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Obispos del Uruguay piden legislar a la luz de la dignidad

La Conferencia Episcopal del país latinoamericano ha divulgado un aporte a la reflexión y al debate público vinculado al proyecto de ley de eutanasia, exhortando a respetar y proteger el valor fundamental de la dignidad de la vida humana.

Vatican News

“Nuestra sociedad necesita apoyar las leyes que prevengan y desestimulen cualquier género de eutanasia”. Es el contundente planteo de la Conferencia Episcopal del Uruguay en su documento “Afrontar con amor el final de la vida”, hecho público tras la Asamblea Plenaria de los obispos del 31 de marzo al 4 de abril de 2025. En el marco del debate público sobre la eutanasia, ante el tratamiento de un proyecto de ley sobre esta materia en el Parlamento, los prelados valoran las leyes que han permitido el acceso universal a programas de salud mental, a la medicina paliativa y al sistema nacional de cuidados. No obstante, consideran que es necesario desarrollar propuestas que faciliten su cumplimiento y la accesibilidad real a toda la población.

El proyecto obtuvo media sanción en la Cámara de Representantes durante la legislatura anterior (en 2022), pero no fue aprobado en el Senado. Cabe destacar que el 15 de febrero pasado se inauguró el nuevo período legislativo, previo al inicio de la nueva administración del Frente Amplio el 1 de marzo.

La declaración sostiene que “no es éticamente aceptable la obstinación terapéutica que consiste en la instauración de medidas de tratamiento no indicadas, indeficientes, desproporcionadas o extraordinarias con el fin de querer prolongar la vida del paciente a toda costa, sabiendo que no se proporciona un real beneficio”. A su vez, postulan que no es éticamente aceptable “causar la muerte de un enfermo”. Incluso manifiestan que “el médico nunca debería ser partícipe de una conducta que cause activamente la muerte a otro ser humano”.

“Matar al enfermo no es ético ni siquiera para evitarle el dolor y el sufrimiento, aunque él lo pida expresamente, en cambio, sí lo es la “sedación paliativa” como se mencionó previamente. Ni el paciente, ni el personal sanitario, ni los familiares tienen el derecho de decidir o provocar la muerte de una persona.”

En última instancia, sentencian que “esa acción constituye un homicidio llevado a cabo en contexto clínico”.

La dignidad humana

El documento subraya el principio de la dignidad humana, entendida como un valor absoluto e irrenunciable. Esta dignidad no depende de las circunstancias ni de la condición en que se encuentre una persona, sino que se basa en el simple hecho de pertenecer a la especie humana. Los creyentes, en particular, entienden que cada ser humano es amado infinitamente por Dios, quien le confiere una dignidad que es inquebrantable y no se pierde bajo ninguna circunstancia.

Desde una perspectiva filosófica y ética, este principio resalta que la vida humana no es solo un proceso biológico, sino un don que trasciende la mera existencia física. La vida, por su naturaleza, está llena de belleza, pero también de limitaciones, sufrimiento y, en última instancia, de muerte. Es imperativo, entonces, que la sociedad refuerce una conciencia colectiva que acoge, protege y acompaña a las personas, especialmente en la etapa final de su vida, promoviendo la ayuda de la familia, la medicina paliativa y una sólida experiencia espiritual.

El papel de la medicina paliativa

Los obispos uruguayos expresan su fuerte apoyo a la medicina paliativa, destacándola como una de las mejores maneras de acompañar a los pacientes en su proceso de morir de manera digna. La medicina paliativa se distingue por su enfoque humanizado, buscando aliviar el sufrimiento y brindar consuelo tanto al paciente como a sus familiares, sin intentar prolongar innecesariamente la vida a costa de la calidad de la misma.

En este sentido, la sedación paliativa se presenta como una alternativa ética y científica en situaciones en las que los síntomas del paciente son refractarios al tratamiento y causan un sufrimiento intenso. Esta práctica permite disminuir el nivel de conciencia del paciente de manera controlada y ética, con el consentimiento necesario de él o de su familia. A diferencia de la eutanasia, la sedación paliativa no tiene como fin causar la muerte, sino aliviar el sufrimiento sin poner en peligro la vida.

Implicaciones jurídicas y sociales

Acompañar, sanar y cuidar: una luz de esperanza al final de la vida

La vicepresidenta de la asociación “Paliativos sin Fronteras”, Carmen de la Fuente Hontañón, reflexiona sobre el profundo propósito de la medicina paliativa: aliviar el sufrimiento físico y emocional en los momentos finales de la vida. Un llamado a la comunidad para abrazar la dignidad y la esperanza hasta el último aliento.

Sebastián Sansón Ferrari – Ciudad del Vaticano – Vatican News

Apoyar acciones destinadas a aliviar el sufrimiento de los enfermos y de sus familias, en particular de aquellos con una enfermedad avanzada, progresiva y/o en fase terminal, es el propósito con el que se creó la asociación “Paliativos sin Fronteras” en 2009. La entidad desarrolla programas de docencia, cooperación internacional y voluntariado con profesionales de la salud, cuidadores y familiares de pacientes, como explica su vicepresidenta, la doctora Carmen de la Fuente Hontañón.

En una profunda reflexión sobre el final de la vida, explica cómo el personal sanitario juega un papel esencial no solo en aliviar el sufrimiento físico, sino también en brindar apoyo emocional y psicológico a quienes atraviesan estas situaciones tan complejas.

La profesional ibérica sostiene que el personal sanitario tiene una responsabilidad crucial en la generación de esperanza y en el manejo del dolor. Sin embargo, recalca que no solo el paciente requiere atención, sino también su familia, que frecuentemente atraviesa un proceso de adaptación emocional con cada etapa de la enfermedad.

Según la experta, uno de los mayores desafíos es acompañar a los familiares, quienes a menudo se encuentran perdidos, confusos y, en muchos casos, incluso en desacuerdo entre ellos acerca de la mejor forma de afrontar la situación. Este acompañamiento requiere una paciencia infinita, tanto por parte del personal médico como de los familiares, quienes deben aprender a lidiar con el sufrimiento y la cercanía de la muerte de sus seres queridos.

Ella describe que, en muchos casos, el enfermo está más preparado que la familia para afrontar su situación. Mientras que algunos pacientes aceptan su diagnóstico y la cercanía de su final, los familiares pueden encontrarse en diferentes fases del duelo, desde la negación hasta la tristeza profunda o la desesperación. En su experiencia, el personal sanitario debe ser capaz de identificar estas diferencias emocionales y responder con una comunicación empática que permita que todos los miembros de la familia comprendan la situación y, poco a poco, aprendan a aceptar lo inevitable.

Además de resaltar la importancia del acompañamiento, de la Fuente hace hincapié en la necesidad de un enfoque integral de la medicina paliativa. No solo se trata de aliviar el dolor físico, sino también de ofrecer un espacio de apoyo emocional y social. En este sentido, menciona las enseñanzas del Papa Francisco, quien, a través de su Red Mundial de Oración, ha enfatizado que “no siempre se consigue la curación, pero siempre podemos cuidar al enfermo, acariciar al enfermo”.

De la Fuente reconoce que estas palabras del Santo Padre resonaron profundamente entre sus colegas y estudiantes, quienes vieron en ellas una invitación a humanizar aún más la atención sanitaria, especialmente en el ámbito de los cuidados al final de la vida.

El Papa Francisco, en sus discursos, ha insistido en la necesidad de cambiar el enfoque de una medicina tecnificada y centrada en la cura, a una medicina que, sin descuidar los avances tecnológicos, nunca olvide que lo fundamental es la persona y su dignidad. Esta visión se alinea con la reflexión que De la Fuente ha promovido durante su carrera: la medicina paliativa no debe ser vista como una “pérdida de tiempo”, sino como un acto profundamente humano y esencial.

Otro tema importante que De La Fuente aborda es la falta de formación en medicina paliativa en muchos países y en algunas facultades de medicina. Con la experiencia adquirida en su trabajo con la organización “Paliativos Sin Fronteras”, ha podido implementar programas de formación en lugares como la República Dominicana y Ecuador, donde la medicina paliativa es todavía una disciplina emergente. En este sentido, relata cómo, a través de estos programas de formación, muchos profesionales de la salud han aprendido a cambiar su perspectiva sobre la atención al final de la vida, pasando de una visión puramente curativa a un enfoque más integral y humano.

Uno de los ejemplos más inspiradores que la médica evoca es el trabajo de una oncóloga pediátrica de la República Dominicana, quien ha logrado obtener recursos para la atención paliativa infantil a pesar de las dificultades en su país. Gracias a su dedicación y a los recursos que le ha proporcionado Paliativos Sin Fronteras, ha establecido un hospital de referencia en medicina paliativa pediátrica, contribuyendo a mejorar la calidad de vida de los niños con enfermedades terminales. Esta experiencia resalta la importancia de la formación y la disponibilidad de recursos en países en desarrollo para poder ofrecer una atención digna y humana a los pacientes.

Carmen de la Fuente también reflexiona sobre la situación de muchas personas que, al llegar al final de su vida, prefieren estar en casa rodeados de su entorno familiar y social. En muchas ocasiones, el hospital no es el lugar donde los pacientes se sienten más cómodos. Por ello, en regiones como Castilla y León, se han implementado programas de soporte social que permiten a los pacientes recibir cuidados paliativos en sus hogares, con el apoyo de los recursos de la comunidad.

Esta idea de “comunidades compasivas”, que ha sido implementada en otros países como Canadá, busca garantizar que nadie muera solo y que cada persona tenga el acompañamiento necesario en su entorno.

Finalmente, la vicepresidenta de “Paliativos Sin Fronteras” hace un llamado a la sociedad en general para que se involucre más en el cuidado de los enfermos terminales. No se trata solo de la labor de los profesionales de la salud, sino de un esfuerzo colectivo que permita ofrecer apoyo emocional, social y espiritual a quienes enfrentan la muerte. La creación de redes de apoyo comunitario es esencial para que nadie se sienta desamparado al final de su vida.

“Semillas de paz y esperanza”, tema del Tiempo de la Creación 2025

El Papa Francisco ha elegido el tema para la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación en 2025. El Pontífice invita a rezar por la creación de las condiciones para la paz, una paz duradera y construida conjuntamente que inspire esperanza.

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El Santo Padre ha elegido como tema para la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación de este año: «Semillas de paz y esperanza». Lo ha informado el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral en un comunicado divulgado el lunes 7 de abril de 2025.

Dicha Jornada abre el Tiempo de la Creación, una iniciativa ecuménica que se está convirtiendo en costumbre y tiene lugar del 1 de septiembre al 4 de octubre, fiesta de San Francisco de Asís. El tema de la edición de 2025, año jubilar y décimo aniversario de la publicación de la Encíclica Laudato si’, es «la paz con la creación» y se ha elegido Isaías 32, 14-18 como texto bíblico de referencia para esta iniciativa. Como se ha subrayado en el Magisterio del Papa Francisco y de sus recientes predecesores, el vínculo entre la paz y el cuidado de la creación es muy estrecho (cf. Mensajes para las Jornadas Mundiales de la Paz de 1990 y 2010).

“Del mismo modo, es muy estrecha la conexión entre la guerra y la violencia, por una parte, y la degradación de la casa común y el despilfarro de recursos (destrucción y armamento), por otra.”

El mensaje que preparará el Papa, explica el Dicasterio, “insta a rezar por la creación de las condiciones para la paz, una paz duradera y construida conjuntamente que inspire esperanza. La metáfora de la semilla indica la necesidad de un compromiso a largo plazo”. En él también “se ilustran buenas prácticas y semillas de paz y esperanza de distintos continentes”.

En la página oficial del Tiempo de la Creación se ofrecen recursos promocionales, litúrgicos, para la incidencia y se sugieren otras actividades para individuos e iglesias. Asimismo, se invita a utilizar y adaptar los materiales de la manera más conveniente.

“Esperar y actuar con la creación”

En el mensaje para la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación de 2024, el Papa Francisco planteó que la creación no es solo ética, sino también teología, porque concierne el entrelazamiento del misterio del hombre con el misterio de Dios. Un entrelazamiento “generativo”, acotó, pues “se remonta al acto de amor con el que Dios crea al ser humano en Cristo”

A su vez, invitó a “esperar y actuar con la creación” viviendo “una fe encarnada, que sabe entrar en la carne sufriente y esperanzada de la gente, compartiendo la espera de la resurrección corporal a la que los creyentes están predestinados en Cristo Señor”.

El Papa a los Salesianos: «Sirvan a los demás sin guardar nada para sí mismos»

Mensaje de Francisco a los participantes en el 29º Capítulo General de la Congregación. Los mejores deseos para el buen trabajo del nuevo Rector Mayor P. Attard y el agradecimiento al Cardenal Artime por su servicio a lo largo de los años. A continuación, el aliento a ser «apasionados» en medio a desafíos diferentes a los del pasado: «La fe y el entusiasmo siguen siendo los mismos, enriquecidos con nuevos dones como la interculturalidad».

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«Aunque a distancia, deseo animarlos a vivir con confianza y compromiso este tiempo de escucha del Espíritu y de discernimiento sinodal». Así comienza el mensaje del Papa Francisco a la Congregación Salesiana, que del 16 de febrero al 12 de abril celebra su XXIX Capítulo General y también el 150 aniversario de la primera expedición misionera de Don Bosco a Argentina.

Saludo al nuevo Rector Mayor

El Pontífice, que se encuentra convaleciente en la Casa Santa Marta, lamenta no poder encontrarse con los participantes en el Capítulo y, en la misiva, saluda al nuevo Rector Mayor, el padre Fabio Attard, elegido el pasado 25 de marzo, a quien desea un buen trabajo. En la ocasión, el Papa agradece también al cardenal Ángel Fernández Artime, Rector Mayor durante diez años de la Congregación (2014-2024) «por el servicio que ha prestado a lo largo de los años al Instituto y que ahora ofrece a la Iglesia universal».

Apasionados y entregados

Francisco se detiene después en el lema elegido para la obra: “Salesianos apasionados por Jesucristo y entregados a los jóvenes”. «Es un hermoso programa – señala – ser “apasionados” y “entregados”, dejarse implicar plenamente por el amor del Señor y servir a los demás sin guardar nada para sí, como hizo su fundador en su tiempo». Hoy, en comparación con el pasado, «los desafíos que hay que afrontar han cambiado un poco», pero, subrayó el Papa, «la fe y el entusiasmo siguen siendo los mismos, enriquecidos con nuevos dones, como el de la interculturalidad».

Un médico peregrino: «En la familia soy el único que lleva el rosario»

Entre los peregrinos que llegaron a San Pedro con motivo del Jubileo de los enfermos y del mundo de la salud, también se encuentra Alexander Darbinjan, un otorrinolaringólogo protestante de 42 años que trabaja en un hospital de Bautzen, en Sajonia, al este de Alemania. Está casado y tiene tres hijos. «Estoy agradecido de poder ayudar a los demás con mi trabajo»

Gudrun Sailer – Ciudad del Vaticano – Vatican News

¿Qué hace especial al Dr. Alexander Darbinjan, otorrinolaringólogo de 42 años de Bautzen, Sajonia, entre los veinte mil peregrinos del Jubileo de los enfermos y del mundo de la salud?

Es protestante y procede de una de las regiones más secularizadas del planeta. En la antigua Alemania del Este, sólo una pequeña minoría pertenece a la Iglesia católica.

“Siento cierta gratitud por poder ayudar a la gente cada día con mi trabajo”

El Jubileo, añade, es para él una oportunidad de «expresar gratitud, hacer penitencia y pedir esperanza».

En cada paciente intento ver la imagen de Dios

Alexander tiene 42 años, trabaja en un hospital de Bautzen, está casado y tiene tres hijos. Su forma de vivir la profesión médica está profundamente arraigada en la fe. «Realmente intento ver casi la imagen de Dios en cada paciente», explica.

“Intento reunirme con todo el mundo con el corazón abierto, con respeto, con todo el tiempo que permite el sistema sanitario alemán”

Darbinjan no es ajeno a la peregrinación: una vez recorrió el Camino de Santiago, por etapas, junto con su madre y su hermano. Roma es ahora una etapa diferente, quizá más intensa. Aunque partió solo, no se siente solo.

“También estoy aquí por mi familia y unido a ellos en la oración. Y, por supuesto, por mis pacientes. Y, en definitiva, por todas las personas”

Un Papa que se confía completamente a Dios

En su familia, es el más cercano a la práctica religiosa. «Soy el que reza todos los días, el que recita el rosario», dice con una sonrisa.

“También quería tener este tiempo aquí, sin forzar a nadie con tantas visitas a la iglesia y tanta oración”

Confiesa que esperaba ver al Papa Francisco en la misa del domingo. «Hace poco leí su biografía», dice el médico, y confía plenamente en Dios, incluso con su enfermedad, y confía en que está bien como está.

Pequeños signos de fe en una Sajonia secularizada

En una tierra como Sajonia, donde la fe cristiana es a veces invisible, Darbinjan encuentra sin embargo pequeños signos de luz en la vida laboral cotidiana: un colega rumano ortodoxo con el que puede compartir su fe, un paciente anciano que esta misma semana le ha dado las gracias diciéndole «que Dios lo bendiga» son todos momentos sencillos, pero preciosos.

«Los cristianos se encuentran», dice con sencillez Alexander Darbinjan. Y en Roma, estos días, se siente parte viva de algo grande. Con un rosario en el bolsillo, el corazón ligero… y gratitud en los ojos.

Antonio Quarracino: el cardenal que incomodó al poder (y al conformismo)

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En tiempos en que el catolicismo se debate entre la superficialidad de una religiosidad de gestos vacíos y la pasividad ante una Iglesia encerrada en su propio aparato, recordar a Antonio Quarracino es mucho más que un ejercicio de memoria. Es una provocación.

Por Néstor Ojeda | catolic.ar

Casi tres décadas después de su muerte, el cardenal sigue generando reacciones encontradas. Algunos lo evocan como un “conservador” de mano dura. Otros, como un pastor con la valentía de enfrentarse al poder sin perder su pertenencia eclesial. Quarracino no encajaba en las etiquetas fáciles. Su vida y acción exigen una lectura a fondo.

Un pastor sin obediencia ciega

Designado arzobispo de Buenos Aires en 1990 y creado cardenal un año después, llegó al cargo como figura de transición tras el complejo episcopado de Aramburu. Pero no se limitó a administrar. Intervino públicamente sobre temas clave, desde la corrupción política hasta el rol de los medios y el vaciamiento espiritual de la sociedad argentina posdictadura. Su predicación no esquivaba los temas duros.

Criticó el neoliberalismo sin tapujos, denunció la pobreza estructural, alertó sobre la decadencia ética del sistema judicial. A su modo, fue una voz profética. No fue simpático a todos. Ni falta que hacía.

Reformista de base tradicional

Quarracino fue también promotor de una visión eclesial preconciliar en varios aspectos. Reivindicó la figura del sacerdote como pastor, y no como animador sociocultural. Apostó a una formación teológica seria. Sin embargo, nunca se refugió en la nostalgia. Fundó estructuras pastorales modernas, alentó el diálogo interreligioso y abrió espacios a la prensa. Comprendió, como pocos, que no se trata de cambiar dogmas, sino de revitalizar convicciones profundas en nuevos contextos.

Maestro de un futuro Papa

No se puede hablar de Quarracino sin mencionar a su obispo auxiliar y sucesor, Jorge Mario Bergoglio. Fue él quien lo propuso como auxiliar y quien, con los años, heredaría una parte significativa de su diagnóstico eclesial. Francisco ha reconocido que su mirada sobre la realidad argentina y latinoamericana se moldeó en parte bajo la sombra de Quarracino. ¿Cuánto de su parresía actual se explica por esa escuela de fuego que fue Buenos Aires en los 90?

Transparencia y contradicciones

No todo fue coherente en su trayectoria. Fue criticado por algunos gestos rígidos o posiciones excesivamente verticalistas. Su estilo frontal le valió enemigos dentro y fuera de la Iglesia. Pero nunca se lo pudo acusar de cobardía ni de complicidad con los intereses del poder.

En un tiempo donde la Iglesia argentina es percibida muchas veces como burocrática, silenciosa, miedosa de incomodar, la figura de Quarracino se recorta como un recordatorio: el silencio no siempre es prudencia, y la prudencia sin verdad, termina siendo traición.

Una ausencia que interroga hoy, cuando los debates sinodales parecen haber entrado en una larga pausa local, cuando la transparencia en el manejo de fondos sigue siendo una deuda dolorosa, cuando el clericalismo asfixia las voces laicales y las comunidades esperan pastores con coraje, el legado de Quarracino vuelve a golpear la conciencia.

No fue un santo. No fue un diplomático. Fue, ante todo, un hombre de Iglesia con la capacidad de decir lo que muchos callaban.

Y eso, en la Argentina de hoy, ya es una forma de santidad.

©Catolic

El flagelo de la indiferencia

Desde Freud en adelante, diversos psicólogos han explicado que lo opuesto al amor no es el odio, sino la indiferencia, como ausencia de cualquier forma de empatía. Es una forma de frialdad e insensibilidad que puede hacer más daño que la aversión abierta y declarada. Mostrarse indiferente es hacer el vacío a la existencia de otro, y en ese sentido, la indiferencia mata.

El diccionario define la indiferencia como un “estado de ánimo en que no se siente inclinación ni repugnancia hacia una persona, objeto o negocio determinado”; es decir, es algo que me da lo mismo que sea blanco o negro, frío o caliente, feo o bonito, etc. Es algo que no me importa, no me interesa y por eso “no estoy no ahí”.

Es una total anestesia afectiva y social que llega al ninguneo extremo, a castigar a otro con el látigo de la indiferencia, negando todo valor a la existencia de otro.

Es cierto que la indiferencia puede tener algún aspecto positivo al ayudar a liberarse de relaciones tóxicas y abrir a nuevas experiencias y relaciones. También es cierto que en muchos aspectos de la vida y ante muchas cosas podemos ser indiferentes, y eso ocurre en lo que tiene que ver con nuestros gustos y preferencias acerca de lo que es optativo: me pueden gustar o no las manzanas verdes, me puede dar lo mismo usar zapatos negros o café, me puede no importar si es un día soleado o nublado, me puede no interesar la música rap, me puede dar lo mismo leer o mirar televisión, etc. Y así es como vamos ordenando las preferencias en nuestra vida.

Pero, por otro lado, hay cosas en la vida en las que no se puede ser indiferente, y la indiferencia ante ellas es sólo una de las más refinadas manifestaciones del egoísmo individualista y, por tanto, una pérdida de humanidad. Eso ocurre en todo lo que pone en juego la dignidad y los derechos de las personas, así como en todo lo relativo a asuntos de bien común. Así, en un ejemplo extremo, los delincuentes de todos los pelajes y colores, con corbatas o sin ellas, son indiferentes a la dignidad y derechos de los demás, y les da lo mismo el sufrimiento que causan sus acciones.

La indiferencia puede tener diversos matices, pero es un flagelo social -el látigo de la indiferencia- cuando se instala como actitud dominante ante pérdida de dignidad de otros, o ante la vulneración de derechos fundamentales, o ante la injusta distribución de los bienes, o ante el dolor de las víctimas. Ahí es cuando el flagelo de la indiferencia muestra su rostro de la total pérdida de la responsabilidad social. Cuando eso ocurre, como -a veces- pareciera que está ocurriendo en nuestra sociedad, es la señal del fracaso de los procesos educacionales y de transmisión valórica, volviéndose el egoísmo en el criterio que maneja las decisiones personales y la interacción social.

Sólo una fuerte toma de conciencia personal de la responsabilidad social, y de procesos educativos y políticas sociales intencionadas en esa dirección puede librarnos del flagelo de la indiferencia ante los problemas que nos afectan a todos e impedir el “silencio de los buenos”, como decía Martin Luther King: “No me preocupa el grito de los violentos, de los corruptos, de los deshonestos, de los sin ética. Lo que más me preocupa es el silencio de los buenos”.

Una buena llamada de atención ante el flagelo de la indiferencia son las palabras del pastor luterano Martin Niemöller, pronunciadas en 1946, y que en algunas versiones son erróneamente atribuidas al poeta y dramaturgo Bertold Brecht: “Cuando vinieron a buscar a los comunistas, yo no dije nada porque no era comunista. Cuando encarcelaron a los socialdemócratas, guardé silencio, porque yo no era socialdemócrata. Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, no protesté, porque yo no era sindicalista. Cuando vinieron a llevarse a los judíos, no protesté, porque yo no era judío. Cuando vinieron a buscarme a mí, no había nadie más que pudiera protestar”.

Para vencer la indiferencia y conquistar la paz que es fruto de la justicia, es necesaria una conversión personal y social a la misericordia. Sólo la misericordia puede despertarnos del sueño de la cruel inhumanidad de la indiferencia social, cambiando el corazón de piedra en un corazón de carne. Según el Papa Francisco, la misericordia es la que nos conduce hacia una cultura de la solidaridad, del diálogo y cooperación, una sociedad y cultura que atienda el clamor de todos los tipos de víctimas que deja la indiferencia. Frente a la cultura de la indiferencia, siempre tenemos la poderosa y humanizadora arma de la misericordia, la cual es el otro nombre de Dios.

Marcos Buvinic – Punta Arenas

La Prensa Austral – Reflexión y Liberación

    Amigo de la mujer / Pagola

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    Sorprende ver a Jesús rodeado de tantas mujeres: amigas entrañables como María Magdalena o las hermanas Marta y María de Betania. Seguidoras fieles como Salomé, madre de una familia de pescadores. Mujeres enfermas, prostitutas de aldea… De ningún profeta se dice algo parecido.

    ¿Qué encontraban en él las mujeres?, ¿por qué las atraía tanto? La respuesta que ofrecen los relatos evangélicos es clara. Jesús las mira con ojos diferentes. Las trata con una ternura desconocida, defiende su dignidad, las acoge como discípulas. Nadie las había tratado así.

    La gente las veía como fuente de impureza ritual. Rompiendo tabúes y prejuicios, Jesús se acerca a ellas sin temor alguno, las acepta en su mesa y hasta se deja acariciar por una prostituta agradecida.

    La sociedad las consideraba como ocasión y fuente de pecado; desde niños se les advertía a los varones para no caer en sus artes de seducción. Jesús, sin embargo, pone el acento en la responsabilidad de los varones: «Todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio en su corazón».

    Se entiende su reacción cuando le presentan a una mujer sorprendida en adulterio, con intención de lapidarla. Nadie habla del varón. Es lo que ocurría siempre en aquella sociedad machista. Se condena a la mujer porque ha deshonrado a la familia y se disculpa con facilidad al varón.

    Jesús no soporta esta hipocresía social construida por el dominio de los varones. Con sencillez y valentía admirables, pone verdad, justicia y compasión: «El que esté sin pecado, que arroje la primera piedra». Los acusadores se retiran avergonzados. Saben que ellos son los más responsables de los adulterios que se cometen en aquella sociedad.

    Jesús se dirige a aquella mujer humillada con ternura y respeto: «Tampoco yo te condeno». Vete, sigue caminando en tu vida y, «en adelante, no peques más». Jesús confía en ella, le desea lo mejor y le anima a no pecar. Pero de sus labios no saldrá condena alguna.

    ¿Quién nos enseñará a mirar hoy a la mujer con los ojos de Jesús?, ¿quién introducirá en la Iglesia y en la sociedad la verdad, la justicia y la defensa de la mujer al estilo de Jesús?

    José Antonio Pagola

    Grupos de Jesús  –  Bizkaia

      Por qué María es llamada “Madre de Misericordia”, la respuesta de san Juan Pablo II

      Aunque muchos católicos saben que San Juan Pablo II murió la víspera de la fiesta del Domingo de la Divina Misericordia, un hecho poco conocido es que inmediatamente después del Domingo de la Divina Misericordia de 2005 tuvo lugar la fiesta de la Anunciación.

      A menudo, cuando el 25 de marzo cae en Semana Santa, su celebración se pospone hasta después de la Octava de Pascua. Por eso, en 2005, la celebración litúrgica de la Anunciación se trasladó al 4 de abril, la siguiente fecha disponible.

      El arzobispo Leonardo Sandri leyó la reflexión preparada por el Papa para el Domingo de la Divina Misericordia, que incluía un breve párrafo que relacionaba la fiesta del Domingo de la Divina Misericordia con la fiesta de la Anunciación.

      Ver la Divina Misericordia con los ojos de María

      San Juan Pablo II vio una profunda conexión entre estas dos fiestas:

      “La solemnidad litúrgica de la Anunciación, que celebraremos mañana, nos impulsa a contemplar con los ojos de María el inmenso misterio de este amor misericordioso que brota del Corazón de Cristo. Con su ayuda, podremos comprender el verdadero sentido de la alegría pascual, que se basa en esta certeza: Aquel a quien la Virgen llevó en su seno, que sufrió y murió por nosotros, ha resucitado verdaderamente”.

      Para Juan Pablo II, María puede ayudarnos a ver el amor que brota del costado traspasado de su Hijo. Ella lo llevó en su propio vientre durante nueve meses y atesoró este tiempo “en su corazón”.

      María, Madre de Misericordia

      San Juan Pablo II escribió mucho sobre María y su conexión con la Divina Misericordia en su encíclica Dives in Misericordia. Allí, escribe sobre cómo ella fue consciente de la misericordia de Dios en el momento de la Anunciación:

      “Estas palabras de la Iglesia en Pascua se hacen eco en la plenitud de su contenido profético de las palabras que María pronunció durante su visita a Isabel, la esposa de Zacarías: ‘Su misericordia es… de generación en generación’. En el momento mismo de la Encarnación, estas palabras abren una nueva perspectiva de la historia de la salvación”.

      Además, explica por qué María es llamada “Madre de Misericordia”:

      “María es, pues, la que conoce más profundamente el misterio de la misericordia de Dios. Ella conoce su precio, sabe cuán grande es. En este sentido, la llamamos Madre de la misericordia: Señora nuestra de la misericordia, o Madre de la misericordia divina; en cada uno de estos títulos hay un profundo significado teológico, pues expresan la especial preparación de su alma, de toda su personalidad, para poder percibir, a través de los complejos acontecimientos, primero de Israel, después de cada individuo y de toda la humanidad, aquella misericordia de la que ‘de generación en generación’ los hombres se hacen partícipes según el designio eterno de la Santísima Trinidad”.

      Las últimas palabras de despedida de san Juan Pablo II a todos nosotros fueron que miráramos a Jesús y a su Divina Misericordia, con María a nuestro lado. Ella es la Madre de Misericordia, que conoce la misericordia de su Hijo en un nivel muy íntimo y puede proporcionarnos una lente adecuada para ver la generosidad de su Misericordia.

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      El Episcopado argentino saluda al Consejo Superior de Educación Católica en su 100º aniversario

      Con una carta enviada por el arzobispo de Mendoza y titular de la Conferencia Episcopal Argentina, Marcelo Colombo, los obispos argentinos saludaron al Consejo Superior de Educación Católica (CONSUDEC) por la tarea que han desarrollado en estos 100 años en el ámbito educativo.

      En ocasión de este aniversario, el presidente de la CEA destacó que la entidad es una “referencia insoslayable para fieles y pastores en la Argentina”, lo que significa una gran consideración y gratitud de los obispos en todo el país.

      Compromiso con la formación

      Seguidamente, el arzobispo afirmó que CONSUDEC ha sido una herramienta eficaz para promover y acompañar la educación católica en todas sus expresiones, motivo por el cual agradecen a Dios y hacen memoria agradecida por cuantos participaron y participan de la vida y la misión institucional. Y agregó: “Sus vidas y su entrega expresan el compromiso de la Iglesia con la formación de sus hijos y con la sociedad en la que éstos están llamados a actuar para transformarlo todo según Dios”.

      Colombo recordó las palabras del papa Francisco en el anuncio del Pacto Educativo Global (octubre de 2020), en el que señala que la educación es una de las formas más efectivas para humanizar la historia y el mundo porque es, ante todo, una cuestión de amor y responsabilidad que se transmite de generación en generación.

      Reconoció que en este cambio de época, las necesidades y desafíos interpelan a la Iglesia, y justamente la educación tiene una gran oportunidad para discernir la voluntad de Dios y trasmitirla con fidelidad y creatividad. Por eso, el papa Francisco convocó al nuevo pacto global en materia educativa, una realidad urgente frente al desafío de la Inteligencia Artificial.

      Poner el alma

      “Con ese espíritu, como protagonistas de este tiempo, nos toca poner alma, corazón y manos a la obra para contribuir a que hoy la educación católica en Argentina“, para que sea una herramienta al servicio de la síntesis entre fe y vida, ligada estrechamente al corazón de Cristo y de los más vulnerables.

      El presidente de la CEA confirmó que, para abordar la misión evangelizadora recibida por el Señor, están convocados a animar la conversión pastoral de las relaciones, los vínculos y las estructuras, motivo por el cual, en el marco del camino sinodal, quieren contar con el CONSUDEC.

      Este es un artículo original de vidanuevadigital.com