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¿Qué acontece luego de la muerte del Papa?

El fallecimiento del Santo Padre marca el comienzo de una serie de eventos que dirigen al eventual inicio del cónclave y la elección del nuevo Sucesor de Pedro. A continuación, detallamos los eventos que conducen a la elección del nuevo Pontífice.

Lisa Zengarini – Ciudad del Vaticano – Vatican News

La muerte de un Papa establece una cadena de acontecimientos y tradiciones que marcan los principales momentos desde su fallecimientos y funeral hasta el inicio del cónclave y la elección de su sucesor.

¿Pero qué ocurre realmente dentro del Vaticano durante este periodo de Sede Vacante?

Principales cambios introducidos en 1996 por la Universi Dominici Gregis.

Promulgada por el Papa San Juan Pablo II el 22 de febrero de 1996, durante la celebración de la Cátedra de San Pedro, la Constitución Apostólica Universi Dominici Gregis revisó y acutalizó las normas vigentes en relación a la sucesión apostólica en la Sede de San Pedro, las cuales habían sido reguladas por la Constitución Romano Pontifici Eligendo (1975) del Papa Pablo VI.

El documento se halla dividido en dos partes:

  • En primera instancia regula la Sede Vacante, es decir, el periodo comprendido entre el cese del gobierno del Papa en la Iglesia y la elección del sucesor.
  • Seguidamente, describe los procedimientos que conducen a la preparación y elección del Romano Pontífice.

Como se detalla en la introducción, la revisión de estas normas estuvo motivada por la “la conciencia de la nueva situación que está viviendo hoy la Iglesia y la necesidad, además, de tener presente la revisión general de la ley canónica […], inspirada en el Concilio Ecuménico Vaticano II […]. En la formulación de la nueva disciplina, aun teniendo en cuenta las exigencias de nuestro tiempo, me he preocupado de no cambiar sustancialmente la línea de la sabia y venerable tradición hasta ahora seguida”. (párr. 3-4, UDG).

La Constitución confirma parcialmente las regulaciones preexistentes relacionadas a la elección del nuevo Pontífice.

Puntos clave

El Colegio Cardenalicio continúa siendo el responsable de elegir al Papa, de acuerdo a una tradición milenaria consagrada en normas canónicas precisas:

«Siendo verdad que es doctrina de fe que la potestad del Sumo Pontífice deriva directamente de Cristo, de quien es Vicario en la tierra, está también fuera de toda duda que este poder supremo en la Iglesia le viene atribuido, “mediante la elección legítima por él aceptada juntamente con la consagración episcopal”». (párr. 5, UDG).

A partir del 21 de abril del 2025, el Colegio Cardenalicio incluía 135 Cardenales Electores, -Universi Dominici Gregis estableció un límite de 120-, de quienes 108 fueron nombrados por el Papa Francisco y 117 no electores.

Quienes ya hayan cumplido los 80 años el día en que inicia la Sede Vacante, quedan excluidos; sin embargo, los cardenales mayores de esta edad podrán participar en las reuniones preparatorias -Congregaciones Generales que preceden a la elección-.

El Colegio de Electores se encuentra compuesto exclusivamente por cardenales en quienes:

“Se expresan, como en una síntesis admirable, los dos aspectos que caracterizan la figura y la misión del Romano Pontífice. Romano, porque se identifica con la persona del Obispo de la Iglesia que está en Roma y, por tanto, en estrecha relación con el Clero de esta ciudad, representado por los Cardenales de los títulos presbiterales y diaconales de Roma, y con los Cardenales Obispos de las Sedes suburbicarias; Pontífice de la Iglesia universal, porque está llamado a hacer visiblemente las veces del invisible Pastor que guía todo el rebaño a los prados de la vida eterna. La universalidad de la Iglesia está, por lo demás, bien reflejada en la composición misma del Colegio Cardenalicio, formado por Purpurados de todos los continentes”. (párr. 6, UDG).

El Cónclave, como «antigua institución», se ratifica como el escenario de la elección del nuevo Papa. En tal sentido, Juan Pablo II reafirmó su estructura esencial y ordenó que todos los procedimientos que conllevan a la elección tengan lugar exclusivamente en la Capilla Sixtina del Palacio Apostólico:

“Una atenta investigación histórica confirma no sólo la oportunidad contingente de esta institución, por las circunstancias en las que surgió y fue poco a poco definida normativamente, sino también su constante utilidad para el desarrollo ordenado, solícito y regular de las operaciones de la elección misma, particularmente en momentos de tensión y perturbación. Precisamente por esto, aun consciente de la valoración de teólogos y canonistas de todos los tiempos, los cuales de forma concorde consideran esta institución como no necesaria por su naturaleza para la elección válida del Romano Pontífice, confirmo con esta Constitución su vigencia en su estructura esencial”. (párr. 8-9, UDG).

“Considerado el carácter sagrado del acto y, por tanto, la conveniencia de que se desarrolle en un lugar apropiado, en el cual, por una parte, las celebraciones litúrgicas se puedan unir con las formalidades jurídicas y, por otra, se facilite a los electores la preparación de los ánimos para acoger las mociones interiores del Espíritu Santo, dispongo que la elección se continúe desarrollando en la Capilla Sixtina, donde todo contribuye a hacer más viva la presencia de Dios, ante el cual cada uno deberá presentarse un día para ser juzgado” (párr. 10, UDG).

Al igual que en el pasado, se reconoce la necesidad de salvaguardar la elección del Romano Pontífice de influencias externas y de confiarla a un cuerpo electoral cualificado y predeterminado.

Además, los procedimientos del Cónclave pretenden no sólo asegurar la libertad, sino también garantizar la independencia de juicio de cada Cardenal Elector, protegiéndolo de curiosidades indebidas y presiones inapropiadas.

Tres cambios esenciales fueron introducidos por la Constitución Universi Dominici Gregis:

  1. Durante toda la duración de la elección, las residencias de los cardenales electores y de los encargados de velar por el buen desarrollo de la elección se encuentran en la Casa Santa Marta de la Ciudad del Vaticano (p.42 UDG). Anteriormente, los cardenales no podían abandonar la Capilla Sixtina durante todo el proceso de votación.
  2. Los cardenales electores sólo pueden emitir su voto para la elección del Papa mediante votación secreta (párr. 9 UDG). De este modo se suprimen las opciones que ofrecían los reglamentos anteriores para una elección por aclamación o inspiración (quasi ex inspiratione), que ya no se consideraban adecuadas para reflejar el pensamiento de un cuerpo electoral tan amplio y diverso. También se suprimió la elección por compromiso (per compromissum), ya que era difícil de aplicar y podía dar lugar a cierto grado de irresponsabilidad entre los electores, que, en este caso, no estarían obligados a emitir un voto personal (párr. 10 UDG). Según este método de elección, si varias vueltas de votación no daban como resultado un candidato con la mayoría requerida, los electores cardenales podían acordar por unanimidad un compromiso, adoptando un criterio de mayoría diferente.
  3. Con respecto a los votos necesarios para la elección válida del nuevo Papa, el párrafo 75 de la Universi Dominici Gregis establecía inicialmente que después de la 33ª o 34ª votación, si no se alcanzaba el consenso, se podía proceder a la votación, siendo suficiente la mayoría absoluta. Sin embargo, esta disposición fue modificada por el Papa Benedicto XVI mediante el Motu Proprio Aliquibus mutationibus in normis de electione Romani Pontificis, firmado el 11 de junio de 2007 y promulgado el 26 de junio del mismo año. De este modo se restableció la norma tradicional según la cual, para la elección válida del nuevo Papa, se requiere siempre una mayoría cualificada de dos tercios de los votos de los cardenales electores presentes.

La Sede Vacante

El término “Sede Vacante” se refiere al período que transcurre entre el final del gobierno de un Pontífice y la elección de su sucesor en la Iglesia.

Este periodo se encuentra regulado por la Constitución Apostólica Universi Dominici Gregis, promulgada por San Juan Pablo II el 22 de febrero de 1996.

¿Quién “administra” la Sede Vacante?

De acuerdo a sus disposiciones, durante la vacante de la Sede Apostólica, el gobierno de la Iglesia se confía al Colegio Cardenalicio. Sin embargo, su autoridad se limita a tratar únicamente los asuntos ordinarios o urgentes y a preparar la elección del nuevo Papa.

El Colegio de Cardenales también asume todos los poderes civiles del Sumo Pontífice en lo que respecta al Gobierno de la Ciudad del Vaticano; sin embargo, no tienen jurisdicción sobre los asuntos que eran prerrogativa exclusiva del Santo Padre en vida.

¿Qué sucede con los Jefes de la Curia Romana durante este período?

Con la muerte del Pontífice todos los jefes de Dicasterio de la Curia Romana dimiten, con algunas excepciones destinadas a mantener el funcionamiento regular del Vaticano.

A este respecto, mantienen sus funciones el Cardenal Camarlengo (Cardenal Kevin Farrell), que tiene la tarea de supervisar y administrar los bienes y derechos temporales de la Sede Apostólica durante el tiempo de su vacante; el Penitenciario Mayor (Cardenal Angelo De Donatis); el Cardenal Vicario General para la Diócesis de Roma (Cardenal Baldassare Reina); el Cardenal Arcipreste de la Basílica Vaticana y Vicario General para la Ciudad del Vaticano (Cardenal Mauro Gambetti); el Almirante de Su Santidad (Cardenal Konrad Krajewski); el Sustituto para Asuntos Generales de la Secretaría de Estado (Arzobispo Edgar Peña Parra); el Secretario para las Relaciones con los Estados (Arzobispo Paul Richard Gallagher); y, el Maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias (Arzobispo Diego Giovanni Ravelli).

Asimismo, los Secretarios de los Dicasterios permanecen en sus puestos.

¿Qué hace el Colegio Cardenalicio durante la Sede Vacante?

En el transcurso de este periodo, los cardenales se congregan en Roma, salvo en caso de impedimentos relacionados a la salud, para participar en dos clases de Congregaciones Cardenalicias:

  1. Congregaciones Generales: En ellas participan todo el Colegio Cardenalicio, incluidos los purpurados que superan el límite de edad para participar en la elección del nuevo Papa. Estas Congregaciones Generales se celebran en el Palacio Apostólico y están presididas por el Decano del Colegio (Cardenal Giovanni Battista Re). Si el Decano y el Subdecano no pueden presidir, lo hace el Cardenal elector más antiguo.
  2. Congregaciones Particulares: Se hallan constituidas de la siguiente forma:
  • El Cardenal Camarlengo de la Santa Iglesia Romana y tres Cardenales, uno de cada Orden (Obispos, Presbíteros y Diáconos), elegidos por sorteo entre los Cardenales electores;
  • Estos tres Cardenales asistentes ejercen sus funciones durante tres días, tras los cuales son sustituidos mediante una nueva selección aleatoria. Este proceso continúa incluso durante la elección;
  • La Congregación Particular se ocupa de los asuntos ordinarios cotidianos, mientras que los asuntos más graves deben remitirse a la Congregación General.

¿Cuáles son las decisiones más urgentes de las Congregaciones Generales?

Las Congregaciones Generales, que se desarrollan antes del proceso electoral, deben deliberar con prontitud sobre las siguientes decisiones claves –excluidos los procedimientos relacionados al fallecimiento del Pontífice-:

  • Preparar el alojamiento de los Cardenales en la Domus Sanctae Marthae y acondicionar la Capilla Sixtina para los procedimientos de elección;
  • Asignar a dos eclesiásticos distinguidos y con autoridad moral la tarea de entregar a los Cardenales dos reflexiones sobre los desafíos actuales de la Iglesia y la elección iluminada del nuevo Papa, y fijar la fecha para estas reflexiones;
  • Destruir el Anillo del Pescador y el Sello de Plomo, que se utilizaban para autentificar las Cartas Apostólicas;
  • Establecer la fecha y hora para el inicio del proceso de votación.

¿Qué ocurre inmediatamente antes del comienzo de la elección?

La elección es precedida por una solemne celebración eucarística con la misa votiva Pro Eligendo Papa, a la que asisten los cardenales electores, quienes, por la tarde, se dirigen en procesión solemne a la Capilla Sixtina, donde comienza el Cónclave para elegir al nuevo Papa.

Al culminar la procesión, una vez dentro de la Capilla Sixtina, cada cardenal elector presta el juramento prescrito en el en el párrafo 53 de Universi Dominici Gregis, a través del cual se comprometen, si son elegidos, a cumplir fielmente el Munus Petrinum como Pastor de la Iglesia Universal. También se comprometen a guardar absoluto secreto sobre todo lo relacionado con la elección del Romano Pontífice y a abstenerse de apoyar cualquier intento de injerencia externa en la elección.

Es así, que el Maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias proclama extra omnes, lo que significa que todas las personas que no forman parte del Cónclave deben abandonar la Capilla Sixtina. Sólo quedan el Maestro y el eclesiástico designado para pronunciar la segunda meditación, la cual se centra en la grave responsabilidad que recae sobre los electores y la necesidad de actuar con intenciones puras por el bien de la Iglesia Universal, teniendo sólo a Dios ante los ojos (párr. 52).

Una vez pronunciada la meditación, tanto el eclesiástico como el Maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias se retiran. A continuación, los electores recitan las oraciones según el Ordo Sacrorum Rituum Conclavis y escuchan al Cardenal Decano, que les pregunta si están preparados para proceder a la votación o si es necesaria alguna aclaración sobre las normas y procedimientos indicados en Universi Dominici Gregis.

Medidas para garantizar la confidencialidad y prevenir interferencias externas

Todos los procedimientos de elección tienen lugar exclusivamente en la Capilla Sixtina del Palacio Apostólico Vaticano, que permanece completamente sellada hasta que concluye la elección.

La Constitución Apostólica del Papa San Juan Pablo II hace hincapié en la necesidad de garantizar el secreto absoluto sobre todo lo que ocurra durante el Cónclave y todo lo que esté directa o indirectamente relacionado con la elección del Papa. El documento detalla todas las precauciones para garantizar la confidencialidad y evitar interferencias externas (párr. 51-61).

Durante todo el proceso electoral, los Cardenales electores deben abstenerse de enviar cartas o entablar conversaciones, incluidas las telefónicas, salvo en casos de extrema urgencia. No pueden enviar ni recibir mensajes de ningún tipo, recibir periódicos o revistas de cualquier naturaleza, ni seguir emisiones de radio o televisión.

Número de votos requeridos y la mayoría necesaria para la elección

Para elegir válidamente a un nuevo Papa se requiere una mayoría de dos tercios de los electores presentes. Si el número total de electores no es divisible por tres, es necesaria una votación adicional (párr. 62 UDG).

Si la votación comienza la tarde del primer día, sólo habrá una votación; sin embargo, en los días siguientes, se realizarán dos votaciones por la mañana y dos por la tarde.

Los procedimientos de votación se detallan en Universi Dominici Gregis, incluyendo disposiciones para los electores que se encuentren indispuestos y necesiten votar desde sus habitaciones en la Domus Sanctae Marthae.

“Tras el recuento de votos, se queman todas las papeletas.”

¿Qué pasa si no se alcanza la mayoría necesaria?

En caso de que los electores no lleguen a un acuerdo sobre un candidato tras tres días de votaciones no concluyentes, se permite una pausa de hasta un día para la oración, la libre discusión entre los votantes y una breve exhortación espiritual del Cardenal Protodiácono (Cardenal Dominique Mamberti).

Posteriormente, se reanuda la votación y, si no se produce ninguna elección tras siete votaciones adicionales, se hace otra pausa. Este proceso se repetirá tras otras siete votaciones fallidas; en este punto, el cardenal Camarlengo consultará a los cardenales sobre cómo proceder.

Es importante señalar que el artículo 75 de la Universi Dominici Gregis fue modificado por el Motu Proprio emitido por el Papa Benedicto XVI el 26 de junio de 2007, que restableció la regla tradicional que requería una mayoría de dos tercios de los electores presentes para una elección válida del nuevo Pontífice. Esta regla también fue confirmada en el Motu Proprio emitido por el Papa Benedicto XVI el 25 de febrero de 2013, que especificó que los votos deben calcularse sobre la base de los electores presentes y votantes.

¿Qué ocurre tras la elección de un nuevo Pontífice?

Una vez realizada la elección, el último de los Cardenales Diáconos llama a la Capilla Sixtina al Secretario del Colegio Cardenalicio y al Maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias.

El Decano del Colegio, en nombre de todos los electores, pide el consentimiento del candidato elegido con las siguientes palabras: «¿Acepta su elección canónica como Sumo Pontífice?».

Una vez recibido el consentimiento, pregunta: «¿Qué desea que le sea dado?»

Las funciones de notario, con dos Oficiales de Ceremonias como testigos, son desempeñadas por el Maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias, que redacta el documento de aceptación y registra el nombre elegido.

A partir de este momento, el candidato elegido adquiere la plena y suprema autoridad sobre la Iglesia Universal.

“El Cónclave termina inmediatamente en este momento.”

Posteriormente, los cardenales electores rinden homenaje y juran obediencia al nuevo Pontífice y dan gracias a Dios. Así, el Cardenal Protodiácono anuncia a los fieles la elección y el nombre del nuevo Obispo de Roma con la famosa frase: «Annuntio vobis gaudium magnum; Habemus Papam».

Inmediatamente después, el Santo Padre pronuncia la Bendición Apostólica Urbi et Orbi desde la Logia de la Basílica de San Pedro. (párr. 87-91, UDG)

El último paso requerido es que, después de la solemne ceremonia de inauguración del Pontificado y dentro de un tiempo adecuado, el nuevo Papa tome posesión formalmente de la Archibasílica Patriarcal de San Juan de Letrán, según el rito prescrito.

“Francisco nos mostró las llagas del Resucitado”: arzobispo Colombo

El presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, recuerda la misericordia y el ejemplo del Papa en la misa de la Iglesia argentina en Roma, en el Segundo Domingo de Pascua.

Sor Elaine Matheuz – Ciudad del Vaticano – Vatican News

En la Iglesia argentina en Roma, el domingo 27 de abril de 2025, en el Segundo Domingo de Pascua, el arzobispo de Mendoza y presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, monseñor Marcelo Colombo, en su homilía, resaltó cómo el Papa Francisco nos mostró las llagas del Resucitado, invitando a la comunidad a reconocer en las heridas de Cristo la fuente de esperanza y misericordia.

Un acto de gratitud por el Papa y su legado

La misa fue concelebrada por el arzobispo de Córdoba y vicepresidente de la Conferencia Episcopal Argentina, Ángel Cardenal Rossi SJ; y el arzobispo de Santiago del Estero, Vicente Cardenal Bokalic. También participaron otros obispos, sacerdotes y un numeroso grupo de fieles argentinos que residen en Roma, quienes llenaron de fervor y oración la Iglesia argentina de la Ciudad Eterna.

Desde la misma comunidad de la Iglesia argentina en Roma, Mons. Colombo expresó su agradecimiento por el don de la vida y el servicio de Francisco, cuyo ejemplo de entrega pastoral y visión de una Iglesia en salida fortalece a quienes, en medio del dolor, luchan por un mundo más justo. La homilía fue un acto de memoria y esperanza, destacando que, a través de las heridas del Señor, el Papa nos invita a seguir su camino de misericordia.

En la homilía publicada por la Conferencia Episcopal de Argentina, Colombo recordó cómo la alegría de la Pascua transforma la tristeza en esperanza, animando a la comunidad a reconocer las heridas de Jesús como signo de su amor y misericordia. En la primera lectura, los discípulos, asistidos por el Espíritu Santo, renacen en la misión, impulsados por signos de vida nueva que nos recuerdan que estamos en manos del Dios que es vida. La confesión de Tomás, aquella que reconoce a Jesús en sus heridas, se convierte en un símbolo de nuestra propia espiritualidad: tocar las heridas de Cristo en nuestras obras de misericordia diarias.

Tocar las heridas de Jesús hoy

El obispo subrayó que, en la actualidad, las llagas de Jesús se manifiestan en actos concretos de misericordia: cuidar de los pobres, migrantes, enfermos, refugiados y todos los que sufren. “Debemos tocar, acariciar y sanar esas heridas”, afirmó, invitando a la comunidad a no limitarse a gestos filantrópicos superficiales, sino a vivir una fe activa, que se refleja en obras concretas de amor y servicio.

Mons. Colombo alertó que las verdaderas heridas humanas también comprenden problemas sociales globales: guerras, pobreza extrema, sufrimiento de migrantes, déficit en la atención sanitaria y la deshumanización. A ejemplo de Francisco, quien impulsa un pacto por la vida y la esperanza, los fieles argentinos están llamados a ser la presencia sanadora de Cristo en medio de estas heridas universales, promoviendo una cultura del encuentro y del cuidado.

Un llamado a vivir la Pascua con esperanza activa

Finalmente, el prelado exhortó a la comunidad a no caer en la resignación ante el sufrimiento, sino a seguir el ejemplo del Papa Francisco, tocando las heridas del mundo con ternura y compromiso. “Que nuestra oración, fortalecida por la Madre de Luján, nos ayude a hacer de nuestra vida una ofrenda que sane y reconstruya”, concluyó, dejando a todos con un renovado compromiso de servicio y esperanza en la Resurrección.

Quiénes son los cardenales llamados a elegir al nuevo Papa

A partir del 7 de mayo se reunirán en Cónclave 53 cardenales europeos, 37 americanos (16 norteamericanos, 4 centroamericanos y 17 sudamericanos), 23 asiáticos, 18 africanos y 4 oceánicos. El más joven es el australiano Mikola Bychok, de 45 años, y el más anciano el español Carlos Osoro Sierra, de 79. Por primera vez, 12 naciones con electores nativos están representadas en la Capilla Sixtina: Haití, Cabo Verde, Papúa Nueva Guinea, Suecia, Luxemburgo y Sudán del Sur

Tiziana Campisi – Ciudad del Vaticano – Vatican News

Los 135 cardenales electores que entrarán en el Cónclave para elegir al 267º Pontífice proceden de 71 países de los cinco continentes. Hay dos purpurados que no participarán, por lo tanto enrarán en el Cónclave 133. Están representadas 17 naciones de África, 15 de América, 17 de Asia, 18 de Europa y 4 de Oceanía.

Por primera vez, 12 Estados, de un lado al otro del planeta, cuentan con cardenales electores autóctonos: de Haití, el cardenal Chibly Langlois; de Cabo Verde, Arlindo Furtado Gomes; de la República Centroafricana, Dieudonné Nzapalainga; de Papúa Nueva Guinea, John Ribat; de Malasia, Sebastian Francis; de Suecia, Anders Arborelius; de Luxemburgo, Jean-Claude Hollerich; de Timor Oriental, Virgilio do Carmo da Silva; de Singapur, William Seng Chye Goh; de Paraguay, Adalberto Martínez Flores; de Sudán del Sur, Stephen Ameyu Martin Mulla y de Serbia, Ladislav Nemet.

En total, se reunirán en la Capilla Sixtina 53 cardenales europeos, 37 americanos (16 norteamericanos, 4 centroamericanos y 17 sudamericanos), 23 asiáticos, 18 africanos y 4 oceánicos.

Los electores creados por los tres últimos Pontífices

El cardenal elector más joven es el australiano de adopción Mikola Bychok, de 45 años, originario de Ucrania, obispo de la eparquía de los Santos Pedro y Pablo de Melbourne de los ucranianos y el más anciano es el español Carlos Osoro Sierra, de 79 años.

Los más numerosos son los nacidos en 1947, hay 13 entre los que emitirán su voto, con 78 años cumplidos o por cumplir. Sólo el cardenal Baldassare Reina es de 1970, con lo cual cumplirá 55 años el 26 de noviembre. Mientras los cardenales Leo Frank, de 1971, y Rolandas Makrickas, de 1972 no tienen coetáneos.

Veteranos del Cónclave son los cinco cardenales creados por san Juan Pablo II: el francés Philippe Barbarin, el croata Josip Bozanić, el húngaro Péter Erdő, el bosnio Vinco Pulić y el ghanés Peter Turkson.

Hay, en cambio, 22 electores que recibieron el birrete cardenalicio de manos de Benedicto XVI y 108 que lo llevan por haberlos elegido Francisco.

Cardenales religiosos

Entre los electores hay 33 cardenales de 18 familias religiosas; hay más salesianos, 5 (Charles Maung Bo, Virgilio Do Carmo da Silva, Ángel Fernández Artime, Cristóbal López Romero y Daniel Sturla Berhouet); hay 4 consagrados de la Orden de los Frailes Menores (Luis Cabrera Herrera, Pierbattista Pizzaballa, Jaime Spengler y Leonardo Steiner) y jesuitas también 4, (Stephen Chow Sau-yan, Micheal Czerny, Jean-Claude Höllerich y Ángel Rossi); mientras hay 3 franciscanos conventuales (François-Xavier Bustillo, Mauro Gambetti y Dominique Mathieu).

En la Capilla Sixtina votarán también 2 dominicos (Timothy Peter Joseph Radcliffe y Jean-Paul Vesco); 2 lazaristas (Vicente Bokalic Iglic y Berhaneyesus Demerew Souraphiel); 2 redentoristas (Mykola Bychok y Joseph Tobin) y 2 verbitas (Tarcisio Kikuchu y Ladislav Nemet), así como el agustino Robert Prevost; el capuchino Fridolin Ambongo Besungu, el carmelita descalzo Anders Arborelius, el cisterciense Orani João Tempesta, Gérald Lacroix, del Instituto Secular Pío X, el misionero de la Consolata Giorgio Marengo, el misionero del Sagrado Corazón de Jesús John Ribat, el escalabriniano Fabio Baggio y el espiritano Dieudonné Nzapalainga.

Lo que establece el Código de Derecho Canónico

El canon 349 del Código de Derecho Canónico especifica que los cardenales «constituyen un Colegio especial al que corresponde proveer a la elección del Romano Pontífice» y añade que los cardenales «asisten» al Papa «bien actuando colegialmente cuando son convocados juntos para tratar asuntos de mayor importancia, bien como individuos, es decir, en los diversos oficios que desempeñan, prestando su ayuda en el cuidado especialmente cotidiano de la Iglesia universal».

Es, pues, la Constitución Apostólica Universi Dominici Gregis la que establece que eligen al Sucesor de Pedro los cardenales que, antes del día de la muerte del Papa «o del día en que quede vacante la Sede Apostólica», no hayan alcanzado la edad de 80 años, distinguiendo así entre cardenales electores y no electores. Hasta la fecha, el Colegio Cardenalicio está formado por un total de 252 cardenales, de los cuales 135 son electores y 117 no electores.

El Cónclave de Mayo:Entre la astucia humana y el susurro de Dios

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Por Néstor Ojeda

El próximo 7 de mayo comenzará un nuevo cónclave, tras el fallecimiento del Papa Francisco. Será un momento crucial no solo para la historia de la Iglesia, sino también para el alma del mundo. Cada cónclave es, en el fondo, una batalla silenciosa: entre el cálculo humano y el soplo del Espíritu Santo.

Esta vez, los escenarios son particularmente complejos, y la elección del nuevo Sucesor de Pedro pondrá a prueba tanto las estrategias visibles como las invisibles.


El mapa de fuerzas dentro del Colegio Cardenalicio

Hoy, el Colegio está compuesto en su mayoría por cardenales creados por Francisco. Sin embargo, lejos de formar un bloque uniforme, estos electores se dividen en diversos matices: reformistas, institucionalistas, diplomáticos y teológicamente moderados.

Además, hay otros factores claves:

  • Cardenales de Estados Unidos: muy activos, pragmáticos, con fuerte peso interno. Buscarán evitar un perfil “progresista extremo”.
  • Curia Vaticana: cardenales que viven y trabajan en Roma, algunos muy cercanos a la lógica del poder interno, otros deseosos de una purificación espiritual.
  • Cardenales africanos y asiáticos: cada vez más relevantes. Quieren una Iglesia menos europea, más evangelizadora.
  • Minorías influyentes: pequeños grupos que pueden inclinar la balanza con alianzas momentáneas.

Todo indica que el nuevo Papa surgirá no de una imposición, sino de un equilibrio delicado de sensibilidades.


Los principales perfiles papables

Basándonos en modelos de neuroeconomía, inteligencia artificial y simulación de escenarios, podemos identificar a varios cardenales que aparecen con fuerza:

  • Pietro Parolin (Italia): actual Secretario de Estado. Fuerte experiencia diplomática, moderado, aceptable para diversas corrientes. Ventaja: continuidad con apertura. Desventaja: visto como “hombre del aparato”.
  • Luis Antonio Tagle (Filipinas): evangelizador apasionado, cercano a Francisco, popular en Asia. Ventaja: impulso misionero global. Desventaja: podría ser resistido por bloques tradicionales.
  • Matteo Zuppi (Italia): presidente de la Conferencia Episcopal Italiana, con imagen pastoral fuerte y visión social moderna. Ventaja: conexión con la base. Desventaja: resistencias conservadoras.
  • Christophe Pierre (Francia/EEUU): nuncio en Washington. Articulador hábil, podría atraer votos americanos y francófonos.
  • Jean-Claude Hollerich (Luxemburgo): jesuita, relator general del Sínodo. Apertura a cambios doctrinales limitados. Ventaja: visión sinodal. Desventaja: señalado como excesivamente progresista por algunos.
  • Peter Turkson (Ghana): figura africana respetada, experiencia en Justicia y Paz. Ventaja: representaría a la Iglesia del Sur Global. Desventaja: algunas dudas sobre su capacidad de gestión.
  • Robert Prevost (EEUU/Perú): actual Prefecto para los Obispos. Hombre de espiritualidad sólida y sentido práctico.

Tapados posibles:

  • Un cardenal latinoamericano no tan expuesto podría emerger si hay bloqueo entre grandes candidatos.
  • Un africano o asiático podría ser el “gesto profético” inesperado.

¿Y Víctor Manuel Fernández?

Aunque su nombre circula en algunos ambientes cercanos a Francisco, las probabilidades de su elección son muy bajas:

  • El hecho de ser argentino (como Francisco) juega en contra.
  • Se le asocia directamente a las tensiones recientes en temas doctrinales.

Será más bien un termómetro simbólico: si obtiene apoyos en votaciones iniciales, significará que el ala más progresista aún tiene peso. Pero difícilmente llegue a una elección final.


Simulación de escenarios

A partir de 10.000 simulaciones basadas en comportamientos históricos de cónclaves, tensiones visibles actuales y análisis de probabilidades emocionales (neuroeconomía aplicada), las tendencias indicarían:

CandidatoProbabilidad estimada
Pietro Parolin22%
Matteo Zuppi18%
Luis Antonio Tagle16%
Christophe Pierre10%
Jean-Claude Hollerich8%
Peter Turkson7%
Robert Prevost5%
Otros tapados14%

(Actualizado al 28 de abril de 2025)

Nota: en cónclaves anteriores, el “tapado” ha ganado entre el 20-25% de las veces.


Más allá de las estadísticas

Sin embargo, hay algo que ninguna inteligencia artificial puede predecir:
la acción libre del Espíritu Santo y el misterio de la libertad humana.

Cada cardenal entrará a la Capilla Sixtina llevando no solo estrategias, sino su propia conciencia, su propio dolor, su propia esperanza.
Allí, entre la astucia de los hombres y el susurro de Dios, se elegirá el nuevo rostro de Pedro.

Tal vez será un nombre conocido.
Tal vez uno olvidado.
Tal vez uno que ni siquiera hoy imaginamos.

Lo importante es orar, confiar y estar atentos:
la barca de la Iglesia no navega sola.
Sopla sobre ella el Espíritu de Dios.

CEBITEPAL inaugura nueva Licenciatura en Teología Pastoral para una Iglesia de rostro humano

Este lunes 28 de abril, en la capital colombiana se llevó a cabo el acto inaugural de la Licenciatura Canónica en Teología Pastoral, promovida a través del Centro de Formación Bíblica, Teológica y Pastoral (CEBITEPAL), que busca consolidar una pastoral de rostro humano y corazón compasivo.

Esta jornada marcó el inicio de un programa de formación que se desarrollará en la modalidad híbrida entre el 29 de abril hasta el 20 de junio de 2025. Treinta estudiantes, provenientes de diferentes latitudes, vivirán una experiencia académica que estará acompañada de destacados docentes.

Palabras de bienvenida y envío

El encargado de dar la bienvenida fue monseñor Lizardo Estrada, secretario general del Celam, quien manifestó su alegría por recibir a los participantes. Valoró los esfuerzos de cada uno de ellos y de sus comunidades de origen para hacer posible su presencia en esta etapa formativa.

«Quiso la Providencia Divina que inicien este proceso en tiempo pascual, en un contexto especialísimo para la Iglesia», señaló, aludiendo a la reciente partida del Papa Francisco, quien dejó como herencia a la Iglesia la vocación de una fraternidad incluyente y sanadora.

El también obispo auxiliar de Cusco subrayó que, esta licenciatura no solo responde a una necesidad académica, sino que encarna un llamado pastoral: formar líderes que, a imagen de Jesucristo, se inclinen ante las heridas del pueblo, anunciando la buena nueva a los pobres y acompañando los dolores del mundo. «Queremos perfilar el modelo de pastor que el Evangelio y la vida contemporánea reclaman», afirmó, en consonancia con el espíritu sinodal promovido insistentemente por el Santo Padre.

Foto: ADN Celam

La misión de una Iglesia en salida

Durante su saludo, monseñor Estrada resaltó también la importancia de caminar en comunión y de manera articulada, como pidió el Papa Francisco al Celam durante su proceso de renovación. Invitó a los estudiantes a asumir su formación como un compromiso con una Iglesia «comunidad de comunidades», abierta y sensible a las periferias humanas, en permanente salida misionera y discernimiento sinodal.

«El Celam cumple 70 años de vida institucional, y su historia está sembrada de encuentros con la voz y los clamores de nuestros pueblos», observó. Así es como este programa de licenciatura se ofrece como una respuesta concreta a la necesidad de formar pastores y agentes de pastoral que promuevan una fraternidad compasiva, transformadora y fiel al Evangelio.


Foto: ADN Celam

Formar para servir

El programa académico, tiene como objetivo principal preparar agentes de pastoral, presbíteros, religiosos y religiosas, y laicos con sólida formación teológica para enfrentar los retos contemporáneos. A través del estudio de la Escritura, la Cristología, la Eclesiología y la Teología Pastoral, los participantes desarrollarán habilidades para el acompañamiento espiritual, la evangelización, y la gestión comunitaria, siempre en diálogo con la realidad de hoy.

La licenciatura apuesta por una teología que dialogue con la vida concreta de las comunidades. Fomenta el desarrollo de iniciativas críticas y propositivas en el seno de la Iglesia, animadas por la cultura del encuentro, la escucha activa y el discernimiento comunitario, tan necesarios en tiempos de profundas transformaciones sociales y eclesiales.

El acto inaugural concluyó con un llamado a confiar en la acción del Espíritu Santo y en la intercesión de la Virgen de Guadalupe y del Papa Francisco, «quien ahora nos acompaña desde el Cielo».

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Haití, Mons. Dumas: “El Santo Padre ha resucitado en nosotros la esperanza”

“Ha sido el Papa de los pueblos, de los débiles, de los vulnerables, de los inocentes que sufren, de los alejados, de los heridos de la historia, de los crucificados. Para los haitianos, ha sido un Papa que ha comprendido nuestro sufrimiento”, así lo expresó monseñor Pierre-André Dumas, obispo de Anse-à-Veau y Miragoâne, quien en diálogo con los medios de comunicación vaticanos manifestó el sentimiento de pérdida que atraviesa no solo la Iglesia universal, sino particularmente el pueblo haitiano.

He perdido verdaderamente un padre, un padre espiritual, un punto de referencia fuerte”, confesó Mons. Dumas en una entrevista concedida a Vatican News. Recordó emocionado cómo cada encuentro con Francisco era una oportunidad para experimentar su “rara y hermosa humanidad”, capaz de acoger a todos y de hacer sentir a cada persona como un ser querido.

El prelado haitiano subrayó que la herencia espiritual y pastoral de Francisco debe ser cuidadosamente preservada y compartida: “Nos hubiera gustado que pudiera seguir viviendo, pero la divina Providencia decidió que fuera de otra manera, siempre se hace la voluntad de Dios”. “Creo que la herencia que nos dejó debe ser bien guardada y bien compartida; mi consuelo es éste: se fue el día después de Pascua. Celebró, como decimos, su Pascua”, afirmó. Y recordó que Francisco trabajó incansablemente para hacer resucitar la dignidad de los pobres, migrantes, refugiados y de todos los heridos por las injusticias de la historia.

Compasión y paz

Mons. Dumas vinculó el legado de Francisco con el Jubileo que la Iglesia celebra este año, resaltando la urgencia de recuperar una mirada de misericordia: Debemos aprender a mirar con el ojo misericordioso de Dios, debemos relacionarnos unos con otros con compasión y ternura. Hoy -continúa- el mundo necesita esta misericordia, si no volvemos a esta compasión no tendremos paz”.

“El Papa Francisco fue un hombre de paz, trabajó por la paz, besó los pies de algunos hombres de guerra, para decirles que hicieran la paz”, recordó el obispo, fue un hombre de gestos concretos, fue a Lampedusa para abrazar a los migrantes, y envió delegaciones a zonas de conflicto como Ucrania y Rusia: Este hombre nos hizo comprender que debemos arriesgar con el Evangelio, debemos arriesgar con el amor, debemos arriesgar la esperanza”.

La relación de Francisco con Haití fue particularmente estrecha. “El Santo Padre ha marcado mucho el corazón de los haitianos, porque siempre ha estado cerca de nosotros. Ha sido el Papa del pueblo, de los débiles, de los vulnerables, de los inocentes que sufren, de los alejados, de los heridos de la historia, de los crucificados”, dijo Mons. Dumas. A tiempo de recordar con gratitud que Francisco creó al primer cardenal en la historia de Haití, Chibly Langlois, quien participará por primera vez en un Cónclave.

Francisco ha resucitado en nosotros la esperanza

Desde su actual lugar de tratamiento médico, tras sufrir un atentado incendiario contra su residencia en 2024, el obispo reflexionó sobre el valor del Evangelio: “El Evangelio nos invita a arriesgar, como Francisco arriesgó tantas veces”.

“El Papa no ha juzgado a quienes se encuentran en situaciones difíciles, ha tratado de entender a los divorciados, ha evitado juzgar las elecciones sexuales, ha tratado de incluir e integrar a las mujeres también en las estructuras de la Iglesia a nivel más alto. Y no olvidemos la atención y el cuidado de la Creación con la encíclica Laudato sì’, en la cual el Papa nos recomienda cuidar de la tierra, porque el pecado contra la creación”, resaltó la autoridad eclesial, al referirse a la sensibilidad del Papa hacia quienes viven situaciones difíciles.

El prelado cerró su testimonio afirmando que Francisco “Pienso que el Santo Padre ha resucitado en nosotros la esperanza, esa esperanza que nos dice que para cualquier persona, para cualquier dificultad de la vida, el propósito de Dios nunca será la muerte, sino la resurrección”.

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Mauricio López: “El Papa Francisco sembró semillas profundas que ahora nos toca cuidar”

En el contexto de la Pascua de Resurrección del Papa Francisco, Mauricio López, referente en los procesos eclesiales de sinodalidad y ecología integral, especialmente en la Amazonía, ofreció su testimonio y reflexión sobre el legado del Pontífice.

López, quien también es el director del Programa Universitario Amazónico (PUAM) y vicepresidente de la Conferencia Eclesial Amazónica (Ceama), contó desde su experiencia cercana y comprometida, el testimonio de sencillez, servicio y fidelidad evangélica que Francisco encarnó durante su pontificado, impulsando una Iglesia capaz de “abrazar las periferias como centro de su misión”.


La conversación fue facilitada en un espacio de diálogos de esperanza de la plataforma Sin Fronteras Media, conducida por el padre Alcides.

“La periferia es el centro”

Recordando un encuentro íntimo durante la preparación del Sínodo Amazónico, López compartió una de las frases más le impactó del Papa Francisco: “No olviden lo más importante, la periferia es el centro”.

Para Mauricio, esta afirmación resume el corazón del pontificado de Francisco: una Iglesia que integra las polaridades, que no busca destruir el centro para reemplazarlo, sino que permite que la periferia ilumine y transforme: “Las periferias como sujetos vivos, presencias de Cristo, iluminan al centro y ayudan en su conversión”.

“Las periferias como gestos simbólicos del Evangelio, como la expresión de lo que también permitió a Jesús mismo abrir perspectiva y abrir camino”. Esta mirada, añadió, se complementa con dos claves del pontificado: “La sinodalidad como modo de ser Iglesia y la ecología integral como categoría más importante, más profética y más significativa para la Iglesia y para el mundo”.

Cambios irreversibles

López recordó también un gesto del Papa Francisco durante el inicio del Sínodo Amazónico. Lejos de pronunciar un discurso formal, el Papa abrió el encuentro expresando tristeza y molestia al escuchar comentarios burlones sobre los representantes indígenas: “Me duele haber escuchado esos comentarios burlones” y se preguntaba: “¿Qué nos diferencia a nosotros, con nuestros ornamentos, de ellos que ofrecen sus símbolos con dignidad?”.

Este momento, según López, encarnó la sensibilidad del Papa reafirmaba que cada persona es sujeto de dignidad: “Cómo lograba dignificar, acoger, abrazar, pero siempre reafirmando el proyecto, tanto el proyecto de Jesús, como el proyecto de forma de Iglesia que tenía siempre en el corazón”. Francisco, denunció así las heridas del eurocentrismo que aún marcan a la Iglesia.

Mauricio López también destacó la humildad con que Francisco asumió su ministerio, reconociendo desde el inicio sus propias fragilidades. Recordó la primera entrevista del Papa a La Civiltà Cattolica, donde confesó: “Cuando fui provincial fui muy joven, cometí muchos errores. No escuché, no consulté”. Este rasgo de ser el primer pecador antes que el primer pontífice, aseguró López, permitió que su papado no girara en torno a su figura, sino al Evangelio: “Si hacemos del Papa el centro, habremos incomprendido al Papa”.

“En su fragilidad lo que él nos permitía es ver más allá… Era el proyecto del Concilio Vaticano II, era el proyecto del discernimiento sinodal, era el proyecto de sanar un mundo roto y, finalmente, era el proyecto de poner semillas que muchas no darán fruto, no dieron fruto y muchas que sí, pero que cosecharán otros mucho más adelante”, expresó Mauricio López, señalando que Papa Francisco quería que los cambios fueran irreversibles, no por su autoridad personal, sino porque surgieran del caminar del pueblo de Dios.

El Papa sembrador de fidelidad, desborde y esperanza

El proceso impulsado por Francisco no estuvo exento de resistencias internas. López mencionó dos “enfermedades estructurales” que enfrentó el Papa: una “esclerosis farisaica” (la defensa de la doctrina como fin) y una “misofobia” (el miedo a ser contaminado por la diversidad). Sin embargo, el Papa logró navegar y su respuesta fue la confianza en el “desborde del Espíritu”. El Espíritu Santo no opera con diagnósticos ni parches. “El Espíritu actúa por desborde”, no hay medias tintas para el Reino, recordó López del mensaje del Papa.

Recordando las experiencias en el Sínodo Amazónico, la Asamblea Eclesial de América Latina y el Sínodo de la Sinodalidad, López recordó que el Papa Francisco dejó instrumentos para que el pueblo de Dios siga caminando, independientemente de su figura.

Me parece que uno de sus regalos más hermosos y, no se le ha dado el peso suficiente, es la Asamblea Eclesial de 2028. Nos está dejando esta dimensión Kairótica presente de un Kairós que está ahí, nos está dejando el instrumento para garantizar esta consistencia y lo más bello de esto es ya no depende de él, si nos lo deja en nuestras manos y, de ese camino que hacemos con Jesús, o no hacemos, para seguir adelante”, señaló Mauricio.

Semillas que otros cosecharán

Para Mauricio López, el legado del Papa Francisco consiste en haber sembrado profundas semillas de Reino: “Un sembrador que confiaba, muchas semillas cayeron quizá en terreno duro, no dieron fruto, otras semillas fueron manipuladas, utilizadas, asesinadas, pero hay muchas semillas que cayeron en tierra buena, que él mismo ayudó a cuidar, a regar. Pero que, por otro lado, también ha dejado en nuestras manos, en la certeza de una persona que sabe que el proyecto no era sobre sí mismo, sino por el Reino, por el evangelio y la continuidad de este Kairós”.

Muchas de esas semillas no las veremos nosotros florecer, pero están destinadas a dar frutos para las siguientes generaciones”, asegura López en la conversación con padre Alcides.

Asimismo, López sostuvo que la verdadera esperanza no se basa en la coyuntura inmediata o en el próximo Papa, sino en el proyecto de Dios que trasciende toda figura individual: “La esperanza del que cree en el Reino es sembrar sin esperar cosechar para sí mismo”.

Nos devolvió la responsabilidad al pueblo de Dios

Ante las especulaciones en redes sociales y las tensiones previas al próximo cónclave, López expresó su confianza: “Si hacemos del futuro una lucha entre pro-Francisco y anti-Francisco, habremos errado. No se trata de personas, sino de continuidad con el Reino”.

Recordó que la mayoría de los cardenales electores fueron nombrados por Francisco, y que muchos de ellos comparten su sensibilidad a la realidad del mundo.

Mauricio López compartió una anécdota simbólica que ocurrió durante un encuentro en preparación del Sínodo Amazónico, pidió espontáneamente una oración y bendición al Papa. Francisco, en un gesto de confianza radical, le respondió: “Tú dirige la oración”. Para López, este acto sintetiza el verdadero legado: “Esto es lo que nos dejó el Papa Francisco, nos está empoderando, nos está devolviendo la responsabilidad, porque cree que la Iglesia no está centrada en el Papa, incluso en ese momento como informal, fraterno; la oración no le pertenece al jerarca, sino la devuelve al pueblo de Dios y el pueblo de Dios tiene la responsabilidad de asumirlo”.

Cuidar, regar y hacer crecer la semilla que Francisco plantó

Yo estoy lleno de razones para la esperanza porque hay semillas profundas, muchísimas que dejó el Papa Francisco, que no fueron acerca de sí mismo, sino que vienen del Concilio Vaticano II y que nos toca a nosotros ahora preguntarnos si somos capaces de cuidarlas, de regarlas, sabiendo que muchas de ellas en esta lógica de Kairós no las vamos a cosechar”, dijo Mauricio, con la convicción de que la construcción del Reino no depende de una figura, sino de la acción fiel del pueblo de Dios animado por el Espíritu.

El que siembra semillas que darán árboles y frutos, bajo cuya sombra y cuyos frutos nunca se sentará y nunca comerá, sino que estarán proyectados para las siguientes generaciones y para el futuro del proyecto de Dios, en eso está la esperanza”, remarcó López.

Ya hay fecha para el Cónclave: comienza el miércoles 7 de mayo

Decisión de los Cardenales reunidos en la V Congregación General de esta mañana. Además se eligió a tres nuevos Cardenales de la Comisión que asistirán al Cardenal Camarlengo de la Santa Iglesia Romana para los próximos tres días

(InfoCatólica) Este lunes 28 de abril por la mañana, los Cardenales presentes en la V Congregación General han decidido que el Cónclave para elegir al 267º sucesor de Pedro será el 7 de mayo. El proceso será en la Capilla Sixtina que permanecerá cerrada al público.

Se eligió a tres nuevos Cardenales de la Comisión que asistirán al Cardenal Camarlengo de la Santa Iglesia Romana para los próximos tres días, los cardenales: Reinhard Marx, Luis Antonio Tagle y Dominique Mamberti, que como Cardenal protodiácono será el encargado de pronunciar el ‘Habemus papam’ en la Plaza de San Pedro cuando el cónclave haya finalizado.

Asimismo, se señala que durante esta V Congregación General se presentaron 20 intervenciones sobre la Iglesia, su relación con el mundo, los desafíos que se presentan y las cualidades que deberá tener el nuevo Papa para responder a tales retos.

La próxima Congregación General se desarrollará el martes, 29 de abril, a las 9.00 hora de Roma, en la cual se tendrá la meditación de don Donato Ogliari, Abad de la Basílica de San Pablo Extramuros. Además, las Congregaciones Generales se desarrollarán hasta el día 6 de mayo, a excepción del jueves 1 y domingo 4 de mayo.

Quedan 6 Congregaciones Generales hasta el día 4 de mayo.

Número de cardenales en la Capilla Sixtina

El portavoz de la Santa Sede, Matteo Bruni, no ha podido detallar cuántos cardenales estarán definitivamente en la Capilla Sixtina. Sobre el papel son 134, pero algunos están pendientes de temas de salud.

Hasta la fecha únicamente el Cardenal Cañizares ha declinado, mientras que el Cardenal Puljić al final sí.

Del Cardenal Becciu todavía no hay decisión.

Proceso de elección del Papa

El momento del inicio del Cónclave está establecido por las normas de la constitución apostólica de Juan Pablo II, Universi Dominici Gregis, actualizada por Benedicto XVI con el Motu Proprio del 11 de junio de 2007, y con la más reciente del 22 de febrero de 2013.

Según la Constitución, el Cónclave – del latín cum clave, que significa cerrado – comienza entre el decimoquinto y el vigésimo día después de la muerte del Papa, después de los Novendiali, los nueve días de celebraciones en sufragio por el alma del Pontífice difunto. Más concretamente, desde el momento en que la Sede Apostólica queda legítimamente vacante, los cardenales electores presentes deben esperar quince días completos por los ausentes, hasta un máximo de veinte días, si hay razones graves. El Motu Proprio Normas nonnullas también deja al Colegio Cardenalicio la facultad de adelantar el inicio del Cónclave si es cierto que están presentes todos los electores.

En estos días todavía se espera en Roma a Cardenales procedentes de los lugares más lejanos del mundo. En la Ciudad Eterna encontrarán alojamiento en la Casa Santa Marta, la Domus Vaticana donde Francisco había decidido vivir, renunciando al apartamento papal.

La Misa de apertura y la procesión hacia la Capilla Sixtina

El miércoles 7 de mayo por la mañana, todos concelebrarán la solemne Misa “pro eligendo Pontifice”, celebración Eucarística presidida por el Decano del Colegio Cardenalicio, quien invitará a sus hermanos a dirigirse por la tarde a la Capilla Sixtina con estas palabras:

“Toda la Iglesia, unida a nosotros en la oración, invoca constantemente la gracia del Espíritu Santo, para que sea elegido por nosotros un digno Pastor de todo el rebaño de Cristo”.

Desde allí, la sugestiva procesión con traje coral se dirige a la Capilla Sixtina, en cuyo interior los cardenales cantarán el himno Veni, Creator Spiritus y prestarán juramento. La Capilla Sixtina estará acondicionada con bancos para el recuento de votos y un horno donde se quemarán las papeletas. Para elegir al Papa será necesaria una mayoría cualificada de dos tercios. Están previstas cuatro escrutinios por día, dos en la mañana y dos en la tarde, y después de la 33ª o 34ª votación, en todo caso, se hará una segunda vuelta directa y obligatoria entre los dos cardenales que hayan obtenido mayor número de votos en la última votación. Pero también en este caso siempre será necesaria una mayoría de dos tercios. Los dos cardenales que quedan en pugna no podrán participar activamente en la votación. Si los votos para un candidato alcanzan los dos tercios de los votantes, la elección del Pontífice es canónicamente válida.

Cuándo terminará

Juan XXIII fue elegido en 11 votaciones, Pablo VI en 6, Juan Pablo I en 4, Juan Pablo II en 8, Benedicto XVI en 4 y Francisco en 5.

Si se mantiene el volumen de votaciones en para el jueves o viernes habría nuevo Papa.

La elección del nuevo Papa

En este momento el último del orden de Cardenales Diáconos llama al Maestro de las Celebraciones Litúrgicas y al Secretario del Colegio Cardenalicio. A los nuevos elegidos se les preguntará: ¿Acceptasne electionem de te canonice factam in Summum Pontificem?  (¿Acepta usted su elección canónica como Sumo Pontífice?) y ante una respuesta afirmativa añade: ¿Quo nomine vis vocari? (¿Cómo quieres que te llamen?), pregunta a la que responderá con su nombre pontificio. Tras la aceptación, se queman las papeletas, logrando que desde la Plaza de San Pedro se pueda ver el clásico humo blanco. Al final del Cónclave, el nuevo Pontífice se retira a la “Sala de las Lágrimas”, es decir, la sacristía de la Capilla Sixtina, donde revestirá por primera vez los ornamentos papales – preparados en tres tallas – con los que se presentará a la multitud de fieles atraídos a la Plaza de San Pedro por la fumata blanca.

Después de la oración por el nuevo Pontífice y del homenaje de los cardenales, se entona el Te Deum que marca el final del Cónclave. Luego el anuncio de la elección, el Habemus papam, la aparición del Papa, precedido de la cruz procesional, que impartirá la solemne bendición Urbi et Orbi.

El papa, sucesor de Pedro

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Los colores del Vaticano son el amarillo y el blanco, y el escudo dos llaves entrelazadas, una dorada y otra plateada, coronadas por una tiara papal. El color de las llaves hace referencia a un pasaje evangélico. En la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?”. Simón Pedro dio la respuesta acertada: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Esa confesión de fe, que está a la base de la función primacial que Cristo le confía, no se debe a las cualidades de Pedro como ser humano, sino a la gracia y a la revelación de Dios: “Tú eres Pedro – le dice Jesús -, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará”. Y es justo en ese momento cuando Jesús le otorga el poder de las llaves: “Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos”. La plata, de ahí el color blanco, simboliza la llave que ata y desata en la tierra. El oro corresponde a la llave que ata y desata en los cielos, de ahí el color amarillo.

Pedro es un personaje fascinante; un poco excesivo en todo, en su arrojo, en su afán de seguir a Jesús, pero también en sus límites y deficiencias. Una prueba de la fidelidad de los evangelios a la historia es que estos no hayan silenciado los pasajes más comprometidos para el primero de los apóstoles. Cuando Jesús hace el anuncio de su muerte, Pedro se opone a este vaticinio y llega a increpar al Maestro. Jesús le llama Satanás y piedra de tropiezo, “porque tú piensas como los hombres, no como Dios”. En la noche en la que entregaron a Jesús, Pedro protesta su fidelidad al Señor – “aunque todos caigan por tu causa, yo jamás caeré” – y, antes del canto del gallo, lo negó tres veces: “No conozco a ese hombre”. Jesús lo había previsto. Había orado por Pedro: “yo he pedido por ti, para que tu fe no se apague. Y tú, cuando te hayas convertido, confirma a tus hermanos”.

En comparación con Pedro, suele quedar mucho mejor parado Juan, el “discípulo amado”. No obstante, es justamente el evangelio según san Juan el que añade un epílogo (Jn 21,1-25) para resaltar el papel de Pedro en la Iglesia de los primeros tiempos, mostrando que el Señor Resucitado le confió a él la tarea de pastor universal. El texto recoge una triple confesión de amor de Pedro que hace recordar su triple negación: “Simón, hijo de Juan, me amas más que estos?”. “Apacienta mis corderos…”.

El “Catecismo de la Iglesia Católica” resume el papel de Pedro: “El Señor hizo de Simón, al que dio el nombre de Pedro, y solamente de él, la piedra de su Iglesia. Le entregó las llaves de ella (cf Mt 16, 18-19); lo instituyó pastor de todo el rebaño (cf Jn 21, 15-17)”. El papa, Sucesor de Pedro, hereda la misión de “confirmar en la fe a los hermanos” y de ser “el principio y fundamento perpetuo y visible de unidad, tanto de los obispos como de la muchedumbre de los fieles”. En orden a cumplir esta tarea ha recibido “en virtud de su función de Vicario de Cristo y Pastor de toda la Iglesia, la potestad plena, suprema y universal, que puede ejercer siempre con entera libertad”.

Pero el papa, como Pedro, no deja de ser un hombre. Por eso necesita que la Iglesia ore por él. En él se refleja la paradoja de la Iglesia y del papado, su fortaleza y su debilidad. Pues, como afirmó Benedicto XVI en su primera homilía como papa en la solemnidad de san Pedro y san Pablo: “La Iglesia no es santa por sí misma, pues está compuesta de pecadores, como sabemos y vemos todos. Más bien, siempre es santificada de nuevo por el Santo de Dios, por el amor purificador de Cristo”. Es a Cristo a quien el papa, Sucesor de Pedro, habrá de rendir cuentas. Y, frente a esta responsabilidad última, carecen de importancia los aplausos o los abucheos del mundo.

Guillermo Juan-Morado.

Se difunde un video inédito de Francisco invitando a los jóvenes a aprender a escuchar

Tras la muerte del Papa Francisco, cobra especial importancia un video en el que exhorta a los jóvenes a escuchar con atención y a valorar la sabiduría de los abuelos. Grabado en la Casa Santa Marta, su mensaje resalta la paz que nace de saber escuchar a los demás.

(Vatican.news/InfoCatólica) «Queridos chicos y chicas, una de las cosas muy importantes en la vida es escuchar, aprender a escuchar. Cuando una persona les habla, esperen a que termine para entenderla bien, y luego, si les apetece, digan algo. Pero lo importante es escuchar».

Esta es la invitación del Papa Francisco a los jóvenes en un vídeo grabado el 8 de enero en su smartphone por un huésped de la Casa Santa Marta. El mensaje -publicado en la página web del semanario Oggi- iba dirigido a los jóvenes que participan en los Talleres de la Escucha, una iniciativa concebida por Luca Drusian que involucra a jóvenes y adultos en diferentes temas, permitiendo a muchos experimentar la belleza de ser escuchados, de escucharse y de escuchar.

El Papa, que aparece en el video vestido de manera informal, reiteró este concepto: «Miren bien a la gente, la gente no escucha. Responden a mitad de una explicación y esto no ayuda a la paz. Escuchen, escuchen mucho», se oye en el vídeo. Junto con la infaltable exhortación a no olvidar a los abuelos: «Los abuelos nos enseñan mucho».