a buscar juntos el bien para el pueblo y el mensaje del Evangelio”. Dejando claro que, la sinodalidad es una manera de ser Iglesia capaz de testimoniar paz, escucha y unidad en un mundo dividido.

El testimonio del entonces cardenal Robert Prevost resuena hoy con mayor fuerza, porque encarna una esperanza para la Iglesia en América Latina y el Caribe. Una Iglesia que se piensa desde las periferias, que aprende de sus pueblos, que acoge la diversidad.

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Papa León XIV: “Queremos una Iglesia sinodal, que camina, que busca siempre la paz”

En su primer discurso como Sucesor de Pedro, el nuevo Pontífice augura una Iglesia misionera, cercana y fiel al Evangelio, con un fuerte llamado a la unidad, al diálogo y a la paz.

Desde el balcón central de la Basílica de San Pedro, el recién elegido Papa León XIV dirigió su primer mensaje al mundo con un tono pastoral, fraterno y esperanzador. En un discurso marcado por referencias al Buen Pastor, al espíritu de sinodalidad y al testimonio de su predecesor, el nuevo Papa delineó las primeras intuiciones de un pontificado que se perfila como continuación del camino iniciado por Francisco, pero con acentos personales de apertura, cercanía y misión.

“La paz esté con todos ustedes”, fue la primera frase que resonó en la plaza de San Pedro, evocando las palabras del Resucitado. Para León XIV, esa paz es “desarmada y desarmante, humilde y perseverante. Proviene de Dios. Dios, que nos ama a todos de manera incondicional”.

Iglesia sin miedo

El Papa recordó la voz de Francisco, y expresó su deseo de continuar la bendición que su antecesor ofreció al mundo: “Dios nos quiere. Dios nos ama a todos. Y el mal no prevalecerá. Todos estamos en manos de Dios”.

El Papa León XIV hizo una exhortación a no tener miedo, a caminar juntos tomados de la mano, “unidos hoy de la mano de Dios y entre nosotros, avancemos hacia adelante. Seamos discípulos de Cristo”, anunciando un Evangelio que ilumina la humanidad: “Cristo te precede. El mundo necesita su luz. La humanidad necesita de él como el puente para ser alcanzada por Dios y por su amor. Ayudadnos también a ser ustedes, los unos con los otros, a construir puentes con el diálogo, con el encuentro, uniéndonos todos para ser un único pueblo siempre en paz. Gracias al Papa Francisco”.

Iglesia unida

El Pontífice agradeció al Colegio Cardenalicio por confiarle la misión de suceder a Pedro: “También quiero dar las gracias a todos los hermanos cardenales que me han elegido para ser el sucesor de Pedro y caminar junto a ustedes como Iglesia unida, buscando siempre la paz, la justicia, buscando siempre trabajar como hombres y mujeres fieles a Jesucristo. Sin miedo, para proclamar el Evangelio, para ser misioneros”.

En una referencia a su identidad espiritual, el Papa reveló: “Soy un hijo de San Agustín. Agustiniano. Que dijo “Con ustedes soy cristiano y por ustedes obispo”. En este sentido podemos todos caminar juntos hacia esta patria que nos ha preparado Dios”.

Iglesia misionera

A la Iglesia de Roma la llamó a iniciar un nuevo tiempo misionero, con brazos abiertos como los de la Plaza de San Pedro: “Debemos comenzar juntos una iglesia misionera. Una Iglesia que construya puentes de apertura y de diálogo siempre abierta a recibir. Como esta plaza, con los brazos abiertos a todos. Todos aquellos que necesitan caridad. Nuestra presencia, el diálogo y el amor”.

El discurso también tuvo un fuerte acento latinoamericano. El Papa León XIV saludó con emoción y en español a la Diócesis de Chiclayo, en Perú, donde ejerció su ministerio episcopal: “Un saludo a todos aquellos y en modo particular a mi querida Diócesis de Chiclayo en el Perú, donde un pueblo fiel ha acompañado a su obispo, ha compartido su fe y ha dado tanto, tanto, para seguir siendo Iglesia fiel de Jesucristo”.

Un pontificado sinodal

En su alocución, el Papa León XIV trazó con claridad el horizonte de su pontificado: una Iglesia sinodal: “Queremos ser una Iglesia sinodal, una Iglesia que camina, una Iglesia que busca siempre la paz, que busca siempre la caridad, que busca siempre estar cercanos, sobre todo a aquellos que sufren”.

Hoy, en el día de la Virgen de Pompeya, nuestra Madre María quiere caminar siempre con nosotros, estar cerca de nosotros, ayudarnos con su intercesión y su amor”, dijo, a tiempo de pedir la gracia especial de María y “rezar por esta nueva misión, por toda la Iglesia y por la paz del mundo”.         

Desde el Observatorio Latinoamericano de Sinodalidad, este discurso es recibido como una confirmación del camino emprendido en las últimas décadas: una Iglesia del Pueblo de Dios, peregrina, en salida, dialogante, samaritana, constructora de paz.

A continuación, las palabras de León XIV:

La paz sea con todos ustedes.

Queridos hermanos y hermanas, este es el primer saludo de Cristo resucitado, el Buen Pastor que ha dado la vida por el rebaño de Dios.

También yo quisiera que este saludo de paz llegue hasta sus corazones, que alcance a sus familias, a todas las personas, donde sea que se encuentren, a todos los pueblos, a toda la tierra.

La paz esté con ustedes.

Esta es la paz de Cristo resucitado, una paz desarmada, desarmante y también perseverante, que proviene de Dios, que nos ama a todos incondicionalmente. Todavía conservamos en nuestros oídos esa voz débil, pero siempre valiente, del Papa Francisco que bendecía a Roma.

El Papa que bendecía a Roma también daba al mundo entero esa mañana del día de Pascua. Permítanme dar continuidad a esa misma bendición: que Dios los quiere mucho, Dios ama a todos y el mal no prevalecerá. Estamos todos en las manos de Dios.

Por lo tanto, sin miedo, unidos, mano a mano con Dios y entre nosotros, andemos adelante. Seamos discípulos de Cristo. Cristo nos precede. El mundo necesita de su luz; la humanidad necesita de Él como el puente para ser alcanzada por el amor de Dios. Ayudémonos los unos a los otros a construir puentes con el diálogo, el encuentro, uniéndonos todos para ser un solo pueblo, siempre en paz.

Gracias al Papa Francisco. Quisiera agradecer a todos los hermanos cardenales que me han elegido para ser el sucesor de Pedro y caminar junto a ustedes como Iglesia unida, buscando siempre la paz, la justicia, trabajando como hombres y mujeres fieles a Jesucristo, sin miedo, para proclamar el Evangelio y ser misioneros.

Soy un hijo de San Agustín, agustino, que ha dicho: «Con ustedes soy cristiano y para ustedes, obispo». En este sentido, podemos todos caminar juntos hacia esa patria que Dios nos ha preparado.

A la Iglesia de Roma, un saludo especial. Tenemos que buscar juntos cómo ser una Iglesia misionera, una Iglesia que construye puentes de diálogo, siempre dispuesta y abierta a recibir, como esta plaza, con los brazos abiertos a todos. A todos los que tienen necesidad de nuestra caridad, de nuestra presencia, de diálogo y amor.

Y si me permiten, también una palabra, un saludo, de modo particular para todos aquellos de mi querida diócesis de Chiclayo, en el Perú, donde un pueblo fiel ha acompañado a su obispo, ha compartido su fe y ha dado tanto, tanto, para seguir siendo Iglesia fiel de Jesucristo.

A todos ustedes, hermanos y hermanas, de Roma, de Italia y de todo el mundo. Queremos una Iglesia sinodal, que camina, que busca siempre la paz, que busca siempre la caridad, estar cerca de quienes sufren.

Hoy, en el día de la Virgen de Pompeya, nuestra Madre María quiere caminar siempre con nosotros, estar cerca de nosotros, ayudarnos con su intercesión y su amor.

Ahora quisiera rezar junto a ustedes por esta nueva misión, por toda la Iglesia, por la paz del mundo. Pidamos esta gracia especial de María, nuestra Madre.

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León XIV: del corazón del Perú al trono de Pedro

En una elección que sorprendió a muchos y conmovió a millones, el Cónclave eligió como Sucesor de Pedro al cardenal peruano Robert Prevost, quien ha asumido el nombre de León XIV, evocando la figura de un liderazgo firme, espiritual y pastoral para una hora crítica de la humanidad.

Por la redacción de catolic.ar

Con este gesto, la Iglesia ha mirado hacia el sur del mundo, hacia una tierra donde la fe se ha sostenido entre las pobrezas y las esperanzas. León XIV proviene de Chiclayo, una diócesis vibrante del norte del Perú, donde fue pastor durante más de una década. Desde allí forjó un perfil marcado por tres claves: la humildad agustiniana, la cercanía con el pueblo y una mirada profundamente misionera.

Un Papa latinoamericano, pero diferente

No es ajeno al espíritu de Francisco, pero tampoco una continuidad automática. León XIV no es un “papa progresista” en sentido político, ni un “papa conservador” en sentido dogmático. Es, ante todo, un hombre de Dios. En sus primeras palabras al mundo habló de “una paz desarmada y desarmante”, invitando a todos a caminar “mano a mano, sin miedo”, y se definió como “un hijo de San Agustín”, citando una de las frases más luminosas de ese Padre de la Iglesia: “Con vosotros soy cristiano, para vosotros soy obispo”.

Trayectoria de fe, servicio y pensamiento

Robert Previsto nació en 1964, estudió Filosofía y Teología en Lima y Roma, y fue ordenado sacerdote en 1990. Ingresó a la Orden de San Agustín, donde se destacó como formador y provincial. En 2011 fue nombrado obispo de Chiclayo y más tarde cardenal. Desde allí, ejerció un magisterio silencioso pero fecundo, combinando profundidad intelectual con una opción clara por los descartados.

En Roma fue escuchado en el Sínodo sobre la sinodalidad, donde defendió con claridad la necesidad de una Iglesia abierta, fraterna y profética, sin perder nunca el centro cristológico.

¿Por qué León XIV? Un nombre con historia y profecía

Su elección del nombre no es casual. León XIII fue el Papa de la Rerum Novarum, de la Doctrina Social de la Iglesia. León I, el gran Papa de los tiempos convulsos del Imperio Romano. Tomar el nombre de León implica un mensaje: es tiempo de firmeza, de valentía, de claridad sin dureza, de autoridad sin autoritarismo.

El mundo está convulsionado: guerras, hambre, polarización ideológica, persecución religiosa, crisis ecológica, y una humanidad desconectada de lo trascendente. León XIV parece asumir esa hora oscura con una palabra luminosa y un gesto abierto: “Como esta plaza, con los brazos abiertos a todos”.

Una nueva etapa, una nueva oportunidad

Las primeras reacciones indican que su elección ha sido bien recibida tanto por sectores progresistas como tradicionales. Su figura puede tender puentes, no sólo entre grupos eclesiales, sino también entre culturas, pueblos y generaciones. Y su voz –serena, firme, profunda– recuerda que la Iglesia no es una ONG ni un partido ideológico, sino el Cuerpo de Cristo que camina entre los hombres.

Desde catolic.ar seguiremos cada paso de este nuevo pontificado. Porque cuando el mundo se tambalea, un pastor que sabe mirar con los ojos del Evangelio puede marcar la diferencia.

©Catolic

Primeras imágenes de León XIV saliendo como papa de la Capilla Sixtina

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Este fue el momento en el que León XIV, ya vestido de papa, salía a saludar a los cardenales.

Los purpurados lo estaban esperando en la Capilla Sixtina para felicitarlo por su elección.

Fue minutos antes de que el nuevo pontífice saliese al balcón central de la basílica de San Pedro, ya como sucesor de Pedro.

CA

Robert F. Prevost: quién es el primer papa de Estados Unidos

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El primer papa de Estados Unidos ha brillado por su discreción en el Vaticano. Era el encargado de uno de los dicasterios clave de la Santa Sede: el que propone al papa a los futuros obispos, la futura jerarquía de la Iglesia católica.

No era habitual verle dando entrevistas y sus intervenciones públicas fueron siempre muy limitadas. En ocasiones contadas como esta dio alguna declaración. Fue durante la presentación de un documental sobre la Guardia Suiza. Y lo hizo para alabar el trabajo de los que ahora serán sus custodios.

P. ROBERT F. PREVOST, Prefecto, Dicasterio de Obispos
Solo llevo trabajando en el Vaticano desde hace año y medio y tengo mucho aprecio y respecto por la formación que reciben, por su presencia y sobre todo por su trabajo para el Santo Padre. Eso da mucha seguridad a varios niveles; en cada momento, en los viajes papales, en la residencia del papa o cuando se mueve.

Palabras con las que seguro afianzará la confianza de quienes ahora se encargarán de protegerlo.

Los orígenes de León XIV son europeos. Es agustino y fue prior de la Orden, donde entró como novicio en 1977.

P. ROBERT F. PREVOST, Prior General Orden Agustiniana
“San Agustín es muy humano. Su espiritualidad es algo que llega a la existencia humana, a la realidad humana, a la experiencia de los hombres de hoy y tiene mucho que decir. Él mismo en sus ‘Confesiones’ cuenta sus luchas, sus dificultades, sus logros, lo que él ha vivido tiene sentido todavía hoy y desde su humanidad nos puede ayudar a descubrir a Dios”.

También es doctor en Derecho Canónico pero, sobre todo, misionero. Fue obispo en Perú, de quien no se olvidó en su discurso inicial.

LEÓN XIV
Y si me permiten también una palabra, un saludo… a todos aquellos y en modo particular a mi querida diócesis de Chiclayo en el Perú.

El primer papa estadounidense llega a la cátedra de San Pedro. Tiene solo 69 años, por lo que se espera un papado más largo que el de los dos últimos predecesores. El tiempo dirá quién ha sido este papa para la historia.

JRB